La doble moral occidental.

Imagine por un momento a un lugareño de África Subsahariana. Es un hombre de unos cuarenta años, negro, está sentado en el suelo, junto a su choza de adobe. Es un varón fuerte, robusto, un hombre que se viste por los pies. Sin embargo, lejos de mantener la compostura masculina que le correspondería a un orgulloso cabeza de familia, nuestro africano amigo está llorando como una niñita, como una mocosuela. Tiene entre sus brazos el cadáver de su hijito, su pequeño bebé de tan sólo unos meses que ha fallecido. El padre llora desconsolado. Tiene el rostro desencajado por el dolor, brama, maldice, se lamenta de su suerte. El pequeñín ha fallecido de polio y su angustiado padre cree que se le ha muerto por su culpa, por no tener él los sesenta céntimos de euro (cien de las antiguas pesetas) que cuesta una vacuna contra la polio.

Desgraciadamente casos como éste no son una excepción en África sino la norma. Una norma que mata día a día. África se encuentra sumida en un sinfín de guerras étnicas. La situación es extremadamente grave. Tanto que los expertos hace tiempo que hablan ya de «Guerra Mundial Africana». En el continente que vio nacer a la humanidad, cabalgan ahora iracundos los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. La gente es víctima de guerras, dictaduras, corrupción, golpes de estado, hambrunas, sequía, analfabetismo, etc.

Mil doscientos millones de personas en el mundo viven (sobreviven) con un euro al día. ¿Qué ocurriría si un día se unieran todos y emprendieran una gigantesca y pacífica marcha verde sobre el Primer Mundo? Esa gente no tiene ni anestesia en muchos casos; a los niños se les efectúan operaciones de apendicitis al vivo. ¿Seríamos más sensibles si esos niños que mueren fuesen blancos en lugar de negros? Si fueran nuestros hijos los que muriesen de hambre ¿no nos gustaría que alguien les ayudase? Algunas multinacionales se aprovechan de esta situación y contratan en régimen de semiesclavitud a niños del Tercer Mundo para elaborar sus productos por cuatro céntimos de euro la hora. El 11 de septiembre de 2001 (en que 3.000 inocentes murieron en los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York), murieron también 37.000 niños de hambre. «Terrorismo económico» según Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz.

Y frente a ello, Occidente continúa mirando a otra parte, como siempre con su doble moral habitual. Nuestros gobernantes son cómplices manifiestos de este genocidio cada vez que apoyan o que rinden pleitesía y honores de estado o que simplemente estrechan la mano a todos aquellos presidentes y líderes corruptos que se han enriquecido fraudulentamente a base de asesinar y expoliar a sus propios pueblos. Si robas un radiocaset eres un ladrón. Pero cuando saqueas una nación entera, entonces te tratan como a un señor. Ya lo denunciaba Miquel Adlert i Noguerol (ese gran intelectual y patriota valenciano); hay una moral para lo pequeño y otra para lo grande. Y es que apoderarse de un piso de 90 m2 es no respetar la ley ni la propiedad privada, pero cuando un estado se anexiona otro estado (como Marruecos a Sáhara, China a Tíbet o Estados Unidos a Irak) o cuando un presidente roba a todo un pueblo, entonces no pasa nada.

¿Qué podemos hacer nosotros frente a tanta indignidad? Podemos hacer mucho. Podemos denunciar las injusticias, podemos gritar bien fuerte en lugar de callarnos, podemos colaborar con oenegés y sociedades de caridad, podemos apadrinar niños, podemos ofrecer donativos, podemos ser voluntarios, podemos propagar este mensaje de solidaridad.

Usted, amigo lector, puede, si quiere, hacer muchísimo. A aquel que piense que nada de esto sirve porque no ha de acabar con el hambre en el mundo le contaré que una vez un niño que estaba en la playa tomaba con sus manos las estrellas de mar que se hallaban varadas en la arena y las devolvía de nuevo al agua para que no murieran. Un anciano que pasaba por allí, viendo que en la playa había demasiadas estrellas como para poder salvarlas a todas, se acercó al niño y le preguntó: «¿Por qué haces esto? ¿A quién le importa esas estrellas de mar si no vas a poder salvarlas a todas?» El niño le mostró la que tenía en la mano y que se disponía a arrojar a la mar y le respondió: «A ésta le importa».

La invasión que viene.

A menudo la sociedad carga contra los inmigrantes. La inmigración es un mal necesario y un fenómeno imparable. Por más leyes coercitivas que apruebe el Gobierno, nunca será capaz de detenerla. Porque cuando un hombre prefiere arriesgarse a morir en una patera para atravesar el estrecho de Gibraltar a vivir en su nación, poco le importa la ley. En el África Subsahariana la gente no tiene ni siquiera anestesia. Imagine que le operan de una apendicitis al vivo. Imagine que le abren al vivo, que le operan al vivo, que le cosen al vivo. La propia muerte es preferible a vivir así.

Los inmigrantes se ocupan de los trabajos que los nacionales no queremos hacer, nos hacen falta para la economía y para el futuro de la Seguridad Social, para poblar España (estado con la natalidad más baja de Europa) y también contribuyen a un mayor pluralismo socio-cultural. El problema es que estos inmigrantes suelen tener un nivel de estudios bajo y lejos de aprender la lengua autóctona acaban engordando el gigante español. Hay que integrarlos pero ¿cómo convencer a un inmigrante de que aprenda valenciano cuando los propios valencianos pasan de su lengua?

Me parece indecente que se identifique inmigración con delincuencia. Mis padres fueron a trabajar a Francia y Suiza, y fueron de esos dos millones de emigrantes que levantaron España con sus divisas en un acto patriótico. Ellos tuvieron que ser los moros de Europa y aguantar que les dijeran «españoles de mierda» para que hoy la juventud pueda estudiar. El fenómeno de la inmigración es muy reciente en España. Recuerdo que en la década de los ochenta no había casi inmigrantes en la nación. Y hoy hay un montón. Y cada vez serán más.

La integración pasa por el mutuo respeto de las culturas y los estilos de vida. Pero sobretodo debemos ser conscientes de que son ellos quienes se han de adaptar a nuestras costumbres y no al revés. Si un padre musulmán prohíbe que su hija haga gimnasia en compañía de los chicos porque ésa es su tradición tenemos que recordarle que no está en su país y si continua vulnerando la ley se le debe retirar la tutela de los hijos por mal padre. Pero les tenemos que respetar nosotros también. Pueden erigir sus mezquitas mientras no hagan daño a nadie. En derechos y obligaciones, debe ser igual todo el mundo.

A todos estos individuos racistas que constantemente cargan contra los inmigrantes y que desean que estos sean expulsados yo les preguntaría si ellos estarían dispuestos a ocupar las plazas de trabajo de los inmigrantes; es decir, si están dispuestos a realizar unos trabajos muy duros, de jornadas de sol a sol, por unos salarios mínimos. En caso de que respondieran que sí se acabaría el paro en España y no harían falta inmigrantes. Pero cuando hay paro es porque esta gente nacional no está por la labor de tragar con esto. Por tanto, la inmigración deviene en imprescindible hoy.

Las capitales de Europa Occidental están siendo invadidas por un ejército de mendigos. Las gitanas rumanas con sus bebés en brazos acosan a los ciudadanos por todos lados: «Romania, po favó, mucho hambree…»

Quien venga a trabajar bienvenido sea pero quien venga a delinquir, mendigar o a explotar a sus hijos que lo repatrien a su país. El gran problema es que si los inmigrantes son indocumentados no pueden tener trabajo y deben delinquir para vivir. Crear guettos y engrosar bolsas de pobreza y marginalidad no parece la mejor opción para integrarlos.

Somos seis mil millones de personas en el mundo. Mil millones vivimos relativamente bien y hay otros cinco mil millones que viven de pena. De la misma manera que hubo dos millones de patriotas que sacaron al Estado de la miseria -esa gente se merece una medalla por su heroicidad- también hay gente extranjera que piensa en dar una mejor vida a sus hijos o que se mueve por el más puro instinto de autoconservación. Es algo humano. Hay miles de millones de hambrientos golpeando las puertas del Primer Mundo. Y las puertas caerán un día u otro.

Si los europeos invadimos a otros pueblos en el pasado hoy son ellos los que nos invaden a nosotros, aunque esta vez de un modo pacífico. No quieren matarnos ni tan siquiera colonizarlos. Sólo quieren trabajo y una vida digna. Pero si no les proporcionamos una vida digna en sus propios países no me extrañaría que llegara el día en que en Europa haya más gente descendiente de inmigrantes que de población nativa. Ayudémosles. Los inmigrantes no son basura. Ni estadísticas. Ni cifras. Son personas como usted o como yo, con nombres y apellidos, que tienen sentimientos y un corazón.

Ciertamente, a los inmigrantes no se les ha perdido nada en nuestro país. Y no lo digo con un tono xenófobo ni mucho menos. Ellos deberían estar en sus países haciendo su vida, pero la cuestión es que sus naciones están quebradas por la miseria y la corrupción. En condiciones normales, ellos se quedarían allí, pero como no hay horizontes de futuro se vienen aquí. Por eso la solución no consiste en aceptarlos sino en hacer posible que vivan en sus propios países y para ello hay que globalizar la democracia, la justicia y los derechos humanos. Hace falta un nuevo orden mundial.

Es absurdo tratar de parar un fenómeno que es de por sí imparable. Es como ponerle puertas al campo. La globalización debe serlo en todos los sentidos y no sólo en el económico. Mientras haya multinacionales que explotan a niños del Tercer Mundo por once céntimos de euro la hora, mientras la Comunidad Internacional mire a otro sitio ante las injusticias y conflictos del mundo, mientras no haya democracia, paz, cultura, justicia y prosperidad en estados sumidos en la más absoluta de las miserias, la invasión de los desesperados y de los muertos de hambre no se detendrá nunca.

Cosas que aprendí de las mujeres.

Yo crecí rodeado de mujeres. Durante mi infancia sólo había mujeres en casa. El único varón de la familia -mi padre- siempre estaba trabajando el pobre hombre para mantenernos a todos, así es que no lo veía (casi) nunca. Cuando creces rodeado de mujeres aprendes una serie de valores positivos; aprendes a ser generoso, a compartir, a escuchar, a ayudarse, a estar unidos, hoy por ti mañana por mí, aprendes que las féminas son seres especiales y que deben ser tratados como tales, aprendes que hay veces en que una mirada o un gesto dicen más que mil palabras, que una persona sin decirte nada puede estar diciéndote mucho, aprendes que es bueno abrazar a alguien cuando se encuentra triste, obtienes una sensibilidad especial para ver lo invisible; es decir, todas esas cosas que no se pueden medir ni pesar ni palpar como el amor o la tristeza, pero que están ahí, aprendes a ser una mejor persona, a ensanchar el alma, a robustecer el corazón.

Hay un límite que lo tiene el hombre pero que no lo conoce la mujer y que es lo que la convierte en fascinante. Es el límite del arte. Me explico; un hombre puede ser un artista pues puede crear arte. Un hombre puede crear literatura, poesía, pintura, escultura, arquitectura, cine, música, tecnología… Un hombre puede crear belleza, puede crear arte, puede por lo tanto llegar a ser un artista. Pero lo que nunca arribará a ser es arte. Un hombre puede ser un artista pero nunca será arte.

Este límite, que es el que condiciona la esencia masculina, no lo conocen las mujeres. Ellas son arte puro, hermosura pura, arte en estado vivo y caminante. Porque una mujer aglutina un montón de valores positivos de la creación. Ella es belleza, es hermosura, es sensualidad, es glamour… La mujer encarna el amor, la mujer encarna la vida. Y eso es lo que sin duda hace que la mujer sea una criatura única, desconcertante y mágica tanto en lo bueno como en lo malo.

La mujer es una fuente de inspiración infinita. La cantidad de arte que el hombre ha plasmado inspirado en ella es enorme. Pensemos en la música; la cantidad de canciones cuyo título tiene nombre de mujer o cuya letra versa sobre mujeres es monumental. ¡La cantidad de pinturas y de esculturas que el hombre ha hecho a lo largo de la historia inspirándose en la belleza infinita de la mujer…! ¡La cantidad de escritores y de poetas que si lo llegaron a ser fue porque una mujer se cruzó en sus vidas! Se enamoraron, se desenamoraron, lo que sea… Pero un buen día una dama se cruzó en sus caminos y de repente descubrieron que tenían un talento para la poesía, adquirieron un don. Una canción, un lienzo, una escultura, un perfume, una flor, un poema… Todo eso y muchísimo más es una dama. Detrás de un gran hombre hay una gran mujer. A un gran creador siempre le inspira una gran musa.

Por cosas así, por observar a las mujeres, por escucharlas, por amarlas, es por lo que he aprendido de ellas que son arte, criaturas fascinantes, seres especiales que deben ser tratados como tales. Los varones deberíamos comportarnos con ellas mejor de lo que lo solemos hacer, pues a menudo las tratamos muy mal y las mujeres no se merecen eso. Y no hablo sólo de cosas extremadamente graves como infidelidades o violencia doméstica. Hablo de actitudes cotidianas que los hombres asumimos como naturales y que ni nos percatamos de que pueden resultar crueles o hirientes. Ira, desaire, menosprecio, indiferencia, desamor, burla… Cosas que se repiten día a día y que hieren de muerte el corazón. Y es que a menudo los hombres -por nuestra forma de ser- no llegamos a comprender cómo de especiales son. Uno de los mayores poderes que puede llegar a alcanzar una persona (por encima de la fama o el dinero) es el de hacer feliz. ¡Cuán maravilloso es tener en tus manos la facultad de hacer feliz a alguien y ejecutar dicho poder! Las mujeres nos dan la vida. Tratémoslas mejor, respetémoslas, hagámoslas felices… Es lo mínimo que podemos hacer a cambio.

¿Cuándo será el fin del mundo?

¿Cuándo será el fin del mundo? Es la pregunta del millón. Bueno, primeramente debemos matizar ya que lo que popularmente es conocido como «fin del mundo» no es del todo exacto.  Quizás deberíamos hablar mejor de «fin de los tiempos», ya que será el fin de una era para dar comienzo a otra, pero no el fin del planeta. Aunque desde luego sí será el fin de «nuestro mundo», es decir, del mundo tal y como lo entendemos hoy para dar paso a uno mejor. Pero la cuestión es ¿cuándo ha de acontecer todos estos hechos?

«Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre«. (Mateo 24: 36 y Marcos 13:32). Jesús no quiso dar la fecha, ni el día ni la hora. «No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad» (Hechos 1:7). Tremendo, ni siquiera el mismísimo Hijo de Dios lo sabe (tan sólo el Padre), pues según advierte el propio Cristo no es asunto nuestro conocer la fecha exacta en que ha de venir el juicio de Dios y el fin de los tiempos profetizados en la Biblia.

Sin embargo, la Santa Biblia, hablando del fin de los tiempos, siempre dice que debemos estar preparados. Aunque no sabemos la fecha, este día vendrá como un ladrón en la noche: «Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» dice Jesús (Mateo 24:44).  «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche» (es decir, cuando menos se lo espera uno) (2 Pedro 3:10; 1 Tesalonicenses 5:2 y Apocalipsis 16:15). Ese día inesperado sorprenderá a muchos.

Se nos dice que no nos corresponde saber la fecha del fin de los tiempos, que solamente Yaveh la sabe y que será cuando menos nos la esperemos. Ahora bien… hay un versículo que nos da una pista muy grande y es el siguiente: «Y será predicado este Evangelio del Reino a todas las naciones, y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14). A la luz de este versículo de la Biblia se puede llegar a varias interpretaciones (algunas de las cuales presagian un fin del mundo muy lejano y otras uno muy próximo en el tiempo):

1. El Evangelio será predicado en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Si entendemos como predicar el llegar aunque sea de forma testimonial a todos los países del mundo, entonces eso ya se ha cumplido. Si en el mundo hay, pongamos por caso, 200 estados soberanos, bastaría con enviar a 200 misioneros (cada uno a un país distinto) y que predicaran en la plaza mayor del primer pueblo que viesen. Así se podría llegar simbólicamente «a todo el mundo» en apenas 48 horas.

2. El Evangelio será predicado en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Aquí no entendemos nación en el sentido político (estado soberano) sino nación en el sentido cultural (un pueblo con una cultura propia). Hay más de 7.000 lenguas en el mundo y numerosos grupos indígenas que aún hoy jamás han oído hablar de Cristo (la mayoría, tribus de África Occidental). Predicar a todas las naciones culturales aunque fuese de forma testimonial podría lograrse a lo más tardar en un siglo o dos.

3. El Evangelio será predicado de forma generalizada en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Teniendo en cuenta que hoy está prohibido predicar en los países islámicos, que en Israel apenas hay un 0,2% de cristianos y que la presencia del cristianismo es marginal en Asia (donde se concentra el 55% de la población mundial)  lograr que el mensaje fuese conocido de forma más o menos general podría llevar siglos o milenios, aunque la TV por satélite podría reducir mucho ese tiempo.

4. El Evangelio será predicado en todo el mundo durante el milenio de paz profetizado en la Biblia, es decir, después de la segunda venida de Cristo y no antes. En ese aspecto, y a diferencia de los casos anteriores, el fin de los tiempos sí podría estar muy cerca. Bastaría con ver un día de éstos en el telediario a un gran líder que logra un acuerdo de paz estable y duradero entre árabes e israelíes. Ése será el anticristo y  su  falsa paz la calma que precede a una era de terror como nunca la humanidad ha visto ni verá.

5. Otra posibilidad distinta: el Evangelio se acabaría de predicar en el planeta por un ángel y no por humanos. Dice la Biblia: «Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo» (Apocalipsis 14:6). La evangelización sería concluida de modo sobrenatural, por lo que el fin del mundo podría ocurrir en cualquier momento. El ángel podría acometer dicha labor a una velocidad impensable para la gente.

Lo cierto es que el fin del mundo ocurre a diario para millones de personas. Cuando alguien fallece, el fin ha llegado para esa persona. Todos pensamos que nos vamos a morir  cuando tengamos 80 años de edad pero el cementerio está lleno de fotos de gente joven. Acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador personal para que pueda lavar tus pecados y darte vida eterna. Es la única forma de salvarse. Acéptalo en tu corazón antes de  que sea demasiado tarde y el fin te haya alcanzado sin que te des cuenta.

Si Lutero levantase la cabeza.

«Si Satanás puede pervertir y cambiar el sentido de  las Escrituras ¿qué no hará con mis palabras o las de los demás?»

Martín Lutero.

Los tiempos que vivimos son muy difíciles para la Iglesia Evangélica. Afloran por doquier falsos profetas y doctrinas equivocadas que llevan a camino de perdición, quizás como si de un signo de los últimos tiempos se tratase. Quién sabe. Lo cierto es que en el siglo XVI el sacerdote Martín Lutero inició la reforma protestante contra la teología corrupta y desviada de la Iglesia Católica de Roma.

Protestaba fundamentalmente por la venta de indulgencias y bulas papales que permitían vivir en pecado si pagabas un dinero; contra la idolatría; contra la afirmación de que existe un lugar llamado purgatorio (que casualmente no se menciona ni una sola vez en toda la Biblia) y contra la idea de que la salvación se halla en una religión o en una iglesia concretas y no en la obra redentora de Cristo.

Pero ¿y si hoy levantase la cabeza Lutero? ¿Qué pasaría? Por supuesto, vería que la mayoría de cosas contra las que protestaba siguen vigentes en la Iglesia Católica. Pero… y ahí viene lo más sangrante… se horrorizaría al ver la enorme cantidad de falsos profetas y falsas doctrinas que muy sibilinamente se han ido aposentando en las iglesias evangélicas. Del susto, Lutero se volvía a morir.

Hablo por ejemplo de la ordenación de obispos homosexuales en la Iglesia Luterana. O de las llamadas iglesias arco iris que ofician matrimonios entre personas del mismo sexo. Todo obedece a esta corriente relativista que dice que la iglesia tiene que “adaptarse a los nuevos tiempos”. Curiosamente las iglesias que han dado el paso han perdido el apoyo de sus fieles hasta quedarse vacías.

También hablo de algunos cristianos que son liberales en lo económico y que parece que idolatran al mercado, lo adoran como si de un nuevo dios se tratase. O de la aberrante y anticristiana teología de la prosperidad, impulsada por estafadores, que presupone que Dios puede ser sobornado con dinero y de este modo cumplirá nuestros deseos como si de un genio de la lámpara maravillosa se tratase.

También los hay que introducen falsas doctrinas no por mala fe sino por equivocación como la de, y admito que yo mismo podría estar equivocado, el rapto pretribulacional. Dicha tesis suena con mucha fuerza desde hace sólo cien años. Históricamente siempre se ha hablado de dos venidas de Cristo al mundo (no de tres) y de que el arrebatamiento de la iglesia sería tras la Gran Tribulación en los postreros días.

