Decadencia literaria.

En el mundo de la novela he comentado ya en muchas ocasiones la denuncia que Ernesto Sábato hace en su obra maestra El Túnel. Compara la novela de caballerías (peste literaria del siglo XVI) con la policíaca o detectivesca (peste literaria de nuestros días) y dice que igual que Miguel de Cervantes escribió Don Quijote de la Mancha como un escarnio de ese tipo de novelas que al final consiguió exterminar este género, alguien debería redactar un nuevo Quijote que acabara de una vez con esta lacra que es la novela negra. Primer capítulo: el asesinato. Último capítulo: el asesino. Capítulos de en medio: listado de sospechosos. De ahí no sale. No da más de sí.

¿Por qué nadie lee poesía? ¿Es que no quedan almas románticas? Sí que quedan. Lo que pasa es que la poesía se ha prostituído, ha abandonado sus bases, ha renunciado a sus raíces. La poesía es unir dos corazones (el del autor y el del lector) a través de un libro, es crear una empatía entre ambos, es que el lector sienta lo que ha sentido el autor a la hora de plasmar sus sentimientos o que por lo menos los entienda. Eso es poesía. Lo que ocurre es que hoy la poesía camina por otras sendas: alucinaciones como las de Federico García Lorca, estupideces como las de Charles Bukowski o aventuras fracasadas como las de hacer poesías sin rima.

¿Y qué ocurre con el teatro? Que está para verlo, no para leerlo. Leer una obra teatral me parece que es como leer el guión de una película. A mí no me interesa el guión; me interesa la película. Aparte, el teatro actual es como el arte moderno: no hace falta talento para dedicarte a él. Pensemos en la Fura dels Baus: básicamente se dedican a bailar en pelotas como si fueran aborígenes de Papúa-Nueva Guinea. Eso ni es teatro ni es nada. Eso es estar mal de la cabeza. El mejor teatro es aquel que es sencillo, que se acerca al pueblo, como el de Lope de Vega. Se puede hacer de vez en cuando alguna obra más enrevesada o experimental pero no hay nada más inculto que un teatro para élites.

La filosofía ha caído en barrena después de ese auténtico siglo de oro del pensamiento que fue el siglo XIX. Me parece que básicamente hay dos tipos de ensayistas. El que es todo ideas, como por ejemplo Platón. Y el que es todo documentación, como por ejemplo Joan Fuster. El pensador del primer tipo es inteligente. El segundo sólo lo aparenta. ¿De qué sirve una vasta documentación si después las conclusiones del autor no dejan de ser un resumen de las ideas de otros autores anteriores, si es incapaz de poner algo de su propia cosecha? Así es como se trabajaba en la Edad Media en Europa. Hoy no hay pensadores sino documentalistas. Así va el mundo.

La literatura se mueve demasiado por modas, como la de ese tipo de novela (originalmente anglosajón) que hace Lucía Etxebarría que cuenta la historia de jóvenes que no hacen sino drogarse y follar. Mucha falta de personalidad entre los escritores es lo que hay. Todos se apuntan a la moda de turno como borreguitos. Por el contrario se arrincona el cuento, el relato y el artículo. Las editoriales funcionan a base de superventas, plagios y premios literarios cuyos ganadores no suelen tener más méritos que salir por la tele. No encuentras en las librerías a autores clásicos o a jóvenes; sólo están los consagrados y autores anglosajones de suspense que piensan en vender el relato para hacer un film.

Los autores que tratan de hacer una literatura mínimamente decente han de competir por un lado contra toda la mierda que envuelve al mundo de las letras y contra la mercantilización del talento y por otro contra la caja tonta, que tiene una oferta aún más mediocre. Mientras que el Estado no ayude a los verdaderos literatos y no hablo de subvenciones (no es bueno que un autor se acostumbre a parar la mano al poder establecido) sino de inculcar a los niños el gusto por la lectura, de que los profesores estimulen, nunca que impongan pues todo lo que es impuesto entra de mala gana, continuaremos como hasta ahora con esta lenta y agónica decadencia cultural que se abre paso.

