Falacia atea: Todas las experiencias religiosas son falsas.

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Cuando me preguntan por qué creo en Dios, se me viene a la cabeza una catarata de buenos motivos por los que hacerlo. Pero la principal razón es que lo he sentido en mi vida. Sé bien que esto es una experiencia subjetiva, y por tanto discutible. A menudo los ateos dudan acerca de si esa experiencia religiosa es real y aducen que hay testigos de Jehová, mormones o budistas que afirman lo mismo de sus respectivas experiencias. Puede ser, pero yo sólo puedo hablar de lo que yo he sentido.

“¿Cómo puedes saber que esa experiencia que has sentido es real? ¿No puede ser una imaginación o que estés loco?” -me preguntan-. Bueno, considerar que un cristiano nacido de nuevo está loco “por creer en la existencia de seres imaginarios” es insultar la inteligencia de millones de personas en todo el mundo, algunas de ellas de deslumbrante intelecto como el escritor Josh McDowell, el filósofo William Lane Craig o el genetista Francis Collins, entre muchos otros.

Otros ateos, como el autor Richard Dawkins, apelan a la falacia genética; esto es, que si soy cristiano es porque nací en un país cristiano pero si hubiese nacido en India sería hindú. Esto es falso. Yo soy una prueba viva de que no es así porque he nacido en un país católico y crecido en una familia católica y soy protestante. Lo mismo podría haberme ocurrido en India o Pakistán por ejemplo. De hecho, hay pastores evangélicos que se han criado en una familia musulmana o una hindú.

He de aclarar que para mí lo realmente importante no es ser católico, protestante, ortodoxo, judío mesiánico o de alguna otra denominación. Para mí eso son nomenclaturas, apellidos. Lo importante es ser cristiano y ser cristiano es ser discípulo de Cristo, tener la Santa Biblia como la Palabra de Dios y tratar de caminar en la vida rectamente, de acuerdo a lo en ella establecido, aunque en ocasiones sucumbamos a la tentación porque todos somos pecadores, yo el primero.

El Dios de la Biblia es un Dios vivo que ha cambiado radicalmente la vida de millones de personas a lo largo de la historia. Como el apóstol Pablo, que pasó de perseguidor de la iglesia a predicar el Evangelio. Como la hija del dictador Josip Stalin, Svetlana Alilúyeva, quien pese a crecer en un hogar comunista, ateo y anticlerical creía en el Señor. O como yo mismo, un antiguo ateísta que trataba de destruir la fe de los creyentes y que ahora clama al mundo entero que Jesús es el mesías.  

Cuando era ateo el odio era el motor de mi vida y ahora es el amor. Antes discutía mucho con mi madre y ahora mis relaciones familiares están restablecidas. Pensaba en el suicidio y ahora quiero vivir. Miraba a la gente por encima del hombro y ahora he aprendido a ser más humilde. Y cuando llegan los problemas no me desespero pues los pongo en manos de Jesús. Me siento amado y soy feliz. No digo que a todos los ateos les pase igual. Sólo cuento mi experiencia. Ni más ni menos.

Jesús ha transformado mi vida por completo. No lo cambiaría ni por todo el oro del mundo. Hay ateos que tienen curiosidad y pretenden saber qué se siente. Pero es algo inenarrable. Es como subir al Everest. Por más que te expliquen lo que se siente allá arriba, nunca podrás saberlo salvo que lo escales. No exijas pruebas ni demandes milagros porque si tú realmente buscas al Padre Él se va a manifestar en tu vida, se revelará a ti. Cuando Jesús llame a tu puerta, no endurezcas tu corazón.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Los grandes científicos son ateos.

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“Aunque no soy creyente, no hay conflicto entre el Dios creador y lo que hemos descubierto del Universo, es perfectamente posible tener creencias religiosas y ser a la vez científico”. Peter Higgs (Premio Nobel de Física de 2013).

