Liberia: el sueño truncado de la libertad.

A principios de siglo XIX los Estados Unidos de América no sabían qué hacer con los estadounidenses negros. La esclavitud era una constante en el sur y el norte -antiesclavista- trataba de evitar a toda costa un conflicto con los sureños que al final acabó siendo inevitable y arrastró a la nación a la Guerra Civil Americana (1861-1865).

En 1822, la Sociedad Americana de Colonización fundó una patria donde acomodar a los esclavos liberados: Liberia. Allí emigraron muchos afroamericanos que establecieron una colonia. Liberia representaba para los negros el retorno a sus raíces africanas, una tierra prometida, un El Dorado, una patria donde ser libres.

Liberia se independizó de Estados Unidos en 1947 bajo los auspicios de Joseph Jenkins Roberts, padre de la nación. Y gracias al apoyo económico y militar americano, fue el único país africano que logró mantener su independencia frente al imperialismo europeo, si bien Reino Unido y Francia le arrebataron muchas tierras.

Pero los negros «americanos», instalados en el litoral, no se sentían africanos. Y como producto de la mala educación recibida esclavizaron a los negros nativos, que vivían en el interior. Además, el país es un mosaico de etnias (decenas) y religiones (40% cristianos, 20% musulmanes y 40% otros), que tiran más leña al fuego.

Lejos de convertirse en el sueño afroamericano, Liberia se tornó en pesadilla. En una tierra nacida de las ansias de libertad, pronto afloraron dictadores y golpistas. Incluso ha sufrido dos crueles guerras civiles (1989-1996 y 1999-2003) que le han costado la vida a cientos de miles y que han devastado la economía del país.

Hoy Liberia, con un 88% de paro (la segunda tasa de desempleo más alta del mundo, por detrás de Zimbabue), es un estado derrumbado que depende de la ayuda exterior. Su hijos más célebres, el futbolista George Weah, la Nobel de la Paz Leymah Gbowee y Ellen Johnson-Sirleaf, primera presidenta de toda África.

Zimbabue: el racismo antiblanco.

Rodesia del Sur se independizó del Imperio Británico en 1965 con el primer ministro Ian Smith, un racista defensor de la supremacía blanca que declaró la República de Rodesia.  Pero en 1980 el revolucionario Robert Mugabe, apoyado por los negros, se hizo con el poder y la nación fue rebautizada con el nombre de Zimbabue.

El primer ministro Mugabe era un hombre pragmático en los 80, un héroe nacional para ese 95% de zimbabuanos de raza negra. Él ambicionaba ser un nuevo Nelson Mandela, así que hizo importantes mejoras en el nivel de vida de su pueblo. Pero en 2000 se sintió despreciado por Londres y el ídolo se trocó en tirano.

Ese año cedió a las presiones de los veteranos de guerra que le auparon al poder, y autorizó  invasiones de fincas de granjeros blancos. Los negros comenzaron a matar blancos y a arrebatarles sus tierras, con el beneplácito del Estado. El 85% de los granjeros blancos zimbabuenses -los mejores del planeta- se exiliaron del país.

Sólo el 10% del terreno nacional está cultivado pero la tierra está en las raíces del pueblo, en su alma, en su tradición. Sin duda hace falta una reforma agraria más justa que dé más riqueza a los negros, pero tras las ocupaciones de fincas están los amigos de Mugabe. Las fincas ahora no se explotan y la producción ha caído en picado.

Zimbabue está al borde del abismo: casi todas las empresas han cerrado, cuatro millones de emigrantes en la última decada, 90% de paro, sanidad y educación colapsadas y una hiperinflación donde se llegó a pagar un billón de dólares zimbabuenses por un chupachup.  En 2008 la economía tocó fondo al caer un 400%.

La dictadura es represiva y violenta. La administración está corrupta hasta las cejas y la policía abusa con impunidad. Los blancos son el chivo expiatorio. La gente huye de un régimen desquiciado de racismo y autodestrucción con el índice de desarrollo humano más bajo del planeta. Es el caos. El naufragio. El desastre total.

Guayana: la favela de Francia.

Nada es lo que parece en la Guayana. Es francesa, pero latinoamericana. Es Guayana pero los símbolos niegan. Desde allí se lanzan los cohetes de la Agencia Espacial Europea pero apenas hay carreteras o transporte público. El 35% de la población está en paro pero vive con precios parisinos. Es el Tercer Mundo y es Europa.

Aunque la población local es negra y amerindia casi  todos los buenos trabajos (astrofísicos, gendarmes, profesores, funcionarios, directores de hoteles) los ocupan blancos venidos de la metrópolis cuando no son ni el 5% de la población.  Algunos hablan de racismo, pero la realidad es que a los nativos no les gusta trabajar.

El Imperio aplica una política colonial basada en tres pilares: asimilación, asistencialismo y división. Se trata de asimilar lingüística y culturalmente a los nativos para diluir su identidad. Se les ofrece una serie de subsidios para hacerlos dependientes. Y se aplica la política de divide y vencerás para desactivar al pueblo.

Hace años la gente estaba harta y exigía cambios. Tras una serie de protestas, París anunció un referéndum autónomico para enero de 2010 pero antes amenazó con cortar las ayudas  si se aprobaba. Así que el 70% de la atemorizada población votó no. Prefirieron seguir cobrando los subsidios y renunciar a sus derechos.

Guayana es un territorio inhóspito. Antiguamente se usó como provincia-cárcel y ahora es el centro de lanzamiento de satélites europeos y rusos. En Guayana casi no hay sociedad civil organizada. Recientemente se ha descubierto petróleo, lo cual puede dar alas al independentismo pero también redoblar la opresión colonial.

Francia nunca será Bretaña, nunca será Guayana. Siempre será París, su idioma y su cultura y esto será lo que exporte e impulse en detrimento de los demás mientras los parisinos presumen de cosmopolitas. Guayana es la favela de Francia. Se ha vendido por unas migajas que la encadenan. Tiene miedo de ser libre.

ETA muda de piel.

La banda terrorista ETA ha anunciado hace unos días el fin definitivo de la lucha armada y sin contrapartidas (al menos que sepamos). Después de 40 años de terrorismo y más de 1000 asesinatos, todos soñábamos con el día en que esto ocurriera. Pero no se ha celebrado con alegría sino que la noticia se ha recibido con un profundo escepticismo. No es para menos. Ya estamos acostumbrados a que ETA nos engañe, a que declare treguas unilaterales que nunca son tales. Parece que esta vez es la buena, habida cuenta del circo mediático que han montado con los mediadores internacionales. ¿Es el fin de ETA? Ojalá, pero lo cierto es que todavía ni se ha disuelto ni ha entregado las armas ni ha pedido perdón.

El otro día estaba viendo un reportaje sobre el mundo de la prostitución. La periodista le preguntaba a la meretriz si no le gustaría dedicarse a otra cosa. La respuesta fue buenísima: «Si es ganando lo mismo, sí». Los etarras han tenido en los últimos años un elevado tren de vida. Cuesta creer que de la noche a la mañana se vayan a conformar con un empleo mileurista en una tienda de electrodomésticos. ETA no va a desaparecer, simplemente se va a reconvertir en mafia organizada dedicada al tráfico de armas y de drogas. Exactamente igual que pasó con el IRA en Irlanda. Otro ejemplo es la UÇK: todos los ex-terroristas kosovares los tenemos ahora en España asaltando chalets con una violencia extrema.

La serpiente muda de piel. Los etarras hace tiempo que controlan la cocaína en Euskadi; era una fuente de financiación para la lucha armada y a partir de ahora su nueva ocupación.  Adiós al menos al terrorismo, a los coches bomba y los tiros en la nuca. Alegrémonos por la parte que nos toca. Adiós también al eslabón que conectaba a la ultraderecha española y la ultraizquierda vasca; esos extremistas que abominan los crímenes de ETA pero se niegan a condenar los crímenes del franquismo y viceversa. No me extraña que la caverna españolista esté disgustada: ahora que la banda asesina deja de existir como tal ¿cuál será la excusa que invente esta vez para negar el universal derecho de autodeterminación al pueblo vasco?