La Palabra de Dios es eterna y vale para todos los tiempos. No es la iglesia la que se tiene que adaptar al mundo sino al revés. De lo contrario estamos creando un falso cristianismo hecho a nuestro gusto, como si de un menú de restaurante se tratase. Hoy abundan los falsos profetas y las falsas doctrinas que llevan a los justos a condenación. Hace falta una escoba para barrer toda la basura.

Véneto: a reverdecer viejos laureles.

Véneto fue anexionada militarmente por Italia en 1886. Para legitimar la invasión se celebró un referéndum delirante donde se planteaba pertenecer o no a Italia . No hubo secreto de voto, la propaganda electoral acusaba de traición a los defensores del no y el recuento de votos fue un completo fraude. Obviamente, ganó el sí.

Durante más de un siglo el poder ha estado pregonando que la lengua veneciana no existía; que tan sólo era un dialecto del italiano. El proceso de sustitución lingüística originado en el siglo XIX tocó a su fin el 28 de marzo de 2007, cuando por fin se reconoció al veneciano como un idioma independiente y no como dialecto.

Hoy esta nación sin estado sigue siendo un gran referente cultural en Europa, con la ciudad hundida de Venecia, La Fenice, el carnaval o la Bienal de cine… pero no es ni la sombra de lo que fue cuando era una patria independiente y poderosa que atemorizaba a Milán, Estados Pontificios, Francia, Austria o Aragón.

Venecia es la patria de Antonio Vivaldi, Giacomo Casanova, Tiziano, Tintoretto, Giorgione, Canaletto, Marco Polo… Todos ellos ilustres personajes venecianos que hoy tristemente, y de forma injusta y errónea, son recordados como italianos. La cultura europea y aún la mundial no se pueden escribir sin el Véneto.

Actualmente los venecianos están comenzando a recuperar muy lentamente su conciencia nacional, los jóvenes están más preocupados por su idioma, el pueblo clama contra la «Roma ladrona» y contra las organizaciones mafiosas del tercermundista sur italiano y el independentismo suma adeptos cada día que pasa.

Véneto fue un día una nación temible, fuerte, poderosa, próspera como la que más y orgullosa de sí misma, un país de artistas. Hoy el pueblo mira con nostalgia su pasado y piensa en reverdecer viejos laureles. Por historia, tradición, derecho, por sentido común… Véneto debe figurar entre los estados soberanos de la Tierra.

La hegemonía socialista en España.

España, con cinco millones de parados, un déficit galopante, una fuerte recesión y un tejido empresarial pulverizado, es uno de los países más afectados por la crisis económica internacional. La incapacidad del presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, para sacar adelante al estado ha quedado patente. No se atreve a tomar ninguna medida en ningún sentido y todo su plan pasa por no hacer nada y esperar a que sean otros países los que se recuperen y al tirar del carro, arrastren también a España a una dinámica mejor.Y mientras tanto, el pueblo pasa hambre.

Zapatero es el peor presidente de la historia reciente de España. Es una calamidad que no hace nada bien. Y aún así, tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones generales de 2012. Porque si con toda la que está cayendo ahora mismo, el Partido Popular (PP) solamente está un poco por delante en intención de voto, todo hace pensar que si en 2012 la situación económica ha mejorado aunque sea ligeramente, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) puede volver a vencer  en las urnas. Tanto si Zapatero repite como candidato como si PSOE presenta uno nuevo.

No nos engañemos: España es un país socialista. Desde la instauración de la pseudodemocracia en 1975, el PSOE ha gobernado en seis legislaturas: el triple que el principal partido opositor: el PP. Los populares van a tener que acostumbrarse a que solamente  van a poder gobernar cuando el PSOE lo haga extremadamente mal y una buena parte  de sus votantes se abstenga. Pero mientras las cosas vayan rodando hacia adelante, aunque sea a trancas y a barrancas, el PP lo tiene muy crudo. Sólo una España al borde del colapso, como la de 1996, puede darle el triunfo.

