Ojalá descarrile el proceso de paz en Israel.

En estos días se insiste mucho en el proceso de paz de Oriente Próximo. Se insiste  por activa y por pasiva en solucionar el interminable conflicto entre árabes e israelíes. Y yo me pregunto: ¿Por qué esta urgencia en resolverlo? Es más, ¿por qué resolverlo? Después de todo la Comunidad Internacional no tiene ninguna prisa en solventar el caso de Sáhara Occidental. O el de Gibraltar. O el de las Malvinas. O el del Ulster. O el de Chipre, Tíbet, Kurdistán, Cachemira y tantos otros.

¿Y por qué deben congelarse los asentamientos de colonos judíos en Palestina? No lo entiendo. Al fin y al cabo, el 20% de la población de Israel es árabe. Y nadie le exige que se marchen de sus casas. De hecho, esta gente recibe en Israel un trato más digno del que reciben los judíos en Palestina. Es más, esta minoría árabe está representada en el Parlamento israelí y el árabe es lengua oficial en el estado sionista. Si los árabes no se marchan de Israel entonces ¿por qué sí los judíos de Palestina?

Yo estoy en contra de este proceso de paz. Ojalá descarrile y reviente en mil pedazos como tantos intentos anteriores. Porque no es un proceso de paz sino de rendición. Tener que entregar tierras que Israel ha ganado en guerras defensivas, separar en dos Jerusalén o renunciar a un solo palmo de la tierra prometida que Jehová mismo entregó a los judíos hace milenios no es negociar una paz sino una rendición. Es claudicar ante el islamofascismo. Y con los terroristas no se negocia.

Hay una última razón. Según las interpretaciones de muchos teólogos sobre las profecías de Daniel, el hombre que  logre la paz duradera entre árabes y judíos será el Anticristo, un enviado de Satanás disfrazado de hombre de paz que un tiempo después de la tregua desencadenará una era de terror como nunca antes la humanidad ha visto ni verá. Llámenme egoísta, pero si esos teólogos están en lo cierto, no me apetece lo más mínimo que esa era de horror me afecte a mí o a los míos.

Kosovo: una bomba de relojería en el corazón de Europa.

La declaración de independencia de Kosovo respecto de Serbia el 17 de febrero de 2008 marcó un antes y un después en el derecho internacional: por primera vez en la historia la Comunidad Internacional aceptó la secesión unilateral de un territorio no colonial en tiempos de paz. Ahora, los tribunales avalan dicha liberación.

La sentencia del 22 de julio de 2010 del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) -también conocido como Tribunal de La Haya- fue realmente histórica: la declaración unilateral de independencia de un territorio es un acto político, no uno jurídico, por lo que, de acuerdo al derecho internacional, ésta no puede ser ilegal.

En dicha sentencia el Tribunal añadió que la inviolabilidad e intangibilidad de las fronteras de un estado es siempre respecto del exterior (es decir, que un país no debe invadir a otro), pero permite que, a nivel interno, se puedan modificar las fronteras de un estado, por ejemplo a través de la secesión de alguna de sus regiones.

Kosovo, un país del tamaño de Murcia y menos de 2 millones de habitantes, es una bomba de relojería que los Estados Unidos han puesto en el corazón mismo de Europa para hacerla saltar por los aires… Kosovo abrirá las puertas de la libertad a numerosos pueblos oprimidos: Flandes, Escocia, Córcega, Euskadi, Valencia…

Puede que Kosovo no sea un país ejemplar: es una sociedad musulmana que se amparó en el terrorismo, que ha sufrido mucho por culpa de los serbios y que después los ha represaliado, una nación de albaneses que reclamó un estado cuando ya disponía de uno (Albania), una república empobrecida por incontables guerras.

Pero Kosovo es también un precedente jurídico jamás visto antes. Los que creemos en la autoterminación y en la democracia, en la Europa de los pueblos y en la libertad, tenemos mucho que agradecer a Estados Unidos, al Tribunal de la Haya y al épico pueblo kosovar. Su pírrica victoria es todo un rayo esperanza para millones.

La superioridad de la mentalidad anglosajona.

Se mire por donde se mire, éste es un mundo dominado por hombres blancos, anglosajones y protestantes. En el aspecto político, comercial, económico, financiero, científico, tecnológico, cultural, audiovisual… son los anglosajones los que controlan el sistema. Es más; ellos son el sistema. La cuestión es ¿por qué?  ¿Qué les diferencia del resto? ¿Por qué tienen éxito donde otros no?

No creo en la superioridad de unas razas frente a otras, pero sí en el de unas civilizaciones frente a otras. Es mentira que todas las culturas sean igual de valiosas porque si así fuera tendrían todas un idéntico nivel de desarrollo. Los anglosajones dominan el mundo entero porque son un pueblo con una mentalidad victoriosa orientada al éxito. Su pensamiento se basa en cuatro pilares.

1) Democracia. Mientras que en Europa y Latinoamérica la gente estaba entusiasmada con la idea de una dictadura, en las naciones angloparlantes siempre ha imperado una fuerte tradición democrática. Dictadores como Francisco Franco o Fidel Castro jamás hubiesen podido tener éxito en Canadá o Nueva Zelanda porque en un país anglosajón habrían carecido de apoyo social.

En la actualidad, es fácil comprobar que todos los países que son dictaduras del signo que sea, todos sin excepción, son estados del Tercer Mundo. Por contra, las naciones más avanzadas de la Tierra son democracias sólidas y saneadas. A mayor nivel de democracia, de libertad en definitiva, más prosperidad, más desarrollo. Y los anglosajones creen en ello de forma sumamente firme.

2) Liberalismo. En el mundo anglosajón existe un gran respeto por los derechos individuales y la propiedad privada. Se entiende que los ciudadanos son titulares de derechos inalienables que el Estado deberá respetar. Por contra, en otras culturas se entiende que es el Estado el que graciosamente otorga derechos a la gente. Lógicamente, los abusos del poder son mucho mayores en un país así.

En una patria angloparlante la soberanía recae en el pueblo. No en el Estado, ni en la Corona ni en la República. No, en el pueblo. Y por lo tanto todas las instituciones jurídicas y estatales deben ir dirigidas a respetar la soberanía popular. Existe una fuerte tradición liberal de respeto a la ciudadanía que ningún gobernante se atreve a cuestionar porque allí la libertad no se negocia.

3) Protestantismo. A partir de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica del siglo XVI se dibujaron un norte de Europa protestante  y rico frente a un sur católico y pobre. En América ocurre igual. El protestantismo es más democrático y liberal, no apoya dictaduras como hace el catolicismo y respeta más al ciudadano. En consecuencia, forma un país más avanzado y rico.

El protestantismo ofrece una visión de la vida radicalmente distinta del catolicismo. Por ejemplo, frente al problema de la pobreza el catolicismo promueve dar de comer al hambriento mientras que el protestantismo defiende más que dar un pescado dar una caña al pobre y enseñarle a pescar. Es una mentalidad mucho más autónoma, más individualista, menos dependiente del poder.

4) Capitalismo. No es por casualidad que el comunismo haya sido un fracaso absoluto en las naciones anglosajones. Inglaterra fue la inventora del capitalismo moderno. Desde entonces los pueblos angloparlantes se han caracterizado por tener una mentalidad capitalista, orientada a la creación de riqueza, avalada por el derecho anglosajón y por unos estados con instituciones serias y fiables.

En Estados Unidos la mentalidad de un universitario es la de formar una empresa, trabajar para sí mismo y  hacerse rico. En España ese universitario se conforma con ser un trabajador asalariado o como mucho opositar. Mientras en Extremadura o Andalucía se fomenta la mentalidad limosnera de vivir de subvenciones, en Ohio o Arkansas uno lo que quiere es hacerse rico.

Conclusión. No es por casualidad que sea un conjunto de cinco naciones blancas, anglosajonas y protestantes (Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) el que lidere el mundo. Todas ellas son potencias en sus respectivos continentes, a excepción de los Estados Unidos, que es la superpotencia mundial. Todas tienen una mentalidad victoriosa orientada al triunfo.

Ciertamente habrá quien diga que el inglés también se habla en numerosas naciones subdesarrolladas (fundamentalmente en África y  Asia), pero lo cierto es que generalmente se trata de un idioma inglés corrupto (criollo) que  además en la mayoría de casos ni siquiera es usado por los hablantes locales como lengua materna. Es por ello que no les puedo considerar anglosajones de verdad.

Angloesfera.

La angloesfera es el término con el que el escritor James Bennet calificó a un conjunto de cinco naciones anglosajonas: Canadá, Estados Unidos de América, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda. Estos cinco estados tienen mucho en común. Culturalmente son de mayoría blanca, anglosajona y protestante. Los cinco son potencias; Estados Unidos a nivel mundial y el resto a nivel continental. Y lo más importante: suelen estar de acuerdo en todo porque piensan igual y tienen intereses en común.

A pesar de que cada día que pasa se abren verdaderas brechas entre el inglés americano y el británico de tal forma que en un futuro podrían constituir dos lenguas distintas, lo más probable es que pertenezcan oficialmente unidas. A los Estados Unidos de América le interesa compartir un idioma con el resto de naciones de la angloesfera porque esta alianza asegura su hegemonía mundial. No en vano todas sus intervenciones militares suelen contar con el apoyo entusiasta y unánime de estos cuatro grandes países.

En este siglo XXI se va a producir una lucha encarnizada entre los norteamericanos y los chinos por dirimir quién de los dos se convierte en la gran superpotencia mundial. A priori, los americanos tienen más posibilidades; no sólo porque en la actualidad gozan de una superioridad tecnológica y económica sino también, y muy especialmente, porque China no tiene amigos mientras que por el contrario los Estados Unidos cuentan con cuatro poderosísimos aliados dispuestos a apoyarle hasta el final.

Presidente Obama: ¡declare la guerra a Irán ya!

«Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras» (Mateo 24:6).

A finales de los años 30 del pasado siglo XX, el dictador alemán Adolf Hitler se había convertido en una amenaza para la paz y la estabilidad en el mundo. Entonces hubo muchas voces en la Gran Bretaña que advirtieron de que se le debía parar los pies a Hitler antes de que fuese demasiado lejos. Sin embargo, el primer ministro británico Neville Chamberlain apostó por una política de diálogo y apaciguamiento con el dictador, con la esperanza de evitar la Segunda Guerra Mundial. La historia nos dice que sólo sirvió para dar a Hitler el tiempo que necesitaba para terminar de fortalecer la gran maquinaria de guerra de su país.

En estos días hemos sido testigos de cómo el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad ha desafiado al mundo al anunciar a bombo y platillo que Irán está enriqueciendo uranio, es decir, el paso previo a disponer de la bomba atómica. Ahmadineyad niega el holocausto judío, amenaza con borrar a Israel del mapa y está financiado el terrorismo islamista. El peligro de Irán es grave y es muy real. Que un mandatario racista y antisemita, que un genocida en potencia, pueda disponer de armamento atómico dentro de unos años mientras el mundo, por cobardía, decide mirar a otro lado, me provoca un escalofrío que me recorre el cuerpo.

Hay quien dice que no importa que Irán tenga armas nucleares porque Israel también las tiene. Sólo un inconsciente o un loco puede atreverse a hacer una comparación tan temeraria. Para empezar, Israel necesita armamento nuclear para poder garantizar su supervivencia como nación (mientras que nadie cuestiona el derecho a existir de Irán). Pero lo más importante: Israel es una democracia donde su primer ministro tiene unos poderes limitados (hay una oposición, una opinión pública, una prensa libre, etc.), lo cual garantiza que Israel jamás usará la bomba salvo que sea en un caso de extrema necesidad, de vida o muerte.

