11 Jul 2010
de J.Ferrer
en Ateísmo
Etiquetas:Actualidad, Alemania, ateísmo, Cristianismo, Cultura, Dinamarca, Dios, Europa, Islandia, Jesús, Jesucristo, laicismo, Occidente, Política, protestantismo, religión, Sociedad, Suecia

«Me aburren los ateos: siempre están hablando de Dios.» Heinrich Böll.
Una de las mayores falacias ateas que existe es la de pensar que el cristianismo es una rémora del pasado, una suerte de atávica superstición unida a la ignorancia mientras que el ateísmo constituye un signo de progreso, de modernidad. A menudo los ateos argumentan en favor de esta idea que las naciones más modernas y desarrolladas del mundo (las del centro y norte de Europa, fundamentalmente) cuentan curiosamente con muchos ateos.
Y no se puede negar que es verdad. Pero el argumento es equivocado… No es que por el hecho de que había un gran porcentaje de ateos en un territorio es que se consiguió una nación próspera. No, no, no… ¡Es justo al revés! Es precisamente porque se logró una nación rica donde la gente vive bien y tiene de todo es que parte de su población, históricamente cristiana, pasó a ser atea. Es la comodidad la que trajo el ateísmo, no al revés.
Sucede a veces que cuando una persona tiene su casa, su coche, su buen sueldo, sus vacaciones, su televisión de plasma y carece de grandes problemas en la vida se vuelve ateo… Porque desde la mentalidad humana lo fácil es pensar : «Si tengo todo lo que necesito… ¿para qué quiero a Dios? Para nada». Cuando hace décadas en Europa se pasaba hambre, todos creíamos en el Señor… pero ahora que somos ricos lo apartamos de nuestras vidas.
Sin embargo, en los países donde abunda la injusticia y el sufrimiento, la gente se ampara más al Señor, no porque sea inculta sino porque sufre. El literato Víctor Hugo escribió: «los ojos no pueden ver bien a Dios, sino a través de las lágrimas». Y la prueba es que cuando un ateo pasa por una situación límite (un cáncer, la prisión, la ruina…) en no pocas ocasiones se siente desesperado y acude al único capaz de ayudarle en ese instante: Dios.
Es un error común pensar que la gente con cultura debe necesariamente ser atea y la gente sin estudios ser creyente. Es absurdo porque existen sobradas muestras de científicos y catedráticos creyentes y de ateos que son analfabetos funcionales que al final del año no han leído ni un solo libro. Y viceversa. No, no son los estudios ni la cultura… Es el dolor… Porque mucha gente sólo se acuerda de nuestro Señor cuando sufre y necesita su ayuda.
El ateísmo nunca en toda la historia ha aportado una pizca de desarrollo a una sociedad. Al contrario: allí donde ha imperado el ateísmo de estado, como en Unión Soviética, Cuba o China, ha reinado la miseria, el hambre y la desolación, así como las persecuciones por motivos ideológicos y las masacres. Porque en el fondo el ateísmo es un movimiento intolerante y fanático; es la otra cara de la moneda de esas siniestras teocracias de la Edad Media.
Por contra, las naciones del centro y norte de Europa -ésas que tan a menudo algunos ponen como ejemplo de progreso ateo- lograron alcanzar su prosperidad de la mano de una sociedad abrumadoramente cristiana protestante. Fueron los protestantes (y no los ateos) los que hicieron rica a Dinamarca, Suecia, Alemania, Islandia… Y una vez se convirtieron en naciones ricas, es que la gente, por exceso de comodidad, pasó de cristiana a atea.
Buscar la prosperidad material de una patria y el bienestar de su gente es algo bueno y deseable y no resulta incompatible con buscar una prosperidad espiritual. Ahora bien, pobre de aquella sociedad que le dé la espalda a su Creador porque si Él no nos importa, menos aún nuestros semejantes. El día en que los seres humanos desechemos definitivamente al Señor estaremos al fin preparados para subir a las ramas de un árbol y quedarnos a vivir allí.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
—————————————————————————–
¿Te gusta el artículo? Puedes leer muchos más como éste en mi libro POR QUÉ DEJÉ DE SER ATEO. ¡Haz clic en la portada!

29 Jun 2010
de J.Ferrer
en Mundo
Etiquetas:Actualidad, Alemania, Austria, empleo, España, Europa, paro, Política, PP, PPSOE, psoe, Rajoy, reforma laboral, sindicatos, Sociedad, trabajo, Zapatero

El presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado una reforma laboral que casi ni lo es. La reforma ha introducido novedades como el abaratamiento de la indemnización por despido de 45 días por año trabajado a 33, la subvención de 8 días del despido por el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), la creación de un fondo de capitalización que servirá para cubrir esos 8 días y que en la práctica será como una hucha virtual del trabajador (el llamado modelo austríaco) o el modelo alemán de trabajo, que permitirá reducir la jornada (y proporcionalmente el sueldo) para evitar despidos. También crecerán las restricciones para la contratación temporal (con la idea de fomentar la indefinida) y crecerá el protagonismo de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) en la búsqueda de un empleo.
No dejo de reconocer que algunos de estos aspectos pueden ser positivos para animar a las empresas a contratar gente. Sin embargo, las medidas me parecen insuficientes. En España existen decenas de contratos distintos que le complican la vida al empresario y al trabajador. Yo soy partidario de un contrato único con una indemnización por despido que sea baja (20 ó 25 días) pero que a la vez sea creciente conforme avance la antigüedad del trabajador en la empresa. Si por mí fuera, cerraría las inmorales ETT y limitaría la contratación temporal -hoy usada masiva y fraudulentamente- para lo que realmente fue concebida en un principio: el empleo estacional. También privatizaría los Servicios Públicos de Empleo (como el INEM o el Servef) habida cuenta de que han demostrado no servir para nada.
Con respecto a la colocación laboral, la prestación por desempleo debería ser decreciente (para así azuzar al trabajador a que se mueva para encontrar empleo, en lugar de quedarse sentado en su casa cobrando la prestación, como muchas veces ocurre). El parado debe comprometerse a buscar trabajo activamente, y llevar todos los días al INEM un justificante firmado por un empresario que certifique que se ha presentado en su negocio buscando empleo. Esto sirve no sólo para encontrar laburo antes sino también para evitar que se pueda estar cobrando el paro y al mismo tiempo trabajando en negro. Además, debería existir algún mecanismo de control que limite el absentismo en el trabajo y las bajas laborales falsas. Los empleados públicos y los funcionarios deben poder ser despedidos si su rendimiento es bajo.
Pero, por encima de todo, una reforma laboral no sirve de nada si no viene acompañada de otras políticas que ayuden a fomentar el empleo. Yo soy partidario del modelo irlandés, a saber; una política de impuestos bajos y de incentivos fiscales para atraer muchas empresas, una fuerte inversión en la educación pública para formar a profesionales altamente cualificados, y fomentar el I + D para así pasar de un modelo tercermundista de mano de obra barata a uno avanzado de alta tecnología y productividad. En resumen: impuestos bajos e incentivos a la contratación para los empresarios y sueldos altos y estabilidad en el empleo para los trabajadores. Toda reforma que no aborde estos puntos se quedará en nada porque somos una sociedad con paro alto y crónico y hace falta una apuesta ambiciosa para poder cambiar el país.
08 Jun 2010
de J.Ferrer
en Mundo
Etiquetas:Actualidad, Dinero, Economía, España, Estado del bienestar, Europa, funcionarios, huelga, Política, PP, PPSOE, psoe, recortes, Sociedad

El presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado un plan de austeridad que conlleva los mayores recortes sociales desde la postguerra. Bajar el sueldo a los funcionarios un 5% de media, eliminar el cheque bebé que fomentaba la maternidad, congelar las pensiones de nuestros mayores, elevar el IVA de 16% a 18% o subir los impuestos son medidas equivocadas, no sólo por injustas sino por ineficientes. Subir los impuestos nunca es una buena solución pues retrae el consumo y ahuyenta los capitales, y minar el poder adquisitivo de la clase media tan sólo postergará nuestra salida de la temida crisis.
