Azerbayán: la primera nación islámica, democrática y laica.

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Azerbayán es un país singular dentro del mundo islámico. Fue la primera patria de la media luna en tener óperas, teatros y obras de teatro. En 1918 nació como una república, la primera laica y democrática en una nación mahometana. Existe en esa tierra un gran apoyo al secularismo, el constitucionalismo y la tolerancia religiosa.

La actual República de Azerbayán se independizó de la Unión Soviética en 1991. Antes de eso, esta tierra fue colonizada por albanos, turcos, persas, mongoles y rusos. Formó parte de la efímera República de Transcaucasia. Azerbayán es una nación joven, heredera de los kanatos (principados) de Ereván, Najichiván y Lankarán.

El país tiene graves problemas de cohesión territorial. Tras la Guerra del Alto Karabaj (1988-1994) perdió esa región, que se independizó, y parte del territorio azerí fue ocupado por Armenia (hasta hoy). Cuenta con un exclave, Najicheván, separado del resto del país al estar Armenia en medio, que podría perder en el futuro.

La economía nacional es rica en hidrocarburos. Antes de que se descubrieran los yacimientos de Texas, a Bakú le correspondía más de la mitad de la producción mundial de petróleo y más del 95% del soviético. Pese a ello, una diáspora de un millón de azeríes reside en el extranjero desde la guerra y no quiere o no puede volver.

Hablan el azerí, que está emparentado con el turco. El azerí usa el alfabeto latino (antes usó el persa, el árabe, el túrquico y el cirílico). Aparte, se habla más de una docena de idiomas nativos. El islam es la fe mayoritaria desde el siglo VII y el chiísmo desde el XVI, pero la identidad se basa en la etnia. Beben alcohol y comen cerdo.

Esta república, enclavada en las montañas del Cáucaso y bañada por las aguas del Mar Caspio, tiene un pie en Europa y otro en Asia. Es una encrucijada de culturas; de los turcos heredaron la lengua, de los persas la religión y de los rusos el laicismo. Cuenta con una literatura, arte, música, gastronomía y folclore muy ricos.

Alto Karabaj: el conflicto congelado.

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El del Alto Karabaj es otro caso más que evidencia lo artificial del mapa europeo. Se trata de una república independiente de facto poblada por cristianos armenios y apoyada desde Armenia pero a la vez es un enclave dentro de Azerbayán, una nación de azeríes de fe suní. ¿Cómo acabó esta isla cristiana dentro de un país islámico?

El Alto Karabaj perteneció a Armenia desde el siglo II AC. Fue parte del Imperio Otomano desde el siglo XI y hasta 1918, cuando pasó a la extinta Transcaucasia. Azerbayán se quedó con esta región abrupta y montañosa con el apoyo turco, y luego la retuvo con el visto bueno de la Unión Soviética, que deseaba agradar a Turquía.

En 1988 los karabajíes reclaman unirse a sus hermanos de Armenia, pero Bakú se niega. Ese año estalló una guerra de armenios y karabajíes contra azeríes y turcos. En 1994 se llega a un alto el fuego: Azerbayán tenía 30.000 muertos, un millón de desplazados, Armenia había ocupado parte de su territorio, y había perdido el Karabaj.

Hoy el conflicto sigue congelado. La guerra en teoría continua (sólo se firmó un alto el fuego), Azerbayán reclama como propio el Alto Karabaj, éste se mantiene como un estado independiente de facto que se encuentra conectado con la madre Armenia a través del corredor Luchin y  las demás tierras azeríes ocupadas en la guerra.

Durante años los karabajíes sufrieron por parte de Bakú un etnocidio que buscaba acabar con su lengua, cultura y religión y hasta pogromos contra su población. Hay un odio tribal entre ambas comunidades. Ya están hartos de ser una moneda de cambio entre potencias extranjeras y ahora reclaman escribir su propio destino.

Los gobiernos armenios se han resistido a las presiones internas para fusionar ambas repúblicas evitando así sanciones internacionales. El Alto Karabaj es un trozo de Armenia incrustado en Azerbayán. No existe diferencia alguna entre ambos pueblos que siguen separados por un conflicto estancado al que no se ve final.

Armenia: la tierra de Noé.

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Armenia es una de las naciones más antiguas del mundo. El antiguo Reino de Armenia se remonta al 600 A.C. y gozó a lo largo de los siglos de períodos intermitentes de independencia con otros de autonomía dentro de imperios invasores: seleúcidas, asirios, romanos, partos, persas, árabes, bizantinos, turcos, rusos…

En 301 esta nación, por influencia de San Gregorio el Iluminador, fue la primera del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial de estado. El rey Tiridates III fue el primer gobernante que cristianizó una sociedad y fundó la Iglesia Armenia. En el año 405 Mesrop Mashtots creó un alfabeto para su idioma.

De 1915 a 1917 los turcos mataron a millón y medio de armenios, traumático genocidio jamás reconocido por Ankara. Este sufrido pueblo se independizó de Turquía en 1918 y tras un breve paso por la efímera República de Transcaucasia, formó parte de la Unión Soviética desde 1920 hasta su hundimiento definitivo en 1991.

Armenia ganó la guerra del Karabaj (1988-1994) pero ahora paga las consecuencias: Azerbayán y Turquía la someten a un bloqueo económico. Sin salida al mar, bascula entre Occidente (Georgia y Unión Europea) y Oriente (Rusia e Irán). Es el estado más estable del Cáucaso pero aún así necesita ayuda exterior.

Es un país transcontinental, con un pie en Europa y otro en Asia, y una sociedad extraordinariamente homogénea desde el punto de vista étnico. El armenio es la lengua oficial aunque mucha gente habla también ruso. Hay una diáspora de casi tres millones de almas en el extranjero que manda divisas a su depauperada patria.

Armenia es muy antigua. La fundó Hayk, el patriarca de la nación. Hubo una época en que tuvo salida al Mar Negro, el Caspio y el Mediterráneo pero los turcos le arrebataron sus tierras.  Su esplendor ya pasó pero aún conserva su legado. Los locales se consideran herederos de Noé, cuya arca se posó sobre las montañas de Ararat.

Kurdistán: un pueblo sin amigos.

Hablan árabe pero no los quieren los árabes. Son musulmanes pero no son bienvenidos entre aquellos que practican el islam. Los kurdos son un pueblo de 25 millones de almas con lengua propia que se reparten por Turquía, Irán, Irak, Siria y Armenia. Posiblemente, constituyen la mayor nación sin estado de todo el mundo.

También los occidentales abandonaron a los kurdos. En su día los aliados les prometieron un estado propio como recompensa a su ayuda en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Tratado de Sèvres de 1920 preveía un estado kurdo pero sólo tres años después, en el Tratado de Lausana de 1923, se incumplió dicha promesa.

Engañados y traicionados, abandonados a su suerte, sin nadie que les ayude, los kurdos siguen luchando con desigual suerte por su patria. Entre 1984 y 1999 el Partido de los Trabajadores del Kurdistan de Abdulá Ocalan usó el terrorismo contra el ominoso estado turco. Actualmente, la lucha ya no es armada sino política.

En Irak, el dictador Sadam Hussein les sometió a una durísima represión durante décadas, que llegó a su punto álgido al gasear con armas químicas a 4000 de ellos en 1988. En la Guerra de Irak de 2003 los kurdos se aliaron con la coalición angloamericana que derribó a Sadam. Hoy disponen de autonomía en el país.

En 1945 en la República Islámica de Irán, los kurdos proclamaron un estado independiente que tan sólo duró doce meses. Irán ha apoyado a los kurdos iraquíes pero a menudo ha  perseguido a los propios. Por su parte, en Siria y Armenia también han sido fuertemente reprimidos. En muchos casos hasta la muerte.

Los kurdos han sido utilizados y traicionados, les ha sido negada una patria, su lengua y cultura han sido prohibidas, decenas de miles de ellos han sido masacrados, sufren una represión extrema, son vejados a diario… Mientras, el mundo mira a otro lado. Es la gran desgracia de ser un pueblo olvidado y sin amigos.

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