Malvinas: crónica de un delirio.

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La historia de las Malvinas -o Falkland, como dicen los británicos- es digna de un culebrón. Estas pequeñas y deshabitadas islas fueron descubiertas por los españoles en el siglo XVI, pero no fue hasta 1764 que fueron colonizadas por europeos, en este caso por franceses. España protestó y en 1767 Francia se fue de allí.

Paralelamente, en 1765, los británicos realizaron sus primeros asentamientos coloniales. En 1770 la flota española los obligó a rendirse, pero Londres amenazó con una gran guerra así es que se llegó a una solución salomónica: España no renunciaba a la soberanía de las islas pero permitía a los británicos permanecer en ellas.

En 1774 los británicos abandonaron Malvinas, consideradas inútiles y miserables, por lo que la soberanía española quedó indiscutida. La Convención de Nutka (1790) supuso, por parte de Londres, el reconocimiento de la soberanía hispana. Los españoles estuvieron allí hasta 1811, fecha en que dejaron deshabitadas las islas.

En 1816 Argentina se independizó de España y reclamó la soberanía sobre Malvinas como estado sucesor. En 1831, las autoridades argentinas detuvieron barcos pesqueros norteamericanos que faenaban sin permiso en la zona. En represalia, un buque estadounidense destruyó las escasas defensas militares de Malvinas.

En 1833 Londres aprovechó la confusión y otra vez colonizó el archipiélago, que estaba desarmado y casi despoblado. Los marinos argentinos – superados en número- abandonaron las islas, que fueron tomadas a placer por los británicos. En 1982 Argentina fue a la guerra contra Reino Unido por las Malvinas pero perdió.

Y hasta aquí llega la surrealista historia de un páramo baldío por el que todos se pelean; un archipiélago  donde hace un frío de muerte y apenas viven 3000 personas, sin contar con los pingüinos; una colonia inhóspita centro de agrias disputas. ¡El reciente descubrimiento de petróleo promete echar más leña al fuego!

Guadalupe: tierra criolla.

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Este menudo archipiélago caribeño fue poblado durante siglos por arawaks, quienes luego fueron sometidos por los caribes. Descubierta por los españoles, ambicionada por los británicos, fueron finalmente los franceses quienes colonizaron Guadalupe en 1635. Los esclavos africanos cultivaban azúcar de sol a sol.

Teóricamente, en 1946 Guadalupe dejó de ser una colonia para convertirse en un departamento de ultramar francés.  En 2007 las islas de San Bartolomé y San Martín se segregaron para convertirse en colectividades territoriales de Francia. Bueno, en el caso de San Martín media isla. La otra media pertenece al Caribe Neerlandés.

La economía local depende básicamente del turismo y la agricultura. Es una zona subdesarrollada donde la pobreza, el desempleo y la carestía de la vida azotan a la población. Pese a ello, los guadalupeños rechazaron incrementar su autonomía en un referéndum del año 2010, por miedo a que París les cortara el grifo de los subsidios.

Guadalupe es un crisol de blancos, negros, amerindios e indostaníes. La población es, en esencia, mestiza desde un punto de vista racial. También desde el punto de vista cultural. Se habla francés y criollo. Y aunque la mayoría es católica, hay un sinfín de creencias religiosas, así como de tradiciones y costumbres de mil y un sitios.

La sangre africana corre por las venas de los guadalupeños, y eso se nota en el frenesí de su música y sus danzas. La isla cuenta con muchos estilos de danza propios, como el zouk, zouk-love o konpa. También es una tierra prolífica en escritores. El más destacado es el poeta Saint-John Perse, ganador del Premio Nobel.

Y hasta aquí llega, por el momento, la historia de Guadalupe. La historia de una tierra que es Francia pero parece África, que formalmente no es una colonia pero que está teledirigida por control remoto desde París; un pueblo que piensa que es libre pero que prefiere vivir encadenado a la metrópolis a cambio de unas pocas migajas.

Martinica: la cuna de la negritud.

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La vida transcurre frenética en este pedacito de Francia que se ubica en medio del Caribe. La gente disfruta en esta isla donde los doce meses al año es verano y el viajero se extasía con el blanco de las arenas, el turquesa de las aguas y un verde omnipresente. El pintor Paul Gauguin dijo que sólo allí se había sentido él mismo.

Descubierta por españoles, y ambicionada por británicos y holandeses, Martinica fue una colonia francesa prácticamente de forma ininterrumpida desde 1635. Los esclavos negros venidos de África trabajaron durante siglos en las plantaciones de tabaco primero y de azúcar después. La esclavitud dejó una huella indeleble en el pueblo.