A veces los escépticos te dicen que la ciencia y el cristianismo son incompatibles, pero lo cierto es que si no fuera por los cristianos no existiría ni la mitad de inventos y avances de los que disfrutamos en la actualidad. Veamos una pequeña lista de grandes científicos creyentes de las últimas centurias. En el Renacimiento (siglos XV y XVI), pese a ser un fenómeno esencialmente humanista y artístico, surgieron talentos como Leonardo da Vinci (padre precursor del helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil) o Nicolás Copérnico (Teoría del Heliocentrismo). Y del siglo XVII eran por ejemplo Galileo Galilei (padre de la astronomía moderna), Blaise Pascal  (autor del Principio, el Triángulo, el Teorema y la Apuesta que llevan su nombre) y Johannes Kepler (quien formuló leyes sobre el movimiento de los planetas sobre su órbita alrededor del Sol), entre otros.

En los siglos XVIII y XIX se dio la Ilustración y la Revolución Industrial. Algunos creyentes científicos fueron Isaac Newton (Ley de la Gravitación Universal), Robert Boyle (Ley de Boyle), Gottfried Wilhelm Leibniz (cálculo infinitesimal y sistema binario), Carl von Linné (padre de la taxonomia moderna), Leonhard Euler (Número e Identidad de Euler y la Característica de Euler), Charles Coulomb (Ley de Coulomb), James Watt (máquina de vapor), Charles Bell (teléfono), Alessandro Volta (corriente eléctrica continua y pila eléctrica), André Marie Ampère (telégrafo eléctrico y el electroimán), Michael Faraday (padre del electromagnetismo y de la electroquímica), Samuel Morse (telégrafo Morse y Código Morse), James Clerk Maxwell (Teoría Electromagnética y Teoría Cinética de Gases), Gregor Mendel (Leyes de Mendel).

Del siglo XX podemos destacar a William Thomson (Lord Kelvin) (padre de la escala de temperatura Kelvin), Louis Pasteur (pasteurización), Nikola Tesla (motor de corriente alterna entre otros muchísimos inventos), Guglielmo Marconi (radiotelegrafía sin hilos), Alexander Fleming (penicilina), Max Planck (padre de la física cuántica y de la Constante de Planck), Arthur Stanley Eddington (Límite de Eddington), Niels Bohr (padre del Modelo Atómico Bohr), Erwin Schrödinger (Ecuación y el Modelo Atómico de Schrödinger y Efecto Tunel), Werner Karl Heisenberg (Principio de Indeterminación de Heisenberg y Teoría de Matrices), Georges Lemaître (Teoría del Big Bang), John von Neumann (Teoría de Juegos), Wolfgang E. Pauli (Principio de Exclusión), Howard Hathaway (cerebro electrónico), etcétera.

En la actualidad los ateos aseguran que todo esto es cosa del pasado, que el 90% de los grandes científicos de hoy día no cree en Dios aunque no publican sus nombres ni sus descubrimientos para probar cómo de grandes son. Deshagamos este mito citando unos cuantos cristianos vivos a principios de este siglo XXI: Arno Allan Penzias (radiación cósmica de fondo de microondas), William D. Philips (refrigeración mediante láser), Francis Collins (director del Proyecto Genoma Humano), Donald E. Kuth (análisis de algoritmos), Charles Hard Townes (estudio del láser y máser), Richard E. Smalley (fullerenos), etc. La lista de científicos creyentes de ayer, hoy y siempre podría ser mucho mayor pero baste con esta pequeña muestra. Y eso que hemos excluido a literatos, filósofos, humanistas, artistas, músicos, cineastas y otros intelectuales cristianos de gran talento.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Nuestros antepasados aceptaban los milagros por ignorancia.

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Muchos ateos dicen que nuestros antepasados, que daban por supuesto lo sobrenatural y estaban ansiosos de milagros, atribuían carácter milagroso a sucesos que no lo eran realmente. Así, por ejemplo la lluvia o el trueno no eran vistos como fenómenos naturales sino como milagros de los dioses. Cierto. Pero de igual modo en la actualidad -apunta el autor C.S. Lewis– hay predisposición a excluir lo sobrenatural, a considerar que los milagros simplemente no pueden suceder.

Muchos ateos exigen ver para creer. Pero ver no significa necesariamente creer. De hecho, aunque seas testigo de primera mano de un milagro, siempre podrás negarlo diciendo que no ha ocurrido realmente, que ha sido una alucinación o un sueño. O buscar mil explicaciones alternativas, aunque sean disparatadas o risibles. Así, cuando se asiste a una curación literalmente milagrosa se descarta al Señor y se busca cualquier otra interpretación, aunque ésta sea de chiste. Se llama prejuicio.

Muchos ateos afirman que nuestros antepasados creían en los milagros por la ignorancia. Pero como apunta C.S.Lewis, San José sabía bastante biología como para tener claro que una mujer no puede quedarse embarazada sola, por eso repudia a la Virgen María en primera instancia. Y los apóstoles sabían bastante física como para asustarse al ver a Jesús caminar por encima de las aguas. Sin embargo creyeron, no por ignorancia, sino por ser testigos de un milagro del Dios vivo.

Muchos ateos se cierran en banda a lo sobrenatural. “El hombre moderno siente una aversión casi estética por los milagros. Aun admitiendo que Dios pudiera hacerlos, duda que quisiera. […] En segundo lugar, mucha gente confunde las leyes de la naturaleza con las leyes del pensamiento y cree que anularlas o suspenderlas sería una contradicción en los términos, como si la resurrección de entre los muertos fuera del mismo género que dos y dos son cuatro” -concluye Lewis-.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Un Dios perfecto no puede existir.

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El argumento ontológico para la existencia de Dios es un argumento filosófico controvertido. Fue expuesto por primera vez por el filósofo Avicena en El libro de la curación, aunque la propuesta más famosa es la de San Anselmo de Canterbury en su obra Proslogion. A continuación intentaré explicar qué plantea:

1. Si nos ponemos a pensar en la cosa más grandiosa tal que nada más grandioso (perfecto) pudiera pensarse (aliquid quo nihil majus cogitari possit) nos viene a la cabeza la idea de Dios. Si tenemos en cuenta que el Señor es omnipotente, omnisciente y omnipresente, parece más que obvio que Dios es lo máximo pensable.

2. Así, como mínimo Dios existe en mi mente (o entendimiento) ya que puedo pensar en él (es un contenido mental) pero si existiese además fuera de él (en el mundo real) sería aún más grandioso (perfecto). Si tenemos dos objetos, uno que existe y otro que no, es evidente que el que existe es más perfecto que el que no existe.

3. Si Dios sólo existiera en mi mente cabría pensar en otro ser superior a él que existiera también en la realidad. Pero como Dios es lo máximamente pensable (lo más perfecto que cabe concebir) ha de existir también en la realidad ya que si no no sería lo máximamente pensable. En consecuencia, Dios necesariamente debe existir.

El argumento ontológico ha sido fuertemente criticado pero aún pervive con fuerza. Yo admito que en sí mismo no demuestra la existencia de Dios (un unicornio que existe es más perfecto que uno imaginario pero no por ello existen los unicornios), pero no deja de ser otro argumento más digno al menos de mención.

Puede que sea uno de los razonamientos teístas más débiles pero lo que me parece interesante de este planteamiento es no tanto que demuestre la existencia del Señor (cosa que no hace) sino que de alguna manera viene a desmontar esa falacia atea de que no puede existir un Dios perfecto. Dios, si existe, debe ser perfecto.

FUENTE: Blog Más Filosofía.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Las profecías acerca de Jesús están manipuladas.

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Hay más de trescientas profecías en el Antiguo Testamento que hablan de la venida de un mesías, de un salvador, y éstas se cumplen en la persona del Señor Jesús. Sin embargo se pueden presentar varias objeciones: ¿Las autocumplió el Nazareno de forma deliberada? ¿Fueron los apóstoles los que falsificaron la historia y dijeron que Él las había materializado pese a no hacerlo? ¿Podría ser el cumplimiento una simple casualidad? ¿Son profecías comparables a las de los videntes actuales? Se trata de dudas razonables. El escritor Josh McDowell ha respondido a algunas de estas cuestiones. Pasemos, pues, a despejar algunas dudas.

