Brasil: el país del futuro.

El escritor Stefan Zweig escribió: «Brasil es el país del futuro». Muchos, irónicos, añadieron: «Y lo seguirá siendo toda la vida». Lo cierto es que el actual Brasil tiene poco que ver con el de aquellas películas de denuncia social que mostraban a la corrupta policía carioca abusando de los niños de las favelas a finales de los años 90.

Ahora  la corrupción se combate, la pobreza decrece, la economía va viento en popa, la riqueza se distribuye y las diferencias sociales se achican. Tanto es así que Brasil se ha convertido en el gran gigante económico de América del Sur y organizará los primeros Juegos Olímpicos celebrados en Latinoamérica en el año 2016.

Y todo ha sido fruto de la gestión de un presidente honrado, Lula da  Silva. Nunca el país había crecido tanto. El mundo habla de milagro económico brasileño. Ahora la incógnita radica en si se convertirá en una gran potencia o en si naufragará por falta de tecnología y de mandatarios que estén a la altura de Lula.

Brasil es el quinto país en extensión y demografía del mundo, el estado con más católicos de la Tierra pero donde la revolución evangélica ya ha logrado que más del 30% de la población sea protestante. Es una nación con una espiritualidad a flor de piel donde prolifera todo tipo de religiones y sectas y el ateísmo casi no existe.

Brasil es una nación de mujeres calientes, la patria de la samba, el carnaval y la fiesta, el país de los mejores futbolistas del planeta como Pelé o Romário da Souza y cracks del baloncesto como Oscar Schmidt. Una tierra de cantautores como Joâo Gilberto o Caetano Veloso o escritores de la talla de Jorge Amado.

En Brasil el portugués suena tan dulce que enamora. Se respira como en ningún lado gracias al pulmón del Amazonas. Y se juega al fútbol como los ángeles. Brasil es maravilloso, todo el mundo lo sabe, pero ahora es también potencia emergente, un gigante que despierta. Si será algún día el país del presente sólo el tiempo lo dirá.

Irlanda: el milagro del tigre celta.

Durante más de cien años de colonización, Irlanda fue la despensa del Imperio Británico. La lengua irlandesa y cultura celta fueron desplazadas en favor del inglés y la cultura anglosajona. Sus cosechas alimentaban a los mismos soldados que la mantenían sometida bajo el cruel yugo de la opresión, la esclavitud  y la miseria.

Pero entre 1846 y 1848 una plaga arruinó la cosecha de la patata en Irlanda y más de dos millones de personas murieron de hambre y otros dos millones emigraron para no correr el mismo destino. La población descendió un 50% y nadie en Londres movió un dedo por auxiliar a los súbditos que morían de hambre.

La salvaje explotación a la que fue sometida la isla hizo que el nuevo estado fuera, desde su independencia en 1949, uno de los más pobres del mundo y los irlandeses un pueblo famélico. Pero su política de impuestos bajos, excelencia académica, alta tecnología y captación de inversiones extranjeras hizo despegar al país.

Eire pasó de país agrario a industrial. Entre 1995 y 2000 Irlanda creció un 10% anual, lo que le valió el sobrenombre de «tigre celta». A principios de siglo XXI la industria suponía el 38% del PIB, el 80% de las exportaciones y el 28% del empleo. El pleno empleo pasó de utopía a realidad. Aquello fue llamado «milagro irlandés».

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la República de Irlanda era en 2005 el segundo país más rico del mundo en poder adquisitivo, superando en mucho a los británicos. Hoy el gaélico irlandés es oficial, se apuesta por la cultura celta, la gente ha recobrado el amor propio y sueña con recuperar Irlanda del Norte.

Los años del terrorismo del IRA ya pasaron. Hoy Irlanda es famosa por ser la patria de Michael Collins, James Joyce, Oscar Wilde, Robert Boyle o William Thompson. Hay libertad, paz y prosperidad. Ya sólo resta el sueño de que católicos del sur y protestantes del norte se reconcilien dentro de una Irlanda unida.

Navarra: Dios, patria y fueros.

Cuando uno llega a Pamplona, histórica capital del milenario Reino de Navarra inmediatamente se percata de que no está frente a una ciudad más sino frente a un pedazo vivo de historia. Su monumento a los fueros recuerda la lealtad a España pero también la defensa de todos los derechos históricos que le son propios.

Este Reino es una tierra de hombres temerosos de Dios, una bella excepción en medio de una Europa cada vez más atea. Navarra es la cuna del Opus Dei. Su marcado catolicismo logró el éxito de tener la única autonomía de toda España donde abortar era ilegal pero también hizo de ella una tierra abominablemente idólatra.

Históricamente los tres burgos que componían Pamplona estuvieron enfrentados. El de Navarrería quería mantener la independencia, pero el de San Cernín simpatizaba con los francos y el de San Nicolás con los castellanos. En 1423 el rey Carlos III los unió. En 1512 el Reino de Navarra firmó su «feliz unión» con el de Castilla.

En la actualidad, la gran mayoría de navarros -castellanoparlantes- defiende la unidad de España y un tercio de navarros -normalmente euskaldunes- reivindica su anexión a Euskadi. La histórica «lingua navarrorum» -hoy considerada euskera- se ha convertido en un arma al servicio del nacionalismo expansionista vasco.

El despegue económico en los últimos tiempos ha sido brutal. En 25 años el Reino pasó de ser sociedad rural a disfrutar de un alto nivel de vida donde la educación, el I + D y las exportaciones están a la orden del día. En ello, fueron clave las jugosas ventajas fiscales que le otorga tener una hacienda propia y ser comunidad foral.

Navarra es el Reino de Sancho VII y del ciclista Miguel Induráin, el país cuyos San Fermines enamoraron al literato Ernest Hemingway, un pueblo en el que cuesta integrarse pero que cuando te acepta te lo da todo porque es noble y fiel, una patria de valientes dispuestos a batallar hasta la muerte en defensa de sus derechos.

Eslovenia: el feliz reencuentro con Occidente.

Los eslovenos eran el 8% de la población de Yugoslavia pero aportaban el 25% del Producto Interior Bruto (PIB) del estado y la tercera parte de las exportaciones. Sus recursos fueron puestos al servicio de los intereses centralistas de Belgrado y los impuestos que pagaban servían para construir infraestructuras en Serbia y Macedonia.

Los eslovenos eran los más prooccidentales de todos los eslavos del sur y continuamente reclamaron una apertura económica y democrática pero, en respuesta, sólo padecieron una concatenación de dictaduras: monarquía absolutista, fascismo y comunismo. El centralismo de Belgrado se tornó déspota y feroz.

Pese a ello, este pueblo siempre fue fiel al Estado Yugoslavo pero cuando criticó la suspensión de la autonomía de Kosovo en 1989, los serbios promovieron un boicot contra las empresas y productos eslovenos. Esto desató las iras independentistas de un pueblo hasta entonces leal pero que finalmente se había hartado de pagar y callar.

Cuando estalló la Guerra Civil Yugoslava en 1991, Eslovenia fue la primera en independizarse. Tuvo mucha suerte ya que, tras sólo diez días de conflicto bélico, logró su objetivo. Inmediatamente, la república fue reconocida por Alemania y otras potencias que le dieron una cordial bienvenida para festejar su ingreso en Occidente.

Eslovenia es otro claro ejemplo de que la independencia sienta bien a un pueblo: hoy es líder mundial en fabricación de elementos para  deportes de invierno, tiene una floreciente industria farmacéutica, automovilística y vitivinícola, supera en renta per cápita a Portugal y Grecia y tiene menos desempleo que Alemania o Francia.

Liubliana se adhirió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte  (OTAN) y a la Unión Europea (UE) en 2004 y al euro en 2007. Hoy Eslovenia forma parte de pleno derecho del conjunto de naciones desarrolladas occidentales. La gente tiene motivos de peso para volver a estar feliz y mirar con optimismo hacia el futuro.

León: el reino olvidado.

Castilla y León es una autonomía singular y no sólo por su vasta extensión territorial (comparable a Portugal o Bulgaria) ni tan siquiera por haber devenido en la madre -y madrastra- de España, sino por encarnar la fusión de dos viejos reinos de taifas que antaño combatieron contra Al-Andalus: el de Castilla y el de León.

La creación de las autonomías en España en los años 70 fue una locura: se fusionaron León y Castilla, se negó la condición de nacionalidad histórica a tierras que lo son (Navarra, Valencia…) y se concedió a otras sin serlo (País Vasco, Cataluña…) y de la noche a la mañana se crearon territorios nunca vistos, como Madrid.

León clama por la autonomía. El regionalismo leonés pugna por unificar Salamanca, Zamora y León para constituir un País Leonés independiente de Castilla pero no de España. Es justo. León fue un histórico reino por centurias y merece mejor suerte que la de acabar como un triste apéndice de la centralista Castilla.

El país está relacionado en historia, tradición y cultura con otros pueblos peninsulares pues conserva una lengua propia -el leonés-, emparentada con el bable, el cántabro, el castúo y el mirandés. El leonés -al borde la extinción por la presión castellana- es un precioso tesoro cultural que merece preservarse a toda costa.

Las fronteras del País Leonés son motivo de controversia. En Salamanca y Zamora existen recelos para unirse a León. Además, el antiguo reino leonés fue anexionado por Castilla  (aunque también Navarra y hoy dispone de autonomía propia) y tierras como Galicia o Asturias pertenecieron en su momento al histórico León.

Aunque no se mantengan las  fronteras históricas de los antiguos reinos es justo crear el País Leonés. Castilla, Aragón, Navarra, Valencia, Baleares… Todos los antiguos reinos se han dotado de un marco geopolítico propio. Todos excepto León. Por historia, tradición, identidad y cultura el Reino de León debe volver a la vida.

Kosovo: una bomba de relojería en el corazón de Europa.

La declaración de independencia de Kosovo respecto de Serbia el 17 de febrero de 2008 marcó un antes y un después en el derecho internacional: por primera vez en la historia la Comunidad Internacional aceptó la secesión unilateral de un territorio no colonial en tiempos de paz. Ahora, los tribunales avalan dicha liberación.

La sentencia del 22 de julio de 2010 del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) -también conocido como Tribunal de La Haya- fue realmente histórica: la declaración unilateral de independencia de un territorio es un acto político, no uno jurídico, por lo que, de acuerdo al derecho internacional, ésta no puede ser ilegal.

En dicha sentencia el Tribunal añadió que la inviolabilidad e intangibilidad de las fronteras de un estado es siempre respecto del exterior (es decir, que un país no debe invadir a otro), pero permite que, a nivel interno, se puedan modificar las fronteras de un estado, por ejemplo a través de la secesión de alguna de sus regiones.

Kosovo, un país del tamaño de Murcia y menos de 2 millones de habitantes, es una bomba de relojería que los Estados Unidos han puesto en el corazón mismo de Europa para hacerla saltar por los aires… Kosovo abrirá las puertas de la libertad a numerosos pueblos oprimidos: Flandes, Escocia, Córcega, Euskadi, Valencia…

Puede que Kosovo no sea un país ejemplar: es una sociedad musulmana que se amparó en el terrorismo, que ha sufrido mucho por culpa de los serbios y que después los ha represaliado, una nación de albaneses que reclamó un estado cuando ya disponía de uno (Albania), una república empobrecida por incontables guerras.

Pero Kosovo es también un precedente jurídico jamás visto antes. Los que creemos en la autoterminación y en la democracia, en la Europa de los pueblos y en la libertad, tenemos mucho que agradecer a Estados Unidos, al Tribunal de la Haya y al épico pueblo kosovar. Su pírrica victoria es todo un rayo esperanza para millones.

La superioridad de la mentalidad anglosajona.

Se mire por donde se mire, éste es un mundo dominado por hombres blancos, anglosajones y protestantes. En el aspecto político, comercial, económico, financiero, científico, tecnológico, cultural, audiovisual… son los anglosajones los que controlan el sistema. Es más; ellos son el sistema. La cuestión es ¿por qué?  ¿Qué les diferencia del resto? ¿Por qué tienen éxito donde otros no?

No creo en la superioridad de unas razas frente a otras, pero sí en el de unas civilizaciones frente a otras. Es mentira que todas las culturas sean igual de valiosas porque si así fuera tendrían todas un idéntico nivel de desarrollo. Los anglosajones dominan el mundo entero porque son un pueblo con una mentalidad victoriosa orientada al éxito. Su pensamiento se basa en cuatro pilares.

1) Democracia. Mientras que en Europa y Latinoamérica la gente estaba entusiasmada con la idea de una dictadura, en las naciones angloparlantes siempre ha imperado una fuerte tradición democrática. Dictadores como Francisco Franco o Fidel Castro jamás hubiesen podido tener éxito en Canadá o Nueva Zelanda porque en un país anglosajón habrían carecido de apoyo social.

En la actualidad, es fácil comprobar que todos los países que son dictaduras del signo que sea, todos sin excepción, son estados del Tercer Mundo. Por contra, las naciones más avanzadas de la Tierra son democracias sólidas y saneadas. A mayor nivel de democracia, de libertad en definitiva, más prosperidad, más desarrollo. Y los anglosajones creen en ello de forma sumamente firme.

