Zanzíbar: la costa de los esclavos.

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Esta tierra históricamente fue colonia de potencias extranjeras. Persia, Omán, Portugal y Reino Unido la sometieron. Zanzíbar fue conquistada por los británicos en 1896 tras una guerra de 38 minutos -la más corta de todos los tiempos-. Se separó del Imperio Británico en 1963 y pasó así a ser independiente por primera vez.

Zanzíbar es como una mujer: pequeña y débil pero sumamente hermosa. Ella es la parte femenina de ese matrimonio llamado Tanzania. Su marido es Tanganica. Ambos se fusionaron libremente en 1964 para crear Tanzania. Zanzíbar se casó con su media naranja buscando protección pues temía volver a ser esclava de Omán.

El nombre del país significa «costa de negros». Fue durante siglos el principal mercado esclavista de África. El comercio de esclavos duró hasta 1886 y su posesión hasta 1897. Se calcula que entre los siglos XV y XIX quince millones de esclavos salieron de allí rumbo fundamentalmente a Egipto, Arabia, Turquía y Omán.

Zanzíbar es un archipiélago índico formado por dos pequeñas ínsulas (Unguja y Pemba) y algunos islotes. Tiene influencias árabes, persas, lusas y comoerenses. El 99% de la población es musulmana y rige la sharia. Habla inglés y suajili. Vive del comercio y de un turismo floreciente. Sus aguas son azul turquesa y sus playas un prodigio.

Los zanzibareños son musulmanes pero también africanos. Por eso igual ves mujeres con chador que otras que danzan con los senos al aire. Sus especias son famosas (clavo, canela, vainilla, nuez moscada, jenjibre, cardamomo, cúrcuma y pimienta negra). El barrio de Stone Town es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Se trata de una región semiautónoma dentro de Tanzania, con un presidente y parlamento regionales. Hasta dispone de sistema judicial y jurídico propios. Pese a ello, un nacionalismo creciente clama por la secesión. Se sospecha que hay petróleo en sus aguas y esta idea excita los sentimientos independentistas en las islas.

Liberia: el sueño truncado de la libertad.

A principios de siglo XIX los Estados Unidos de América no sabían qué hacer con los estadounidenses negros. La esclavitud era una constante en el sur y el norte -antiesclavista- trataba de evitar a toda costa un conflicto con los sureños que al final acabó siendo inevitable y arrastró a la nación a la Guerra Civil Americana (1861-1865).

En 1822, la Sociedad Americana de Colonización fundó una patria donde acomodar a los esclavos liberados: Liberia. Allí emigraron muchos afroamericanos que establecieron una colonia. Liberia representaba para los negros el retorno a sus raíces africanas, una tierra prometida, un El Dorado, una patria donde ser libres.

Liberia se independizó de Estados Unidos en 1947 bajo los auspicios de Joseph Jenkins Roberts, padre de la nación. Y gracias al apoyo económico y militar americano, fue el único país africano que logró mantener su independencia frente al imperialismo europeo, si bien Reino Unido y Francia le arrebataron muchas tierras.

Pero los negros «americanos», instalados en el litoral, no se sentían africanos. Y como producto de la mala educación recibida esclavizaron a los negros nativos, que vivían en el interior. Además, el país es un mosaico de etnias (decenas) y religiones (40% cristianos, 20% musulmanes y 40% otros), que tiran más leña al fuego.

Lejos de convertirse en el sueño afroamericano, Liberia se tornó en pesadilla. En una tierra nacida de las ansias de libertad, pronto afloraron dictadores y golpistas. Incluso ha sufrido dos crueles guerras civiles (1989-1996 y 1999-2003) que le han costado la vida a cientos de miles y que han devastado la economía del país.

Hoy Liberia, con un 88% de paro (la segunda tasa de desempleo más alta del mundo, por detrás de Zimbabue), es un estado derrumbado que depende de la ayuda exterior. Su hijos más célebres, el futbolista George Weah, la Nobel de la Paz Leymah Gbowee y Ellen Johnson-Sirleaf, primera presidenta de toda África.

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