La Val d’Aran o Valle de Arán es una montañosa y aislada nación sin estado enclavada en los Pirineos Catalanes. Con tan sólo 10.000 habitantes, los araneses cuentan con una de las lenguas minoritarias más pequeñas de Europa. Su cultura occitana les hace sentirse próximos a Occitania, con quienes tienen mucho en común.
El aranés defiende su singular tierra, desconfía de los forasteros y da muy pocas facilidades para que el inmigrante se integre. Es una etnia de clanes, con todos los recelos típicos de una sociedad rural y cerrada que, no obstante, cuenta con un nivel de vida muy alto así como también desigualdades sociales considerablemente grandes.
Los araneses, como los valencianos o los baleares, sufren el colonialismo catalanista. Durante más de un siglo tuvieron que escuchar que el aranés era un dialecto del catalán, que negarlo era de anticientíficos o de fascistas. En 1990 la Generalitat Catalana cedió al fin ante la realidad y reconoció el aranés como idioma oficial.
En Arán la consciencia nacional avanza. Uno de cada cuatro araneses apuesta por una nación independiente separada de Cataluña. A otros les gustaría dotarse de una autonomía propia, al estilo de Ceuta o Melilla. Incluso los que se sienten catalanes o españoles, se consideran a sí mismos araneses por encima de todo.
Cataluña se queja del centralismo de Madrid y reclama la independencia. Arán hace exactamente el mismo discurso con respecto a Barcelona. Pero después lo que los catalanes reclaman para sí mismos se lo niegan a los araneses en un cínico ejercicio de doble moral. Tal hipocresía exacerba el odio anticatalanista en Arán.
En el Valle tienen claro que un Arán independiente tiene mucho futuro porque puede ser una nueva Andorra en lo financiero y lo turístico. Entre los catalanes, hay quien pretende subyugarlos de forma imperialista y otros que abogan por la autodeteminación del Valle. Arán: un país diminuto en dimensiones pero colosal en valor.
Unidad desde la diversidad. Así podríamos definir a Nigeria, el país más poblado de África (150 millones de habitantes) donde se hablan más de 500 idiomas. Ante semejante Babel, los nigerianos acuden al inglés como lengua franca pero en el día a día usan la lengua local. El país se independizó del Imperio Británico en 1960.
La riqueza multicultural y la pluralidad étnica y lingüística es un valioso tesoro etnográfico que sin duda debe ser preservado. Por ello, desde el Gobierno se fomentan políticas de impulso a las lenguas regionales, que tienen una presencia activa en las escuelas, en la administración, los medios de comunicación o el cine.
Nigeria es el segundo productor mundial de películas (por detrás de India y por delante de Estados Unidos), cuenta con el arte escultórico más importante de África (el de la etnia Edó) y una literatura prolífica en varios de sus idiomas, con autores de talla mundial como el Premio Nobel Wole Sokinya o Chinua Achebe.
Pese a ser el primer exportador de petróleo y gas de África, es una nación del Tercer Mundo con grandes desigualdades sociales, corrupción política y violaciones de los derechos humanos. Son muy conocidos sus hombres, famosos por ser los mejores estafadores del mundo, así como la monumental ciudad de Lagos.
La república se enfrenta al separatismo de la sureña región de Biafra. También existen fuertes tensiones por motivos religiosos ya que el país se divide casi al 50% en musulmanes y cristianos. Nigeria del oeste y del este se diferencian tanto como Irlanda y Alemania. Y la del norte se diferencia de ambas tanto como China.
El país es un puzzle de idiomas y culturas, una macedonia de etnias y de pueblos que ha optado por la unidad nacional bajo una misma bandera. Unidad desde la diversidad. De este modo ha logrado convertirse en la gran potencia política, económica y cultural de África Occidental. Para los nigerianos, la unión hace la fuerza.
Agradecimientos a Vicent Rodríguez Fernández (Alfafar, Reino de Valencia. España).
El pueblo gitano es una nación sin estado compuesta por doce millones de almas, ocho de las cuales radican en el Viejo Continente, lo que la convierte en la minoría étnica más grande de Europa. Es un pueblo nómada que salió de India en el siglo XI y que inició una gran diáspora por todo el mundo que perdura hoy.
Pese a la dispersión geográfica y cultural que supone pertenecer a tantas nacionalidades distintas, los gitanos conservan unas señas de identidad mayoritariamente comunes: el idioma romaní, la pertenencia a la iglesia evangélica y un estilo de vida ancestral basado en la tradición, los vínculos familiares y la cohesión del grupo.
Este pueblo sobresale en las artes, con pintores como Antonio Solario, Otto Mueller o Tamás Péli, músicos como Janos Bihari (al que plagiaron Ludwig Van Beethoven o Franz Liszt) o actores como Charles Chaplin. En la ciencia, destacan Sofia Kovalévskaya y el Nobel de Medicina August Krogh.
Su aportación cultural más conocida es el flamenco; con artistas como Lola Flores o Camarón de la Isla. El inconfundible estilo gitano ha influido a no pocos payos, entre ellos al guitarrista Paco de Lucía. En el fútbol, son famosos Eric Cantoná, Hristo Stoichkov, Zlatan Ibrahimovic o Telmo Zarra.
Durante siglos padecieron persecuciones racistas, que tocaron techo con el exterminio de dos millones de gitanos a manos de los nazis. Actualmente, los estados europeos fomentan políticas de integración aunque muchos gitanos se muestran muy recelosos y optan por rechazar ese estilo de vida y por seguir con el suyo propio.
El gitano es un pueblo nacido para vivir en libertad. Y es que los gitanos acostumbran a ser conservadores y tradicionalistas. Pese a ello, la singular historia y cultura de esta etnia sigue siendo la gran desconocida de nuestro tiempo. Pero cuando te zambulles en ella, descubres fascinado que hay mucho más de lo que los ojos ven.
El de Singapur quizás sea uno de los casos más sobresalientes de cómo el independentismo puede traer la prosperidad a una nación. El minúsculo país se independizó de Gran Bretaña en 1963 y de Malasia en 1965. Hoy supera ampliamente a sus dos ex-metrópolis en renta per cápita y en indicadores de calidad de vida.
La isla ha llevado a cabo en los últimos años una agresiva política fiscal que ha atraído capitales. Además ha prosperado gracias a la inversión extranjera y a su apuesta por la tecnología, lo que le ha convertido en uno de los cuatro tigres asiáticos, junto con Taiwan, Corea del Sur y Hong Kong, verdaderos nuevos ricos de Asia.
No obstante, la principal fortaleza de Singapur radica en el comercio. Cuenta con el mayor puerto comercial del mundo, líder indiscutible en número de contenedores, por encima del de Rotterdam. Su actividad portuaria es tan prolífica y competitiva que prácticamente monopoliza el comercio de buena parte de Asia.
Singapur tiene, no obstante, un problema muy grave: el espacio vital. Es una ciudad-estado muy pequeña y está superpoblada. En las últimas décadas ha ganado terreno al mar sin cesar y hasta el aeropuerto de Changi, uno de los mejores del orbe, se halla sostenido parcialmente sobre tierra artificial asentada sobre el agua.
Esta colosal obra de ingeniería se ha logrado gracias a la compra de millones de metros cúbicos de arena a la vecina Indonesia. Esto produjo el hundimiento bajo las aguas de no pocos islotes de este depauperado país, que ha decidido que no venderá ni un palmo más de tierra. Birmania suministra ahora la materia prima.
El bravo pueblo singapurense, con esfuerzo y tesón, somete a la naturaleza y hace de su patria una isla creciente en lo económico y lo físico. Singapur representa el orgullo nacionalista, la casta, la agresividad de un país diminuto que domina a otros gigantes. Es un pueblo fiero. No en vano su nombre quiere decir ciudad de los leones.
Corea del Sur es un país del tamaño de Portugal que tiene más población que España. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, Corea, una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad, quedó dividida en dos naciones: una dictadura comunista en la región norte y una democracia capitalista en el sur.
Desde entonces han sido feroces enemigos irreconciliables (especialmente tras la Guerra de Corea de 1950-53). A partir de aquel choque, Estados Unidos se obsesionó por mostrar a Corea del Sur como un icono del capitalismo, donde la gente es rica y feliz, en contraste con la miseria y la fatalidad de la hoz y el martillo.
En los años 60 y 70 el país experimentó un fuerte avance industrial y tecnológico. La inversión extranjera acudió alentada por facilidades fiscales, crediticias y laborales, y empresas como Hyundai, Samsung, LG, Kia Motors, SsangYong, Daelim Motor y Daewoo se convirtieron en multinacionales que triunfan en el mundo.
Aunque si por algo es famosa Corea del Sur es por su potencia naval. Sus astilleros fabrican los mejores barcos del globo y hoy el país posee una de las marinas más grandes del planeta para preservar la libertad de la amenaza totalitaria de Corea del Norte, con la que mantiene fuertes tensiones militares día sí día no.
Dios no sólo ha derramado prosperidad económica sino también espiritual. Es el país asiático con mayor número de cristianos (más del 25% de sus habitantes) y tiene la Yoido Full Gospel Church, la iglesia más grande del mundo, donde cada domingo se reúnen más de un millón de fieles pastoreados por David Yonggi Cho.
Hoy los misioneros surcoreanos predican en China y Corea del Norte. El país pasó de aislacionista a influir política, económica, cultural y espiritualmente a Asia. Mientras, en Seúl siguen rezando para que se obre el milagro de la reunificación nacional, incluso pese al enorme abismo económico que separa a los dos países.
Tras la revolución popular del líder Mao Tze-Tung que llevó a los comunistas chinos al poder en 1949, fueron muchos los disidentes -la mayoría comerciantes de clase alta- los que huyeron a Taiwan en busca de refugio. Así, transformaron la isla en un fortín del capitalismo que resistió frente a la revolución de Mao.
Desde entonces, tiene un estatus político único: oficialmente, representa a la China nacionalista que perdió la Guerra Civil (1927-1950) pero en la práctica es un estado que no reconoce la autoridad de la China continental. Pekín la considera parte de su territorio aunque en la práctica no ejerce control alguno sobre ella.
El debate sobre si Taiwan representa a la China precomunista o sobre si debe independizarse, va decantándose cada vez más hacia la segunda opción. De hecho, el que fue presidente entre 2000 y 2008, Chen Shiu Bian, a punto estuvo de declarar formalmente la independencia pero al final desistió por miedo a una guerra con China.
En la actualidad, Taiwan está comprometido con la democracia, el capitalismo y los valores occidentales y se ha armado hasta los dientes para defender su libertad frente a la amenaza del gigante comunista chino. Los Estados Unidos de América, Japón y Corea del Sur son sus aliados políticos y militares más firmes en la zona.
La isla tiene el tamaño de Cataluña y en ella viven 27 millones de almas. Cuenta con una lengua propia que es hablada por la mayoría del pueblo (el taiwanés) además de otros dos idiomas (el hakka y el mandarín). Es un país altamente industrializado y uno de los primeros fabricantes mundiales de microprocesadores y de chips.
El pueblo mira con incertidumbre al futuro. Quizás el día que caiga el comunismo en China, Pekín pase del puño en alto a extender la mano a la isla en pro de una reunificación nacional. O quizás sea entonces el momento de ejercer la autodeterminación y convertirse oficialmente en un estado soberano. El tiempo lo dirá.
Si hay en América una nación que merezca el honor de ser llamada pequeño gran país ésa es sin duda la República Oriental del Uruguay. Su destino era convertirse en una provincia más de Argentina o Brasil, pero los uruguayos deseaban ser ellos mismos los que gobernasen su propio futuro y se dotaron de un estado propio.
Con apenas tres millones de habitantes y un territorio reducido, Uruguay es un auténtico gigante mundial en el campo de la cultura y el deporte. En la literatura, se han destapado como un país de excelentes escritores con Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano o Mario Benedetti, entre otros.
Uruguay es una potencia futbolística de primer orden, con un palmarés envidiable a la altura de la mismísima Argentina: dos mundiales, dos oros olímpicos y catorce Copas América. A pesar de ser una república tan pequeña, le disputa la hegemonía balompédica en Latinoamérica a gigantes como Argentina y Brasil.
Toda la economía de la república orbita en torno a su capital, Montevideo, que concentra al 50% de la población del país. Montevideo es un importante referente portuario y una de las grandes ciudades de Suramérica a la altura de megalópolis de la talla de Buenos Aires, Sao Paulo, Rio de Janeiro o Santiago de Chile.
Por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Desde mediados del siglo XX hasta hoy, toda Latinoamérica se ha empobrecido a gran velocidad y el hundimiento de Uruguay no ha sido ninguna excepción. La corrupción generalizada ha expulsado del Primer Mundo a una nación que hace sólo cien años era comparada con Suiza.
Uruguay es un ejemplo para los valencianos de que con un estado pequeño se puede destacar muchísimo. Y los que quieren que seamos colonia de España o de Cataluña, que se fijen en la sed de identidad de los uruguayos, que no querían ser gobernados desde fuera sino tener voz y voto propios entre las naciones libres de la Tierra.
Si hay un país que verdaderamente se parece al Reino de Valencia ése es, en lo bueno y lo malo, Argentina. Argentina es lo más parecido que tenemos los valencianos a un pueblo hermano. El poeta argentino Eduardo Mazo definió a sus compatriotas como pueblo de perdedores alegres. Justo lo que los valencianos somos.
A principios de siglo XX, el escritor Vicent Blasco Ibáñez fundó varias colonias de valencianos allá. Muchos valencianos emigraron a Argentina escapando de la guerra civil y hoy son los argentinos los que, huyendo de la corrupción de sus gobernantes, buscan refugio en nuestra tierra. Es el hijo pródigo que retorna a casa.
Los dos son pueblos leales que sufren a gobernantes traidores y corruptos. Argentina padece un desmantelamiento económico y el nuestro es lingüístico y cultural. La situación es surrealista: ellos tienen la mejor carne del mundo y pasan hambre; nosotros una de las lenguas más cultas del planeta y nos avergonzamos de ella.
Los argentinos son alegres, desenfadados, poco metódicos… Actúan espontáneamente al estilo pensat i fet valenciano. A nivel individual, es una cuna de genios (Diego Maradona, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Juan Perón, Adolfo Aristaráin…) pero colectivamente un desastre de nación.
Incluso en el mundo del deporte tenemos similitudes. Muchos son los cracks argentinos que han jugado en equipos valencianos (Mario Alberto Kempes, Claudio López, Roberto Fabián Ayala, Juan Román Riquelme…) y muchos los valencianos que han llevado a Argentina la noble tradición de jugar a pelota a mano.
Argentina fue uno de los 10 países más ricos del mundo hace 50 años. Nosotros tuvimos el primer siglo de oro neolatino. Pero ambos pueblos somos poco patriotas, demasiado individualistas y estamos sometidos por nuestra falta de unión. Recuperemos la fe y sin duda recobraremos el pasado glorioso que una vez fue nuestro.
¿Qué es Flandes? Sería más fácil comenzar diciendo lo que no es. No es española aunque perteneció al Imperio Español, tampoco es belga a tenor de sus fuertes ansias independentistas, ni neerlandesa ya que Holanda es atea y habla holandés, mientras que Flandes es católica y habla flamenco. Es distinta. Flandes es… Flandes.
Actualmente es, junto con Bruselas y Valonia, una de las tres regiones que componen el artificial Estado Belga. Flamencos y valones se llevan a matar y solamente la disputada región de Bruselas (inserta dentro de Flandes pero de habla francófona) actúa como freno a una secesión norteña que sólo es cuestión de tiempo.
Los flamencos son germánicos y conservadores, los valones latinos y socialistas. Durante decenios los valones fueron ricos y acusaron a sus vecinos de hablar un «dialecto de campesinos». Desde los años 60 los flamencos son los nuevos ricos y no quieren mantener a una Valonia decadente que les despreció durante años.
A flamencos y valones ya no les une nada salvo la corona belga. Sólo hay un 1% de matrimonios mixtos. Se les acusa de xenófobos, pero lo cierto es tan sólo tratan de preservar su lengua y su cultura de una avalancha de inmigrantes que sólo quiere derechos y que se niega a integrarse culturalmente en el país.
Esta nación es la tierra de eximios artistas como Jan Van Eyck, Pieter Breughel, Petrus-Pablus Rubens, Jacob Jordaens, David Teniers o Anton Van Dyck, entre otros, hasta el punto de que todo el gótico europeo se vio influenciado por el estilo de la escuela flamenca. Es también la patria del ciclista Eddy Merckx.
Flandes ha recobrado su orgullo nacional a raíz de hacer músculo económico. Ya nunca más deberá sufrir el menosprecio de sus vecinos valones. Ahora es una tierra próspera, pujante, poderosa. Es una nación cultural y aspira a un estado soberano. Y tan sólo es cuestión de tiempo que lo logre. Es inevitable y en Bélgica lo saben.
Véneto fue anexionada militarmente por Italia en 1886. Para legitimar la invasión se celebró un referéndum delirante donde se planteaba pertenecer o no a Italia . No hubo secreto de voto, la propaganda electoral acusaba de traición a los defensores del no y el recuento de votos fue un completo fraude. Obviamente, ganó el sí.
Durante más de un siglo el poder ha estado pregonando que la lengua veneciana no existía; que tan sólo era un dialecto del italiano. El proceso de sustitución lingüística originado en el siglo XIX tocó a su fin el 28 de marzo de 2007, cuando por fin se reconoció al veneciano como un idioma independiente y no como dialecto.
Hoy esta nación sin estado sigue siendo un gran referente cultural en Europa, con la ciudad hundida de Venecia, La Fenice, el carnaval o la Bienal de cine… pero no es ni la sombra de lo que fue cuando era una patria independiente y poderosa que atemorizaba a Milán, Estados Pontificios, Francia, Austria o Aragón.
Venecia es la patria de Antonio Vivaldi, Giacomo Casanova, Tiziano, Tintoretto, Giorgione, Canaletto, Marco Polo… Todos ellos ilustres personajes venecianos que hoy tristemente, y de forma injusta y errónea, son recordados como italianos. La cultura europea y aún la mundial no se pueden escribir sin el Véneto.
Actualmente los venecianos están comenzando a recuperar muy lentamente su conciencia nacional, los jóvenes están más preocupados por su idioma, el pueblo clama contra la «Roma ladrona» y contra las organizaciones mafiosas del tercermundista sur italiano y el independentismo suma adeptos cada día que pasa.
Véneto fue un día una nación temible, fuerte, poderosa, próspera como la que más y orgullosa de sí misma, un país de artistas. Hoy el pueblo mira con nostalgia su pasado y piensa en reverdecer viejos laureles. Por historia, tradición, derecho, por sentido común… Véneto debe figurar entre los estados soberanos de la Tierra.
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