Retorno a lo pre-Galdosiano.

Resulta complicado redactar buenos libros, sobre todo en un país en que abunda (e incluso se premia) la no literatura. Ahora mismo en España hay escritores que saben mucho de crear escándalos y de aprovechar como nadie las correspondientes estrategias de mercadotecnia pero que de libros no saben nada (Lucía Etxebarría). Padecemos también la invasión de un montón de borricardos que como son conocidos por salir en la tele han decidido sacarse un sobresueldo desembarcando en el mundo de la literatura (Carmen Posadas, Andreu Buenafuente, Fernando Schwartz…) De otros da la sensación de que pudiendo parir mejores obras optan por publicar basura porque es más vendible (Arturo Pérez-Reverte). Hay grandes autores a los cuales los medios no hacen demasiado caso (Juan Goytisolo) y otros que como Francisco Umbral gozan de una fama exorbitante en relación a la calidad de sus obras. El dedo acusador del plagio apunta a grandes celebridades (Eduardo Zaplana, Luis Racionero…) y eso por no hablar del escándalo que supone que toda una nación se entere de que eres una negrera (Ana Rosa Quintana). ¿Qué ha sido del idioma de Miguel de Cervantes? Que me lo expliquen porque yo no lo sé.

Aquí concretamente, en el Reino de Valencia, a algunos creadores merecedores de inmortalidad no se les estudia en las escuelas por motivos políticos (Xavier Casp, Miquel Adlert…), los mismos motivos políticos que hacen proponer para el Premio Nobel de Literatura a un autor por escribir una recopilación de rondallas y un diccionario (Enric Valor). Cuando alguien hace una versión actualizada de un clásico lo cambia de tal forma que al final acaba poniendo lo que le viene en gana en esos momentos, aunque eso suponga evidentemente prostituir el original. Recuerdo ahora la versión de Curial y Güelfa de la Editorial Bromera, donde sorprendentemente aparecen nombres de territorios como Francia, Italia, Alemania o Cataluña. La obra original se escribió en el siglo XV, cuando ninguno de estos territorios existía bajo esta denominación, por lo que he de intuir que los ha introducido el versionista Salvador Vendrell. ¿Por qué no está penada por la ley esta clase de atropellos a la obra y memoria de un autor? ¡De los infinitos textos científico-históricos que la Universidad Bananera de Valencia falsea a diario mejor ni hablar! ¡No acabaríamos nunca!.

Algunas obras están tan increíblemente mal traducidas que da la sensación de leer inglés en español: la traducción de Lino Novás Calvo de Santuario de William Faulkner (Espasa) es dura como un puntapié en las partes. Las editoriales funcionan a golpe de superventas (hoy por desgracia llamados best-sellers), los premios literarios se los adjudican presentadores de televisión, periodistas, locutores de radio, famosos que salen por la tele, recomendados de todo tipo… Ninguno de ellos escritor de raza. En las librerías siempre encuentras los típicos superventas (Antonio Gala, Stephen King…) pero si te interesa un clásico o buscas un libro de un autor joven te lo tienen que pedir. Los índices de lectura en el país son alarmantemente bajos (básicamente porque en las escuelas los maestros imponen la lectura, que no la incentivan, y claro, todo lo impuesto entra de mala gana…) mientras que no se para de editar (¡60.000 títulos por año, la mitad de ellos nuevos!) ¿Pero quién lee todo ese montón de obras? Al final será cierto eso que dicen algunos con muchísima sorna de que si en España no lee nadie es porque todo el mundo está escribiendo un libro.

Fornicad tranquilamente y luego mandad a vuestros hijos a la trituradora.

