Made in America.

Desde siempre Hispanoamérica ha tratado de emular a España, puede que por ser la madre patria que le dio a luz. En principio, se me antoja una opción absolutamente descabellada pues a pesar de que España y América son patrias hermanas, ambas tienen esencias diferentes, unas naturalezas que no las han hecho evolucionar igual. Europa y América se diferencian demasiado como para que Hispanoamérica vea en España su referente en lo bueno y en lo malo.

Europa y América son, a pesar de las muchas semejanzas comunes a todos los países de la cultura occidental, continentes sustancialmente diferentes. En Europa los países se han configurado a través de complejos y tortuosos procesos históricos, donde los diferentes reinos de Taifas salidos de antiguos Imperios (como por ejemplo el de Roma) han ido fusionándose entre ellos hasta conformar las modernas euronaciones. En América, las fronteras de los países se han planificado desde fuera, casi con escuadra y cartabón. Europa es muy homogénea desde el punto de vista racial mientras que América es un auténtico batiburrillo de individuos blancos, negros, mulatos, mestizos, amerindios… El fenómeno de la inmigración es muy reciente en Europa mientras que algunos países americanos como Canadá, Estados Unidos, Chile, Argentina y Uruguay se constituyeron, de hecho, a base de recibir inmigrantes en su seno.

Europa es una autentica cuna de etnias (latinos, anglosajones, germánicos, escandinavos, eslavos…) mientras que América parte desde sus inicios de un modelo latino (América Latina), de uno anglosajón (Estados Unidos) y de uno mixto (Canadá). El Viejo Continente es además un auténtico babel de lenguas (sólo en España se habla más de una decena de ellas) mientras que América sólo hay cuatro grandes lenguas (español, portugués, inglés y francés) y una serie de idiomas (indígenas en su mayoría como el quechua) hablados de forma residual. Los estados americanos -todos ellos repúblicas- suelen ser enormes y los europeos -bastantes de ellos monarquías- medianos o pequeños. Ni tan siquiera en la religión coincidimos pues en América destacan las fes católica y protestante (y la espiritista en Brasil), mientras que en Europa tenemos muchas más, como la ortodoxa, la anglicana, la judía o el Islam.

Después de la descolonización, muchos estados latinoamericanos soñaban con construir naciones a la europea. El país que detentó el primer imperio de dimensiones terráqueas de todos los tiempos, España, era por historia y cultura el modelo a seguir. Pero España era entonces un país decadente, una potencia venida a menos donde reinaban las conspiraciones y las corruptelas. Y el primer gran error de los americanos fue importar ese modelo corrupto, fue creer que la corrupción era inherente en la sociedad y que no afectaría demasiado a las economías de unos estados que como Cuba, México, Venezuela, Brasil, Chile, Argentina o Uruguay tenían un futuro muy próspero de cara. Con la bancarrota de Argentina, el país que presumía de ser un implante de Europa en América, se ha visto que la corrupción es capaz de hacer que un pueblo pase de una ilusión desbordante a la total desesperación en sólo cien años.

Después, y con el auge del pretorianismo, América Latina fue controlada por una infinidad de dictadores fascistas, muchos de los cuales eran admiradores declarados de un cruel asesino como el caudillo Francisco Franco. Nuevamente España se convertía en el modelo (erróneo) que había que seguir. Lejos de aportar una mayor prosperidad, la ausencia de democracia sirvió para incidir en la decadencia de una serie de naciones otrora prósperas, hasta acabar bananizándolas casi del todo. Ahora mismo, países como Chile o México han visto en la transición española el ejemplo que se debe aplicar para curar las heridas y democratizar unos estados que han salido de las dictaduras hace poco. Y eso sí que es paradójico pues España cuenta con un modelo no exportable que es el de la monarquía. También los líderes de Argentina, tras la bancarrota del país, se fijan en el milagro español como una solución para el caos.

Un fenómeno que ha cobrado gran fuerza en España en las últimas décadas y que, debido a esa tendencia a copiarlo todo, se podría trasladar a América, es el de los nacionalismos. De hecho, en América ya se ve de manera incipiente, algo parecido. Colombia es un país dividido por las guerrillas, Chiapas una región insurgente de México, y por primera vez en la historia hay quien habla de qué razón de ser tiene la existencia de Argentina. Sería lamentable ver un fenómeno de balcanización en Latinoamérica, sobre todo porque eso no resolvería nada. No se trata de cargar contra los intereses españoles en América como hacen muchos sectores antiespañolistas que culpan a España de todos sus males y que le acusan de neocolonialismo. Y más, teniendo en cuenta lo vitales que son las inversiones extranjeras en naciones como por ejemplo Colombia, que cuentan con una infraestructura nula.