No es por casualidad que el intelectual y político martiniqués Aimé Césaire acuñara precisamente aquí el concepto de negritud: una suerte de exaltación de la identidad y las raíces africanas de los pueblos negros en contraste con la opresión colonial europea. Recordemos que Martinica sigue siendo un departamento francés.

La isla es una auténtica mina de poetas e intelectuales tales como Réne Ménil, René Maran, Edouard Glissant, Patrick ChamoiseauFrantz Fanon y un largo etcétera. Todos ellos, de una manera u otra, han reflexionado sobre la opresión colonial blanca y la necesidad de los negros de encontrar su lugar en el mundo.

Pero se dice que el negro es cobarde por naturaleza y que tiene miedo a ser libre. A pesar de la pobreza y el desempleo en la isla, el 80% de martiniqueses votó no a ampliar la autonomía en un referéndum de 2010. El miedo a perder los subsidios de París impide cualquier avance de la autonomía, no digamos ya la plena soberanía.

En 1902 la erupción del volcán Monte Pelée mató 30.000 personas y golpeó la isla. La llamada flor de las Antillas es un paraíso turístico y multiétnico de negros, indígenas y mulatos que hablan francés y criollo y practican el catolicismo. Pese a todo, siguen gobernados a control remoto por el hombre blanco desde la metrópoli.

Santa Lucía: entre montañas y volcanes.

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Santa Lucía es un diminuto estado insular ubicado en el Nuevo Mundo, más concretamente en el Mar Caribe. Se independizó de Reino Unido en 1979 aunque la jefatura de Estado todavía recae en la reina de Inglaterra, Isabel II. Es, por tanto, una monarquía constitucional. Su nombre proviene de Santa Lucía de Siracusa.

Antiguamente, esta ínsula fue poblada por siglos por arawaks y caribes, hasta que España la descubrió en el siglo XVI. Pese a su pequeño tamaño, fue disputadísima tanto por colonos franceses como británicos y cambió de manos catorce ocasiones (siete para cada potencia), hasta que finalmente el Reino Unido fue quien se la apropió.

La influencia de los franceses, que ocuparon la isla doscientos años, se mantiene en la hegemonía del catolicismo y en el francés criollo que aún habla mucha gente. El inglés, no obstante, es el idioma oficial, y también hay protestantes. La inmensa mayoría de la población desciende de los esclavos negros traídos de África.

Santa Lucía mezcla en su idiosincracia elementos europeos, caribeños y africanos. La música y la danza son dos de sus principales manifestaciones culturales. Destaca el carácter afable y hablador de sus habitantes, entre los que sobresale el Premio Nobel de Literatura Derek Walcott y Nobel de Economía Arthur Lewis.

A nivel económico, la mayoría de la gente es pobre y mucha debe emigrar. Pese a ello, la alta natalidad empuja la demografía al alza. El turismo y la ingeniería fiscal son las dos principales fuentes de riqueza, pero no están tan desarrollados como en otras islas de la región. El volcán La Soufrière es una fuente de energía geotérmica.

Santa Lucía tiene un origen volcánico y está atravesada de norte a sur por una cordillera montañosa cubierta de bosque tropical. De sus bellas montañas descienden numerosos riachuelos que constituyen valles fértiles que, combinados con la selva tropical y las playas, hacen del reino de Santa Lucía una paradisíaca isla.

Barbados: estabilidad y democracia.

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Poblada durante siglos para taínos, arawaks y caribes, esta ínsula caribeña fue descubierta por los españoles en el siglo XV. Su etimología es un misterio. No se sabe muy bien de dónde deriva su curioso nombre, pero parece que es debido a las ramas y hojas que, a modo de barbas, colgaban de la mayoría de los árboles de la isla.

En 1627 se convirtió en colonia inglesa. Allí se establecieron unas muy rentables plantaciones de tabaco, azúcar y algodón para las que se trajeron esclavos africanos. Entre 1958 y 1962, Barbados se unió a la Federación de las Indias Occidentales (que era una colonia británica). La plena independencia llegó en 1966.

Desde entonces el país ha disfrutado de un gobierno democrático estable, y una alternancia en el poder entre los dos partidos mayoritarios. Actualmente la democracia está sólidamente establecida. El Reino de Barbados es una monarquía constitucional y su Jefa de Estado es Isabel II de Inglaterra, quien ostenta la corona.

Con el paso de los años, Barbados ha pasado de tener una economía agrícola basada en la caña de azúcar a una fundamentada en el turismo y la ingeniería contable. Este reino es un paraíso fiscal y turístico muy popular para viajeros y empresarios. Es uno de los estados más libres, prósperos y desarrollados de América.