En condiciones de igualdad, el PP no puede ganar nunca en la vida porque mientras que PSOE es la primera o segunda fuerza en casi todas las autonomías (especialmente en la más poblada de todas ellas: la andaluza) el PP es residual en Euskadi y Cataluña (y tras la ruptura con Unión del Pueblo Navarro (UPN) puede serlo ahora también en la Comunidad Foral de Navarra). Esas tres autonomías suman muchos millones de votantes. Y pinchar ahí supone un lastre demasiado pasado para un partido que aspira a gobernar España y cuya tirria a los nacionalistas le resta aún más apoyos.

Lituania: el matagigantes que derriba imperios.

Lituania es un pueblo que ha sufrido mucho a lo largo de la historia. Ha padecido la dominación de Polonia, Alemania, Mongolia, Rusia o Unión Soviética. Pero la insaciable sed de libertad de los lituanos les llevó a desafiar a todos los imperios y a ser el ariete que en 1991 acabaría derrumbando a la poderosa URSS.

Lituania padeció por siglos una feroz sustitución lingüística. El lituano ocupó el triste papel de lengua familiar de la gente pobre mientras que  desde Moscú se les inculcaba que si se encerraban en su pequeña lengua nunca serían nada y que era una suerte compartir un idioma hablado por muchísimas personas como el ruso.

Antes de 1991, el país estaba lleno de rusoparlantes monolingües que nunca se dignaron a aprender el lituano pues el bilingüismo forzado de los lituanos se lo hacía innecesario. Pero hoy el lituano es la única lengua oficial del Estado y el idioma de la enseñanza. La juventud ya no conoce el ruso y ahora estudia con placer el inglés.

Sin el yugo soviético, Lituania tiene una fuerte industria textil, es el mayor productor de lino del mundo, es miembro de pleno derecho de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y una potencia en el baloncesto que ha dado al mundo leyendas del deporte como el pívot Arvydas Sabonis.

Su lengua y cultura despiertan el interés y respeto de intelectuales en todo el mundo, y su talento en el jazz es conocido por los amantes de la buena música. Lituania coopera intensamente con Estonia y Letonia, los tres países bálticos a los que les unen fuertes lazos de hermandad y un fortalecimiento veloz.

Lituania es una patria de personas inteligentes, de gente culta y amable, de mujeres hermosas, de juventud que puede mirar al futuro con optimismo porque sabe que su cultura ya no la amenaza nadie. Un ejemplo admirable de casta, de pundonor, de pueblo celoso de su identidad dispuesto siempre a luchar por lo suyo.

Cubazuela.

Hace unos pocos años tuve la fortuna de visitar la ciudad de Valencia, en el venezolano Estado Carabobo. La impresión que me llevé fue la que de la miseria se expandía por doquier. Había unas tasas altísimas de paro y, como la gente debía sobrevivir, trabajaba en la economía sumergida. Allí lo llaman «economía informal» y está tolerada por la ley. Es decir, ya que el Gobierno de Venezuela es incapaz de ofrecer empleo a sus ciudadanos al menos no se persigue que éstos se ganen la vida como puedan, aunque sea trabajando en negro. En todas las calles había una cantidad enorme de puestos, de tenderetes improvisados, similares a los mercados ambulantes de aquí. Con la diferencia de que allí no se está asegurado, ni se es autónomo ni se paga impuestos. Se trabaja para intentar sobrevivir otro día más y punto.

En muchos puestos ambulantes, la gente vendía ropa barata, discos de música pirateados (incluso existen videoclubs donde se venden películas pirateadas y es legal), o fruta en unas condiciones higiénicas más que dudosas. Me entraba una profunda tristeza cada vez que subía a un microbús (allí lo llaman buseta o camioneta) y veía que subían personas jóvenes, a veces incluso adolescentes, para vender cualquier baratija. «Un paquete de chicles 500 bolívares, dos paquetes 800. Tenemos de menta y de fresa», voceaban. En otras ocasiones era gel, golosinas o tostones (plátano frito). Yo solía comprar  porque entiendo que si esta gente no puede vivir de esto, el siguiente paso que dará será conseguir una pistola y entrar a tiros en una tienda. En verdad me sentía profundamente apesadumbrado al contemplar todo aquello.

