¡Deixeu votar als catalans!

El procés català ha pegat un gir molt interessant en els últims mesos. El president de la Generalitat Catalana, Carles Puigdemont, ha introduït una ficha nova que fins ara no havia aparegut en esta partida d’escacs entre Madrit i Barcelona: la declaració unilateral d’independència. Si en el referèndum que Puigdemont té previst fer el pròxim 1 d’Octubre guanya la secessió, el president es compromet a proclamar-la en les Corts. I és que, sense este factor, totes les manifestacions, eleccions autonòmiques i consultes populars del món es queden en meres bufes de pato. Atenció, perque podem estar a les portes del naiximent d’un nou estat en Europa.

Per supost, el president del Govern Espanyol, Mariano Rajoy, ya ha avisat que no hi haurà referèndum ni tampoc secessió. Vorem al final qué ocorre. En tot cas l’actuació de l’Estat no és democràtica. Cal recordar-li a Rajoy lo que diu Nacions Unides: “Tots els pobles tenen dret a la lliure determinació. En virtut d’este dret establixen la seua condició política i procuren també pel seu desenroll econòmic, social i cultural”. Açò diu l’artícul 1.1 del Pacte Internacional de Drets Civils i Polítics firmat per Nacions Unides el 16 de decembre de 1966. Este tractat està reconegut per l’Estat, segons establix l’artícul 10.2 de la Constitució Espanyola de 1978.

Recorde també la sentència de 2010 del Tribunal de La Haya del cas Sèrvia contra Kosovo. Este tribunal donà la raó a Kosovo en fallar que una declaració unilateral d’independència és un acte polític, no un de jurídic, per tant no pot ser considerat illegal -encara que contravinga inclús la Constitució de Sèrvia, que parla de l’indivisibilitat de l’Estat- i que l’Eixèrcit (Servi) està per a salvaguardar les fronteres de l’Estat, sí, pero de cara a l’invasió d’una potència estrangera, no de cara a la secessió d’una de les seues regions internes. Molt d’ull perque lo que Sèrvia argumentà és exactament lo mateix que argumenta Espanya. I Sèrvia va perdre.

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Sandžak: ¿un futuro Kosovo?

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Los Balcanes se parecen mucho a las matrioskas, esas muñecas rusas que se descomponen en piezas cada vez menores. Tras la Guerra Civil de Yugoslavia (1991-1995) se independizaron Eslovenia, Croacia, Macedonia (1991) y Bosnia-Herzegovina (1992). Sólo Serbia y Montenegro se quedaron en una Yugoslavia menor.

Finalmente Serbia y Montenegro se separaron amistosamente  en 2006. Era el entierro del cadáver yugoslavo y parecía el punto final a las divisiones, pero entonces se entró en una segunda fase: la fragmentación de Serbia. Y es que tras la secesión de Kosovo (2008), Serbia podría perder en un futuro Vojvodina y Sandžak.

Sandžak es una pequeña región repartida a partes iguales entre las repúblicas de Serbia y de Montenegro y hace frontera con Bosnia-Herzegovina, Albania y Kosovo. En su día reclamó ser una república más dentro de Yugoslavia y en la actualidad algunos locales demandan autonomía y los más radicales un estado soberano.

Podríamos estar -o no- ante un nuevo Kosovo. Su población se compone de serbios, montenegrinos, bosniacos y musulmanes étnicos. Es un territorio de mayoría islámica dentro de dos estados de mayoría cristiana, lo cual podría ser el detonante para una nueva ofensiva secesionista, como ya ocurrió en Kosovo y Bosnia.

Esta tierra histórica debe su nombre al Sanjak de Novi Pazar, un antiguo distrito otomano. Entre 1878 y 1909 perteneció al Imperio Austro-Húngaro, y a partir de entonces al Imperio Otomano. En 1912 la región fue dividida entre los reinos de Montenegro y Serbia. Su ciudad más poblada es Novi Pazar, de unas 100.000 almas.

A medida que la mayoría islámica (bosniacos y musulmanes étnicos) ha ido creciendo en Sandžak se han agudizado los conflictos étnicos con los ortodoxos (serbios y montenegrinos). Ambos sectores se acusan mutuamente de discriminación y la tensión crece. La situación es muy inestable y puede ocurrir de todo.

Yugoslavia: el fracaso de la multiculturalidad.

De las cenizas de la Primera Guerra Mundial nació en 1918 el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que luego se denominaría Yugoslavia. Era un estado artificial creado de la noche a la mañana bajo el liderazgo de Belgrado; un puzzle de razas, etnias, lenguas, culturas y religiones forjado bajo el lema de que la unión hace la fuerza.

Pero las tensiones afloraron pronto. En la Segunda Guerra Mundial los croatas se aliaron con los nazis y asesinaron 700.000 serbios. Después, con la llegada del mariscal Josip Broz Tito y el advenimiento de la dictadura comunista, el país se mantuvo unido y las diferencias culturales y resentimientos aparcados por un tiempo.

Yugoslavia llegó a tener 25 millones de habitantes. Era la locomotora económica de la Europa Suroriental y lideraba a los países no alineados.  Su selección de baloncesto fue campeona europea, mundial y olímpica. El país era mostrado como un ejemplo de convivencia. Pero todo eso era sólo un espejismo que duraría poco.

La Guerra Civil Yugoslava (1991-1995) desintegró esta patria tras un mar de genocidios. El centralismo promovido por el nacionalista serbio Slobodan Milosevic provocó la secesión de Eslovenia, Croacia, Macedonia (1991) y Bosnia-Herzegovina (1992). Sólo Montenegro se quedó junto a Serbia en una Yugoslavia menor.

En 1999 la OTAN declaró la guerra a Milosevic por sus crímenes contra los kosovares. Montenegro acabó abandonando a Serbia en 2006, poniendo fin a Yugoslavia. La independencia de Kosovo respecto de Serbia en 2009 fue el epílogo a una historia teñida de sangre e independentismos que acuñó un nuevo verbo: balcanizar.

Los estados multiculturales suelen fracasar. La convivencia pacífica de distintas religiones, lenguas y culturas es sólo posible bajo el puño de hierro de un dictador. No habría separatistas si no hubiese separadores. Los estados artificiales están condenados a desaparecer… Son las lecciones de la extinta Yugoslavia para la historia.

Serbia: el orgullo nacionalista.

El pueblo serbio fue históricamente traicionado por Occidente. En su día sufrió la invasión del genocida Imperio Otómano. Las potencias europeas, temerosas de los turcos, abandonaron a su suerte a los serbios, que sucumbieron en la Batalla de Kosovo de 1389 y padecieron la despiadada opresión turca hasta finales del siglo XIX.

Aquella invasión islámica y la traición de Occidente fueron la raíz de todos los males posteriores. Serbia desarrolló un nacionalismo excluyente y fanático para asegurar su supervivencia frente al islam y al imperialismo. Las dos Guerras Balcánicas (1912-13 y 1913) confirmaron al país como una potencia en el sur de Europa.

El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría en Saravejo desencadenó la Primera Guerra Mundial (1914-18). Serbia se apoderó de los pueblos de alrededor y juntos constituyeron Yugoslavia en 1918. En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los nacionalistas croatas asesinaron más de 700.000 serbios.

Tras la dictadura comunista de Josip Broz Tito, llegó la Guerra Civil Yugoslava (1991-1995), la Guerra de Kosovo (1999), la ruptura con Montenegro (2006) y la independencia de Kosovo (2009). Los serbios cometieron espantosos genocidios. Con tanta guerra, se desintegró Yugoslavia y naufragó definitivamente la potencia serbia.

En los Balcanes se expían los pecados con el ritual del derramamiento de la sangre. Pese a ello, Serbia destaca poderosamente en el campo de la cultura (Kornelije Stankovic, Vuk Stefanovic Karadzic o Emir Kusturica) y del baloncesto (Dragan Kikanovic, Drazen Dalipagic, Radivoj Korac, Dejan Bodiroga…).

El nacionalismo étnico llega a su máxima crudeza en Serbia: una sucesión infinita de guerras por la bandera, la patria y la religión… Es la salida lógica de un pueblo repudiado por Occidente y agredido por el islam: confiar sólo en sí mismo. A Serbia no le quedó más remedio que ser como es. Y Europa tiene buena parte de culpa.

El Regne de Valencia: una nacio més que milenaria.

Inaugurem dos noves seccions en la nostra web: la d’Agenda i la de Docuteca. Visiteu-les.

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Una de les coses que no m’agrada dels nacionalismes és que a sovint es basen en la mitologia per a justificar l’existencia d’un poble. Aixina, molts vascs ensenyen als seus fills que Deu creà a Adam i Eva i que ells parlaven euskera, que l’euskera fon la primera llengua del món i que despres vingueren totes les demes a partir de l’incident de la Torre de Babel. Pareix de chiste pero parle completament en serio; ne conec varis casos en nom i llinages. Com tampoc és cap broma que per als catalans Catalunya ha existit des de sempre, inclus quan encara no existia, inclus quan era un grapat de comtats  (Barcelona, Girona, Ausona, Urgell, Besalu, Cerdanya, Els dos Pallars, Ampuries i Rossello) completament dividits i emfrontats entre si. Abans d’unir-se estos comtats per a formar lo que hui coneixem com a Catalunya, ya existia Catalunya per a alguns fantasmes sense trellat.

Pero el que s’emporta la palma és el nacionalisme espanyol. Per a alguns romantics, Espanya és la reserva espiritual d’Occident, la nacio més antiga d’Europa, una realitat immanent que desborda els llimits del temps i de l’espai. Aixina se busca un orige mitic: la nacio espanyola arranca ab la provincia romana d’Hispania, si no ab els fenicis. Encara que Hispania vol dir unicament “terra de conills”, encara que era tan sols una provincia d’un païs nomenat Imperi de Roma, encara que no hi ha absolutament cap constancia documental de que en eixa epoca algu parlara d’una “nacio espanyola” diferenciada de Roma, encara que Hispania englobava tambe Andorra, Portugal, Gibraltar i Marroc, encara que hi hague inclus varies Hispanies, aixina i tot alguns s’encaboten en considerar que Lucio Anneo Seneca era un filosof espanyol i no un romà. No sé si riure o si plorar.

A diferencia d’uns atres, els valencians no necessitem inventar mits. No cal ser un nacionaliste valencià -molts de fet no ho són- per a constatar l’existencia historica d’una nacio valenciana, a la que el propi escritor Joanot Martorell apela en la seua novela Tirant lo Blanch. Els origens del Regne de Valencia són més remots de lo pensat. Nos havien dit que el rei Jaume I el Conquistador el fundà en 1238. Posteriorment, saberem que abans d’ell els reis Mudafar i Mubarak fundaren en 1009 el Regne moro de Valencia. Pero és que recentment l’arqueolec Miquel Ramon Marti ha demostrat que el primer rei documentat de Valencia fon el cristia visigot Leovigilit -a partir del descobriment d’una moneda en la cara i nom d’este monarca i l’inscripcio Rex Valenta-, lo qual  fa que nos hajam de remontar -com a minim- al segle VI per a parlar de la fundacio del Regne de Valencia.

Hi ha proves documentals -no explicacions mitologiques- que demostren que Valencia fon un regne independent (lo que hui considerariem una nacio politica) des de fa més de mil anys. Esta independencia com a ciutat-estat (tan tipica en l’Europa migeval) va perdurar durant molts segles fins que, en l’arribada de Jaume I, el Regne de Valencia s’anexionà numeroses terres per a conformar un regne (una nacio) més gran, de dimensions similars a les actuals. Alguns pensen que en temps de Jaume I Valencia era una especie de comunitat autonoma dins d’una nacio politica nomenada Arago. És fals. Valencia, Mallorca i Arago eren tres regnes independents en un sol rei. Tres estats sobirans en un sol cap d’estat. Exactament igual que en l’actualitat la regina d’Anglaterra, Isabel II, ho és tambe de Canada i d’Australia i ningu discutix l’independencia d’estes dos nacions.

