Myanmar: un país secuestrado por su ejército.

El primer estado unificado en el actual territorio de Myanmar fue el Reino de Pagan, allá por el siglo IX. La actual Myanmar (también conocida como Birmania) nació como la unificación de una serie de pequeños reinos y principados. Pero tras tres guerras anglobirmanas (1824-26; 1852-53 y 1885) el Imperio Británico se anexionó el país.

Tras una breve ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, Myanmar se independizó de Londres en 1948. La República duró poco porque en 1962 el general Ne Win derrocó del poder al presidente U Nu mediante un golpe de estado. Estableció una dictadura comunista controlada por los militares que persiste aún hasta el día de hoy.

En 1989 la Junta militar rebautizó Birmania como Unión de Myanmar. Debido a las multitudinarias manifestaciones que reclaman libertad -destacan las de 1988 y 2007- el Gobierno ha virado de una dictadura tradicional a las elecciones amañadas. La Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, hija del héroe nacional Aung San, es un icono de la democracia.

Myanmar es una auténtica macedonia cultural con más de un centenar largo de etnias. Los burma son la mayoría que ostenta el poder y margina al resto de pueblos de la unión. Desde 1948 el Estado está en pie de guerra contra las minorías étnicas (karen, kachin, shan, arakan, rohingya, rakhine, lahu…) en una guerra civil que no se acaba nunca.

El otro gran foco de resistencia es el budismo theravada. Históricamente este país siempre fue un bastión del budismo (sus templos son espectaculares). Los monjes promueven una resistencia pacífica contra un Estado claramente hostil con la religión. La cultura es una mezcla de influencias birmanas, tailandesas, camboyanas, indias y chinas.

Y hasta aquí llega de momento la historia de Birmania o Myanmar: un país secuestrado por su ejército. Es el choque entre un pueblo llano sediento de libertad y un Estado totalitario que promueve la más dura represión, intolerancia y violación de los derechos humanos contra todo aquel ciudadano que se atreva a cuestionar el sistema establecido.

Anuncios

Camboya: el corazón de Indochina.

El Reino de Funán se estableció en el territorio de la actual Camboya en el siglo I y conquistó casi toda Indochina. Bajo diferentes denominaciones (Imperio Jemer o Imperio de Angkor primero, y Reino de Kambuya más tarde) mantuvo su dominio sobre la mayor parte de la Península Indochina… ¡ni más ni menos que hasta el siglo XVII!

En esa época entró en un fuerte declive y sus vecinos, Siam (actual Tailandia) y Vietnam la invadieron y se la habrían repartido como un pastel de no ser porque otro invasor, Francia, la convirtió en un protectorado. Japón ocupó Camboya durante la Segunda Guerra Mundial y luego coronó a Norodom Sihanuk, un rey de paja leal a Tokio.

Aquel monarca títere resultó no serlo en absoluto. Pese al regreso de los franceses, consiguió la independencia del país en 1953 y con su diplomacia logró contener a chinos, soviéticos y americanos. En 1970, no obstante, un golpe de Estado lo desalojó del poder y poco después la Guerra de Vietnam se extendió a Camboya (de 1977 a 1991).

El capítulo más traumático de la historia reciente de Camboya corresponde al período de Pol Pot. Este dictador comunista, líder de los Jemeres Rojos, gobernó Camboya entre 1975 y 1979. En sólo cuatro años exterminó al 50% de la población camboyana, que pasó de seis millones a tres. Vietnam intervino y desalojó del poder a este loco genocida.

En la actualidad el Reino de Camboya es una monarquía parlamentaria. El 95% de la población es de etnia jemer, y su idioma es uno de los más antiguos del mundo. Con el paso de los siglos Camboya ha transitado del hinduismo al budismo theravada. Su cultura, su literatura y su arquitectura han influido a toda la región, tras tantos siglos de dominio.

De todas las naciones de Indochina, Camboya es la más sobresaliente. Es la que tiene una historia más apasionante. La que ha tenido el imperio más grande y más duradero. La que más ha sufrido y ha hecho sufrir. La que más ha influido a sus vecinos en cultura y religión. Y ahora se erige como un faro que ilumina el largo camino hacia la democracia.

Argelia: un pueblo abierto al mundo.

grunge-algeria-flag

Por el territorio de la actual Argelia han pasado bereberes, árabes, omeyas, fatimíes, ziríes, almohades, mudéjares… Tras la conquista musulmana -siglo VII- se impuso el árabe y el islam allí. Por siglos fue un puzzle de tribus y reinos de taifas dominado por españoles y turcos y luego una colonia francesa de 1830 a 1962.

