Sierra Leona: el infierno en la Tierra.

Sierra Leone

El nombre Sierra Leona se remonta a 1462 cuando el explorador luso Pedro de Cintra la bautizó Serra Lyoa. Los árabes ya habían llevado el islam mucho antes. En el siglo XVIII los británicos decidieron crear una patria para los esclavos africanos liberados en el que hasta entonces fue uno de los centros de esclavos de África.

En 1808 Freetown pasó a ser colonia británica y el resto del país protectorado británico en 1896. Ambos se unieron para independizarse en 1961. En 1821 Sierra Leona se fusionó con Gambia y Costa de Oro (hoy Ghana) para crear los Territorios Africanos Británicos del Oeste. El país es mezcla de cultura inglesa y local.

Hay quince etnias, pero las principales son los temne en el norte y los mende en el sur. También hay grupos más pequeños como los criollos y los limba, dos minorías que antaño tuvieron mucho poder. Y mayoría de mahometanos, seguidos de cristianos y animistas. Muy pocos saben hablar inglés, a pesar de que es el idioma oficial.

La Guerra Civil (1991-2002) fue una lucha étnica de mende contra temne por el control del país (y de los diamantes, la gran fuente de riqueza). Hubo 50.000 muertos, dos millones de desplazados, 100.000 civiles con miembros amputados, 15.000 niños soldados, atrocidades mil, anarquía, violaciones masivas…  Fue algo bestial.

Es éste uno de los pueblos más pobres y corruptos de todo el globo. A pesar de que hay diamantes, minerales y recursos pesqueros, la inmensa mayoría de la gente vive de una agricultura de subsistencia. Se da un muy desigual reparto de la riqueza, una alta tasa de natalidad y la tasa de mortalidad materna más alta del orbe.

Esta república de África Occidental, por su clima tropical y lluvioso, está abonada -como muchas otras naciones del Continente Negro- a la malaria, el ébola, la fiebre amarilla, la diarrea, el cólera… Todo son desgracias, no hay esperanza. Una maldición sobre otra cae sobre esta sufrida patria. Sierra Leona es el infierno en la Tierra.

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El más rico del infierno.

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Hace apenas dos años -en 2011- nos dejaba Steve Jobs, el genio que revolucionó la informática. Desde entonces su popularidad no ha hecho más que crecer sin medida. El fundador de Apple, Pixmar y Next arrastró toda una vida de enfermedades y problemas de salud y al parecer su muerte prematura, a la edad de 56 años, lo ha convertido en una especie de mártir. Fue creador del Macintosh, del IPod, del IPad, del IPhone, del ITunes y de un infinito etcétera pero no voy a entrar a valorar ahora la brillantez de sus  inventos, de sobra conocidos por todo el mundo, muy especialmente por esa legión de adoradores que tiene este señor -los applemaniacos- quienes pese a ser tan sofisticados y estar a la última con tipo de artilugios y cachivaches varios, adolecen a veces de un fanatismo que recuerda a los aficionados más ultras de un equipo de fútbol o lo que es peor aún, a una secta.

No he tenido la oportunidad de compartir mesa y mantel con el señor Jobs. Me imagino que mis lectores tampoco. Así que lo que sabemos de él es a través de los medios. Si lo que la prensa ha dicho sobre Steve es cierto (y uso el condicional) me sorprende que alguien pueda amarlo. Veamos: a la edad de 23 años dejó embarazada a su novia, a la que abandonó; se negó a reconocer a su hija hasta muchos años después, tribunales de por medio; estafó a su amigo Stephen Wozniak al vender el juego Breakdown a Atari; odiaba el cristianismo y quizás por ello eligió la fruta del pecado original como símbolo de su empresa; explotó a sus empleados en China en condiciones infrahumanas y recomendó al presidente americano Barack Obama eliminar todo tipo de ayudas públicas para los trabajadores y el medio ambiente… ¡Y eso que él mismo provenía de una familia pobre!

Jobs canceló todos los programas caritativos de una Apple en números rojos, argumentado que la empresa debía volver a ser rentable. Y no sólo la salvó de la ruina sino que la hizo superpróspera, con más de 70 mil millones de dólares en caja. Pero a pesar de ello nunca más hubo un solo centavo para la filantropía. Cuando Jobs murió atesoraba una fortuna personal estimada en 8.300 millones de dólares. Para hacernos una idea de cuánto dinero es esto, baste decir que en 2011 había 75 países del mundo con un Producto Interior Bruto (PIB) inferior a su patrimonio. Jobs solo tenía más dinero que los 23 estados con el PIB más bajo del mundo juntos. Un hombre con más dinero que 23 naciones juntas pero que no donaba nada a obras de caridad, que se sepa. Escalofriante. Y eso que era budista y se supone que el budismo enseña que no hay que tener apego por los bienes materiales.

Pues bien, a este señor es al que idolatran millones de personas en todo el mundo como si de un nuevo Cristo se tratase. Su retrato aparece por doquier: libros, revistas, entrevistas, programas de televisión, reportajes, camisetas… ¡y, cómo no, ahora llega la película! Es un ídolo de masas. ¿Pero quién fue realmente Steve Jobs? ¿Un genio o un psicópata? ¿Un revolucionario o un monstruo? ¿Una mente preclara o un narcisista? Yo no me atrevo a juzgarlo porque realmente no lo conocí en persona, pero lo que ha trascendido de su faceta humana pone los pelos de punta. Ojalá que lo que la prensa dice de él sea mentira. O si es verdad, ojalá que se haya arrepentido de corazón aunque fuese en el último segundo en su lecho de muerte. Steve Jobs dijo una vez que no estaba interesado en ser el más rico del cementerio. Quien sabe si ahora mismo puede que sea el más rico del infierno.

Falacia atea: El infierno es un castigo desproporcionado, impropio de un Dios compasivo.

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El infierno es un castigo desproporcionado, incompatible con la existencia de un Dios compasivo -dicen los ateos-. Algunos de nuestros adversarios consideran injusto que por unos pecados -todo lo grandes que se quieran-, perpetrados por un tiempo a todas luces breve se reciba un castigo eterno. El teólogo San Agustín ya advertía de lo descabellado de esta afirmación ya que ni siquiera la justicia legal contempla algún caso en que la duración de la pena sea proporcional a la del tiempo transcurrido en la comisión del crimen.  Por ejemplo, empuñar una navaja para matar a alguien puede llevar un minuto o menos… ¿Sería justa una condena en la que el asesino cumpliera un minuto de cárcel? “A nadie se le ocurre pensar que deben suspenderse los castigos del malvado en cuanto se cumple un plazo de tiempo igual al que duró el homicidio, el adulterio, el sacrilegio o cualquier otro crimen. No hay que medir el delito por el tiempo empleado en su comisión, sino por la magnitud de su injusticia o de su perversidad” -afirma el santo-.

El teólogo José de Segovia denuncia que la imaginación popular ha creado un concepto de Dios como de una suerte de Papá Noel cósmico que ofrece el perdón a todo el mundo, en una especie de gracia barata. Muchos piensan que al final habrá como una amnistía general, donde casi todo el mundo entrará en el Reino de los Cielos, pero así fuera ¿por qué en el Nuevo Testamento hay más de 160 advertencias sobre el infierno? ¿Por qué Jesús habló de él en más de 70 ocasiones? La Biblia dice que muchos son los llamados pero pocos los escogidos (Mateo 22:14), que estrecho es el camino que lleva a la salvación y ancho el que conduce a la perdición (Mateo 7:13-14) y que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). Si al final puedes llevar la vida que quieras, no importa cuan desviada sea, y vas a entrar en el cielo igualmente ¿no es esto una injusticia para todos los santos y mártires que sufren auténticas penalidades a causa de su fe y que las enfrentan sin temor con la certeza de que les espera el gozo del bien eterno?

Los descreídos estiman temporales los suplicios de los mártires y, en cambio, la felicidad será -dicen- eterna para todos, liberados unos más pronto y otros más tarde. Se trata de una compasión mal entendida, pues si de lo que se trata es de ser compasivo San Agustín se pregunta por qué la misericordia debe limitarse a los humanos y no puede extenderse a los ángeles caídos; es más ¿por qué no ampliar la misericordia a Satanás, encarnación misma del mal? Yo creo que al final de su vida uno recoge lo que siembra. El que no perdona a sus congéneres, que no espere ser perdonado por el Altísimo. El que nunca trató con misericordia a los demás, que no espere la misericordia divina porque con la medida con que midamos seremos medidos (Mateo 7:2). Dios es bueno. No sólo ofrece un castigo eterno para los malvados, también un gozo eterno para los santos. Quienes quieran escapar del suplicio perpetuo, en lugar de esgrimir argumentos contra el Todopoderoso más les valdría acatar sus preceptos, ahora que aún están a tiempo.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Es preferible ser feliz viviendo la vida a tu manera y olvidarte de Dios.

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Tengo un conocido que está casado y frecuenta los prostíbulos con asiduidad. Dice que no es feliz en su matrimonio y en lugar de tratar de arreglarlo busca la felicidad fuera de casa. Tengo un amigo que es gay. Salió del armario hace muchos años y mantiene prácticas homosexuales con otros hombres. Ambos tienen una cosa en común: son ateos. No quieren ni oír hablar de Dios, de la religión o de la iglesia ni tampoco tienen intención alguna de cambiar su estilo de vida.

Ellos prefieren ser ateos porque si creen que existe una autoridad espiritual a la que van a tener que rendir cuentas no tendrán más remedio que creer también que van a enfrentar un juicio final cuyo veredicto último será el infierno. O, en su defecto, arrepentirse de sus pecados, dejar de hacer lo que a ellos les gusta hacer para así lograr ir al cielo. Ambas opciones son incómodas, así que a priori la solución más rápida es negar que haya Creador y seguir haciendo lo que les da la gana.

El gran matemático francés Blaise Pascal afirmó: “Si Dios no existe, nada pierde uno por creer en Él. Mientras que si existe, lo perderá todo por no creer”. Es mejor creer en Dios porque si estás en lo cierto, puedes alcanzar la dicha eterna, y estar equivocado no supone diferencia alguna. Por otro lado, si no crees en Dios y resulta que estás equivocado te condenarás para toda la eternidad, mientras que si estás en lo cierto no supone diferencia alguna. Es lo que se llama la apuesta de Pascal.

Algunos ateos sostienen que esta apuesta no es tan sencilla como parece. Si por ejemplo tienes algún vicio que realmente te encanta y debes abandonarlo por seguir a Jehová pues estás renunciando a hacer lo que te gusta. Eso por no hablar de tener que levantarse temprano los domingos para ir a la iglesia o cumplir con otras obligaciones. Si finalmente haces todo esto y resulta que el Señor no existe, habrás renunciado a vivir tu vida como a ti te gustaba para al final conseguir nada.

El sacerdote jesuita Jorge Loring explica: “La Iglesia impone una moral, pero no para reprimirte. Te quita libertad para lo malo, no para lo bueno. Es como las vías del tren. Las vías del tren ayudan al tren a avanzar, a llegar, te quitan libertad para despeñarte, porque si el tren se sale de la vía se despeña. La vía obliga al tren a ir por aquí y de este modo avanza y llega, porque si tienes libertad para despeñarte eso es un mal, no es un bien” -dice sobre la falta de libertad para pecar-.

Aun admitiendo que la apuesta de Pascal signifique renunciar a algo… ¿Qué es mejor? ¿Renunciar a una vida de fiestas y adulterios o a la salvación de tu alma? ¿Renunciar a las borracheras para acabar viviendo para siempre en el cielo o disfrutar de la discoteca tus años de vida para acabar ardiendo eternamente en el infierno? ¿Renunciar a la esclavitud del pecado o a la libertad que es Cristo? ¿Qué renuncia es mayor? Apostar contra el Todopoderoso no parece una muy buena jugada.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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¿Qué dice la Biblia acerca del infierno?

En los últimos años cada vez se habla menos del infierno. Hoy es casi un tema tabú. En siglos pasados se abusó de este recurso para aterrorizar a la gente y así hacerla creer. Sin embargo, el descrédito creciente de la Iglesia, así como la incredulidad y secularismo imperantes hacen pensar erróneamente que el infierno no es un lugar tan grave, que irá muy poca gente a él o que incluso no existe. Sin embargo, hay más de 160 advertencias sobre el infierno solamente en el Nuevo Testamento. Más de 70 de las cuales fueron pronunciadas por Cristo. Ninguna describe con detalle cómo es aquel terrorífico lugar pero una y otra vez se advierte sobre cuatro de sus características: tiene fuego, es oscuro, hay tormento y es eterno:

¿CÓMO DESCRIBE JESUCRISTO EL INFIERNO?
“Fuego” Mateo 7:19, 13:40
“Fuego eterno” Mateo 18:8, 25:41
“Pecado eterno” Marcos 3:29
“Juicio del infierno” Mateo 5:22
“Fuego del infierno” Mateo 18:9
“Arrojado al infierno” Marcos 9:45 y 47
“Severidad” Mateo 23:14,
“Peor castigo” Marcos 12:40, Lucas 20:47
“Será condenado” Marcos 16:16
“Condenación del infierno” Mateo 23:33
“Resucitarán para ser juzgados” Juan 5:29
“Horno encendido” Mateo 13:42, 50
“Donde el fuego nunca se apaga” Marcos 9:43, 44, 46, 48
“Donde el gusano de ellos no muere” Marcos 9:44, 46, 48
“Lloro y rechinar de dientes” Mateo 8:12, 13:42, 13:50, 22:13, 25:30
“Tormentos” Lucas 16:23
“Sufriendo en este fuego” Lucas 16:24
“Lugar de tormento” Lucas 16:28
“Oscuridad de afuera” Mateo 8:12, 22:13, 25:30
“Castigo eterno” Mateo 25:46

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Existe otro pasaje impagable que describe el infierno. Dice así:Había un hombre rico que se vestía lujosamentey daba espléndidos banquetes todos los días.A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. Resulta que murió el mendigo, y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico, y lo sepultaron.En el infierno, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego.”  Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente.Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá”. Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. Pero Abraham le contestó: “Ya tienen a Moisés y a los profetas; ¡que les hagan caso a ellos!”  “No les harán caso, padre Abraham —replicó el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían”.  Abraham le dijo: “Si no les hacen caso a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos”.” (Lucas 16:19-31).

A partir de lo relatado en este pasaje bíblico (tanto si es una parábola ilustrativa como si es una historia real), podemos extraer algunas conclusiones muy claras acerca de cómo es el infierno. Primero, es es un lugar concreto, no un simple estado de conciencia. Segundo, hay un fuego que atormenta a quienes moran allí. Tercero, el sufrimiento es tan atroz que el rico suplica simplemente por un mínimo alivio. Cuarto, el rico se lamenta -pero es demasiado tarde- de lo que ha hecho en vida y trata de advertir a sus familiares para que no vayan a este lugar de tormento, pero le resulta del todo imposible. Quinto, existe una gran sima puesta entre el cielo y el infierno, con lo que no se puede pasar de un lugar al otro ni viceversa.

¿Qué más sabemos? Apocalipsis 14:10 habla de ser “atormentado con fuego y azufre”. Job 18:21 habla de un “lugar del que no conoce a Dios” y otra vez menciona el azufre (Job 18:15). Apocalipsis 14:11 advierte: “El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre”. La Biblia dice en Hebreos 9:27: ” Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio”. Apocalipsis 20:15 añade: “Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego”. Fuego, azufre, tormento eterno… Son conceptos que se repiten sin fin.

¿Dónde está el infierno? La Biblia dice que Jesús descendió al sepulcro (Hechos 2:27) pero que Dios no permitió que su alma quedara allí ni su carne vio corrupción y fue resucitado (Hechos 2:31-32). Jesús estuvo tres días y tres noches en las entrañas de la tierra (Mateo 12:40) y descendió a las partes más bajas de la tierra (Efesios 4:9).  Números 16:32-33 dice: “Se abrió y se los tragó, a ellos y a sus familias, junto con la gente y las posesiones de Coré. Bajaron vivos al sepulcro, junto con todo lo que tenían, y la tierra se cerró sobre ellos. De este modo fueron eliminados de la comunidad”. Pasajes así hacen que muchos interpreten que el infierno es un lugar en las profundidades de la Tierra, donde hay un abrasador magma.

Jesús, quien era Dios, habló muy seriamente acerca del infierno. Hasta el punto de descender allí mismo para predicar a los espíritus encarcelados (1 Pedro 3: 18-21). Hasta el punto de advertir que es mejor cortarse la mano, el pie o el ojo y ser salvo a ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga (Marcos 9: 43-48). El propio Cristo preguntó, en Marcos 8:36: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” Dios amó al mundo hasta el punto de entregar a su hijo unigénito para darnos vida eterna (Juan 3:16) pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida; sino que permanecerá bajo el castigo de Dios (Juan 3:36). Muchos arderán en el fuego eterno para siempre.

Hay muchos nombres para referirse al infierno (lago de fuego, lugar de tormento, abismo, inframundo, tártaro, gehena…) pero todos se refieren a un mismo macabro lugar. No existe en la Biblia una descripción detallada acerca de cómo es concretamente ese espantoso reino, o cómo funcionan las cosas allí o dónde se encuentra ubicado con exactitud, por lo que existen todo tipo de  especulaciones y debates al respecto. Ahora bien, podemos dibujarnos bien el averno con sólo cuatro pinceladas: es un lugar sepulcral y tenebroso, con fuego que atormenta a quien allí mora y este castigo es eterno. Esto debiera bastar para aceptar a Cristo como señor y salvador y para tratar de evitar aquel monstruoso horror a toda costa.

Fuente: Santa Biblia Nueva Versión Internacional 1999.

¿Qué dice la Biblia acerca del purgatorio?

Para la Iglesia Católica el purgatorio es un estado transitorio de purificación y expiación donde, tras la muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal, pero que han cometido pecados leves sin haber sido perdonados o graves ya perdonados en su vida pero sin satisfacción penitencial del creyente, tienen que purificarse de esas manchas a causa de la pena temporal contraída para poder acceder a la presencia de Dios. La estancia en ese lugar es transitoria, por lo que todo aquel que entra allí tarde o temprano acabará entrando también en el cielo. Las plegarias por los muertos y las indulgencias pueden acortar la estadía de uno o varios sitios queridos que estén en ese estado. El purgatorio es dogma de fe desde 1254, fruto del primer Concilio de Lyon, en los tiempos del Papa Inocencio IV.

Ahora bien, ¿qué es lo que dice la Palabra de Dios sobre este asunto? En las más de mil páginas de la Biblia la palabra “purgatorio” no aparece mencionada ni una sola vez. Tampoco existe ningún fragmento que afirme que existe un tercer lugar, estado de conciencia o dimensión donde van a parar aquellos que no han sido suficiente malos como para ir al infierno pero tampoco suficientemente buenos como para ganarse el cielo. Ni mucho menos se afirma que el espíritu de una persona muerta vaya a ir al cielo por más rezos o donativos a la iglesia que hagamos. En ningún momento se menciona nada así. No lo menciona Dios padre, ni Dios hijo, ni los profetas, ni los evangelistas ni los apóstoles. Y sería muy presuntuoso pensar que un Papa, por sabio que sea, pueda corregir al mismísimo Dios.

Es más… si todo esto fuera posible, invalidaría el sacrificio de Jesucristo por nosotros. Cristo es enviado a la Tierra para salvarnos de nuestros pecados ya que nadie que tenga pecado puede entrar en el cielo. Si salvar el alma de un difunto fuera tan sencillo como rezar unos cuantos padrenuestros entonces ¿para qué vino Cristo al mundo? Se podía haber ahorrado ser crucificado ya que con nuestros rezos es más que suficiente para obtener  la salvación. No existe base bíblica alguna para sostener la existencia del purgatorio. De hecho, fue un invento de la Iglesia Católica Romana para convencer a la gente de que si pagaba dinero podía salvar las almas de sus familiares. El dinero recaudado se empleó para financiar  las campañas políticas y militares de los sumos pontífices de la Edad Media.

¿Qué quiso decir Jesús con “si tu ojo te hace pecar, arráncatelo”?

“Sabéis que se dijo: No cometas adulterio. Pero yo os digo: El que mira con malos deseos a la mujer de otro, ya está adulterando con ella en el fondo de su corazón. Así que, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena” (Mateo 5:27-30). Estas palabras salieron de la boca del mismísimo Cristo.

¿Qué quiso decir Jesús con esto? Él hablaba de la lujuria con la que muchas veces los varones miramos a las mujeres, pero en realidad lo hacía extensible a todo tipo de pecados, también los cometidos por las féminas, obviamente. Es evidente que todos los hombres heterosexuales hemos contemplado con deseo a alguna mujer que no es la nuestra más de una vez. Es la naturaleza masculina y quien diga lo contrario, miente. Así pues ¿acaso deberíamos ser todos tuertos? ¿Por qué no predican con el ejemplo pastores y sacerdotes y se arrancan ese ojo que les hace pecar?

Jesús no hablaba de forma literal en este pasaje. Primero, porque Dios, como Padre nuestro que es, no desea nuestro sufrimiento o que nos automutilemos. Y segundo, porque aunque nos arrancáramos los dos ojos, las dos manos y los dos pies aún seguiríamos pecando ya que el pecado es parte de la naturaleza humana y anida en el corazón. Lo que quería decir realmente es que, para evitar pecar, lo que debemos hacer es evitar toda ocasión que nos pueda hacer pecar. Evitando la ocasión evitaremos la trampa. Huyendo de la tentación, no caeremos en el pecado.

Todas las personas tenemos debilidades. Por ello lo que debemos hacer es evitar lugares, situaciones o personas que nos puedan hacer caer. Si tiendes hacia el alcoholismo sería una buena idea que  te alejes de los bares. Si te atrae mucho el juego, no pises un casino. Si  piensas que puedes ser infiel con una persona, mejor  distánciate de ella. Si a través de la televisión es que entra la inmoralidad en tu vida, entonces apágala y lee un libro. Porque más vale renunciar a algo que nos gusta y salvar nuestro espíritu, que a causa de un vicio acabar al final en el infierno.

Fuente: Biblia Traducción Interconfesional 2008.

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