Pero Irán es distinto. Es una teocracia donde el ayatolá de turno puede tener un sueño hoy por la noche y ponerlo en práctica mañana mismo sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Todos sabemos que Israel no va a usar la bomba atómica porque si no lo ha hecho en medio siglo de guerras contra los árabes no tiene mucho sentido pensar que lo vaya a hacer en los próximos años. Pero ¿podemos decir lo mismo de Irán? Sabemos que colabora con el terrorismo internacional… ¿Qué pasaría si una cabeza nuclear cae en las manos de un comando terrorista? Nunca  más podremos volver a dormir tranquilos ni en Tel Aviv ni en ningún sitio.

Sé bien que una guerra es siempre el último recurso, que es una salvajada, el fracaso de la civilización humana y que por desgracia en todas las guerras son civiles inocentes los que más sufren. Pero también sé que hay situaciones límite en la vida en las que para defender la democracia y la libertad no queda más remedio que tomar las armas. El físico Albert Einstein lo sabía muy bien. Aunque declarado pacifista, era también realista… por eso le pidió al presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt, obtener la bomba atómica antes que Alemania. Los nazis también la habrían logrado de haber tenido dos años más de tiempo.

Todos sabemos cómo acabará esto. Ni la presión diplomática ha logrado nada ni tampoco lo harán las sanciones económicas. Ojalá me equivoque. Le pido al Señor que así sea y que se evite la nefanda calamidad que siempre es una guerra. Pero si no es así, Occidente debe tomar cartas en el asunto. Y si eso implica la guerra, adelante. Lo cierto es que el tiempo va pasando y cada vez los persas están más cerca de disponer de un armamento nuclear letal. Entonces será demasiado tarde. Por eso, le pido al presidente de Estados Unidos, Barack  Obama, que encabece una gran coalición militar contra ese nido de terroristas que es Irán.

Le recuerdo también al entonces senador  de Illinois, Barack Obama, su promesa de 2007 ante el Comité Americano de Asuntos Públicos de Israel de «hacer todo lo que esté en su poder para evitar que Irán disponga de armas nucleares», así como que Israel es el pueblo escogido por Dios. También que si en gran medida los Estados Unidos de América son una nación bendecida es por su gran apoyo al pueblo israelí. Recordemos la promesa bíblica que Jehová hizo a Abram y sus descendientes: «Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). Amén.

Gracias al Mossad se han evitado muchos atentados terroristas en el Reino de Valencia, en España y en Europa. En Occidente no necesitamos pseudoprogres llenos de mugre y piojos con sus bunfandas palestinas y su antisemitismo (si por los palestinos fuera, resucitaban Al-Andalus). Lo que necesitamos es forjar una gran unión con Israel, que es un aliado leal y firme y si necesita contar con nuestro apoyo político, diplomático y militar, debe tenerlo. No vamos a consentir un segundo Holocausto. Sería una infamia abandonar a su suerte a Israel a manos de un puñado de teocracias dirigidas por místicos, locos y asesinos sedientos de sangre.

La Copa Amèrica torna a Estats Units.

Per fi ha finalisat la 33ra Copa Amèrica de Vela, disputada estos dies en aigües valencianes. S’ha tractat d’una edició atípica ab només dos participants, agres batalles judicials, la decisió de la sèu del torneig a última hora i una dràstica reducció del pressupost en estos temps de crisis (de 240 millons d’euros de l’edició anterior, Valéncia 2007, a només 8 en esta ocasió). Ara be, l’acció ha segut trepidant i l’aspirant, el nortamericà BMW Oracle ha destronat al campeó, el suís Alinghi, en lo que la Gerra de les Cent Guinees tornarà a Estats Units 15 anys després. Per a l’història queda ya que les dos úniques Copes Amèrica disputades en Europa han segut en el Regne de Valéncia (en els anys 2007 i 2010).

