El niño Dios está a punto de nacer.

El niño Dios está a punto de nacer. Como cada 25 de diciembre los cristianos de todo el mundo festejamos el nacimiento de Jesús, el mesías anunciado en las Escrituras. Con su venida al mundo, se cumplen las profecías que advertían que llegaría un día en que nuestro Creador tomaría un cuerpo de carne y hueso, vendría a la Tierra y pasearía entre sus criaturas. Hablar de Jesús es hablar de Dios mismo, quien en un acto de amor sin precedentes fue capaz de dejarse matar como un cordero para salvar a la humanidad de sus pecados y ofrecerle vida eterna.

Millones de personas en todo el mundo todavía no creen en Él. Niegan su divinidad. Pero aunque Jesús hubiese sido únicamente un hombre, un profeta más, su ejemplo de moralidad, amor, generosidad y entrega es tan colosal que sólo por ello ya merecería tener escrito su nombre con letras de oro en nuestros corazones. Es alguien cuyo ejemplo intachable de conducta ha generado una revolución de amor que hace que millones de seres humanos quieran ser mejores personas cada día y que ofrezcan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio.

La cultura occidental no se entendería sin el judeocristianismo. Incluso nuestro calendario parte de su nacimiento. Muchos afirman  que  Jesús no nació el 25 de diciembre. En realidad, esta fecha es un mero convencionalismo. Poco importa que viniera al mundo en diciembre o en agosto, que fuese rubio o moreno, que muriese con 33 años o con 38. Eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es su ejemplo intachable y su mensaje de salvación. Estas Navidades son una muy buena oportunidad para permitirle nacer en nuestro corazón y cambiar nuestras vidas.

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