Diez señales de que se acerca el fin del mundo.


Parto de la base de que puedo estar equivocado (es más, me alegraría mucho estarlo) pero pienso que estamos relativamente cerca del fin de los tiempos. La venida del Anticristo, la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo o la Gran Tribulación podrían ocurrir en un futuro no excesivamente lejano. Cuándo exactamente sólo Yahvé lo sabe, pero todos los signos que percibo apuntan en esa pavorosa dirección.  Veamos algunas de las señales que deberían ponernos alerta:

1) La resurrección de Israel (Jeremías 31:10; Ezequiel 36:24; Oseas 6:2). Tras dos milenios de inexistencia, en 1948 el Estado de Israel volvió a la vida. ¿Una simple casualidad? ¿Por qué no resucitó Esparta o el Imperio Azteca? ¿Por qué Israel? ¿Puro azar? No, estaba profetizado que el pueblo disperso de los judíos volvería a ser nación. Y esto es porque Israel tiene un gran papel en los planes de Dios para el futuro. Muchas profecías sobre Israel se van a cumplir ahora que existe.

2) Auge del ateísmo (2 Tesalonicenses 2:3). Jesucristo mismo se preguntaba si cuando Él regrese hallará fe en la Tierra (Lucas 18:8). Esta pregunta retórica conlleva la aseveración implícita de que cuando vuelva encontrará poca fe en el mundo. En los últimos 60 años el ateísmo ha experimentado un crecimiento espectacular en Occidente, de tal manera que se puede decir que nunca antes en la historia hubo tantos ateos como ahora. El ateísmo seguirá creciendo de forma brutal.

3) La marca de la Bestia (Apocalipsis 13:16-17). En el futuro a la gente se le insertará una “marca” en la frente o en la mano y quien no la tenga no podrá comprar ni vender. Se rumorea que en el futuro el dinero tal y como lo conocemos desaparecerá y será sustituido por un microchip que se implantará en la piel. En Estados Unidos hoy ya hay anuncios televisivos que intentan convencer a la gente de que se ponga voluntariamente (por ahora) un chip, en teoría por su propio bien.

4) Aumento de la inmoralidad (Lucas 17:26). La maldad tiene cada vez una mayor aceptación social. La codicia, el aborto, la prostitución, la fornicación, la pedofilia, la homosexualidad o la eutanasia son pecados que en mayor o menor medida han ocurrido siempre. La diferencia es que ahora son bien vistos. Lo que hace unos pocos años era escandaloso es ahora motivo de orgullo. A lo bueno  llaman malo y a lo malo llaman bueno y al que vive como Dios manda le dicen tonto.

5) Tibieza de la iglesia (Mateo 24:12). La iglesia se ha visto cada vez más debilitada. Ha abdicado de ser el freno a la inmoralidad. Los cristianos se quejan del aborto pero luego votan por partidos que lo promueven. Su influencia en la sociedad es cada vez menor; algunas ni siquiera se atreven a evangelizar por las calles. En Occidente la iglesia se está convirtiendo poco a poco en un colectivo minoritario, a veces perseguido y en África y Asia es incluso asesinado (Mateo 24:9).

6) Guerras y rumores de guerras (Mateo 24:6). El presidente iraní Mahmud Ahmadineyad amenaza  con borrar del mapa a Israel. No hay día que pase sin que los noticieros hablen de la que sin duda es la guerra más anunciada de la historia: la Guerra Israel-Irán. El profeta Jeremías la vaticinó hace siglos, lo más curioso es que en su profecía dice que la salida de los judíos de Irán -imaginamos que provocada por la conflagración- sucederá en los últimos días (Jeremías 49:39).

7) Reconstrucción del Templo de Salomón. Los judíos ultraortodoxos quieren edificar el Tercer Templo de Jerusalén. El problema es que sobre sus restos está instalada la Mezquita de Al Aksa y la Cúpula de la Roca y su destrucción traerá guerra con los árabes. La visita del primer ministro israelí Ariel Sharon en la explanada de las mezquitas desató una intifada en el año 2000. Pero el templo se reconstruirá tarde o temprano y de él se ha de enseñorear el desolador (Mateo 24:15).

8) Auge de sectas, doctrinas apócrifas y falsos profetas (2 Pedro 2:1-3e y Mateo 24:11). La Iglesia Evangélica ha sido invadida por doctrinas perversas (teología de la prosperidad, gaymonio y lesbimonio, Nueva Era…), han emergido multitud de sectas autoproclamadas cristianas (mormones, testigos de Jehová, Iglesia de la Cienciología, Niños de Dios…) y proliferan como setas los falsos maestros que se enaltecen a sí mismos y que en el fondo solamente persiguen dinero, poder y  fama.

9) Aumento de la ciencia (Daniel 12:4). Uno de los signos del fin de los tiempos será el despegue espectacular de la ciencia humana. Durante 3000 años la humanidad ha montado a caballo pero en los últimos 100 hemos logrado incluso llegar a Marte. Los descubrimientos científicos, médicos, informáticos y técnicos son tantos que en apenas cinco años un dispositivo de última generación pasa a ser un cacharro obsoleto. Jamás en la historia se había avanzado a un nivel tan rápido.

10) Paz y seguridad (Tesalonicenses 5:1-4). Mientras veamos conflictos en Oriente Próximo, el mundo puede estar tranquilo. Pero llegará el día en que se firmará una tregua entre árabes y judíos, la cual será rota a la mitad (Daniel 9:27), lo que desatará una era de terror como la humanidad nunca ha visto ni verá (Mateo 24:15-22).  Todo esto pasará  cuando el mundo diga paz y seguridad, es decir, cuando más confiado esté llegará una destrucción repentina que casi nadie se espera.

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Falacia atea: El sunami de ateísmo y el fin de los tiempos.

En Europa, un auténtico sunami de ateísmo se abre paso y está arrasando con absolutamente todo. En España el 15% del total de la población es atea, porcentaje que se dispara hasta el 40% en el caso de la juventud. En absolutamente todas las encuestas sobre valores que se hacen a los jóvenes, la respuesta es que conceptos como Dios, religión o iglesia tienen escasa o ninguna importancia sobre ellos. Ahora mismo ya hay naciones en Europa donde hay más ateos que creyentes -en Holanda, el 55% de los holandeses no profesa ninguna religión-. En estados como Chequia o Ucrania se dispara la apostasía sin ningún freno.

En Alemania, la patria del pastor Martín Lutero, uno de cada tres ciudadanos no cree en Dios. A modo de anécdota, contaré que hace unos años en Alzira (Valencia) se montó una iglesia bautista y al cabo de un tiempo tuvo que cerrar por falta de fieles. Alzira tiene 45.000 habitantes. En Francia o Portugal a las parroquias católicas ya sólo acuden ancianos y las catedrales sólo son visitadas por turistas, como si de un museo se tratase. El ateísmo avanza imparable, sin freno ni remisión. Como cuando un buque petrolero naufraga en mitad del mar y una apestosa mancha de aceite de desparrama sin límite y ensucia todo lo que toca.

La fiebre del ateísmo recorre el mundo. En el Reino Unido se hacen campamentos de verano para niños ateos. Los libros de autores antirreligiosos como Michel Onfray o Richard Dawkins son superventas en las librerías de Europa. En España circulan autobuses con carteles que dicen: “Dios probablemente no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Cada vez más personas reclaman a la Iglesia Católica que les borre de sus registros de bautismo. En EEUU los ateos demandan que el lema nacional In God we trust no aparezca en el Capitolio ni en las monedas… ¿Qué es lo que está pasando? ¿Acaso el mundo se está volviendo ateo?

El ateo en su necedad niega a Dios y piensa que el creciente ateísmo es fruto del progreso, que la descristianización de la sociedad es fruto de la modernidad. Se cree muy sabio pero se equivoca. En la Biblia ya se profetizó todo esto. La apostasía generalizada es un signo de la cercanía del fin de los tiempos. Vivimos en el tiempo de la apostasía final y de los falsos profetas. La inmoralidad, los abortos, la homosexualidad, el ateísmo, las falsas doctrinas y la maldad sólo irán en aumento hasta la aparición del Anticristo. El amor de muchos se enfriará y la fe decaerá. Todo esto es necesario que ocurra antes de la segunda venida de Cristo.

Pablo, hablando sobre este asunto, dijo: “¡Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2:3). Y añade: “Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Jesús dijo: “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:11-12). Los ateos no descubren nada que la Biblia no advirtiera hace miles de años.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Ojalá descarrile el proceso de paz en Israel.

En estos días se insiste mucho en el proceso de paz de Oriente Próximo. Se insiste  por activa y por pasiva en solucionar el interminable conflicto entre árabes e israelíes. Y yo me pregunto: ¿Por qué esta urgencia en resolverlo? Es más, ¿por qué resolverlo? Después de todo la Comunidad Internacional no tiene ninguna prisa en solventar el caso de Sáhara Occidental. O el de Gibraltar. O el de las Malvinas. O el del Ulster. O el de Chipre, Tíbet, Kurdistán, Cachemira y tantos otros.

¿Y por qué deben congelarse los asentamientos de colonos judíos en Palestina? No lo entiendo. Al fin y al cabo, el 20% de la población de Israel es árabe. Y nadie le exige que se marchen de sus casas. De hecho, esta gente recibe en Israel un trato más digno del que reciben los judíos en Palestina. Es más, esta minoría árabe está representada en el Parlamento israelí y el árabe es lengua oficial en el estado sionista. Si los árabes no se marchan de Israel entonces ¿por qué sí los judíos de Palestina?

Yo estoy en contra de este proceso de paz. Ojalá descarrile y reviente en mil pedazos como tantos intentos anteriores. Porque no es un proceso de paz sino de rendición. Tener que entregar tierras que Israel ha ganado en guerras defensivas, separar en dos Jerusalén o renunciar a un solo palmo de la tierra prometida que Jehová mismo entregó a los judíos hace milenios no es negociar una paz sino una rendición. Es claudicar ante el islamofascismo. Y con los terroristas no se negocia.

Hay una última razón. Según las interpretaciones de muchos teólogos sobre las profecías de Daniel, el hombre que  logre la paz duradera entre árabes y judíos será el Anticristo, un enviado de Satanás disfrazado de hombre de paz que un tiempo después de la tregua desencadenará una era de terror como nunca antes la humanidad ha visto ni verá. Llámenme egoísta, pero si esos teólogos están en lo cierto, no me apetece lo más mínimo que esa era de horror me afecte a mí o a los míos.

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