Argelia nació ese año como nación independiente tras una cruenta guerra (1954-1962), cuyo recuerdo es un trauma nacional. Los franceses habían transigido con la secesión de varias de sus colonias, pero hicieron lo imposible por retener a Argelia por la fuerza y cometieron auténticas monstruosidades en el intento.

Desde 1963 fue una dictadura comunista que promovió la arabización de los bereberes y nacionalizar empresas. En 1989 llegó la democracia y tres años después los islamistas ganaron las elecciones pero el ejército las suspendió, tras lo cual hubo miles de muertos. El militar es el auténtico poder en la sombra hasta hoy.

El árabe clásico es el idioma oficial del estado, pero la gente habla árabe argelino (distinto del clásico), lenguas bereberes (reconocidas como nacionales, pero no como oficiales) y francés. Hay un 70% de árabes frente a 30% de bereberes, y el 70% habla francés como segunda lengua. El 99% de los argelinos profesa el islam suní.

Argelia lo tiene todo para ser una potencia regional: es una de las naciones más modernas de África;  el estado más grande del continente desde la partición de Sudán en 2011; tiene petróleo, gas y otros recursos; una población muy joven y un inmenso potencial turístico por explotar. Pero el país no despega; es corrupto y pobre.

El norte fértil occidentalizado o el sur árido tradicional. Árabes o bereberes. Magreb o Mediterráneo. Playa o desierto. Comunismo o islam. Cerveza o sharia. Existen muchas Argelias dentro de Argelia. Pero en general, se trata de gente abierta al mundo. Y solidaria… Que se lo pregunten a los refugiados saharauis de Tinduf.

Rumanía: un largo viaje a Occidente.

romanian-flag

Rumanía es un pueblo orgulloso de sus raíces latinas: ellos se llaman Romania (con o, en referencia a Roma). El país nace en el siglo XIX de la unión de los principados de Moldavia (la mitad del cual es hoy una república independiente) y Valaquia, y la posterior anexión de Transilvania, Bucovina y Besarabia en el siglo XX.

Se independizó de Turquía en 1877. Tras estar en el lado vencedor en las dos Guerras Mundiales, se alineó con el bloque comunista en la Guerra Fría. De infausto recuerdo es el dictador Nicolae Ceasescu, fusilado en 1989. Ahora está en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE).

En lo económico es uno de los graneros de Europa, con el cultivo de excelentes cereales, pero su industria es escasa. Es uno de los países más pobres del continente, con una alta mortalidad infantil, baja natalidad y elevada corrupción. Esto causa un éxodo de rumanos que emigra a Europa en busca de una vida mejor.

Buena parte de estos emigrantes son gitanos marginales dados a la mendicidad, el chabolismo y el gueto. Esto daña la imagen de los emigrantes rumanos en general, honrados en su mayoría.  Los gitanos son la minoría más grande de Rumanía y basculan entre la falta de integración y lo marginal. Los húngaros son la otra gran minoría.

Rumanía es un estado unitario y centralista, en el que la Iglesia Ortodoxa y el idioma rumano son importantes señas de identidad. Aunque su icono más conocido a nivel mundial es el Conde Drácula, inspirado en Vlad Tepes, un antiguo príncipe valaco que empalaba a sus enemigos y mantenía a raya a los turcos.

Es un pueblo guerrero obligado históricamente a defender sus fronteras de ataques exteriores que hoy sueña con una Gran Rumanía que se anexione la vecina Moldavia. De momento debe conformarse con emprender un viaje -que será largo- hacia la modernidad de Occidente y dejar atrás un pasado tétrico y gris.

Checoslovaquia: un divorcio amistoso.

checoslovaquia

Al término de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el Imperio Austro-Húngaro reventó como una piñata y se desintegró en una decena de naciones. Una de ellas fue Checoslovaquia, un estado artificial creado de la noche a la mañana en 1918 y que, cosa inusual, se disolvió de una forma democrática, pacífica y amistosa en 1993.

Pretendía ser una nación dual: de un lado la parte dominante, Chequia, -rica, industrial y centralista- y del otro la dominada, Eslovaquia -rural y pobre-. Chequia estaba formada a su vez por dos pueblos (Bohemia y Moravia) donde la voz cantante la llevaba Bohemia, que en la practica gobernaba a los otros dos socios.

La extinta Checoslovaquia fue un estado comunista bajo la órbita soviética ya desde su nacimiento. En 1939 los nazis la invadieron y la dividieron en dos: el Protectorado de Bohemia y Moravia (que se anexionaron), y la República Eslovaca Independiente (que era un estado títere). En 1945 se reunificaron de nuevo.

El pueblo no quería comunismo y exigía libertad, pero las protestas populares fueron abortadas durante la Primavera de Praga (1968) cuando los tanques soviéticos invadieron la patria. Años más tarde, la Revolución del Terciopelo (1987) dio paso a un estado en transición hacia el capitalismo y la democracia liberal.

