Guinea Ecuatorial: la hispanidad en África.

Guinea es una nación que nunca ha conocido la libertad. Tierra colonizada por portugueses primero y españoles después, proclamó su independencia de España en 1968.  El dictador Francisco Macías se hizo con el poder en el naciente estado guineano, hundió la economía y dejó un espectacular baño de sangre a su paso.

Fue uno de los dictadores más tiránicos del África postcolonial. Declarado admirador de Adolf Hitler, durante su mandato el país fue conocido como el Auschtwitz africano. En 1979 su sobrino Teodoro Obiang dio un golpe de estado, fusiló a su tío tras acusarlo de genocidio y se convirtió en el nuevo caudillo.

El país es muy pequeño y tiene sólo un millón de almas. Pese a ello es de gran valor estratégico ya que vende un millón de barriles de petróleo diarios. Esto le ha valido para ganarse la protección militar de Estados Unidos y convertirse en uno de los países con mayor tasa de crecimiento económico del planeta en los últimos años.

Pese al maná del petróleo, el pueblo llano vive en la más desoladora de las miserias. Sin agua potable, con cortes en el suministro eléctrico, la gente vive hacinada en mugrientas chabolas mientras contempla hambrienta cómo Obiang amasa una inmensa fortuna y mete preso a todo aquel que ose alzar la voz contra él.

Guinea Ecuatorial es el representante de la hispanidad en África: el único estado africano donde el español es lengua oficial. Desde hace unos pocos años, y por motivos comerciales, el francés también es oficial, como puede serlo en el futuro el portugués por idénticas razones. Se hablan además un buen puñado de lenguas locales.

Dicen que en África sólo puedes elegir o a los que roban o los que matan. A veces, no puedes elegir y toca sufrir a quien roba y mata. Y todo, con el beneplácito de las potencias occidentales y grandes multinacionales a las que se les llena la boca de democracia. Quizás llegue un día en que el pueblo ecuatoguineano sea libre al fin.

Zimbabue: el racismo antiblanco.

Rodesia del Sur se independizó del Imperio Británico en 1965 con el primer ministro Ian Smith, un racista defensor de la supremacía blanca que declaró la República de Rodesia.  Pero en 1980 el revolucionario Robert Mugabe, apoyado por los negros, se hizo con el poder y la nación fue rebautizada con el nombre de Zimbabue.

El primer ministro Mugabe era un hombre pragmático en los 80, un héroe nacional para ese 95% de zimbabuanos de raza negra. Él ambicionaba ser un nuevo Nelson Mandela, así que hizo importantes mejoras en el nivel de vida de su pueblo. Pero en 2000 se sintió despreciado por Londres y el ídolo se trocó en tirano.

Ese año cedió a las presiones de los veteranos de guerra que le auparon al poder, y autorizó  invasiones de fincas de granjeros blancos. Los negros comenzaron a matar blancos y a arrebatarles sus tierras, con el beneplácito del Estado. El 85% de los granjeros blancos zimbabuenses -los mejores del planeta- se exiliaron del país.

Sólo el 10% del terreno nacional está cultivado pero la tierra está en las raíces del pueblo, en su alma, en su tradición. Sin duda hace falta una reforma agraria más justa que dé más riqueza a los negros, pero tras las ocupaciones de fincas están los amigos de Mugabe. Las fincas ahora no se explotan y la producción ha caído en picado.

Zimbabue está al borde del abismo: casi todas las empresas han cerrado, cuatro millones de emigrantes en la última decada, 90% de paro, sanidad y educación colapsadas y una hiperinflación donde se llegó a pagar un billón de dólares zimbabuenses por un chupachup.  En 2008 la economía tocó fondo al caer un 400%.

La dictadura es represiva y violenta. La administración está corrupta hasta las cejas y la policía abusa con impunidad. Los blancos son el chivo expiatorio. La gente huye de un régimen desquiciado de racismo y autodestrucción con el índice de desarrollo humano más bajo del planeta. Es el caos. El naufragio. El desastre total.

Serbia: el orgullo nacionalista.

El pueblo serbio fue históricamente traicionado por Occidente. En su día sufrió la invasión del genocida Imperio Otómano. Las potencias europeas, temerosas de los turcos, abandonaron a su suerte a los serbios, que sucumbieron en la Batalla de Kosovo de 1389 y padecieron la despiadada opresión turca hasta finales del siglo XIX.

Aquella invasión islámica y la traición de Occidente fueron la raíz de todos los males posteriores. Serbia desarrolló un nacionalismo excluyente y fanático para asegurar su supervivencia frente al islam y al imperialismo. Las dos Guerras Balcánicas (1912-13 y 1913) confirmaron al país como una potencia en el sur de Europa.

El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría en Saravejo desencadenó la Primera Guerra Mundial (1914-18). Serbia se apoderó de los pueblos de alrededor y juntos constituyeron Yugoslavia en 1918. En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los nacionalistas croatas asesinaron más de 700.000 serbios.

Tras la dictadura comunista de Josip Broz Tito, llegó la Guerra Civil Yugoslava (1991-1995), la Guerra de Kosovo (1999), la ruptura con Montenegro (2006) y la independencia de Kosovo (2009). Los serbios cometieron espantosos genocidios. Con tanta guerra, se desintegró Yugoslavia y naufragó definitivamente la potencia serbia.

En los Balcanes se expían los pecados con el ritual del derramamiento de la sangre. Pese a ello, Serbia destaca poderosamente en el campo de la cultura (Kornelije Stankovic, Vuk Stefanovic Karadzic o Emir Kusturica) y del baloncesto (Dragan Kikanovic, Drazen Dalipagic, Radivoj Korac, Dejan Bodiroga…).

El nacionalismo étnico llega a su máxima crudeza en Serbia: una sucesión infinita de guerras por la bandera, la patria y la religión… Es la salida lógica de un pueblo repudiado por Occidente y agredido por el islam: confiar sólo en sí mismo. A Serbia no le quedó más remedio que ser como es. Y Europa tiene buena parte de culpa.

Homenaje a Salvador Ferrer Esteve.

Soy rojo. Vengo de una familia de izquierdas. Mi abuelo, Salvador Ferrer Esteve, combatió en la Guerra Civil (1936-1939) en el bando republicano. Él era un buen hombre que luchó en defensa de la libertad. Sé bien que la izquierda ejecutó a muchas personas inocentes. Pero mi abuelo no era de los de gatillo fácil. De hecho, salvó a mucha gente de derechas de ser fusilada a manos del ejército rojo.

Uno de ellos era un rico hombre de negocios de Alzira. Tenía una empresa de camiones de transporte. Los republicanos querían matarlo por ser de derechas, pero mi abuelo les dijo que no lo hicieran, porque al fin y al cabo daba empleo a muchos trabajadores. Gracias a mi abuelo, aquel empresario salvó el cuello. Pero un tiempo después se giró la tortilla y el ejército fascista acabó venciendo la guerra.

Al acabar la contienda la familia recomendó a mi abuelo que se fugara a Alicante o a Argentina para evitar represalias. Pero él se negó a hacerlo porque la radio repetía sin cesar que quienes no tuviesen las manos manchadas de sangre inocente no tenían que temer. Y él tenía la conciencia muy tranquila de todo cuanto hizo. Incluso había salvado la vida de varios fachas. Así que ¿quién querría matarle?

Pero mi abuelo estaba afiliado a la CNT. No era activista ni participaba en política ni nada. Sólo tenía un carné de afiliado. Eso es todo. Así es que fueron a por él y lo detuvieron. Mi abuela fue a suplicar a aquel empresario que hablara con el gobierno para que salvara al hombre que antes le había salvado a él. Pero no quiso. Se limitó a decir que nada podía hacer y ni siquiera lo intentó. No movió un dedo.

Ferrer fue encarcelado, torturado, le arrancaron la piel a tiras, fue fusilado y arrojado a una fosa común. Y todo por un carné. Tenía 33 años. Los fascistas enviaron por correo a la viuda un paquete con los restos de su camisa hecha harapos manchada de sangre y de piel. Aquel empresario no sólo no ayudó a mi abuelo. Tampoco auxilió a su viuda e hijos, aunque hacía mucho dinero con el estraperlo.

No cuento todo esto para hacerme la víctima. He perdonado a aquel hombre. Si yo, que soy de izquierdas, no quiero para mí ni para los míos semejante injusticia ¿por qué debería desear el sufrimiento que padeció mi abuelo a los disidentes cubanos o chinos? No tengo inconveniente en condenar la dictadura de Cuba, Venezuela o China. Porque soy demócrata. Y porque soy cristiano por encima de todo.

Confieso que me gustaría mucho que hubiera más gente de derechas que fuese capaz de condenar el franquismo o el pinochetismo. Pero cada uno es dueño de sus silencios. Todo el mundo tiene derecho a tener la ideología que guste. Pero si piensa que una persona merece ser torturada y asesinada sólo por no tener sus mismas ideas políticas entonces  ¿que diferencia hay entre un terrorista de ETA y usted?

La superioridad de la mentalidad anglosajona.