Lo más increíble es que, puestos a recortar, hay tantos gastos supérfluos que si se suprimieran no sólo acabaríamos con el déficit sino que tendríamos un superávit que nos saldría por las orejas. Sin ánimo de ser exhaustivo, veamos unos ejemplos de ello:
-De nada sirve recortar el salario un 15% a diputados, senadores, alcaldes y concejales si cada vez que llegan las elecciones éstos pueden subirse el sueldo a placer, en ocasiones hasta un 300%. Debe existir una limitación real en los emolumentos de nuestros políticos.
-En España hay más de 7.000 Ayuntamientos, el 60% de los cuales tiene menos de 1000 habitantes. Alemania, con el doble de población, tiene 3000. Toca fusionar localidades limítrofes y eliminar administraciones innecesarias que sólo nos generan gasto.
-¿Por qué no se suprimen las Diputaciones? No sirven para nada. Son una rémora del pasado, la más inútil, provinciana y absurda administración. Sus competencias se solapan con las de comunidades autónomas y ayuntamientos y sólo disparan los costes.
-¿Y qué hacemos con los más de 30.000 coches oficiales, más que los que tiene todo Estados Unidos, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) es 11 veces mayor que el español? Sólo en la Comunidad de Valencia hay 700 coches oficiales. ¿Para qué tantos si sólo hay 12 consellers?
-¿Y qué de los más de 35.000 asesores de confianza -casi todos familiares, amantes y amigos de políticos- que cobran por no hacer nada? ¿O la infinitud de parques temáticos y radios y televisiones públicas, que nadie pide pero que proliferan como setas?
-¿Y por qué no se recorta las jugosas subvenciones a todo tipo de chupópteros? Sindicatos, organizaciones empresariales, partidos políticos, ONG, confesiones religiosas, SGAE, Eliseu Climent, Pedro Almodóvar, grupos pseudoculturales, asociaciones de gays…
-¿Y qué hacemos con el 20% de absentismo que existe en el funcionariado español (frente al 1% de Alemania)? Se crean inútiles cargos fantasma mientras que faltan profesores, médicos, enfermeras, policías, militares, funcionarios de penitenciaría o jueces.
-Y la Corona. ¿Cómo es posible que el Rey de España cobre más de 12 millones de euros por dar la Copa una vez al año y por leer el discurso de Navidad? La monarquía es un gasto superfluo que convendría suprimir o cuanto menos reducir a su mínima expresión.
Por tanto, no puedo sino estar en contra de esta sucia política de recortes sociales y del expolio brutal que padecemos los currantes para mantener a una cueva de ladrones y me manifiesto a favor de cualquier huelga, concentración o acto en defensa del pueblo.
04 Jun 2010
de J.Ferrer
en Valencia
Etiquetas:Actualidad, catalanismo, Cataluña, Catalunya, CEE, cerveza, Comunidad Económica Europea, Cultura, España, Estados Unidos de Europa, Estat Valencià, Europa, Europa de los pueblos, Heineken, historia, independencia, independentismo, Kohr, Maastrich, Meinecke, nación, nacionalismo, Sociedad, UE, Unión Europea, Valencia, valencianisme, valencianismo, valenciano

El multimillonari empresari holandés Freddy Heineken no només fon el president de l’empresa cervesera més famosa del món-a la qual el seu llinage dona nom-, sino que ademés fon també un declarat europeiste i un apassionat de les cultures. En 1992 publicà un panflet titulat Els Estats Units d’Europa ¿una eurotopia? en la que proponia una Europa federal -els Estats Units d’Europa- composta per dozenes de chicotets estats europeus (la majoria d’entre uns 5 i 10 millons d’habitants), en una història comuna, una cultura pròpia i una homogeneïtat ètnica.
A principi dels 90 hi hagué una forta eclosió de nacionalismes en Europa que va donar pas a una vintena de nous estats després de la desintegració de l’Unió Soviètica, Yugoslàvia i Checoslovàquia. També en 1992 se firmà el Tractat de Maastrich que significava el pas d’un mercat comú exlusivament econòmic com la Comunitat Econòmica Europea (CEE) a un ambiciós proyecte polític com l’actual Unió Europea (UE). Heineken pensà que eixa explosió de noves nacions-estat d’Europa Oriental podia traslladar-se a tot el continent i ajudar al mateix temps a forjar una gran aliança de pobles.
L’idea era que seria més fàcil construir una gran nació europea si es componia d’estats menuts que no perderen el temps competint entre ells per l’hegemonia de la UE com fan els grans. Els actuals estats europeus són massa menuts per als assunts internacionals i massa grans per a la vida del dia a dia. Per tant, calia construir una superpotència europea que a nivell exterior abordara els reptes internacionals i a nivell interior estiguera composta per estats menuts que acostaren l’administració al ciutadà i formaren una unió molt més equilibrada al tindre tots un tamany molt paregut.
Heineken, inspirat potser per pensadors com Leopold Kohr o Friedrich Meinecke, dividí el mapa europeu en 75 estats de chicotetes dimensions. Per supost no era més que una proposta i la reordenació territorial resultava, en alguns casos, prou discutible. Pero la qüestió és que dins d’eixe mapa figurava un Estat Valencià sobirà, independent i diferenciat d’Espanya i de Catalunya. Heineken sabia be que el nostre poble té identitat pròpia. Més allà d’esta eurotopia, l’idea d’una Europa dels pobles en la que els valencians tingam veu i vot continua viva a dia de hui.
28 May 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Actualidad, Adolf Hitler, Alemania, Alemán, Baleares, Europa, Friedrich Nietzsche, Gerd Müller, Grecia, Gunter Grass, Helmut Kohl, historia, Johannes Brahms, Max Planck, Michael Schumacher, nación, nacionalismo, nazis, nazismo, Otto Von Bismarck, Política, Prusia, racismo, Richard Wagner, Sacro Imperio Romano Germánico, Sociedad, Thomas Mann, Unión Europea, Werner Heisenberg, Wilhelm Röntgen

De las cenizas del Sacro Imperio Romano Germánico y a instancias de Prusia, numerosos estados germánicos se unificaron en 1871 para dar nacimiento a una poderosa nación que habría de hacer temblar al mundo: Alemania. Su célere crecimiento hizo creer que se trataba de una raza superior que había de dominar el orbe.
Sin embargo, los alemanes mordieron el polvo en las dos Guerras Mundiales. El nazismo trajo cincuenta millones de muertos y una erra de terror nunca vista. Hoy los germanos viven conmocionados por su monstruoso pasado pero pese a ello, el nacionalismo expansionista alemán no quedó enterrado con el dictador Adolf Hitler.
Aún hoy, Berlín ambiciona conquistar Europa si no ya militarmente sí política y comercialmente usando como plataforma a la Unión Europea (UE). Alemania impone las políticas que a ella le interesan a sus socios de la unión cuenta con un nutrido grupo de países satélite que le apoya y debilita a los estados que le plantan cara.
Alemania es la tercera potencia del mundo y primera de Europa. Su actividad industrial, automovilística, química y financiera son sobresalientes; el país es un exportador nato que inunda al mundo con sus productos pese a los dramáticos costes sociales que supuso anexionarse la depauperada Alemania comunista en 1990.
Es tierra de talentos: Richard Wagner, Johannes Brahms, Thomas Mann, Gunter Grass, Friedrich Nietzsche, Max Planck, Werner Heisenberg, Wilhelm Röntgen, Otto Von Bismarck, Helmut Kohl, Gerd Müller, Michael Schumacher, etcétera. Es una patria unida, fuerte, culta, orgullosa y rica.
Alemania es una gran y gloriosa nación con un pueblo patriota, unos gobernantes audaces y unos genios fecundos. Su musculatura económica es formidable y su fortaleza política colosal. El pueblo germano encarna como nadie el orgullo de ser nación y su viejo sueño de una Alemania imperial aún sigue muy vivo.
22 May 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Alemán, Auguste Piccard, autodeterminación, banca, chocolate, compañías de seguros, Confederación Helvética, Cultura, democracia, democracia directa, Economía, Europa, francés, Hermann Hesse, historia, italiano, Jacques Piccard, Jean-Jacques Rousseau, lengua, Leonhard Euler, Louis Aggasiz, nación, nacionalismo, paraíso fiscal, queso de gruyere, referéndum, reloj de cuco, Roger Federer, romanche, Suiza, suizo, suizo-alemán

La Confederación Helvética es una patria singular. Con cuatro lenguas oficiales (romanche, italiano, francés y suizo-alemán) y pocas cosas en común, los suizos apelan a la «nación-voluntad» como razón de existir; un país formado por la propia voluntad de sus habitantes, o sea, desde abajo, y no un estado impuesto desde arriba.
Los suizos son muy cerrados. El aislamiento geográfico les hace desconfiar de un mundo exterior en permanente conflicto. Su política de neutralidad les ha permitido ser un oasis de paz incluso en medio de Guerras Mundiales y preservar su libertad y soberanía sin necesidad de tener un ejército profesional o de pegar un solo tiro.
Los helvéticos son una nación feliz que disfruta una vida apacible en medio de sus nevados valles. Como paraíso fiscal que es, Suiza presume de una economía extraordinariamente próspera. Cuenta con la banca y las compañías de seguros más poderosas del mundo, un excelente sistema educativo y un altísimo nivel de vida.
Pese a limitarse a un tamaño reducido como el de Extremadura, Suiza es una potencia cultural. Puede presumir de tener más de 20 Nobel y personajes ilustres como Jean-Jacques Rousseau, Leonhard Euler, Louis Aggasiz, Auguste Piccard, Jacques Piccard, Hermann Hesse o Roger Federer, entre muchos otros.
Suiza es una democracia directa. Allí, el pueblo tiene la última palabra y acepta o tumba leyes vía referéndum. Y el gobierno es un consejo de siete representantes de distintos partidos con una presidencia que rota anualmente, lo que impide a un político aferrarse al poder y explica el ínfimo nivel de corrupción en el país.
Para muchos, Suiza sólo responde a esa visión folclórica de quesos de gruyere, chocolate y relojes de cuco. Lo cierto es que es la única democracia auténtica en el globo. Allí es el gobierno el que obedece al pueblo soberano y no al revés como ocurre en el resto de Occidente. Suiza es, posiblemente, el mejor país del mundo.
03 May 2010
de J.Ferrer
en Educación
Etiquetas:Actualidad, ateísmo, ateos, Aulas, crucifijo, cruz, Cultura, democracia, Dictadura, Educación, Europa, hiyab, islam, Libertad, libertad de expresión, libertad religiosa, Multiculturalidad, multiculturalismo, musulmanes, pañuelo, Política, religión, Sociedad, uniforme, Velo

Mucho se está hablando en estos días de la conveniencia o no de que las alumnas musulmanas acudan a clase con el velo islámico. Incluso hay voces que piden regular (entiéndase prohibir) la presencia del famoso hiyab o pañuelo de la mujer árabe en las escuelas de Europa. Ante lo cual yo me pregunto ¿tan terrible es llevar un pañuelo en la cabeza por voluntad propia y de forma libre?
Recuerdo que en la Facultad una compañera de carrera llevaba siempre un pañuelo en la cabeza. Nunca nadie se quejó ni se formó polémica alguna. Hay que aclarar, eso sí, que la chica era alicantina, blanca y atea. Si, en lugar de eso, hubiese sido marroquí, árabe y musulmana, un alud de feminazis hubiese clamado que aquello era un símbolo de sumisión de la mujer y no sé cuantas tonterías más. Pero como era atea, ni una protesta, oigan.
Yo defiendo el hiyab porque defiendo la libertad religiosa. Y aquí lo que hay de trasfondo es la actitud fascista de un puñado de ateos resentidos e intolerantes que pretende borrar del espacio público cualquier distintivo religioso. Porque los que quieren prohibir el velo, quieren prohibir también que los alumnos católicos puedan llevar una cruz colgando del cuello o que los estudiantes evangélicos puedan llevar en el dedo un anillo de pureza.
Actualmente, los adolescentes pueden acudir a clase exhibiendo los calzoncillos y las bragas; pueden acudir con un logo del conejo del Playboy (que es un símbolo pornográfico) o con una camiseta de la marihuana (droga hoy por hoy ilegal) o con la hoz y el martillo (ideología que esconde más de 100 millones de muertos en el siglo XX). Y nadie se queja. Nadie dice nada. Pero si alguien lleva un pañuelo o un crucifijo, entonces los hipócritas montan en cólera.
Mientras no haya uniforme en las aulas, y conste que yo soy defensor del uniforme, cada uno es libre de vestir como prefiera. Pero ¡oh, casualidad! los únicos atuendos que parecen molestar son los que tienen connotaciones religiosas. Y yo siempre defenderé la libertad religiosa… Porque si es suprimida, todas las demás van a ir detrás. Primero prohíben el velo, luego prohíben la cruz y después te prohíben votar. Esta historia ya la he visto antes.
28 Abr 2010
de J.Ferrer
en Valencia
Etiquetas:Actualidad, Almodóvar, Amenábar, Berlanga, Buñuel, Carné, cine, Cultura, España, españolada, Europa, Fellini, Kusturica, película, Sociedad, Valencia, valencianismo, valenciano

Quan em pare a reflexionar i pense en l’época en que m’ha tocat viure, em done conte de lo profundament afortunat que he segut per gojar lo que es podria denominar l’época dorada del cine valencià. Afirmava el prestigiós lliterat català Josep Pla que el seu és un país tan menut que només dona per a un gran escritor, per a un gran pintor, per a un gran escultor. També la nostra nació, el Regne de Valéncia, és un país tan menut que dona només per a un gran cineasta. Perque el director Lluís García Berlanga és el cine valencià i el cine valencià és Lluís García Berlanga.
Diu Berlanga que les seues películes són com una falla. En efecte, el seu cine combina a la perfecció un humor àcit i corrosiu en un toc de surrealisme típicament valencià i un erotisme molt fi… Tant és aixina que s’ha forjat el calificatiu de «berlanguià» per a definir qualsevol episodi de la vida real que es caracterise per ser una situació especialment esperpèntica, patètica i absurda. O siga, un autèntic destarifo, com diriem els valencians. I mosatros estem ben aveats a viure situaciones sense trellat ni forrellat en esta terra a on no mos podem ficar d’acort ni en el nom del nostre país.
El cine de Berlanga constituïx el retrat realiste i fidedigne d’una societat pasmada i surrealista, pero no a través de l’història oficial, eixa que apareix en els llibres de text, sino a través de l’intrahistòria, de les chicotetes anècdotes del dia a dia de personages casolans. Ell, com cap atre, ha sabut fotografiar l’ideosincràsia del nostre poble valencià, en tot el seu esplendor i totes les seues misèries, en els seus encants, truculències i cutrors. El seu estil inconfudible i personalíssim li ha valgut per a erigir-se en un referent de primer orde del cine en Europa i en el món.
Bienvenido Mister Marshall, Calabuch, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, La vaquilla, Moros y cristianos, Todos a la cárcel, París Tombuctú… Potser Berlanga es trobe en l’ocàs de la seua vida, pero mos ha donat un grapat d’obres inmortals que han passat a l’història com alguns dels millors films del segle XX. I lo més sorprenent és que casi no sap usar una càmera. Lluís no entén de qüestions tècniques; al contrari, és un esperit lliure i anàrquic que té el talent per a plasmar una gran història pero que deixa els detalls tècnics per als especialistes i colaboradors més directes.
Berlanga és un dels grans directors del cine europeu de tots els temps i està a l’altura d’autors com Marcel Carné, Federico Fellini o Emir Kusturica. Ell s’encarregà de dignificar a l’Estat Espanyol en una época primer, la del franquisme, que era de forta censura i durant la transició més tart, quan el cine espanyol era tan cutre que la gent renegava d’ell i el qualificava d’espanyolada. García fon hereu de Luis Buñuel i li passà el testimoni a Pedro Almodóvar i Alejandro Amenábar. Deixà el pavelló ben alt a pesar de que, a diferència dels atres, li tocà viure els temps més durs.
No cap dubte de que el cine de Berlanga és clamorosament valencià. En eixe toc de folclor, música i festa, de foc i pòlvora, en eixe sabor regionaliste tan nostre. El seu treball té aires de la Mediterrània i fa gust a paella. Ara be, en una época com la nostra, a on el nostre poble patix un genocidi cultural i la llengua valenciana està sent substituida per la catalana, lamente profundament que el nostre millor cinesta no s’haja volgut mullar mai en el tema de la llengua. Perque un intelectual deu estar compromés no únicament en el seu art sino també en la seua pàtria.
16 Feb 2010
de J.Ferrer
en Mundo
Etiquetas:Actualidad, Ahmadineyad, bomba, democracia, Einstein, Estados Unidos, Europa, guerra, Irán, islam, Israel, Libertad, Obama, Oriente Próximo, paz, Política, Sociedad, terrorismo, Unión Europea

«Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras» (Mateo 24:6).
A finales de los años 30 del pasado siglo XX, el dictador alemán Adolf Hitler se había convertido en una amenaza para la paz y la estabilidad en el mundo. Entonces hubo muchas voces en la Gran Bretaña que advirtieron de que se le debía parar los pies a Hitler antes de que fuese demasiado lejos. Sin embargo, el primer ministro británico Neville Chamberlain apostó por una política de diálogo y apaciguamiento con el dictador, con la esperanza de evitar la Segunda Guerra Mundial. La historia nos dice que sólo sirvió para dar a Hitler el tiempo que necesitaba para terminar de fortalecer la gran maquinaria de guerra de su país.
En estos días hemos sido testigos de cómo el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad ha desafiado al mundo al anunciar a bombo y platillo que Irán está enriqueciendo uranio, es decir, el paso previo a disponer de la bomba atómica. Ahmadineyad niega el holocausto judío, amenaza con borrar a Israel del mapa y está financiado el terrorismo islamista. El peligro de Irán es grave y es muy real. Que un mandatario racista y antisemita, que un genocida en potencia, pueda disponer de armamento atómico dentro de unos años mientras el mundo, por cobardía, decide mirar a otro lado, me provoca un escalofrío que me recorre el cuerpo.
Hay quien dice que no importa que Irán tenga armas nucleares porque Israel también las tiene. Sólo un inconsciente o un loco puede atreverse a hacer una comparación tan temeraria. Para empezar, Israel necesita armamento nuclear para poder garantizar su supervivencia como nación (mientras que nadie cuestiona el derecho a existir de Irán). Pero lo más importante: Israel es una democracia donde su primer ministro tiene unos poderes limitados (hay una oposición, una opinión pública, una prensa libre, etc.), lo cual garantiza que Israel jamás usará la bomba salvo que sea en un caso de extrema necesidad, de vida o muerte.
Pero Irán es distinto. Es una teocracia donde el ayatolá de turno puede tener un sueño hoy por la noche y ponerlo en práctica mañana mismo sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Todos sabemos que Israel no va a usar la bomba atómica porque si no lo ha hecho en medio siglo de guerras contra los árabes no tiene mucho sentido pensar que lo vaya a hacer en los próximos años. Pero ¿podemos decir lo mismo de Irán? Sabemos que colabora con el terrorismo internacional… ¿Qué pasaría si una cabeza nuclear cae en las manos de un comando terrorista? Nunca más podremos volver a dormir tranquilos ni en Tel Aviv ni en ningún sitio.
Sé bien que una guerra es siempre el último recurso, que es una salvajada, el fracaso de la civilización humana y que por desgracia en todas las guerras son civiles inocentes los que más sufren. Pero también sé que hay situaciones límite en la vida en las que para defender la democracia y la libertad no queda más remedio que tomar las armas. El físico Albert Einstein lo sabía muy bien. Aunque declarado pacifista, era también realista… por eso le pidió al presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt, obtener la bomba atómica antes que Alemania. Los nazis también la habrían logrado de haber tenido dos años más de tiempo.
Todos sabemos cómo acabará esto. Ni la presión diplomática ha logrado nada ni tampoco lo harán las sanciones económicas. Ojalá me equivoque. Le pido al Señor que así sea y que se evite la nefanda calamidad que siempre es una guerra. Pero si no es así, Occidente debe tomar cartas en el asunto. Y si eso implica la guerra, adelante. Lo cierto es que el tiempo va pasando y cada vez los persas están más cerca de disponer de un armamento nuclear letal. Entonces será demasiado tarde. Por eso, le pido al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que encabece una gran coalición militar contra ese nido de terroristas que es Irán.
Le recuerdo también al entonces senador de Illinois, Barack Obama, su promesa de 2007 ante el Comité Americano de Asuntos Públicos de Israel de «hacer todo lo que esté en su poder para evitar que Irán disponga de armas nucleares», así como que Israel es el pueblo escogido por Dios. También que si en gran medida los Estados Unidos de América son una nación bendecida es por su gran apoyo al pueblo israelí. Recordemos la promesa bíblica que Jehová hizo a Abram y sus descendientes: «Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). Amén.
Gracias al Mossad se han evitado muchos atentados terroristas en el Reino de Valencia, en España y en Europa. En Occidente no necesitamos pseudoprogres llenos de mugre y piojos con sus bunfandas palestinas y su antisemitismo (si por los palestinos fuera, resucitaban Al-Andalus). Lo que necesitamos es forjar una gran unión con Israel, que es un aliado leal y firme y si necesita contar con nuestro apoyo político, diplomático y militar, debe tenerlo. No vamos a consentir un segundo Holocausto. Sería una infamia abandonar a su suerte a Israel a manos de un puñado de teocracias dirigidas por místicos, locos y asesinos sedientos de sangre.
15 Feb 2010
de J.Ferrer
en Valencia
Etiquetas:Actualidad, América, Copa América, deporte, Estados Unidos, Europa, Política, Sociedad, Suiza, Valencia, valencianismo, vela

Per fi ha finalisat la 33ra Copa Amèrica de Vela, disputada estos dies en aigües valencianes. S’ha tractat d’una edició atípica ab només dos participants, agres batalles judicials, la decisió de la sèu del torneig a última hora i una dràstica reducció del pressupost en estos temps de crisis (de 240 millons d’euros de l’edició anterior, Valéncia 2007, a només 8 en esta ocasió). Ara be, l’acció ha segut trepidant i l’aspirant, el nortamericà BMW Oracle ha destronat al campeó, el suís Alinghi, en lo que la Gerra de les Cent Guinees tornarà a Estats Units 15 anys després. Per a l’història queda ya que les dos úniques Copes Amèrica disputades en Europa han segut en el Regne de Valéncia (en els anys 2007 i 2010).
D’una banda em pareix importantíssim que se celebren este tipo de grans acontenyiments en el nostre país. Pense sincerament que tindre la sèu d’un Mundial de Pilota Valenciana, de Fòrmula 1 o de motociclisme, de la Copa del Món de Vela o la Copa Amèrica de Vela comporta un honor i un prestigi per a la nostra nació. No només això: també comporta una inversió multimillonaria, la creació de molts puestos de treball, l’atracció de turistes i l’increment de l’activitat hotelera i hostelera en la zona. Pero sobretot, i lo més important: dona una enorme publicitat internacional al nostre país (a través dels més de 900 periodistes acreditats en la competició), és dir, mos situa als valencians «en el mapa».
Pero d’una atra banda em dol que hi hagen diners públics per a tals activitats mentres que molts hospitals i ambulatoris estan saturats de pacients, numerosos escolars estudien en barracons i el transport públic es deteriora. Sempre ha hagut unes prioritats nacionals i no cal descuidar-les. Una atra senya molt reveladora del país en el que vivim: en estos dies l’Agència Espacial Europea ha anunciat l’instalació d’un laboratori en l’Universitat Politècnica de Valéncia que generarà 800 puestos de treball d’alta qüalificació i la captació de 20 empreses d’alta tecnologia. Pero, desgraciadament, si lligges la prensa una volta més la ciència és eclipsada pel deport. Qüestió de prioritats nacionals, suponc.
Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes
Comentarios recientes