¿Podría ser que el cumplimiento de las profecías acerca de Jesús hubiera sido manipulado deliberadamente por Él mismo? No. Porque muchas de las profecías mesiánicas estaban totalmente más allá del control humano de Jesús. Por ejemplo, su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2), el tiempo de su nacimiento (Daniel 9:25; Génesis 49:10), la forma del nacimiento (Isaías 7:14), la traición de Judas (Salmo 41:9), el tipo de muerte (Salmos 22:16), las reacciones de la gente (burlas, esputo, miradas fijas…) (Salmo 22:7-8;  Isaías 50:6; Miqueas 5:1), ser atravesado (Salmo 22:16, Zacarías 12:10), la sepultura (Isaías 53:9), entre otros.

¿Podría ser que los discípulos hubieran manipulado las profecías bíblicas para adaptarlas a la persona de Jesús pese a no haberlas cumplido? No. Pensemos que los apóstoles vivieron codo a codo con Jesús. Si se hubiera tratado de un farsante lo habrían abandonado. Tras su crucifixión les entró un ataque de pánico y pensaron que todo había acabado. Tampoco ganaron dinero ni prestigio por seguirle sino persecución y muerte. ¿Qué ganaban con manipular las profecías? Nadie da su vida por una mentira sabiendo que es mentira. Si lo que los apóstoles dijeron de Jesucristo hubiera sido falso sus enemigos habrían sacado a la luz la verdad.

¿Podría ser que los cumplimientos de las profecías en Jesús fueran una mera coincidencia o accidente? No. Puede que una, dos o tres profecías pudieran haberse realizado accidentalmente en Jesús o en algún otro líder del pasado o del presente. Pero es que hay más de trescientas profecías en el Antiguo Testamento que hablan del mesías y que se materializan en el Nazareno. Más todavía: todas se cumplen en un tiempo concreto. El matemático Peter W. Stoner calculó que la probabilidad de que un hombre cumpliera todas las profecías de Jesús justo en el momento adecuado sería de 1 en 1,7 x10, lo cual es una cifra verdaderamente bestial.

¿Podría tratarse de profecías similares a las de los videntes de hoy? No. En tiempos bíblicos había una prueba para distinguir a los profetas falsos (Deuteronomio 18:22) y aquellos cuyas profecías no se cumplieran debían ser apedreados (Deuteronomio 18:20), por lo que era preferible callar si no se estaba seguro del mensaje. No hay profecías erradas en la Biblia. Hoy la mayoría de predicciones fallan, no mencionan hechos inesperados y de las pocas que se cumplen suelen ser  vagas e imprecisas (caso de Nostradamus por ejemplo) o de sentido común (como la muerte de un anciano y enfermo Papa Juan Pablo II).

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: El cristianismo no es una verdad absoluta.

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“Puede que el cristianismo sea una verdad para ti pero no lo es para mí”. “Eres un poco arrogante al pretender que tú tienes la verdad ¿no crees?”. “Cada uno tiene su verdad. Tú tienes la tuya y yo tengo la mía”. “No me impongas tus valores, no seas intolerante”, “La verdad absoluta no existe”. “Piensas así porque te has criado en un país cristiano pero si hubieras nacido en Arabia Saudita defenderías el islam”. “Puede que el cristianismo sea bueno para ti, pero no lo es para mí”. ¿Cuántas veces hemos escuchado argumentos de este estilo? Los escépticos quieren hacernos creer que el cristianismo es en el mejor de los casos una verdad a medias, válida sólo para algunas personas, situaciones o circunstancias. Pero la realidad es que el cristianismo es la verdad que ha sido revelada a los humanos por Dios. Es una verdad total, universalmente válida para toda persona, tiempo o lugar pero las humanas filosofías que la cuestionan son todas falsas como vamos a ver.

Subjetivismo.

El subjetivismo (“lo que es verdad para ti puede no serlo para mí”) es autodestructivo porque cuando se afirma cosas tales como “No existe la verdad absoluta, cada uno tiene su verdad” está haciendo una afirmación insostenible. Porque si pretende ser cierta para todo el mundo, entonces sería una verdad absoluta (la misma verdad absoluta que defiende que no existe) y por tanto un argumento falso. Si por el contrario se trata únicamente de una verdad subjetiva entonces no es válida para todo el mundo, valdría para el relativista pero no para el cristiano. Se llegaría al absurdo de que cuando el cristiano dijera que Dios existe y el ateo dijera que Dios no existe ambos deberían tener razón. Nadie estaría equivocado nunca. El profesor Norman Geisler afirma que el relativismo impediría incluso la capacidad de aprender, ya que para aprender hay que moverse de una creencia absolutamente falsa a una creencia absolutamente cierta.

