¿Sabías que un músico valenciano tiene tres récords Guinness por su trabajo?

JOAN GARCES QUERALT

El músico valenciano Joan Garcés Queralt (Benifairó de les Valls, 1914-Faura, 2014) obtuvo en 2006 el récord Guinness por la carrera laboral más larga (67 años de trabajo en ese momento), en este caso, como director de bandas civiles. En 2011 recibió un segundo récord Guinness al ser el director de música más longevo del mundo (97 años de edad). En 2012 batió su propio récord, con una carrera laboral de 73 años en activo. El músico comenzó su labor como director en 1939 y continuó su actividad hasta su fallecimiento en 2014. Fue director, entre otras, de la Unió Musical de Llíria, la banda de la Lira Saguntina, la Banda Municipal de Castelló y la Banda Municipal de Valencia.

Una reforma laboral positiva y necesaria.

El Gobierno de España, con el presidente Mariano Rajoy a la cabeza, ha aprobado estos días por vía decreto una reforma laboral muy ambiciosa. La nueva ley abarata el despido de los trabajadores. Pasamos de 45 días por año trabajado con un máximo de 42 mensualidades a 33 días por año con un máximo de 24 mensualidades en el caso de despido improcedente. En el despido procedente (que podrá darse si la empresa tiene tres trimestres seguidos de merma de ingresos) el empleado percibirá 20 días por año trabajado con 12 mensualides de máximo.

Mucha gente ha puesto el grito en el cielo y se lamenta del abaratamiento del despido. Yo, sin embargo, considero que se trata de una reforma audaz que puede tener efectos positivos a medio y largo plazo. El problema no es tanto que una persona que tiene trabajo lo pierda sino la práctica imposibilidad que hay en estos momentos de encontrar otro. Tenemos 5.300.000 parados, con una tasa de desempleo total del 23% de la población activa y 45% de la juventud. Y creciendo. Hay que tomar medidas, por dolorosas que éstas sean, para atajar este sunami de paro.

Mi opinión es que a corto plazo la reforma va a ser muy negativa, en el sentido de que va a provocar más despidos y disparar todavía más el paro. Pero a medio y largo plazo encuentro que puede resultar beneficiosa. Pienso que la nueva ley tiene dos aspectos muy positivos: que en tiempo de crisis ayuda a que una empresa no desaparezca y que en tiempo de bonanza incentiva la contratación. Además, los trabajadores tendrán derecho a 20 horas anuales de formación a cargo de la empresa, lo cual les ayudará mucho a reciclarse y adaptarse a nuevos retos.

Veamos el primer aspecto. ¿Qué es mejor? ¿Que una empresa de 50 empleados ahogada por las deudas despida a 43 y se quede con una plantilla mínima? ¿O que por no poder pagar los elevados costes del despido, al empresario no le quede más remedio que cerrar su negocio? En el primer caso, la empresa sigue existiendo y eso le permitirá volver a contratar en el futuro (pasar de 7 empleados a 15, 20 ó 50) cuando la economía remonte el vuelo. En el segundo (lo que pasaba hasta ahora) la empresa nunca más volverá a contratar a nadie  porque deja de existir.

El auténtico problema no es tanto el aumento del paro como la destrucción de empresas. Esto segundo es mucho más grave porque dificulta la recuperación. Y ahí entra el segundo aspecto positivo de la ley: si antes, en tiempo de bonanza, un empresario no se atrevía a contratar indefinidamente por lo oneroso del despido, ahora es más probable que lo haga. Habrá quien diga que de qué sirve tener un contrato indefinido si te pueden echar por cuatro duros en cualquier momento. Precisamente por eso mismo es más sencillo que te vuelvan a contratar en otra parte.

Este es el modelo de Estados Unidos y de muchos países desarrollados, donde gracias (en parte) al despido barato es fácil encontrar empleo y las tasas de paro son bajas. Se ha desatado una gran polémica porque la reforma permite despedir por absentismo laboral (así sea justificado, como una enfermedad). Yo no creo que un trabajador disciplinado y de alto rendimiento deba temer. Si su jefe lo despide por estar enfermo es imbécil. Otra cosa son los vagos y los inútiles que van al trabajo a pasar el rato. Ellos sí deben preocuparse. Y de ésos en Ejpaña hay muchos.

La reforma no obstante se queda corta porque no entra en el problema de raíz del Estado: la falta de productividad. No toma medidas como reducir los festivos, adoptar la jornada continua (y desterrar de una vez por todas la partida) o pasar de un modelo productivo basado en la mano de obra barata en uno basado en la tecnología. He ahí la madre del cordero. Ni una sola medida fiscal para incentivar la industrialización, la tecnología, la inversión en I + D. Tampoco aplica un contrato único para acabar de una vez con el cáncer de la temporalidad en España.

No considero que la nueva ley, por sí sola, vaya a generar empleo. Para ello se necesitan además otras medidas como una reforma financiera que deje bancos saneados para que fluya el crédito a empresas y familias, una reforma migratoria que impida que España con un 23% de desempleo siga recibiendo inmigración (no tiene sentido importar parados suplementarios) y una política orientada al crecimiento económico y no tanto a una austeridad que está destruyendo a la clase media. La reforma tiene luces y sombras, pero en su conjunto es un paso adelante.

¿Por qué son tan vagos los españoles?


Tengo un conocido alemán que se tuvo que trasladar de su país a Barcelona por requerimiento de la multinacional para la que trabaja. Dice que odia España, que los españoles son unos vagos y que no le extraña que sean pobres porque no tienen ganas de trabajar. La verdad es que el tío tiene razón. En Alemania por ejemplo nada más entrar en un restaurante el camarero ya te está atendiendo (y eso que aún no te ha dado tiempo ni a sentarte) mientras que en España te sientas en la mesa y a menudo debes esperar a que te atienda un camarero que no está haciendo nada en esos instantes. En España hay mucho vago. Hay mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Así es normal ser pobres.

En un negocio de atención al público, es muy frecuente encontrar empleados que pasan olímpicamente de sus clientes. Se les ve trabajando con total desgana. Y lo entiendo… porque en la mayoría de los casos cobran una miseria por hacer un montón de horas al día (ojo, que no se confunda esto con trabajar mucho) y la mayoría sabe que, da igual que lo haga bien, mal o regular, porque en cuanto se agote su contrato temporal de seis meses lo más probable es que su jefe le despida para contratar a otro tío. Así que si vas a ser despedido sí o sí… ¿para qué esforzarse? En España hay una coyuntura laboral en la que resulta muy difícil (que no imposible) quedarse en una empresa ya que al gerente le sale más barato contratar a un empleado nuevo y deshacerse del viejo que ofrecer un puesto indefinido a uno que ya tenía antes. Que pregunten a los curritos de Carrefour si no.

Yo he tenido todo tipo de empleos. Algunos en los que cobraba una limosna y otros en los que percibía un buen sueldo. En algunos curraba como un cabrón y en otros casi no pegaba ni golpe. Pero en todos ellos he tratado siempre de dar lo mejor de mí mismo y de que tanto mi jefe como los clientes quedaran satisfechos. Hay muchos españoles que desahogan su frustración atendiendo con desgana a los clientes. A mí esto me molesta profundamente. Mira, si cuando eras joven preferiste ir a bailar a la discoteca en lugar de estudiar y ahora tienes un trabajo patético en el que te sientes frustrado y no llegas a final de mes, pues ajo y agua. Pero yo, como cliente, no tengo por qué pagar los platos rotos de que tú cobres poco o que tu empleo sea deprimente. Es el trabajo siempre hay que dar lo mejor de uno mismo porque, de lo contrario, nunca jamás vas a poder prosperar en la vida.

Nuestro modelo laboral es una locura. En Europa Central y del Norte al empleado se le exige productividad, en España se exige hacer horas. Cuantas más mejor. Casi nunca se respeta el horario establecido de laborar ocho horas diarias. Lo normal es hacer siempre una o dos más (y lo normal es no cobrarlas). El problema es que se hacen un huevo de horas pero la faena no cunde. Porque de esas ocho horas, a menudo realmente se curran cinco. Y las otras tres se pierden en ir de aquí para allá, charlar con el compañero, fumarse un cigarrito, tomarse un café… En Holanda por ejemplo si ha acabado tu jornada laboral y todavía te quieres quedar más horas en el trabajo tu encargado lo ve mal… Significa que no has sido productivo… que nos has podido acabar a tiempo la faena. En España te piden cumplir con un horario, en Europa resultados. Es el Tercer Mundo contra el Primero.

Gran parte de la culpa la tienen los empresaurios de España, cuya mentalidad quedó anclada en el siglo XIX. En el puerto de Rotterdam por ejemplo, se puede cargar un barco entero de contenedores con solamente tres operarios. En Algeciras por ejemplo, harían falta al menos veinte. ¿La diferencia? Que los holandeses tienen alta tecnología, allí es todo mucho más mecanizado y por lo tanto necesitas menos trabajadores y te puedes permitir el lujo de pagarles sueldazos. Por contra, aquí nuestros empresaurios siguen apostando por el modelo obsoleto de la mano de obra barata… No quieren tecnología, luego no queda más remedio que contratar más peones… Al tener tantos, el empresaurio se ve forzado a tener que pagarles mucho menos. El problema en sí es que incluso así sigue siendo mucho más barato cargar un barco en Holanda o Alemania que en España.

Otra locura es el horario partido que tenemos. En casi todo el planeta se aplica el horario internacional… Es decir, te levantas bien temprano… trabajas tus ocho horitas de un tirón y  la tarde la tienes libre. En España trabajas por la mañana, haces un parón de dos horas para comer y luego, con todo el sopor de la digestión, te reincorporas por la tarde. Entre pitos y flautas esto significa que entras a trabajar a las nueve de la mañana y acabas a las nueve de la noche. No tienes tiempo para disfrutar de tu familia pero es que encima no sirve para nada… porque en diez horas de trabajo un español no hace ni la mitad de producción que un sueco en cinco. ¿No sería mucho mejor acabar el trabajo cuanto antes (bien hecho, claro está) y marcharnos a casa a disfrutar de nuestra vida personal? ¿Para qué pasarte 20 horas diarias en una oficina si te pasas el día perdiendo el tiempo?

Hay un dicho en Alemania que reza que si a un católico le das a elegir entre comer bien o dormir tranquilo, escoge lo segundo. El filósofo Max Webber ya explicó en su día por qué los protestantes son más ricos que los católicos… se esfuerzan más, trabajan más duro, tienen más ambición en prosperar, no son tan conformistas y sobre todo tienen más ética en el trabajo. No es de extrañar pues que la Europa protestante sea rica y la católica pobre o que lo mismo ocurra con América. Además de esto, en España se suman otros factores, como por ejemplo la clásica picaresca… En España está bien visto el que defrauda a Hacienda, el que se escaquea del trabajo. A menudo cuando un trabajador suda la camiseta en su empresa, despierta la inquina de los compañeros más vagos pues queda al descubierto su vagancia y se confabulan contra él para intentar que lo despidan pronto.

En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. En los Estados Unidos se anima a los universitarios a hacerse empresarios, aquí a presentarse a unas oposiciones y conformarse con un sueldecillo y un empleo estable. En los países anglosajones lo normal es querer formar tu propio negocio, en España lo normal es trabajar para otros. Si le planteas a tu familia ser autónomo te miran como a un extraterrestre y no es para menos porque son tantas las trabas burocráticas y fiscales que existen, que no vale la pena montar una empresa en España. Es triste decirlo pero es la pura verdad. En los Estados Unidos los ricos despiertan admiración. En España si partes de la nada, trabajas duro y te enriqueces en lugar de respeto despiertas la envidia de los vagos, los pobres y los vecinos.

Algunos achacan la pereza hispánica a su clima soleado y mediterráneo. Como si por el solo hecho de que haga calor, los españoles tuviesen que dormir la siesta en lugar de trabajar. Yo no creo que el clima tenga nada que ver, porque en California hace calor y la gente es trabajadora. Lo de España tiene más que ver con una mentalidad de hacer  el vago, de trabajar  lo menos posible aunque sea a costa de no poder llegar a final de mes. En este estado hay todo un sistema que fomenta, alienta y premia el parasitismo. Empezando por el rey, que cobra diez millones de euros anuales por dar la Copa una vez al año y leer el discurso de Navidad. No hay una mentalidad de esfuerzo, de sacrificio. Los alumnos pasan de curso casi sin estudiar. Y los mendigos, gorrillas y parásitos de Europa del Este vienen en oleadas a España porque saben que es el país ideal para poder vivir del cuento.

Por supuesto en este  país de países que es España no todos los pueblos son iguales. Hay unos más vagos que otros. En general, los que tienen una lengua propia (valencianos, baleares, catalanes, vascos, navarros…) suelen ser mucho más desarrollados, despiertos y emprendedores que los pueblos monolingües castellanos. A mayor dosis de castellanismo, mayor dosis de pereza y de pobreza. Hablo en general, por supuesto siempre hay excepciones. Pero qué duda cabe de que manchegos, extremeños o andaluces trabajan poco. Tan subvencionados están que se han acostumbrado a vivir de las limosnas que da el Estado (como en Cuba o Venezuela), con lo que, paradójicamente, las jugosas ayudas económicas que perciben para intentar desarrollarse son la mayor barrera a su desarrollo. ¿Para qué esforzarte si puedes vivir sin apenas trabajar? España es una fábrica de vagos.

El anunciado fracaso de una reforma laboral inútil.

El presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado una reforma laboral que casi ni lo es. La reforma ha introducido novedades como el abaratamiento de la indemnización por despido de 45 días por año trabajado a 33, la subvención de 8 días del despido por el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), la creación de un fondo de capitalización que servirá para cubrir esos 8 días y que en la práctica será como una hucha virtual del trabajador (el llamado modelo austríaco) o el modelo alemán de trabajo, que permitirá reducir  la jornada (y proporcionalmente el sueldo) para evitar despidos. También crecerán las restricciones para la contratación temporal (con la idea de fomentar la indefinida) y crecerá el protagonismo de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) en la búsqueda de un empleo.

No dejo de reconocer que algunos de estos aspectos pueden ser positivos para animar a las empresas a contratar gente. Sin embargo, las medidas me parecen insuficientes. En España existen decenas de contratos distintos que le complican la vida al empresario y al trabajador. Yo soy partidario de un contrato único con una indemnización por despido que sea baja (20 ó 25 días) pero que a la vez sea creciente conforme avance la antigüedad del trabajador en la empresa. Si por mí fuera, cerraría las inmorales ETT y limitaría la contratación temporal -hoy usada masiva y fraudulentamente- para lo que realmente fue concebida en un principio: el empleo estacional. También privatizaría los Servicios Públicos de Empleo (como el INEM o el Servef) habida cuenta de que han demostrado no servir para nada.

Con respecto a la colocación laboral, la prestación por desempleo debería ser decreciente (para así azuzar al trabajador a que se mueva para encontrar empleo, en lugar de quedarse sentado en su casa cobrando la prestación, como muchas veces ocurre). El parado debe comprometerse a buscar trabajo activamente, y llevar todos los días al INEM un justificante firmado por un empresario que certifique que se ha presentado en su negocio buscando empleo. Esto sirve no sólo para encontrar laburo antes sino también para evitar que se pueda estar cobrando el paro y al mismo tiempo trabajando en negro. Además, debería existir algún mecanismo de control que limite el absentismo en el trabajo y las bajas laborales falsas. Los empleados públicos y los funcionarios deben poder ser despedidos si su rendimiento es bajo.

Pero, por encima de todo, una reforma laboral no sirve de nada si no viene acompañada de otras políticas que ayuden a fomentar el empleo. Yo soy partidario del modelo irlandés, a saber; una política de impuestos bajos y de incentivos fiscales para atraer muchas empresas, una fuerte inversión en la educación pública para formar a profesionales altamente cualificados, y fomentar el I + D para así pasar de un modelo tercermundista de mano de obra barata a uno avanzado de alta tecnología y productividad. En resumen: impuestos bajos e incentivos a la contratación para los empresarios y sueldos altos y estabilidad en el empleo para los trabajadores. Toda reforma que no aborde estos puntos se quedará en nada porque somos una sociedad con paro alto y crónico y hace falta una apuesta ambiciosa para poder cambiar el país.

Jesucristo: el mejor escudo contra la crisis.

Hace muchísimo tiempo los seres humanos decidieron construir una enorme torre, la de Babel, que les iba a proteger de cualquier inundación que el Señor les pudiera enviar. Fracasaron. Hace no tanto tiempo unos ingenieros diseñaron un trasatlántico llamado Titanic. Decían que era el mejor barco del mundo y que ni siquiera Dios era capaz de hundirlo.  Naufragó. Si hace apenas un año me hubiesen dicho que estados de la solvencia de Grecia, Islandia o California iban a quebrar en unos meses hubiese pensado que mi interlocutor estaba borracho o me tomaba el pelo.

Hay algo que me gusta de las crisis: hacen que nos demos cuenta de que no somos nadie porque sistemas políticos, ideológicos o financieros que pensábamos indestructibles se derrumban en una sola noche. No hay nada seguro. Hace unos meses, en España  la gente estudiaba oposiciones pensando que ser funcionario les iba a garantizar un empleo seguro para toda la vida. Pero el Gobierno Central y los autonómicos ya han anunciado recortes de sueldo en los funcionarios y una oleada de despidos de interinos. Esta crisis es una cura de humildad que nos pone de nuevo los pies sobre la tierra.

Como siempre, en España la crisis la pagarán los mismos: trabajadores, empresarios, funcionarios, madres y pensionistas.  Los sinvergüenzas que nos gobiernan no se plantean suprimir ministerios o diputaciones, recortar sueldos de diputados, senadores, alcaldes y concejales, replantear las subvenciones a sindicatos, ONG o confesiones religiosas, o investigar los paraísos fiscales. No. Los palos, para los de siempre. Yo no soy inmune a todo esto. La guillotina pende sobre mi cuello y podría verme en la calle pronto. Sin embargo, estoy tranquilo y no me preocupa nada.

En la Biblia, Jesús dice que no debemos preocuparnos por el día de mañana, por lo que comeremos, beberemos o vestiremos. Dios está al cargo de sus hijos y si cuida de las aves del cielo, de los lirios del campo y hasta de la hierba ¿cuánto más no protegerá a sus hijos y cubrirá sus necesidades? (Mateo 6:25-34). En estos tiempos de crisis hay gente que desespera y hasta se plantea prostituirse para salir adelante. Yo, en cambio, duermo a pierna suelta pues sé que si oro con fe, el Señor me protegerá de todo mal. Nada tengo de qué preocuparme: Dios tiene todo bajo control.

La (dura) vida del estudiante.

Constantemente dicen las personas mayores que no hay nada como la vida de estudiante de tan cómoda y fácil como es. Dicen que el trabajo sí que es duro, que estás esclavizado, que debes aguantar al jefe y que tienes muchos problemas. No creo yo que la vida de estudiante sea tan fácil. Cuando trabajas cumples con tu jornada laboral, cobras por hacerla y cuando sales del trabajo te olvidas; ya puedes descansar o preocuparte por tu vida social. Cuando estudias, por el contrario, pasas unas cuantas horas en el centro docente, pagas por estudiar (libros, materiales…) y cuando llegas a casa tienes que hacer los deberes o estudiar para los exámenes. Y todo eso sin cobrar ni un duro. O mejor dicho, ni un euro.

Es cierto que tenemos muchas vacaciones, pero la mayor parte de ellas sirven para organizarnos la faena y estudiar. Hablo, por supuesto, de los buenos estudiantes. Aquel alumno que no da ni golpe en todo el año para mí no es estudiante como supongo que tampoco es trabajador aquel que en horas de trabajo se dedica a jugar al truque. Los mayores hablan de aguantar al jefe que a menudo es un doberman, pero ¿qué sucede cuando discutes con un profesor que te ha suspendido el examen porque no le caes bien cuando sabes perfectamente que le ha puesto matrícula de honor a una compañera sólo porque ella se la chupa en su casa o en el despacho? Eso es la Universidad, amigo mío.

Dicen que en los Países Bajos los estudiantes cobran un salario por estudiar. Yo no lo sé, la verdad, pero todo lo que me digan de ese pequeño gran país centroeuropeo que es Holanda me lo creo. Son muchas horas y el dinero que emplea un estudiante en su formación. En otros países los libros son gratuitos. Aquí, la única ayuda dirigida a los alumnos consiste en reducir las becas. Es lastimoso desperdiciar cinco años de tu vida en unas aulas donde no aprendes nada para contar el día de mañana con una licenciatura que te sitúe bien y al final descubrir que lo que te espera es lo mismo que a la gente que nunca ha cursado una carrera: trabajo precario, inestable, mal pagado, indigno, etc.

Si transportáramos con una máquina del tiempo a un ciudadano del Imperio de Roma a la actualidad se sorprendería de todas las cosas nuevas que tenemos pero habría algo que le resultaría familiar: el sistema educativo basado en exámenes que continúa siendo el mismo que el de hace 2.000 años. Yo sustituiría (al menos en las Universidades) los tests y exámenes por trabajos al estilo de minitesis donde los alumnos pudieran razonar y aportar algo de sí mismos. Creo que uno siempre aprende más razonando que aprendiéndose de memoria un temario para repetirlo como un loro en la prueba. Eso no sirve para nada pues a los quince minutos de acabar el examen el pupilo no se acuerda de nada.

No hablemos ya de tener escolarizados hasta los 16 años por obligación a un montón de adolescentes a los cuales no les interesa la clase y que preferirían estar trabajando en un almacén. ¿Cómo puede un profesor convencer para que estudie inglés a un alumno que le dice a la cara que él ha de irse a trabajar con su padre? No hablemos ya de un sistema educativo que permite a los bachilleres suspender todas las asignaturas y pasar de curso. ¿Qué estímulo puede tener un alumno de Secundaria para esforzarse y aprender si sabe que no hay ninguna recompensa por hacerlo? Deberían hacer cursos de dos velocidades: en una clase quien tenga ganas de estudiar. En otra quien pretenda incordiar.

Y si al hecho de que a los estudiantes de Secundaria provengan de un sistema que en lugar de culturizarlos los convierte en analfabetos funcionales, le añadimos el hecho de que en la Universidad han de pasarse la mitad de tiempo haciendo cursillos y seminarios estúpidos que solamente son un insulto a la inteligencia y al bolsillo para obtener créditos en lugar de estudiar la carrera, podemos apostar a que las casas que construyan los arquitectos en el futuro serán tan estables como los castillos de naipes. La vida del estudiante es como la del ama de casa; trabajas muchísimo pero como no tienes nómina nadie lo valora. Y dicen que es fácil la vida del estudiante… Quien diga eso es que no ha estudiado nunca.

Periodismo: esclavitud en pleno siglo XXI.

Soy periodista. Creo que el periodismo bien entendido (es decir, como servicio a la sociedad y no a un partido político) es fundamental. De hecho, sin un periodismo libre la democracia no podría existir. Ahora bien, la dinámica que ha tomado este oficio en los últimos años es muy peligrosa. Los sueldos han caído en picado y las condiciones laborales han empeorado tanto que recuerdan a la esclavitud.

Si estás pensando en estudiar periodismo, no lo hagas. Será el peor error de tu vida. Para empezar, en la Facultad de periodismo estudiarás de todo menos periodismo. Aprenderás un montón de chorradas inservibles sin ninguna conexión con la vida real. Mucha teoría y poca práctica. Y luego trabajarás más horas que un tonto y te pagarán menos que a un barrendero (y hablo de forma literal).

Hay un dato que lo dice todo: apenas hay periodistas de más de 30 años. Cuando vas a una rueda de prensa todo son veinteañeros. A medida que van cumpliendo años y se acercan a la treintena, van causando baja. Apenas hay reporteros de 40 ó 50 años de edad. ¿Por qué ocurre esto?  Porque el jornal que pagan es tan miserable que la gente acaba cambiándose de oficio para llegar a final de mes.

Conozco a muchos periodistas que son pluriempleados. Que trabajan en un sitio y colaboran en dos o tres más. Pero ese sobresueldo no es para pagarse el chalet o el Mercedes. No, es para poder comer. Hablo de sueldos de 400, 500, 700 euros. 1000 si eres afortunado. Así está la gran mayoría de trabajadores en esta bendita profesión. De hecho, incluso hay gente que se presta a trabajar gratis.

A ello contribuye que hay un intrusismo impresionante. A nadie se le ocurriría que una persona pudiera trabajar como médico, como carpintero o como electricista sin la titulación adecuada. Sin embargo, parece que cualquiera puede ser periodista aunque no haya estudiado la carrera. Hasta el punto que la gente le dice al reportero lo que no se atreve a decirle al fontanero: cómo debe hacer su trabajo.

En el periodismo sobra gente. Y si pides un aumento salarial verás que en la mesa del despacho del director hay más de un centenar de currículums de licenciados recién salidos de la universidad dispuestos a trabajar por menos de la mitad de lo que te pagan a ti. Hazme caso: si eres periodista, dedícate a otra cosa. Si estás pensando en estudiar esa carrera, desiste. Será el peor error de toda tu vida.

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