Com l’historia sempre la conten els vencedors, hui se nos vol fer creure que els distints regnes peninsulars (en l’excepcio de Portugal) se fusionaren a partir de la boda dels Reis Catolics, nos volen vendre eixa versio nacionalcatolica de l’historia que nos conta que des d’un principi tots erem espanyols, tots erem catolics i tots parlavem castellà. Mentira. Ab la boda d’Isabel de Castella i Ferran d’Arago se fusionaren les corones, pero no els territoris. Ells eren els reis de les Espanyes (en plural), no d’Espanya (en singular). Els distints regnes (Arago, Valencia, Castella, Mallorca, etc.)  seguiren conservant la seua independencia nacional ab la sola novetat de que a partir d’aquell moment hi havia un sol monarca per a governar-los a tots (igual que hui Isabel II és regina -és dir, cap d’estat- de setze regnes -setze estats independents- i aixo no implica la fusio de tots ells en un unic païs).

És ya en el segle XVIII, quan varem patir la Guerra de Succesio (1701-1715) que el rei Felip V de Borbo va abolir els nostres Furs i aixo comportà l’extermini del Regne de Valencia com a nacio lliure i sobirana i com a estat independent en Europa i en el món. A partir de la Batalla d’Almansa de 1707 els valencians passem a ser nacionalment espanyols. Per “just dret de conquista” Felip V usà el Regne com a cap de turc i la repressio fon moltissim pijor que en Arago o Catalunya. Xativa fon incendiada tota. El valencià passà a ser perseguit. El dret castellà substitui al  valencià en totes les arees. L’Esglesia Catolica prohibi batejar bebes en noms valencians. Aixina es com es passà d’un conjunt de regnes vinculats por la corona a ser un unic estat unificat, de l’unitat en la diversitat al centralisme homogeneïsador, de les Espanyes en plural a l’Espanya en singular de hui.

¿Pero existix hui una Nacio Valenciana? Lo primer que cal preguntar-nos és qué és una nacio. Segons el prestigios historiador alema Friedrich Meinecke hi ha dos tipos distints de nacio. Una nacio cultural, que és un poble que compartix una cultura en comu. I una nacio politica, que és un estat independent. Segons Meinecke, lo més natural és que la nacio cultural acabe derivant en una nacio politica. Per eixemple, durant 2000 anys els judeus anaren errants d’aci cap alla. Encara que no disponien d’una patria propia, ells eren una nacio cultural (puix conservaven una cultura que els unia) fins que en 1948 es dotaren d’un estat sobira (és dir, una nacio politica). No  hi ha cap dubte de que els valencians forem una nacio politica durant molts segles. Com no es pot negar que actualment som un poble que compartix una llengua, cultura i tradicions propies que nos fan distints.

Sí, els valencians som un poble en cultura propia i un sentiment de pertinença a una comunitat humana concreta. Som, per tant, una nacio en el sentit cultural de la paraula. I com a tal, tenim dret a dotar-nos d’una nacio politica, és dir, d’un estat independent: un Estat Valencià. Els valencians tenim dret a la lliure determinacio. Ho diu el Pacte Internacional de Drets Civils i Politics adoptat per l’Assamblea General de l’Organisacio de Nacions Unides (ONU) el 16 de decembre de 1966. Ho diu el Tribunal Internacional de Justicia -conegut com a Tribunal de La Haya- que permet la declaracio unilateral d’independencia d’un territori (aixina ho sentencià el 22 de juliol de 2010 en el juï de Servia contra Kosovo). Pero per damunt de tot ho diu l’historia. Els valencians som una nacio i tenim dret a decidir el nostre futur, a ser lo que nosatres vullgam. És l’irrenunciable dret a ser lliures.

FONT: SOM nº 249. Novembre-Decembre 2010.

