Frisia: parecida a todos y a nadie.

Son muy parecidos a los ingleses, a los alemanes y a los holandeses y a la vez muy distintos de todos ellos. Son los frisones. Aunque Frisia se encuentra en Holanda, mantiene vínculos históricos con la Frisia Oriental, en Alemania. Al mismo tiempo, cultural y lingüísticamente tiene que ver con Inglaterra. Se parece a todos y a ninguno.

Este pueblo tiene lengua propia: el frisón occidental. Está emparentada con el frisón oriental y frisón del norte que se hablan en Alemania ya que Frisia perteneció al Imperio Germánico hasta 1860 cuando se unió a Países Bajos. Es la lengua más parecida al inglés. Un dicho reza: ