Kazajistán: el patio trasero de Rusia.

Buena parte de Kazajistán sigue siendo un inhóspito y desolado desierto, lleno de enormes montañas y hondas depresiones,  como en los tiempos de Genghis Kahn. Enclavado en Asia Central, junto a Rusia y China, encontramos este estado, el noveno más grande del mundo, el cual carece de litoral más allá del Mar Caspio, que es un lago grande.

Los kazajos son un pueblo túrquico que se asentó en Asia Central hace milenios. Tuvieron la mala suerte de estar justo en medio de la Ruta de la Seda, lo que los obligó a enfrentar las invasiones de mil imperios. Por siglos estuvieron sometidos por persas y mongoles. En esta época los kazajos podían reunir 200.000 jinetes nómadas en poco tiempo.

Después llegó el Imperio Ruso, que convirtió el país en un granero para alimentar la nación. En los tiempos de la Unión Soviética hubo una intensa colonización rusa y espantosas masacres contra los nativos kazajos. Kazajistán se independizó de la Unión Soviética en 1991 y desde entonces hasta el día de hoy gobierna el dictador Nursultán Nazarbáyev.

Los kazajos heredaron de los turcos su étnia túrquica. De los mongoles la condición de nómadas. De los árabes el islam. De los persas el Año Nuevo Persa. De los rusos la lengua rusa que es oficial (curiosamente el kazajo no lo es). De los soviéticos la industrialización. La literatura oral, el nomadismo y la tradición ecuestre son muy fuertes.

En la actualidad Kazajistán es una pseudodemocracia donde cada cierto tiempo se celebran elecciones fraudulentas para legitimar al dictador. La mayoría de la sociedad es musulmana (con una importante presencia de cristianos ortodoxos). Sorprendentemente hay libertad de culto ya que el Gobierno no ha permitido al islam hacerse con el poder político.

En cierto modo Kazajistán sigue siendo el patio trasero de la Federación Rusa. De su suelo despegan muchas naves espaciales rusas. El país también es un gran exportador de uranio, minerales, petróleo y gas. Las riquezas, por supuesto, no redundan en el pueblo llano, que sigue sufriendo, además de un clima extremo, el autoritarismo, la pobreza y el atraso.

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Filipinas: los latinos de Asia.

Filipinas es una encrucijada de culturas. La población es mestiza, fruto del cruce racial de nativos, españoles, americanos y chinos. Existen cientos de grupos étnicos cada uno con su lengua. De América heredaron el inglés y la cultura popular. De España el catolicismo y el carácter apasionado, más propio de un pueblo latino que de uno asiático.

Es el tercer país del mundo con mayor número de angloparlantes y el primero de Asia en número de católicos. En las últimas décadas ha habido un fuerte intento por pasar a la letra escrita las historias orales, fomentar la música y la danza folklóricas, recuperar las tradiciones populares e incorporar la lengua filipina a la literatura, la música y el teatro.

Las Filipinas fueron colonizadas por el Imperio Español en el siglo XVI. Tras la Guerra Hispano-estadounidense de 1898 el país pasó a manos de Estados Unidos, después fue un Estado Libre Asociado a América, luego fue ocupado temporalmente por Japón en la Segunda Guerra Mundial, y al final se independizó totalmente de Washington en 1946.

Como casi todas las excolonias españolas, Filipinas ha sido un auténtico desastre como estado independiente. Su historia está salpicada de centralismo, dictaduras, golpes de Estado, pobreza y corrupción generalizada. A destacar la autocracia de Ferdinand Marcos, quien gobernó el país con puño de hierro durante tres décadas (de 1965 a 1986).

Esta joven nación es una potencia regional. Cuenta con más de 7000 islas, de las cuales sólo 2000 están pobladas, y más de cien millones de habitantes.  Mantiene disputas territoriales con China, Vietnam, Malasia y otros países vecinos a cuenta de las islas de la zona y se enfrenta al separatismo de la región de Mindanao, de mayoría islámica.

Hoy la patria la gobierna Rodrigo Duterte, un loco que, con la excusa de acabar con las drogas, ha autorizado que cualquier ciudadano pueda matar legalmente a cualquier narcotraficante o drogodependiente que conozca. ¿El resultado? Un baño de sangre con más de mil asesinatos al mes, muchos de los cuales sin relación alguna con las drogas.

Estados Unidos, China y el rey Saúl.

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Siempre me ha llamado la atención la nula presencia del cristianismo en Asia. El cristianismo es, en sus distintas variantes, la fe predominante en América, Europa, África, Oceanía y Antártida. Sin embargo, la huella del Evangelio es realmente marginal en Asia, donde curiosamente se concentra el 55% de la población mundial. De hecho, solamente India y China juntas ya suman más población que todo el resto de continentes juntos, a excepción de Asia. Sin embargo, sabemos que el Evangelio se ha de predicar en todo el mundo y entonces llegará del fin (Mateo 24:14). Asia es la última frontera, el único continente que queda por tomar.

No cabe duda de que Estados Unidos de América es una gran nación y que en los últimos cien años ha hecho más por la expansión del Evangelio que cualquier otra patria: ha enviado misioneros a mil sitios, ha levantado iglesias, ha usado la tecnología para propagar el mensaje de Cristo vía TV satelital… Pero no es menos cierto que en los últimos años se ha ido secularizando más y más, que ha ido tomando decisiones, aprobando leyes y enseñando falsas doctrinas que son un desafío a Yahvé. El antaño temeroso de Dios pueblo norteamericano abandona ahora sus raíces cristianas para vivir la vida a su manera, para darle la espalda al Señor.

El camino contrario lo está andando China. En 1970 había 1.500.000 cristianos en China. Hoy hay 90 millones de creyentes, 60 millones de les cuales son protestantes y el resto católicos. Hoy un tercio de los universitarios chinos cree en Jesús; un tercio de los futuros líderes del país será cristiano. Se calcula que habrá 250 millones de cristianos en China en 2030. Si esto es así, en el futuro China se convertirá en la nación con más cristianos del mundo. En medio del dolor que trae el comunismo, el ateísmo de estado y el neoliberalismo, un pueblo con hambre de Dios que siempre vivió de espaldas a su Creador ahora se vuelve hacia Él.

Yo creo que Yahvé tiene grandes planes para China. Una China cristiana y democrática puede ser la gran herramienta para expandir el Evangelio en el último continente por tomar. Washington y Pekín andan como locos trazando sus estrategias políticas, económicas y militares para ser la gran superpotencia del siglo XXI y no se dan cuenta de que es el Señor quien concede y retira bendiciones. Si Estados Unidos persiste en su desobediencia, Dios lo desechará como hizo en su día con el rey Saúl y utilizará a otros pueblos. Quien sabe si en futuro podamos llegar a decir: “América evangelizó a sus miles y China a sus diez miles”.

 

Shan: el Triángulo Dorado del opio.

Los shan son un pueblo de origen chino que vive sobre todo en el multiétnico Estado Shan de Birmania y zonas limítrofes de China, Tailandia, Camboya y Vietnam. Es un pueblo de unos seis millones de almas con lengua, cultura e identidad propias. Es budista y animista y su idioma se parece al tailandés y al lao.

Es éste un pueblo secular cuya historia se remonta a siglos atrás, a un sinfín de viejos principados con sus propias familias reales. Los shan dominaron la mayor parte de la actual Myanmar desde el siglo XIII al XVI, pero luego se dividieron en más de 30 diminutos estados que acabaron siendo vasallos del feudal monarca birmano.

Después vino la colonización británica, otro episodio más de dominación extranjera en la larga historia de esta nación. En 1948 se independizó de Reino Unido dentro de la Unión de Birmania. Diez años después se les concedió a los shan el derecho a secesionarse del recién nacido país pero optaron por seguir en él.

Los shan mantienen desde hace décadas una intermintente guerra de guerrillas con el Ejército birmano, incapaz de controlar la región. Ciertos sectores shan en el exilio declararon la independencia nacional en 2005, pero ésta fue rechazada por la mayoría de etnias del Estado Shan. Pese a ello, Myanmar ha endurecido la presión.

El régimen birmano suele quemar aldeas shan y obligar a sus nativos a buscar refugio en Tailandia. Los hombres jóvenes son a veces reclutados indefinidamente por el Ejército birmano o esclavizados para realizar trabajos forzados.  La guerrilla resiste en la selva. El sentimiento independentista gana adeptos día a día.

Unos Estados Federados de Shan independientes dan miedo a sus vecinos ya que desestabilizarían la región, pero también a Occidente ya que sería un narcoestado ubicado en el mismísimo Triángulo Dorado del opio. Y allí sólo hay dos grupos de personas: las mafias que controlan la droga y los campesinos explotados por las mafias.

Cachemira: entre tres tierras.

Cachemira es un paraíso en llamas. Una de las regiones más hermosas del planeta -hay quien dice que allí estuvo el edén- está sometida a una escalada militar impresionante entre tres potencias nucleares: India, Pakistán y en menor medida China, ya que cada uno de esos estados dispone de una porción de tan bella tierra.

En 1947 la colonia británica de India se iba a independizar del Reino Unido, pero al estar llena de hindúes y musulmanes decidieron partir la colonia en dos estados para evitar conflictos religiosos. Donde hubiese mayoría hindú sería India, y donde hubiese mayoría mahometana Pakistán. Cachemira era fronteriza con los dos.

Al ser de mayoría islámica, en teoría iba a ser para Pakistán. Pero el marahá de Cachemira, Hari Singh, soñaba con la idea de tener una nación independiente. El ejército pakistaní invadió el principado e, incapaz de hacer frente al ataque, Singh pidió ayuda a India a cambio de firmar un tratado de adhesión a aquel país.

