Argelia: un pueblo abierto al mundo.

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Por el territorio de la actual Argelia han pasado bereberes, árabes, omeyas, fatimíes, ziríes, almohades, mudéjares… Tras la conquista musulmana -siglo VII- se impuso el árabe y el islam allí. Por siglos fue un puzzle de tribus y reinos de taifas dominado por españoles y turcos y luego una colonia francesa de 1830 a 1962.

Argelia nació ese año como nación independiente tras una cruenta guerra (1954-1962), cuyo recuerdo es un trauma nacional. Los franceses habían transigido con la secesión de varias de sus colonias, pero hicieron lo imposible por retener a Argelia por la fuerza y cometieron auténticas monstruosidades en el intento.

Desde 1963 fue una dictadura comunista que promovió la arabización de los bereberes y nacionalizar empresas. En 1989 llegó la democracia y tres años después los islamistas ganaron las elecciones pero el ejército las suspendió, tras lo cual hubo miles de muertos. El militar es el auténtico poder en la sombra hasta hoy.

El árabe clásico es el idioma oficial del estado, pero la gente habla árabe argelino (distinto del clásico), lenguas bereberes (reconocidas como nacionales, pero no como oficiales) y francés. Hay un 70% de árabes frente a 30% de bereberes, y el 70% habla francés como segunda lengua. El 99% de los argelinos profesa el islam suní.

Argelia lo tiene todo para ser una potencia regional: es una de las naciones más modernas de África;  el estado más grande del continente desde la partición de Sudán en 2011; tiene petróleo, gas y otros recursos; una población muy joven y un inmenso potencial turístico por explotar. Pero el país no despega; es corrupto y pobre.

El norte fértil occidentalizado o el sur árido tradicional. Árabes o bereberes. Magreb o Mediterráneo. Playa o desierto. Comunismo o islam. Cerveza o sharia. Existen muchas Argelias dentro de Argelia. Pero en general, se trata de gente abierta al mundo. Y solidaria… Que se lo pregunten a los refugiados saharauis de Tinduf.

Irak: el país de las guerras.


Entre los ríos Tigris y Eufrates existe una tierra milenaria, cuna de la civilización y de la agricultura, centro de naciones históricas como Acadia, Asiria, Babilonia o el Califato Abasí. En ella se halla el actual Estado de Irak, que poco o nada tiene que ver con ellas, y que está dividido en tres naciones enfrentadas: suníes, chiíes y kurdos.

En el siglo XX Irak se emancipó de dos poderosísimos imperios coloniales: el otomano y el británico. Desde su independencia, Irak se ha caracterizado por ser el país de las guerras. De 1961 a 1970 los separatistas kurdos estuvieron en lucha contra el estado y en 1967 Irak fue aplastado por Israel en la Guerra de los Seis Días.

En los años 80 Irak era un estado relativamente potente donde la gente vivía con cierta comodidad. Pero el dictador Sadam Hussein comenzó una serie de conflictos que cada vez hicieron más pobre y débil al país. Irak atacó Irán para anexionárselo, la guerra duró ocho años (de 1980 a 1988) y finalmente acabó en tablas.

En 1990 Sadam invadió y se anexionó Kuwait, pero en 1991 una coalición militar de una treintena de naciones encabezada por Estados Unidos aplastó al país durante la célebre Guerra del Golfo Pérsico. Dicha conflagración tuvo una segunda entrega en el año 1998, cuando Estados Unidos bombardeó de nuevo Irak.

En 2003 llegó la Guerra de Irak (que dura aún hoy). Con los falsos argumentos de que Bagdad poseía armas de destrucción masiva y colaboraba con terroristas, una coalición internacional  bajo liderazgo angloamericano decidió ejecutar a Sadam y ocupar la asolada patria con la excusa de llevar la democracia a la región.

El resultado no ha podido ser más catastrófico: una pseudodemocracia que no convence a nadie, el petróleo y el gas controlados por potencias extranjeras, una salvaje espiral de atentados terroristas, guerra de guerrillas de la resistencia contra los ocupantes aliados y hasta peligro de balcanización. Es la anarquía total.

