Ganadores en el fútbol y perdedores en la vida.

Las aficiones del Real Madrid y el Barcelona en el caso de España -y de los equipos grandes en general- son las peores. Aparte de que están compuestas por gente que se cree superior al resto de mortales sólo por ser de un equipo (poco importa que un individuo tenga un trabajo basura donde están explotándole diariamente como a un esclavo, para que éste te contemple con arrogancia por el solo hecho de pertenecer a un club que nada hace por ellos), aparte de eso -repito- está el problema de que son unos aficionados falsos, hipócritas, carentes de dignidad y amor propio.

Un aficionado auténtico es seguidor de un club porque se identifica con él, con sus colores, porque siente que ése es el club que le representa; es el caso de aficiones como las del Atlético de Madrid, Deportivo, Real Sociedad, Betis o Valencia. Pero mucho me temo que el 90% de los seguidores merengues y culés no son seguidores del Madrid y del Barça sino del equipo que gana.

Si fueran el Real Burgos y el Melilla los clubs que todos los años ganaran la liga y la Copa de Europa, toda esa gente que tanto presume de defender los colores azulgrana o blanco, animaría al Real Burgos y al Melilla con la misma intensidad con la que ahora lo hace con el Madrid y el Barça. Eso son hinchas del tres al cuarto.

Aficionados del Real Madrid y del Barcelona: ganadores en el fútbol y perdedores en la vida.

La ESO: para mear y no echar gota.

Tengo un alumno que es una pesadilla. Incordia a diario todo lo que puede. A pesar de contar con más de 80 amonestaciones no ha sido expulsado del instituto ni una sola vez en lo que va de curso. Parece que, salvo que me pegue, no puede ser expulsado. Como el alumno ve que no hay castigo alguno a sus fechorías, cada vez las hace más gordas. El chico ha desarrollado una curiosa habilidad: puede abrir  la puerta de clase propinando un certero golpe de tacón a la manivela. Al principio le llamaba la atención pero, visto que la ley le ampara y puede actuar con impunidad, ya no le digo nada. Es más, me he dado cuenta de que  se trata de un alma sensible y de que si le regaño puede quedar traumatizado para toda la vida, así que ya no me importa si pega puntapiés en la puerta. El día que la rompa, el contribuyente que pague una nueva.

Un alumno quiere orinar y el conserje le dice que ahora no puede, que se espere cinco minutos. Ni corto ni perezoso se saca el pene y se pone a mear en la puerta de entrada al instituto. Su padre, en vez de soltarle dos hostias, amenaza con denunciar al centro por no dejar mear a su hijo cuando a él le salga de los huevos. Podría ser peor: el año pasado otro estudiante pensó que era  divertido hacer de vientre en una papelera. Su mamaíta, lejos de castigarle, aún disculpó y defendió la acción de su niño. En otro centro, un profesor de Física y Química es interrumpido por un alumno al que le apetece tocar la flauta. El docente le ordena guardar el instrumento pero al alumno no le da la gana. Le ordena salir de clase, pero no obedece. Como el profesor no puede tocarle ni hacerle nada opta por seguir dando la clase con la melodía de fondo.

En otro lugar, un chico empieza a darle martillazos a la puerta de un aula, hasta hacerle más de 30 agujeros. Cuando descubren quién ha sido, el chaval se disculpa alegando que fue sin querer. Su padre se presta a pagar la reparación pero cuando llega la factura del carpintero, la considera cara y decide no pagarla. Al final, ni el tipo paga ni su hijo es castigado…  A veces, la gente se sorprende cuando un menor de edad viola y asesina a otra menor. «¡¿Un asesino de 13 años?! ¡¿Cómo es posible?!» -se preguntan-.  Es posible porque los adolescentes crecen actuando con total impunidad, sus tutores no les corrigen ni les enseñan a diferenciar el bien del mal y los docentes están atados de pies y manos. La educación que le estamos dando a nuestros hijos es una escalofriante bomba de relojería que nos va a estallar en la cara.

Primero fue el velo, luego la cruz, después la dictadura.

Mucho se está hablando en estos días de la conveniencia o no de que las alumnas musulmanas acudan a clase con el velo islámico. Incluso hay voces que piden regular (entiéndase prohibir) la presencia del famoso hiyab o pañuelo de la mujer árabe en las escuelas de Europa. Ante lo cual yo me pregunto ¿tan terrible es llevar un pañuelo en la cabeza por voluntad propia y de forma libre?