D’una banda em pareix importantíssim que se celebren este tipo de grans acontenyiments en el nostre país. Pense sincerament que tindre la sèu d’un Mundial de Pilota Valenciana, de Fòrmula 1 o de motociclisme, de la Copa del Món de Vela o la Copa Amèrica de Vela comporta un honor i un prestigi per a la nostra nació. No només això: també comporta una inversió multimillonaria, la creació de molts puestos de treball, l’atracció de turistes i l’increment de l’activitat hotelera i hostelera en la zona. Pero sobretot, i lo més important: dona una enorme publicitat internacional al nostre país (a través dels més de 900 periodistes acreditats en la competició), és dir, mos situa als valencians «en el mapa».

Pero d’una atra banda em dol que hi hagen diners públics per a tals activitats mentres que molts hospitals i ambulatoris estan saturats de pacients, numerosos escolars estudien en barracons  i el transport públic es deteriora. Sempre ha hagut unes prioritats nacionals i no cal descuidar-les. Una atra senya molt reveladora del país en el que vivim: en estos dies l’Agència Espacial Europea ha anunciat l’instalació d’un laboratori en l’Universitat Politècnica de Valéncia que generarà 800 puestos de treball d’alta qüalificació i la captació de 20 empreses d’alta tecnologia. Pero, desgraciadament, si lligges la prensa una volta més la ciència és eclipsada pel deport. Qüestió de prioritats nacionals, suponc.

Estados Unidos: la nación de las libertades.

Los Estados Unidos de América fueron desde su nacimiento en 1607 un refugio para millones de cristianos europeos perseguidos por la Iglesia Católica y con el tiempo se han convertido en la gran superpotencia, en una nación mesiánica que pareciera haber recibido del mismo Dios la misión de ejercer el liderazgo mundial.

Es una patria fundada por hombres blancos, anglosajones y protestantes, un pueblo temeroso del Señor que está plenamente convencido de la riqueza y prosperidad que genera el capitalismo y dispuesto a defender su libertad con un revólver si hace falta. Dios, el dólar y las armas son los tres pilares que sustentan a este país.

Se independizó de Gran Bretaña en 1776. Desde entonces, ha tumbado a todos los imperios que les han hecho sombra (españoles, alemanes, japoneses, soviéticos…). Los estadounidenses han salvado a Europa de caer en las garras del comunismo, el nazismo y el fascismo y quizás lo deban hacer de nuevo con la amenaza del islam.

Su compromiso firme con la libertad y la democracia le ha valido para apoyar el derecho de autodeterminación y los procesos independentistas de las repúblicas latinoamericanas (con Venezuela a la cabeza), de las antiguas colonias de África y Asia (Liberia o Filipinas) o de naciones oprimidas en Europa (como Kosovo).

Estados Unidos fue la gran nación del siglo XX y lo será de nuevo en el XXI porque su gran fortaleza radica en ser una sociedad  sin fisuras donde su fuerte sentimiento de unidad nacional y el patriotismo ejemplar de su pueblo, simbolizado con una bandera de barras y estrellas en cada hogar, encarnan el orgullo de ser americano.

Y es también el país de las oportunidades, donde todo el mundo puede alcanzar el sueño americano de triunfar si se lo propone, donde el talento es bienvenido no importa de donde proceda. No es de extrañar que sea esta patria, y no otra, la que lidere el planeta… Estados Unidos cuenta con la bendición del mismísimo Dios.

¿La Biblia profetiza una futura guerra Israel-Irán?

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Resuenan tambores de guerra en Oriente Próximo. El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha negado públicamente el holocausto, habla de «echar a los judíos al mar» y amenaza con «borrar del mapa a Israel». Desde el dictador alemán, Adolf Hitler, el pueblo judío no había tenido un enemigo tan fiero y tan obsesionado con su exterminio. Es una amenaza para el mundo libre.

En Irán se trabaja a marchas forzadas para construir la bomba atómica. Israel no le va a consentir que se dote de arsenal nuclear ya que le va la supervivencia en ello. Por su parte, el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, ha advertido que hará «todo lo que esté en su mano», y recalcó lo de «todo», con tal de que Irán no disponga de una bomba que podría usar contra Israel.

La Santa Biblia, que es la Palabra de Dios, profetiza una futura guerra de Israel contra Irán.  En esta guerra probablemente participarán los Estados Unidos y otras potencias  que apoyarán a Israel. La República Islámica será aplastada en la conflagración, sus líderes derrocados y provocará una enorme diáspora de fugitivos iraníes que huirá por todo el planeta para salvar sus vidas.

Ésta al menos es la interpretación que no pocos pastores y teólogos hacen de las Sagradas Escrituras; concretamente de la Profecía sobre Elam (Jeremías 49:34-39). La actual República Islámica de Irán es una nación que históricamente fue conocida como Persia, y anteriormente como Elam. Pues bien, veamos qué nos relata la Palabra de Dios sobre la guerra venidera de Israel contra Elam o Irán:

Profecía sobre Elam (Jeremías 49:34-39).

34 Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías acerca de Elam, al comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá, diciendo:

35 «Así ha dicho Jehová de los ejércitos:
«Yo quiebro el arco de Elam,
parte principal de su fortaleza.

36 Traeré sobre Elam los cuatro vientos
desde los cuatro puntos del cielo,
y los aventaré a los cuatro vientos.
No habrá nación a donde no lleguen fugitivos de Elam.

37 Y haré que Elam se acobarde ante sus enemigos
y ante quienes buscan su vida.
Traeré sobre ellos mal y el ardor de mi ira,
dice Jehová,
y enviaré espada que los persiga hasta acabar con ellos.

38 Yo pondré mi trono en Elam,
y destruiré a su rey y a sus príncipes,
dice Jehová.

39 Pero acontecerá en los últimos días,
que yo haré volver a los cautivos de Elam,
dice Jehová».

 

El arco de Elam que Dios quiebra y que es «parte principal de su fortaleza» (versículo 35) quizás pudiera tratarse precisamente de su mayor arma: la potencia nuclear. En el versículo 36 dice Dios que enviará sobre Elam los cuatro vientos de los cuatro puntos del cielo. Esto parece indicar que un gran número de naciones procedentes del norte, sur, este y oeste invadirá la república islámica.

Superada por sus enemigos, la hoy desafiante Irán se acobardará (versículo 37) y como consecuencia de la guerra y la devastación una multitud de ciudadanos iraníes huirá del país (versículo 36). En el 38 nos dice que los líderes iraníes serán destruidos y que Dios pondrá su trono en Irán (quizás se permita nuevamente predicar el Evangelio de Cristo, actualmente prohibido en el totalitario Irán).

Finalmente, el versículo 39 parece hacer referencia a que los judíos residentes en Irán (que han vivido allí pacíficamente desde los tiempos de la reina Ester) retornarán a su patria Israel. Lo más estremecedor; el tiempo en que esto sucederá: en los últimos días. Por otro lado, también la Biblia nos advierte de la destrucción de Damasco (pero ignoramos si puede estar relacionado con lo de Irán):

La destrucción de Damasco (Isaías 17:1).

1 «He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será montón de ruinas».

Damasco es una de las ciudades más antiguas del mundo. Allí vivió el patriarca Abraham y allí se dirigía Saulo cuando el Mesías se le apareció. Siria ha mostrado su animadversión hacia Israel en numerosas ocasiones. ¿Estará relacionada la destrucción de Damasco con la guerra de Irán? ¿Quizás sea otra guerra distinta? ¿Una catástrofe natural? Sea como fuere, Damasco tiene los días contados.

1989.

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En estos días se recuerda la caída del Muro de Berlín, hace ahora 20 años. La conjunción de fuerzas del presidente de Estados Unidos, George Bush, el primer ministro alemán, Helmut Kohl y el presidente soviético Mijail Gorbachov pero especialmente las ansias de libertad del pueblo alemán posibilitaron la caída del muro de la vergüenza y la reunificación de los dos Alemanias en una sola nación.

El 9 de noviembre de 1989 comenzó el siglo XXI. Con el derrumbamiento del Muro de Berlín. Como ya apuntó el prestigioso historiador Eric Hobsbawm el siglo XX es muy corto. Comienza en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial y acaba con en 1989, con el fin de la Guerra Fría, que auguraba el hundimiento de la Unión Soviética y el fin del comunismo en Europa para 1991.

Una vez finalizada la división de Occidente en dos bloques comienza el siglo XXI en el mundo. Y la nueva coyuntura internacional se caracteriza por la aparición en escena de cuatro nuevos factores: la guerra de Occidente contra el terrorismo islamista, la explosión de los independentismos en todo el mundo, la dictadura del empresariado y una fuerte globalización que cada vez une más y más al mundo.

1 Aniquilado el comunismo en Europa, el nuevo enemigo es el terrorismo islamista. Tres guerras contra Irak, el cerco al dirigente libio Muammar Al Gadaffi, la invasión de Afganistán como respuesta a los atentados del 11-S en Nueva York, los atentados terroristas del 11-M en Madrid, las dos Guerras de Chechenia, Eurabia y una probable futura invasión en Irán acontecen en tan sólo 20 años.

2 La explosión de los nacionalismos independentistas. Desde el derrumbe del Muro de Berlín, las naciones oprimidas del mundo han reclamado su libertad. Más de cincuenta estados (de iure o de facto) han nacido en los últimos 20 años. Y aún son muchos pueblos los que exigen la autodeterminación: Sáhara Occidental, Flandes, Euskadi, Escocia, Quebec, Taiwan, Sudán del Sur, Tíbet…

3 La dictadura del empresariado. Una vez desaparecido el contrapeso comunista, el capitalismo salvaje se desata. Desmantelamiento paulatino del estado del bienestar, privatización de sanidad y educación, recorte de derechos de los trabajadores, hundimiento de los sueldos reales y esclavitud en el Tercer Mundo bajo el paraguas de una supuesta globalización económica. La dictadura de los ricos.

4 Globalización. Una vez acabada la división del orbe en dos bloques, se estrechan cada vez más los lazos entre las naciones. En principio a nivel económico y mercantil, y en menor medida a nivel político (la Unión Europea), de justicia (Tribunal Penal Internacional), ecológico… Parece como si poco a poco se fuesen instaurando los cimientos de un nuevo orden mundial que controlará el mundo.

La lucha por la hegemonía mundial.

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Los Estados Unidos de América y China se están disputando en estos momentos ser la potencia hegemónica mundial del siglo XXI. En esta partida de ajedrez por el control del globo, los americanos y los chinos están llevando a cabo dos estrategias radicalmente distintas.

Norteamérica, previendo que China pueda ser una superpotencia dentro de 25 años, ha decidido acorralarla. ¿De qué manera? Tratando de tomar el control de todas las naciones que o bien dispongan de grandes recursos energéticos o bien frontera directa con China. No es casualidad que Estados Unidos tenga puesto su punto de mira en Irán, Irak, Venezuela, Afganistán o Corea del Norte. Todos encajan con alguno de los dos perfiles anteriores. Si EEUU cuenta con suministradores energéticos fiables (Arabia Saudita, Kuwait, Guinea Ecuatorial…) y con la alianza de vecinos temerosos de China (Japón, Taiwan, India…), el gigante asiático quedará absolutamente acorralado y sin apenas aliados en el mundo.

Los comunistas chinos lo saben. ¿Y qué hacen al respecto? Nada. Su apuesta pasa por seguir creciendo rápidamente hasta convertirse en un imperio económico y esperar a que la carísima escalada belicista emprendida por Estados Unidos le lleve a la ruina.

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