Relativismo moral.

El profesor J.P. Moreland explica que el relativismo moral sostiene que todos debieran actuar de acuerdo con el propio código de la sociedad del individuo y que esto implica que las proposiciones morales no son sencillamente verdaderas o falsas. Pero este planteamiento relativista es falaz. No es verdad que todas las culturas sean igual de respetables (no es lo mismo una nación como Islandia en la que una mujer puede ser primera ministra que una como Afganistán, donde no puede ir a la escuela). No es cierto que echar ácido sulfúrico en la cara a una mujer en Bangladesh, la ablación del clítoris en Suazilandia, la pedofilia en Arabia Saudita o el aborto libre en Holanda sean moralmente aceptables por más que allí estén que socialmente aceptados. Por encima de diferencias culturales, religiosas  o espaciotemporales siempre será una verdad absoluta que está mal causar daño a un inocente o que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen.

Posmodernismo.

Para el posmodernismo la verdad no existe objetivamente: se trata de un producto de la cultura de las personas. El filósofo William Lane Craig replica: “Declarar que ‘la verdad es que no hay verdad’ es tanto contradictorio como arbitrario. Porque si esa declaración es verdad, no es verdad, puesto que no hay una verdad. El llamado deconstruccionismo por consiguiente no puede impedir deconstruirse a sí mismo. Además, tampoco hay razón para adoptar la perspectiva posmoderna en vez de, digamos, los puntos de vista del capitalismo occidental, del chovinismo masculino, del racismo blanco y así por el estilo, puesto que el posmodernismo no tiene más verdad en sí mismo que esas perspectivas”. Para el profesor Gene Veith: “No creer en la verdad es autocontradictorio. Creer es pensar en que algo es verdad; decir ‘es cierto que nada es cierto’ es una tontería intrínsicamente sin sentido. La misma declaración -‘no hay una verdad absoluta’- es una verdad absoluta’.

Escepticismo.

Es la creencia de que cualquier conocimiento confiable o absoluto es imposible y de que cualquier aspecto de lo sobrenatural es inaccesible a cualquier individuo. Su máximo exponente fue el filósofo David Hume. Pero el escepticismo se autoderrota. Para el profesor Gordon Clark “escepticismo es la posición de que nada puede ser demostrado y ¿cómo, preguntamos, puede uno demostrar que nada puede ser demostrado?” Según Geisler “la afirmación misma de que toda la verdad es imposible de conocer es presentada como una afirmación de la verdad. Como una afirmación de la verdad con el significado de que no puede hacerse ninguna afirmación de la verdad, se traiciona mortalmente a sí misma”. Según San Agustín si dudamos de la verdad ya estamos reconociendo una verdad (el hecho mismo de dudar) y además se puede estar seguro, como mínimo, del principio de no contradicción. Así pues, el escepticismo total ha demostrado ser falso.

Agnosticismo.

Su gran valedor fue el filósofo Immanuel Kant. Es la creencia de que el hombre o no conoce o no puede conocer la realidad, y por consiguiente la verdad. En teología, la teoría es que el hombre no tiene forma alguna de saber si Dios existe o no. Para Geisler se trata de otra filosofía autoderrotista ya que por un lado dice que no se puede conocer la realidad pero esta afirmación se presenta en sí misma como un conocimiento de la realidad, esto es, afirma tener conocimiento de aquello que denuncia que es imposible de conocer. Para el apologista Ravi Zacharias “no es posible dar por sentado alguna cosa acerca de la realidad final a menos que uno sepa algo de la realidad final”. El filósofo H.A. Prichard nos explica que es imposible que cualquier realidad dependa de nuestro conocimiento, o de cualquier conocimiento, ya que la realidad es en sí misma un hecho previo al conocimiento que podamos tener o no de ella. El agnosticismo se traiciona a sí mismo.