En los 90, los reclamos autonomistas eslovacos se volvieron independentistas. La Asamblea Federal votó la disolución pacífica del país el 25 de noviembre de 1992, por un estrecho margen y sin referéndum. Chequia y Eslovaquia nacieron como repúblicas independientes el 1 de enero de 1993. Era presidente nacional Václav Havel.

Los idiomas checo y eslovaco -los cuales son muy similares y se entienden entre sí- en su día fueron reducidos de la noche a la mañana a dialectos del checoslovaco, un engendro artificial al estilo del serbo-croata o el catalán-valenciano, pero tras la partición en dos estados pasaron de dialectos a ser lenguas independientes otra vez.

Angola: la amarga postguerra.

ws_Angola_Flag_1920x1200

Angola es un estado del suroeste de África. Su población es bantú. Desde el siglo XV fue una colonia de los portugueses, quienes practicaban intensamente la trata de esclavos, pero en 1975 se independizó de Lisboa. Pese a contar con petróleo, diamantes y grandes recursos naturales, es una de las naciones más pobres del orbe.

Angola libró la Guerra de la Independencia (la más larga de África, 1961 a 1975) contra la metrópolis. Recién independizada, y en el contexto de Guerra Fría, se enfrascó en su propia Guerra Civil (otra vez la más larga de África, de 1975 a 2002). La primera dejó unos 50.000 cadáveres, la segunda más de 1.500.000 muertos.

Cuarenta años de guerras han causado estragos.  La mayoría de la gente vive de una agricultura de subsistencia, que genera el 85% de empleos. Pese a ello, hay muchos campesinos que se niegan a arar sus tierras pues hay millones de minas antipersona diseminadas por doquier listas para explotar en cuanto alguien las pise.

Angola tiene una de las rentas per cápita más bajas del planeta y la esperanza de vida al nacer más baja de la Tierra: sólo 38 años. El 60% de la población vive en la pobreza. Y eso a pesar de que en los últimos años el país ha crecido mucho económicamente pero la omnipresente corrupción ha hecho que se beneficien pocos.

Pese a que existe un gran número de lenguas locales, el idioma nacional es el portugués. En él escribieron grandes literatos como Agostinho Nieto, Pepetela o Luandino Vieira, entre otros. La mayoría de la población es católica, aunque el protestantismo ha crecido mucho. También las religiones animistas están muy presentes.

Desde 1975 hasta hoy siempre ha gobernado el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), un partido marxista que hasta 1992 mantuvo un régimen unipartidista y desde entonces vence en comicios farsa.  José Eduardo dos Santos -apoyado por Cuba- manda desde 1979 y es el último petrodictador de África.

Tíbet: el santuario mancillado.

Tíbet es una nación que tiene el doble de tamaño que la Península Ibérica, pese a lo cual viven en ella menos de tres millones de personas. Es el centro espiritual del budismo vajrayana, practicado por el 6% de budistas del mundo. De allí es el Dalai Lama, la reencarnación de un gran maestro espiritual de acuerdo a esta religión.

Es una patria montañosa de cumbres nevadas, de nieves perpetuas, de alturas de vértigo que hacen difícil incluso respirar por la escasez de oxígeno. Enormes cordilleras la recorren de punta a punta, como la del Himalaya. En el Tíbet, haciendo frontera con Nepal, está el Everest, el pico más alto del mundo con 8848 metros.

Tíbet es un pueblo acostumbrado a luchar. A lo largo de su historia milenaria ha alternado períodos de independencia con otros de colonización. Ha sido atacado por grandes imperios: mongoles, chinos, británicos y otra vez chinos. Desde 1950 se encuentra ocupado militarmente por Beijing, que la invadió para combatir su religión.

Miles de monasterios y manuscritos fueron quemados. Más de un millón de tibetanos muertos. Hay torturas y asesinatos constantes. China promueve una política de inmigración para colonizar la región: allí ya viven más chinos que lugareños. La lengua, cultura y religión tibetanas son perseguidas y pisoteado el honor.

No obstante, sería un equívoco idealizar al Tíbet independiente previo a la invasión china: se trataba de una teocracia medieval con fuertes desigualdades sociales. Los lamas y los nobles eran terratenientes enormemente ricos, mientras que el pueblo llano era siervo de sus señores en un estilo de vida literalmente feudal.

Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, es el líder espiritual y temporal del país y desde el exilio reivindica una resistencia pacífica contra la ocupación china. Mientras, a falta de petróleo o de grandes recursos económicos, las naciones temen enfrentarse a la poderosa China y optan por abandonar a los tibetanos a su suerte.

Anteriores Entradas antiguas

A %d blogueros les gusta esto: