Feroe: la independencia jamás reconocida.

Feroe es otro caso de colonialismo en pleno siglo XXI. Antigua posesión noruega, Feroe pertenece a Dinamarca desde hace siglos. En 1946 los feroeses votaron en referéndum a favor de la independencia. Copenhague jamás aceptó el resultado y disolvió el parlamento. En 1948 concedió un estatuto de autonomía al pequeño país.

Desde entonces ha tratado de contentar a las 18 diminutas islas con autonomía política y dinero. Es su forma de comprar voluntades. Pero la gente desea reducir progresivamente su dependencia económica de Copenhague de cara a una futura secesión. Como con Groenlandia, la independencia feroesa es sólo cuestión de tiempo.

El feroés es la lengua nacional de un país de 50.000 almas. Goza de buena salud: editoriales, periódicos, revistas, libros, programas de radio y televisión… Es la prueba viva de que no se necesita un gran mercado editorial para salvaguardar el futuro de una cultura; basta con la voluntad de los hablantes en conservar su idioma.

La política lingüística feroesa es purista; prohíbe los extranjerismos y crea voces a partir de casticismos ya existentes. Tiene estatus de lengua independiente y se parece mucho al danés (con el que convive), al islandés, al noruego y al sueco. De hecho, los usuarios de estas cinco lenguas se entienden a la perfección unos con otros.

La economía feroesa se basa en la pesca. De hecho, Feroe no acompañó a Dinamarca en su ingreso en la Comunidad Europea en 1973 para proteger sus intereses pesqueros. Cada primavera, los hombres perpetran salvajes matanzas de ballenas que inundan las playas de sangre. Lo hacen sin pudor, frente a jóvenes y niños.

El país tiene lengua y cultura propias. Son famosos sus platos a base de cordero (Feroe significa «islas de corderos»). Y tiene selecciones nacionales propias que disputan torneos oficiales aunque en los Juegos Olímpicos participa bajo bandera danesa. Feroe camina con paso firme hacia la soberanía plena y Dinamarca tiembla.

Frisia: parecida a todos y a nadie.

Son muy parecidos a los ingleses, a los alemanes y a los holandeses y a la vez muy distintos de todos ellos. Son los frisones. Aunque Frisia se encuentra en Holanda, mantiene vínculos históricos con la Frisia Oriental, en Alemania. Al mismo tiempo, cultural y lingüísticamente tiene que ver con Inglaterra. Se parece a todos y a ninguno.

Este pueblo tiene lengua propia: el frisón occidental. Está emparentada con el frisón oriental y frisón del norte que se hablan en Alemania ya que Frisia perteneció al Imperio Germánico hasta 1860 cuando se unió a Países Bajos. Es la lengua más parecida al inglés. Un dicho reza: ¡Como la leche al queso, el inglés al frisón!

El frisón occidental parecía condenado a extinguirse ante el avance del holandés pero a finales del siglo XIX renació. En 1937 se aceptó como lengua opcional en la primaria y en 1995 como primordial. En 1938 se creó la Academia del Frisio. También se tradujo la Biblia. Actualmente, se trata de potenciar la lengua, que es oficial.

Los frisones tienen sus propias tradiciones. Cuando se hielan los lagos de la zona, practican el patinaje sobre hielo. También existe una gran tradición por la pelota valenciana y por el fierljeppen, un deporte autóctono muy divertido y parecido al salto de pértiga que consiste en conquistar una distancia horizontal lo más larga posible.

Otra  práctica es el wadlopen, que consiste en cruzar a pie el mar de Frisia cuando baja la marea en verano hasta llegar a las islas Ameland o Schiermonnikoog. Las vacas y caballos frisones, con manchas de color blanco y negro, son otro rasgo de identidad en esta tierra de histórica tradición ganadera como es la adorable Frisia.

Frisia es un país agrícola que disfruta de un alto nivel de vida, ideal para practicar el turismo rural, disfrutar de sus prados y contemplar sus numerosos molinos de viento. Frisia es un ancestral reino con fuerte identidad propia repleto de cosas típicas absolutamente maravillosas; una nación cultural que lucha por volver a ser estado.

Euskadi: los pieles roja de Europa.

Entre un cielo gris como la ceniza y las praderas verdes existe un pueblo al que el cineasta Orson Welles ya retrató como distinto de cualquier otro. Los vascos no son españoles ni franceses. Los vascos son vascos. Son diferentes. Un pueblo aborigen heredero de los antiguos vascones. Ellos son los auténticos pieles roja de Europa.

El actual Euskadi nace en los años 70 con la fusión de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su nacionalismo expansionista no obstante trata de anexionarse Iparralde y Navarra. Tristemente ETA es la imagen de Euskadi en el mundo. La banda terrorista ha asesinado a un millar de personas y hace que la gente esté muerta de miedo.

Los vascos son profundamente raros, cerrados, conservadores y tradicionalistas. Existe un fuerte sentimiento de pertenencia al grupo y pánico a quedarse fuera del mismo. Allí prima una mentalidad donde lo que importa es el colectivo y el individuo no cuenta. Son patriotas orgullosos de ser vascos y están apegados a su tierra.

Su lengua es extrañísima, más antigua que el latín y sin conexión con ninguna otra. Se compone de siete dialectos entre los cuales hay más diferencias que entre italiano y español. Sus históricos privilegios forales han forjado una patria industriosa y rica. Es un pueblo profundamente trabajador con una economía robusta.

Álava tiene la capital administrativa, Bilbao la musculatura industrial y financiera y la bellísima San Sebastián es la agitadora cultural en cine, música y arte. Patria fecunda en literatos como Nicolás de Ormaetxea, Gabriel Aresti, Bernardo Atxaga, Sabino Arana, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blas de Otero, etc.

En esta ancestral tierra existe un conflicto vasco-español o vasco-vasco, que de todo hay, entre quienes desean la independencia y quienes se oponen a ella. Los vascos gozan de una de las identidades más acusadas del orbe y tienen derecho a decidir su futuro en paz. Es sólo una cuestión de tiempo que sean una nación libre.

Córcega: el futuro por delante.

Una de las peores cosas que le puede pasar a uno en la vida es pertenecer a una minoría étnica y vivir en el jacobino y centralista Estado Francés, una auténtica dictadura etnocida que aniquila cualquier lengua y cultura que no sea la oficial francesa. Ése es el infausto destino que le ha tocado en suerte al valiente pueblo corso.

Tanto es así que los corsos se vieron obligados a finales del siglo XX a recurrir al terrorismo para lograr un cierto autogobierno y la oficialidad de su lengua, muy parecida al toscano. Sin la lucha armada, ni siquiera esto tendrían por parte de una Francia que promueve activamente la uniformización y homogeneización del Estado.

La isla ha sufrido durante siglos la marginación económica de París, lo cual ha despertado un fuerte nacionalismo local.  Frente a la falta de inversiones e infraestructuras, el nacionalismo propone una Córcega independiente que sea un paraíso fiscal, lo cual la convertiría de hecho en uno de los países más ricos del mundo.

Córcega siempre fue una joya muy codiciada. Entre 1755 y 1769 logró sacudirse de encima el histórico dominio genovés y fue un estado independiente bajo la batuta del patriota corso Pasquale de Paoli. En 1769 el país fue fagocitado por Francia y por casualidad justo aquel año nació el dictador Napoleón Bonaparte en la isla.

Los antiguos atenienses bautizaron la isla como «Kallisté», que significa «la más bonita». Hoy se la conoce como «la isla de la belleza»… Bosques, montañas y preciosas playas de fina arena y aguas cristalinas que atraen cada año a miles de deportistas náuticos, submarinistas y amantes de la mar procedentes del mundo entero.

El pueblo corso tiene el complicado reto de decidir su destino. Si en el futuro escoge la independencia, tendrá un país libre y próspero. Si elige seguir formando parte de Francia, será simplemente una mancha que se diluye paulatinamente allá a lo lejos en el horizonte hasta acabar despareciendo de la vista para siempre jamás.