Kuwait: el aliado de Occidente.

Las raíces de la nación kuwaití se remontan al siglo XVI, cuando una tribu de Arabia, los Al Aniza, se asentó en la región. Oficialmente, el país se fundó en 1672 y en 1752 un miembro de la actual familia real, los Al Sabah, fue proclamado emir. Con posterioridad, fue un protectorado británico del cual se independizó en 1961.

Dicen que Dios, en su extraño sentido del humor, bendijo a Kuwait -un país más pequeño que Israel- con nada más y  nada menos que el 10% del petróleo de todo el planeta, y grandes reservas de gas natural. El 75% de sus habitantes son inmigrantes, que en no pocos casos trabajan bajo un régimen de explotación feudal.

Tales riquezas despertaron las ambiciones del dictador iraquí Sadam Hussein, que invadió y se anexionó Kuwait en 1990. Una coalición militar internacional encabezada por Estados Unidos derrotó a Sadam y liberó el emirato en 1991.  La Guerra del Golfo Pérsico fue la crisis más dura en la historia reciente de esta patria.

Durante decenios Kuwait estuvo ayudando a la causa palestina con alimentos, millones de petrodólares y con trabajo para inmigrantes procedentes de allí. Pero cuando Sadam invadió  el emirato, los palestinos lo celebraron con una fiesta. Una vez liberado el principado, los refugiados palestinos fueron expulsados del país.

En el mundo islámico Kuwait es visto como un traidor, un aliado del Satán occidental. Pero a lo largo de la historia Kuwait sólo recibió traiciones y ataques por parte de países hermanos como Irak, Irán, Arabia o Palestina, por lo que no tuvo más remedio que aliarse con Occidente en pro de su supervivencia como nación.

Kuwait es una dictablanda disfrazada de monarquía donde no hay libertad, pero a la que Occidente le consiente todo por su relevancia geoestratégica y energética. Pero sobre todo es un pueblo con fuerte identidad propia que ha mantenido su independencia pese a vivir rodeado por naciones gigantescas que sueñan con su fin.

Arabia Saudita: la cuna del islam.

Para los occidentales, Arabia Saudí es un inmenso desierto bajo cuya arena se esconde un más inmenso todavía oceano de petróleo. Este país del Golfo Pérsico es el que tiene más petróleo del planeta, y es uno de los primeros en gas natural, lo cual hace que los gobernantes de todo el mundo rindan pleitesía a su despótico rey.

Pero para los mahometanos Arabia es lo que el Vaticano para los católicos. La Meca es su centro espiritual, una ciudad a la que acuden cada año millones de peregrinos para cumplir con uno de los cinco pilares básicos del islam. Allí nació el profeta Mahoma, que luego habría de expandir el islam y el árabe por el mundo.

Este reino es el referente de los suníes, que son el 90% de musulmanes, y tiene su principal contrapoder en Irán, la tierra del chiismo. Desde Arabia Saudita se financia la construcción de mezquitas y madrasas por todo Occidente, que propagan la doctrina salafista, una de las más integristas de la secta de la media luna.

Arabia Saudita es una teocracia medieval donde el Corán hace de Constitución y la Sharia es la ley fundamental. En esta monarquía absolutista no hay elecciones, derechos humanos o partidos políticos. La familia Saud gobierna esta nación como si fuese su cortijo, hasta el punto de añadir su propio apellido al nombre del país.

La familia real (en teoría descendiente de Mahoma) está compuesta por más de 7.000 miembros, convenientemente mantenidos y remunerados; cuenta con un monarca todopoderoso y centenares de príncipes. El rey dispone de su propio harén y gobierna con mano de hierro. Arabia se independizó de Gran Bretaña en 1926.

El alcohol y el cerdo están prohibidos. También los cines y teatros. A la hora de los rezos se cierran tiendas y programas de TV. Las mujeres no conducen. Existe una policía que vela por la moral. Cristianos y judíos son expulsados del país incluso por rezar en la intimidad de sus hogares… Arabia Saudí es el auténtico rostro del islam.

Emiratos Árabes Unidos: un reino de reinos.

Emiratos Árabes Unidos (EEAAUU) es un reino de reinos. Se trata de una federación de siete estados soberanos, cada uno con su príncipe o emir: Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fujaira, Ras el Jaima, Saria y Um el Kaiwain. Esta compleja y fascinante alianza de monarquías constituye un insólito sistema político digno de estudio.

Es una monarquía absolutista sin elecciones ni partidos políticos. El gobierno lo desempeña el Consejo Supremo, compuesto por los siete emires. Por tradición, el cargo de presidente  recae en el emir de Abu Dabi y el de primer ministro en el de Dubái, los dos países más grandes y poderosos de la pequeña federación de emiratos.

Pese a su reducido tamaño, EEAAUU es de los principales productores mundiales de petróleo y gas natural. De hecho, cuenta con recursos por lo menos para cien años. Pero los emiratís son bastante más inteligentes y pragmáticos que la mayoría de estados vecinos del Golfo Pérsico y ya se preparan para un futuro sin oro negro.

Están pasando de una economía monocultivo a una diversificada, con industria, alta tecnología y turismo (destacables son sus islas artificiales, como Burj al-Arab y Palm Islands). Esto, además de su posición favorable a Occidente, le ha valido al país islámico para ser calificado como el Hong Kong o el Singapur de Oriente Medio.

Los EEAAUU se independizaron de Gran Bretaña en 1971. Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fujaira, Saria y Um el Kaiwain fueron los miembros fundadores, a los que se sumó Ras el Jaima un año después. En 1968 se buscó una unión con Qatar y Baréin, pero finalmente estos emiratos se independizaron y siguieron su propio camino.

Aunque hablamos de un desierto que en verano alcanza los 50º de temperatura, esta monarquía federal cuenta con cuatro millones y medio de habitantes, de los cuales más del 80% es población inmigrante (que trabaja en semiesclavitud) atraída por las opertunidades que ofrece uno de los países con mayor nivel de Asia.

Venezuela: la cuna de Hispanoamérica.

Venezuela es la primera nación americana que se independizó del Imperio Español, en el siglo XIX. Fue en la Batalla de Carabobo de 1821, donde el ejército realista fue masacrado. Allí, en Valencia, nació Venezuela y provocó un efecto dominó en toda Hispanoamérica que acabaría por enterrar el imperio colonial en 1898.

Y es que Venezuela es por encima de todo la patria de Simón Bolívar. Bolívar fue el libertador de cinco naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) y su figura es omnipresente en el país. En los discursos, en los grafitis en las calles, los libros, en los bares… Todo el mundo rinde un culto casi mesiánico a aquel gran hombre.

Hoy es una nación famosa por tener a las mujeres más hermosas del planeta, por ser la superpotencia de los concursos de belleza, por sus telenovelas románticas y por ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo y gas. Pero también sufre una alta tasa de corrupción y un aumento de la inseguridad ciudadana y del crimen.

Actualmente Venezuela vive bajo una dictadura neocomunista disfrazada de democracia con el presidente Hugo Chávez. Los recortes de libertades y de derechos individuales, las expropiaciones, y los cierres de medios de comunicación están a la orden del día. Todo augura una progresiva y creciente cubanización del país.

Pero allá donde prolifera la maldición, también suele abrirse paso la bendición, en este caso espiritual. En la república ha experimentado un fuerte avivamiento del Espíritu Santo, la gente predica la Biblia en medio de las plazas públicas y hay una auténtica explosión de iglesias evangélicas presente en cada barrio de la patria.

Venezuela es una tierra histórica que ha dado al mundo personajes célebres como Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Arturo Michelena, Rómulo Gallegos o Andrés Bello. Es el faro de luz que alumbra a América Latina, un país que ha inscrito su nombre en los libros de historia con letras de oro.

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