2) Liberalismo. En el mundo anglosajón existe un gran respeto por los derechos individuales y la propiedad privada. Se entiende que los ciudadanos son titulares de derechos inalienables que el Estado deberá respetar. Por contra, en otras culturas se entiende que es el Estado el que graciosamente otorga derechos a la gente. Lógicamente, los abusos del poder son mucho mayores en un país así.

En una patria angloparlante la soberanía recae en el pueblo. No en el Estado, ni en la Corona ni en la República. No, en el pueblo. Y por lo tanto todas las instituciones jurídicas y estatales deben ir dirigidas a respetar la soberanía popular. Existe una fuerte tradición liberal de respeto a la ciudadanía que ningún gobernante se atreve a cuestionar porque allí la libertad no se negocia.

3) Protestantismo. A partir de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica del siglo XVI se dibujaron un norte de Europa protestante  y rico frente a un sur católico y pobre. En América ocurre igual. El protestantismo es más democrático y liberal, no apoya dictaduras como hace el catolicismo y respeta más al ciudadano. En consecuencia, forma un país más avanzado y rico.

El protestantismo ofrece una visión de la vida radicalmente distinta del catolicismo. Por ejemplo, frente al problema de la pobreza el catolicismo promueve dar de comer al hambriento mientras que el protestantismo defiende más que dar un pescado dar una caña al pobre y enseñarle a pescar. Es una mentalidad mucho más autónoma, más individualista, menos dependiente del poder.

4) Capitalismo. No es por casualidad que el comunismo haya sido un fracaso absoluto en las naciones anglosajones. Inglaterra fue la inventora del capitalismo moderno. Desde entonces los pueblos angloparlantes se han caracterizado por tener una mentalidad capitalista, orientada a la creación de riqueza, avalada por el derecho anglosajón y por unos estados con instituciones serias y fiables.

En Estados Unidos la mentalidad de un universitario es la de formar una empresa, trabajar para sí mismo y  hacerse rico. En España ese universitario se conforma con ser un trabajador asalariado o como mucho opositar. Mientras en Extremadura o Andalucía se fomenta la mentalidad limosnera de vivir de subvenciones, en Ohio o Arkansas uno lo que quiere es hacerse rico.

Conclusión. No es por casualidad que sea un conjunto de cinco naciones blancas, anglosajonas y protestantes (Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) el que lidere el mundo. Todas ellas son potencias en sus respectivos continentes, a excepción de los Estados Unidos, que es la superpotencia mundial. Todas tienen una mentalidad victoriosa orientada al triunfo.

Ciertamente habrá quien diga que el inglés también se habla en numerosas naciones subdesarrolladas (fundamentalmente en África y  Asia), pero lo cierto es que generalmente se trata de un idioma inglés corrupto (criollo) que  además en la mayoría de casos ni siquiera es usado por los hablantes locales como lengua materna. Es por ello que no les puedo considerar anglosajones de verdad.

Estatut català: que Madrit i Barcelona es maten mútuament i dixen en pau a Valéncia.

La sentència del Tribunal Constitucional ha significat  importants retalls a l’Estatut català perque encara que permet la definició de Catalunya com a nació en el seu preàmbul sense validea jurídica en la pràctica es llimiten molt les competències autonòmiques. Es posa fi a les vegueries, s’entén que els poders públics estan obligats a atendre en català al ciutadà pero no una empresa privada i es contempla que tant el castellà com el català  poden ser llengües vehiculars en l’educació i l’administració (encara que el català ho és en la pràctica). Ademés, el Tribunal nega també a la Generalitat Catalana la capacitat per a regular i establir referèndums, que tinga l’exclusivitat en matèria de primera acollida d’immigrants, nega que el Consell de Justícia de Catalunya o el Síndic de Greuges siguen els òrgans exclusius en territori català en les seues respectives àrees de treball, nega al Consell de Garanties Estatutàries la capacitat d’emetre dictàmens vinculants i anula la exigència de que unes atres autonomies de l’Estat hagen de fer un esforç fiscal similar al de Catalunya si volen beneficiar-se dels fondos destinats a la solidaritat ab les regions.

Les meues impressions sobre la sentència són contradictòries. Si en lloc de Catalunya es tractara de qualsevol atra autonomia, possiblement em manifestaria en contra de la sentència i entendria que és un atac en tota regla a l’autonomisme. Potser inclús em seria igual al comprendre que es tracta d’una atra terra que no és la meua i per tant  no soc ningú per a clavar els nassos a on no em criden. Pero tractant-se del nacionalisme expansioniste imperialiste català, que sempre vol anexionar-se la nostra llengua, cultura i  terra valencianes, m’alegre i molt de la retallada de l’Estatut perque sempre que hi hagut bona sintonia entre Madrit  i Barcelona els valencians hem acabat ben fotuts.  Per això preferixc que s’alimente el foc i el conflicte entre Madrit  i Barcelona, entre el centralisme ranci dels uns i l’imperialisme sectari dels atres, per a que dixen a lo Regne de costat. Mentres es maten Madrit i Barcelona, no tindran temps per a vindre a matar-mos a mosatros. Esperem que açò servixca per a tensar la corda entre els uns i els atres a vore si un dia esta comedia d’Estat, la grotesca pantomima que és Espanya, acaba botant pels aires.

Falacia atea: Ateísmo = desarrollo.

«Me aburren los ateos: siempre están hablando de Dios.» Heinrich Böll.

Una de las mayores falacias ateas que existe es la de pensar que el cristianismo es una rémora del pasado, una suerte de atávica superstición unida a la ignorancia mientras que el ateísmo constituye un signo de progreso, de modernidad. A menudo los ateos argumentan en favor de esta idea que las naciones más modernas y desarrolladas del mundo (las del centro y norte de Europa, fundamentalmente) cuentan curiosamente con muchos ateos.

Y no se puede negar que es verdad. Pero el argumento es equivocado… No es que por el hecho de que había un gran porcentaje de ateos en un territorio es que se consiguió una nación próspera. No, no, no… ¡Es justo al revés! Es precisamente porque se logró una nación rica donde la gente vive bien y tiene de todo es que parte de su población, históricamente cristiana, pasó a ser atea. Es la comodidad la que trajo el ateísmo, no al revés.

Sucede a veces que cuando una persona tiene su casa, su coche, su buen sueldo, sus vacaciones, su televisión de plasma y carece de grandes problemas en la vida se vuelve ateo… Porque desde la mentalidad humana lo fácil es pensar : «Si tengo todo lo que necesito… ¿para qué quiero a Dios? Para nada». Cuando hace décadas en Europa se pasaba hambre, todos creíamos en el Señor… pero ahora que somos ricos lo apartamos de nuestras vidas.

Sin embargo, en los países donde abunda la injusticia y el sufrimiento, la gente se ampara más al Señor, no porque sea inculta sino porque sufre. El literato Víctor Hugo escribió: «los ojos no pueden ver bien a Dios, sino a través de las lágrimas». Y la prueba es que cuando un ateo pasa por una situación límite (un cáncer, la prisión, la ruina…) en no pocas ocasiones se siente desesperado y acude al único capaz de ayudarle en ese instante: Dios.

Es un error común pensar que la gente con cultura debe necesariamente ser atea y la gente sin estudios ser creyente. Es absurdo porque existen sobradas muestras de científicos y catedráticos creyentes y de ateos que son analfabetos funcionales que al final del año no han leído ni un solo libro.  Y viceversa. No, no son los estudios ni la cultura… Es el dolor… Porque mucha gente sólo se acuerda de nuestro Señor cuando sufre y necesita su ayuda.

El ateísmo nunca en toda la historia ha aportado una pizca de desarrollo a una sociedad. Al contrario: allí donde ha imperado el ateísmo de estado, como en Unión Soviética, Cuba o China, ha reinado la miseria, el hambre  y la desolación, así como las persecuciones por motivos ideológicos y las masacres. Porque en el fondo el ateísmo es un movimiento intolerante  y fanático; es la otra cara de la moneda de esas siniestras teocracias de la Edad Media.

Por contra, las naciones del centro y norte de Europa -ésas que tan a menudo algunos ponen como ejemplo de progreso ateo- lograron alcanzar su  prosperidad de la mano de una sociedad abrumadoramente cristiana protestante. Fueron los protestantes (y no los ateos)  los que hicieron rica a Dinamarca, Suecia, Alemania, Islandia…  Y una vez se convirtieron en naciones ricas, es que la gente, por exceso de comodidad, pasó de cristiana a atea.

Buscar la prosperidad material de una patria y el bienestar de su gente es algo bueno y deseable y no resulta incompatible con buscar una prosperidad espiritual. Ahora bien, pobre de aquella sociedad que le dé la espalda a su Creador porque si Él no nos importa, menos aún nuestros semejantes. El día en que los seres humanos desechemos definitivamente al Señor estaremos al fin preparados para subir a las ramas de un árbol y quedarnos a vivir allí.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Apología de la democracia directa.

