Zulia: petróleo y autonomía.

En una Venezuela cada vez más entregada al neocomunismo del presidente Hugo Chávez, un estado opositor le planta cara al autócrata: el Zulia. Allí, a las orillas del Lago Maracaibo y bajo un sol de justicia, viven los zulianos, un pueblo conservador y nacionalista. Los zulianos se sienten orgullosos de serlo y son muy suyos.

En 1821 la República del Zulia declaró su independencia del Imperio Español y con posterioridad pasó a formar parte  de la Gran Colombia. Tras la desintegración de aquel fallido macroestado, Zulia, que no era de Venezuela, se unió voluntariamente a ese país, pese a que pudo haber escogido formar parte de Colombia.

El libertador de Zulia, Rafael Urdaneta, le dijo al libertador venezolano Simón Bolívar que el Zulia se unía a Venezuela a cambio de mantener su autonomía. Pero ese pacto fue violado hasta la actualidad.  El centralismo llega al límite de tener que recorrer 700 km desde Maracaibo a Caracas para realizar un pequeño trámite.

El sentimiento autonomista es innato en el zuliano por circunstancias históricas y no por ninguna imposición estadounidense, como asegura Hugo Chávez. Por eso Zulia exige sus derechos pero Venezuela los pisotea. Esto está despertando los anhelos regionalistas y hasta independentistas de un cada vez mayor número de gente.

El Estado Zulia atesora el 80% del petróleo de Venezuela pero recibe de Caracas sólo un 20% de las ganancias. Y a pesar de semejante potencial energético, los zulianos sufren frecuentes cortes en el suministro eléctrico por la ineficiencia del Estado central. Por contra, si fuera independiente, el Zulia sería el Kuwait del Caribe.

Zulia salió perdiendo al unirse a Venezuela. Perdió en extensión territorial (en el pasado contó con varios estados que con el tiempo se segregaron). Perdió dinero porque no controla sus descomunales recursos.  Y perdió en libertad con una autonomía nunca respetada. Zulia es nación y lucha por ser libre, diferente y única.

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