¿Sabías que Xixona es la cuna del turrón ibérico?

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Los árabes trajeron el dulce del turrón a tierras valencianas hace cientos de años. Al parecer, esta afición caló de forma honda en Xixona (en la comarca de L’Alacantí), donde se produce este postre desde el siglo XVI. Xixona es mundialmente famosa por el Turrón de Xixona (el blando) y el Turrón de Alicante (el duro). Aunque cuenta con apenas 8000 habitantes, Xixona fabrica el 90% del turrón que se consume en España, lo que lo convierte en el mayor productor de toda la Península Ibérica. Este municipio valenciano también hace mazapanes, polvorones, chocolate y helados, entre otros dulces.

Xixona disfruta de una situación de cuasimonopolio. Allí están radicadas 23 firmas, entre las que destacan Sanchís Mira (Antiu Xixona y La Fama), Almendra y Miel (El Lobo y 1880), Enrique Garrigós Monerris (El Abuelo), Mira y Llorens (El Artesano) o Turrones Picó, entre otros. Todas las empresas turroneras de Xixona producen conjuntamente más de 15 millones de kilos anuales de turrón y generan, en su conjunto, 2000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos (datos de 2015). Menos El Almendro, De la Viuda, Lacasa y Suchard, todas las grandes turroneras están en Xixona.

Pero ojo, que no todo es dulce en el mundo del turrón. Este delicioso postre se vende exclusivamente en Navidad, por lo que el resto del año la gente del pueblo trabaja en los helados (destaca, entre otras empresas, La Jijonenca). Así, Xixona produce turrones en invierno y helados en verano; dos productos de estacionalidad muy alta. Para resolver este problema, en los últimos años las fábricas han impulsado las exportaciones al extranjero y reorientado su negocio al chocolate, que se vende todo el año. Destaca Antiu Xixona, que también produce los chocolates Hacendado de Mercadona.

Pero volviendo al tema, nadie puede negar que Xixona es, por méritos propios, la cuna del turrón ibérico. No sólo por la cantidad que produce, sino por la calidad -de hecho, el Turrón de Xixona y el Turrón de Alicante son dos variedades protegidas con Denominación de Origen (D.O.)-. La devoción por este dulce en el pueblo ha hecho que Xixona tenga un Museo del Turrón -el único de la Península dedicado en exclusiva a esta producto- o que en 2016 produjera el turrón blando más grande del mundo -340 kilos y 55 metros- por el 75 aniversario de El Corte Inglés y el diario Información.

 

Fuentes consultadas:

Barciela, Fernando. Jijona quiere ir más allá del turrón. El País. 15-11-2013.

Bolland, Enrique. La cuna del turrón lidera la producción de chocolate. El País. 7-12-2015.

-Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante.

Hernández, J. Turrón a toda pastilla. Información. 27-11-2016.

-Redacción.  Jijona, Ibi y el Valle del Vinalopó: el triángulo de la Navidad. El Blog de Fruta de la Sarga.

Suiza: la única verdadera democracia en todo el mundo.

La Confederación Helvética es una patria singular. Con cuatro lenguas oficiales (romanche, italiano, francés y suizo-alemán) y pocas cosas en común, los suizos apelan a la “nación-voluntad” como razón de existir; un país formado por la propia voluntad de sus habitantes, o sea, desde abajo, y no un estado impuesto desde arriba.

Los suizos son muy cerrados. El aislamiento geográfico les hace desconfiar de un mundo exterior en permanente conflicto. Su política de neutralidad les ha permitido ser un oasis de paz incluso en medio de Guerras Mundiales y preservar su libertad y soberanía sin necesidad de tener un ejército o de pegar un solo tiro.

Los helvéticos son una nación feliz que disfruta una vida apacible en medio de sus nevados valles. Como paraíso fiscal que es, Suiza presume de una economía extraordinariamente próspera. Cuenta con la banca y las compañías de seguros más poderosas del mundo, un excelente sistema educativo y un altísimo nivel de vida.

Pese a limitarse a un tamaño reducido como el de Extremadura, Suiza es una potencia cultural. Puede presumir de tener más de 20 Nobel y personajes ilustres como Jean-Jacques Rousseau, Leonhard Euler, Louis Aggasiz, Auguste Piccard, Jacques Piccard, Hermann Hesse o Roger Federer, entre muchos otros.

Suiza es una democracia directa. Allí, el pueblo tiene la última palabra y acepta o tumba leyes vía referéndum. Y el gobierno es un consejo de siete representantes de distintos partidos con una presidencia que rota anualmente, lo que impide a un político aferrarse al poder y explica el ínfimo nivel de corrupción en el país.

Para muchos, Suiza sólo responde a esa visión folclórica de quesos de gruyere, chocolate y relojes de cuco. Lo cierto es que es la única democracia auténtica en el globo. Allí es el gobierno el que obedece al pueblo soberano y no al revés como ocurre en el resto de Occidente. Suiza es, posiblemente, el mejor país del mundo.

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