Los comunistas hablan de los derechos de los trabajadores pero les niegan el de la huelga, de acercar la cultura a las masas pero encierran en la prisión a sus escritores por decir la verdad, de la libertad de los pueblos pero le niegan el derecho de voto a sus ciudadanos, de la igualdad de las clases pero establecen una nueva aristocracia que es la del Partido.

Los fascistas hablan de defender los intereses nacionales cuando utilizan el ejército no para proteger y servir al pueblo como debería de ser sino para que se convierta en el chulo del país, asesinan a gente en nombre de la patria y si por alguna de aquellas no se salen con la suya desencadenan una guerra civil o perpetran un golpe de estado.

Los nacionalistas presumen de ser progresistas cuando siguen al pie de la letra tesis hitlerianas, de defender una cultura cuando están en contra de todos aquellos que no piensan como ellos, de patriotas cuando en realidad no pasan de provincianos, de cultos cuando viajan poco y leen aún menos, de ser la voz del pueblo cuando tratan de acallarla.

Los neoliberales hablan de pleno empleo pero quieren decir trabajo-basura, creen que el progreso de un país se mide sólo con indicadores macroeconómicos y no ven que las personas son más importantes que el dinero, quieren vender internet y móviles a la gente del Tercer Mundo en lugar de darle libros para el analfabetismo y pan para el hambre.

Los socialistas dicen representar a los trabajadores pero no viven en los barrios obreros sino en los burgueses, hablan de acabar con la pobreza cuando no saben lo que es vivir en una familia que discute todos los días porque nunca llega a final de mes, dicen representar al pueblo pero el pueblo no viste trajes caros ni conduce Mercedes como ellos.

Los populares hablan del estado del bienestar cuando los niños estudian en barracones donde la calefacción y el papel higiénico son bienes de lujo y cuando hacen de la salud un negocio, criminalizan la inmigración y olvidan que el país salió de la ruina gracias precisamente a los emigrantes, predican moderación salarial pero se suben los sueldos siempre que quieren.

La misma basura de siempre. Si no estás conmigo estás contra mí. Yo mando y tú obedeces. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Los políticos viven de nosotros y nos chulean del mismo modo que lo hace un proxeneta con una prostituta. Todos ellos insisten hasta la saciedad en repetir que nos representan cuando sólo se representan a ellos mismos.

Desde que murió el dictador Francisco Franco, en España sólo ha habido dos días democracia. Sólo dos. El día que se hizo el referéndum de la Constitución y el que se hizo el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Cuarenta y ocho horas de democracia en más de treinta años. No sé a usted pero a mí me sabe a poco.

A Dios lo que es de Dios y al pueblo lo que es del pueblo. Democracia es más que votar una vez cada cuatro años. Es el gobierno del pueblo, que se haga la voluntad mayoritaria del pueblo. Y en España no vivimos en democracia, sino en una dictadura encubierta. Aquí quienes gobiernan son los políticos, los burrócratas (burrocracia se escribe con rr), los ricos, los empresarios, los burgueses, los medios de comunicación, los grupos de presión, la iglesia, los poderes internacionales… En una palabra: los poderosos. Pero no es la gente la que gobierna. Ella sí que no.

¿Cuánto tiempo más tendremos que aguantar el cáncer del transfuguismo? ¿Y la burla de que los políticos se suban el sueldo siempre que les venga en gana? ¿O que utilicen nuestros votos para regalárselos a otros partidos? ¿Otorgamos los ciudadanos la mayoría absoluta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para llevar a cabo la gran orgía de corrupción que hizo en el pasado? ¿Acaso le concedimos al Partido Popular (PP) la mayoría absoluta para gobernar sólo para las elites? ¡Si de verdad la democracia es el gobierno del pueblo entonces démosle el poder al pueblo!

Es hora de reivindicar la democracia directa. Hace falta un compromiso cívico y patriótico para seguir el ejemplo suizo. Suiza era un corral de vacas hace sólo cien años y hoy goza de una de las rentas per cápita más altas del mundo. Los suizos no saben citar el nombre de un solo político de su nación. Su sistema rotatorio les impide a los dirigentes estar mucho tiempo al frente del país; se soslaya así el peligro de la corrupción. Y la sociedad es consultada en referéndum en los temas más capitales. Allí gobierna la gente. ¿Por qué aquí no? Yo no he nacido para ser el esclavo de nadie. ¿Y usted?

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