¿Sabías que Heineken propuso un Estado Valenciano en 1992?

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El multimillonario empresario holandés Freddy Heineken (Ámsterdam 1923-Noordwijk 2002) no sólo fue el presidente de la cervecera más famosa del mundo, sino que además fue también un declarado europeísta y un apasionado de las culturas. En 1992 publicó un panfleto titulado Los Estados Unidos de Europa ¿una eurotopía? en la que proponía una Europa federal -los Estados Unidos de Europa- que estaría compuesta por docenas de pequeños estados europeos (la mayoría de entre cinco y diez millones de habitantes), con una historia común, una identidad y cultura propias y una marcada homogeneidad étnica.

A principios de los 90 la Unión Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia se desintegraron en una veintena de países. Al mismo tiempo, en 1992 nacía la Unión Europea (UE) con la firma del Tratado de Maastrich. Heineken soñaba con una gran Europa compuesta por estados pequeños que no perdieran el tiempo compitiendo entre ellos por la hegemonía de la UE como hacen los grandes y que acercaran la administración al ciudadano. Se buscaba una superpotencia europea que a nivel exterior abordara los retos internacionales y a nivel interior estuviera compuesta por una unión mucho más equilibrada al tener todos un tamaño similar.

Heineken, inspirado tal vez por pensadores como Leopold Kohr  o Friedrich Meinecke, dividió el mapa europeo en 75 estados de pequeñas dimensiones. Por supuesto no era más que una propuesta y la reordenación territorial resultaba, en algunos casos, bastante discutible. Pero la cuestión es que dentro de ese mapa figuraba un Estado Valenciano soberano, independiente y diferenciado de España y de Cataluña. Heineken sabía bien que nuestro pueblo tiene una lengua, cultura, historia e identidad propias. Más allá de esta eurotopía, la idea de una Europa de los pueblos en la que los valencianos tengamos voz y voto continúa viva a día de hoy.

Unión Europea: la torre de Babel.

A partir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el Viejo Continente hizo un esfuerzo para que alemanes y franceses nunca más fueran a la guerra. Nacía en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), con seis miembros fundadores: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Alemania e Italia.

Con los años el número de miembros creció y la CECA pasó a ser Comunidad Económica Europea (CEE) (1957) y después Unión Europea (UE) (1992). Hoy es un gran mercado con cuatro libertades de circulación: personas, bienes, servicios y capitales. Su talón de aquiles es la carencia de una política exterior y defensa común.

Hoy, con 27 estados miembros, 500 millones de habitantes y unas instituciones sólidas, la UE es una alianza fuerte y próspera, una comunidad de valores basada en la paz, libertad, democracia, el imperio de la ley, la tolerancia y la solidaridad. Es el espacio económico más grande del planeta y un gran crisol de lenguas y culturas.

Eso en teoría, porque para los euroescépticos la UE es una dictadura disfrazada donde la ciudadanía no cuenta, una suerte  de Cuarto Reich en el que Alemania quiere dominar a todos, una pesada y carísima maquinaria burocrática que nos ha traído una moneda única, la del euro, con la que vivimos mucho peor que antes.

Los europeístas, en cambio, ven con buenos ojos que los estados miembros cedan cada vez más soberanía a la Unión. Persiguen el sueño romántico de crear en el futuro una gran Confederación, una suerte de Estados Unidos de Europa que pueda competir con los de América y con China. Es el naciente nacionalismo europeo.

Sea como fuere, unos y otros coinciden en que la Unión es un reino de taifas. La UE tiene vocación de imperio pero recuerda más a un gigante con pies de barro. Parece una nueva torre de Babel donde sus constructores no se entienden. Y no sólo por el idioma sino sobre todo porque en el fondo no tienen demasiado en común.

Heineken i l’Estat Valencià de 1992.

El multimillonari empresari holandés Freddy Heineken no només fon el president de l’empresa cervesera més famosa del món-a la qual el seu llinage dona nom-, sino que ademés fon també un declarat europeiste i un apassionat de les cultures. En 1992 publicà un panflet titulat Els Estats Units d’Europa ¿una eurotopia? en la que proponia una Europa federal -els Estats Units d’Europa- composta per dozenes de chicotets estats europeus (la majoria d’entre uns 5 i 10 millons d’habitants), en una història comuna, una cultura pròpia i una homogeneïtat ètnica.

A principi dels 90 hi hagué una forta eclosió de nacionalismes en Europa que va donar pas a una vintena de nous estats després de la desintegració de l’Unió Soviètica, Yugoslàvia i Checoslovàquia. També en 1992 se firmà el Tractat de Maastrich que significava el pas d’un mercat comú  exlusivament econòmic com la Comunitat Econòmica Europea (CEE) a un ambiciós proyecte polític com l’actual Unió Europea (UE). Heineken pensà que eixa explosió de noves nacions-estat d’Europa Oriental podia traslladar-se a tot el continent i ajudar al mateix temps a forjar una gran aliança de pobles.

L’idea era que seria més fàcil construir una gran nació europea si es componia d’estats menuts que no perderen el temps competint entre ells per l’hegemonia de la UE com fan els grans. Els actuals estats europeus són massa menuts per als assunts internacionals i massa grans per a la vida del dia a dia. Per tant, calia construir una superpotència europea que a nivell exterior abordara els reptes internacionals i a nivell interior estiguera composta per estats menuts que acostaren l’administració al ciutadà i formaren una unió molt més equilibrada al tindre tots un tamany molt paregut.

Heineken, inspirat potser per pensadors com Leopold Kohr o Friedrich Meinecke, dividí el mapa europeu en 75 estats de chicotetes dimensions. Per supost no era més que una proposta i la reordenació territorial resultava, en alguns casos, prou discutible. Pero la qüestió és que dins d’eixe mapa figurava un Estat Valencià sobirà, independent i diferenciat d’Espanya i de Catalunya. Heineken sabia be que el nostre poble té identitat pròpia. Més allà d’esta eurotopia, l’idea d’una Europa dels pobles en la que els valencians tingam veu i vot continua viva a dia de  hui.

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