Misticismo.

Sostiene que el conocimiento directo de Dios, de la verdad espiritual o de la realidad última se puede alcanzar mediante la intuición inmediata o la percepción (lo subjetivo) y de modo distinto de la percepción sensorial ordinaria o del uso del razonamiento lógico. Para el budismo zen la realidad es una ilusión pero ¿cómo puedes decir tal cosa de la realidad sin conocerla? Y si es así ¿no es esta misma afirmación ilusoria? Para los panteístas las percepciones sensoriales son falsas pero si es así ¿por qué se ponen en guardia si les amenazas con un cuchillo? Para el hinduismo todas las religiones son verdaderas… aunque se contradigan. “La mayoría de los místicos admite que un ámbito de la verdad no es realmente verdadero después de todo; sólo es verdadero desde cierta perspectiva, una perspectiva que finalmente es falsa. Pero esto es una contradicción ya que la verdad no puede contradecirse a sí misma y todavía ser verdadera” -dicen Clark y Geisler-.

Conclusión:

“Una persona no puede funcionar o vivir mucho si actúa consistentemente como si la verdad fuera en arreglo a la perspectiva y no objetiva. Ella puede emitir cheques sin fondos porque su cuenta de banco tiene dinero “para ella”, beber veneno que “para ella” es limonada, caer en el hielo delgado del lago que “para ella” es grueso, o ser arrollada por un autobús que “según ella” no está avanzando “hacia ella”. Para una persona que quiere funcionar eficazmente y vivir en el mundo, la correspondencia entre la verdad objetiva y la realidad debe importar en algún sentido”, dice el escritor y apologista cristiano Josh McDowell. Pero por más que los escépticos insistan en lo contrario, la verdad es la verdad y la verdad absoluta existe. Es una verdad absoluta que la Tierra es esférica. Eso es una verdad absoluta hoy y era una verdad absoluta cuando el 99% de la gente pensaba que era plana. Porque la verdad no se decide votando ni depende de la moda.

Dios existe, esto es una verdad absoluta hasta para el ateo que dice no creer en Él. El infierno existe y allí irá la gran mayoría de personas a causa de su incredulidad y pecados. Esto es una verdad absoluta aunque se haya vuelto un tema tan tabú en nuestros días que ni siquiera en las iglesias se hable de ello. Detrás de tanta filosofía y relativismo lo que hay de fondo es gente quiere vivir su vida como le dé la gana, sin afrontar las consecuencias de sus actos, sin que nadie -ni siquiera su Creador- les juzgue. Mucha gente está instalada en una vida de pecado, y se goza en ella como un cerdo en el barro, y como no quiere cambiar su actitud pues simplemente decide negar al Todopoderoso y tratar de autoengañarse pensando que nadie le va a juzgar nunca por su maldad. Pero la Tierra era esférica aun cuando se decía que era plana. Y el Señor existe aunque el ateo diga que no. Así que más le valdría ponerse a bien con su Hacedor, antes de que sea demasiado tarde.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Jesús nunca afirmó ser Dios.

OXYGEN VOLUME 13

¿Afirmó realmente Jesús ser Dios? ¿No podría ser más bien que hayamos confundido, malinterpretado o tergiversado sus palabras hasta convertirlo en alguien que en realidad Él nunca pretendió ser? Ésta es una duda muy común que tienen no sólo escépticos, quienes lo considerarían o un simple profeta o un impostor, sino también algunas sectas como los Testigos de Jehová, quienes consideran que Jesús es el ángel Miguel. Teniendo en cuenta que la Sociedad Watchtower profetizó el Armagedón para 1914 y que un siglo después aquí seguimos yo no haría mucho caso de lo que diga esta gente pero en cualquier caso siempre es bueno ofrecer respuestas a quienes dudan de la divinidad de Jesús.

Jesús tiene atributos que solamente el Señor puede poseer: es eterno (Isaías 9:11), es santo (Hebreos 7:26, 1 Juan 3:5), omnipotente (Mateo 28:18; Hebreos 1:3), omnisciente (Juan 2:24-25; Colosenses 2:2-3) y hasta omnipresente, pues aún cuando estaba de cuerpo presente en la Tierra, estaba también en el cielo (Juan 3:13).

