¿Sabías que el primer recetario de cocina escrito en una lengua neolatina fue en valenciano?

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Hoy son muy populares los libros de recetas de cocina y de hecho algunos de ellos llegan incluso a ser superventas. Lo que no mucha gente sabe es que el primer recetario escrito en una lengua neolatina fue en valenciano. Se trata del Libre de Sent Soví (Libro de San Salvio, en castellanoque data de 1324 (aunque esta fecha está siendo investigada ya que podría remontarse incluso a antes). Su autor es anónimo y está escrito en lengua valenciana. A partir de estos manuscritos se han publicado en tiempos modernos varias ediciones comentadas por distintos autores.

En la actualidad se dispone de dos copias manuscritas originales. Una de ellas se encuentra en la Universidad de Valencia (manuscrito nº216 de la Biblioteca General e Histórica de la Universidad de Valencia) y la otra en la Biblioteca Universitaria de Barcelona (manuscrito nº 68). La primera sería el texto original y contaría con  setenta y dos recetas. La segunda copia aparece con el título de Libre de totes les maneres de potatges de menjar (Libro de todas las maneras de potajes de comer, en castellano) y cuenta con más de doscientos platos.

Según Lluís Cifuentes, profesor de la Universidad de Barcelona y miembro del Institut de Recerca en Cultures Medievals (Instituto de Búsqueda en Culturas Medievales), ambas copias partirían de un original que correspondería con el conservado en la Universidad de Valencia. El de la Universidad de Barcelona, por el contrario, sería una extensa ampliación del texto valenciano que se identificaría con el título Libre de totes maneres de potatges de menjar  y obedecería a la cotidiana costumbre de aquella época de reescribir y ampliar los textos de esta índole.

El Libre de Sent Soví no sólo es el recetario más antiguo escrito en una lengua neolatina y uno de los más antiguos de Europa. Es también una fuente histórica fundamental que permite averiguar la historia de la alimentación en la Europa en la Edad Media y los orígenes de la cocina mediterránea medieval. El libro consta de un índice y una introducción, cuenta con doscientas veinte recetas ordenadas, todas ellas pertenecientes a la cocina valenciana. Es la mejor aproximación a la cocina de la Edad Media más cercana geográfica y culturalmente. Una joya literaria. 

El recetario presenta con prosa clara, corta y descriptiva, tras unas notas preliminares, un variado surtido de sopas, salsas, especias, guisos, platos elaborados y composiciones culinarias diversas. Cabe aclarar que a pesar de que en las recetas predominan carnes, pescados, productos frescos, salados y vino, bases de la dieta de la época, la mayoría de los ingredientes que emplea eran de difícil acceso para las clases más bajas de la sociedad y las recetas requerían de conocimientos propios de cocineros de la nobleza o eruditos pertenecientes al clero.

No podemos terminar este artículo sin mencionar el Libre de totes les maneres de confits (Libro de todas las maneras de confites), un tratado del siglo XIV sobre el arte de la dulcería. La obra, también anónima y también escrita en valenciano, se puede considerar el primer recetario de postres escrito en una lengua romance. Su estilo resulta un tanto tosco y no destaca por una gran calidad literaria, pero posiblemente se trate del libro de este género más antiguo de toda Europa escrito en una lengua distinta del latín, para mayor gloria de Valencia.

 

Bibliografía consultada:

 Grewe, Rudolf (editor). Libre de Sent Soví (receptari de cuina).  Editorial Barcino, 1979.

Grewe, Rudolf i Santanach, Joan (editores). Llibre de Sent Soví – Llibre de totes les maneres de potatges de menjar- Llibre de totes les maneres de confits. Editorial Barcino, 2004.

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¿Sabías que cuando Ausias March decía “oh folla amor” no se refería a lo que tú estás pensando ahora mismo?