Se mire por donde se mire, éste es un mundo dominado por hombres blancos, anglosajones y protestantes. En el aspecto político, comercial, económico, financiero, científico, tecnológico, cultural, audiovisual… son los anglosajones los que controlan el sistema. Es más; ellos son el sistema. La cuestión es ¿por qué?  ¿Qué les diferencia del resto? ¿Por qué tienen éxito donde otros no?

No creo en la superioridad de unas razas frente a otras, pero sí en el de unas civilizaciones frente a otras. Es mentira que todas las culturas sean igual de valiosas porque si así fuera tendrían todas un idéntico nivel de desarrollo. Los anglosajones dominan el mundo entero porque son un pueblo con una mentalidad victoriosa orientada al éxito. Su pensamiento se basa en cuatro pilares.

1) Democracia. Mientras que en Europa y Latinoamérica la gente estaba entusiasmada con la idea de una dictadura, en las naciones angloparlantes siempre ha imperado una fuerte tradición democrática. Dictadores como Francisco Franco o Fidel Castro jamás hubiesen podido tener éxito en Canadá o Nueva Zelanda porque en un país anglosajón habrían carecido de apoyo social.

En la actualidad, es fácil comprobar que todos los países que son dictaduras del signo que sea, todos sin excepción, son estados del Tercer Mundo. Por contra, las naciones más avanzadas de la Tierra son democracias sólidas y saneadas. A mayor nivel de democracia, de libertad en definitiva, más prosperidad, más desarrollo. Y los anglosajones creen en ello de forma sumamente firme.

2) Liberalismo. En el mundo anglosajón existe un gran respeto por los derechos individuales y la propiedad privada. Se entiende que los ciudadanos son titulares de derechos inalienables que el Estado deberá respetar. Por contra, en otras culturas se entiende que es el Estado el que graciosamente otorga derechos a la gente. Lógicamente, los abusos del poder son mucho mayores en un país así.

En una patria angloparlante la soberanía recae en el pueblo. No en el Estado, ni en la Corona ni en la República. No, en el pueblo. Y por lo tanto todas las instituciones jurídicas y estatales deben ir dirigidas a respetar la soberanía popular. Existe una fuerte tradición liberal de respeto a la ciudadanía que ningún gobernante se atreve a cuestionar porque allí la libertad no se negocia.

3) Protestantismo. A partir de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica del siglo XVI se dibujaron un norte de Europa protestante  y rico frente a un sur católico y pobre. En América ocurre igual. El protestantismo es más democrático y liberal, no apoya dictaduras como hace el catolicismo y respeta más al ciudadano. En consecuencia, forma un país más avanzado y rico.

El protestantismo ofrece una visión de la vida radicalmente distinta del catolicismo. Por ejemplo, frente al problema de la pobreza el catolicismo promueve dar de comer al hambriento mientras que el protestantismo defiende más que dar un pescado dar una caña al pobre y enseñarle a pescar. Es una mentalidad mucho más autónoma, más individualista, menos dependiente del poder.

4) Capitalismo. No es por casualidad que el comunismo haya sido un fracaso absoluto en las naciones anglosajones. Inglaterra fue la inventora del capitalismo moderno. Desde entonces los pueblos angloparlantes se han caracterizado por tener una mentalidad capitalista, orientada a la creación de riqueza, avalada por el derecho anglosajón y por unos estados con instituciones serias y fiables.

En Estados Unidos la mentalidad de un universitario es la de formar una empresa, trabajar para sí mismo y  hacerse rico. En España ese universitario se conforma con ser un trabajador asalariado o como mucho opositar. Mientras en Extremadura o Andalucía se fomenta la mentalidad limosnera de vivir de subvenciones, en Ohio o Arkansas uno lo que quiere es hacerse rico.

Conclusión. No es por casualidad que sea un conjunto de cinco naciones blancas, anglosajonas y protestantes (Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) el que lidere el mundo. Todas ellas son potencias en sus respectivos continentes, a excepción de los Estados Unidos, que es la superpotencia mundial. Todas tienen una mentalidad victoriosa orientada al triunfo.

Ciertamente habrá quien diga que el inglés también se habla en numerosas naciones subdesarrolladas (fundamentalmente en África y  Asia), pero lo cierto es que generalmente se trata de un idioma inglés corrupto (criollo) que  además en la mayoría de casos ni siquiera es usado por los hablantes locales como lengua materna. Es por ello que no les puedo considerar anglosajones de verdad.

Apología de la democracia directa.

Los comunistas hablan de los derechos de los trabajadores pero les niegan el de la huelga, de acercar la cultura a las masas pero encierran en la prisión a sus escritores por decir la verdad, de la libertad de los pueblos pero le niegan el derecho de voto a sus ciudadanos, de la igualdad de las clases pero establecen una nueva aristocracia que es la del Partido.

Los fascistas hablan de defender los intereses nacionales cuando utilizan el ejército no para proteger y servir al pueblo como debería de ser sino para que se convierta en el chulo del país, asesinan a gente en nombre de la patria y si por alguna de aquellas no se salen con la suya desencadenan una guerra civil o perpetran un golpe de estado.

Los nacionalistas presumen de ser progresistas cuando siguen al pie de la letra tesis hitlerianas, de defender una cultura cuando están en contra de todos aquellos que no piensan como ellos, de patriotas cuando en realidad no pasan de provincianos, de cultos cuando viajan poco y leen aún menos, de ser la voz del pueblo cuando tratan de acallarla.

Los neoliberales hablan de pleno empleo pero quieren decir trabajo-basura, creen que el progreso de un país se mide sólo con indicadores macroeconómicos y no ven que las personas son más importantes que el dinero, quieren vender internet y móviles a la gente del Tercer Mundo en lugar de darle libros para el analfabetismo y pan para el hambre.

Los socialistas dicen representar a los trabajadores pero no viven en los barrios obreros sino en los burgueses, hablan de acabar con la pobreza cuando no saben lo que es vivir en una familia que discute todos los días porque nunca llega a final de mes, dicen representar al pueblo pero el pueblo no viste trajes caros ni conduce Mercedes como ellos.

Los populares hablan del estado del bienestar cuando los niños estudian en barracones donde la calefacción y el papel higiénico son bienes de lujo y cuando hacen de la salud un negocio, criminalizan la inmigración y olvidan que el país salió de la ruina gracias precisamente a los emigrantes, predican moderación salarial pero se suben los sueldos siempre que quieren.

La misma basura de siempre. Si no estás conmigo estás contra mí. Yo mando y tú obedeces. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Los políticos viven de nosotros y nos chulean del mismo modo que lo hace un proxeneta con una prostituta. Todos ellos insisten hasta la saciedad en repetir que nos representan cuando sólo se representan a ellos mismos.

Desde que murió el dictador Francisco Franco, en España sólo ha habido dos días democracia. Sólo dos. El día que se hizo el referéndum de la Constitución y el que se hizo el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Cuarenta y ocho horas de democracia en más de treinta años. No sé a usted pero a mí me sabe a poco.

A Dios lo que es de Dios y al pueblo lo que es del pueblo. Democracia es más que votar una vez cada cuatro años. Es el gobierno del pueblo, que se haga la voluntad mayoritaria del pueblo. Y en España no vivimos en democracia, sino en una dictadura encubierta. Aquí quienes gobiernan son los políticos, los burrócratas (burrocracia se escribe con rr), los ricos, los empresarios, los burgueses, los medios de comunicación, los grupos de presión, la iglesia, los poderes internacionales… En una palabra: los poderosos. Pero no es la gente la que gobierna. Ella sí que no.

¿Cuánto tiempo más tendremos que aguantar el cáncer del transfuguismo? ¿Y la burla de que los políticos se suban el sueldo siempre que les venga en gana? ¿O que utilicen nuestros votos para regalárselos a otros partidos? ¿Otorgamos los ciudadanos la mayoría absoluta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para llevar a cabo la gran orgía de corrupción que hizo en el pasado? ¿Acaso le concedimos al Partido Popular (PP) la mayoría absoluta para gobernar sólo para las elites? ¡Si de verdad la democracia es el gobierno del pueblo entonces démosle el poder al pueblo!

Es hora de reivindicar la democracia directa. Hace falta un compromiso cívico y patriótico para seguir el ejemplo suizo. Suiza era un corral de vacas hace sólo cien años y hoy goza de una de las rentas per cápita más altas del mundo. Los suizos no saben citar el nombre de un solo político de su nación. Su sistema rotatorio les impide a los dirigentes estar mucho tiempo al frente del país; se soslaya así el peligro de la corrupción. Y la sociedad es consultada en referéndum en los temas más capitales. Allí gobierna la gente. ¿Por qué aquí no? Yo no he nacido para ser el esclavo de nadie. ¿Y usted?

Primero fue el velo, luego la cruz, después la dictadura.

Mucho se está hablando en estos días de la conveniencia o no de que las alumnas musulmanas acudan a clase con el velo islámico. Incluso hay voces que piden regular (entiéndase prohibir) la presencia del famoso hiyab o pañuelo de la mujer árabe en las escuelas de Europa. Ante lo cual yo me pregunto ¿tan terrible es llevar un pañuelo en la cabeza por voluntad propia y de forma libre?

Recuerdo que en la Facultad una compañera de carrera llevaba siempre un pañuelo en la cabeza. Nunca nadie se quejó ni se formó polémica alguna. Hay que aclarar, eso sí, que la chica era alicantina, blanca y atea. Si, en lugar de eso, hubiese sido marroquí, árabe y musulmana, un alud de feminazis hubiese clamado que aquello era un símbolo de sumisión de la mujer y no sé cuantas tonterías más. Pero como era atea, ni una protesta, oigan.

Yo defiendo el hiyab porque defiendo la libertad religiosa. Y aquí lo que hay de trasfondo es la actitud fascista de un puñado de ateos resentidos e intolerantes que pretende borrar del espacio público cualquier distintivo religioso. Porque los que quieren prohibir el velo, quieren prohibir también que los alumnos católicos puedan llevar una cruz colgando del cuello o que los estudiantes evangélicos puedan llevar en el dedo un anillo de pureza.

Actualmente, los adolescentes pueden acudir a clase exhibiendo los calzoncillos y las bragas; pueden acudir con un logo del conejo del Playboy (que es un símbolo pornográfico) o con una camiseta de la marihuana (droga hoy por hoy ilegal) o con la hoz y el martillo (ideología que esconde más de 100 millones de muertos en el siglo XX). Y nadie se queja. Nadie dice nada. Pero si alguien lleva un pañuelo o un crucifijo, entonces los hipócritas montan en cólera.

Mientras no haya uniforme en las aulas, y conste que yo soy defensor del uniforme, cada uno es libre de vestir como prefiera. Pero ¡oh, casualidad! los únicos atuendos que parecen molestar son los que tienen connotaciones religiosas. Y yo siempre defenderé la libertad religiosa… Porque si es suprimida, todas las demás van a ir detrás. Primero prohíben el velo, luego prohíben la cruz y después te prohíben votar. Esta historia ya la he visto antes.

Hacia la dictadura europea.

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A diferencia de Estados Unidos y de los países anglosajones en general, Europa siempre ha vivido al filo de la dictadura, siempre a un paso del abismo. Si examinamos con detalle la extensa historia del Viejo Mundo veremos que hemos vivido perpetuamente bajo dictadura interrumpida únicamente durante cortos períodos de libertad. Teocracia, monarquía absolutista, fascismo, nazismo, comunismo… ¡Cuantísimo esfuerzo cuesta conquistar la libertad en Europa y cuan poco tiempo nos dura!

Digo todo esto porque el rumbo que está tomando la Unión Europea (UE) es el de una dictadura. Disfrazada de democracia y con un rostro amable, pero una autocracia en cualquier caso. Una elite de políticos hace y deshace a su antojo en Bruselas y los votos del pueblo tan sólo sirven para dar un aire de legitimidad a este teatro, a esta farsa de democracia en que se ha convertido la UE. Asisto con honda preocupación al monstruo liberticida que están construyendo los políticos de espaldas al pueblo.

Hace unos años sometieron a referéndum la Constitución Europea. Tras la victoria del no en Francia y Holanda el proyecto quedó descartado. Así que le dieron una lavada de cara, lo rebautizaron con el nombre de Tratado de Lisboa y decidieron que lo iban a aprobar sin consultar a la gente. Tan sólo Irlanda hizo un referéndum y otra vez ganó el no. No contentos con esto, promovieron un segundo referéndum en Irlanda y esta vez gano el sí. Al resto de pueblos de Europa no nos ha consultado nadie.

Total, que nos han colado el Tratado de Lisboa sin ni siquiera preguntarnos. Y esto no es una excepción sino una peligrosa tendencia, una forma de hacer. No me opongo a la Unión Europea, ni a que haya una Constitución común, ni tan siquiera a unos Estados Unidos de Europa (aunque me seduce más la Europa de los pueblos). Ahora bien, no estoy dispuesto a aceptar nada de esto si es a costa de perder mi libertad. Prefiero ser un ciudadano libre en un país de Liliput a ser esclavo en un imperio.

Abogo por salirnos de la UE antes de que sea demasiado tarde. Nos han ido quitando poco a poco la soberanía nacional. Nos han hundido en la miseria con una moneda que lo ha encarecido todo. Y si nos quedamos, nos arrebatarán la poca democracia y libertad que todavía tenemos. No necesitamos a la UE para ser ricos. Con firmar un tratado de libre comercio para comprar y vender productos en todo el continente sin pagar aranceles resultaría más que suficiente. ¡¡No a la Europa de los esclavos!!

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