Pero tampoco se trata de que América se fije constantemente en España para imitarla en todo. Eso sólo conlleva ir siempre unos veinticinco años por detrás de nuestro país. Ni tampoco copiar a los Estados Unidos, que parten de un modelo anglosajón ajeno a la cultura hispánica. América se hizo independiente pues se creía con identidad propia, y por eso mismo debe partir de sus propias soluciones, como hizo España. Latinoamérica se compone de estados muy grandes en comparación con los europeos, cuenta con abundosos recursos naturales, una demografía aceptable y tiene gente culta y preparada para hacerle frente al futuro. Pero aún es inmadura; debe reflexionar a fondo sobre los equívocos del pasado y pensar un proyecto de futuro que no sea otra copia más. Y ahí es donde España debe entrar a apoyarla al máximo. Pero para eso primero se necesitan soluciones made in America.

América necesita espíritu de autocrítica.

Los americanos acostumbran a culpar a los españoles de todos sus problemas. En América los españoles despiertan auténticas pasiones, a menudo extremas. Mucha gente les admira y adora como si fueran dioses y otra los odia a muerte. De hecho el término «gallego» es utilizado de un modo despectivo para referirse al pueblo español. Me parece que Perú es el país más antiespañolista de todas las repúblicas americanas. Cada uno es libre de amar u odiar a otros países (yo adoro Latinoamérica) pero lo que no se puede hacer es falsear la realidad. Eso sí que no.

Los americanos acostumbran a hablar de genocidio para referirse a la época del poderoso Imperio Español. No es cierto que se produjera un genocidio en América. Hubo guerras y conflictos, claro, pero no un genocidio. Genocidio lo hicieron los anglosajones cuando se instalaron en América del Norte. Antes de su llegada, estaba llena de nativos, es decir, de pieles rojas. Ahora son cuatro las reservas que quedan de pieles rojas, como quien dice. Latinoamérica está poblada por blancos, negros, mulatos, amerindios, mestizos, etc; señal de que no se ha producido tal masacre. Entre otras cosas porque los amerindios eran considerados ciudadanos del Imperio y por tanto tenían una serie de derechos. Cuando algún militar o monje exterminaba a los nativos y era descubierto, de inmediato era juzgado y ajusticiado por el Imperio. Cierto es que se produjeron situaciones de abuso pero ésas estaban perseguidas por la ley.

Claro que aquella era una situación de colonialismo, de subyugación, pero dentro de lo que es la relación entre un Imperio y una colonia, los americanos se pueden considerar afortunados como los españoles se pueden considerar afortunados por la presencia del Imperio de Roma o de Al-Andalus en sus tierras a lo largo de la historia. Si los españoles hubieran querido podrían haber arrasado toda la población y haber repoblado América con gente blanca. En lugar de eso construyeron escuelas, hospitales, caminos, iglesias, trajeron la alfabetización, la religión católica, la lengua española… Y la mayor parte de la población amerindia que murió fue porque los conquistadores españoles llevaron con ellos enfermedades europeas que no existían en América. Si en lugar de España, América hubiera sido descubierta por Inglaterra, Alemania o Turquía los amerindios hubieran pasado todos a mejor vida.

Hay como una especie de mentalidad que viene a decir algo así como: «¡Los americanos somos pobres… Claro, como los españoles se llevaron todo el oro y toda la plata…!» Eso no es un argumento. Latinoamérica tiene recursos de sobra para despegar económicamente. Que yo sepa, los españoles no dejaron América como si fuera el Sáhara. La pobreza de América se debe a sus gobernantes, que son (casi) todos unos ladrones y unos corruptos. Si los presidentes no respetan la democracia, hacen todo aquello que quieren y salen impunes, no paran de robar y permiten que haya unos niveles de corrupción alarmantes incluso en la más pequeña villa, es normal que un país se hunda. Pero de eso no tenemos culpa los españoles. Ni Carlos Ménem ni Augusto Pinochet ni Fidel Castro ni Alberto Fujimori son españoles. Evidentemente, es más fácil culpar a España de todas sus desgracias antes que admitir la dura (y cotidiana) realidad: que América es una orgía de crimen, corrupción e impunidad. Pero los españoles no son responsables de eso. Las repúblicas americanas se independizaron de España con el sueño de convertirse en unas naciones similares a las europeas pero ese proyecto ha fracasado. Y mientras que permanezca esa mentalidad de mirar a otro lado, de creer que los problemas actuales -los de hoy mismo- tienen su raíz hace cinco siglos, en lugar de enfrentarse a sus propios gobernantes y exigirles responsabilidades a ellos, América continuará siendo pobre. Sólo cuando una democracia sólida, auténtica y fuerte se asiente en el Nuevo Mundo, las naciones americanas podrán prosperar y mostrar al planeta lo muchísimo que pueden llegar a dar de sí.

¿Qué quiere decir que Jesús murió en la cruz para salvarnos?

Pregunta de Michelle León.

Pamplona, Navarra. España.

¿Por qué murió Cristo en la cruz? ¿Qué significa su crucifixión? Hoy en día se ha perdido el significado que conlleva dicho gesto de entrega. Y es normal, pues tiene que ver con una cultura (la judía), un país (Israel)  y una época (la de hace 2.000 años) que no son los nuestros, con los que no estamos muy familiarizados y que, por lo tanto, es normal que nos suenen extraños. Voy a intentar explicar con palabras sencillas lo que significaba en la sociedad judía el sacrificio del cordero y su relación con la crucifixión de Cristo. Pero como no es asunto sencillo, pondré primero un ejemplo actual para que el lector pueda entenderlo mejor.

Piense por un instante en cuál es, de entre todas sus pertenencias, su objeto preferido… Quizás se trate de su ordenador, de su teléfono móvil, de su ropa, de su colección de sellos, su coche, quizás sea un peluche de la infancia, la televisión, el dinero… Piénselo. En mi caso, que soy un lector empedernido y un bibliófilo declarado, se trata de mi abultada colección de tebeos y libros.

En la antigüedad la posesión más preciada era el ganado, y muy especialmente el cordero. En aquella época tener ganado era símbolo de riqueza. Los animales tenían un valor doble: como dinero (al venderlos) y como alimento (al matarlos). De hecho, en la Biblia siempre que se habla de alguien rico, inmediatamente se menciona el número de cabezas de ganado que tenía. Es como si hoy dijéramos: «Fulanito es muy rico; tiene quince pisos y once coches».

Pues bien, cuando los judíos cometían un pecado, para pedir perdón a Dios sacrificaban un cordero (algo altamente valioso en aquella época). Es como si en la actualidad, cada vez que yo peco contra Dios quemara una colección de tebeos o un libro antiguo… Para mí, que me encanta leer, supondría un sacrificio muy grande. O es como si un coleccionista de sellos renunciase a una parte de sus sellos. O como si un rico renunciase a su Ferrari. O como si usted renunciase a su objeto preferido. Evidentemente, duele. Es, como una forma de sacrificarse, de desprenderse de algo importante para nosotros. Era como decir: «Mi posesión X me importa mucho, pero Dios aún más, y para demostrárselo voy a renunciar a algo que para mí resulta muy valioso, aunque me duela».

Ésta era la forma en que los judíos demostraban su amor a Yaveh. En contrapartida, se entendía que cada vez que se hacía este sacrificio, Dios perdonaba los pecados de esa persona. Pero llegó un momento en que el Señor quiso demostrar a los humanos que Él los amaba a ellos aún más que ellos a Él. Así que si los humanos entregaban su pertenencia más valorada (el cordero), Jehová les entregó a ellos lo más precioso que tenía: a su hijo, Cristo.

Cristo vino a la Tierra con la misión última de ser sacrificado como un cordero. La crucifixión en absoluto le llegó de sorpresa. Al contrario: Él ya sabía muy bien a lo que venía. Así, con el derramamiento de su sangre preciosa, Dios perdonaba los pecados de la humanidad. O al menos los de aquellas personas que se arrepientan de su mala conducta y crean en Jesús como su Señor y salvador. Por esto es que se llama a Cristo «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Un judío mataba a un cordero para que se lavasen sus pecados. Dios sacrificó a su propio hijo como a un cordero para lavar los pecados del mundo. Es más, la Biblia entera, el cristianismo entero, se puede sintetizar a la perfección en un solo versículo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su único hijo para que todo aquel que en Él crea no se pierda sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).

¿Era imprescindible sacrificar a su propio hijo para perdonar los pecados a la humanidad? No necesariamente. Yaveh podría haber dicho simplemente: «Vale, estáis perdonados». Pero Él prefirió hacer una gigantesca demostración de amor que además encajaba a la perfección en la sociedad y la tradición judías del momento. Es como decir: «No sólo te perdono tus pecados; es que te amo tanto que además estoy dispuesto a morir por ti. Y en una muerte de cruz, además». ¿Qué mayor muestra de amor que ésa? Mucha gente sería reticente a dar su vida por un familiar. Cristo dio la vida por todos; incluso por aquellos que le escupían, se burlaban de Él o lo asesinaron. Y ojo, porque quienes lo mataron no fueron los judíos o los romanos. Fuimos todos. A Cristo no lo mató una cruz o unos clavos o una lanza sino nuestros pecados. Porque Jesús murió y resucitó para lavar los pecados de toda la humanidad, pasados, presentes y futuros. Incluídos los suyos y los míos.

¿Por qué Jesucristo es el Dios verdadero?

¿Todas las religiones son igualmente válidas? ¿Todas te salvan? Hay muchos nombres para la religión en el mundo, pero todos ellos encajan dentro de la misma categoría. Todas las religiones, a excepción hecha de la cristiandad bíblica, te explican que tú vas a obtener un premio en la otra vida (llámale cielo, paraíso, nirvana, etc.) y que lo vas a lograr por tus propios méritos; es decir, por hacer buenas obras o cumplir con determinados rituales religiosos.

Sin embargo, la Biblia te explica algo radicalmente diferente: que todos los seres humanos somos pecadores y que por lo tanto quedamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Hablando en cristiano (nunca mejor dicho): que cualquier persona que tenga pecado no tiene permitido entrar en el cielo. Y el problema es que todas las personas tenemos pecado y que por lo tanto, no podemos salvarnos a nosotras mismas ni entrar en el cielo.

La única posibilidad de salvación que tenemos entonces es que  venga una tercera persona: un salvador, un socorrista, y nos salve. Por eso es precisamente que Dios envía al mundo a un salvador; para que éste nos rescate, nos salve de nuestros pecados. Y ese socorrista se llama Jesucristo. Por eso es tan importante declararlo con el corazón y con la boca como nuestro señor y salvador. Quien acepte a Cristo se salva, quien lo rechace se condena.

Pondré un ejemplo muy gráfico y todo el mundo lo entenderá enseguida: imagina una persona que no sabe nadar y se lanza a una piscina honda. Lógicamente, se ahogará. Las religiones del mundo le dirán: «Tranquilo, tú te vas a salvar a ti mismo, por tus méritos te vas a salvar». Mientras que el cristianismo bíblico le dice: «Tú no te vas a salvar por ti mismo… La única posibilidad es que un socorrista se lance dentro de la piscina y que te saque de ella».

Pues bien, ese socorrista es Jesús.  Quien acepte a Cristo se salva, quien lo rechace se condena. No se trata de religión. Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Fíjate qué nos dice: «Nadie va al Padre (a Dios, al cielo en definitiva) sino por mí». No dice nadie va al Padre sino a través de una religión, o a través de una iglesia o a través de tus buenas obras. Nos dice exactamente: «Nadie va al Padre sino por mí».

No se trata de ser católico, protestante, ortodoxo o judío porque no te va a salvar una religión. Tampoco te va a salvar de tus pecados una iglesia, porque está compuesta por pecadores (sería como si una persona que no sabe nadar quisiera salvar a otra que se está ahogando). Ni tampoco te vas a salvar por tus obras, pues dice la Biblia que la salvación es un regalo del Señor  y que nadie se salva por sus obras para que no se enorgullezca (Efesios 2; 8-9).

No, no se trata de «religión» en el sentido tradicional de la palabra (ir a misa, rezar el Padre Nuestro y el Ave María, conmemorar la Semana Santa e ir a la procesión del Corpus Christi). No se trata de un «protocolo ceremonial», de un «ritual», de una «burocracia litúrgica» sino más bien de tener una relación personal, familiar, próxima, directa con Cristo, que es Dios. Pues dijo Jesús: «El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).

¿En Cristo se cumplen las profecías de que Dios encarnado vendría a la Tierra?

En estos días en que conmemoramos el nacimiento de Jesús debemos tener en cuenta que con la venida de Cristo al mundo se cumplen literalmente cientos de profecías del Antiguo Testamento que advertían que Dios mismo se encarnaría en el cuerpo de un hombre, que caminaría entre las personas  y que vendría al mundo con la misión de salvar  a la humanidad de sus pecados. Es imposible desde el punto de vista probabilístico que  tantísimas profecías se cumplan en la figura de un hombre y éste no sea el salvador prometido en las Escrituras. Un falso mesías podría haber tratado de autocumplir las profecías y hacer ver al mundo que él era el salvador, pero si hubiese sido un impostor jamás hubiese podido hacer realidad cosas que escapaban a su control directo, como por ejemplo determinar su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2) o la reacción de la gente ante su mensaje. Veamos una pequeñísima muestra que corrobora lo dicho:

1. Entrará a Jerusalén:

Profetizado: Zacarías 9:9

Cumplimiento: Mateo 21: 1-9; Juan 12:12-16

2. Irá montado en un pollino:

Profetizado: Isaías 53:12; Zacarías 9:9

Cumplimiento: Marcos 11.1-11

3. Sufrirá con los pecadores y orará por sus enemigos:

Profetizado: Isaías 53:12

Cumplido: Mateo 27:38; Marcos 15:27-28; Lucas 23:23-24

4. Será rechazado por su propia gente:

Profetizado: Isaías 53:1; Isaías 53:3; Salmo 118:22

Cumplimiento: Juan 1:11; Juan 12:37-43; Mateo 26:3-4; Hechos 4: 1-12

5. Será traicionado por un amigo:

Profetizado: Salmo 41:9

Cumplimiento: Juan 1:11; Juan 12:37-43; Mateo 26:3-4; Hechos 4:1-12

6. Vendido por 30 piezas de plata:

Profetizado: Zacarías 11:12

Cumplimiento: Mateo 26:14-16

7. En silencio delante de sus acusadores:

Profetizado: Isaías 53:7

Cumplimiento: Mateo 27:12-14; Marcos 15:3-5; Lucas 23:8-10

8. Juzgado y condenado:

Profetizado: Isaías 53:8

Cumplimiento: Mateo 27: 1-2; Lucas 23:1-25

9. Golpeado, torturado, escupido, humillado, burlado y mofado:

Profetizado: Salmo 22:7-8; Isaías 50:6; Miqueas 5:1

Cumplimiento: Mateo 26:67; Mateo 27:26-30; Mateo 27:39-43; Marcos 14:65; Marcos 15:19; Lucas 22:63-64; Lucas 23:11; Lucas 23:35; Juan 19:1-3

10. Se le ofreció vinagre para apagar su  sed.

Profetizado: Salmo 69.21; Salmo 22:15

Cumplimiento: Mateo 27.34; Juan 19.28-30

11. Echaron a suertes sus ropas:

Profetizado: Salmo 22:18

Cumplimiento: Mateo 27:35; Marcos 15:24; Juan 19:23-24

12. Crucificado, sus manos y pies son traspasados:

Profetizado: Salmo 22:16; Zacarías 12:10

Cumplimiento: Lucas 24:39; Juan 19:18; Juan 19:34-37; Juan 20:27; Apocalipsis 1:7;

13. Ejecutado, ningún hueso fue roto:

Profetizado: Éxodo 12.46; Salmo 22:17; Números 9:12

Cumplimiento: Juan 19:31-36

14. Morirá como sacrificio por nuestros pecados y como expiación por los pecados de la humanidad:

Profetizado: Isaías 53:5-12

Cumplimiento: Juan 1:29; Juan 11:49-52; Hechos 10:43; Hechos 13:38-39; I Corintios 15:3

15. Enterrado con los ricos en su muerte:

Profetizado: Isaías  53:9

Cumplimiento: Mateo 27:57-60

16. Levantado de su muerte:

Profetizado: Salmo 16:10; Isaías 53:9-10

Cumplimiento: Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-48; Juan 20:1-31; Hechos 2:23-36

17. Ascenderá a la diestra de Dios:

Profetizado: Salmo 16:11; Salmo 68.18-19; Salmo 110:1

Cumplimiento: Lucas 24:51; Hechos 1:9-11; Hechos 7:55; Hebreos 1:3

Tercer Mundo espiritual.

Hace unos años viajé a Venezuela con la convicción de que iba a visitar el Tercer Mundo. Y la verdad sea dicha vi pobreza, desigualdades, la falta de agua potable, un pésimo servicio de recogida de basuras y otras cuestiones que ahora no viene al caso comentar. Pero también me impresionó sobremanera el enorme avivamiento espiritual que experimenta no sólo ese país sino toda América Latina. Una vez más allí donde hay abundante injusticia y dolor, la población se encomienda más a Dios.

Una auténtica explosión de iglesias evangélicas ha surgido en América en las últimas décadas. Hay una en cada barrio y su expansión es imparable: por ejemplo una iglesia puede pasar de 50 miembros a 250 en sólo dos años. Por el contrario, aquí en el Reino de Valencia el número de fieles permanece estancado desde hace años. La iglesia más grande de Venezuela es Maranatha (en Valencia, Carabobo) con más de 5.000 fieles. Por contra, aquí ninguna iglesia alcanza el millar de ovejas.

Allí vi cosas que en mi país nunca había visto. Vi cómo en cada culto había varias personas que daban un paso al frente y aceptaban a Jesucristo (jamás he visto esto en mi tierra). Vi que hacen bautizos cada 15 días (aquí a duras penas se reúne gente para hacer un bautizo anual). En Colombia se han llegado a hacer bautizos masivos de 3.000 personas en un solo día. Y lo que más me llamó la atención: allí los cristianos van a la plaza mayor del pueblo y pregonan el Evangelio en voz alta a la gente.

Todo esto ha producido un innegable beneficio social: por cada persona que se congrega en una iglesia evangélica y que conoce al Señor hay en la calle una prostituta menos, un drogadicto menos, un borracho menos. Allí los cristianos son muy perseverantes en su fe y su proselitismo, son grandes conocedores de la Biblia, ayudan económicamente a las personas más necesitadas y fomentan en la sociedad una costumbre tan sana como la de bendecir los alimentos a la hora de comer.

En cuanto a mi país: aborto libre, experimentación con embriones, eutanasia, matrimonio gay, ateísmo, islam, iglesias que agonizan… Cuando me marché de la República de Venezuela me di cuenta de que soy yo el que vive en el Tercer Mundo. Porque el Reino de Valencia (y Europa en general) es el Tercer Mundo espiritual. Tan sólo le pido a Dios que tenga misericordia de este rincón del orbe y que la bendición del Evangelio nuevamente sea derramada con fuerza si es que es su voluntad.

Aragón sucumbe ante el cáncer pancatalanista.

Hace unos días se aprobó en el Parlamento aragonés una inicua, infame, bastarda y villana Ley de Lenguas que considera como idiomas propios del Reino de Aragón el altoaragonés (de lo cual me alegro profundamente) pero también el catalán, aunque no concede rango de oficialidad a ninguna de las dos. La felona iniciativa ha salido adelante con los votos a favor del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Chunta Aragonesista (CHA), la oposición del Partido Popular (PP) y Partido Aragonés (PAR), y la abstención de los comunistas de Izquierda Unida (IU).

La infame noticia evidencia que Aragón ha sucumbido a las garras de ese cáncer pancatalanista que se expande sin freno ni remisión. En lugar de oficializar las dos lenguas aragonesas (la norteña y la oriental) han abierto las puertas de par en par no sólo a una lengua extranjera y colonialista sino también a los imperialistas Países Catalanes. De socialistas y CHA nos esperábamos esta postura (como lameculos oficiales de los catalanes, tienen la lengua desgastastada ya hacer tantas limpiezas rectales a los de Barcelona), pero de quien quiero hablar es del siempre cobarde PAR.

Me llama bastante la atención el rechazo a la ley por parte del fariseo PP (catalanista en el gobierno pero anticatalanista cuando está en la oposición) pero sobre todo la atención la bajada de pantalones del PAR. Porque el PAR está en el equipo de gobierno junto con los socialistas y la catalanista CHA. Si realmente el PAR estuviese por la cultura aragonesa, habría roto el pacto de gobierno con los socialistas abocándolos a un gobierno inestable y en minoría en lugar de traicionar a los votantes aragonesistas de forma miserable. Una vez más el PAR se ha vendido, cual puta barata.

Es la historia de siempre: no se puede servir a dos señores ni a dos patrias. Mientras que el pancatalanismo sólo ofrenda nuevas glorias a Cataluña y a nadie más, el aragonesismo, el balearismo o el valencianismo tienen el corazón dividido: la mitad es para su tierra y la otra mitad para España. Y cuando tienes el corazón dividido, se dan dobles lealtades, con lo cual acabarás traicionando a una de tus dos patrias tarde o temprano. Ésta es la razón fundamental por la que el catalanismo avanza y los demás no: los primeros tienen muy claro a quien sirven. Pero los otros no.

Quién le iba a decir al otrora poderoso y altanero Reino de Aragón, esa gran potencia europea que hizo suyo el Mar Mediterráneo y que expulsó a los musulmanes de Al-Andalus, que acabaría convertido en una colonia mansa, dócil y borreguil al dictado de Barcelona, en una marioneta de poca monta en manos de imperialistas catalanistas. Y lo más humillante: por voluntad propia. Desde luego, si el rey Jaime I el Conquistador levantase la cabeza, se volvía a morir del horror y la vergüenza que presenciarían sus ojos en el vencido y conquistado Aragón de 2009.

Valencianisme de plastilina.

ANUNCI IMPORTANT:

Acte: Presentació del llibre L’Estat Valencià de Josué Ferrer.

Dia: 18 de decembre de 2009 a les 20:00 hores.

Lloc: Grup d’Acció Valencianista en C\ Pintor Gisbert 17 baix de Valéncia capital (Regne de Valéncia).

Entrada: gratuïta.

¡Esteu tots convidats! ¡Vos esperem!

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Valéncia és una societat anormal. El 70% de la població afirma que valencià i català són dos idiomes distints i a pesar d’això el catalanisme avança sense impediments. En part se deu a la gran incoherència del valencianisme, que l’ha dut a l’actual situació de debilitat. Els valencianistes nos hem acostumat a vore com a normals diverses actituts tant del nacionalisme com del regionalisme valencians que en absolut ho són. Almenys no són normals en aquelles societats a on sí hi ha un fort sentiment de poble, una identitat ben sòlida i arrelada, com be puga ser el cas de Catalunya o d’Euskadi.

El nacionalisme valencià pràcticament demana perdó per existir i patix un fort complex d’inferioritat que li obliga a autocensurar-se a sí mateix per a no dir cap cosa que puga molestar a ningú. Tan débil i acomplexat és que a sovint repetix com un mantra una idea que yo no acabe d’entendre be: “No tenim per qué independendisar-nos. Valéncia és una nació que pot estar dins d’Espanya”. ¿Perdó? ¿Una nació que està dins d’una atra nació? ¿Això és una regió, no? ¿Quína diferència hi ha entre eixe “nacionalisme” i lo que podriem denominar “regionalisme pujadet de to”?

Yo no m’imagine a polítics nacionalistes com Juan José Ibarretxe o Josep Lluís Carod-Rovira dient que Euskadi o Catalunya són nacions pero que ya estan be dins de l’Estat Espanyol, que no fa falta eixir-se’n fòra. El fi últim del nacionalisme gallec és tindre la nació gallega, el fi últim del nacionalisme vasc és tindre la nació vasca, el fi últim del nacionalisme català és tindre la nació catalana. Per tant, el fi últim del nacionalisme valencià no pot ser estar dins de la nació espanyola. Un nacionalisme valencià que no aspire a l’Estat Valencià independent més que nacionalisme és un frau.

No menys llamentable és el regionalisme valencià, en una història que és un rosari d’oportunitats perdudes. El president d’Unió Valenciana (UV), Vicent González Lizondo, tingué l’oportunitat de ser alcalde de Valéncia en 1991… i preferí regalar-li l’alcaldia a la popular Rita Barberà. En 1995 Lizondo pogué haver forçat al mandatari popular Eduardo Zaplana a llevar el català de les escoles i les Normes d’El Puig… pero ni tan sols tingué el corage de reclamar la Conselleria de Cultura i Educació perque preferí ser president de les Corts per a tindre un martellet i donar i llevar el torn de paraula.

Pero encara hi ha més… A lo llarc d’estos 30 anys ha hagut dozenes d’Ajuntaments governats per partits intitulats valencianistes. Lo més trist és que si anem a eixos pobles vorem que en les biblioteques municipals no hi ha llibres en Normes d’El Puig i que els noms dels carrers que estaven en català continuen estant en català. ¿Cóm és possible que el regionalisme valencià governe un Ajuntament en majoria absoluta durant quatre anys i en tot este temps ni tan sols s’atrevixca a comprar llibres en valencià per a la biblioteca local o a valencianisar les senyals i els cartells del poble?

Ara fixem-nos en cóm actúa el catalanisme: lo primer que demana sempre el Bloc, Esquerra Republicana o Esquerra Unida és la regidoria de cultura. I durant quatre anys tens concursos lliteraris en català, conferències de catalanistes, bandes de rock en català en les festes locals, la màrfega en les festes patronals, etc, etc. Ells sí es creuen la seua ideologia i per això quan arriben al poder fan catalanisme al màxim mentres que el valencianisme es caracterisa per la seua falta d’espenta, per que a l’hora de la veritat no té collons per a posar en pràctica lo que tant defén de boca.

Un amic meu, el professor de valencià Nacho Serrano, em comentà una volta: “¿Saps per qué estem perdent la guerra de la llengua? Perque el valencianisme és incoherent, perque hi ha molta distància entre lo que diu i lo que fa, mentres que el catalanisme sí es creu la seua ideologia i la posa en pràctica”. Plenament d’acort. A lo qual yo afegiria: “El catalanisme té només una pàtria: Catalunya. Mentres que el valencianisme, desgraciadament, en té dos: Valéncia i Espanya”. Un cor dividit per dos pàtries i per dobles llealtats. No m’estranya que estigam perdent la guerra de la llengua.

Estados Unidos: la nación de las libertades.

Los Estados Unidos de América fueron desde su nacimiento en 1607 un refugio para millones de cristianos europeos perseguidos por la Iglesia Católica y con el tiempo se han convertido en la gran superpotencia, en una nación mesiánica que pareciera haber recibido del mismo Dios la misión de ejercer el liderazgo mundial.

Es una patria fundada por hombres blancos, anglosajones y protestantes, un pueblo temeroso del Señor que está plenamente convencido de la riqueza y prosperidad que genera el capitalismo y dispuesto a defender su libertad con un revólver si hace falta. Dios, el dólar y las armas son los tres pilares que sustentan a este país.

Se independizó de Gran Bretaña en 1776. Desde entonces, ha tumbado a todos los imperios que les han hecho sombra (españoles, alemanes, japoneses, soviéticos…). Los estadounidenses han salvado a Europa de caer en las garras del comunismo, el nazismo y el fascismo y quizás lo deban hacer de nuevo con la amenaza del islam.

Su compromiso firme con la libertad y la democracia le ha valido para apoyar el derecho de autodeterminación y los procesos independentistas de las repúblicas latinoamericanas (con Venezuela a la cabeza), de las antiguas colonias de África y Asia (Liberia o Filipinas) o de naciones oprimidas en Europa (como Kosovo).

Estados Unidos fue la gran nación del siglo XX y lo será de nuevo en el XXI porque su gran fortaleza radica en ser una sociedad  sin fisuras donde su fuerte sentimiento de unidad nacional y el patriotismo ejemplar de su pueblo, simbolizado con una bandera de barras y estrellas en cada hogar, encarnan el orgullo de ser americano.

Y es también el país de las oportunidades, donde todo el mundo puede alcanzar el sueño americano de triunfar si se lo propone, donde el talento es bienvenido no importa de donde proceda. No es de extrañar que sea esta patria, y no otra, la que lidere el planeta… Estados Unidos cuenta con la bendición del mismísimo Dios.

Israel: el pueblo escogido por Dios.

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Israel es la punta de lanza de la democracia en Oriente Próximo, un bastión de la civilización occidental y la primera muralla de defensa de Europa frente al terrorismo islamista. Es la Tierra Santa donde nació, murió y resucitó Jesús. Pero por encima de todo, Israel es, le pese a quien le pese, el pueblo escogido por  Dios.

Después de casi 2.000 años de inexistencia, Israel volvió a ser un estado en 1948; de este modo se cumplió la promesa de Jehová de que reuniría a su pueblo y lo devolvería a su país (Ezequiel 36:24). Israel no existe por casualidad: es la voluntad divina la que lo sostiene pues debe cumplir un importante papel en el futuro.

Desde su nacimiento ha enfrentado mil y una guerras, conflictos e intifadas: Guerra de la Independencia (1948), Guerra del Sinaí (1956), Guerra de los Seis Días (1967), Guerra de Desgaste (1968-70), Guerra del Yon Kipur (1973), Guerras del Líbano (1982 y 2006) y un infinito etcétera. Israel cuenta las batallas por victorias.

Los judíos son un pueblo brillante y trabajador capaz de convertir un pequeño pedazo de tierra en una de las naciones más poderosas de la Tierra o de hacer florecer un vergel de naranjos en medio del árido desierto. Su inteligencia y talento asombran: sólo hay 15 millones de judíos y han ganado casi 200 premios Nobel.

Algunos malintencionados comparan a los hebreos con los nazis, pero lo cierto es que los alemanes mataban a los judíos porque pretendían exterminarlos mientras que los israelíes combaten contra terroristas para evitar que éstos les maten. Israel lucha por sobrevivir pues sabe bien que el día que pierda una sola guerra será su fin.

El judío es el pueblo que más ha sufrido en toda la historia de la humanidad y necesita de una patria para que nunca más se repita el Holocausto. Este pequeño estado es capaz de mantener a raya a más de 1.400 millones de musulmanes que desean su aniquilación. Y lo hace porque cuenta con la protección del mismo Dios.

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