La cultura combina las costumbres y modos británicos, que se desarrollaron a lo largo de más de tres siglos de dominación, con una cultura popular de origen africano. Los esclavos negros trajeron consigo sus ritmos y creencias. Esta influencia se palpa en la música y los bailes, tal y como ocurre en el resto del Caribe.

Más del 90% de la población local se compone de negros y mulatos. La gente habla inglés y criollo y es abrumadoramente protestante y anglicana. En líneas generales, se trata de un pueblo muy conservador que huye de los sobresaltos, muy consciente de que más vale no cambiar nada cuando las cosas funcionan bien.

Granada: orgullo negro.

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Granada comprende la isla homónima y las Granadinas del sur. Originalmente llamada Concepción pasó a su nombre actual por su parecido con Sierra Nevada, Granada, España. Por allí han pasado arawaks, caribes, españoles, franceses y británicos. Y por supuesto, muchos esclavos africanos para cultivar la caña de azúcar.

Este país se independizó de Reino Unido en 1974 y en 1979 llegó al poder Maurice Bishop, quien trajo el comunismo y se acercó a Cuba y la Unión Soviética. En 1983 Bishop fue ejecutado tras un golpe de estado y seis días más tarde Estados Unidos invadió la isla y puso fin a la amenaza de la hoz y el martillo.

El comunismo fue abortado pero pronto pasó a ser sustituido por una suerte nacionalismo que reivindica las raíces africanas de la patria. La lucha por el reconocimiento de los derechos de los esclavos se constata en el resurgimiento general del orgullo negro y la práctica común de poner nombres africanos a los niños.

Aunque independiente, Granada sigue siendo un reino e Isabel II de Inglaterra quien ostenta la corona. No se puede descartar que en el futuro se convierta en una república, habida cuenta de la creciente desafección hacia Londres. La población trabaja en la agricultura y el turismo y en líneas generales vive en la pobreza.

Ésta es una sociedad multicultural en la que se mezcla lo africano con lo británico y lo francés, lo católico con lo anglicano. Como pueblo que es de orígenes predominantemente africanos, los granadinos son de sangre caliente y les apasiona cantar, bailar y escuchar música al son del calipso, la salsa, el reggae o el limbo.

Granada es el segundo estado más pequeño de América, así que difícilmente puede atesorar una gran historia. No obstante, ha tenido algunos hijos ilustres como el atleta Kirani James, campeón mundial y olímpico de 400 metros, o el pintor naïf Canute Caliste, famoso por sus llamativos cuadros de sirenas y veleros.

San Vicente y las Granadinas: mestizaje caribeño.

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Poblado originalmente por los nativos caribe, este archipiélago fue descubierto por los españoles en el siglo XV. El explorador Cristóbal Colón llamó San Vicente a la isla principal por haberla descubierto en el día de ese santo, y Granadinas a las demás (no confundir con la isla de Granada), en honor a la ciudad andaluza de Granada.

Los caribe impidieron la colonización europea hasta el siglo XVIII. Esclavos negros africanos procedentes de otras islas buscaron refugio en San Vicente y se cruzaron con los nativos, dando lugar a mestizos. Finalmente fue tomado por los colonos franceses primero, y por los británicos después, quienes esclavizaron a los locales.

El 27 de octubre de 1969 la colonia se convirtió en un Estado libre asociado al Reino Unido. Fue sólo un alto en el camino. Ya que el mismo día pero diez años después, San Vicente y las Granadinas proclamaron su independencia definitiva. La forma de gobierno es la monarquía y la jefa de Estado es la reina Isabel II de Inglaterra.

La economía del país es agrícola y por tanto la población es pobre. A eso se suma que las erupciones volcánicas, los huracanes y otros desastres naturales lastiman las islas cada cierto tiempo. El turismo, así como la ingeniería fiscal, están en un estadio incipiente pero llamadas a ser las principales fuentes de ingresos en el futuro.

De las poco más de cien mil almas que pueblan el lugar, la mayoría corresponde a negros, aunque también hay bastantes mestizos. El inglés es el idioma oficial aunque la gente prefiere hablar en criollo. Casi toda la población es cristiana, con anglicanos, metodistas y católicos a la cabeza. La población vive tranquila y en paz.

La mezcla étnica de San Vicente y las Granadinas tiene su reflejo en la cultura, una mezcla de elementos indígenas, africanos, hindúes y británicos. Este mestizaje queda patente en las constumbres, gastronomía, lengua, música y deporte (destacan el fútbol y el críquet). Los ritmos musicales preferidos son el reggae y el calipso.

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