«¿Sabes? Esto antes no era así» -me decían-. Me contaron que  Valencia fue históricamente la ciudad industrial del país. Por supuesto la situación de la población nunca llegó a ser de opulencia, pero la gente tenía empleo. Empleo legal. Con contrato, con impuestos, con todo en regla. Allí había numerosas multinacionales como Colgate o Ford que daban de comer a numerosas familias obreras. Hasta que el neocomunista Hugo Chávez se hizo con la presidencia de Venezuela y comenzó a hostigar a todas horas a los empresarios. Subidas de impuestos, amenazas de expropiación de negocios, empresas y viviendas, inseguridad jurídica… Al final las empresas vieron el gris panorama y se marcharon de allí, fundamentalmente a Colombia, dejando a su paso un aumento masivo de paro, delincuencia y hambre.

Los empresarios se marchan de allí pero lo que es más grave… no llegan inversiones del extranjero. Al fin y al cabo… ¿quién en su sano juicio aterrizaría en un país en el que a los inversores se les acusa de «colonialismo»? Vas a montar un negocio, a dar trabajo a la gente, a pagar impuestos, a crear riqueza… Pero aún así la población local te mira mal, te odia… Y el gobierno amenaza con expropiarte, o con ser él el que te marque las pautas concretas sobre cómo debes dirigir tu negocio o incluso te dice que el contrato que has firmado hace seis meses con el Estado ya no vale, que es papel mojado, que hay que volver a renegociar todas las condiciones de la inversión de nuevo. Sinceramente, sólo un loco o un suicida se atrevería a arriesgar su dinero en una nación cuyo presidente es un paranoico que debería llevar camisa de fuerza.

No hay derecho a lo que Chávez les está haciendo a los venezolanos. Ha bloqueado sus depósitos bancarios de tal modo que la ciudadanía sólo puede disponer de una pequeña parte de sus ahorros para usarlos en el extranjero (por ejemplo para ir de vacaciones). Ha espantado a los empresarios y dejado en el paro a los trabajadores. Consiente los ataques a la propiedad privada (por ejemplo, legalizando que unos desconocidos se instalen en un terreno que es tuyo y se lo queden). Ha devaluado en exceso la moneda y multiplicado el precio de los productos de primera necesidad. Quiere una economía socialista planificada por el Estado. Cierra medios de comunicación, encarcela periodistas, ataca la libertad de expresión. Lo que él denomina «socialismo del siglo XXI» me recuerda demasiado al comunismo del siglo XX.

El puño del infortunio aplasta Haití.

El sobrecogedor terremoto que ha asolado Haití hace unos días ha sido el más destructor del mundo en mucho tiempo. El seísmo, que ha provocado la muerte de más de 100.000 personas, ya ha sido comparado por su devastación con las bombas atómicas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en la no tan lejana década de 1940.

Es sólo la gota que colma el vaso de una lista infinita de tragedias que han azotado a este pueblo desde que se independizó de Francia en 1804. Es la primera república negra de la historia, la primera en expulsar a los colonos blancos. Pero aunque el país se liberó de la esclavitud  desde entonces todo le ha ido de mal en peor.

En los últimos 200 años hubo una cascada de guerras, golpes de estado, dictaduras, corrupción generalizada, hambre, miseria, represión, colonialismo, deuda… Mas en todo este tiempo a nadie le ha importado que los malos gobernantes hayan saqueado al país más pobre de América y uno de los más famélicos de la Tierra.

Contínuos cortes en el suministro eléctrico, falta de agua potable, carreteras polvorientas aún por asfaltar, la ausencia de una sanidad y una educación dignas… Gente inocente que vive hacinada como ratas, que busca comida entre la basura y que sufre a diario por sobrevivir en un estado fallido, una pocilga de país.

Haití parece un país maldito, como si viviese bajo el embrujo del mismo demonio. En los últimos tiempos los haitianos se han apartado de Cristo y se han encomendado a rituales de corte satanista: vudú, brujería, ocultismo, espiritismo, animismo, magia, adivinación, mal de ojo… Prácticas condenadas por la Biblia.

Es el deber de los cristianos apoyar a estas personas con nuestras oraciones y con nuestra ayuda material, que ya está siendo enviada por las iglesias. El terremoto sólo ha sido una calamidad más de una larga lista… antes de que la muerte fuera a cubrirles con su mortaja, los haitianos ya conocían demasiado bien su rostro.

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