¿Qué quiere decir que Jesús murió en la cruz para salvarnos?

Pregunta de Michelle León.

Pamplona, Navarra. España.

¿Por qué murió Cristo en la cruz? ¿Qué significa su crucifixión? Hoy en día se ha perdido el significado que conlleva dicho gesto de entrega. Y es normal, pues tiene que ver con una cultura (la judía), un país (Israel)  y una época (la de hace 2.000 años) que no son los nuestros, con los que no estamos muy familiarizados y que, por lo tanto, es normal que nos suenen extraños. Voy a intentar explicar con palabras sencillas lo que significaba en la sociedad judía el sacrificio del cordero y su relación con la crucifixión de Cristo. Pero como no es asunto sencillo, pondré primero un ejemplo actual para que el lector pueda entenderlo mejor.

Piense por un instante en cuál es, de entre todas sus pertenencias, su objeto preferido… Quizás se trate de su ordenador, de su teléfono móvil, de su ropa, de su colección de sellos, su coche, quizás sea un peluche de la infancia, la televisión, el dinero… Piénselo. En mi caso, que soy un lector empedernido y un bibliófilo declarado, se trata de mi abultada colección de tebeos y libros.

En la antigüedad la posesión más preciada era el ganado, y muy especialmente el cordero. En aquella época tener ganado era símbolo de riqueza. Los animales tenían un valor doble: como dinero (al venderlos) y como alimento (al matarlos). De hecho, en la Biblia siempre que se habla de alguien rico, inmediatamente se menciona el número de cabezas de ganado que tenía. Es como si hoy dijéramos: «Fulanito es muy rico; tiene quince pisos y once coches».

Pues bien, cuando los judíos cometían un pecado, para pedir perdón a Dios sacrificaban un cordero (algo altamente valioso en aquella época). Es como si en la actualidad, cada vez que yo peco contra Dios quemara una colección de tebeos o un libro antiguo… Para mí, que me encanta leer, supondría un sacrificio muy grande. O es como si un coleccionista de sellos renunciase a una parte de sus sellos. O como si un rico renunciase a su Ferrari. O como si usted renunciase a su objeto preferido. Evidentemente, duele. Es, como una forma de sacrificarse, de desprenderse de algo importante para nosotros. Era como decir: «Mi posesión X me importa mucho, pero Dios aún más, y para demostrárselo voy a renunciar a algo que para mí resulta muy valioso, aunque me duela».

Ésta era la forma en que los judíos demostraban su amor a Yaveh. En contrapartida, se entendía que cada vez que se hacía este sacrificio, Dios perdonaba los pecados de esa persona. Pero llegó un momento en que el Señor quiso demostrar a los humanos que Él los amaba a ellos aún más que ellos a Él. Así que si los humanos entregaban su pertenencia más valorada (el cordero), Jehová les entregó a ellos lo más precioso que tenía: a su hijo, Cristo.

Cristo vino a la Tierra con la misión última de ser sacrificado como un cordero. La crucifixión en absoluto le llegó de sorpresa. Al contrario: Él ya sabía muy bien a lo que venía. Así, con el derramamiento de su sangre preciosa, Dios perdonaba los pecados de la humanidad. O al menos los de aquellas personas que se arrepientan de su mala conducta y crean en Jesús como su Señor y salvador. Por esto es que se llama a Cristo «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Un judío mataba a un cordero para que se lavasen sus pecados. Dios sacrificó a su propio hijo como a un cordero para lavar los pecados del mundo. Es más, la Biblia entera, el cristianismo entero, se puede sintetizar a la perfección en un solo versículo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su único hijo para que todo aquel que en Él crea no se pierda sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).

¿Era imprescindible sacrificar a su propio hijo para perdonar los pecados a la humanidad? No necesariamente. Yaveh podría haber dicho simplemente: «Vale, estáis perdonados». Pero Él prefirió hacer una gigantesca demostración de amor que además encajaba a la perfección en la sociedad y la tradición judías del momento. Es como decir: «No sólo te perdono tus pecados; es que te amo tanto que además estoy dispuesto a morir por ti. Y en una muerte de cruz, además». ¿Qué mayor muestra de amor que ésa? Mucha gente sería reticente a dar su vida por un familiar. Cristo dio la vida por todos; incluso por aquellos que le escupían, se burlaban de Él o lo asesinaron. Y ojo, porque quienes lo mataron no fueron los judíos o los romanos. Fuimos todos. A Cristo no lo mató una cruz o unos clavos o una lanza sino nuestros pecados. Porque Jesús murió y resucitó para lavar los pecados de toda la humanidad, pasados, presentes y futuros. Incluídos los suyos y los míos.

¿Por qué Jesucristo es el Dios verdadero?

¿Todas las religiones son igualmente válidas? ¿Todas te salvan? Hay muchos nombres para la religión en el mundo, pero todos ellos encajan dentro de la misma categoría. Todas las religiones, a excepción hecha de la cristiandad bíblica, te explican que tú vas a obtener un premio en la otra vida (llámale cielo, paraíso, nirvana, etc.) y que lo vas a lograr por tus propios méritos; es decir, por hacer buenas obras o cumplir con determinados rituales religiosos.

Sin embargo, la Biblia te explica algo radicalmente diferente: que todos los seres humanos somos pecadores y que por lo tanto quedamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Hablando en cristiano (nunca mejor dicho): que cualquier persona que tenga pecado no tiene permitido entrar en el cielo. Y el problema es que todas las personas tenemos pecado y que por lo tanto, no podemos salvarnos a nosotras mismas ni entrar en el cielo.

La única posibilidad de salvación que tenemos entonces es que  venga una tercera persona: un salvador, un socorrista, y nos salve. Por eso es precisamente que Dios envía al mundo a un salvador; para que éste nos rescate, nos salve de nuestros pecados. Y ese socorrista se llama Jesucristo. Por eso es tan importante declararlo con el corazón y con la boca como nuestro señor y salvador. Quien acepte a Cristo se salva, quien lo rechace se condena.

Pondré un ejemplo muy gráfico y todo el mundo lo entenderá enseguida: imagina una persona que no sabe nadar y se lanza a una piscina honda. Lógicamente, se ahogará. Las religiones del mundo le dirán: «Tranquilo, tú te vas a salvar a ti mismo, por tus méritos te vas a salvar». Mientras que el cristianismo bíblico le dice: «Tú no te vas a salvar por ti mismo… La única posibilidad es que un socorrista se lance dentro de la piscina y que te saque de ella».

Pues bien, ese socorrista es Jesús.  Quien acepte a Cristo se salva, quien lo rechace se condena. No se trata de religión. Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Fíjate qué nos dice: «Nadie va al Padre (a Dios, al cielo en definitiva) sino por mí». No dice nadie va al Padre sino a través de una religión, o a través de una iglesia o a través de tus buenas obras. Nos dice exactamente: «Nadie va al Padre sino por mí».

No se trata de ser católico, protestante, ortodoxo o judío porque no te va a salvar una religión. Tampoco te va a salvar de tus pecados una iglesia, porque está compuesta por pecadores (sería como si una persona que no sabe nadar quisiera salvar a otra que se está ahogando). Ni tampoco te vas a salvar por tus obras, pues dice la Biblia que la salvación es un regalo del Señor  y que nadie se salva por sus obras para que no se enorgullezca (Efesios 2; 8-9).

No, no se trata de «religión» en el sentido tradicional de la palabra (ir a misa, rezar el Padre Nuestro y el Ave María, conmemorar la Semana Santa e ir a la procesión del Corpus Christi). No se trata de un «protocolo ceremonial», de un «ritual», de una «burocracia litúrgica» sino más bien de tener una relación personal, familiar, próxima, directa con Cristo, que es Dios. Pues dijo Jesús: «El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).

¿En Cristo se cumplen las profecías de que Dios encarnado vendría a la Tierra?

En estos días en que conmemoramos el nacimiento de Jesús debemos tener en cuenta que con la venida de Cristo al mundo se cumplen literalmente cientos de profecías del Antiguo Testamento que advertían que Dios mismo se encarnaría en el cuerpo de un hombre, que caminaría entre las personas  y que vendría al mundo con la misión de salvar  a la humanidad de sus pecados. Es imposible desde el punto de vista probabilístico que  tantísimas profecías se cumplan en la figura de un hombre y éste no sea el salvador prometido en las Escrituras. Un falso mesías podría haber tratado de autocumplir las profecías y hacer ver al mundo que él era el salvador, pero si hubiese sido un impostor jamás hubiese podido hacer realidad cosas que escapaban a su control directo, como por ejemplo determinar su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2) o la reacción de la gente ante su mensaje. Veamos una pequeñísima muestra que corrobora lo dicho:

1. Entrará a Jerusalén:

Profetizado: Zacarías 9:9

Cumplimiento: Mateo 21: 1-9; Juan 12:12-16

2. Irá montado en un pollino:

Profetizado: Isaías 53:12; Zacarías 9:9

Cumplimiento: Marcos 11.1-11

3. Sufrirá con los pecadores y orará por sus enemigos:

Profetizado: Isaías 53:12

Cumplido: Mateo 27:38; Marcos 15:27-28; Lucas 23:23-24

4. Será rechazado por su propia gente:

Profetizado: Isaías 53:1; Isaías 53:3; Salmo 118:22

Cumplimiento: Juan 1:11; Juan 12:37-43; Mateo 26:3-4; Hechos 4: 1-12

5. Será traicionado por un amigo:

Profetizado: Salmo 41:9

Cumplimiento: Juan 1:11; Juan 12:37-43; Mateo 26:3-4; Hechos 4:1-12

6. Vendido por 30 piezas de plata:

Profetizado: Zacarías 11:12

Cumplimiento: Mateo 26:14-16

7. En silencio delante de sus acusadores:

Profetizado: Isaías 53:7

Cumplimiento: Mateo 27:12-14; Marcos 15:3-5; Lucas 23:8-10

8. Juzgado y condenado:

Profetizado: Isaías 53:8

Cumplimiento: Mateo 27: 1-2; Lucas 23:1-25

9. Golpeado, torturado, escupido, humillado, burlado y mofado:

Profetizado: Salmo 22:7-8; Isaías 50:6; Miqueas 5:1

Cumplimiento: Mateo 26:67; Mateo 27:26-30; Mateo 27:39-43; Marcos 14:65; Marcos 15:19; Lucas 22:63-64; Lucas 23:11; Lucas 23:35; Juan 19:1-3

10. Se le ofreció vinagre para apagar su  sed.

Profetizado: Salmo 69.21; Salmo 22:15

Cumplimiento: Mateo 27.34; Juan 19.28-30

11. Echaron a suertes sus ropas:

Profetizado: Salmo 22:18

Cumplimiento: Mateo 27:35; Marcos 15:24; Juan 19:23-24

12. Crucificado, sus manos y pies son traspasados:

Profetizado: Salmo 22:16; Zacarías 12:10

Cumplimiento: Lucas 24:39; Juan 19:18; Juan 19:34-37; Juan 20:27; Apocalipsis 1:7;

13. Ejecutado, ningún hueso fue roto:

Profetizado: Éxodo 12.46; Salmo 22:17; Números 9:12

Cumplimiento: Juan 19:31-36

14. Morirá como sacrificio por nuestros pecados y como expiación por los pecados de la humanidad:

Profetizado: Isaías 53:5-12

Cumplimiento: Juan 1:29; Juan 11:49-52; Hechos 10:43; Hechos 13:38-39; I Corintios 15:3

15. Enterrado con los ricos en su muerte:

Profetizado: Isaías  53:9

Cumplimiento: Mateo 27:57-60

16. Levantado de su muerte:

Profetizado: Salmo 16:10; Isaías 53:9-10

Cumplimiento: Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-48; Juan 20:1-31; Hechos 2:23-36

17. Ascenderá a la diestra de Dios:

Profetizado: Salmo 16:11; Salmo 68.18-19; Salmo 110:1

Cumplimiento: Lucas 24:51; Hechos 1:9-11; Hechos 7:55; Hebreos 1:3

Tercer Mundo espiritual.

Hace unos años viajé a Venezuela con la convicción de que iba a visitar el Tercer Mundo. Y la verdad sea dicha vi pobreza, desigualdades, la falta de agua potable, un pésimo servicio de recogida de basuras y otras cuestiones que ahora no viene al caso comentar. Pero también me impresionó sobremanera el enorme avivamiento espiritual que experimenta no sólo ese país sino toda América Latina. Una vez más allí donde hay abundante injusticia y dolor, la población se encomienda más a Dios.

Una auténtica explosión de iglesias evangélicas ha surgido en América en las últimas décadas. Hay una en cada barrio y su expansión es imparable: por ejemplo una iglesia puede pasar de 50 miembros a 250 en sólo dos años. Por el contrario, aquí en el Reino de Valencia el número de fieles permanece estancado desde hace años. La iglesia más grande de Venezuela es Maranatha (en Valencia, Carabobo) con más de 5.000 fieles. Por contra, aquí ninguna iglesia alcanza el millar de ovejas.

Allí vi cosas que en mi país nunca había visto. Vi cómo en cada culto había varias personas que daban un paso al frente y aceptaban a Jesucristo (jamás he visto esto en mi tierra). Vi que hacen bautizos cada 15 días (aquí a duras penas se reúne gente para hacer un bautizo anual). En Colombia se han llegado a hacer bautizos masivos de 3.000 personas en un solo día. Y lo que más me llamó la atención: allí los cristianos van a la plaza mayor del pueblo y pregonan el Evangelio en voz alta a la gente.

Todo esto ha producido un innegable beneficio social: por cada persona que se congrega en una iglesia evangélica y que conoce al Señor hay en la calle una prostituta menos, un drogadicto menos, un borracho menos. Allí los cristianos son muy perseverantes en su fe y su proselitismo, son grandes conocedores de la Biblia, ayudan económicamente a las personas más necesitadas y fomentan en la sociedad una costumbre tan sana como la de bendecir los alimentos a la hora de comer.

En cuanto a mi país: aborto libre, experimentación con embriones, eutanasia, matrimonio gay, ateísmo, islam, iglesias que agonizan… Cuando me marché de la República de Venezuela me di cuenta de que soy yo el que vive en el Tercer Mundo. Porque el Reino de Valencia (y Europa en general) es el Tercer Mundo espiritual. Tan sólo le pido a Dios que tenga misericordia de este rincón del orbe y que la bendición del Evangelio nuevamente sea derramada con fuerza si es que es su voluntad.

Aragón sucumbe ante el cáncer pancatalanista.

Hace unos días se aprobó en el Parlamento aragonés una inicua, infame, bastarda y villana Ley de Lenguas que considera como idiomas propios del Reino de Aragón el altoaragonés (de lo cual me alegro profundamente) pero también el catalán, aunque no concede rango de oficialidad a ninguna de las dos. La felona iniciativa ha salido adelante con los votos a favor del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Chunta Aragonesista (CHA), la oposición del Partido Popular (PP) y Partido Aragonés (PAR), y la abstención de los comunistas de Izquierda Unida (IU).

La infame noticia evidencia que Aragón ha sucumbido a las garras de ese cáncer pancatalanista que se expande sin freno ni remisión. En lugar de oficializar las dos lenguas aragonesas (la norteña y la oriental) han abierto las puertas de par en par no sólo a una lengua extranjera y colonialista sino también a los imperialistas Países Catalanes. De socialistas y CHA nos esperábamos esta postura (como lameculos oficiales de los catalanes, tienen la lengua desgastastada ya hacer tantas limpiezas rectales a los de Barcelona), pero de quien quiero hablar es del siempre cobarde PAR.

Me llama bastante la atención el rechazo a la ley por parte del fariseo PP (catalanista en el gobierno pero anticatalanista cuando está en la oposición) pero sobre todo la atención la bajada de pantalones del PAR. Porque el PAR está en el equipo de gobierno junto con los socialistas y la catalanista CHA. Si realmente el PAR estuviese por la cultura aragonesa, habría roto el pacto de gobierno con los socialistas abocándolos a un gobierno inestable y en minoría en lugar de traicionar a los votantes aragonesistas de forma miserable. Una vez más el PAR se ha vendido, cual puta barata.

Es la historia de siempre: no se puede servir a dos señores ni a dos patrias. Mientras que el pancatalanismo sólo ofrenda nuevas glorias a Cataluña y a nadie más, el aragonesismo, el balearismo o el valencianismo tienen el corazón dividido: la mitad es para su tierra y la otra mitad para España. Y cuando tienes el corazón dividido, se dan dobles lealtades, con lo cual acabarás traicionando a una de tus dos patrias tarde o temprano. Ésta es la razón fundamental por la que el catalanismo avanza y los demás no: los primeros tienen muy claro a quien sirven. Pero los otros no.

Quién le iba a decir al otrora poderoso y altanero Reino de Aragón, esa gran potencia europea que hizo suyo el Mar Mediterráneo y que expulsó a los musulmanes de Al-Andalus, que acabaría convertido en una colonia mansa, dócil y borreguil al dictado de Barcelona, en una marioneta de poca monta en manos de imperialistas catalanistas. Y lo más humillante: por voluntad propia. Desde luego, si el rey Jaime I el Conquistador levantase la cabeza, se volvía a morir del horror y la vergüenza que presenciarían sus ojos en el vencido y conquistado Aragón de 2009.

Valencianisme de plastilina.

ANUNCI IMPORTANT:

Acte: Presentació del llibre L’Estat Valencià de Josué Ferrer.

Dia: 18 de decembre de 2009 a les 20:00 hores.

Lloc: Grup d’Acció Valencianista en C\ Pintor Gisbert 17 baix de Valéncia capital (Regne de Valéncia).

Entrada: gratuïta.

¡Esteu tots convidats! ¡Vos esperem!

————————————————————————————————

Valéncia és una societat anormal. El 70% de la població afirma que valencià i català són dos idiomes distints i a pesar d’això el catalanisme avança sense impediments. En part se deu a la gran incoherència del valencianisme, que l’ha dut a l’actual situació de debilitat. Els valencianistes nos hem acostumat a vore com a normals diverses actituts tant del nacionalisme com del regionalisme valencians que en absolut ho són. Almenys no són normals en aquelles societats a on sí hi ha un fort sentiment de poble, una identitat ben sòlida i arrelada, com be puga ser el cas de Catalunya o d’Euskadi.

El nacionalisme valencià pràcticament demana perdó per existir i patix un fort complex d’inferioritat que li obliga a autocensurar-se a sí mateix per a no dir cap cosa que puga molestar a ningú. Tan débil i acomplexat és que a sovint repetix com un mantra una idea que yo no acabe d’entendre be: “No tenim per qué independendisar-nos. Valéncia és una nació que pot estar dins d’Espanya”. ¿Perdó? ¿Una nació que està dins d’una atra nació? ¿Això és una regió, no? ¿Quína diferència hi ha entre eixe “nacionalisme” i lo que podriem denominar “regionalisme pujadet de to”?

Yo no m’imagine a polítics nacionalistes com Juan José Ibarretxe o Josep Lluís Carod-Rovira dient que Euskadi o Catalunya són nacions pero que ya estan be dins de l’Estat Espanyol, que no fa falta eixir-se’n fòra. El fi últim del nacionalisme gallec és tindre la nació gallega, el fi últim del nacionalisme vasc és tindre la nació vasca, el fi últim del nacionalisme català és tindre la nació catalana. Per tant, el fi últim del nacionalisme valencià no pot ser estar dins de la nació espanyola. Un nacionalisme valencià que no aspire a l’Estat Valencià independent més que nacionalisme és un frau.

No menys llamentable és el regionalisme valencià, en una història que és un rosari d’oportunitats perdudes. El president d’Unió Valenciana (UV), Vicent González Lizondo, tingué l’oportunitat de ser alcalde de Valéncia en 1991… i preferí regalar-li l’alcaldia a la popular Rita Barberà. En 1995 Lizondo pogué haver forçat al mandatari popular Eduardo Zaplana a llevar el català de les escoles i les Normes d’El Puig… pero ni tan sols tingué el corage de reclamar la Conselleria de Cultura i Educació perque preferí ser president de les Corts per a tindre un martellet i donar i llevar el torn de paraula.

Pero encara hi ha més… A lo llarc d’estos 30 anys ha hagut dozenes d’Ajuntaments governats per partits intitulats valencianistes. Lo més trist és que si anem a eixos pobles vorem que en les biblioteques municipals no hi ha llibres en Normes d’El Puig i que els noms dels carrers que estaven en català continuen estant en català. ¿Cóm és possible que el regionalisme valencià governe un Ajuntament en majoria absoluta durant quatre anys i en tot este temps ni tan sols s’atrevixca a comprar llibres en valencià per a la biblioteca local o a valencianisar les senyals i els cartells del poble?

Ara fixem-nos en cóm actúa el catalanisme: lo primer que demana sempre el Bloc, Esquerra Republicana o Esquerra Unida és la regidoria de cultura. I durant quatre anys tens concursos lliteraris en català, conferències de catalanistes, bandes de rock en català en les festes locals, la màrfega en les festes patronals, etc, etc. Ells sí es creuen la seua ideologia i per això quan arriben al poder fan catalanisme al màxim mentres que el valencianisme es caracterisa per la seua falta d’espenta, per que a l’hora de la veritat no té collons per a posar en pràctica lo que tant defén de boca.

Un amic meu, el professor de valencià Nacho Serrano, em comentà una volta: “¿Saps per qué estem perdent la guerra de la llengua? Perque el valencianisme és incoherent, perque hi ha molta distància entre lo que diu i lo que fa, mentres que el catalanisme sí es creu la seua ideologia i la posa en pràctica”. Plenament d’acort. A lo qual yo afegiria: “El catalanisme té només una pàtria: Catalunya. Mentres que el valencianisme, desgraciadament, en té dos: Valéncia i Espanya”. Un cor dividit per dos pàtries i per dobles llealtats. No m’estranya que estigam perdent la guerra de la llengua.

Estados Unidos: la nación de las libertades.

Los Estados Unidos de América fueron desde su nacimiento en 1607 un refugio para millones de cristianos europeos perseguidos por la Iglesia Católica y con el tiempo se han convertido en la gran superpotencia, en una nación mesiánica que pareciera haber recibido del mismo Dios la misión de ejercer el liderazgo mundial.

Es una patria fundada por hombres blancos, anglosajones y protestantes, un pueblo temeroso del Señor que está plenamente convencido de la riqueza y prosperidad que genera el capitalismo y dispuesto a defender su libertad con un revólver si hace falta. Dios, el dólar y las armas son los tres pilares que sustentan a este país.

Se independizó de Gran Bretaña en 1776. Desde entonces, ha tumbado a todos los imperios que les han hecho sombra (españoles, alemanes, japoneses, soviéticos…). Los estadounidenses han salvado a Europa de caer en las garras del comunismo, el nazismo y el fascismo y quizás lo deban hacer de nuevo con la amenaza del islam.

Su compromiso firme con la libertad y la democracia le ha valido para apoyar el derecho de autodeterminación y los procesos independentistas de las repúblicas latinoamericanas (con Venezuela a la cabeza), de las antiguas colonias de África y Asia (Liberia o Filipinas) o de naciones oprimidas en Europa (como Kosovo).

Estados Unidos fue la gran nación del siglo XX y lo será de nuevo en el XXI porque su gran fortaleza radica en ser una sociedad  sin fisuras donde su fuerte sentimiento de unidad nacional y el patriotismo ejemplar de su pueblo, simbolizado con una bandera de barras y estrellas en cada hogar, encarnan el orgullo de ser americano.

Y es también el país de las oportunidades, donde todo el mundo puede alcanzar el sueño americano de triunfar si se lo propone, donde el talento es bienvenido no importa de donde proceda. No es de extrañar que sea esta patria, y no otra, la que lidere el planeta… Estados Unidos cuenta con la bendición del mismísimo Dios.

Israel: el pueblo escogido por Dios.

israel_flag

Israel es la punta de lanza de la democracia en Oriente Próximo, un bastión de la civilización occidental y la primera muralla de defensa de Europa frente al terrorismo islamista. Es la Tierra Santa donde nació, murió y resucitó Jesús. Pero por encima de todo, Israel es, le pese a quien le pese, el pueblo escogido por  Dios.

Después de casi 2.000 años de inexistencia, Israel volvió a ser un estado en 1948; de este modo se cumplió la promesa de Jehová de que reuniría a su pueblo y lo devolvería a su país (Ezequiel 36:24). Israel no existe por casualidad: es la voluntad divina la que lo sostiene pues debe cumplir un importante papel en el futuro.

Desde su nacimiento ha enfrentado mil y una guerras, conflictos e intifadas: Guerra de la Independencia (1948), Guerra del Sinaí (1956), Guerra de los Seis Días (1967), Guerra de Desgaste (1968-70), Guerra del Yon Kipur (1973), Guerras del Líbano (1982 y 2006) y un infinito etcétera. Israel cuenta las batallas por victorias.

Los judíos son un pueblo brillante y trabajador capaz de convertir un pequeño pedazo de tierra en una de las naciones más poderosas de la Tierra o de hacer florecer un vergel de naranjos en medio del árido desierto. Su inteligencia y talento asombran: sólo hay 15 millones de judíos y han ganado casi 200 premios Nobel.

Algunos malintencionados comparan a los hebreos con los nazis, pero lo cierto es que los alemanes mataban a los judíos porque pretendían exterminarlos mientras que los israelíes combaten contra terroristas para evitar que éstos les maten. Israel lucha por sobrevivir pues sabe bien que el día que pierda una sola guerra será su fin.

El judío es el pueblo que más ha sufrido en toda la historia de la humanidad y necesita de una patria para que nunca más se repita el Holocausto. Este pequeño estado es capaz de mantener a raya a más de 1.400 millones de musulmanes que desean su aniquilación. Y lo hace porque cuenta con la protección del mismo Dios.

Hacia la desaparición de España.

El espíritu de Arenys de Munt se abre paso en España. Esta localidad catalana celebró el pasado 13 de septiembre una consulta popular sin precedentes. A la pregunta de «¿Está de acuerdo que Cataluña devenga un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado a la Unión Europea?» el 96% de los votantes se decantó por el sí, con una participación del 41% del padrón, similar a la de los comicios europeos o a la del referéndum que aprobó el Estatuto catalán de 2006.

Ayer, 13 de diciembre de 2009, se volvió a formular la pregunta a la ciudadanía de 166 localidades catalanas. El sí a la independencia ganó de calle con un 94% del total del voto. Como partidario que soy del derecho a la autodeterminación y de la democracia directa, considero esta consulta popular una auténtica fiesta de la democracia que, si bien no tiene valor legal alguno, sí contiene un indudable peso moral y social que debiera hacer reflexionar y mucho a la casta política y a la prensa de Madrid.

El actual Estado Español tiene los días contados. Con el avance imparable de la democracia  y las libertades nacionales, cada vez va a ser más difícil para España tener argumentos de cara a una hipotética secesión catalana. Especialmente, a partir del precedente jurídico internacional que supuso la independencia de Kosovo en 2008, la cual sienta un cambio en las reglas del juego: la secesión puede ser unilateral en tiempos de paz mientras cuente con apoyo de un grupo de países que reconozca al nuevo estado.

En los últimos tiempos un sinfín de nuevos estados se ha abierto paso en las entrañas de Europa: Ucrania, Lituania, Eslovaquia, Croacia, Montenegro, etc. España siempre argumenta lo mismo: que no es un caso comparable, que Cataluña no es Montenegro, que son casos distintos, etc. Y puede que tenga razón. Pero yo me pregunto: ¿qué inverosímil excusa pondrán los españoles el día que se independicen Flandes o Escocia? Porque ahí ya estamos hablando de Europa occidental, con una tesitura muy similar a la nuestra.

Yo auguro la desaparición de la actual España. Es cuestión de tiempo que Euskadi y Cataluña sean estados soberanos. Eso no tiene por qué significar la desaparición de España como tal. España puede sobrevivir a esto igual que sobrevivió a la pérdida de Cuba o de Argentina. Pero afectará a las fronteras del actual Estado Español y puede ocasionar un importante efecto dominó en otras autonomías, especialmente si éstas perciben que a Cataluña o a Euskadi les va mejor fuera de España que dentro de ella.

Montenegro: la fiebre independentista.

Montenegro ha experimentado un radical giro de 180º en su forma de pensar. La antaño consciencia nacional de lealtad y vocación unionista ha dejado paso en muy poco tiempo a una fiebre nacionalista desbordante. Montenegro se independizó de Serbia en 2006, es decir, hace ahora tres años. ¿Y qué tal le ha ido?

En sólo tres años de soberanía, el Producto Interior Bruto (PIB) del nuevo estado ha crecido un 84%, el sueldo medio se ha doblado, el paro ha descendido del 32 al 10%, el país ya no depende de las inversiones rusas y serbias, apunta a la Unión Europea (UE) y el montenegrino, antes considerado dialecto, es ahora idioma oficial.

El primer ministro montenegrino, el nacionalista Milo Djukanovic, es considerado poco menos que un rey y es que el cambio ha sido tan radical que si el referéndum de autodeterminación de 2006 se repitiese hoy, muchos proserbios que entonces votaron contra la independencia hoy lo harían a favor.

Montenegro es el ejemplo más palmario de lo que ocurre con un país cuando suelta el lastre: que despega. El lastre era Serbia, a la que Montenegro ha sido leal históricamente, hasta que la gente se quitó la venda de los ojos y se dio cuenta que no tenía sentido alguno pertenecer a un país problema como lo fueron Yugoslavia y Serbia.

El pueblo montenegrino recuerda por su gran lealtad y voluntad de sumar al pueblo valenciano. Pero, como los valencianos, también los montenegrinos tienen un límite a su enorme paciencia. El  hartazgo de tanta humillación y centralismo acabó empujando a ser independentista a una ciudadanía que jamás lo fue.

Montenegro es hoy una de las patrias más jóvenes pero con más porvenir de Europa y el espejo en que se miran los nacionalistas de todo el continente. En el futuro volverá a ser un estado rico y próspero pero en el presente  ya goza de la mayor de las fortunas de las que puede disfrutar cualquier pueblo: la de ser una nación libre.

Anteriores Entradas antiguas