L’admirable eixemple d’integritat de Nacho Fernández.

Molt s’està parlant en estos dies de la Selecció Espanyola i de les seues possibilitats de conquistar  la Copa del Món. El fútbol continua sent un bon narcòtic per a adormir a la població i fer-la oblidar que no té treball ni pot arribar  a final de mes. Els que em coneixen be saben que a mi Espanya no m’apanya, que no aguante el seu nacionalisme ranci i que desige la seua pronta eliminació per totes les traïcions i injustícies a les que somet a la meua terra.

Pero de qui vullc parlar hui és de Nacho Fernández. Ell fon un futboliste gallec que destacà en els anys noranta. Va ser un dels millors defenses laterals de la lliga espanyola i quan fon convocat per la Selecció, rebujà anar perque no se sentia espanyol. Nacho fon un gran galleguiste, declinà sucoses ofertes puix el seu desig era jugar en equips gallecs (ho feu en Celta de Vigo i Compostela) i fon valedor de la Selecció Gallega, que va vore la llum en l’any 2005.

Nacho va ser un eixemple admirable d’integritat i coherència en contrast en eixos futbolistes vascs i catalans que diuen no sentir-se espanyols pero que reneguen dels seus ideals i arboren l’estanquera. I si els valencians tingueren dos dits de vergonya, no animarien a una Espanya que mos posa el català en les escoles, mercadeja en la nostra identitat i mos tracta com una moneda de canvi. Molts malparits sobren en lo Regne i molts més Nachos fan falta.

Apología de la democracia directa.

Los comunistas hablan de los derechos de los trabajadores pero les niegan el de la huelga, de acercar la cultura a las masas pero encierran en la prisión a sus escritores por decir la verdad, de la libertad de los pueblos pero le niegan el derecho de voto a sus ciudadanos, de la igualdad de las clases pero establecen una nueva aristocracia que es la del Partido.

Los fascistas hablan de defender los intereses nacionales cuando utilizan el ejército no para proteger y servir al pueblo como debería de ser sino para que se convierta en el chulo del país, asesinan a gente en nombre de la patria y si por alguna de aquellas no se salen con la suya desencadenan una guerra civil o perpetran un golpe de estado.

Los nacionalistas presumen de ser progresistas cuando siguen al pie de la letra tesis hitlerianas, de defender una cultura cuando están en contra de todos aquellos que no piensan como ellos, de patriotas cuando en realidad no pasan de provincianos, de cultos cuando viajan poco y leen aún menos, de ser la voz del pueblo cuando tratan de acallarla.

Los neoliberales hablan de pleno empleo pero quieren decir trabajo-basura, creen que el progreso de un país se mide sólo con indicadores macroeconómicos y no ven que las personas son más importantes que el dinero, quieren vender internet y móviles a la gente del Tercer Mundo en lugar de darle libros para el analfabetismo y pan para el hambre.

Los socialistas dicen representar a los trabajadores pero no viven en los barrios obreros sino en los burgueses, hablan de acabar con la pobreza cuando no saben lo que es vivir en una familia que discute todos los días porque nunca llega a final de mes, dicen representar al pueblo pero el pueblo no viste trajes caros ni conduce Mercedes como ellos.

Los populares hablan del estado del bienestar cuando los niños estudian en barracones donde la calefacción y el papel higiénico son bienes de lujo y cuando hacen de la salud un negocio, criminalizan la inmigración y olvidan que el país salió de la ruina gracias precisamente a los emigrantes, predican moderación salarial pero se suben los sueldos siempre que quieren.

La misma basura de siempre. Si no estás conmigo estás contra mí. Yo mando y tú obedeces. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Los políticos viven de nosotros y nos chulean del mismo modo que lo hace un proxeneta con una prostituta. Todos ellos insisten hasta la saciedad en repetir que nos representan cuando sólo se representan a ellos mismos.

Desde que murió el dictador Francisco Franco, en España sólo ha habido dos días democracia. Sólo dos. El día que se hizo el referéndum de la Constitución y el que se hizo el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Cuarenta y ocho horas de democracia en más de treinta años. No sé a usted pero a mí me sabe a poco.

A Dios lo que es de Dios y al pueblo lo que es del pueblo. Democracia es más que votar una vez cada cuatro años. Es el gobierno del pueblo, que se haga la voluntad mayoritaria del pueblo. Y en España no vivimos en democracia, sino en una dictadura encubierta. Aquí quienes gobiernan son los políticos, los burrócratas (burrocracia se escribe con rr), los ricos, los empresarios, los burgueses, los medios de comunicación, los grupos de presión, la iglesia, los poderes internacionales… En una palabra: los poderosos. Pero no es la gente la que gobierna. Ella sí que no.

¿Cuánto tiempo más tendremos que aguantar el cáncer del transfuguismo? ¿Y la burla de que los políticos se suban el sueldo siempre que les venga en gana? ¿O que utilicen nuestros votos para regalárselos a otros partidos? ¿Otorgamos los ciudadanos la mayoría absoluta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para llevar a cabo la gran orgía de corrupción que hizo en el pasado? ¿Acaso le concedimos al Partido Popular (PP) la mayoría absoluta para gobernar sólo para las elites? ¡Si de verdad la democracia es el gobierno del pueblo entonces démosle el poder al pueblo!

Es hora de reivindicar la democracia directa. Hace falta un compromiso cívico y patriótico para seguir el ejemplo suizo. Suiza era un corral de vacas hace sólo cien años y hoy goza de una de las rentas per cápita más altas del mundo. Los suizos no saben citar el nombre de un solo político de su nación. Su sistema rotatorio les impide a los dirigentes estar mucho tiempo al frente del país; se soslaya así el peligro de la corrupción. Y la sociedad es consultada en referéndum en los temas más capitales. Allí gobierna la gente. ¿Por qué aquí no? Yo no he nacido para ser el esclavo de nadie. ¿Y usted?

El anunciado fracaso de una reforma laboral inútil.

El presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado una reforma laboral que casi ni lo es. La reforma ha introducido novedades como el abaratamiento de la indemnización por despido de 45 días por año trabajado a 33, la subvención de 8 días del despido por el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), la creación de un fondo de capitalización que servirá para cubrir esos 8 días y que en la práctica será como una hucha virtual del trabajador (el llamado modelo austríaco) o el modelo alemán de trabajo, que permitirá reducir  la jornada (y proporcionalmente el sueldo) para evitar despidos. También crecerán las restricciones para la contratación temporal (con la idea de fomentar la indefinida) y crecerá el protagonismo de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) en la búsqueda de un empleo.

No dejo de reconocer que algunos de estos aspectos pueden ser positivos para animar a las empresas a contratar gente. Sin embargo, las medidas me parecen insuficientes. En España existen decenas de contratos distintos que le complican la vida al empresario y al trabajador. Yo soy partidario de un contrato único con una indemnización por despido que sea baja (20 ó 25 días) pero que a la vez sea creciente conforme avance la antigüedad del trabajador en la empresa. Si por mí fuera, cerraría las inmorales ETT y limitaría la contratación temporal -hoy usada masiva y fraudulentamente- para lo que realmente fue concebida en un principio: el empleo estacional. También privatizaría los Servicios Públicos de Empleo (como el INEM o el Servef) habida cuenta de que han demostrado no servir para nada.

Con respecto a la colocación laboral, la prestación por desempleo debería ser decreciente (para así azuzar al trabajador a que se mueva para encontrar empleo, en lugar de quedarse sentado en su casa cobrando la prestación, como muchas veces ocurre). El parado debe comprometerse a buscar trabajo activamente, y llevar todos los días al INEM un justificante firmado por un empresario que certifique que se ha presentado en su negocio buscando empleo. Esto sirve no sólo para encontrar laburo antes sino también para evitar que se pueda estar cobrando el paro y al mismo tiempo trabajando en negro. Además, debería existir algún mecanismo de control que limite el absentismo en el trabajo y las bajas laborales falsas. Los empleados públicos y los funcionarios deben poder ser despedidos si su rendimiento es bajo.

Pero, por encima de todo, una reforma laboral no sirve de nada si no viene acompañada de otras políticas que ayuden a fomentar el empleo. Yo soy partidario del modelo irlandés, a saber; una política de impuestos bajos y de incentivos fiscales para atraer muchas empresas, una fuerte inversión en la educación pública para formar a profesionales altamente cualificados, y fomentar el I + D para así pasar de un modelo tercermundista de mano de obra barata a uno avanzado de alta tecnología y productividad. En resumen: impuestos bajos e incentivos a la contratación para los empresarios y sueldos altos y estabilidad en el empleo para los trabajadores. Toda reforma que no aborde estos puntos se quedará en nada porque somos una sociedad con paro alto y crónico y hace falta una apuesta ambiciosa para poder cambiar el país.

Robar a los pobres para dárselo a los ricos.

El presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado un plan de austeridad que conlleva los mayores recortes sociales desde la postguerra. Bajar el sueldo a los funcionarios un 5% de media, eliminar el cheque bebé que fomentaba la maternidad, congelar las pensiones de nuestros mayores, elevar el IVA de 16% a 18% o subir los impuestos son medidas equivocadas, no sólo por injustas sino por ineficientes. Subir los impuestos nunca es una buena solución pues retrae el consumo y ahuyenta los capitales, y minar el poder adquisitivo de la clase media tan sólo postergará nuestra salida de la temida crisis.

Lo más increíble es que, puestos a recortar, hay tantos gastos supérfluos que si se suprimieran no sólo acabaríamos con el déficit sino que tendríamos un superávit que nos saldría por las orejas. Sin ánimo de ser exhaustivo, veamos unos ejemplos de ello:

-De nada sirve recortar el salario un 15% a diputados, senadores, alcaldes y concejales si cada vez que llegan las elecciones éstos pueden subirse el sueldo a placer, en ocasiones hasta un 300%. Debe existir una limitación real en los emolumentos de nuestros políticos.

-En España hay más de 7.000 Ayuntamientos, el 60% de los cuales tiene menos de 1000 habitantes. Alemania, con el doble de población, tiene 3000. Toca fusionar  localidades limítrofes y eliminar administraciones innecesarias que sólo nos generan gasto.

-¿Por qué no se suprimen las Diputaciones? No sirven para nada. Son una rémora del pasado, la más inútil,  provinciana y absurda administración. Sus competencias se solapan con las de comunidades autónomas y ayuntamientos y sólo disparan los costes.

-¿Y qué hacemos con los más de 30.000 coches oficiales, más que los que tiene todo Estados Unidos, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) es 11 veces mayor que el español? Sólo en la Comunidad de Valencia hay 700 coches oficiales. ¿Para qué tantos si sólo hay 12 consellers?

-¿Y qué de los más de 35.000 asesores de confianza -casi todos familiares, amantes y amigos de políticos- que cobran por no hacer nada? ¿O la infinitud de parques temáticos y radios y televisiones públicas, que nadie pide pero que proliferan como setas?

-¿Y por qué no se recorta las jugosas subvenciones a todo tipo de chupópteros? Sindicatos, organizaciones empresariales, partidos políticos, ONG, confesiones religiosas, SGAE, Eliseu Climent, Pedro Almodóvar, grupos pseudoculturales, asociaciones de gays…

-¿Y qué hacemos con el 20% de absentismo que existe en el funcionariado español (frente al 1% de Alemania)? Se crean inútiles cargos fantasma mientras que faltan profesores, médicos, enfermeras, policías, militares, funcionarios de penitenciaría o jueces.

-Y la Corona. ¿Cómo es posible que el Rey de España cobre más de 12 millones de euros por dar la Copa una vez al año y por leer el discurso de Navidad? La monarquía es un gasto superfluo que convendría suprimir o cuanto menos reducir a su mínima expresión.

Por tanto, no puedo sino estar en contra de esta sucia política de recortes sociales y del expolio brutal que padecemos los currantes para mantener a una cueva de ladrones y me manifiesto a favor de cualquier huelga, concentración o acto en defensa del pueblo.

Heineken i l’Estat Valencià de 1992.

El multimillonari empresari holandés Freddy Heineken no només fon el president de l’empresa cervesera més famosa del món-a la qual el seu llinage dona nom-, sino que ademés fon també un declarat europeiste i un apassionat de les cultures. En 1992 publicà un panflet titulat Els Estats Units d’Europa ¿una eurotopia? en la que proponia una Europa federal -els Estats Units d’Europa- composta per dozenes de chicotets estats europeus (la majoria d’entre uns 5 i 10 millons d’habitants), en una història comuna, una cultura pròpia i una homogeneïtat ètnica.

A principi dels 90 hi hagué una forta eclosió de nacionalismes en Europa que va donar pas a una vintena de nous estats després de la desintegració de l’Unió Soviètica, Yugoslàvia i Checoslovàquia. També en 1992 se firmà el Tractat de Maastrich que significava el pas d’un mercat comú  exlusivament econòmic com la Comunitat Econòmica Europea (CEE) a un ambiciós proyecte polític com l’actual Unió Europea (UE). Heineken pensà que eixa explosió de noves nacions-estat d’Europa Oriental podia traslladar-se a tot el continent i ajudar al mateix temps a forjar una gran aliança de pobles.

L’idea era que seria més fàcil construir una gran nació europea si es componia d’estats menuts que no perderen el temps competint entre ells per l’hegemonia de la UE com fan els grans. Els actuals estats europeus són massa menuts per als assunts internacionals i massa grans per a la vida del dia a dia. Per tant, calia construir una superpotència europea que a nivell exterior abordara els reptes internacionals i a nivell interior estiguera composta per estats menuts que acostaren l’administració al ciutadà i formaren una unió molt més equilibrada al tindre tots un tamany molt paregut.

Heineken, inspirat potser per pensadors com Leopold Kohr o Friedrich Meinecke, dividí el mapa europeu en 75 estats de chicotetes dimensions. Per supost no era més que una proposta i la reordenació territorial resultava, en alguns casos, prou discutible. Pero la qüestió és que dins d’eixe mapa figurava un Estat Valencià sobirà, independent i diferenciat d’Espanya i de Catalunya. Heineken sabia be que el nostre poble té identitat pròpia. Més allà d’esta eurotopia, l’idea d’una Europa dels pobles en la que els valencians tingam veu i vot continua viva a dia de  hui.

El Partit Republicà Democràtic Federal i l’Estat Valencià de 1904.

¿S’imaginen vostés que els diputats valencians del Partit Socialiste Obrer Espanyol (PSOE) defeneren hui transformar Espanya en una república federal dins de la qual figurara un Estat Valencià? ¿I que dins d’eixe Estat es garantisara que la sobirania recaiguera en el poble valencià (i no en l’espanyol); l’indisoluble unitat del territori valencià; la supresió de les províncies i la reordenació del nostre mapa a través de comarques; l’eliminació de les Diputacions provincials de la mà de la creació d’un Congrés i un Senat valencians i fins i tot el naiximent d’un eixèrcit valencià propi?

Este proyecte, que hui pareix de ciència ficció, estigué prop de ser una realitat. L’escritor Carles Recio mos conta que en 1904 diversos representants valencians del Partit Republicà Democràtic Federal (PRDF) es reuniren per a redactar i firmar un proyecte de Constitució Valenciana ab unes competències tan ambicioses com les descrites anteriorment. En aquella época el republicanisme federal somiava en fer d’Espanya una gran federació en la qual pogueren integrar-se, si ho desijaven, Portugal i les antigues colònies. L’eixemple a seguir era els Estats Units.

El PRDF no fon un partit ultraminoritari ni una colla de fanàtics sino una formació històrica que arribà a tindre un president d’Espanya, Francesc Pi i Margall, qui, per cert, resultà ser un bon català puix reconeixia l’existència del valencià i mallorquí com a llengües independents i diferenciades de la catalana. Per motius històrics sobradament coneguts, el règim republicà no pogué tindre continuïtat. Pero ¿qué haguera passat si la República haguera perdurat? Possiblement, hui Espanya seria una república federal en un Estat Valencià sobirà i autònom dins d’ella.

Ab el soterrament de la República, el somi d’un Estat Valencià quedà guardat en el calaix dels oblits. Ya no té massa sentit  elucubrar hipòtesis sobre qué haguera passat o dixat de passar. Pero per a la posteritat quedarà que els representants valencians d’un partit polític que arribà a ostentar la gobernació d’Espanya  reclamaren un Estat sobirà per al nostre poble. I per a més inri, aquella Constitució sobiranista fon redactada en la ciutat d’Alacant, tan reàcia hui a sumar-se a qualsevol proyecte autonomiste que faça olor a valenciania o que vertebre la nostra pàtria.

Lluís García Berlanga: el gran geni del cine valencià.

Quan em pare a reflexionar i pense en l’época en que m’ha tocat viure, em done conte de lo profundament afortunat que he segut per gojar lo que es podria denominar l’época dorada del cine valencià. Afirmava el prestigiós lliterat català Josep Pla que el seu és un país tan menut que només dona per a un gran escritor, per a un gran pintor, per a un gran escultor. També la nostra nació, el Regne de Valéncia, és un país tan menut que dona només per a un gran cineasta. Perque el director Lluís García Berlanga és el cine valencià i el cine valencià és Lluís García Berlanga.

Diu Berlanga que les seues películes són com una falla. En efecte, el seu cine combina a la perfecció un humor àcit i corrosiu en un toc de surrealisme típicament valencià i un erotisme molt fi… Tant és aixina que s’ha forjat el calificatiu de «berlanguià»  per a definir qualsevol episodi de la vida real que es caracterise per ser una situació especialment esperpèntica, patètica i absurda.  O siga, un autèntic destarifo, com diriem els valencians. I mosatros estem ben aveats a viure situaciones sense trellat ni forrellat en esta terra a on no mos podem ficar d’acort ni en el nom del nostre país.

El cine de Berlanga constituïx el retrat realiste i fidedigne d’una societat pasmada i surrealista, pero no a través de l’història oficial, eixa que apareix en els llibres de text, sino a través de l’intrahistòria, de les chicotetes anècdotes del dia a dia de personages casolans. Ell, com cap atre, ha sabut fotografiar l’ideosincràsia del nostre poble valencià, en tot el seu esplendor i totes les seues misèries, en els seus encants, truculències i cutrors. El seu estil inconfudible i personalíssim li ha valgut per a erigir-se en un referent de primer orde del cine en Europa i en el món.

Bienvenido Mister Marshall, Calabuch, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, La vaquilla, Moros y cristianos, Todos a la cárcel, París Tombuctú… Potser Berlanga es trobe en l’ocàs de la seua vida, pero mos ha donat un grapat  d’obres inmortals que han passat a l’història com alguns dels millors films del segle XX. I lo més sorprenent  és que casi no sap usar una càmera. Lluís no entén de qüestions tècniques; al contrari, és un esperit lliure i anàrquic que té el talent per a plasmar una gran història pero que deixa els detalls tècnics per als especialistes i colaboradors més directes.

Berlanga és un dels grans directors del cine europeu de tots els temps i està a l’altura d’autors com Marcel Carné, Federico Fellini o Emir Kusturica. Ell s’encarregà de dignificar a l’Estat Espanyol en una época primer, la del franquisme, que era de forta censura i durant la transició més tart, quan el cine espanyol era tan cutre que la gent renegava d’ell i el qualificava d’espanyolada.  García fon hereu de Luis Buñuel i li passà el testimoni a Pedro Almodóvar i Alejandro Amenábar. Deixà el pavelló ben alt a pesar de que, a diferència dels atres, li tocà viure els temps més durs.

No cap dubte de que el cine de Berlanga és clamorosament valencià. En eixe toc de folclor, música i festa, de foc i pòlvora, en eixe sabor regionaliste tan nostre. El seu treball té aires de la Mediterrània i fa gust a paella. Ara be, en una época com la nostra, a on el nostre poble patix un genocidi cultural i la llengua valenciana està sent substituida per la catalana, lamente profundament que el nostre millor cinesta no s’haja volgut mullar mai en el tema de la llengua. Perque un intelectual deu estar compromés no únicament en el seu art sino també en la seua pàtria.

Batasuna: el que esté libre de pecado…

Mucho se está hablando en estos días de los esfuerzos del Gobierno de España para  blindar  la Ley de Partidos y así impedir cualquier resquicio legal por el que la izquierda  abertzale pudiera presentarse a las elecciones. No cabe la menor duda de la repugnante catadura moral de los integrantes de Batasuna, de su complicidad  y proximidad ideológica con la banda terrorista ETA. Pero… si  ilegalizamos a Batasuna por negarse a condenar el terrorismo  etarra ¿que pasaría si aplicáramos a otros partidos políticos distintos la misma vara de medir?

En los años 80 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) impulsó el terrorismo de estado con los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). No recuerdo una condena expresa al respecto… ¿Qué hacemos pues? ¿Ilegalizamos al PSOE? Izquierda Unida (IU) y el Partido Comunista de España (PCE) apoyan un movimiento totalitario como el comunismo, que le costó la vida a más de 100 millones de personas en el siglo XX. Y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tiene miembros que proceden de la banda terrorista Terra Lliure. ¿Prohibimos estos partidos por ley?

Falange es la heredera natural del franquismo. ¿No piensan ilegalizarla? Es más… en su día, el Parlamento Europeo promovió una moción para condenar el franquismo. A pesar de que el Partido Popular Europeo (PPE) condenó dicho movimiento  fascista, los diputados españoles del mencionado grupo se negaron a hacerlo. Y en el Parlamento Español, los únicos fachas que se han negado a condenar el alzamiento nacional han sido los populares. Así pues, ¿a qué esperan para aplicar la Ley de Partidos a una formación que no condena el franquismo como el PP?

Yo no siento ninguna simpatía por Batasuna ni por lo que representa. Y si la ilegalizan por negarse a condenar el terrorismo, me parece correcto. Ahora bien, Batasuna me recuerda a la adúltera de la Biblia a la que querían lapidar los supuestos santos del lugar. Al ver la basura de clase política que tenemos, tan vomitivamente hipócrita, tan de chicha y nabo, tan falsa, tan corrupta, tan inmoral, quizás nuevamente, deberíamos recordar las palabras de nuestro señor Jesucristo cuando le dijo al pueblo: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra».

Confederación Ibérica.

Algunas voces como la del escritor José Saramago se han postulado a favor de la unión de España y Portugal; en lo que constituiría un nuevo estado: Iberia. Algunos iberistas apuntan a Lisboa como la capital y al castellano como idioma común.

Sería todo ventajas. Ya verías la gracia que le iba a hacer a los lusos cuando los madrileños comenzaran con su cantinela de que “en Portugal está todo en portugués”, “la escuela debería ser en castellano”, “a mí que me hablen en cristiano”, “hay que hablar la lengua de Cervantes”, etc, etc.

Ni que decir tiene de la estabilidad que le daría al Parlamento Ibérico tener al Partido Nacionalista Portugués negociando un Estatuto de autonomía y sumando fuerzas junto a gallegos, catalanes y vascos para ver quien de todos hacía un chantaje más cruel e inmisericorde al Gobierno central.

Y la factura del Estado Ibérico, para los valencianos. Para variar. Sería genial que nos subieran los impuestos para que, con nuestro dinero, se construyeran infraestructuras en Oporto. No tenemos bastante con las sanguijuelas de Andalucía, Extremadura, La Mancha, etc, etc. Faltaba Portugal.

A mí lo único ibérico que me pone es el jamón y nuestro particular yoga: la siesta. Este iberismo en el fondo es nacionalismo expansionista español. Y si insisten en inventar un país de chicha y nabo, que añadan a Iberia Grecia y así ya tenemos juntas a las tres grandes superpotencias del mundo.

¿Trabajarán hasta los 67 años los señores diputados?

El presidente del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se ha quedado sin discurso. Durante años ha pregonado de viva voz que bajo su presidencia no ampararía ningún recorte en los derechos sociales y laborales de los trabajadores. Pero ha mentido. De momento, ya ha propuesto un pensionazo que pretende, entre otras cosas, alargar la edad de jubilación hasta los 67 años de edad y ampliar en diez años, de los quince actuales a veinticinco, el periodo para calcular las pensiones… O dicho en cristiano: bajar las pensiones a nuestros mayores.

Durante años se ha insistido por activa y por pasiva que el aluvión de inmigrantes (legales e ilegales) que ha entrado en el Estado era necesario para pagar las pensiones. Al final, resulta que era mentira. Que los únicos realmente beneficiados con el excesivo número de extranjeros han sido los empresarios (que querían mano de obra barata) y los bancos (que querían vender pisos), no así los trabajadores, que han tenido que compartir las ayudas sociales con los recién llegados y encima no ven garantizada su pensión de jubilación como en su día se les prometió.

No hay necesidad de bajar las pensiones ni de trabajar más. La Seguridad Social rebosa dinero… Tanto es así que se prejubila a mucha gente con 50 años. Y a los señores diputados y senadores les basta con trabajar (si a apretar un botón se le puede llamar trabajar)  dos legislaturas (ocho años) para tener una pensión vitalicia y de superlujo. Si la Seguridad Social permite eso es porque está muy saneada. Así, propongo que todos los currantes nos jubilemos tras pencar ocho años, siguiendo el ejemplo de nuestros honrados políticos.  Porque aquí todos somos iguales… ¿no?

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