Inglaterra: la nación más poderosa de Europa.

Inglaterra es la nación más poderosa de Europa. La historia de este continente es la de una sucesión infinita de guerras de las que Inglaterra siempre se alza victoriosa. Portugal, España, Francia, Holanda, Alemania, Italia, Escocia, Unión Soviética… todos los imperios han acabado mordiendo el polvo ante la pérfida Albión.

No tiene aliados ni enemigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes.  Los ingleses son unos artistas del «divide y vencerás» y del «esperar y ver». Es una nación capaz de reinventarse a sí misma tantas veces como haga falta, un ejemplo de pragmatismo. No piensa en el interés general sino en el propio, por eso le va bien.

El bravo y nacionalista pueblo inglés es muy celoso de su identidad. Y un rabioso defensor de la soberanía nacional y la libra esterlina frente al proyecto globalizador de la Unión Europea (UE). El idioma inglés, la Iglesia Anglicana, el derecho inglés o su sistema parlamentario están fuertemente implantados en otros estados.

Los ingleses -conservadores, tradicionalistas y liberales- siempre buscaron alianzas estratégicas con otros países angloparlantes: primero con la Gran Bretaña, después con la Mancomunidad de Naciones y finalmente con la angloesfera. La reina de Inglaterra, Isabel II, lo es de dieciséis estados soberanos en todo el mundo.

Inglaterra es la cuna de deportes como el fútbol, críquet, rugby, tenis, badminton, hockey, boxeo, entre otros. Su literatura es riquísima con autores como William Shakespeare, Charles Dickens, Shelley, Keats o Lord Byron. The Beatles, The Rolling Stones o Queen son algunos destacados ejemplos de su célebre música pop.

Inglaterra es la cuna de una de las culturas más importantes de toda la historia de la humanidad. Su economía industrial y su poderío naval han hecho de ella una gran potencia militar. Su mentalidad victoriosa y su devastador poder le han permitido encadenar triunfo tras triunfo. El inglés es un pueblo de ganadores natos.

Valencia: antes muertos que catalanes.

Valencia es un reino muy antiguo. El primer rey de Valencia documentado fue el visigodo Leovigildo allá en el siglo VI, aunque popularmente se ve en la figura del rey  Jaime I el Conquistador al padre de la nación ya que él arrebató el país a los musulmanes en el año 1238 liberando al pueblo del yugo perverso del islam.

En el siglo XV el Reino de Valencia tuvo su máximo esplendor. Por entonces era el faro de la civilización, la Nueva York de la época. Pero fue entablar relación con los castellanos y llegar la decadencia. En 1707 el rey Felipe V de Borbón suprimió los fueros y así Valencia despareció como un estado soberano en el mundo.

El valenciano fue la primera lengua neolatina en tener un siglo de oro literario, un diccionario y una Biblia. En valenciano se escribió el primer libro impreso en la Península Ibérica. En la ciudad de Xàtiva se instaló la primera fábrica de papel de Europa y en Elche se logró el hallazgo del busto ibérico de la sin par Dama de Elche.

Su legado cultural es colosal: el colegio más antiguo del planeta, el tribunal más añoso de Europa, inventos como la banca y el comercio modernos, el defensor del pueblo, el derecho marítimo internacional, el ajedrez moderno, la radio, la Coca-Cola, el manicomio, el descubrimiento de la Antártida, la pelota valenciana, etc.

Es un pueblo próspero, conservador, liberal y emprendedor pero demasiado abierto, individualista y pasota. Su falta de unidad y patriotismo le ha hecho caer en las garras del pancatalanismo. Pese a ello, existe la consciencia de que el idioma valenciano no es catalán. «¡Antes muertos que catalanes!» -claman en el reino-.

Ausias March, Joanot Martorell, Lluís Vives, Sant Vicent Ferrer, Josep Ribera, Joaquim Sorolla, Lluís García Berlanga… Fábrica de genios, Valencia es hoy la sombra de lo que fue: un país acomplejado, dividido y sometido desde Madrid y Barcelona; un pueblo noble y herido que necesita recobrar su identidad.

Canarias: la colonia más antigua del mundo.


Canarias es, posiblemente, la colonia más antigua del mundo. Desde que Castilla la conquistó en el siglo XV. Sus ancestrales raíces guanches, la posterior influencia caribeña y europea, el silbo gomero, su insularidad y la distancia respecto a la Península son hechos diferenciales que refuerzan un sentimiento identitario acusado.

Las Islas Canarias luchan por ser nación. El canario es un nacionalismo tapado, del que nunca se habla, pero que cuenta con todo el potencial del mundo. Los canarios ya tuvieron un papel clave en la independencia de Venezuela y ahora cada vez más gente demanda un estado libre asociado a España o incluso uno propio.

Los nacionalistas aducen que así se dispondría de aguas marítimas propias, que las empresas instaladas allí que ahora tributan en Madrid tendrían que hacerlo en las islas y sobre todo que se pondría fin al sistema colonial español. Y añaden que no por tener un estado pequeño deberían ser invadidos y ponen como ejemplo a Malta.

Las Canarias son las islas afortunadas; paraíso natural de singular belleza, una tierra de carnavales, mujeres hermosas y perenne buen clima, un crisol de culturas fruto mestizo de la tradición guanche, castellana y americana. País de ilustres: Aldredo Kraus, César Manrique, Benito Pérez Galdós o Juan Negrín.

Esta patria es un paradisíaco enclave y una potencia turística pero también un territorio menudo y superpoblado desbordado por la inmigracion española y africana. La avalancha migratoria está devorando los limitados recursos del Estado del bienestar y provocando graves problemas de paro y hasta de espacio físico.

En el siglo XV el líder aborigen Tenesor Semidán trató de negociar con los Reyes Católicos un reino canario. No le escucharon. Hoy el 60% de la población se siente más canaria que española. Y quién sabe qué puda ocurrir en una futura España donde ya no estarán catalanes ni vascos. Quizás Semidán vea cumplido su sueño.

Srpska: otro polvorín en los Balcanes.

Los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la Guerra Civil de Yugoslavia en 1995 supusieron, entre otras muchas cosas, la creación de un país imposible: Bosnia-Herzegovina. El artificial estado bosnio es la suma de tres comunidades enemigas (croatas, bosnios y serbios); un país ridículo donde un tercio de sus habitantes es separatista.

La República Srpska es una de las dos regiones que componen el frágil estado bosnio. Supone la mitad del territorio y un tercio de la población, el 95% de la cual es serbia. La otra región es la Federación Croata-Musulmana donde cohabitan croatas que exigen autogobierno con los bosniacos musulmanes que defienden la unión.

Durante la Guerra Civil (1991-95), el presidente serbobosnio Radovan Karadzic y el general Ratko Mladic, apoyados por el presidente serbio Slobodan Milosevic, combatieron con fiereza a los musulmanes de Sarajevo. Europa les considera criminales de guerra pero su pueblo los aclama como héroes de la patria.

Los serbobosnios son un pueblo tremendamente nacionalista. Fueron un estado independiente de facto entre 1992 y 1995. Actualmente están dentro de Bosnia-Herzegovina contra su voluntad y reclaman separarse de ella para integrarse en Serbia. La ansias separatistas se exacerbaron tras la independencia de Kosovo en 2009.

La República Srpska dispuso de ejército propio hasta 2006 pero fue obligada a disolverlo para que fuese absorbido por las Fuerzas Armadas Bosnias. Ahora, la Comunidad Internacional presiona para que la policia serbobosnia se desmantele y forme un único cuerpo de agentes junto con el resto de fuerzas del orden del país.

Bosnia-Herzegovina es un protectorado de Naciones Unidas, un estado sujeto con alfileres, una ecuación imposible, un auténtico barril de dinamita que explotará en cuanto los cascos azules dejen la zona. El derecho de autodeterminación es la única salida para que la República Srpska decida libremente su futuro y viva en paz.

Serbia: el orgullo nacionalista.

El pueblo serbio fue históricamente traicionado por Occidente. En su día sufrió la invasión del genocida Imperio Otómano. Las potencias europeas, temerosas de los turcos, abandonaron a su suerte a los serbios, que sucumbieron en la Batalla de Kosovo de 1389 y padecieron la despiadada opresión turca hasta finales del siglo XIX.

Aquella invasión islámica y la traición de Occidente fueron la raíz de todos los males posteriores. Serbia desarrolló un nacionalismo excluyente y fanático para asegurar su supervivencia frente al islam y al imperialismo. Las dos Guerras Balcánicas (1912-13 y 1913) confirmaron al país como una potencia en el sur de Europa.

El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría en Saravejo desencadenó la Primera Guerra Mundial (1914-18). Serbia se apoderó de los pueblos de alrededor y juntos constituyeron Yugoslavia en 1918. En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los nacionalistas croatas asesinaron más de 700.000 serbios.

Tras la dictadura comunista de Josip Broz Tito, llegó la Guerra Civil Yugoslava (1991-1995), la Guerra de Kosovo (1999), la ruptura con Montenegro (2006) y la independencia de Kosovo (2009). Los serbios cometieron espantosos genocidios. Con tanta guerra, se desintegró Yugoslavia y naufragó definitivamente la potencia serbia.

En los Balcanes se expían los pecados con el ritual del derramamiento de la sangre. Pese a ello, Serbia destaca poderosamente en el campo de la cultura (Kornelije Stankovic, Vuk Stefanovic Karadzic o Emir Kusturica) y del baloncesto (Dragan Kikanovic, Drazen Dalipagic, Radivoj Korac, Dejan Bodiroga…).

El nacionalismo étnico llega a su máxima crudeza en Serbia: una sucesión infinita de guerras por la bandera, la patria y la religión… Es la salida lógica de un pueblo repudiado por Occidente y agredido por el islam: confiar sólo en sí mismo. A Serbia no le quedó más remedio que ser como es. Y Europa tiene buena parte de culpa.

Gibraltar: antes muertos que españoles.

Quizás Gibraltar sea independiente algún día pero español… jamás. «Antes muertos que españoles»… Ése es el sentir del pueblo desde la firma del Tratado de Utrech de 1713, por el que España reconoció la pérdida del peñón a manos de Gran Bretaña en 1704. Desde entonces Madrid sueña con anexionarse la roca un día.

El 10 de septiembre de 1967 los gibraltareños celebraron su primer referéndum de autodeterminación. En él se planteaba ser españoles o británicos. El 99% de los votantes se decantó por lo segundo. En 1992, en el vigesimoquinto aniversario, el primer ministro Joe Bossano oficializó el 10-S como el Día Nacional de Gibraltar.

En 2002 el presidente de España, José María Aznar, y el primer ministro británico Tony Blair negociaban la cosoberanía. El ministro principal gibraltareño, Peter Caruana, organizó otro referéndum de autodeterminación donde el 99% de llatinos rechazó de plano una posible doble soberanía para su país.

En 2006, Caruana sometió a un tercer referéndum la aprobación de una nueva Constitución para Gibraltar, basada en una relación de no colonialismo entre la roca y Londres. El 60% votó a favor. Es el gibraltareño un pueblo bravo y admirable, esforzado y valiente que no se arrodilla nunca y que lucha por sus derechos.

No quieren ser españoles, no quieren la cosoberanía, no son colonia… Los gibraltareños se han ido blindando jurídicamente frente a futuras demandas territoriales de España. Además, tras la creación del foro tripartito de Gibraltar en 2006, los llanitos intervienen junto a Madrid y Londres en los asuntos que les afectan.

Gibraltar ni se negocia ni se vende. Este paraíso fiscal lleva más tiempo siendo británico que hispano. Es un pueblo con dignidad; un oasis de fortaleza y prosperidad frente a la miseria reinante de la vecina Andalucía. Los llanitos quieren seguir hablando inglés y no formar parte de un país tercermundista como España.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes