El comunisme, la major desgràcia de l’història.

Quan pense en totes les calamitats que ha patit el món a lo llarc de l’història, la més gran de totes segurament siga el comunisme. Cent millons de morts únicament en el sigle XX. Això són més morts que els causats pel fascisme, pel nazisme, per les monarquies absolutistes, per les teocràcies, per les creuades, per l’Inquisició, pel terrorisme, per les bombes atòmiques, per les dos Guerres Mundials juntes… i poden vostés continuar la llista. El comunisme és un moviment lliberticida destinat al fracàs perque esclafa l’esperit, elimina l’iniciativa personal, sembra de cadàvers la terra i viu d’esquenes a Deu.

La nòmina de dictadors és realment digna de la galeria dels mònstruos. Josip Stalin matà 20 millons de soviètics (ni tan sols Adolf Hitler matà tants) per coses tan greus com no tindre durícies en les mans. Pol Pot assessinà a tres millons de camboyans (50% de la població) per, entre unes atres coses, dur ulleres. Mao Tse-tung, el major carnicer de l’història, fusilà entre 60 i 80 millons de chinencs (per a fer-mos una idea: en la Segona Guerra Mundial moriren 50 millons de persones entre tots els bandos). I la llista de criminals és ben llarga: Fidel Castro, Enver Hoxha, Nicolae Ceaucescu, Kim Jong-Il

Durant el sigle XX el comunisme s’implantà fàcilment en xixanta o setanta països. No hi ha ni tan sols u d’ells que haja segut un model d’èxit. En l’actualitat els pocs països comunistes que encara queden, com Cuba o Corea del Nort, es moren de fam. Inclús els recents experiments neocomunistes -com la Veneçuela d’Hugo Chávez o el Zimbabue de Robert Mugabe– han resultat ser un desastre total. Els seguidors de la secta, no obstant, defenen lo indefendible: la culpa és del bloqueig comercial, de l’imperialisme yanqui o en el passat no es va aplicar correctament el sistema comuniste en cap país del món.

El comunisme -com a bon sistema totalitari- no creu en la llibertat ni en l’individu. Aixina és que dividix a la societat en bandos enemics: mosatros i ells, els bons i els roïns. No existix -per als marxistes- una societat d’individus lliures, cadascú d’ells en les seues pròpies idees, somis, metes i ambicions. No. Lo que hi ha són blocs enfrontats -d’opressors i d’oprimits, de bons i de roïns- en un conflicte maniqueu que ralla el deliri. Com sempre, es tracta de derrocar a la vella aristocràcia per a substituir-la per una de nova -el Partit- en una societat a on tots som iguals pero uns són més iguals que uns atres.

El concepte de “lluita de classes” ha perdut crèdit en una societat de classe mija i ara el marxisme cultural juga en uns atres còdics que substituïxen als anteriors. Aixina és que si abans els patrons eren els explotadors i els treballadors els explotats hui els blancs som racistes i xenòfops i les demés races unes pobres víctimes que són tot pau i amor; ser homosexual és progressiste i defendre la família tradicional carca; els hòmens som potencials maltractadors i violadors i les dònes sers de llum. La retòrica femicomunista apela a un “sistema explotador heteropatriarcal” que no és si no un eufemisme de “capitalisme”.

Yo soc un demócrata convençut i soc dels qui pensa que l’únic dictador bo és el dictador mort pero si em donaren a triar entre viure baix el jou d’una dictadura fascista o el d’una comunista em quede, com a mal menor, en la primera perque almenys manté les fronteres obertes i et permet anar-te’n d’alli, si vols. Pero les dictadures comunistes són càrcels a cel obert que en lloc de ciutadans tenen presoners. Només cal recordar la vergonya del Mur de Berlin. Si un estat ha de construir un mur en fil d’aram en punches i ametralladores per a impedir que escapen els seus propis ciutadans és que alguna cosa falla.

 

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¿Sabías que el museo de títeres y marionetas más antiguo de España está en Albaida?

El Museo Internacional de Títeres de Albaida (en la Vall d’Albaida) se inauguró en el año 1997 con la intención de estudiar y difundir el arte del títere y la marioneta. A través de sus exposiciones, los niños y los no tan niños van a conocer el espectáculo y la magia que rodea este mundo. No es el museo de este género más antiguo de la Península Ibérica (tal honor corresponde, al parecer, al Museo de la Marioneta de Lisboa, inaugurado en 1987) pero sí que es el primero que se hizo en España.

Sito en el Palacio de los Marqueses de Albaida -un singular edificio de tres plantas de finales del siglo XV- el museo es un centro dedicado al estudio y divulgación de la evolución histórica y cultural de la marioneta.  Este museo se ha convertido en un verdadero referente internacional, y símbolo de esto es la Muestra de Títeres que tiene lugar anualmente en la comarca desde el año 1984. El centro también cuenta con una biblioteca, una videoteca así como un centro de documentación que publica sus primeros textos.

El Museo Internacional de Títeres de Albaida (más conocido por sus siglas, MITA) cuenta en sus colecciones con más de 400 títeres y marionetas de América, Europa, Asia y África, así como figuras de algunas de las mejores compañías internacionales y titiriteros de más talento creativo. Destacan los Caracolímpicos, los títeres africanos tallados en madera, los autómatas de Francisco Sanz o las marionetas de Gomaespuma, entre muchos otros. Se dedica especial atención a la animación en el cine y la televisión.

 

Fuentes consultadas:

-Museo de la Marioneta (Museu da Marioneta). Siete Lisboas.

-Museo de Títeres Albaida. Eureka Valencia.

-Museo Internacional de Títeres de Albaida MITA. Comunitat Valenciana.com.

Cerdeña: la isla de las seis lenguas.

La historia de Cerdeña es la de una isla preciosa que ha ido pasando de mano en mano con el paso de los siglos. Tras la desintegración del Imperio Romano una legión de pueblos la han ocupado: vándalos, godos, bizantinos, sarracenos, genoveses, pisanos, pontificios, aragoneses, españoles, austríacos y finalmente los italianos desde el año 1861.

Las constantes invasiones han forjado una particular idiosincrasia sarda. Primero, la población se ha refugiado en el interior y alejado de la costa (para evitar ataques piratas). Y segundo, el sardo, como el siciliano, tiende a desconfiar del Estado -siempre una potencia extranjera- y a autorregular la convivencia mediante acuerdos entre las familias.

Cerdeña es la tercera región más grande de Italia y a la vez la tercera menos densamente poblada. La economía es bastante pobre, basada sobre todo en servicios y agricultura, y el abandono se nota en la falta de infraestructuras de una tierra dejada de la mano del Estado. Escasea el empleo, los viejos se quedan, los jóvenes emigran y el nacionalismo crece.

Cerdeña es la isla de las seis lenguas. El sardo se habla en casi toda la ínsula; es una lengua muy conservadora, la más parecida al latín. Históricamente fue menospreciada hasta considerarla un mero dialecto del italiano, que goza de todos los privilegios en Cerdeña. Pero recientemente ha sido reconocida como lengua propia y se busca su promoción.

Los otros cuatro idiomas se hablan en zonas muy concretas y son testimonio del papel de Cerdeña como encrucijada de caminos en la historia. Al norte el sasarés y el gallurés, ambos emparentados con el corso. En L’Alguer, el alguerés (que se parece bastante al catalán). Y finalmente el ligur tabarquino, en las diminutas islas de Sant’Antiòccu y San Pé.

Parece que el tiempo se hubiera detenido en aquella tierra. Todo allí tiene sabor añejo. Hasta su curiosa bandera: una cruz de San Jorge con las cabezas de cuatro reyes moros muertos en la Batalla de Alcoraz, en 1096, cerca de Huesca, que acabó con victoria cristiana. Esta flámula fue otorgada a la isla por la Corona de Aragón, a la que perteneció por siglos.

Tayikistán: la pequeña Persia.

La belleza de esta nación recuerda a la del Tíbet. Inmensas montañas (con abominable hombre de las nieves incluido) cubren el 93% de este país, el más pequeño de Asia Central que tiene la mitad del territorio por encima de los 3.000 metros.  Sus primaveras floridas son un estallido de color. El clima oscila, según zonas y épocas, de los 50º a -60º.

No por estar más metido en las montañas el país se ha librado de mil invasiones, pues era un punto de paso en la Ruta de la Seda. Macedonios, persas, árabes, mongoles, rusos, soviéticos y otros muchos imperios han dejado en la zona la huella de su bota opresora. Tayikistán se independizó en 1991, tras la desintegración de la otrora temible Unión Soviética.

De 1992 a 1997 la república sufrió una Guerra Civil que enfrentó al gobierno -herederos de los viejos comunistas- con los islamistas, guerrilleros apoyados desde Afganistán. La guerra se saldó con 50.000 muertos y el triunfo gubernamental. El Estado procura que el extremismo religioso no se dispare en una sociedad donde los musulmanes suponen el 98%.

