Nepal: la morada de los dioses.

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El país de las nieves perpetuas. El techo del mundo, en cuyas altísimas cumbres se dice que habitan los dioses. El país de las cumbres nevadas. Un estado enclavado en pleno Himalaya en cuyo territorio se encuentran algunas de las montañas más altas de la Tierra, como el monte Everest, así como siete más de los llamados ochomiles.

Sin salida al mar, Nepal está rodeado por China por el norte e India por el sur, y actúa como estado-tapón entre ambas potencias. Además, se encuentra separado de Bután por el estado hindú de Sikkim, por el Corredor de Siliguri. Nepal fue fundado en 1768 de la mano del rey Prithvi Narayan Shah, el padre de la nación.

Entre 1814 y 1816 Nepal estuvo en guerra contra el Reino Unido y cedió el Sikkim y el sur de Terai a cambio de la retirada británica. Después de que los gurkkas nepaleses ayudaran a los británicos a aplastar el motín de los Cipayos (1857), los británicos en señal de agradecimiento retornaron a Nepal la mayor parte del Terai.

Durante la mayor parte de su historia, Nepal ha estado regido con mano de hierro por la dinastía Shah, una monarquía absolutista y medieval.  En la Guerra Civil Nepalesa (1996-2006) el gobierno monárquico se enfrentó a los rebeldes maoístas que querían el comunismo. En 2008 se convirtió en república democrática y secular.

Es uno de los países mas pobres de la Tierra pero rico en historia y cultura. Fue una de las cunas del hinduismo y del budismo, y su coexistencia con las creencias animistas y tántricas créo un estilo único: el nevadi. El idioma oficial es el nepalí, muy similar a hindi y urdu. Y como en el Tíbet, también en Nepal se practica la poliandria.

Nepal es un lugar muy bello y ha sido y es una nación rica en obras de arte. Tan sólo en el Valle de Katmandú hay más de cien monumentos importantes, siete de ellos catalogados como Patrimonio de la Humanidad. El violento terremoto del año 2015 mató a cerca de 10.000 personas. El país de los dioses ha quedado arrasado.

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Azerbayán: la primera nación islámica, democrática y laica.

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Azerbayán es un país singular dentro del mundo islámico. Fue la primera patria de la media luna en tener óperas, teatros y obras de teatro. En 1918 nació como una república, la primera laica y democrática en una nación mahometana. Existe en esa tierra un gran apoyo al secularismo, el constitucionalismo y la tolerancia religiosa.

La actual República de Azerbayán se independizó de la Unión Soviética en 1991. Antes de eso, esta tierra fue colonizada por albanos, turcos, persas, mongoles y rusos. Formó parte de la efímera República de Transcaucasia. Azerbayán es una nación joven, heredera de los kanatos (principados) de Ereván, Najichiván y Lankarán.

El país tiene graves problemas de cohesión territorial. Tras la Guerra del Alto Karabaj (1988-1994) perdió esa región, que se independizó, y parte del territorio azerí fue ocupado por Armenia (hasta hoy). Cuenta con un exclave, Najicheván, separado del resto del país al estar Armenia en medio, que podría perder en el futuro.

La economía nacional es rica en hidrocarburos. Antes de que se descubrieran los yacimientos de Texas, a Bakú le correspondía más de la mitad de la producción mundial de petróleo y más del 95% del soviético. Pese a ello, una diáspora de un millón de azeríes reside en el extranjero desde la guerra y no quiere o no puede volver.

Hablan el azerí, que está emparentado con el turco. El azerí usa el alfabeto latino (antes usó el persa, el árabe, el túrquico y el cirílico). Aparte, se habla más de una docena de idiomas nativos. El islam es la fe mayoritaria desde el siglo VII y el chiísmo desde el XVI, pero la identidad se basa en la etnia. Beben alcohol y comen cerdo.

Esta república, enclavada en las montañas del Cáucaso y bañada por las aguas del Mar Caspio, tiene un pie en Europa y otro en Asia. Es una encrucijada de culturas; de los turcos heredaron la lengua, de los persas la religión y de los rusos el laicismo. Cuenta con una literatura, arte, música, gastronomía y folclore muy ricos.

¿Sabías que Valencia fue la capital de dos estados soberanos?

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La Ciudad de Valencia ha tenido la fortuna de ser la capital de dos estados soberanos. Primeramente lo fue del Reino de Valencia, cuyo primer monarca documentado es el visigodo Leovigildo en el siglo VI. El Reino de Valencia, en forma de ciudad-estado, fue una nación independiente bajo visigodos, árabes y cristianos. Con la llegada del rey Jaime I el Conquistador aumentó su territorio hasta tomar una forma y tamaño muy similares a los actuales. En todo este tiempo siguió siendo un reino independiente hasta que sus Fueros fueron derogados por el rey de España Felipe V en el contexto de la Guerra de Sucesión (1701-1715). Así, Valencia fue capital de un estado entre el siglo VI y principios del XVIII.

El Cap i Casal fue también capital de la Segunda República Española del 7 de noviembre de 1936 al 30 de octubre de 1937. El gobierno del Frente Popular, presidido por Francisco Largo Caballero, trasladó la capital de Madrid a Valencia en plena Guerra Civil Española  (1936-1939) como medida estratégica frente al alzamiento nacional. Este hecho cambió la fisonomía de la urbe, que acogió las instituciones gubernamentales y buena parte del patrimonio cultural y artístico del Estado. Valencia fue también el centro neurálgico de intelectuales, milicianos y periodistas. No obstante, el veloz avance de las tropas franquistas obligó al Gobierno Republicano a mover su capital a Barcelona el 31 de octubre de 1937.

Por qué soy republicano (con matices).

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Yo soy republicano. No creo en la monarquía. Podría aducir varios motivos (por ejemplo que es poco democrático que un Jefe de Estado no sea elegido por el pueblo o que un reino implica que haya súbditos en lugar de ciudadanos) pero la principal razón es que veo que es un gasto inútil. No le veo ninguna ventaja a tener un rey. Creo que su trabajo puede ser realizado perfectamente por el presidente del Gobierno y por el ministro de Asuntos Exteriores. Estoy en contra de la monarquía por la misma razón por la que estoy en contra de las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno, las Diputaciones provinciales o la mitad de Ayuntamientos de Españislavia. Porque sobran. Porque no sirven para nada.

He de matizar, no obstante, mi postura. Nunca he entendido a aquellos antimonárquicos que se quejan de que el rey es un florero que nos cuesta dinero al contribuyente y luego abogan por una república a la europea. En Francia, Italia, Alemania o Rusia tienen al presidente de la República, que es el Jefe de Estado (es decir, otro florero decorativo equivalente a nuestro rey de Valencia) y al primer ministro (que es el Jefe de Gobierno, el que de verdad toma decisiones). A mí me parece absurdo sustituir un florero por otro. Yo no quiero un presidente de la República con sus tropecientos secretarios, asesores y enchufados. Si de tener un elemento ornamental se trata, entonces prefiero al rey, que al menos tiene más pedigrí.

Seamos francos: Juan Carlos I de Borbón, rey de España y rey de Valencia, se rasca los cojones a dos manos. Su único trabajo por así llamarlo es dar la Copa una vez al año y leer el discurso de Navidad. Y en cuanto al resto de la familia sólo sirve para hacerse la foto de vez en cuando (en el mejor de los casos). Y pagar diez millones de euros anuales por eso es mucha pasta. Pero es que un presidente de la República es más de lo mismo. ¿O acaso sirve para algo el presidente de la República Alemana? Por eso abogo por un modelo como el de Estados Unidos. Allí votas a un tío –Barack Obama en este caso- y él es Jefe de Estado y de Gobierno. Es decir, un solo sueldo. Un solo gasto. Un solo problema. Como debe ser.

También debo aclarar que hay algunos casos excepcionales en que sí encuentro una utilidad a las monarquías y por lo tanto las apoyo. Creo que una corona como la británica es extremadamente útil, porque la Reina de Inglaterra, Isabel II, es reina de dieciséis naciones. Esto significa que hay dieciséis estados soberanos unidos por una misma Familia Real y este nexo permite estrechar lazos políticos, económicos, comerciales y militares entre los socios de esta Mancomunidad de Reinos. La corona también puede ser útil para un paraíso fiscal (Liechtenstein, Luxemburgo, Mónaco…) ya que en este caso la Familia Real es la embajadora de un país diminuto al que pone en el mapa y eso ayuda a captar más inversiones y capitales.

El Partit Republicà Democràtic Federal i l’Estat Valencià de 1904.

¿S’imaginen vostés que els diputats valencians del Partit Socialiste Obrer Espanyol (PSOE) defeneren hui transformar Espanya en una república federal dins de la qual figurara un Estat Valencià? ¿I que dins d’eixe Estat es garantisara que la sobirania recaiguera en el poble valencià (i no en l’espanyol); l’indisoluble unitat del territori valencià; la supresió de les províncies i la reordenació del nostre mapa a través de comarques; l’eliminació de les Diputacions provincials de la mà de la creació d’un Congrés i un Senat valencians i fins i tot el naiximent d’un eixèrcit valencià propi?

Este proyecte, que hui pareix de ciència ficció, estigué prop de ser una realitat. L’escritor Carles Recio mos conta que en 1904 diversos representants valencians del Partit Republicà Democràtic Federal (PRDF) es reuniren per a redactar i firmar un proyecte de Constitució Valenciana ab unes competències tan ambicioses com les descrites anteriorment. En aquella época el republicanisme federal somiava en fer d’Espanya una gran federació en la qual pogueren integrar-se, si ho desijaven, Portugal i les antigues colònies. L’eixemple a seguir era els Estats Units.

El PRDF no fon un partit ultraminoritari ni una colla de fanàtics sino una formació històrica que arribà a tindre un president d’Espanya, Francesc Pi i Margall, qui, per cert, resultà ser un bon català puix reconeixia l’existència del valencià i mallorquí com a llengües independents i diferenciades de la catalana. Per motius històrics sobradament coneguts, el règim republicà no pogué tindre continuïtat. Pero ¿qué haguera passat si la República haguera perdurat? Possiblement, hui Espanya seria una república federal en un Estat Valencià sobirà i autònom dins d’ella.

Ab el soterrament de la República, el somi d’un Estat Valencià quedà guardat en el calaix dels oblits. Ya no té massa sentit  elucubrar hipòtesis sobre qué haguera passat o dixat de passar. Pero per a la posteritat quedarà que els representants valencians d’un partit polític que arribà a ostentar la gobernació d’Espanya  reclamaren un Estat sobirà per al nostre poble. I per a més inri, aquella Constitució sobiranista fon redactada en la ciutat d’Alacant, tan reàcia hui a sumar-se a qualsevol proyecte autonomiste que faça olor a valenciania o que vertebre la nostra pàtria.

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