Recuerdo que en la Facultad una compañera de carrera llevaba siempre un pañuelo en la cabeza. Nunca nadie se quejó ni se formó polémica alguna. Hay que aclarar, eso sí, que la chica era alicantina, blanca y atea. Si, en lugar de eso, hubiese sido marroquí, árabe y musulmana, un alud de feminazis hubiese clamado que aquello era un símbolo de sumisión de la mujer y no sé cuantas tonterías más. Pero como era atea, ni una protesta, oigan.

Yo defiendo el hiyab porque defiendo la libertad religiosa. Y aquí lo que hay de trasfondo es la actitud fascista de un puñado de ateos resentidos e intolerantes que pretende borrar del espacio público cualquier distintivo religioso. Porque los que quieren prohibir el velo, quieren prohibir también que los alumnos católicos puedan llevar una cruz colgando del cuello o que los estudiantes evangélicos puedan llevar en el dedo un anillo de pureza.

Actualmente, los adolescentes pueden acudir a clase exhibiendo los calzoncillos y las bragas; pueden acudir con un logo del conejo del Playboy (que es un símbolo pornográfico) o con una camiseta de la marihuana (droga hoy por hoy ilegal) o con la hoz y el martillo (ideología que esconde más de 100 millones de muertos en el siglo XX). Y nadie se queja. Nadie dice nada. Pero si alguien lleva un pañuelo o un crucifijo, entonces los hipócritas montan en cólera.

Mientras no haya uniforme en las aulas, y conste que yo soy defensor del uniforme, cada uno es libre de vestir como prefiera. Pero ¡oh, casualidad! los únicos atuendos que parecen molestar son los que tienen connotaciones religiosas. Y yo siempre defenderé la libertad religiosa… Porque si es suprimida, todas las demás van a ir detrás. Primero prohíben el velo, luego prohíben la cruz y después te prohíben votar. Esta historia ya la he visto antes.

Liechtenstein: de nación y linaje real.

De entre todas las naciones europeas, el Principado de Liechtenstein es quizás una de las más singulares. Su nacimiento viene vinculado directísimamente al linaje de una familia real, hasta el punto que es uno de los dos únicos países del mundo que llevan por nombre el apellido de su monarca. El otro es Arabia Saudí.

El país nació el 23 de enero de 1719, cuando el emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico convirtió los señoríos de Vaduz y Schellenberg en «Principado del Imperio» para su servidor Anton Florian de Liechtenstein. Irónicamente, la mayor parte de esta dinastía de príncipes vivió fuera del diminuto estado.

En 1938, ascendió al trono Francisco José II, que se convirtió en el primer monarca en vivir permanentemente en el país. La soberanía nacional está compartida por el pueblo y el príncipe, que puede vetar leyes o destituir gobernantes. En 2003 un referéndum otorgó más poder político al príncipe Hans-Adam II.

Es un pueblo de mentalidad muy conservadora y tradicionalista. Las mujeres no adquirieron el derecho al voto hasta 1984. En 2005 se realizó un referéndum sobre la legalización del aborto y la eutanasia… y el no a la legalización ganó con el 81,3% de los votos. Además, la ciudadanía desea amplios poderes para la Casa Real.

El principado es un paraíso fiscal que atrae grandes fortunas que lo convierten en un país riquísimo. Desde Berlín lo acusan de ser el mayor centro de lavado de dinero negro de Europa y Vaduz argumenta que la propia supervivencia económica de la patria depende de una fuerte política de secreto bancario e impuestos bajos.

Muchos emperadores, como Napoleón Bonaparte o Adolf Hitler, ambicionaron anexionarse la nación pero la astucia de la familia real le ha permitido reírse de todos ellos. Allí la gente es millonaria y feliz. No por casualidad apoya tanto la Corona… el destino del país depende de la monarquía y en Liechtenstein lo saben.

¿Debemos pagar el diezmo los cristianos?

¿Qué es el diezmo? Es el 10% del total de nuestros ingresos que libremente decidimos entregar a la iglesia para financiar la obra de Dios. Es una forma de devolverle al Señor una pequeña parte de lo muchísimo que Él nos da todos los días (empleo, dinero, salud, amor, protección…). El diezmo se emplea para pagar el sueldo de los pastores, pagar los gastos corrientes de un templo (alquiler, luz, agua…), enviar misioneros a las naciones, comprar materiales para enseñar su Palabra (Biblias, libros, pupitres…), financiar todo tipo de obras de caridad (dar comida a la gente pobre, construir comedores sociales, residencias, guarderías…), etc.