Siempre me ha llamado la atención que los mayores genocidas de la historia se han caracterizado por ser completamente honrados en el tema de las finanzas. En efecto, cuando se piensa en gobernantes como Adolf Hitler, Josip Stalin o Francisco Franco, ninguno  de ellos es recordado por haberse metido en el bolsillo dinero público. Ninguno  de ellos tiene fama de ser un corrupto en materia de economía. Ahora bien ¿de qué me sirve a mí un político que no saquea las arcas públicas si luego es un carnicero que cada noche se lava las manos con sangre? Prefiero mil veces a un político que  roba millones a uno que asesina. Porque puestos a que me roben… el dinero es recuperable, la vida no.

La semana pasada el Senado español dio su visto  bueno a una monstruosa política de exterminio que consolida el aborto libre y  lo que es aún más espeluznante: lo transforma de delito despenalizado en algunos supuestos a derecho de la mujer. El derecho a matar es ahora legal. A mí no me importa lo que digan: matar a un niño de 6, 7, 8 meses es un crimen abominable. Y eliminar la vida de un ser humano por ser discapacitado se llama eugenesia y lo hacían los nazis. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al ver a la senadora Leire Pajín despreciando la maternidad  y celebrando con jolgorio esta fiesta de la muerte. Hipócritas: todos los que estáis a favor del aborto, nacisteis un día.

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, pasará a la historia como otro monstruo más que no robaba dinero público pero que dio carta de legalidad a un genocidio masivo que cada año siega la vida de más de 100.000 niños en España. Y todo en el mismo día en que Zapatero decía en Suiza: «Nadie tiene derecho a arrebatar la vida de otro ser humano, absolutamente nadie». Forniquen tranquilamente, que luego siempre están ustedes a tiempo de mandar a su hijo a la trituradora. Que basura de país el que consiente este tipo de cosas. Que vergüenza de clase política que tenemos. Que asco de sociedad civil en la que se perpetra semejante matanza sanguinolenta y no le importa a casi nadie.

¿Nos salva una religión, una iglesia, nuestras obras o el Salvador?

«Ningún otro puede salvarnos pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido autor de nuestra salvación» (Hechos 4:12).

Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por mí»  (Juan 14:6). Fíjate bien lo que dice… No dice nadie va al Padre (es decir, al cielo)  a través de una religión. No dice a través de una iglesia o por sus buenas obras. No. Dice: «Nadie va al Padre sino por mí». Jesucristo afirmó ser el camino. No un camino. Sino el camino. Solamente hay un camino para salvarnos: y es que sea Jesús quien nos salve. Si algún cristiano piensa que es una religión la que le va a salvar, tengo malas noticias para él: Jesús no era católico ni evangélico ni ortodoxo. Él era judío. Si alguien piensa que por ser judío se va a salvar, se equivoca: si lees el Nuevo Testamento verás que Jesús centraba la mayoría de sus ataques no en borrachos o prostitutas sino en los religiosos de la época. En gente que era religiosa o que decía serlo.

Si no es una religión entonces ¿es quizás una iglesia concreta la que nos salvará? La Biblia nos dice que eso no es posible porque las iglesias están compuestas por personas pecadoras. «Por cuanto todos pecaron, todos quedan destituídos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Dicho de forma sencilla: nadie puede entrar en el cielo si tiene pecado (y ahí radica el problema: en que todos somos pecadores). ¿Puede una iglesia compuesta por pecadores salvarme a mí de mis propios pecados? Eso es como si una persona que no sabe nadar quiere salvar a otra que se está ahogando. ¿Me va a salvar a mí la Iglesia Católica, que ha tenido Papas fornicarios y asesinos; la Iglesia Evangélica, que ha contado con falsos profetas y estafadores, o cualquier otra iglesia? No, de ningún modo. Definitivamente ningún pecador puede salvar a otro.

Mucha gente opina que son sus acciones las que les van a salvar porque son ciudadanos honestos, que hacen buenas obras o que no le desean el mal a nadie. Sin embargo, todo esto no es suficiente ya que incluso aunque seamos muy bondadosos aún así seguiremos teniendo pecado y eso nos cierra las puertas del cielo. Además, veamos de qué manera concreta somos salvos: «Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). La Biblia indica que la salvación la obtenemos por fe, que es un regalo del Señor y que no es por obras ya que si de nuestros propios méritos dependiera, entonces nuestro corazón se podría llenar de orgullo y eso es algo que Dios aborrece. Por eso, nuestras obras nunca pueden ser la llave del cielo.

Entonces si no es una religión ni es una iglesia ni son nuestras obras… ¿Qué o quién nos salva? Pues el Salvador. Es decir, Jesucristo. Piensa una cosa… Cuando Dios envía a un salvador a la Tierra con la misión de limpiar a la humanidad de sus pecados y  de impedir que acabe abrasada en el infierno es por la sencilla razón de que nosotros, los humanos, no podemos salvarnos a nosotros mismos. Si así fuera, si yo pudiera entrar en el cielo por mí mismo, sería absurdamente innecesario que Dios hubiese enviado a un salvador a la Tierra. No somos nosotros, sino Dios, quien nos salva. ¿Entonces qué debemos hacer? Arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal. Acepta a Cristo en tu corazón hoy mismo. Antes de que sea demasiado tarde. Quien sabe si mañana estarás vivo.

Anfós Ramon: el poeta valencià més llorejat de tots els temps.

Yo soc dels que pensa que, en mida de lo possible, els homenages cal fer-los quan u viu. Per això precisament, ara que es troba en l’hivern de  la seua vida, voldria escriure unes llínies que, encara que no arriben a fer justícia en absolut en el talent inconmensurable d’este singular home, sí puguen almenys ser humil testimoni de l’honor i el privilegi que és per a mi haver pogut viure en la mateixa época que un dels millors poetes valencians del segle XX i de sempre. Parle, evidentment, i com no podia ser d’una atra manera, del senyor Anfós Ramon i Garcia.

Anfós Ramon és el poeta valencià més llorejat de tots els temps. Ha conquistat centenars de premis lliteraris. Això significa que en tota l’història del Regne de Valéncia, una història que fins a lo que sabem actualment naix en el Rei Leovigilit en el segle VI fins a l’actualitat -en ple segle XXI-, ningú ha arribat a superar o inclús igualar este increïble registre. O dit d’una atra manera: Anfós és el més premiat en quinze segles d’història, en una gran nació a on ha hagut poetes que han compost els seus versos en llatí, en àrap, en llemosí, en valencià, en castellà i en català. Que no és poc.

Per a la posteritat queden ya obres mítiques com A tres carrers, Sembrarem la veritat, Des de la veu del silenci, Ofici de Paraules, La clau del llavi obert o Rapsòdia en carn per dins, entre unes atres. Dels numerosos guardons destaquem el Premi Valéncia, el Xavier Casp, el Ciutat de Castelló, el Falla Pintor Andreu d’Alzira, el Roïç de Corella, el Bernat i Baldoví, el Josep Maria Guinot, les Flors Naturals d’Algemesí o Valéncia i molt especialment el Premi Nacional de Lliteratura en Llengua Valenciana i el Llealtat. Sa antologia poètica i les memòries es publicaren fa poc.

Són molts i molt importants els poetes valencians que ha hagut a lo llarc del passat segle XX: Teodor Llorente, Miquel Hernández, Xavier Casp, Chimo Lanuza… Anfós Ramon és tan gran o més que qualsevol d’ells. És un dels grans creadors vius en llengua minoritària en Europa a l’altura de Milan Kundera, Bernardo Atxaga, Amos Oz o Ismail Kandare. El Premi Nobel de Lliteratura només està reservat per als que escriuen en anglés o francés pero si existira un Nobel per a autors en llengües minoritàries en tota justícia deuria guanyar-lo Anfós Ramon.

Encara que el 99% de la seua producció és en llengua valenciana, també ha fet incursions en castellà. Ramon posseïx eixe talent que només els genis tenen: arribar als cors, expressar coses molt complexes usant paraules molt senzilles. El seu estil neorrealiste incidix en eixes coses menudes que són les que fan gran a la vida i està impregnat del dolor i l’angoixa que comporta vore com una pàtria se desmorona i es mercadeja en ella i es ven a trossos. També ha cultivat una vasta obra de poesia fallera i  festiva que destaca per una ironia subtil i un sentit de l’humor deliciosament àcit.

Pero per lo que més l’admire és per ser un intelectual compromés en la seua pàtria i en la seua llengua. Ell podria haver pres el camí fàcil: el d’usar una llengua majoritària com l’espanyol o haver-se venut al pancatalanisme. Pero Anfós no ha naixcut per a ser traïdor sino patriota, encara que això signifique quedar condenat  a l’ostracisme a mans de la renegada i despreciable classe política que actualment nos desgoverna. Algun dia, si hi ha justícia en este país nomenat Regne de Valéncia, es reconeixerà la colosal figura d’Anfós Ramon: un dels millors poetes valencians d’ahir, hui i sempre.

Uruguay: un David rodeado por dos Goliats.

Si hay en América una nación que merezca el honor de ser llamada pequeño gran país ésa es sin duda la República Oriental del Uruguay. Su destino era convertirse en una provincia más de Argentina o Brasil, pero los uruguayos deseaban ser ellos mismos los que gobernasen su propio futuro y se dotaron de un estado propio.

Con apenas tres millones de habitantes y un territorio reducido, Uruguay es un auténtico gigante mundial en el campo de la cultura y el deporte. En la literatura, se han destapado como un país de excelentes escritores con Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano o Mario Benedetti, entre otros.

Uruguay es una potencia futbolística de primer orden, con un palmarés envidiable a la altura de la mismísima Argentina: dos mundiales, dos oros olímpicos y catorce Copas América. A pesar de ser una república tan pequeña, le disputa la hegemonía balompédica en Latinoamérica a gigantes como Argentina y Brasil.

Toda la economía de la república orbita en torno a su capital, Montevideo, que concentra al 50% de la población del país. Montevideo es un importante referente portuario y una de las grandes ciudades de Suramérica a la altura de megalópolis de la talla de Buenos Aires, Sao Paulo, Rio de Janeiro o Santiago de Chile.

Por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Desde mediados del siglo XX hasta hoy, toda Latinoamérica se ha empobrecido a gran velocidad y el hundimiento de Uruguay no ha sido ninguna excepción. La corrupción generalizada ha expulsado del Primer Mundo a una nación que hace sólo cien años era comparada con Suiza.

Uruguay es un ejemplo para los valencianos de que con un estado pequeño se puede destacar muchísimo.  Y los que quieren que seamos colonia de España o de Cataluña, que se fijen en la sed de identidad de los uruguayos, que no querían ser gobernados desde fuera sino tener voz y voto propios entre las naciones libres de la Tierra.

Argentina: un espejo de Valencia al otro lado del charco.

Si hay un país que verdaderamente se parece al Reino de Valencia ése es, en lo bueno y lo malo, Argentina. Argentina es lo más parecido que tenemos los valencianos a un pueblo hermano. El poeta argentino Eduardo Mazo definió a sus compatriotas como pueblo de perdedores alegres. Justo lo que los valencianos somos.

A principios de siglo XX, el escritor Vicent Blasco Ibáñez fundó varias colonias de valencianos allá. Muchos valencianos emigraron a Argentina escapando de la guerra civil y hoy son los argentinos los que, huyendo de la corrupción de sus gobernantes, buscan refugio en nuestra tierra. Es el hijo pródigo que retorna a casa.

Los dos son pueblos leales que sufren a gobernantes traidores y corruptos. Argentina padece un desmantelamiento económico y el nuestro es lingüístico y cultural. La situación es surrealista: ellos tienen la mejor carne del mundo y pasan hambre; nosotros una de las lenguas más cultas del planeta y nos avergonzamos de ella.

Los argentinos son alegres, desenfadados, poco metódicos… Actúan espontáneamente al estilo pensat i fet valenciano. A nivel individual, es una cuna de genios (Diego Maradona, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Juan Perón, Adolfo Aristaráin…) pero colectivamente un desastre de nación.

Incluso en el mundo del deporte tenemos similitudes. Muchos son los cracks argentinos que han jugado en equipos valencianos (Mario Alberto Kempes, Claudio López, Roberto Fabián Ayala, Juan Román Riquelme…)  y muchos los valencianos que han llevado a Argentina la noble tradición de jugar a pelota a mano.

Argentina fue uno de los 10 países más ricos del mundo hace 50 años. Nosotros tuvimos el primer siglo de oro neolatino. Pero ambos pueblos somos  poco patriotas, demasiado individualistas y estamos sometidos por nuestra falta de unión. Recuperemos la fe y sin duda recobraremos el pasado glorioso que una vez fue nuestro.

Presidente Obama: ¡declare la guerra a Irán ya!

«Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras» (Mateo 24:6).

A finales de los años 30 del pasado siglo XX, el dictador alemán Adolf Hitler se había convertido en una amenaza para la paz y la estabilidad en el mundo. Entonces hubo muchas voces en la Gran Bretaña que advirtieron de que se le debía parar los pies a Hitler antes de que fuese demasiado lejos. Sin embargo, el primer ministro británico Neville Chamberlain apostó por una política de diálogo y apaciguamiento con el dictador, con la esperanza de evitar la Segunda Guerra Mundial. La historia nos dice que sólo sirvió para dar a Hitler el tiempo que necesitaba para terminar de fortalecer la gran maquinaria de guerra de su país.

En estos días hemos sido testigos de cómo el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad ha desafiado al mundo al anunciar a bombo y platillo que Irán está enriqueciendo uranio, es decir, el paso previo a disponer de la bomba atómica. Ahmadineyad niega el holocausto judío, amenaza con borrar a Israel del mapa y está financiado el terrorismo islamista. El peligro de Irán es grave y es muy real. Que un mandatario racista y antisemita, que un genocida en potencia, pueda disponer de armamento atómico dentro de unos años mientras el mundo, por cobardía, decide mirar a otro lado, me provoca un escalofrío que me recorre el cuerpo.

Hay quien dice que no importa que Irán tenga armas nucleares porque Israel también las tiene. Sólo un inconsciente o un loco puede atreverse a hacer una comparación tan temeraria. Para empezar, Israel necesita armamento nuclear para poder garantizar su supervivencia como nación (mientras que nadie cuestiona el derecho a existir de Irán). Pero lo más importante: Israel es una democracia donde su primer ministro tiene unos poderes limitados (hay una oposición, una opinión pública, una prensa libre, etc.), lo cual garantiza que Israel jamás usará la bomba salvo que sea en un caso de extrema necesidad, de vida o muerte.

Pero Irán es distinto. Es una teocracia donde el ayatolá de turno puede tener un sueño hoy por la noche y ponerlo en práctica mañana mismo sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Todos sabemos que Israel no va a usar la bomba atómica porque si no lo ha hecho en medio siglo de guerras contra los árabes no tiene mucho sentido pensar que lo vaya a hacer en los próximos años. Pero ¿podemos decir lo mismo de Irán? Sabemos que colabora con el terrorismo internacional… ¿Qué pasaría si una cabeza nuclear cae en las manos de un comando terrorista? Nunca  más podremos volver a dormir tranquilos ni en Tel Aviv ni en ningún sitio.

Sé bien que una guerra es siempre el último recurso, que es una salvajada, el fracaso de la civilización humana y que por desgracia en todas las guerras son civiles inocentes los que más sufren. Pero también sé que hay situaciones límite en la vida en las que para defender la democracia y la libertad no queda más remedio que tomar las armas. El físico Albert Einstein lo sabía muy bien. Aunque declarado pacifista, era también realista… por eso le pidió al presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt, obtener la bomba atómica antes que Alemania. Los nazis también la habrían logrado de haber tenido dos años más de tiempo.

Todos sabemos cómo acabará esto. Ni la presión diplomática ha logrado nada ni tampoco lo harán las sanciones económicas. Ojalá me equivoque. Le pido al Señor que así sea y que se evite la nefanda calamidad que siempre es una guerra. Pero si no es así, Occidente debe tomar cartas en el asunto. Y si eso implica la guerra, adelante. Lo cierto es que el tiempo va pasando y cada vez los persas están más cerca de disponer de un armamento nuclear letal. Entonces será demasiado tarde. Por eso, le pido al presidente de Estados Unidos, Barack  Obama, que encabece una gran coalición militar contra ese nido de terroristas que es Irán.

Le recuerdo también al entonces senador  de Illinois, Barack Obama, su promesa de 2007 ante el Comité Americano de Asuntos Públicos de Israel de «hacer todo lo que esté en su poder para evitar que Irán disponga de armas nucleares», así como que Israel es el pueblo escogido por Dios. También que si en gran medida los Estados Unidos de América son una nación bendecida es por su gran apoyo al pueblo israelí. Recordemos la promesa bíblica que Jehová hizo a Abram y sus descendientes: «Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). Amén.

Gracias al Mossad se han evitado muchos atentados terroristas en el Reino de Valencia, en España y en Europa. En Occidente no necesitamos pseudoprogres llenos de mugre y piojos con sus bunfandas palestinas y su antisemitismo (si por los palestinos fuera, resucitaban Al-Andalus). Lo que necesitamos es forjar una gran unión con Israel, que es un aliado leal y firme y si necesita contar con nuestro apoyo político, diplomático y militar, debe tenerlo. No vamos a consentir un segundo Holocausto. Sería una infamia abandonar a su suerte a Israel a manos de un puñado de teocracias dirigidas por místicos, locos y asesinos sedientos de sangre.

La Copa Amèrica torna a Estats Units.

Per fi ha finalisat la 33ra Copa Amèrica de Vela, disputada estos dies en aigües valencianes. S’ha tractat d’una edició atípica ab només dos participants, agres batalles judicials, la decisió de la sèu del torneig a última hora i una dràstica reducció del pressupost en estos temps de crisis (de 240 millons d’euros de l’edició anterior, Valéncia 2007, a només 8 en esta ocasió). Ara be, l’acció ha segut trepidant i l’aspirant, el nortamericà BMW Oracle ha destronat al campeó, el suís Alinghi, en lo que la Gerra de les Cent Guinees tornarà a Estats Units 15 anys després. Per a l’història queda ya que les dos úniques Copes Amèrica disputades en Europa han segut en el Regne de Valéncia (en els anys 2007 i 2010).

D’una banda em pareix importantíssim que se celebren este tipo de grans acontenyiments en el nostre país. Pense sincerament que tindre la sèu d’un Mundial de Pilota Valenciana, de Fòrmula 1 o de motociclisme, de la Copa del Món de Vela o la Copa Amèrica de Vela comporta un honor i un prestigi per a la nostra nació. No només això: també comporta una inversió multimillonaria, la creació de molts puestos de treball, l’atracció de turistes i l’increment de l’activitat hotelera i hostelera en la zona. Pero sobretot, i lo més important: dona una enorme publicitat internacional al nostre país (a través dels més de 900 periodistes acreditats en la competició), és dir, mos situa als valencians «en el mapa».

