Els morts de Síria.

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La Guerra Civil de Síria esclatà en 2011, fa cinc anys ya. Tractarem d’explicar les raons per les quals este país àrap ha acabat en ruïnes. Lo primer que cal tindre en conte que este conflicte és el penúltim episodi de la guerra interminable entre sunites i chiites que començà en el segle VII i que encara continua a dia de hui. Aràbia Saudita (breçol del sunisme) i Iran (santuari del chiisme) estan fent un pols per controlar Síria, un país de majoria sunita pero governat per un dictador prochiita.

Ara anem a la part econòmica. Els motius de l’actual guerra arranquen en 2009, quan Qatar oferí construir un gasoducte per valor de 10.000 millons de dólars que travessara Aràbia Saudita, Jordània, Síria i Turquia. El dictador siri Bashar Al-Asad contestà que no, i només un any en acabant començà a negociar en Iran un atre gasoducte alternatiu que  passaria per Iraq, Síria i Líban. A partir d’ahí, les petromonarquies sunites decidiren armar a l’oposició síria i crear el grup terroriste ISIS.

¿I per qué hi ha tantes potències implicades en el conflicte? L’Unió Europea necessita un proveïdor de gas fiable diferent de Rússia. Rússia acceptaria que eixe gasoducte fora l’iraní, perque tant Iran com Síria son aliats de Moscú, qui tutelaria el proyecte. Estats Units i Regne Unit s’emportarien una bona part del pastiç si ix avant el gasoducte qatarí. Israel i Turquia volen el derrocament d’Al-Asad perque tenen mala relació en ell. Iran i Líban són els grans aliats del règim siri.

Com es pot vore, és un problema molt complex a on hi ha molts interessos i ningú és inocent. Tampoc els siris, que recordem que en el seu dia li armaren una guerra civil a Líban des de fòra. La Guerra Civil Libanesa durà quinze anys (1975-1990) i va acabar en la derrota dels cristians (els quals havien fet del Líban la Suïssa mediterrània), i en l’ascens al poder de l’organisació terrorista islamista Hezbolà, tutelada per Damasc. Com un bumerang, la maldat de Síria s’ha tornat contra ella.

Veig en internet un vídeo de lo de Síria. Un helicòpter llança dos proyectils. Són menuts i tarden en caure pero quan arriben a terra causen una gran fumaguera. Un grapat d’hòmens entren en les ruïnes de l’edifici derrocat i comencen a excavar en les mans nues. Estan molt nerviosos i bramen sense parar. Despuix de sis minuts d’excavar frenèticament en les mans nues, trauen a una chiqueta. Està plena de pols pero viu. Hi ha goig general. La chiqueta té la mateixa edat que ma filla.

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Balochistán: un pueblo en pie de guerra.

Enclavada en el sur de Asia hay una nación olvidada que guerrea por ser libre: Balochistán. Se trata de un pueblo en lucha de unos doce millones de almas disperso entre Pakistán (8 millones), Irán (3 millones) y Afganistán (200.000) y que sueña con romper las cadenas de la opresión y poder conformar un estado propio.

El nacionalismo baloch, de inspiración marxista, sostiene que los musulmanes no son una nación (el criterio opuesto a la fundación de Pakistán) y que la identidad étnico-lingüística es más importante que la religiosa. Es un pueblo muy antiguo, de clanes y tribus, de pastores nómadas que habitan las montañas desde hace siglos.

El conflicto no viene solamente por diferencias lingüísticas y culturales sino también económicas. Pakistán margina a propósito a Balochistán, que recibe una porción ínfima de las riquezas del país, para mantenerla en el subdesarrollo. Además, Islamabad efectúa ensayos con armas nucleares en el norte de la provincia.

Hasta la fecha ha habido cinco sangrientas guerras de guerrillas contra Pakistán para crear un estado independiente  (en 1948, 1958-59, 1963-1969, 1973-1977 y desde 2004 hasta hoy) y una contra Irán (2003 a 2009).  El baloch es un pueblo sin amigos, al que sólo India ayuda para debilitar desde dentro a su eterno gran rival.

Un Balochistán independiente tendría el tamaño de la Península Ibérica aunque estaría escasamente poblado por lo árido, escarpado y montañoso de la región así como por la escasez de agua. Pero dispondría de un valor geoestratégico enorme (acceso al mar y frontera directa con las repúblicas de Pakistán, Afganistán e Irán).

A los baloch les ha sido negada una patria, su lengua y cultura son perseguidas, miles de ellos han sido masacrados y otros tantos se han exiliado, sufren una represión bárbara, son oprimidos a diario… El genocidio prosigue y mientras, el mundo mira a otro lado. Es sólo otro conflicto olvidado. Es sólo otro pueblo sin amigos.

Baréin: el vigilante de Ormuz.

Baréin es el país más pequeño del Golfo Pérsico, con alrededor de un millón de habitantes, pero su importancia estratégica excede con creces su tamaño. Su privilegiada posición geográfica no ha pasado desapercibida para las grandes potencias. Ayer los británicos y hoy los americanos mantienen allí un gran flota naval.

Sus reservas petrolíferas son limitadas pero desde allí se puede vigilar el estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, por donde pasa el 33% del petróleo del planeta. Baréin es aliado de Washington desde la Guerra del Golfo de 1991. El reino hace de portaaviones yanqui en la región y a cambio Estados Unidos garantiza su defensa.

Baréin es un país diminuto (678 km2) y ha optado por aliarse con Occidente para preservar su existencia nacional. No pocos árabes lo consideran un traidor vendido al Satán occidental, pero lo cierto es que sin el respaldo militar americano el minúsculo reino quedaría a merced de los sueños expansionistas de Teherán y Riad.

El 70% de la población es chiíta y vive sometida a una monarquía sunita. Los chiítas están discriminados, sin acceso a la riqueza en un país petrolero. No pueden acceder a cargos públicos e incluso muchos efectivos de la policía son suníes traídos de Pakistán y Siria, a los que se les otorga la ciudadanía sin casi trámites.

A este apartheid se suma la falta de libertades en una nación medieval gobernada con puño de hierro por una monarquía absolutista. Tiene apenas 700.000 habitantes de los cuales el 40% son inmigrantes. Como en todos los países del Golfo, todavía se practica el esclavismo en condiciones dignas de un régimen feudal.

A Baréin le gusta ir por libre. En 1971 se separó de la Federación de los Emiratos Árabes del Golfo Pérsico y del Reino Unido. No aceptan la tutela de Irán ni de Arabia Saudita. Prefieren un estado propio a ser una simple región de un país más grande, ser cabeza de ratón antes que cola de león. Baréin es el vigilante de Ormuz.

Irak: el país de las guerras.


Entre los ríos Tigris y Eufrates existe una tierra milenaria, cuna de la civilización y de la agricultura, centro de naciones históricas como Acadia, Asiria, Babilonia o el Califato Abasí. En ella se halla el actual Estado de Irak, que poco o nada tiene que ver con ellas, y que está dividido en tres naciones enfrentadas: suníes, chiíes y kurdos.

En el siglo XX Irak se emancipó de dos poderosísimos imperios coloniales: el otomano y el británico. Desde su independencia, Irak se ha caracterizado por ser el país de las guerras. De 1961 a 1970 los separatistas kurdos estuvieron en lucha contra el estado y en 1967 Irak fue aplastado por Israel en la Guerra de los Seis Días.

En los años 80 Irak era un estado relativamente potente donde la gente vivía con cierta comodidad. Pero el dictador Sadam Hussein comenzó una serie de conflictos que cada vez hicieron más pobre y débil al país. Irak atacó Irán para anexionárselo, la guerra duró ocho años (de 1980 a 1988) y finalmente acabó en tablas.

En 1990 Sadam invadió y se anexionó Kuwait, pero en 1991 una coalición militar de una treintena de naciones encabezada por Estados Unidos aplastó al país durante la célebre Guerra del Golfo Pérsico. Dicha conflagración tuvo una segunda entrega en el año 1998, cuando Estados Unidos bombardeó de nuevo Irak.

En 2003 llegó la Guerra de Irak (que dura aún hoy). Con los falsos argumentos de que Bagdad poseía armas de destrucción masiva y colaboraba con terroristas, una coalición internacional  bajo liderazgo angloamericano decidió ejecutar a Sadam y ocupar la asolada patria con la excusa de llevar la democracia a la región.

El resultado no ha podido ser más catastrófico: una pseudodemocracia que no convence a nadie, el petróleo y el gas controlados por potencias extranjeras, una salvaje espiral de atentados terroristas, guerra de guerrillas de la resistencia contra los ocupantes aliados y hasta peligro de balcanización. Es la anarquía total.

Líbano: de la Suiza mediterránea al infierno islámico.

Hablar de Líbano es hablar de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. En la Biblia encontramos textos que ensalzan la soberbia calidad de su madera. Y es que los cedros del Líbano son mundialmente famosos, hasta el punto de ser el emblema nacional  que figura en la bandera de la milenaria nación.

Líbano es un añejo crisol de culturas y a la vez un ejemplo vivo del fracaso de la multiculturalidad. Actualmente, el 54% de libaneses son musulmanes y el 40% cristianos, principalmente maronitas. Los primeros son prosirios y los segundos buscan el apoyo de Israel. El choque de civilizaciones ha devastado el diminuto país.

Las Falanges Libanesas de Pierre Gemayel se opusieron al colonialismo francés y Líbano se independizó en 1943. Hasta los años 70, fue el centro financiero más importante de la región. En aquella época gobernaban los cristianos y la patria era conocida como la “Suiza mediterránea” o el “París de Oriente Próximo”, entre otros.

Pero entonces llegó la guerra civil libanesa (1975-1990) que enfrentó a las dos comunidades religiosas y que acabó con la victoria final de las huestes de la media luna. Actualmente, la república se encuentra hecha pedazos, gobernada por la organización terrorista islamista Hezbolá y bajo la permanente tutela de la vecina Siria.

Como todos los estados pequeños, Líbano ha sufrido el colonialismo. De Turquía y Francia ayer, y de Siria, Irán e Israel hoy. Los magnicidios de Kamal Jumblat (1977), Bashir  Gemayel (1982), Rafik Hariri (2005), Pierre Amine Gemayel (2006) y la guerra contra Israel (2006) han fracturado un estado ya frágil.

Líbano es, en definitiva, un estado fallido, un país sujeto con alfileres, un barril de pólvora siempre a punto de explotar, un pueblo dividido por fanáticos religiosos de ambos bandos que predican el odio que hace imposible la convivencia. Y es la prueba de que cuando el islam llega al poder, acaba con la prosperidad y la libertad.

Siria: el sueño nostálgico del panarabismo.

La República de Siria es la nación heredera del histórico Reino de Damasco. Damasco es una de las ciudades más antiguas del mundo. Allí vivió el patriarca Abraham y allí se dirigía Saulo cuando el Mesías se le apareció. En torno a esta ciudad milenaria orbita la actual Siria, un actor clave en el mapa de Oriente Próximo.

El sirio es un estado inestable y convulso, donde falta un proyecto nacional que cohesione el país. Ha tenido monarquía, república y dictadura y con los tres modelos ha funcionado mal. Ha padecido infinitud de gobiernos volátiles y golpes de estado, también guerras con Israel así como el colonialismo de Turquía y Francia.

Los sirios se sienten más árabes que sirios y sueñan con el panarabismo. De hecho, Siria se fusionó con Egipto y ambos crearon la República Árabe Unida, que duró de 1958 a 1961 (y cuya bandera aún conserva como propia Siria). Con posterioridad, se planteó fusionarse con Egipto e Irak pero nuevamente el intento fracasó.

En los últimos decenios ha proliferado, no obstante, un creciente nacionalismo expansionista que habla de la Gran Siria, que incluiría la anexión de Líbano. Los sirios apoyaron al bando musulmán que finalmente venció la Guerra Civil Libanesa (1975-1990) y que transformó la “Suiza mediterránea” en un satélite sirio.

Desde 1963 el Partido Baas ha gobernado el país bajo la declaración del estado de emergencia y desde 1973 el presidente de Siria ha pertenecido a la familia Assad, que controla la nación como si de su cortijo privado se tratase. Es una feroz autocracia islamosocialista donde la represión y la falta de libertades son la norma.

Siria es una dictadura de opereta, un país medieval cuya economía se basa en la agricultura y en una modesta extracción petrolera y gasística. A su vez, es un foco de tensión porque financia el terrorismo, interviene en asuntos libaneses y forma junto con Irán y Líbano un triunvirato que sueña con un Oriente Próximo sin Israel.

Irán: el desafío nuclear.

Hablar de Irán es hablar de Persia, una civilización verdaderamente milenaria. Persia llegó a su máximo esplendor imperial en el siglo V A. C. con el rey Darío I. Siempre ha sido una nación poderosa que ha disputado la supremacía de la región con las potencias vecinas a lo largo de una dilatada historia de incontables siglos.

Ya en tiempos modernos, Irán sufrió el colonialismo soviético y británico. El último Sha persa fue un títere de Occidente, pero el pueblo forzó su marcha en 1979. Justo entonces llegó el ayatolá Rudollah Jomeini, que estableció la actual tiránica teocracia islamista, caracterizada por la sharia, la falta de libertad y el terror.

Hoy Irán es una potencia regional de setenta millones de almas con tremendos recursos petroleros y gasísticos. Los iraníes son una nación bastante cohesionada (pese a las  minorías kurda y suní), con un ejército fuerte (que frenó al Irak de Sadam Hussein en la guerra de 1980-1988). Mayoritariamente, se profesa la fe chiita.

Los iraníes son una población culta y preparada pero que vive en la pobreza. La cultura persa es muy rica en sus diferentes manifestaciones como en poesía, arquitectura o cine. Los iraníes tienen un acusado sentimiento de identidad y se ofenden cuando los occidentales piensan, por ignorancia, que hablan árabe y no persa.

El integrismo islamista de Irán es un espejo en el que se miran millones de musulmanes en todo el mundo, en especial los de Siria y Líbano. El actual presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, financia organizaciones terroristas, niega el holocausto judío, desea borrar a Israel del mapa y echar a los judíos al mar.

Y para ello pretende dotarse de bombas atómicas, pese a la prohibición expresa de la Comunidad Internacional, lo que podría ocasionar una nueva guerra en el futuro. El desafío nuclear de Ahmadineyad posiblemente sea la amenaza más grave para la paz y estabilidad mundial desde el ascenso del nazismo en los años 30.

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