Pitcairn: un motín por las mujeres.

Islas Pitcairn es la única colonia británica que queda en Oceanía. Se trata de cuatro islitas de las cuales sólo la principal y que da nombre al país está poblada. Entre las cuatro suman sólo 47 km2. Estaríamos hablando de una cagadita de mosquito en medio del Pacífico de no ser porque cuenta con una historia apasionante.

Descubierta por España en el siglo XVII y poblada por ingleses cien años después es, según Naciones Unidas, un territorio pendiente de descolonización, así que podría convertirse en estado libre asociado o una nación independiente. Pese a ser una colonia británica desde 1838, emplean el dólar neozelandés y no la libra esterlina.

Pitcairn fue poblada por marinos ingleses en 1790. Éstos fueron los amotinados del barco Bounty, que debía regresar a Inglaterra tras venir de Tahití. En lugar de eso, echaron al mar al capitán del barco y, temerosos, se escondieron en Pitcairn. Fascinados por la belleza de las tahitianas, los marineros trajeron consigo varias nativas.

Por un motín por las mujeres es que se fundó esta nación. Y es que ellas siempre han tenido un gran papel en Pitcairn. De hecho este diminuto país puede presumir de ser el primer territorio del mundo en aprobar el sufragio universal femenino con las mismas características que el masculino. Un hito feminista que data de 1838.

Es el país menos habitado del mundo, con apenas una cincuentena de moradores descendientes de nueve familias. En sus buenos tiempos ha llegado a superar los doscientos residentes, pero, como es tan sumamente pequeño que casi no caben, muchos pitcairneses emigran a Nueva Zelanda, donde se radican de forma definitiva.

Cuenta con una sola ciudad, Adamstown, en Isla Pitcairn. Allí se concentra toda la población nacional y hace las veces de capital oficial más pequeña del mundo. Hay dos idiomas oficiales; el inglés y el pitcairnés-norfolkense; un criollo mezcla de inglés y tahitiano que desde Pitcarin dio el salto hasta Norfolk, una islita de Australia.

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Palau: la fuerza de la tradición.

Palau ha ido pasando de mano a lo largo de los siglos. Descubierta por españoles en el siglo XVI, fue colonizada por los británicos, luego pasó a ser otra vez de los españoles, que se la vendieron a los alemanes, quienes la perdieron en favor de los japoneses. Con tanto lío, la ONU se la entregó en fideicomiso a Estados Unidos en 1947.

En 1947 las Islas Marianas del Norte, Islas Marshall, Estados Federados de Micronesia y Palau formaron parte del Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico. La idea de Washington era incluir Palau dentro de Micronesia, pero los palauanos votaron en contra y a favor de una identidad separada. Palau adoptó su propia Constitución en 1980.

En 1986, uno a uno, los miembros del Fideicomiso se independizaron de Washington bajo la figura jurídica de estado libre asociado. Palau fue el último en abrazar este modelo, en 1994, lo que supuso la extinción definitiva del Fideicomiso. América realiza maniobras militares allí, a cambio de lo cual le ofrece dinero y garantiza su defensa.

Pese a incorporarse al cristianismo y a la civilización occidental, las viejas tradiciones culturales y religiosas permanecen arraigadas y las antiguas ceremonias de nacimientos y funerales muy vivas. Históricamente los hombres han ido a la playa a pescar y luchar contra los pueblos invasores, y las mujeres han cuidado del hogar y los niños tierra adentro.

Los pueblos de las Palau están organizados en torno a diez clanes matrilineales. Antiguamente un Consejo de jefes de los diez clanes gobernaba al pueblo y un consejo paralelo de sus mujeres tenía un papel muy importante en la división y control de la tierra y el dinero. Los palauanos tienen fama de ser un pueblo muy hospitalario y sociable.

Puede que la República de Palau sea un diminuto archipiélago de sólo 460 km2 y 20.000 almas. Puede que sea también una de las naciones más jóvenes del mundo. Pero los palauanos han sabido conservar su lengua y tradiciones al transmitirlas oralmente de generación en generación. Ahora es tiempo de fortalecer la identidad propia.

Micronesia: un universo de culturas fascinantes.

Micronesia es una federación de cuatro estados diferentes: Yap, Chuuk, Pohnpei y Kosrae.  En total son más de 600 islas repartidas a través de 2700 kilómetros a lo largo del Océano Pacífico. A pesar de que entre todas apenas suman 700 km2 se encuentran tan sumamente dispersas que su inmenso mar patrimonial se extiende hasta 2.600.000 km2.

Los primeros europeos en llegar a las islas fueron los portugueses, pero los españoles fueron quienes las colonizaron. España se las vendió a Alemania y en la Primera Guerra Mundial fueron ocupadas por Japón y tras la Segunda Guerra Mundial pasaron a formar parte de un fideicomiso de Naciones Unidas otorgado a Estados Unidos en 1947.

El Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico englobaba Islas Marianas del Norte,  Islas Marshall, Estados Federados de Micronesia y Palau. Los tres primeros se convirtieron en estados libres asociados a Estados Unidos en 1986, y Palau en 1994. Como tal, Micronesia es independiente en todo excepto en la defensa y la política exterior.

Estados Federados de Micronesia es un país muy pobre, donde la gente se dedica a la agricultura y la pesca. A falta de industria y con un turismo poco desarrollado, es una nación casi virgen donde la omnipresencia de la selva parece engullirse la patria entera. Más de la mitad del presupuesto de Micronesia es aportado por los Estados Unidos.

Aunque el inglés es la lengua común existen numerosas lenguas autóctonas. Entre sus rasgos culturales destacan los clanes matriarcales, las familias extensas -que a menudo incluyen incluso a parientes lejanos- y los bailes; algunos de pie, otros sentados y hasta hay uno llamado baile del palo en el que se danza a la vez que se simula luchar con un palo.

Pero lo más llamativo son las piedras rai de la isla de Yap. Se trata de enormes discos de piedra caliza con un agujero en medio (parecido a un donut). Hacen función de dinero, pero como son tan grandes (hasta cuatro metros de diámetro) no se cambia su ubicación sino que se traspasa su propiedad. Hay 6.500 de estas piedras-dinero en la isla.

Marshall: santuario de tiburones.

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La de este archipiélago es la típica historia de un pequeño territorio que ha ido pasando de mano en mano a lo largo de las centurias. Los españoles la colonizaron en el siglo XVI, pero en el siglo XIX pasó a ser dominio de Reino Unido y Alemania. Japón se apoderó de ella durante la Primera Guerra Mundial y Estados unidos durante la Segunda.

En 1947 las Islas Marshall, las Marianas del Norte, Estados Federados de Micronesia y Palau, como si de un paquete se tratara, fueron metidos todos juntos dentro del Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico, un fideicomiso de la ONU administrado por Estados Unidos que perduró hasta 1994. Marshall tuvo autonomía en 1979.

Siguiendo el ejemplo de las Marianas del Norte, en 1986 Islas Marshall llegó a un acuerdo con Washington para convertirse en un Estado libre asociado. Este pacto le permite una semi-independencia: obedecen a América en la política exterior y la defensa pero son soberanos en todo lo demás. Reclaman la Isla Wake a Estados Unidos.

Desde el punto de vista cultural, éste es un pueblo de raíces malayo-polinesias con dos lenguas oficiales (el marshalés y el inglés) y unas creencias religiosas que se inclinan por el cristianismo protestante de forma mayoritaria. Sería, no obstante, un error pensar que se trata de una sociedad homogénea pues hay numerosas minorías étnicas y culturales.

En el pasado Estados Unidos usó este territorio para probar bombas atómicas. Pero en la actualidad, los marshaleses tienen un fuerte compromiso con el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. No en vano es uno de los países más amenazados por la crecida de las aguas, tanto que corre el serio riesgo de quedar sepultado bajo los océanos.

Es un paraíso tropical donde, no obstante, la gente vive en la pobreza. Curiosamente quien mejor vive allí son los tiburones. Y es que Marshall es el mayor santuario de tiburones del planeta, y este animal está protegido en sus aguas territoriales. Como anécdota curiosa, el nombre del país es un homenaje al explorador británico John Marshall.

Islas Marianas del Norte: el país donde faltan hombres.

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El navegante luso Fernando Magallanes las descubrió en 1521 y las reclamó para la Corona española, que las mantuvo en su poder hasta 1899, cuando las vendió a Alemania. Japón se adueñó del archipiélago durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y lo perdió en la Segunda, en 1944 concretamente, en favor de Estados Unidos.

En 1947 las Islas Marianas del Norte fueron incluidas (junto con Islas Marshall, Estados Federados de Micronesia y Palau) dentro del Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico, un fideicomiso de la ONU administrado por Estados Unidos que perduró hasta 1994. Pero en 1975 los normarianos pidieron vía referéndum cambiar su estatus.

Las Islas Marianas del Norte pasaron a gozar de una cierta autonomía hasta que en 1986 se convirtieron, oficialmente, en un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos. Marshall y Micronesia le imitaron ese mismo año y Palau un poco más tarde, en 1994. Los normarianos disfrutan de pasaporte estadounidense pero no pueden votar en América.

Pese a la libre asociación, Marianas del Norte tiene poco de americana. Se encuentra en el Pacífico Norte, y sus usos y costumbres tienen mucho que ver con su continente geográfico: Oceanía. Así, la explotación laboral, la prostitución infantil, la pobreza y la corrupción son frecuentes. La economía se basa en la pesca, el turismo y la industria textil.

El inglés, el chamorro y el carolinio son los idiomas oficiales, y la católica la religión predominante. La cultura, en esencia, es malayo-polinesia, aunque hay un verdadero de pupurri de gentes procedentes de mil sitios. Como dato curioso cabe destacar que es la nación con la menor proporción de hombres del mundo: 0,7 varones por cada mujer.

La ONU dio formalmente por finalizado su protectorado en 1990, por lo que los normarianos son dueños de su propio destino. Nadie sabe qué les deparará en el futuro: si mantendrán su estatus o solicitarán su independencia total. En todo caso, es tiempo de que sean los normarianos (y no los extranjeros) quienes escriban su propia historia.

Tokelau: colonialismo o libre asociación.

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Tokelau es un territorio dependiente de Nueva Zelanda. Se encuentra en el Pacífico Sur y se compone tan sólo por tres atolones y 125 islotes. Lo más fuerte es que en estos tres atolones sólo se puede habitar en la costa porque en el interior hay grandes lagunas que ocupan la mayor parte del territorio. En total, hablamos de 10 km2 y 1400 habitantes.

Hasta aquí no sería más que otro lugar insignificante de los muchos que pueblan Oceanía de no ser porque es un territorio pendiente de descolonización y por lo tanto está llamado a independendizarse. Concretamente, podría convertirse en un estado libre asociado a Nueva Zelanda, siguiendo el ejemplo de Islas Cook (1965) y Niue (1974).

Tokelau se convirtió en un protectorado inglés en 1877 y en 1958, la soberanía se traspasó a Wellington.  Sus deseos de independencia han ido variando en el tiempo. Naciones Unidas constató en 1976 y 1981 que sus habitantes no querían modificar la relación con la potencia administradora. Pero en 1987 expresaron un deseo de mayor autonomía.

En 2006 un referéndum impulsado por la ONU se saldó con 349 votos a favor del estado libre asociado, frente a los 581 deseosos de mantener la dependencia. Sin embargo, para aprobar cualquier medida se requería una mayoría de dos tercios por lo que decidieron repetir la consulta en 2007. Faltaron sólo 16 votos para aprobar la libre asociación.

Los ciudadanos son de etnia y cultura polinesia, hablan tres lenguas: tokelauano, inglés y samoano y practican el cristianismo protestante. Tokelau es rica en corales y proclamó todo su mar patrimonial (300.000 km2) santuario de tiburones. Es el primer país del mundo que obtiene el 100% de su electricidad de la energía solar. Su reina es Isabel II.

Tokelau es uno de los países más pobres del planeta. Tiene tan poca superficie terrestre y se encuentra tan aislado en medio del océano que es prácticamente imposible de desarrollar. Por ello es que un número cada vez mayor de tokelauanos emigra a Nueva Zelanda. Tampoco podemos descartar que en el futuro desaparezca sumergida por las aguas.

Niue: la Roca de Polinesia.

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Poblada originalmente por polinesios procedentes de Tonga, fue el capitán James Cook el primer europeo en pisar Niue, en 1774. La llamó “Isla Salvaje” por la feroz oposición de los nativos a la presencia europea, de la que temían pudiera traer graves enfermedades. Colonizada por Reino Unido, fue traspasada a Nueva Zelanda el año 1901.

En 1974 Niue se constituyó un estado libre asociado a Nueva Zelanda. Esto le permite a la isla ser completamente independiente respecto de sus propios asuntos internos pero delega la defensa y la política exterior en Wellington. Sus ciudadanos poseen dos nacionalidades (la niuana y la neozelandesa) y su reina es la mítica Isabel II de Inglaterra.

Niue es pobre y vive básicamente del turismo y de las ayudas económicas que le da Nueva Zelanda. También acuña monedas de curso legal destinadas a coleccionismo, con motivos de Star Wars, Pokemon, Doctor Who… Tiene sólo 2.000 habitantes (aunque hay otros 20.000 niuanos (o descendientes de ellos) residiendo en Nueva Zelanda).

La población es bilingüe y habla con fluidez inglés y niuano. La mayoría de la sociedad practica el cristianismo protestante y la práctica totalidad de la nación es de etnia polinesia. No obstante, toda esta modernidad se combina con un estilo de vida tradicional en que la gente come cocos en la selva. De hecho, Niue significa “Mirad al coco”.

En el país existe un departamento gubernamental responsable de preservar la cultura, las tradiciones y el patrimonio propios. Las danzas desempeñan un papel importante, aunque la mayoría de ellas no tiene acompañamiento musical. Existe un deporte propio llamado tika (similar a la jabalina). El artista y escritor John Pule es su hijo más ilustre.

Esta isla, de 260 km2, es una roca en medio del Pacífico; de hecho se conoce como “la Roca de Polinesia”. Su tradicional aislamiento geográfico ha impedido que el sida y la malaria llegaran allí. Niue presume de ser el primer país del mundo en tener cobertura wi-fi en el 100% de su territorio y de ser una de las islas coralinas más grandes del planeta.

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