A pesar de carecer de petróleo o de grandes recursos naturales que den beneficio económico, es una zona muy codiciada. India y Pakistán han entablado varias guerras por ella (1947, 1965, 1971 y 1999) y viven siempre a un paso del abismo nuclear. India y China también fueron a la guerra por el control de la región en 1962.

Pakistán reclama esta tierra por ser de mayoría islámica. India la reivindica en virtud del tratado de adhesión. China defiende su parte del pastel. Sin embargo nadie se para a preguntar a los afectados qué desean hacer con su patria. Los cachemires están muy hartos de unos y de otros y la mayoría reclama un estado soberano.

El cachemir es un pueblo con una lengua, cultura e identidad propias. Su idioma decae por su ausencia en la educación formal. Su tierra es devastada por los misiles de ejércitos extranjeros. Le gustaría ser independiente pero su nación está repartida entre tres potencias. Todos hablan en su nombre mas nadie quiere oír su voz.

India: el país de los contrastes.

India, más que una nación, es una civilización en sí misma, una de las más antiguas y sobresalientes de la humanidad. Por siglos luchó contra macedonios, chinos, mongoles, musulmanes o británicos por la hegemonía asiática. Se independizó del Imperio Británico en 1947 gracias al nacionalista Mahatma Gandhi.

India es un país multirreligioso, multilingüístico y multicultural. En ella han nacido cuatro de las diez grandes religiones de la humanidad (hinduismo, budismo, jainismo y sijismo). Además, hay presencia de musulmanes, cristianos, zoroastrianos, judíos… Los choques entre fundamentalistas están a la orden del día.

El hinduismo es la fe predominante y mantiene un feudal sistema de castas donde el destino de cada quien viene dado en función del estrato social en que nace. Con la excusa de la reencarnación, se argumenta que los ricos lo son como premio por una vida anterior de buenas acciones y que con los pobres y enfermos sucede al revés.

India es un país de contrastes. Dicen de ella que es una gran potencia emergente pero la mitad de su población no dispone de inodoro en su casa. Las élites son extremadamente ricas y los pobres viven con un dólar al día. Allí las vacas no se comen porque se consideran sagradas y mientras, la población se muere de hambre.

Pese a su pobreza y tercermundismo, es una potencia a tener en cuenta.  Es uno de los diez estados más grandes del orbe. Con sus 1200 millones de habitantes es el segundo en población. Dispone de armas atómicas y de uno de los ejércitos más grandes del mundo. China, el separatismo sij y en especial Pakistán son sus peores rivales.

La civilización hindú nos ha dado el número cero, el número pi, el sistema decimal, el ajedrez clásico, el kamasutra, el cultivo y confección de algodón, la forma esférica y rotación de la Tierra, el uso del acero, el empleo de drogas para tratar a los enfermos, el  hindi, etc. Es una de las grandes naciones de todos los tiempos.

Balochistán: un pueblo en pie de guerra.

Enclavada en el sur de Asia hay una nación olvidada que guerrea por ser libre: Balochistán. Se trata de un pueblo en lucha de unos doce millones de almas disperso entre Pakistán (8 millones), Irán (3 millones) y Afganistán (200.000) y que sueña con romper las cadenas de la opresión y poder conformar un estado propio.

El nacionalismo baloch, de inspiración marxista, sostiene que los musulmanes no son una nación (el criterio opuesto a la fundación de Pakistán) y que la identidad étnico-lingüística es más importante que la religiosa. Es un pueblo muy antiguo, de clanes y tribus, de pastores nómadas que habitan las montañas desde hace siglos.

El conflicto no viene solamente por diferencias lingüísticas y culturales sino también económicas. Pakistán margina a propósito a Balochistán, que recibe una porción ínfima de las riquezas del país, para mantenerla en el subdesarrollo. Además, Islamabad efectúa ensayos con armas nucleares en el norte de la provincia.

Hasta la fecha ha habido cinco sangrientas guerras de guerrillas contra Pakistán para crear un estado independiente  (en 1948, 1958-59, 1963-1969, 1973-1977 y desde 2004 hasta hoy) y una contra Irán (2003 a 2009).  El baloch es un pueblo sin amigos, al que sólo India ayuda para debilitar desde dentro a su eterno gran rival.

Un Balochistán independiente tendría el tamaño de la Península Ibérica aunque estaría escasamente poblado por lo árido, escarpado y montañoso de la región así como por la escasez de agua. Pero dispondría de un valor geoestratégico enorme (acceso al mar y frontera directa con las repúblicas de Pakistán, Afganistán e Irán).

A los baloch les ha sido negada una patria, su lengua y cultura son perseguidas, miles de ellos han sido masacrados y otros tantos se han exiliado, sufren una represión bárbara, son oprimidos a diario… El genocidio prosigue y mientras, el mundo mira a otro lado. Es sólo otro conflicto olvidado. Es sólo otro pueblo sin amigos.

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