Falacia atea: Si Dios existiera haría milagros gigantescos para que todos creyéramos en Él.

Los ateos y los escépticos en general se quejan de que Dios no da señales de vida. En los tiempos bíblicos hacía milagros espectaculares pero hoy no los vemos. Si en aquella época la gente necesitaba de fenómenos sobrenaturales para creer en una realidad sobrenatural, también lo necesitamos en la actualidad. Y a mí no me cabe ninguna duda de que si viéramos milagros gigantescos hoy, esto convertiría a algunos incrédulos, pero es una falacia muy común pensar que los convencería a todos.

La fe de las personas, aun de las creyentes, es muy pequeña. Hace miles de años Dios abrió el Mar Rojo para que los judíos lo atravesaran… pero cuando Moisés se retiró al desierto 40 días, pensaron que había desaparecido, se olvidaron del Dios que les salvó de los egipcios y construyeron un becerro de oro. Habían visto cómo Yahveh estaba de su lado y era capaz de abrir el mar pero en cuanto saltó la mínima duda del paradero de Moisés ¡toda la fe de los judíos se derrumbó en un instante!

Dios les protegió en su travesía por el desierto, los alimentó con maná caído del cielo y les condujo a la tierra prometida… pero como estaba habitada por pueblos poderosos ¡tuvieron miedo y dijeron que era preferible dar la vuelta para volver a ser esclavos de Egipto! Vieron milagros portentosos en vivo y en directo pero ¡pensaban que Dios no podía derrotar a los lugareños de la región! ¿Podrá Dios abrir el mar y a la vez ser incapaz de vencer a un país diminuto? Así lo creían los judíos.

¿Y qué me dices de los apóstoles? Conocieron en persona a Jesús, predicaron codo a codo con Él, le acompañaban a todas partes, vivían con Él. Vieron con sus propios ojos cómo curaba ciegos, sanaba leprosos, hacía andar a los paralíticos y hasta resucitaba muertos… pero cuando fueron a crucificarlo, todos menos Juan corrieron como gallinas a esconderse. Estaban desmoralizados por su muerte. Y Tomás no creyó que hubiese resucitado. Seguramente a mí me habría pasado igual.

Da igual que Dios abra el Mar Rojo una vez o doscientas. Da igual que resucite a un muerto o a mil. Podrías estar al lado del mismísimo Dios, ser testigo de primera mano de milagros gigantescos y aún así… al mínimo contratiempo, dudar y tener miedo. Porque le pasó a los judíos. Porque le pasó a los apóstoles. Porque los seres humanos somos así. No tenemos remedio. Dios quiere que creamos para ver, y nosotros queremos ver para creer. Y a veces, ni aún así creemos, que es lo más triste.

Si un ateo es testigo de un milagro pequeño, buscará una explicación científica. Si es testigo de un milagro gigante para el que no hay explicación posible, entonces negará lo sucedido y dirá que ha sido un fraude, un sueño o una alucinación. Por eso es falso pensar que si Dios se sacara conejos, jirafas o incluso elefantes de su chistera, a la humanidad no le quedaría más remedio que creer. Siempre habría quien lo rechazara, porque el Señor no fuerza a nadie a creer. No obliga. Somos libres.

Ciertamente, Dios podría dar señales incontestables de su presencia. Podría escribir en el cielo con letras gigantes: «Soy Dios. Arrepentíos o pereceréis». Pero la historia dice que cree en Él solamente quién de verdad quiere creer. Y que más que una revelación externa, Dios se hace presente en las vidas de las personas con una revelación interna. Es decir,  a aquella persona que realmente desee con honestidad, con sinceridad, conocerle, el Señor se va a revelar en su corazón sí o sí.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Fenómenos paranormales en la familia.

A lo largo de mi historia familiar han ocurrido cuatro extraños sucesos que paso a compartir en público por primera vez. Yo me inclino a pensar que se trata de fenómenos paranormales, aunque a decir verdad  tres de ellos podrían tener una explicación alternativa racional. Sin embargo, hay otro que me parece inexplicable desde la ciencia y la razón humanas, así que con mucho gusto leeré las teorías de los lectores. No me considero una persona crédula a la que se engaña fácilmente, pero tampoco una persona de mente cerrada. Por naturaleza me inclino a buscar una respuesta científica, pero también tengo claro que hay más de lo que los ojos ven.

1) Al poco de acabar la Guerra Civil Española, mi abuelo materno falleció de enfermedad, dejando una esposa viuda y una hija huérfana. Un día, mi abuela materna soñó que iba con su hija pequeña -mi madre, por entonces una niña de corta edad- y que iban a pasar un puente. De repente, se les apareció en el sueño su difunto esposo, justo al otro extremo del puente. Él les advertía incesantemente para que no lo cruzaran  y les aseguró que siempre estaría con ellas para cuidarlas. ¿Qué podría simbolizar aquel puente? ¿El tránsito del mundo de los vivos al de los muertos? ¿Fue un simple sueño o una advertencia desde el más allá?

2) Hace muchísimos años en los cementerios enterraban los cadáveres en el suelo. Llegó un momento que por problemas de espacio, en el cementerio de Alzira se comenzaron a desenterrar los muertos para reubicarlos en nichos en las paredes. Los operarios estaban sacando de su tumba a la abuela materna de mi padre y en el mismo instante en que el funcionario tocó su calavera sintió un dolor intenso en el muslo y cayó al suelo. Tenía un profundo corte y sangraba abundantemente. Es como alguien invisible le hubiera cortado con un cuchillo ¿pero quién? Sus compañeros fueron testigos del luctuoso suceso y quedaron perplejos ante lo que pasó.

3) Cuando yo era pequeño, mi abuela materna vivía en casa con nosotros. Ella ya estaba mayor y enferma. Una noche de enero de 1990, yo sentí un escalofrío. Tenía sólo diez años pero supe con una certeza total que mi abuela iba a morir en ese preciso instante. Mis padres entraron en su habitación, yo no me atreví y me quedé en la cocina. Miré el reloj y ponía que eran las 20:27. Tuve un presentimiento, algo que me decía: «Tu abuela está muriendo justo ahora». Y así fue. Realmente ella no estaba mucho peor que cuatro o cinco años atrás, pudo haber fallecido bastante antes, pero justo en el momento de expirar, lo noté. ¿Por qué?

4) El día que mi padre cumplía 70 años, yo estaba durmiendo en la cama. Eran las 8:20 de la mañana o así cuando alguien llamó por teléfono. Yo no sabía quién era, pero me sentí inquieto, como si fuera una llamada importante. Contestó mi madre, que luego le pasó el teléfono a mi padre. Al otro lado de la línea se oía, allá a lo lejos, una voz femenina que felicitaba a mi padre por su aniversario. Mis progenitores idenficaron la voz: era mi abuela paterna. Hasta aquí todo sería normal de no ser porque murió tres años antes. ¿Puede una madre comunicarse desde la otra vida? ¿Una mera confusión tal vez? Quizás nunca llegue a saberlo. O sí.

Baviera: la autonegación.

Enclavado en el corazón mismo de Europa, existe un pueblo con una cultura diferencial: el Estado Libre de Baviera. Es el lander más grande, rico y poblado de la República Federal Alemana. Por siglos fue nación soberana pero el viejo Reino de Baviera, Prusia y otros muchos estados se unieron para crear Alemania en 1871.

Mientras que en el mundo ha habido  una explosión de nacionalismos en los últimos 200 años, Baviera ha sufrido el proceso inverso. En la primera mitad de siglo XX experimentó fuertes sentimientos independentistas, en la segunda mitad regionalistas y ahora ni eso queda. Esa llama nacionalista se ha apagado con el tiempo.

Tiene una lengua propia, el bávaro, que por motivos políticos en la actualidad es oficialmente un dialecto del alemán. Pero en realidad es un idioma distinto. De hecho, cuando un bávaro sale hablando  en los noticieros de la televisión, ponen subtítulos en alemán porque de lo contrario nadie es capaz de entender lo que dice.

La católica Baviera tiene más en común con Austria que con la protestante Alemania. Pero su folklore es la imagen oficial germana: sus fiestas de la cerveza, sus mujeres de trenzas rubias, escotes generosos y faldas largas, sus hombres con sombrero y pantalón corto y su Bayern de Munich son conocidos en el mundo entero.

Esta tierra es la sede central de numerosas sociedades y empresas de renombre mundial. Tiene una poderosa actividad industrial, automovilística y financiera. Su tasa de desempleo es la mitad que la alemana. Es el primer destino turístico del país. Es el estado más rico de Alemania y su musculatura económica, digna de un titán.

Baviera ha pasado de ser una región separatista a convertirse en la columna vertebral de Alemania. Y ha sido  a base de renunciar a su identidad propia en un lamentable proceso de autonegación y pérdida de la conciencia colectiva, a base de diluirse hasta finalmente desaparecer, asimilada, dentro de la poderosa nación alemana.

Es ven regne. Rao: Partido Popular.

¿Està voste interessat en una bona inversio immobiliaria i patrimonial? Li oferim no un terreny ni una finca sino un païs sancer a preu d’autentic saldo. Es tracta del Regne de Valencia, més conegut com el Levante feliz. Pero deu voste afanyar-se perque ya nos queda molt poc per vendre i l’oferta nomes durarà fins a agotar existencies. Si està interessat, no dubte en passar-se pel carrer Genova 13 o telefone al 91 557 73 00 i li informarém sense cap compromis. Pregunte per Mariano.

Ya es va vendre l’Idioma Valencià a canvi del recolzament politic de Convergencia i Unio. I els valencians, clar, sense rechistar, acceptarem la venda.  Ya se sap… per a ofrenar noves glories a Espanya engolirém en el catala i en lo que faça falta. Es ven la nostra historia i cultura. El Regne de Valencia dins de molt poc no haura existit mai en els llibres de text que estudien els nostres fills. Ausias March, naixcut en Gandia, era un poeta catala. I ni cal dir que la nostra nacio es diu països catalans.

S’ha venut la nostra economia. Som l’autonomia més endeutada de tot l’Estat (tenia rao el PP quan diu que som una comunitat lider… com a minim en deute). Hem venut el futur dels nostres fills, que ya naixen hipotecats fins a les celles, per a que els peperos puguen montar els seus parcs tematics i obres faraoniques. Bancaixa ara la controla Rodrigo Rato, Banco Valencia està en venda i la Caixa d’Aforros del Mediterraneu (CAM), totalment quebrada, es subasta al millor postor.

La nostra agricultura tambe fon venuda: nos inunden de productes marroquins cada volta que el rei de Marroc d’enuja i ya hem renunciat  al transvas de l’Ebre per a no incomodar als nostres amos de Barcelona. Ara queda la guinda del pastis: la sanitat i educacio publiques. El copagament sanitari vindra despres d’eleccions per a que nos acostumem a la privatisacio que ve. I com ya no hi ha ni un duro per a construir nous coleges publics, l’educacio queda en mans de centres privats.

¡Aprofiten l’oferta senyors! ¡Que estem acabant les ultimes existencies i tanquem (el Regne de Valencia) per liquidacio! ¡Aprofiten la ganga i compren ara que encara poden les despulles d’un regne milenari! Aixo sí, deixen de demanar preu per l’inteligencia, la vergonya i la decencia dels votants valencians, que eixa la varem vendre fa decades i no mos queda ni una gota. Tan barata estava que se la varen emportat tota en un plis. Es ven regne. Rao: Partido Popular, carrer Genova 13.

FONT: Som nº 252. Novembre 2011.

Guayas: autonomía y libertad.

El 9 de octubre de 1820 Guayaquil se independizó de España. Su libertad duró un suspiro porque sólo dos años después, Guayaquil fue anexionada forzosamente por la Gran Colombia. Tras la separación de la Gran Colombia, las naciones de Guayaquil y de Quito se fusionaron para conformar la actual República del Ecuador.

Aquella decisión le salió cara. Perdió el 90% de su territorio porque fue dividido en varias provincias dentro del Ecuador. Durante su efímera independencia llegó a poseer todo el litoral ecuatoriano y hasta parte del Perú. De todo aquello sólo le queda la pequeña provincia de Guayas, en la que vive el 30% de la población de Ecuador.

El gran beneficiado de la creación del nuevo estado fue Quito, que goza de las prebendas de un país completamente centralizado. El centralismo es tan feroz que para cualquier papeleo los guayaquileños deben recorrer más de 600 km de caminos de precipicios hasta Quito sólo para que un funcionario les ponga un cuño.

Esta tierra que nació libre y contagió con esa libertad a la región, hoy reclama una autonomía política, regulatoria y fiscal y un Estado descentralizado. Dentro del contexto de pobreza de Latinoamérica, Guayas es la región más próspera y dinámica de Ecuador y Quito la exprime como a una naranja a la que saca todo el jugo.

Otros muchos hablan de «autonomía solidaria» (léase solidaridad impuesta). Es decir, que las provincias económicamente más desarrolladas, como Guayas, estén obligadas a compartir su riqueza con las que son más pobres. Pero se olvidan de que Guayaquil se desarrolló sin recibir fondos ni ayudas de otras provincias o países.

«Por Guayaquil Independiente» es el lema que aparece en su escudo, el cual fue diseñado por José Joaquín de Olmedo, el único presidente de aquel efímero estado soberano.  Y si Quito sigue desoyendo el fervor regionalista y autonomista de los guayaquileños, quizás vuelvan a esgrimir de nuevo este lema y reclamen ser nación.

Zulia: petróleo y autonomía.

En una Venezuela cada vez más entregada al neocomunismo del presidente Hugo Chávez, un estado opositor le planta cara al autócrata: el Zulia. Allí, a las orillas del Lago Maracaibo y bajo un sol de justicia, viven los zulianos, un pueblo conservador y nacionalista. Los zulianos se sienten orgullosos de serlo y son muy suyos.

En 1821 la República del Zulia declaró su independencia del Imperio Español y con posterioridad pasó a formar parte  de la Gran Colombia. Tras la desintegración de aquel fallido macroestado, Zulia, que no era de Venezuela, se unió voluntariamente a ese país, pese a que pudo haber escogido formar parte de Colombia.

El libertador de Zulia, Rafael Urdaneta, le dijo al libertador venezolano Simón Bolívar que el Zulia se unía a Venezuela a cambio de mantener su autonomía. Pero ese pacto fue violado hasta la actualidad.  El centralismo llega al límite de tener que recorrer 700 km desde Maracaibo a Caracas para realizar un pequeño trámite.

El sentimiento autonomista es innato en el zuliano por circunstancias históricas y no por ninguna imposición estadounidense, como asegura Hugo Chávez. Por eso Zulia exige sus derechos pero Venezuela los pisotea. Esto está despertando los anhelos regionalistas y hasta independentistas de un cada vez mayor número de gente.

El Estado Zulia atesora el 80% del petróleo de Venezuela pero recibe de Caracas sólo un 20% de las ganancias. Y a pesar de semejante potencial energético, los zulianos sufren frecuentes cortes en el suministro eléctrico por la ineficiencia del Estado central. Por contra, si fuera independiente, el Zulia sería el Kuwait del Caribe.

Zulia salió perdiendo al unirse a Venezuela. Perdió en extensión territorial (en el pasado contó con varios estados que con el tiempo se segregaron). Perdió dinero porque no controla sus descomunales recursos.  Y perdió en libertad con una autonomía nunca respetada. Zulia es nación y lucha por ser libre, diferente y única.

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