Turkmenistán: la pequeña Turquía.

El pasado de los turkmenios ha estado, como el de los otros pueblos vecinos, marcado por las invasiones. Los grandes imperios de Asia, aunque no interesados en sus estepas desérticas, sí atacaron el lugar por ser zona de paso en la Ruta de la Seda. Macedonios, persas, partos, árabes, turcos, mongoles, rusos y soviéticos, entre otros, han pasado por allí.

Turkmenistán se convirtió en estado independiente tras el colapso de la Unión Soviética en 1991. Saparmyrat Nyýazow fue el dictador supremo desde 1991 hasta 2006, fecha en que murió. Fue un caudillo excéntrico que exigía un culto desmedido a su persona hasta el punto de que incluso la fiesta nacional coincide con el día de su cumpleaños, el 19 de febrero.

Desde 2006 gobierna otro tirano, Gurbanguly Berdimuhamedow, un nepotista que ha concedido a sus familiares poder ilimitado. Turkmenistán es una de las dictaduras más represivas del mundo donde no hay ningún tipo de respeto por los derechos humanos. El islam es la religión oficial y, huelga decirlo, la libertad religiosa está estrictamente prohibida.

El 80% del territorio nacional lo ocupa el desierto de Karakum. El resto, básicamente, son montañas. Tiene salida al Mar Caspio. Este estado posee la cuarta reserva de gas natural más grande del mundo y los ciudadanos reciben electricidad, agua y gas natural gratis. El famoso Pozo de Darvaza, siempre en llamas, es conocido como “la puerta del infierno”.

En la cultura destaca Fragi Markhtumkuli, padre de la literatura nacional.  Todavía existen muchas familias nómadas que van de aquí para allá, generalmente vendiendo alfombras. En las zonas rurales la sociedad está dividida en clanes familiares. El tribalismo está tan arraigado que cada grupo puede distinguirse de otro por la ropa o el dialecto.

El turcómano es el idioma oficial del país. Se trata de una lengua emparentada con el turco que ha tenido alfabeto árabe, latino, cirílico y otra vez latino. Etimológicamente hablando Turkmenistán quiere decir “el hogar de los turcómanos” y turkmenios significa, según escuchemos a unos o a otros, “casi turcos”, “turcos puros” o “los más turcos de los turcos”.

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Omán: los otros musulmanes.

El Sultanato de Omán se encuentra en el extremo sudoeste de la Península Arábiga y su costa es bañada por el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Es un país con extensas montañas y desiertos, aunque la mayoría de la gente vive en los llanos costeros. Pese a tener el tamaño aproximado de Alemania, cuenta con apenas cuatro millones de almas.

El islam llegó a estas tierras hacia el año 630. Sucesivas oleadas de invasores (árabes, persas, portugueses) han atacado durante los siglos. El siglo XIX Omán, en su máximo esplendor, llegaba hasta Zanzíbar. Luego llegaron los británicos, que colonizaron el sultanato atraídos por su ubicación, ideal para el comercio. La independencia llegó en 1971.

El sultanato se unificó en 1650 bajo la dinastía Yaruba, pero desde la década de 1740 reina la dinastía Abu Said. Ha habido varias guerras civiles y revoluciones religiosas pero ahora reina la paz. En 1970 el sultán Said bin Taimur fue destronado por su propio hijo, Qaabos bin Said, que usó el dinero del petróleo y el gas para modernizar un país atrasado.

El cambio ha sido providencial. En pocas décadas Omán ha pasado de ser un reino medieval a uno del siglo XXI, al menos en cuanto a infraestructuras se refiere. Antiguamente era una especie de enigmático Tíbet arábigo, cerrado al mundo y famoso por su incienso. Ahora se abre poco a poco, pese a que reina una monarquía absolutista feudal.

En un Golfo Pérsico repartido entre sunitas y chiitas, Omán es el único estado del mundo donde predomina el islam abadí, que se encuentra en la rama del jariyismo. Esta corriente islámica minoritaria es menos cerrada e intolerante que sus hermanas, tanto es así que se permite la práctica pública de otras religiones y que el yihadismo casi no existe.

Pese a contar con un patrimonio cultural y artístico incuestionable, la falta de interés de las autoridades ha hecho que buena parte de este legado se haya perdido o no se conserve en condiciones. Sólo desde tiempos recientes hay una fuerte campaña por recuperar la cultura, entre la que destaca al arquitectura de las fortalezas del desierto y la artesanía tradicional.

Yemen: el estado fallido siempre invadido.

Para ser rigurosos el actual Yemen nace como estado en 1990. Históricamente ha sido un territorio poblado por diversas tribus con poco en común. Hay pastores en las montañas que viven como en la Edad Media, hay zonas donde los hombres visten falda y las mujeres pantalón, en algunas regiones las féminas tienen más derechos que en otras, etcétera.

Estas tierras históricamente han estado sometidas bajo la bota opresora de imperios extranjeros: etíopes, persas, islámicos, egipcios, otomanos o británicos. Es muy importante destacar que los breves períodos de tiempo en que ha sido libre, Yemen no era realmente un estado organizado sino un puzzle de tribus dirigidas por caudillos locales.

En 1916 la parte norte de Yemen se independizó de Turquía en forma de reino. De 1962 a 1970 fue a la Guerra Civil entre monárquicos apoyados por los saudíes y republicanos apoyados por Egipto. Vencieron estos últimos. Mientras tanto, Yemen del Sur, aún británica, se independizó de Londres en 1967 para convertirse en el primer estado árabe marxista.

Las relaciones entre Yemen del Norte y del Sur siempre fueron complicadas hasta el punto de ir a dos breves guerras (1972 y 1979). En 1990 por fin se unificaron ambos estados en un solo Yemen, que fue a la Guerra Civil en 1994. Desde 2014, hay otra Guerra Civil en marcha en la que Arabia Saudita participa en la defensa de un gobierno títere.

Yemen está diferenciada en tres zonas geográficas claras: la costa, el desierto y las montañas. La población habla árabe, practica el islam y presume de hermosos edificios de adobe. En líneas generales hablamos de una sociedad profundamente anclada en el pasado: otra teocracia feudal donde la falta de la libertad, la pobreza y el atraso son una constante.

Este país es una república artificial, una tribucracia en la que muchos de sus miembros apuestan por la secesión. A sus innumerables conflictos internos, cabe sumar que Arabia Saudita la ve como su patio trasero y que las potencias extranjeras la sobrevuelan como buitres. Es el estado fallido siempre invadido. Tan frágil como el cristal.

Malasia: la monarquía rotatoria.

Como estado, Malasia existe desde tiempos muy recientes. Lo que nosotros conocemos como Malasia fue en realidad un batiburrillo de reinos independientes, con Malaca a la cabeza, mal avenidos entre sí. Su división interna les hizo durante siglos estar a merced de lusos, británicos, holandeses, japoneses o indonesios por ejemplo.

Malasia se independiza de Reino Unido en 1957. En 1963 se unen los estados de Sarawak, Sabah y Singapur (aunque éste abandonó la federación un poco después). Brunéi meditó ingresar en la unión pero finalmente desistió. Así el país se divide en dos mitades: una en la Península Malaya y la otra en la isla de Borneo.

Esta nación es una monarquía electiva, donde el rey es votado de entre un grupo de candidatos reales. Además es rotatoria, porque el mandato del monarca dura cinco años, período tras el cual otro lo sustituye en el cargo. Las otras únicas monarquías electivas son Samoa, la Orden de Malta, Vaticano y Emiratos Árabes Unidos.

Desde el punto de vista étnico el 50% de la población es malaya y la otra mitad una macedonia de culturas. Al tratarse de un país megadiverso, vemos un crisol de músicas, costumbres y tradiciones de gentes de mil razas venidas de mil sitios. Aunque se hablan numerosos idiomas (entre ellos el inglés), sólo el malayo es oficial.

Pese a ser formalmente una democracia, Malasia es realidad una dictadura represiva. No podíamos esperar menos de un estado donde la religión oficial es el islam. La Constitución dice que el 100% de malayos étnicos es musulmán. Se margina y persigue a los budistas, cristianos e hindúes desde la cuna hasta la tumba.

La economía ha mejorado mucho. Malasia tiene una situación geoestratégica ideal para el comercio y recientemente se ha convertido en un país industrializado. La corrupción, no obstante, hace que sólo unos pocos disfruten de la riqueza mientras que el pueblo llano debe seguir trabajando de sol a sol por un cuenco de arroz.

Sindh: cuando los inmigrantes marginan a los locales.

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Sindh es un pueblo islámico que a lo largo de los siglos ha padecido la bota opresora de mil y un imperios: musulmanes, mongoles, persas, sijs, británicos… En 1947 renunció a ser independiente para formar parte de un nuevo estado (Pakistán) a cambio de que mantener su autogobierno y del respeto a los derechos civiles.

Pakistán es un estado multicultural en el que la base de la cultura es la lengua. Pero el único idioma oficial en el Estado es el urdu, pese a que sólo lo habla el 6% de pakistaníes. Así lo decidió Liaquat Ali, el primer primer ministro de Pakistán. El urdu es la lengua hablada por los refugiados musulmanes venidos desde la India.

El grueso de estos inmigrantes -llamados muhajires- se instaló en la provincia de Sindh, fronteriza con India. Así, de la noche a la mañana estos recién llegados colonizaron la región, especialmente Karachi, y gozaron de todo tipo de ventajas (empleos, viviendas…) en detrimento de la población local, que vio desplazada su cultura.

En 1972 el idioma sindhi fue reconocido en la provincia por el parlamento local. Esto provocó las airadas protestas de los muhajires, que exigían que el urdu fuera la única lengua oficial. Hubo fuertes tensiones étnicas y hasta asesinatos de sindhis a manos de terroristas urduparlantes, a los que apoyaban los muhajires de Sindh.

El Estado avasalla y margina a este pueblo. Un ejemplo de ello es la injusta distribución del agua, ya que mientras que Punjab está bien provista de recursos hídricos, Sindh se desangra por la sequía. El pueblo sindhi es extranjero en su propia tierra; los inmigrantes marginan a los locales, los forasteros mandan en su casa.

Para rematar, la situación fronteriza con India la hace vulnerable en caso de guerra. Guerra que nunca obedece a intereses sindhis. Y aunque Pakistán destina el 30% de su presupuesto a la defensa, Sindh no se siente seguro. Irónicamente, los sindhis ven las bases militares pakistaníes como una amenaza contra ellos mismos.

Bangladesh: el país más machista del mundo.

Bangladesh flag

Decía el político Nelson Mandela que una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada. Desde luego, Bangladesh no sale muy bien parado porque trata a sus ciudadanos más débiles -los pobres, las mujeres y los niños- como a basura humana.

Éste es uno de los estados más poblados del mundo, con 170 millones de almas. La mayoría habla bengalí y practica el islam suní, aunque hay cerca de un 10% de hindúes y el país es un mosaico de etnias y lenguas. Bangladesh se independizó de Pakistán tras la guerra de 1971, porque era discriminado en lo lingüístico y lo político.

Bangladesh es el país de las calamidades. Tras la independencia, el nuevo estado democrático sufrió de hambrunas, desastres naturales, pobreza generalizada, desigualdades, superpoblación, agitación política, golpes militares y dictaduras. Con el retorno de la democracia en 1991 llegó un cierto progreso y paz.

Bangladesh es, posiblemente, el país más machista del mundo. Las niñas son obligadas a casarse en matrimonios concertados por sus padres. Las violaciones son comunes, así como arrojar ácido sulfúrico en la cara a las mujeres, por ejemplo por rechazar una propuesta de matrimonio o incluso un requerimiento sexual.

Por supuesto, crímenes como violaciones o desfiguraciones están castigados severamente por la ley (desde varios años de cárcel a la pena de muerte), pero en la práctica existe una cierta impunidad, a causa de la corrupción generalizada de la administración, el gobierno y la policía, que demasiado a menudo hacen la vista gorda.

Peor suerte que las mujeres tienen los niños, semiesclavos en las fábricas de textil. Todos los ríos de Bangladesh llegan contaminados desde India; y encima sufre inundaciones por los monzones y ciclones… Todo el mundo se quiere marchar de este país maldito… Para impedirlo, India ha construido una gigantesca valla en la frontera.

¿Sabías que Zayyan fue el último rey musulmán de Valencia?

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Zayyan ibn Mardanish o Zayán Ibn Mardanix (Onda, ? – Túnez, 1270), también conocido como Zahén o Çaèn, fue el último rey musulmán de Valencia. Zayyan, descendiente del rey Lobo, era un noble musulmán que residía en Onda antes de sublevarse contra el gobernador almohade de Valencia Abú Zayd.

Aprovechando el deterioro social que se estaba produciendo en la capital del Turia, Zayyan derrocó a Abú Zayd en el año 1229. El derrocado Zayd quiso vengarse de tal afrenta y llegó a un acuerdo de vasallaje con el cristiano Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, lo cual le facilitó la conquista del Reino de Valencia.

Desligado del poder musulmán de Murcia, Zayyan fue derrotado por Jaime I en la Batalla de El Puig en 1237. Zayyan se hizo fuerte en la ciudad de Valencia y afrontó en soledad el asedio del rey Jaime I a la ciudad, la cual finalmente entregó el 9 de Octubre de 1238, al no recibir la ayuda esperada del sultán de Túnez.

En los acuerdos de capitulación Zayyan pactó con el rey aragonés su salida y la de los suyos de tierras valencianas, a través del puerto de Cullera.  Zayyan se retiró primero a Denia, y después a Murcia, donde es nombrado gobernador, aunque dura poco en el puesto, y finalmente se exilia en Túnez, donde falleció hacia el 1270.

Conviene poner en valor la figura de Zayyan porque existe un revisionismo histórico impulsado por catalanistas que sostiene que Jaime I fundó el Reino de Valencia, dando a entender que no existía antes de 1238. Si esto fuera así a Jaime I le llamaríamos el Fundador y Zayyan habría sido el líder de una suerte de comuna anarquista.

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