A diferencia de sus vecinos de Asia Central, los tayikos no son un pueblo túrquico sino los primos hermanos de los iraníes ya que tienen una lengua, una cultura y una historia íntimamente relacionadas con Persia, hoy Irán. De hecho, tras tantos años de alienación soviética, la nación trata de volver a sus raíces profundizando en el islam y la cultura persa.

De las cinco repúblicas del Asia Central, Tayikistán es la más pobre con diferencia. Aún hay nomadismo y unas tasas de desempleo y de pobreza absolutamente espantosas. Sólo el 6% del territorio nacional es tierra cultivable, y allí se produce algodón destinado a la exportación. Las madres crían solas a sus hijos mientras que sus maridos trabajan en Rusia.

Tayikistán es tierra de contradicciones. Quiere alejarse de Rusia, que le ha dado lo mejor de su teatro y su ballet. Es sunita pero quiere acercarse al Irán, chiita, a quien considera su madre patria. El gobierno pretende imponer el secularismo pero en las calles aumenta el fundamentalismo. Es un rompecabezas extraño donde no todas las piezas parecen encajar.

¿Sabías que Peníscola fue sede papal?

Peníscola (El Baix Maestrat) es famosa por ser una de las localidades más bellas del mundo. Sus magníficas playas y su hermoso castillo atraen cada año a millones de turistas. Lo que quizás no sepas es que en el pasado también fue sede papal. De hecho, sólo tres ciudades han tenido el privilegio de serlo: Roma, Aviñón y Peníscola.

Esta historia se enmarca durante el cisma de Occidente. En 1378 Urbano VI fue elegido como nuevo papa de Roma. Éste acusó a los cardenales de llevar una vida ostentosa y poco cristiana, y ellos como represalia eligieron, también en 1378, otro papa, Clemente VII, que se estableció en Aviñón. Así, había dos papas a la vez.

En 1394 el aragonés Pedro Martínez de Luna (Illueca, 1238-Peníscola, 1423) sucedió a Clemente VII como papa de Aviñón y pasó a llamarse Benedicto XIII. Mientras tanto, en Roma Bonifacio IX sucedió a Urbano VI. Como había dos papas, se le pidió al rey de Francia que eligiera entre uno u otro, a lo cual se negó.

Ante esta negativa Benedicto XIII se ausentó de su sede en Aviñón para intentar convocar un concilio en Perpiñán. Mientras tanto se había inaugurado el Concilio de Pisa, también para acabar con el dualismo. Así, en 1409 fue elegido Alejandro V, que, aprovechando la ausencia de Benedicto XIII, ocupó la sede papal de Aviñón.

Benedicto XIII residió en Perpiñán y luego se exilió en Peníscola en 1411. Transformó el antiguo castillo de los templarios en palacio y biblioteca papal para él y para su sucesor Clemente VIII, segundo papa de Peníscola, quien en 1429 renunció al cargo presionado por el rey Alfons V, decisión clave para acabar con el cisma.

De esta rocambolesca manera es como llegó a haber tres papas a la vez (por supuesto que no se reconocían los unos a los otros, y que se excomulgaban unos a otros) y tres sedes pontificias de forma simultánea. Una de ellas, Peníscola, concretamente su maravilloso castillo ubicado en la playa y que se adentra en el mar.

Benedicto XIII -quien es mucho más conocido por el sobrenombre de Papa Luna- murió en 1423 a los 94 años. Su fallecimiento no se hizo público hasta que sus cardenales se repartieron el tesoro pontificio un año después. Murió sin haber renunciado nunca a su papado. Hoy la Iglesia Católica lo considerada un antipapa.

Omán: los otros musulmanes.

El Sultanato de Omán se encuentra en el extremo sudoeste de la Península Arábiga y su costa es bañada por el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Es un país con extensas montañas y desiertos, aunque la mayoría de la gente vive en los llanos costeros. Pese a tener el tamaño aproximado de Alemania, cuenta con apenas cuatro millones de almas.

El islam llegó a estas tierras hacia el año 630. Sucesivas oleadas de invasores (árabes, persas, portugueses) han atacado durante los siglos. El siglo XIX Omán, en su máximo esplendor, llegaba hasta Zanzíbar. Luego llegaron los británicos, que colonizaron el sultanato atraídos por su ubicación, ideal para el comercio. La independencia llegó en 1971.