Pero d’una atra banda em dol que hi hagen diners públics per a tals activitats mentres que molts hospitals i ambulatoris estan saturats de pacients, numerosos escolars estudien en barracons  i el transport públic es deteriora. Sempre ha hagut unes prioritats nacionals i no cal descuidar-les. Una atra senya molt reveladora del país en el que vivim: en estos dies l’Agència Espacial Europea ha anunciat l’instalació d’un laboratori en l’Universitat Politècnica de Valéncia que generarà 800 puestos de treball d’alta qüalificació i la captació de 20 empreses d’alta tecnologia. Pero, desgraciadament, si lligges la prensa una volta més la ciència és eclipsada pel deport. Qüestió de prioritats nacionals, suponc.

El Valencia CF com a sintoma sociologic.

El Valencia CF, fundat en 1919, es un dels clubs mes importants d’Espanya. Al terme de la temporada 2008-2009 es el tercer en tituls internacionals (superat unicament per Real Madrit i Barcelona), el quart en la classificacio historica de la lliga espanyola (superat per Real Madrit, Barcelona i Bilbao) i quint en tituls estatals (per darrere de Real Madrit, Barcelona, Bilbao i Atletic de Madrit). Conta en vint llorers (6 Lligues, 7 Copes, 1 Supercopa d’Espanya, 1 Recopa, 3 UEFA i 2 Supercopes d’Europa) en el seu palmares.

La qüestio es… ¿se correspon esta vintena de tituls en el pes historic, demografic i economic de la ciutat? No. Valencia es la tercera urbs mes poblada de l’Estat i el Valencia CF conta en el tercer presupost mes alt del campeonat. En proporcio al seu pes demografic i social, el Valencia CF deuria ser sense dubte el tercer equip mes llorejat d’Espanya… Deuria tindre unes 12 o 13 lligues, atres tantes copes, almenys una Copa d’Europa i complir en Espanya un paper semblant al de l’Arsenal en Anglaterra o l’Inter de Mila en Italia.

El problema radica en que l’equip che tan sols conta en la mitat de trofeus que per pes i presupost hauria d’atesorar. I el problema es que aço es un reflex no d’un club deportiu sino d’una societat sancera. ¿No es de traca que el Regne de Valencia tinga aeroports, metros i ferrocarrils de joguet? ¿O que no dispongam del Tren d’Alta Velocitat, del Pla Hidrologic Nacional, del Parc Central o del Parc Industrial de Sagunt? ¿O que Castello de la Plana no tinga aeroport? ¿O que hi haja alguns barris d’Alacant que s’inunden quan plou?

La falta d’exits del Valencia i la falta d’inversions del Regne van de la ma. Ni l’aficio che ni la societat valenciana passen per ser exigents sino molles i conformistes. “No passa res. La Copa a l’any que ve”, clama l’aficio quan el Valencia pert una final. Aci mai passa res. Tot arriba sempre a l’any que ve; la Copa i el trasvas de l’Ebre, la Lliga i les inversions. I si no es l’any que ve, puix a l’atre. Quan li abellixca als nostres amos de Madrit. Ells ya saben que aci mos conformem en les miguetes que li sobren a uns atres.

No es d’estranyar que hi haja tants valencians que simpatisen en el Real Madrit i l’espanyolisme, o en el Barcelona i el pancatalanisme. Ells son el reflex de la burguesia valenciana, que s’inclina pel centralisme madrileny o pels països catalans. Aci la gent te un complex d’inferioritat de cavall. Ningu te fe en el potencial d’esta terra i d’este poble. Tots parlen en orgull del nostre Segle d’Or pero ningu pareix donar-se conte de que si fon possible es perque en aquell temps sobrava lo que hui mos falta: l’orgull de ser valencians.

FONT: Som nº 246. Novembre-Decembre de 2009.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes