Entre un cielo gris como la ceniza y las praderas verdes existe un pueblo al que el cineasta Orson Welles ya retrató como distinto de cualquier otro. Los vascos no son españoles ni franceses. Los vascos son vascos. Son diferentes. Un pueblo aborigen heredero de los antiguos vascones. Ellos son los auténticos pieles roja de Europa.
El actual Euskadi nace en los años 70 con la fusión de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su nacionalismo expansionista no obstante trata de anexionarse Iparralde y Navarra. Tristemente ETA es la imagen de Euskadi en el mundo. La banda terrorista ha asesinado a un millar de personas y hace que la gente esté muerta de miedo.
Los vascos son profundamente raros, cerrados, conservadores y tradicionalistas. Existe un fuerte sentimiento de pertenencia al grupo y pánico a quedarse fuera del mismo. Allí prima una mentalidad donde lo que importa es el colectivo y el individuo no cuenta. Son patriotas orgullosos de ser vascos y están apegados a su tierra.
Su lengua es extrañísima, más antigua que el latín y sin conexión con ninguna otra. Se compone de siete dialectos entre los cuales hay más diferencias que entre italiano y español. Sus históricos privilegios forales han forjado una patria industriosa y rica. Es un pueblo profundamente trabajador con una economía robusta.
Álava tiene la capital administrativa, Bilbao la musculatura industrial y financiera y la bellísima San Sebastián es la agitadora cultural en cine, música y arte. Patria fecunda en literatos como Nicolás de Ormaetxea, Gabriel Aresti, Bernardo Atxaga, Sabino Arana, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blas de Otero, etc.
En esta ancestral tierra existe un conflicto vasco-español o vasco-vasco, que de todo hay, entre quienes desean la independencia y quienes se oponen a ella. Los vascos gozan de una de las identidades más acusadas del orbe y tienen derecho a decidir su futuro en paz. Es sólo una cuestión de tiempo que sean una nación libre.
Una de las peores cosas que le puede pasar a uno en la vida es pertenecer a una minoría étnica y vivir en el jacobino y centralista Estado Francés, una auténtica dictadura etnocida que aniquila cualquier lengua y cultura que no sea la oficial francesa. Ése es el infausto destino que le ha tocado en suerte al valiente pueblo corso.
Tanto es así que los corsos se vieron obligados a finales del siglo XX a recurrir al terrorismo para lograr un cierto autogobierno y la oficialidad de su lengua, muy parecida al toscano. Sin la lucha armada, ni siquiera esto tendrían por parte de una Francia que promueve activamente la uniformización y homogeneización del Estado.
La isla ha sufrido durante siglos la marginación económica de París, lo cual ha despertado un fuerte nacionalismo local. Frente a la falta de inversiones e infraestructuras, el nacionalismo propone una Córcega independiente que sea un paraíso fiscal, lo cual la convertiría de hecho en uno de los países más ricos del mundo.
Córcega siempre fue una joya muy codiciada. Entre 1755 y 1769 logró sacudirse de encima el histórico dominio genovés y fue un estado independiente bajo la batuta del patriota corso Pasquale de Paoli. En 1769 el país fue fagocitado por Francia y por casualidad justo aquel año nació el dictador Napoleón Bonaparte en la isla.
Los antiguos atenienses bautizaron la isla como «Kallisté», que significa «la más bonita». Hoy se la conoce como «la isla de la belleza»… Bosques, montañas y preciosas playas de fina arena y aguas cristalinas que atraen cada año a miles de deportistas náuticos, submarinistas y amantes de la mar procedentes del mundo entero.
El pueblo corso tiene el complicado reto de decidir su destino. Si en el futuro escoge la independencia, tendrá un país libre y próspero. Si elige seguir formando parte de Francia, será simplemente una mancha que se diluye paulatinamente allá a lo lejos en el horizonte hasta acabar despareciendo de la vista para siempre jamás.
Una nueva nación libre está a punto de nacer: Sudán del Sur. Y será una nación para Cristo. Tras 55 años de unión impuesta y mal avenida y de un total de 38 años de guerra civil, Sudán desaparece tal y como lo conocíamos. Sudán del Sur (negro y cristiano) ha decidido separarse de sus vecinos árabes musulmanes del norte.
Los acuerdos de paz de 2005 que pusieron fin a la segunda guerra civil sudanesa (1983-2005) establecieron un referéndum de autodeterminación para el sur. En la consulta del 9 al 15 de enero de 2011 el pueblo se ha volcado abrumadoramente con el sí a la secesión: el 99% a favor de la independencia, que se oficializará en julio.
El hasta hace poco país más grande de África, Sudán, estaba dividido en tres regiones: el norte (con musulmanes árabes), Darfur (con musulmanes negros) y el sur (con cristianos y animistas negros). El norte, gobernado por islamofascistas y fanáticos, cometió durante años espantosos crímenes y genocidios en las otras dos zonas.
Jartum quería imponer el islam, la ley sharia y la lengua árabe para todo el mundo, sin espacio para la diversidad cultural o étnica. Frente a tal amenaza totalitaria, no ha quedado más remedio que la secesión. Ahora, el cristianismo podrá ser practicado en libertad y sin miedo a represalias en un país que ama a Jesús.
La nueva república será uno de los países con más recursos petrolíferos de África. El 90% de los pozos petroleros del antiguo estado de Sudán se encuentran en la región del sur, aunque tienen su vía de exportación a través del norte, con lo cual tanto musulmanes como cristianos deberán ponerse de acuerdo en el reparto del crudo.
Sudán del Sur es un país en ruinas por causa de las guerras. Y pese a su enorme riqueza petrolera, probablemente el pueblo pasará hambre porque el dinero se lo quedarán los cuatro de siempre. Pero al menos se han sacudido de encima a la paranoica secta de la media luna y su brutal represión. Es el primer paso para ser libre.
Desde hace tiempo venimos escuchando un ronroneo preocupante: hay que eliminar las autonomías. Este discurso suena con mucha fuerza en la Meseta pero carece de apoyos fuera de ella. Es la típica soflama del nacionalismo español; ése que siempre se presenta como no nacionalista y que siempre es el más nacionalista de todos. Pretender eliminar las comunidades autónomas significa ni más ni menos que apostar por el modelo tercermundista de Marruecos, Nepal o Chad. En la Meseta hay muchos descerebrados que piensan que España sería un país idílico si todos fuésemos exactamente iguales (a ellos, claro). Y por eso que mejor que un estado bien centralista en el que 45 millones de habitantes dependan de Madrid.
La República Bolivariana de Venezuela es un país plenamente centralista. Tanto es así que por ejemplo para renovar el pasaporte debes pedir cita en Caracas. Es decir, puedes vivir en el Estado Amazonas (en la frontera con Brasil) y simplemente para renovar el pasaporte debes viajar en autobús durante casi 20 horas o tomar un avión para ir a Caracas. Esto es lo que a muchos madrileños y castellanos les gustaría. Que uno tenga que desplazarse desde Tenerife hasta Madrid solamente que para que le pongan un cuño en un papel. Que tengamos que pedir permiso a Madrid hasta para ir a cagar. Los castellanos son así de cutres y tercermundistas. No es casualidad que el interior de España esté como está.
El Estado de las autonomías ha traído un gran desarrollo a las nacionalidades y regiones. Y además es algo inherente a la historia de esta tierra. Porque antes de que existiera España ya habían reinos con tradición, cultura e identidad propias. Los países más desarrollados del mundo, como Alemania o Suiza, son descentralizados. Los Estados Unidos, donde Washington tiene poco poder en comparación con los estados federados, no por ello dejan de estar unidos. Y en España la descentralizacion a los ayuntamientos es la asignatura pendiente para que la administración esté cerca del pueblo. Si puedo resolver un asunto en mi ciudad o como mucho, en la capital de mi comarca ¿para qué tener que ir más lejos?
Ahora se queja la caverna de Almansa de que en el Senado español se usarán las lenguas cooficiales. Que para qué si con un solo idioma (el suyo, claro) nos entendemos todos. Que es un gasto inútil en traductores y que ese coste podría emplearse para asegurar las pensiones. Curiosamente, ninguno de estos centralistas se quejó de que el lehendakari vasco, Paxti López, gastara en tiempos de crisis 60.000 euros en poner banderitas españolas en las comisarias del País Vasco. Que menos que en una cámara que es de representación territorial estén representadas las lenguas de las regiones (aún así, no están representadas todas). Lenguas que nos dicen que son españolas pero que no quieren ver ni en pintura.
Nos dice la derecha más españolista y cavernaria que desde que han entrado en funcionamiento las autonomías, se ha disparado el déficit de forma tremenda. Bueno, también desde que los derechos humanos están en vigor en España se ha multiplicado la deuda y la solución no es volver al franquismo. El problema no es de autonomías sino de despilfarro y corrupción. Aquí no ha habido reparto de competencias sino multiplicación. Porque por ejemplo de la competencia de turismo se ocupa el estado, la autonomía, la diputación y el ayuntamiento. Cuatro administraciones haciendo todas lo mismo. Y a eso le sumamos la Unión Europea (UE), que nadie bien sabe que demonios hace pero nos cuesta como si lo hiciese todo.
Si todo el mundo se encarga de todo, lógicamente tendremos unas cuentas insostenibles. De ahí la bancarrota. Pero eso se resuelve haciendo un reparto racional de competencias. De lo que se encargue el Estado, que no se encarguen las autonomías. Y viceversa. Y eliminar las diputaciones provinciales, que ésas sí, son un costoso florero decorativo que no sirve para nada salvo para enchufar a los familiares de los políticos. Pero esto es lo que no quieren ver los nacionalistas españoles… a ellos les gustaría un estado homogéneo, uniforme y centralista. El presidente yugoslavo Slobodan Milosevic también quería hacer lo mismo. ¿Cómo no va a haber separatistas cuando hay separadores? Aprendamos de la historia.
Canarias es, posiblemente, la colonia más antigua del mundo. Desde que Castilla la conquistó en el siglo XV. Sus ancestrales raíces guanches, la posterior influencia caribeña y europea, el silbo gomero, su insularidad y la distancia respecto a la Península son hechos diferenciales que refuerzan un sentimiento identitario acusado.
Las Islas Canarias luchan por ser nación. El canario es un nacionalismo tapado, del que nunca se habla, pero que cuenta con todo el potencial del mundo. Los canarios ya tuvieron un papel clave en la independencia de Venezuela y ahora cada vez más gente demanda un estado libre asociado a España o incluso uno propio.
Los nacionalistas aducen que así se dispondría de aguas marítimas propias, que las empresas instaladas allí que ahora tributan en Madrid tendrían que hacerlo en las islas y sobre todo que se pondría fin al sistema colonial español. Y añaden que no por tener un estado pequeño deberían ser invadidos y ponen como ejemplo a Malta.
Las Canarias son las islas afortunadas; paraíso natural de singular belleza, una tierra de carnavales, mujeres hermosas y perenne buen clima, un crisol de culturas fruto mestizo de la tradición guanche, castellana y americana. País de ilustres: Aldredo Kraus, César Manrique, Benito Pérez Galdós o Juan Negrín.
Esta patria es un paradisíaco enclave y una potencia turística pero también un territorio menudo y superpoblado desbordado por la inmigracion española y africana. La avalancha migratoria está devorando los limitados recursos del Estado del bienestar y provocando graves problemas de paro y hasta de espacio físico.
En el siglo XV el líder aborigen Tenesor Semidán trató de negociar con los Reyes Católicos un reino canario. No le escucharon. Hoy el 60% de la población se siente más canaria que española. Y quién sabe qué puda ocurrir en una futura España donde ya no estarán catalanes ni vascos. Quizás Semidán vea cumplido su sueño.
El pueblo serbio fue históricamente traicionado por Occidente. En su día sufrió la invasión del genocida Imperio Otómano. Las potencias europeas, temerosas de los turcos, abandonaron a su suerte a los serbios, que sucumbieron en la Batalla de Kosovo de 1389 y padecieron la despiadada opresión turca hasta finales del siglo XIX.
Aquella invasión islámica y la traición de Occidente fueron la raíz de todos los males posteriores. Serbia desarrolló un nacionalismo excluyente y fanático para asegurar su supervivencia frente al islam y al imperialismo. Las dos Guerras Balcánicas (1912-13 y 1913) confirmaron al país como una potencia en el sur de Europa.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría en Saravejo desencadenó la Primera Guerra Mundial (1914-18). Serbia se apoderó de los pueblos de alrededor y juntos constituyeron Yugoslavia en 1918. En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los nacionalistas croatas asesinaron más de 700.000 serbios.
Tras la dictadura comunista de Josip Broz Tito, llegó la Guerra Civil Yugoslava (1991-1995), la Guerra de Kosovo (1999), la ruptura con Montenegro (2006) y la independencia de Kosovo (2009). Los serbios cometieron espantosos genocidios. Con tanta guerra, se desintegró Yugoslavia y naufragó definitivamente la potencia serbia.
En los Balcanes se expían los pecados con el ritual del derramamiento de la sangre. Pese a ello, Serbia destaca poderosamente en el campo de la cultura (Kornelije Stankovic, Vuk Stefanovic Karadzic o Emir Kusturica) y del baloncesto (Dragan Kikanovic, Drazen Dalipagic, Radivoj Korac, Dejan Bodiroga…).
El nacionalismo étnico llega a su máxima crudeza en Serbia: una sucesión infinita de guerras por la bandera, la patria y la religión… Es la salida lógica de un pueblo repudiado por Occidente y agredido por el islam: confiar sólo en sí mismo. A Serbia no le quedó más remedio que ser como es. Y Europa tiene buena parte de culpa.
Decía el escritor catalán Josep Pla que los premios son una chorrada. Yo estoy plenamente de acuerdo. No sirven para nada, más allá de dar una publicidad momentánea. No son importantes, ni siquiera el famosísimo Nobel. La prueba es que el dramaturgo José Echegaray fue el primer español en ganar un Premio Nobel y hoy en España no lo conoce ni la madre que lo parió. Sin embargo todo el mundo conoce al literato Jorge Luis Borges, que curiosamente no lo ganó nunca.
Posiblemente el más grotesco de todos los premios literarios sea el Premio Miguel de Cervantes. Este título, considerado el Nobel de las letras hispánicas, es absurdo porque insiste año tras año en conceder el trofeo atendiendo más a la nacionalidad del premiado que a su talento. Existe una ley no escrita que dice que en una edición debe recibir el laurel un autor español y en la siguiente un americano, cumpliendo un disparatado sistema de turnos que recuerda al de la Restauración.
Esto significa ni más ni menos que el 50% de los galardonados son españoles y la otra mitad americanos. Y yo podría estar de acuerdo si efectivamente éste fuera el peso literario real, es decir, si efectivamente España tuviese tantos escritores geniales como tota Hispanoamérica. Pero esto es radicalmente falso. Hoy el 90% de los hispanohablantes del mundo vive en América y desde la irrupción del boom latinoamericano, el centro orbital de la literatura hispánica se ha trasladado a América.
El castellano nació en Castilla pero renació en América. Y digo renació porque a principios del siglo XX, era prácticamente imposible encontrar autores españoles en librerías inglesas, holandesas o francesas. Tanto es así que el propio literato Eugeni d’Ors recomendaba a los escritores catalanes que escribieran en catalán, porque ya que ni siquiera escribiendo en español iban a ser traducidos, leídos y conocidos en el extranjero, al menos que escribieran en la lengua vernácula del país.
Pero si hoy el español vuelve a tener una cierta fuerza literaria en el mundo (digo literaria, porque en casi ninguna otra cosa destacable tiene fuerza) es gracias al realismo mágico de Hispanoamérica. Asumámoslo; por primera vez en la historia los mejores libros en lengua española no se escriben en Europa. ¿Qué clase de jurado es el que condecora a Francisco Umbral antes que a Gabriel García Márquez? Los premios literarios deben atender a los méritos del autor, no a su pasaporte.
Hablan árabe pero no los quieren los árabes. Son musulmanes pero no son bienvenidos entre aquellos que practican el islam. Los kurdos son un pueblo de 25 millones de almas con lengua propia que se reparten por Turquía, Irán, Irak, Siria y Armenia. Posiblemente, constituyen la mayor nación sin estado de todo el mundo.
También los occidentales abandonaron a los kurdos. En su día los aliados les prometieron un estado propio como recompensa a su ayuda en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Tratado de Sèvres de 1920 preveía un estado kurdo pero sólo tres años después, en el Tratado de Lausana de 1923, se incumplió dicha promesa.
Engañados y traicionados, abandonados a su suerte, sin nadie que les ayude, los kurdos siguen luchando con desigual suerte por su patria. Entre 1984 y 1999 el Partido de los Trabajadores del Kurdistan de Abdulá Ocalan usó el terrorismo contra el ominoso estado turco. Actualmente, la lucha ya no es armada sino política.
En Irak, el dictador Sadam Hussein les sometió a una durísima represión durante décadas, que llegó a su punto álgido al gasear con armas químicas a 4000 de ellos en 1988. En la Guerra de Irak de 2003 los kurdos se aliaron con la coalición angloamericana que derribó a Sadam. Hoy disponen de autonomía en el país.
En 1945 en la República Islámica de Irán, los kurdos proclamaron un estado independiente que tan sólo duró doce meses. Irán ha apoyado a los kurdos iraquíes pero a menudo ha perseguido a los propios. Por su parte, en Siria y Armenia también han sido fuertemente reprimidos. En muchos casos hasta la muerte.
Los kurdos han sido utilizados y traicionados, les ha sido negada una patria, su lengua y cultura han sido prohibidas, decenas de miles de ellos han sido masacrados, sufren una represión extrema, son vejados a diario… Mientras, el mundo mira a otro lado. Es la gran desgracia de ser un pueblo olvidado y sin amigos.
Moldavia sólo quiere ser Moldavia. El problema es que no le quieren dejar ser. El histórico principado moldavo (hoy república) fue fundado en el año 1359 y a lo largo de siglos tuvo que batallar con turcos, austrohúngaros, soviéticos, ucranios, rumanos y rusos para defender su soberanía y poder seguir siendo una nación libre.
En tiempos recientes, tras el hundimiento de la Unión Soviética en 1991, Moldavia proclamó su independencia. Su primer presidente moderno, Mircea Snegur, quería que el país fuese anexionado por Rumanía pero el pueblo votó en contra en un referendo en 1994. La mitad de la antigua Moldavia permanece bajo dominio rumano.
Tal decisión no es respetada por Rumanía ni Rusia, que desestabilizan la nación. Bucarest habla abiertamente de anexionarla y hacer la «Gran Rumanía». Rusia apoya militarmente a la minoría rusófila de Transnitria, estado independiente de facto segregado de Moldavia desde el año 1990 y que Chisinau reivindica como suyo.
Además, tiene otro problema añadido: la región autónoma de Gagauzia, que ya se separó del país y que de hecho fue un estado independiente de facto de 1991 a 1994. Sin embargo, y a diferencia de Transnitria, en este caso el gobierno de Chisinau sí logró recuperar el control de la región. Gagauzo y ruso son oficiales allí.
Uno de los capítulos más controvertidos de la república es su lengua: el idioma moldavo, que es muy similar al rumano. Pues hasta en esto quieren anexionárselo y hacerlo desaparecer. Sin embargo, la gran mayoría de los ciudadanos moldavos tiene muy claro que ellos no solamente no son rumanos sino que tampoco hablan rumano.
La extrema derecha moldava desea su anexión a Rumanía. La extrema izquierda, la sumisión a Moscú. Las minorías gagauza y transnitria separarse. A todo ello, se suma la extrema pobreza y corrupción. Moldavia es un estado frágil como una copa de cristal. Sólo la férrea voluntad de su pueblo impide aún hoy que la hayan roto.
Venezuela es la primera nación americana que se independizó del Imperio Español, en el siglo XIX. Fue en la Batalla de Carabobo de 1821, donde el ejército realista fue masacrado. Allí, en Valencia, nació Venezuela y provocó un efecto dominó en toda Hispanoamérica que acabaría por enterrar el imperio colonial en 1898.
Y es que Venezuela es por encima de todo la patria de Simón Bolívar. Bolívar fue el libertador de cinco naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) y su figura es omnipresente en el país. En los discursos, en los grafitis en las calles, los libros, en los bares… Todo el mundo rinde un culto casi mesiánico a aquel gran hombre.
Hoy es una nación famosa por tener a las mujeres más hermosas del planeta, por ser la superpotencia de los concursos de belleza, por sus telenovelas románticas y por ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo y gas. Pero también sufre una alta tasa de corrupción y un aumento de la inseguridad ciudadana y del crimen.
Actualmente Venezuela vive bajo una dictadura neocomunista disfrazada de democracia con el presidente Hugo Chávez. Los recortes de libertades y de derechos individuales, las expropiaciones, y los cierres de medios de comunicación están a la orden del día. Todo augura una progresiva y creciente cubanización del país.
Pero allá donde prolifera la maldición, también suele abrirse paso la bendición, en este caso espiritual. En la república ha experimentado un fuerte avivamiento del Espíritu Santo, la gente predica la Biblia en medio de las plazas públicas y hay una auténtica explosión de iglesias evangélicas presente en cada barrio de la patria.
Venezuela es una tierra histórica que ha dado al mundo personajes célebres como Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Arturo Michelena, Rómulo Gallegoso Andrés Bello. Es el faro de luz que alumbra a América Latina, un país que ha inscrito su nombre en los libros de historia con letras de oro.
Este bloc es gratuito pero tiene sus costes, de dinero y de tiempo. Si quieres y puedes, haz una pequeña donación. Por pequeña que sea, será importante. Muchísimas gracias por ayudar a seguir mejorando esta página web.
Comentarios recientes