El sultanato se unificó en 1650 bajo la dinastía Yaruba, pero desde la década de 1740 reina la dinastía Abu Said. Ha habido varias guerras civiles y revoluciones religiosas pero ahora reina la paz. En 1970 el sultán Said bin Taimur fue destronado por su propio hijo, Qaabos bin Said, que usó el dinero del petróleo y el gas para modernizar un país atrasado.

El cambio ha sido providencial. En pocas décadas Omán ha pasado de ser un reino medieval a uno del siglo XXI, al menos en cuanto a infraestructuras se refiere. Antiguamente era una especie de enigmático Tíbet arábigo, cerrado al mundo y famoso por su incienso. Ahora se abre poco a poco, pese a que reina una monarquía absolutista feudal.

En un Golfo Pérsico repartido entre sunitas y chiitas, Omán es el único estado del mundo donde predomina el islam abadí, que se encuentra en la rama del jariyismo. Esta corriente islámica minoritaria es menos cerrada e intolerante que sus hermanas, tanto es así que se permite la práctica pública de otras religiones y que el yihadismo casi no existe.

Pese a contar con un patrimonio cultural y artístico incuestionable, la falta de interés de las autoridades ha hecho que buena parte de este legado se haya perdido o no se conserve en condiciones. Sólo desde tiempos recientes hay una fuerte campaña por recuperar la cultura, entre la que destaca al arquitectura de las fortalezas del desierto y la artesanía tradicional.

Quinientos años de Reforma Protestante.

Hace cinco siglos un monje llamado Martín Lutero clavó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg 95 tesis que iban a causar un auténtico terremoto teológico. En esencia se rechazaba la venta de indulgencias; se entendía que la cristiandad no necesitaba de una institución; que los bienes de la Iglesia deben repartirse entre los fieles; que la salvación es por fe y no por obras; se aceptaban tres sacramentos: bautismo, comunión y penitencia; los hombres de fe podían leer e interpretar los Evangelios sin intermediarios humanos y la verdadera autoridad en la fe estaba en las Sagradas Escrituras. Las cinco solas (sola scriptura; sola fide; sola gratia; solus Christus y Soli Deo gloria) resumen las creencias fundamentales de los reformadores frente a la doctrina católica.

La Reforma Protestante supuso volver al cristianismo primitivo de la Iglesia original, al que practicaban Jesucristo y los apóstoles. Volver a guiarse por lo que dice la Palabra de Dios, que es la Santa Biblia, y no por dudosas tradiciones humanas; a adorar en espíritu y en verdad en lugar de rendir culto a las estatuas; a bautizar a los creyentes adultos -siguiendo el ejemplo de Jesús- y no a bebés sin ningún uso de razón; a traducir las Escrituras en lugar de quemarlas en las hogueras; a hacer el culto en la lengua del pueblo llano en lugar de oficiar la misa en latín; a promover principios y valores en vez de ceremonias y rituales; a tener a Cristo como cabeza visible de la Iglesia y no al Papa; a entender por fin que la única Iglesia verdadera es la que realmente obedece a Nuestro Señor.

El legado de la Reforma va más allá de lo religioso. El énfasis en que la población pudiera leer la Biblia favoreció su alfabetización; el interés por la investigación y por la ciencia surgió a partir de leer los textos sacros; el considerar el robo y la mentira como pecados muy graves y no como meros pecados veniales atajó la corrupción; se fomentó la ética en el trabajo y el derecho de la propiedad privada, la democracia liberal, el capitalismo, la separación de iglesia y estado, la libertad religiosa y el imperio de la ley por el que todos somos considerados iguales. La Revolución Americana -que dio inicio al mundo moderno- estuvo claramente inspirada por los valores puritanos y las naciones protestantes se convirtieron en ejemplo admirable de progreso, prosperidad y libertad.

La Reforma iba a causar un cisma que dividiría el Occidente en protestantes y católicos aunque la verdadera intención de Lutero nunca fue la de crear una nueva iglesia sino la de reformar la que ya existía. Pero la rotunda negativa de los papas lo hizo imposible. Y mientras que la Reforma triunfó en América y Europa del Norte, la Contrarreforma abanderada por el emperador Felipe II y la Inquisición española apagó prematuramente la luz del Evangelio e hizo que nos quedáramos en esa mitad del mundo condenada a la dictadura, la pobreza y el atraso. Hoy vivimos la mayor Reforma religiosa de los últimos siglos: la del ateísmo. Ante una juventud que vive sin Dios, debemos volver a nuestras raíces y predicar la sanadoctrina. Reevangelizar Europa resulta hoy más urgente que nunca.

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