Eslovenia: el feliz reencuentro con Occidente.

Los eslovenos eran el 8% de la población de Yugoslavia pero aportaban el 25% del Producto Interior Bruto (PIB) del estado y la tercera parte de las exportaciones. Sus recursos fueron puestos al servicio de los intereses centralistas de Belgrado y los impuestos que pagaban servían para construir infraestructuras en Serbia y Macedonia.

Los eslovenos eran los más prooccidentales de todos los eslavos del sur y continuamente reclamaron una apertura económica y democrática pero, en respuesta, sólo padecieron una concatenación de dictaduras: monarquía absolutista, fascismo y comunismo. El centralismo de Belgrado se tornó déspota y feroz.

Pese a ello, este pueblo siempre fue fiel al Estado Yugoslavo pero cuando criticó la suspensión de la autonomía de Kosovo en 1989, los serbios promovieron un boicot contra las empresas y productos eslovenos. Esto desató las iras independentistas de un pueblo hasta entonces leal pero que finalmente se había hartado de pagar y callar.

Cuando estalló la Guerra Civil Yugoslava en 1991, Eslovenia fue la primera en independizarse. Tuvo mucha suerte ya que, tras sólo diez días de conflicto bélico, logró su objetivo. Inmediatamente, la república fue reconocida por Alemania y otras potencias que le dieron una cordial bienvenida para festejar su ingreso en Occidente.

Eslovenia es otro claro ejemplo de que la independencia sienta bien a un pueblo: hoy es líder mundial en fabricación de elementos para  deportes de invierno, tiene una floreciente industria farmacéutica, automovilística y vitivinícola, supera en renta per cápita a Portugal y Grecia y tiene menos desempleo que Alemania o Francia.

Liubliana se adhirió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte  (OTAN) y a la Unión Europea (UE) en 2004 y al euro en 2007. Hoy Eslovenia forma parte de pleno derecho del conjunto de naciones desarrolladas occidentales. La gente tiene motivos de peso para volver a estar feliz y mirar con optimismo hacia el futuro.

Kosovo: una bomba de relojería en el corazón de Europa.

La declaración de independencia de Kosovo respecto de Serbia el 17 de febrero de 2008 marcó un antes y un después en el derecho internacional: por primera vez en la historia la Comunidad Internacional aceptó la secesión unilateral de un territorio no colonial en tiempos de paz. Ahora, los tribunales avalan dicha liberación.

La sentencia del 22 de julio de 2010 del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) -también conocido como Tribunal de La Haya- fue realmente histórica: la declaración unilateral de independencia de un territorio es un acto político, no uno jurídico, por lo que, de acuerdo al derecho internacional, ésta no puede ser ilegal.

En dicha sentencia el Tribunal añadió que la inviolabilidad e intangibilidad de las fronteras de un estado es siempre respecto del exterior (es decir, que un país no debe invadir a otro), pero permite que, a nivel interno, se puedan modificar las fronteras de un estado, por ejemplo a través de la secesión de alguna de sus regiones.

Kosovo, un país del tamaño de Murcia y menos de 2 millones de habitantes, es una bomba de relojería que los Estados Unidos han puesto en el corazón mismo de Europa para hacerla saltar por los aires… Kosovo abrirá las puertas de la libertad a numerosos pueblos oprimidos: Flandes, Escocia, Córcega, Euskadi, Valencia…

Puede que Kosovo no sea un país ejemplar: es una sociedad musulmana que se amparó en el terrorismo, que ha sufrido mucho por culpa de los serbios y que después los ha represaliado, una nación de albaneses que reclamó un estado cuando ya disponía de uno (Albania), una república empobrecida por incontables guerras.

Pero Kosovo es también un precedente jurídico jamás visto antes. Los que creemos en la autoterminación y en la democracia, en la Europa de los pueblos y en la libertad, tenemos mucho que agradecer a Estados Unidos, al Tribunal de la Haya y al épico pueblo kosovar. Su pírrica victoria es todo un rayo esperanza para millones.

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