Jesús ejerce funciones que solamente el Altísimo puede ejercer: es llamado Creador y Sustentador del Universo (Juan 1:3; Colosenses 1:16-17), perdona el pecado (Lucas 1:77), tiene el poder de dar vida (Juan 5.21,26), resucitar muertos (Juan 6:39-40; Juan 11:26), dar vida espiritual a quienes lo reciben como su salvador (Juan 5:24) y ha de ser el juez de todos los hombres (Juan 5.22; 2 Timoteo 4:1).

El Nazareno recibe honores que pertenecen solamente a Dios pues debe recibir la misma honra y adoración que el Padre (Mateo 4:10; Mateo 14:33; Lucas 24:52; Juan 5:22-23).

El Carpintero fue llamado Dios por Juan (Juan 1:1-2), por Pablo (Romanos 9:5), por Tomás (Juan 20:28), por Dios mismo (Hebreos 1:8). Es llamado Hijo de Dios cuarenta veces en las Escrituras (Mateo 8:28-29; Mateo 16:26). También es llamado el Santo (Hechos 3:14) y el Señor de gloria (1 Corintios 2:8). 1 Juan 5:7 dice: “Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”.

Jesús dijo ser el Señor del sábado (Marcos 2:28), se llamó a sí mismo “YO SOY” (Marcos 14:62 y Lucas 22:66-71), que es el nombre que Yahvé usó para sí mismo en Éxodo 3:14. Jesús dijo que era Él quien enviaba profetas a Israel (Mateo 23:34), se refirió a sí mismo como el cumplimiento de la Escritura (Lucas 14:21; Juan 5:39), y afirmó que rechazarlo era morir en pecado (Juan 8:24).

En Juan 8:51 Jesús dijo que aquellos que guardaran sus palabras nunca verían la  muerte y unos versículos más adelante (Juan 8:58) Él afirmó su propia eternidad. En Juan 10:30 declaró tener la misma naturaleza que el Padre. Él afirmó ser el Señor (Juan 13:13) y el único camino hacia Dios (Juan 14:6). En Juan 14:9, el Galileo dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Jesús también se refirió sí mismo más de ochenta veces como el “Hijo del Hombre” en clara referencia a Daniel 7:13-14 donde habla de alguien de aspecto humano que estaba junto al “Anciano de días” y tenía poder, gloria, reino y dominio eterno. En Marcos 14:60-64, cuando el sumo sacerdote judío interroga a Jesús, éste último confiesa ser ese Hijo de Hombre sentado a la derecha de Dios que vendrá en las nubes del cielo.

Sus discípulos entendieron que Jesús era Dios. Pasajes como Salmos 110:1 se interpretaron a la luz de la ascensión y exaltación de Cristo. En los cultos y fórmulas bautismales se aplicaron a Jesús expresiones veterotestamentarias reservadas para Yahvé. Le rindieron culto y se les reveló que, sin dejar de ser monoteístas, podían atribuir a Jesús la misma majestad y gloria del Padre. Los autores sagrados hablan también de su preexistencia y de que fue mediador de la creación.

Pero es más; sus enemigos también entendieron que Jesús mismo afirmaba ser Dios. Lo entendieron tan claramente que de hecho lo acusaron de blasfemia y lo crucificaron. Hay que recordar que los judíos de su época tenían una intensa cultura religiosa (a diferencia de los occidentales de nuestro tiempo, cuya ignorancia en esta materia es asombrosa) y por lo tanto no hay lugar a confusión.

Hemos probado aquí con algunos versículos bíblicos que Jesús sí afirmó con sus palabras y acciones ser el Todopoderoso. Existen docenas de versículos más que podríamos añadir, pero lo creemos innecesario. Así pues, la idea de que Jesús nunca afirmó ser Dios y que quizás se confundieron, malinterpretaron o tergiversaron sus palabras obedece a un prejuicio de nuestro tiempo, no a la realidad histórica, nacional, social, religiosa y cultural que al Nazareno le tocó vivir.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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