El conejo de Playboy y la normalización del puterío.

Hoy en día ha proliferado de forma alarmente el símbolo del conejo del Playboy. Es fácil verlo en pegatinas en los coches, en perfumes que se exhiben en los escaparates o incluso en pendientes que las adolescentes se ponen para ir al instituto. Me pregunto qué clase de padres son los que ven que su hija lleva un símbolo que es todo un homenaje a la prostitución y a la pornografía y les da igual.

Los símbolos son muchísimo más que un simple adorno más o menos bonito. Tienen un significado. Representan algo, una idea, unos valores; exactamente igual que una bandera es mucho más que un simple pedazo de tela. Detrás de un símbolo hay un estilo de vida. Si veo un chico con la esvástica nazi pensaré de esa persona que es racista. Si una chica lleva el conejo de Playboy, pensaré que es una zorra.

Tal proliferación es sólo una prueba más del acelerado derrumbe moral de Occidente. Hoy en día la gente se ha acostumbrado a ver parejas que fornican en directo en programas de televisión, o a ver como estrellas  a mujeres que unos años antes hubiesen sido consideradas  rameras. Y hasta  encontramos hombres que dicen sentirse orgullosos de que su novia pose desnuda en la portada de una revista.

Será cuestión de valores, pero si mi novia se bajara las bragas por dinero delante de todo el mundo a mí no me causaría orgullo precisamente, sino sonrojo. Sin embargo, esta postura es cada vez más minoritaria, porque es tal la avalancha de inmoralidad que nos hemos acostumbrado a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno, a ver  como normales cosas que hace sólo quince años nos daban auténtico asco.

Una pregunta para los musulmanes.

Si el dios verdadero es Alá, si Dios es musulmán y rechaza a los judíos ¿por qué consiente que exista Israel? Es más ¿por qué permite la humillación que supone que 1.500 millones de musulmanes sean incapaces de derrotar un país minúsculo de apenas 6 millones de almas? «Es que los americanos apoyan a Israel» -suelen decir-. Bueno, Israel no necesitó la ayuda de país alguno en la Guerra de los Seis Días, cuando barrió del mapa a ocho naciones arabes en menos de una semana, pero aunque así fuera… ¿Y qué? ¿Acaso los Estados Unidos tienen más poder que Alá?

En la Biblia hallamos la respuesta. El pueblo escogido es Israel: «Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios, y el Dios de tus descendientes» (Génesis 17:7). El hijo de la promesa es Isaac: «En cuanto a Ismael, ya te he escuchado. Yo lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia numerosa. Él será el padre de doce príncipes. Haré de él una nación muy grande.Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que te dará Sara de aquí a un año, por estos días» (Génesis 17:20-21).

Israel existe porque es la voluntad de Dios. El renacer de Israel de 1948 estaba profetizado: «Los sacaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los pueblos, y los haré regresar a su propia tierra» (Ezequiel 36:24). Dios bendice a quien bendice a Israel y maldice a quien lo maldice. Por eso todos los países islámicos sin excepción están sumidos en la calamidad mientras que EEUU es una gran potencia. Génesis 12:3 dice: «Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!»

Israel es invencible porque es Dios mismo quien la protege: «Tú, que salvas con tu diestra a los que buscan escapar de sus adversarios, dame una muestra de tu gran amor. Cuídame como a la niña de tus ojos; escóndeme, bajo la sombra de tus alas, de los malvados que me atacan, de los enemigos que me han cercado» (Salmos 17:7-9) . “En torno suyo —afirma el Señor— seré un muro de fuego, y dentro de ella seré su gloria” (Zacarías 2:5 ). «Tracen su estrategia, pero será desbaratada; propongan su plan, pero no se realizará, porque Dios está con nosotros» (Isaías 8:10).

Fuente: Santa Biblia Nueva Versión Internacional 1999.

¡Dios salve a Hungría!

¿Qué pasa cuando los cristianos votan por un partido genuinamente cristiano? Pues que se promulgan leyes cristianas. Llegan de Hungría noticias alentadoras de cómo una nación puede rebelarse en medio de una Europa atea, inmoral y relativista. Recientemente se ha modificado la Constitución Húngara gracias a los votos del partido conservador Fidesz del primer ministro Viktor Orban, que gobierna el país con una mayoría de casi tres cuartas partes del Parlamento nacional.

El nuevo texto reconoce la importancia histórica y cultural del cristianismo en Hungría, dice que el matrimonio es «la unión de un hombre con una mujer», no penaliza expresamente la discriminación por motivos de orientación o sexual y llama a proteger al ser humano desde el momento de la fecundación. O sea, que el aborto, la investigación con células madre embrionarias, el gaymonio y el lesbimonio se van al carajo. El país pasará de llamarse «República Húngara» a «Hungría».

«Que Dios bendiga a los húngaros». Con este simbólico saludo comienza la Constitución magiar, que entrará en vigor en 2012. Por supuesto, esto no ha sentado nada bien en esa camarilla de masones y anticristianos que es la Unión Europea (UE), que se rasga las vestiduras por la nueva Carta Magna aunque por otro lado, jamás llamó la atención a Hungría por ser la Meca del cine porno. Confío en que el pueblo húngaro no se arrodille ante las presiones fascistas de la UE.

El primer ministro Orban es un gran hombre, muy valiente (pues se enfrenta nada menos que a Alemania) y estará en mis oraciones por lo que ha hecho en su país. Ojalá tuviésemos en toda Europa más políticos íntegros como él. Por desgracia, aquí los cristianos votan por partidos políticos que fomentan el aborto, la telebasura y el homosexualismo. Es por ello que un gigantesco maremoto de inmundicie se abre paso a través de nuestras ciudades y barrios para inundarlo todo.

Católicos  y evangélicos deben unirse en defensa de los valores cristianos que  le son comunes (obviamente, en el resto de cosas no) porque existe, de hecho, una alianza (antinatura, pero alianza) de ateos y musulmanes para descristianizar Europa. Es muy triste que el voto católico o el evangélico no se diferencie en nada del voto ateo, homosexual o islamista. Si no empezamos a votar en conciencia, muy pronto los cristianos seremos perseguidos y hasta encarcelados por nuestra fe.

De luna de miel.

Casarse es una de las decisiones más importantes de la vida. Ayer cumplí con uno de mis sueños de infancia; casarme con una buena mujer. Espero poder formar un hermoso hogar y fundar una gran familia con la ayuda de Dios. De momento, me encuentro disfrutando de mi luna de miel. Actualizaré el bloc dentro de unos días.

Lo confieso: soy culpable.

Una de las cosas que hace diferente a la Palabra de Dios de otros libros llamados sagrados es que en la Biblia no se esconden las debilidades y flaquezas humanas de sus personajes. Incluso los más devotos creyentes aparecen retratados con el estigma del pecado, lo cual les hace, naturalmente, mucho más creíbles y humanos.

Cuando leo la Santa Biblia me siento identificado con muchos de sus personajes, aunque no siempre sea para bien. Me siento muy cercano a Pablo porque, como él, pasé de perseguir a Cristo a seguirle y amarle. También a Tomás, quien tenía una fe tan pequeña, que en ocasiones necesitaba ver para creer.

Admiro mucho a Mateo, quien escribió, para mi gusto personal, el más completo y apasionante de los cuatro Evangelios. Admiro su obra y el día que vaya al Cielo pienso pedirle un autógrafo. También me siento bastante próximo al apóstol Pedro, que era un cobarde pero que al mismo tiempo amaba grandemente a Jesús.

Me siento cercano a Jonás, quien era duro de corazón. Y a Jeremías, un aguafiestas que anunciaba verdades horribles que nadie quería oir. También al publicano, que imploraba a Dios que le perdonara por sus pecados. No me gustaría parecerme al fariseo que se creía mejor que los demás o a Judas Iscariote.

¿Qué podemos aprender de los personajes  bíblicos? Que Dios no busca superhéroes, sino personas normales y corrientes que, incluso con sus defectos y miserias, estén dispuestos a seguirle, a arrepentirse de sus pecados y dar un giro de 180 grados en sus vidas para caminar por el camino recto que nos marca el Señor.

En estos días de Pascua, en que rememoramos que Jesús murió en la cruz para salvarnos de nuestros pecados, no me queda más remedio que pedir perdón a Dios. Porque soy pecador, y porque mis rebeliones son los clavos que atravesaron sus manos  y pies, y la lanza que hirió su costado. ¡Perdóname, Señor mío y Dios mío!

Dios o el juzgado ¿quién es el trámite?

Hay cosas que no entiendo de la Iglesia Evangélica y de sus pastores. A la hora de celebrar un matrimonio existen dos visiones opuestas. Por ejemplo, los pastores africanos consideran que lo importante es la boda por la iglesia y el juzgado lo secundario. Tanto es así que te pueden casar el próximo domingo si quieres, sin necesidad  de esperar al permiso del juez. Cuando se resuelva el papeleo, dentro de ocho o nueve meses, te limitas a casarte por el juzgado con un par de testigos y ya está. Firmamos los papeles, un par de fotos y a casa. Los pastores gitanos hacen exactamente igual. Es una buena medida para evitar caer en tentación, ya que los cristianos estamos llamados a guardar la abstinencia sexual antes de la boda.

Pero para los pastores valencianos sucede al revés. Primero debes esperar los nueve meses del papeleo y después te casas por la iglesia. Es como si el visto bueno del juez fuera más importante que el de Dios. Para mí es secundario lo que diga una administración corrupta hasta las cejas. En ese sentido no entiendo por qué hay pastores que se niegan a casar a una pareja hasta que hayan concluído todos los trámites burrocráticos, porque sería más sencillo casarse y cuando, dentro de un año, te llamen para poner una firmita vas y la pones. Para negros y gitanos la boda por la iglesia es lo que cuenta y el juzgado un trámite. Para los blancos parece como si lo realmente importante fuera el juzgado y  la bendición de Dios el trámite.

Los pastores que defienden la segunda postura argumentan que la Biblia dice que hay que respetar  a las autoridades. Y digo yo que éstas no están por encima de Dios porque de lo contrario tendríamos que aceptar el aborto, las parejas de hecho o los gaymonios y  lesbimonios, ya que, al fin y al cabo,  todos han sido puestos por las autoridades. Si para un pastor lo realmente importante es el visto bueno del juez y no el de Dios ¿para qué casarse por la iglesia? Sería más sencillo hacerlo por el juzgado y ya está. En mi modesta opinión, un matrimonio civil no existe a los ojos de Dios por la sencilla razón de que éste se hace a propósito para no invitarle a la boda. Soprendentemente, no todos los pastores cristianos piensan así.

Cierto es que en el primer modelo -el africano y gitano- tu boda no tiene validez legal (en teoría, ojo) hasta que los burrócratas concluyan el papeleo. Digo en teoría porque existe un precedente de una mujer, María Luisa Muñoz La nena,  que se casó por el rito gitano en 1971. Durante casi 30 años de matrimonio no acudió nunca a inscribirse en el registro civil y cuando su marido falleció en 2000, ella solicitó una pensión de viudez. Y el Tribunal de Estrasburgo falló a su favor en una sentencia histórica. Si los cristianos no somos de este mundo ¿cuándo estamos realmente casados? ¿Cuando lo dictamina un juez o cuando lo dictamina el Todopoderoso? Es asombroso que para muchas iglesias Dios sea el trámite.

Juan José Cortés: el nuevo Job.

«No es quererlo, es peor. Es mucho más fuerte. Si tuvieras hijos no haría falta decírtelo. No es joda cuando uno dice que es capaz de dar la vida por su hijo. Tenés miedo, no se puede controlar, tenés miedo a que le pase algo, querés estar siempre con él para cuidarlo… pero sabés que no puede ser. No es miedo a que se muera, es miedo a que le pase algo, a que sufra. No podés ni pensar en que se puede morir, te duele pensarlo, te da pánico porque sabés que si… eso llega a pasar… no vas a sufrir ni te va a doler… Te va a destruir. Vas a dejar de existir aunque sigas viviendo. Si se muere, te morís con él. Así de sencillo». Federico Luppi (actor), en Martín (hache).

Que un padre entierre a su hijo y no al revés es antinatural; atenta contra el ciclo mismo de la vida. Es lo más terrible que le puede ocurrir a una persona. Un castigo así  no lo deseo ni para el peor de los monstruos. Sin embargo, semejante desgracia la padeció en sus carnes el gitano Juan José Cortés, pastor evangélico. En 2008 desapareció su hija, Mari Luz, de tan sólo cinco años. Toda España se lanzó a las calles en su búsqueda. Tras dos largos y angustiosos meses, la niña apareció muerta. Por si fuera poco fue, muy posiblemente, abusada por un pederasta que vivía en el barrio. Lo más fuerte de todo es que se podría haber evitado porque una vergonzosa cadena de negligencias mantuvo en libertad al asesino.

Santiago del Valle García, que así se llama el monstruo -que por cierto es payo-, estaba libre desde el año 2006, aunque tenía dos condenas por abusos a menores y un largo currículum como pedófilo. Si hubiera estado en la cárcel nada habría pasado. Pero la falta de interés de los jueces y  policía hizo que estuviese en la calle. Ahora, Cortés recorre España entera en su lucha por legalizar la cadena perpetua para crímenes graves, pero los políticos sólo quieren aprovecharse de su imagen pública ya que no tienen la más mínima intención de reformar estas leyes  que siempre protegen al verdugo y no a la víctima. Cortés clama justicia pero nadie le escucha. Todo le sale mal. Es el colmo del infortunio. Es la guinda del pastel.

Juan José está desolado. No hay más que fijarse en su mirada, de una tristeza honda e infinita, para darse cuenta de que está roto. De esto uno no se recupera jamás en la vida. Pero lo realmente extraordinario es la paciencia y resignación con la que ha acusado el golpe. Jamás le hemos visto hablar en público de odio, de venganza. Jamás una mala palabra fuera de tono. Le han arrebatado lo que más quería pero acepta su calamidad con la santidad del mismísmo Job. ¿Por qué Dios nos someterá a veces a pruebas tan duras? Cuando alguien ve cómo ha encajado la brutal desgracia este pastor protestante se da cuenta de que esa naturaleza no es en absoluto humana sino la del Espíritu Santo que habita en él.

Tantas veces nos quejamos los payos ¡yo el primero, ojo! del comportamiento incívico de algunos gitanos, que sería injusto no quitarse el sombrero ante ellos cuando hacen las cosas bien. Cortés es un santo. El nuevo Job. Yo, sinceramente, no sé si podría sobrellevar una carga tan grande. Dios, a través de la Iglesia Evangélica, está haciendo una gran obra entre la población gitana; llevando por el camino recto a muchas personas que, por criarse en determinados barrios marginales, parecían predestinadas a ser carne de cárcel. ¡Gitano tenía que ser! -soltamos cuando uno de ellos roba una cartera-. Pues gitano es este pedazo de ser humano cuyo ejemplo intachable refleja que en su corazón rebosa el amor de Dios.

La importancia del hombre en el aborto.

El aborto es la más sanguinolenta masacre de nuestro tiempo. Desde que se despenalizó el crimen del aborto en el Estado Español en 1985 más de un millón de niños ha sido exterminado, unas cifras que se acercan a las del genocidio armenio. Cada año a 100.000 criaturas se les niega del derecho a nacer. Una cifra similar a la del número de muertos que causó la bomba atómica en Hiroshima en 1945.

A la hora de buscar responsabilidades, lo más fácil sería criticar a los políticos, que son los que hacen las leyes. O a la sociedad, que suele ser como un ente abstracto al que acudimos cada vez que queremos eludir nuestra responsabilidad individual. O a los cristianos, que con nuestro voto somos cómplices de este crimen nauseabundo. O a las mujeres, que son las que legalmente tienen la última palabra.

Pero ¿dónde queda la responsabilidad del hombre? De ésa nadie habla nunca. Yo creo que los varones tenemos tanta responsabilidad, si no más incluso, que las mujeres a la hora de decidir tener un hijo. Porque no nos engañemos, en un número brutal de ocasiones cuando una chica aborta lo que hay detrás es un novio que se desentiende de su paternidad, o que la presiona para deshacerse del bebé.

Por muy inesperado que sea un embarazo, por muy adversas que sean las circunstancias económicas o familiares, es muy difícil que una mujer aborte si el padre de su hijo le apoya para seguir adelante. Porque cuando una fémina sabe que va a tener un hombro al que arrimarse, la carga es más llevadera. Pero si ella sola tiene que hacer frente a todo sin ayuda de nadie, es fácil que se derrumbe y aborte.

¿Qué clase de individuo es aquel que es suficientemente hombre para embarazar a una mujer pero no es hombre para hacer frente a las consecuencias de sus actos? ¿O que presiona para que su novia aborte en lugar de presionar para que tenga el niño? Es muy cobarde lavarse las manos y desentenderse de todo, o culpar a la mujer. Los varones tenemos una responsabilidad titánica cada vez que un niño muere.

El niño Dios está a punto de nacer.

El niño Dios está a punto de nacer. Como cada 25 de diciembre los cristianos de todo el mundo festejamos el nacimiento de Jesús, el mesías anunciado en las Escrituras. Con su venida al mundo, se cumplen las profecías que advertían que llegaría un día en que nuestro Creador tomaría un cuerpo de carne y hueso, vendría a la Tierra y pasearía entre sus criaturas. Hablar de Jesús es hablar de Dios mismo, quien en un acto de amor sin precedentes fue capaz de dejarse matar como un cordero para salvar a la humanidad de sus pecados y ofrecerle vida eterna.

Millones de personas en todo el mundo todavía no creen en Él. Niegan su divinidad. Pero aunque Jesús hubiese sido únicamente un hombre, un profeta más, su ejemplo de moralidad, amor, generosidad y entrega es tan colosal que sólo por ello ya merecería tener escrito su nombre con letras de oro en nuestros corazones. Es alguien cuyo ejemplo intachable de conducta ha generado una revolución de amor que hace que millones de seres humanos quieran ser mejores personas cada día y que ofrezcan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio.

La cultura occidental no se entendería sin el judeocristianismo. Incluso nuestro calendario parte de su nacimiento. Muchos afirman  que  Jesús no nació el 25 de diciembre. En realidad, esta fecha es un mero convencionalismo. Poco importa que viniera al mundo en diciembre o en agosto, que fuese rubio o moreno, que muriese con 33 años o con 38. Eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es su ejemplo intachable y su mensaje de salvación. Estas Navidades son una muy buena oportunidad para permitirle nacer en nuestro corazón y cambiar nuestras vidas.

Homenaje a Salvador Ferrer Esteve.

Soy rojo. Vengo de una familia de izquierdas. Mi abuelo, Salvador Ferrer Esteve, combatió en la Guerra Civil (1936-1939) en el bando republicano. Él era un buen hombre que luchó en defensa de la libertad. Sé bien que la izquierda ejecutó a muchas personas inocentes. Pero mi abuelo no era de los de gatillo fácil. De hecho, salvó a mucha gente de derechas de ser fusilada a manos del ejército rojo.

Uno de ellos era un rico hombre de negocios de Alzira. Tenía una empresa de camiones de transporte. Los republicanos querían matarlo por ser de derechas, pero mi abuelo les dijo que no lo hicieran, porque al fin y al cabo daba empleo a muchos trabajadores. Gracias a mi abuelo, aquel empresario salvó el cuello. Pero un tiempo después se giró la tortilla y el ejército fascista acabó venciendo la guerra.

Al acabar la contienda la familia recomendó a mi abuelo que se fugara a Alicante o a Argentina para evitar represalias. Pero él se negó a hacerlo porque la radio repetía sin cesar que quienes no tuviesen las manos manchadas de sangre inocente no tenían que temer. Y él tenía la conciencia muy tranquila de todo cuanto hizo. Incluso había salvado la vida de varios fachas. Así que ¿quién querría matarle?

Pero mi abuelo estaba afiliado a la CNT. No era activista ni participaba en política ni nada. Sólo tenía un carné de afiliado. Eso es todo. Así es que fueron a por él y lo detuvieron. Mi abuela fue a suplicar a aquel empresario que hablara con el gobierno para que salvara al hombre que antes le había salvado a él. Pero no quiso. Se limitó a decir que nada podía hacer y ni siquiera lo intentó. No movió un dedo.

Ferrer fue encarcelado, torturado, le arrancaron la piel a tiras, fue fusilado y arrojado a una fosa común. Y todo por un carné. Tenía 33 años. Los fascistas enviaron por correo a la viuda un paquete con los restos de su camisa hecha harapos manchada de sangre y de piel. Aquel empresario no sólo no ayudó a mi abuelo. Tampoco auxilió a su viuda e hijos, aunque hacía mucho dinero con el estraperlo.

No cuento todo esto para hacerme la víctima. He perdonado a aquel hombre. Si yo, que soy de izquierdas, no quiero para mí ni para los míos semejante injusticia ¿por qué debería desear el sufrimiento que padeció mi abuelo a los disidentes cubanos o chinos? No tengo inconveniente en condenar la dictadura de Cuba, Venezuela o China. Porque soy demócrata. Y porque soy cristiano por encima de todo.

Confieso que me gustaría mucho que hubiera más gente de derechas que fuese capaz de condenar el franquismo o el pinochetismo. Pero cada uno es dueño de sus silencios. Todo el mundo tiene derecho a tener la ideología que guste. Pero si piensa que una persona merece ser torturada y asesinada sólo por no tener sus mismas ideas políticas entonces  ¿que diferencia hay entre un terrorista de ETA y usted?

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