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El poeta valenciano Ausias March (Gandia, 1397-Valencia, 1459) tuvo una agitada vida amorosa. Él se sentía dividido entre el amor espiritual hacia Dios y el amor carnal. En 1439 se casó con Isabel Martorell, hermana del escritor Joanot Martorell, pero a los dos años su esposa falleció. En 1443 se casó en segundas nupcias con Joana Escorna, quien falleció tras once años de matrimonio. March, no obstante, fue un mujeriego empedernido. Se cree que tuvo cinco hijos, mas todos ellos bastardos y ninguno legítimo. Probablemente la mujer de su vida fue su amante Teresa Bou, a quien dedicó muchos de sus cantos de amor.

Los cantos de amor son un conjunto de poemas de temática amorosa inspirada por mujeres a las que amó Ausias March. Él fue el mejor poeta del mundo en el siglo XV, el gran renovador literario europeo de su tiempo y de la vieja poesía trovadoresca sólo mantuvo la costumbre de dedicar sus obras a una dama, a la que se refiere mediante una “señal” para ocultar su nombre. Podemos dividir estos cantos en cinco señales que representan cinco etapas de la vida del autor: Plena de seny (Llena de sentido común), Llir entre cards (Lirio entre cardos), Mon darrer be (Mi último bien), Amor, amor (Amor, amor) y finalmente Oh folla amor.

Puede que alguna mente calenturienta esté pensando ahora mismo en una traducción literal al castellano pero Oh folla amor significa Oh loco amor. Esto se debe a que en el valenciano medieval los términos abstractos acabados en -or como por ejemplo tendror, llejor, blancor, foscor, tristor… (ternura, fealdad, blancura, oscuridad, tristeza…) eran de género femenino (y lo siguen siendo). Por entonces la palabra amor era femenina en lengua valenciana (pero actualmente es masculina) por lo que se le aplicaba el adjetivo  folla, que significa loca. Así, mi querido malpensado, que sepas que la traducción más literal sería “Oh loca amor” (sic).

¿Sabías que Anfós Ramon ganó más de 300 premios literarios?

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El Reino de Valencia siempre fue un país de poetas y a lo largo de sus más de mil años de historia ha habido muchos autores que han compuesto hermosos versos en latín, árabe, lemosín, valenciano, castellano o catalán. Pero el escritor valenciano más condecorado de todos los tiempos es el poeta Anfós Ramon i Garcia (Valencia capital 1924-2014), quien cosechó más de 300 galardones literarios. Y eso sin contar segundos premios, terceros, cuartos, accésits y menciones honoríficas, con lo que sobrepasaría con mucho el medio millar de títulos.

Dedicó gran parte de su producción literaria a la poesía satírica y festiva y ganó multitud de concursos de llibrets de falla. Destaca el premio Bernat i Baldoví, que se adjudicó en diecisiete ocasiones. Por si fuera poco, logró también varias veces el premio Maximilià Thous, el Esteve Victoria, el Almela i Vives, el Andrés Cabrelles, el Emili Panach “Milo”, el Josep Bea, el Peris Celda, el Emili Camps i Gallego, el Josep Melià Castelló, el Falla Pintor Andreu de Alzira… En el apartado de poesía fallera Ramon superó de largo el centenar de laureles.

También escribió una poesía culta y profunda con la que cosechó otro centenar largo de trofeos. Destaca la Flor Natural de los Juegos Florales de Valencia (lograda en nueve ocasiones). También ganó muchas Flores Naturales de Paterna, Xàtiva, Massamagrell, Vilanova de Castelló, Nules, Algemesí, Massanassa o Meliana, entre otras poblaciones, además de Violas, Englantinas y otros Premios Extraordinarios. Aunque su poesía está escrita casi al 100% en valenciano, en idioma castellano ganó las Flores Naturales de Montanejos, Chest, Enguera o Alboraig.

Ganó también concursos convocados por instituciones políticas, culturales y sociales: Premi Valéncia de la Diputació Provincial, el Xavier Casp del Ayuntamiento de Carlet, el Ciutat de Castelló, el Primavera de l’Associació El Palleter de Catarroja, el Primavera de Amics de la Poesia, el Premi Valéncia de Poesia Roïç de Corella del Ayuntamiento de Valencia, el Benvingut Oliver del Ayuntamiento de Catarroja, la Taronja d’Or de Vilarreal, la Rosa i Medalla d’Or de la Casa dels Obrers, L’Olimpiada de l’ Humor, el Premio de la Vendimia de Jerez…

Además, recibió distinciones por el conjunto de su dilatada carrera literaria: Cavaller de la Poesia por la Asociación Amigos de la Poesía de Valencia, Cavaller del Centenar de la Ploma como custodio de la Real Senyera, la Palma d’Or del Grup Cultural Ilicità Tonico Sansano Mora, el Premi Josep Maria Guinot de la Associació Cardona Vives o el Valencianos en la Onda de Onda Cero Radio. Destacan por encima de todos el Premi Nacional de Lliteratura en Llengua Valenciana (2002) y el Premi Llealtat del Grup d’Accio Valencianista (GAV) de 2008.

Pero la mayor corona que jamás pudo obtener Anfós Ramon fue legarnos un puñado de obras maravillosas que lo convierten en un autor inmortal que siempre será recordado por el pueblo valenciano. Destacan A tres carrers, Sembrarem la veritat, Exigiré la font i el testimoni, I les notes de vidre a la paraula, Si el vent estrena paraules, L’espill transparent, De la nit i les mentires, Des de la veu del silenci, Ofici de Paraules, La clau del llavi obert o Rapsòdia en carn per dins. Anfós vivirá para siempre a través de su magnífica obra.

¿Sabías que un valenciano inventó el Día del Libro?

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A nivel mundial la conmemoración del Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor data de 1996 cuando la UNESCO hizo efectiva la propuesta al respecto; sin embargo, desde 1926 es una realidad en España, gracias al periodista, editor, traductor y prologuista valenciano Vicent Clavel Andrés. Él fue un republicano convencido, amante de la cultura, que, a causa de su labor editorial, vivió largos años en Barcelona pero sin llegar a perder nunca el contacto con su Valencia natal.

En 1922 se crearon en España dos Cámaras del Libro, una en Madrid y otra en Barcelona, ambas oficiales. En la memoria de la Cámara barcelonesa de 1923 se recoge la iniciativa de Vicent Clavel de crear un Día del Libro Español, que elegía para su celebración la fecha del 7 de octubre, fecha barajada como probable por los historiadores, como la del nacimiento del literato Miguel de Cervantes. Este proyecto pasó a estudio de la correspondiente ponencia y quedó pendiente de decisión.

En la memoria correspondiente al año 1924 no encontramos ninguna referencia a dicha propuesta, pero sí en la de 1925; concretamente el día 2 de febrero Vicent Clavel vuelve a proponer la celebración de dicho Día del Libro Español, y para ello inicia las gestiones en Madrid. Posteriormente, por decreto del ministro Eduardo Aunós, se funden las dos Cámaras del Libro de Madrid y Barcelona en el Comité Oficial del Libro, el cual instaura en el Reino de España la fiesta anual del Día del Libro.

Finalmente el día 6 de febrero de 1926, el rey Alfonso XIII firmaba el Real Decreto por el cual se instituía oficialmente la “Fiesta del Libro Español”. La única diferencia respecto de la petición inicial es la sustitución del día 7 de octubre por la del 23 de abril, fecha en que murió Cervantes. El decreto que firmó Alfonso XIII fue redactado por el propio Vicent Clavel Andrés, donde sus quince artículos enumeran los distintos actos culturales que debían celebrarse para promocionar la fiesta.

En el momento de elegir inscribir la conmemoración internacional del libro, la UNESCO  tomó en cuenta el mismo 23 de abril porque ese día también es significativo para la literatura universal,  ya que se registra el deceso de otro gran autor, William Shakespeare. En realidad Cervantes murió el 22 de abril de 1616 aunque lo enterraron el día 23 y Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 del calendario juliano, que en el calendario gregoriano (el actual) sería el 3 de mayo de 1616.

Pero es que incluso la famosa fiesta del libro que se celebra en Cataluña por Sant Jordi o San Jorge también se debe al valenciano Vicent Clavel.  Es cierto que la devoción catalana hacia Sant Jordi arranca de siglos y que desde el siglo XV existe la tradición de regalar una rosa a las mujeres el 23 de abril. Pero es a partir de la iniciativa de Vicent Clavel que se instaura la costumbre actual de que el hombre regale una rosa a la mujer y la mujer regale un libro al hombre.

De modo colateral desde el 23 de abril de 1926 se celebra también el Día del Idioma Español, festividad actualmente organizada por el Instituto Cervantes para reivindicar el español como lengua internacional. Con motivo del nacimiento del Día del Libro Español, ese mismo 1926 el poeta valenciano Juli Menéndez García compuso el Himno al Libro. Y todo fue gracias a la idea original de Clavel de crear un Día del Libro para festejar la literatura en lengua castellana.

¿Sabías que el mejor poeta de Al-Andalus era de Alzira?

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Nuestra tierra valenciana ha dado al mundo grandes literatos en lengua valenciana, como Joanot Martorell; en castellano, como Vicent Blasco Ibáñez y hasta en latín, como Joan Lluís Vives. Sin embargo, pocos se acuerdan de que Valencia fue árabe y musulmana durante muchos siglos y que en aquella época también hubo grandes escritores cuya obra debemos reivindicar todos.

Abu Ishaq Ibrahim Ibn Jafaya fue un poeta árabe nacido en Alzira (La Ribera) en 1058 y fallecido en 1138. Como era rico, tenía tiempo libre y lo usaba para escribir poesía.  La prosa y poesía de Ibn Jafaya destaca por su naturalidad, sensualidad y sofisticación, resultando de interés la descripción de los paisajes, río, jardines y casas de su ciudad natal de Alzira, que consideraba la flor de Al-Andalus.

Ibn Jafaya disfrutó de la fama en vida y sus versos fueron rápidamente reproducidos por los arabófonos. Fue considerado “el poeta andalusí por excelencia” según Al-Maqqari de Tremecén, uno de los más famosos historiadores del mundo árabe, que proclamó su admiración por él y lo comparó con otro famoso poeta, As-Sanawbarí, también gran cantor y amante de los jardines.

Su obra está presente en antologías poéticas y libros de texto del mundo árabe, lo que lo convierte en uno de los grandes poetas en ese idioma de todos los tiempos. Además, según el historiador alzireño Alfons Rovira, Ibn Jafaya fue “el mejor glosador del río Xúquer” (Júcar en castellano), que en árabe significa “devastador”, así llamado por el gran caudal que arrasatraba en tiempos de Al-Andalus.

¿Sabías que Blasco Ibáñez profetizó la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial?

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A finales del siglo XIX y hasta mediados de siglo XX hubo una creencia muy extendida en Occidente: que había una raza llamada aria que era superior a las demás y que su máximo exponente, Alemania, se acabaría adueñando de toda Europa tarde o temprano. No pocos literatos -de dentro y fuera de Alemania- temían a ese país, al que creían un pueblo superior.

Y no era para menos. Desde su nacimiento a finales de XIX, Alemania se convirtió rápidamente en la nación más poderosa de Europa. Su riqueza y prosperidad, su industria pesada y alta tecnología, sus inventores y músicos y sobre todo sus audaces gobernantes y su temible ejército asombraron a todo el mundo y extendieron la creencia de que era una nación invencible.

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial en 1914 todos daban por vencedora a Alemania. El rápido e imparable avance de sus tropas hizo pensar al mundo que era sólo cuestión de tiempo que acabaran conquistando todo el continente. La otrora poderosa Francia estaba siendo absolutamente humillada por el ejército germano y nadie apostaba un céntimo por su victoria.

En medio de este conflicto, el escritor valenciano Vicent Blasco Ibáñez publicó Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916). Esta obra, ambientada en la Primera Guerra Mundial, finalizaba con la victoria gala. Tal apuesta, en pleno 1916, era una temeridad propia de un loco. Contra todo pronóstico, Francia vencía dos años más tarde. Alemania se rendía y la Gran Guerra llegaba a su fin.

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