Srpska: otro polvorín en los Balcanes.

Los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la Guerra Civil de Yugoslavia en 1995 supusieron, entre otras muchas cosas, la creación de un país imposible: Bosnia-Herzegovina. El artificial estado bosnio es la suma de tres comunidades enemigas (croatas, bosnios y serbios); un país ridículo donde un tercio de sus habitantes es separatista.

La República Srpska es una de las dos regiones que componen el frágil estado bosnio. Supone la mitad del territorio y un tercio de la población, el 95% de la cual es serbia. La otra región es la Federación Croata-Musulmana donde cohabitan croatas que exigen autogobierno con los bosniacos musulmanes que defienden la unión.

Durante la Guerra Civil (1991-95), el presidente serbobosnio Radovan Karadzic y el general Ratko Mladic, apoyados por el presidente serbio Slobodan Milosevic, combatieron con fiereza a los musulmanes de Sarajevo. Europa les considera criminales de guerra pero su pueblo los aclama como héroes de la patria.

Los serbobosnios son un pueblo tremendamente nacionalista. Fueron un estado independiente de facto entre 1992 y 1995. Actualmente están dentro de Bosnia-Herzegovina contra su voluntad y reclaman separarse de ella para integrarse en Serbia. La ansias separatistas se exacerbaron tras la independencia de Kosovo en 2009.

La República Srpska dispuso de ejército propio hasta 2006 pero fue obligada a disolverlo para que fuese absorbido por las Fuerzas Armadas Bosnias. Ahora, la Comunidad Internacional presiona para que la policia serbobosnia se desmantele y forme un único cuerpo de agentes junto con el resto de fuerzas del orden del país.

Bosnia-Herzegovina es un protectorado de Naciones Unidas, un estado sujeto con alfileres, una ecuación imposible, un auténtico barril de dinamita que explotará en cuanto los cascos azules dejen la zona. El derecho de autodeterminación es la única salida para que la República Srpska decida libremente su futuro y viva en paz.

El factor Milosevic: una historia inacabada.

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El siglo XX se despidió de Europa con una sangría en los Balcanes. Tres guerras en diez años. La Guerra Civil de Yugoslavia (1991-1995), la de Kosovo (1998-1999) y la de Macedonia (2001). Yugoslavia reventó como una piñata en medio de genocidios y nacieron seis nuevos estados (Eslovenia, Croacia, Serbia y Montenegro, Bosnia-Herzegovina y Macedonia). El delirio imperialista de la Gran Serbia de Slobodan Milosevic nos recordó a la Gran Alemania de Adolf Hitler o la Gran Cataluña de Joan Fuster. Sin embargo, la prensa occidental quiso hacer ver al mundo que el responsable único de todo el terror era el presidente yugoslavo. Tal es así que incluso se acuñó el término “factor Milosevic” para referirse al único factor causante de todas las crisis.

La historia la cuentan los vencedores. Nada dirán los libros de historia de que Helmut Kohl financió los movimientos separatistas en Yugoslavia para desencadenar una guerra civil y que así Alemania aumentara su área de influencia (recordemos que Alemania reconoció inmediatamente a los neonatos Eslovenia y Croacia y que casualmente el marco alemán fue la moneda adoptada por estas nuevas repúblicas). Nada dirán tampoco de la esquizofrenia de crear una patria inviable desde su nacimiento como Bosnia-Herzegovina, un estado que no es reconocido por la población serbobosnia y del cual se quiere separar. Dato que no tendría la mayor trascendencia si no fuera porque los serbobosnios representan dentro del estado bosnio a un ciudadano de cada tres.

Los libros no nos hablarán de la responsabilidad de Alija Itzebegovic, Franjo Tudjman, Ibrahim Rugova, Ante Gotovina, Radovan Karadzic, Arkan… Ni tampoco de que croatas y musulmanes también violaron a las féminas serbias y asesinaron civiles, en un conflicto donde nadie era demonio y nadie era angelito. Ni de que la invasión de Estados Unidos a Yugoslavia fue una cortina de humo de Bill Clinton para que la prensa no hablara de los escándalos sexuales de su amante Monica Lewinsky. Nada dirán de que los bombardeos de la OTAN incrementaron la crisis humanitaria en Kosovo aún más si cabe. Ni de que históricamente los serbios han sido abandonados a su suerte por los demás europeos cada vez que los turcos les han invadido. Etc., etc., etc.

A Slobo le bautizaron “el carnicero de los Balcanes”. Milosevic ha muerto y el Tribunal de la Haya ya nunca podrá pronunciarse sobre sus supuestas limpiezas étnicas. Slobo fue un criminal de guerra y un mal hombre. Pero el discurso oficialista nos presenta una historia incompleta e inacabada. Los que como Javier Solana apuntaron al factor Milosevic como único responsable de todo, mintieron. La mayor prueba es que un año después de su derrocamiento, y ya fuera del poder, estalló una nueva contienda bélica, esta vez en Macedonia. Las secuelas de esta historia inacabada siguen ahí: los odios irreconciliables, los separatismos, la inviabilidad de Bosnia-Herzegovina como estado… Sólo los simplistas y los estúpidos culparán al factor Milosevic de todo.

 

FONT: Llengua Valenciana Blogspot. 12-3-2006.

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