La Iglesia Católica no pide diezmo ya que tiene un acuerdo con el Estado para que le financie. Sin embargo, las Iglesias Evangélicas rechazan todo tipo de subvención, apuestan por la radical separación iglesia-estado y quieren sustentarse únicamente con las aportaciones de sus fieles, lo cual garantiza una mayor independencia con respecto al poder político. Por eso resulta tan de suma importancia poder colaborar económicamente en el sustento de la iglesia, con nuestros diezmos y ofrendas, ya que si no fuera de este modo la iglesia no podría disponer de recursos económicos para tratar de expandir el Reino de Dios aquí en la Tierra.

Dios mismo acusa de fraude, de robo, a aquellos creyentes que no sustentan a la iglesia: «¿Acaso es justo que una persona defraude al Señor como vosotros me estáis defraudando? De nuevo replicáis: «¿En qué te hemos defraudado?». ¡En los diezmos y en las ofrendas! Por eso estáis amenazados de maldición, porque todos vosotros, la nación entera, no cesáis de defraudarme. Traed los diezmos íntegros a los almacenes del Templo para que no falten víveres en él; ponedme a prueba procediendo así -dice el Señor del universo- y veréis cómo abro las ventanas del cielo para derramar sobre vosotros bendiciones a raudales» (Malaquías 3:8-10).

Este versículo es impresionante. A lo largo de toda la Biblia se repite hasta la saciedad una misma idea: no tentar a Dios, no desafiarle, no ponerle a prueba… El Señor tiene una gran paciencia pero cuando se le acaba, su ira es temible. Y su paciencia suele agotarse cuando ve que el pueblo le desobedece sistemáticamente o le desafía. Sin embargo, a pesar de que tenemos el mandato expreso de no tentar al Señor, existe una sola excepción, una sola en toda la Biblia, y hace referencia a los diezmos. Dios promete  derramar bendiciones a raudales sobre los que diezmen. Y nos lanza un desafío: «Ponedme a prueba» -dice-.

Dios cumple su Palabra y, paradójicamente, enriquece a las personas que diezman. Alguien puede pensar: «Si ya cuesta bastante llegar a final de mes con el 100% del sueldo ¿cómo lo voy a lograr con el 90%?». Muy sencillo, porque si diezmas, al cabo de un tiempo Dios te ofrece un mejor empleo que no te esperabas, una nueva fuente  de ingresos con la que no habías contado, etc. Jehová desafía las matemáticas… He conocido en mi vida varias personas muy  pobres que diezmaban lo poco que  tenían  y  que han pasado con los años de la mendicidad a ser de clase alta, con sus negocios propios. Es la justa recompensa a su fe.

¿Pero acaso un ser omnipotente necesita de nuestro bolsillo? En absoluto. Simplemente es como una prueba de fe a la que nos somete, para ver si confiamos más en Él o en nuestros cálculos y lógica humanos. Pero el diezmo no sirve absolutamente de nada si nuestro corazón está sucio y actuamos mal. Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, maestros de la fe y  fariseos hipócritas, que ofrecéis a Dios el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero no os preocupáis de lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y la fe! Esto último es lo que deberíais hacer, aunque sin dejar de cumplir también lo otro» (Mateo 23:23 y Lucas 11:42).

Pero ¿es necesario seguir diezmando hoy en día? El diezmo era una costumbre arraigada en el Antiguo Testamento. Sin embargo, en el Nuevo Testamento no hay un mandato claro de que se deba diezmar sino que se hace un llamamiento a que cada uno dé dinero en función de sus posibilidades monetarias: «Dé cada uno según le dicte su conciencia, pero no a regañadientes o por compromiso, pues Dios ama a quien da con alegría. Dios por su parte, tiene poder para colmaros  de bendiciones de modo que, siempre y en cualquier circunstancia, tengáis lo necesario y hasta os sobre para que podáis hacer toda clase de buenas obras» (2 Corintios 7-8).

¿Entonces debemos diezmar o no? Desde que estamos en el Nuevo Testamento, no existe el imperativo de diezmar. No es obligatorio. Sin embargo, yo lo considero aconsejable por tres razones. La primera, porque con nuestro dinero ayudamos a extender la obra de la iglesia. La segunda, porque, si diezmas con alegría, el Señor te recompensa y aumenta tus riquezas. Y la tercera, porque hemos de aprender a depositar toda nuestra fe en el Creador y no en nada ni nadie más (y eso significa otorgarle el control de todas las áreas de nuestra vida, finanzas incluidas).  En mi opinión, diezmar es bueno, positivo y agradable a los ojos de Dios.

     

     

Lluís García Berlanga: el gran geni del cine valencià.

Quan em pare a reflexionar i pense en l’época en que m’ha tocat viure, em done conte de lo profundament afortunat que he segut per gojar lo que es podria denominar l’época dorada del cine valencià. Afirmava el prestigiós lliterat català Josep Pla que el seu és un país tan menut que només dona per a un gran escritor, per a un gran pintor, per a un gran escultor. També la nostra nació, el Regne de Valéncia, és un país tan menut que dona només per a un gran cineasta. Perque el director Lluís García Berlanga és el cine valencià i el cine valencià és Lluís García Berlanga.

Diu Berlanga que les seues películes són com una falla. En efecte, el seu cine combina a la perfecció un humor àcit i corrosiu en un toc de surrealisme típicament valencià i un erotisme molt fi… Tant és aixina que s’ha forjat el calificatiu de «berlanguià»  per a definir qualsevol episodi de la vida real que es caracterise per ser una situació especialment esperpèntica, patètica i absurda.  O siga, un autèntic destarifo, com diriem els valencians. I mosatros estem ben aveats a viure situaciones sense trellat ni forrellat en esta terra a on no mos podem ficar d’acort ni en el nom del nostre país.

El cine de Berlanga constituïx el retrat realiste i fidedigne d’una societat pasmada i surrealista, pero no a través de l’història oficial, eixa que apareix en els llibres de text, sino a través de l’intrahistòria, de les chicotetes anècdotes del dia a dia de personages casolans. Ell, com cap atre, ha sabut fotografiar l’ideosincràsia del nostre poble valencià, en tot el seu esplendor i totes les seues misèries, en els seus encants, truculències i cutrors. El seu estil inconfudible i personalíssim li ha valgut per a erigir-se en un referent de primer orde del cine en Europa i en el món.

Bienvenido Mister Marshall, Calabuch, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, La vaquilla, Moros y cristianos, Todos a la cárcel, París Tombuctú… Potser Berlanga es trobe en l’ocàs de la seua vida, pero mos ha donat un grapat  d’obres inmortals que han passat a l’història com alguns dels millors films del segle XX. I lo més sorprenent  és que casi no sap usar una càmera. Lluís no entén de qüestions tècniques; al contrari, és un esperit lliure i anàrquic que té el talent per a plasmar una gran història pero que deixa els detalls tècnics per als especialistes i colaboradors més directes.

Berlanga és un dels grans directors del cine europeu de tots els temps i està a l’altura d’autors com Marcel Carné, Federico Fellini o Emir Kusturica. Ell s’encarregà de dignificar a l’Estat Espanyol en una época primer, la del franquisme, que era de forta censura i durant la transició més tart, quan el cine espanyol era tan cutre que la gent renegava d’ell i el qualificava d’espanyolada.  García fon hereu de Luis Buñuel i li passà el testimoni a Pedro Almodóvar i Alejandro Amenábar. Deixà el pavelló ben alt a pesar de que, a diferència dels atres, li tocà viure els temps més durs.

No cap dubte de que el cine de Berlanga és clamorosament valencià. En eixe toc de folclor, música i festa, de foc i pòlvora, en eixe sabor regionaliste tan nostre. El seu treball té aires de la Mediterrània i fa gust a paella. Ara be, en una época com la nostra, a on el nostre poble patix un genocidi cultural i la llengua valenciana està sent substituida per la catalana, lamente profundament que el nostre millor cinesta no s’haja volgut mullar mai en el tema de la llengua. Perque un intelectual deu estar compromés no únicament en el seu art sino també en la seua pàtria.

¿Por qué la fe sin obras es una fe muerta?

La Santa Biblia nos explica que la salvación es un regalo de Dios mismo, que no es una recompensa por nuestras propias obras para que nadie se pueda enorgullecer de sus propios méritos. Dice la Palabra del Señor: “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Por otro lado sabemos  que la salvación la logramos a través de Cristo. Que Él es, el puente que une el cielo y la Tierra.  Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

No obstante, las obras son importantísimas pues son reflejo directo de nuestra fe. Hasta el punto de que la Biblia afirma con total rotundidad que la fe sin obras está muerta (Santiago 2: 14-26). Y es que si a nosotros acude un hermano que está desnudo o hambriento, y nosotros le negamos la ropa o el alimento y nos limitamos a ofrecerle buenas palabras, entonces nuestra fe se encuentra muerta. Jesús nos explicó que debíamos amar al Señor con todas nuestras fuerzas y al prójimo como a nosotros mismos. Y ello implica no solamente palabras de consuelo sino obras, acción.

¿Pero entonces nos salva nuestra fe o nuestras obras? Nosotros no nos salvamos a nosotros mismos, sino que es Dios quien nos salva y es a través de la fe en Cristo como nuestro salvador y el arrepentimiento de los pecados. Pero nuestras obras son un reflejo directo de nuestra fe. No es que hagamos buenas obras para entrar en el cielo, sino que porque Dios nos permite entrar en el cielo, por amor a Él, decidimos hacer buenas obras. Es nuestra manera de agradecerle todo cuanto hace por nosotros, la forma de hacer visible al mundo la fe que alberga nuestro corazón.

Jehová entregó al profeta Moisés los diez mandamientos (Éxodo 20:1-17) por los cuales habría de regirse el pueblo, lo cual evidencia la gran importancia que para el Señor tiene nuestros actos. De hecho, dice la Biblia que si incumples un mandamiento, te haces culpable de todos ellos (Santiago 2:8-11). Ahora bien, éstos no tenían un fin directo de salvación sino que era más bien como unas normas para vivir ordenadamente la vida. ¿Qué sería de nosotros si no existiesen las señales de tráfico? Todo sería un caos. Lo mismo ocurriría sin los diez mandamientos de la Ley de Dios.

Y el mandato más claro es el de amar al prójimo. Y amarlo de verdad. Nuestro Señor Jesús dijo que debíamos amar incluso a nuestros enemigos (Lucas 6: 35) y que a las personas se las distingue por sus acciones: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16). Así pues, Cristo nos llamó a amar, no sólo de palabra sino también de acción: «Os doy un mandamiento nuevo: Amaos unos a otros; como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Vuestro amor mutuo será el distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos» (Juan 13:34-35).

Los apóstoles ya nos advertían de que debíamos apartarnos del pecado. «Por el contrario, comportaos en todo santamente, como santo es el que os llamó. Pues así lo dice la Escritura: Sed santos, porque yo soy santo» (1 Pedro 1: 15-16). Y añaden: «Pero ahora habéis sido liberados del pecado, sois siervos de Dios, habéis sido consagrados a Él y tenéis  como meta la vida eterna (Romanos 6:22). En resumen: que a pesar de que nos salvamos a través de la fe, las obras resultan importantísimas. Hasta el punto de que la Biblia advierte de que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

25 d’Abril: ¿Catalans «per just dret de conquista»?

El 25 d’Abril és un dia gran per als valencians. És un dia històric en que reivindiquem llibertats nacionals i en que conmemorem la derrota que patírem en la Batalla d’Almansa contra les tropes borbòniques del rei Felip V, qui suprimí els nostres Furs i en conseqüència acabà ab el Regne de Valéncia com un estat independent, lliure i sobirà en Europa. Aixina passàrem de ser nacionalment valencians a ser nacionalment espanyols de la nit al matí. Fa més de 300 anys ya. I tot per la força salvage de les armes.

Lo que em crida l’atenció és que el pancatalanisme pretenga apoderar-se  d’esta cita. Cada 25 d’Abril uns pocs mils de renegats ¿valencians? es manifesten en favor de que Valéncia siga anexionada cultural i territorialment per Catalunya.  Es queixen de que mos feren espanyols «per just dret de conquista» pero ells volen que sigam catalans ab els mateixos arguments. Diuen voler l’independència pero… ¿cóm podriem ser independents els valencians depenent de Barcelona? El catalanisme no té ni cap ni peus.

Que uns pocs traïdors antivalencians se vullguen apoderar de l’ideologia progressita promou paradoxes tan increïbles com que una manifestació antiglobalisació que en una atra autonomia tindria decenes de mils de manifestants ací només tinga 500. O que el poble valencià acodixca massivament  al 9 d’Octubre pero rebuge el 25 d’Abril, per haver-se convertit en niu de rates catalanistes. El pancatalanisme s’ha convertit en el primer obstàcul per a que sorgixca un nacionalisme valencià arrelat i fort.

Perque si algun dia ha d’haver d’algun nacionalisme fort serà d’estricta obediència valenciana i no un moviment que en el fondo amaga un regionalisme valencià dins d’uns utòpics països catalans rebujats pel 99% de la societat. L’independentisme només pot vindre de l’orgull de ser valencians, no d’un complex d’inferioritat de voler ser lo que no som. Si este 25 d’Abril els catalanistes ¿valencians? realment volen fer algo útil per la seua terra, que facen les maletes, que emigren a Barcelona i que mos deixen en pau.

Val d’Aran: ¿la futura Andorra?

La Val d’Aran o Valle de Arán es una montañosa y aislada nación sin estado enclavada en los Pirineos Catalanes. Con tan sólo 10.000 habitantes, los araneses cuentan con una de las lenguas minoritarias más pequeñas de Europa. Su cultura occitana les hace sentirse próximos a Occitania, con quienes tienen mucho en común.

El aranés defiende su singular tierra, desconfía de los forasteros y da muy pocas facilidades para que el inmigrante se integre. Es una etnia de clanes, con todos los recelos típicos de una sociedad rural y cerrada que, no obstante, cuenta con un nivel de vida muy alto así como también desigualdades sociales considerablemente grandes.

Los araneses, como los valencianos o los baleares, sufren el colonialismo catalanista. Durante más de un siglo tuvieron que escuchar que el aranés era un dialecto del catalán, que negarlo era de anticientíficos o de fascistas. En 1990 la Generalitat Catalana cedió al fin ante la realidad y reconoció el aranés como idioma oficial.

En Arán la consciencia nacional avanza. Uno de cada cuatro araneses apuesta por una nación independiente separada de Cataluña. A otros les gustaría dotarse de una autonomía propia, al estilo de Ceuta o Melilla. Incluso los que se sienten catalanes o españoles, se consideran a sí mismos araneses por encima de todo.

Cataluña se queja del centralismo de Madrid y reclama la independencia.  Arán hace exactamente el mismo discurso con respecto a Barcelona. Pero después lo que los catalanes reclaman para sí mismos se lo niegan a los araneses en un cínico ejercicio de doble moral. Tal hipocresía exacerba el odio anticatalanista en Arán.

En el Valle tienen claro que un Arán independiente tiene mucho futuro porque puede ser una nueva Andorra en lo financiero y lo turístico. Entre los catalanes, hay quien pretende subyugarlos de forma imperialista y otros que abogan por la autodeteminación del Valle. Arán: un país diminuto en dimensiones pero colosal en valor.

Nigeria: un país, 500 idiomas.

Unidad desde la diversidad. Así podríamos definir a Nigeria, el país más poblado de África (150 millones de habitantes) donde se hablan más de 500 idiomas. Ante semejante Babel, los nigerianos acuden al inglés como lengua franca pero en el día a día usan la lengua local. El país se independizó del Imperio Británico en 1960.

La riqueza multicultural y la pluralidad étnica y lingüística es un valioso tesoro etnográfico que sin duda debe ser preservado. Por ello, desde el Gobierno se fomentan políticas de impulso a las lenguas regionales, que tienen una presencia activa en las escuelas, en la administración, los medios de comunicación o el cine.

Nigeria es el segundo productor mundial de películas (por detrás de India y por delante de Estados Unidos), cuenta con el arte escultórico más importante de África (el de la etnia Edó) y una literatura prolífica en varios de sus idiomas, con autores de talla mundial como el Premio Nobel Wole Sokinya o Chinua Achebe.

Pese a ser el primer exportador de petróleo y gas de África, es una nación del Tercer Mundo con grandes desigualdades sociales, corrupción política y violaciones de los derechos humanos.  Son muy conocidos sus hombres, famosos por ser los mejores estafadores del mundo, así como la monumental ciudad de Lagos.

La república se enfrenta al separatismo de la sureña región de Biafra. También existen fuertes tensiones por motivos religiosos ya que el país se divide casi al 50% en musulmanes y cristianos. Nigeria del oeste y del este se diferencian tanto como Irlanda y Alemania. Y la del norte se diferencia de ambas tanto como China.

El país es un puzzle de idiomas y culturas, una macedonia de etnias y de pueblos que ha optado por la unidad nacional bajo una misma bandera. Unidad desde la diversidad. De este modo ha logrado convertirse en la gran potencia política, económica y cultural de África Occidental. Para los nigerianos, la unión hace la fuerza.

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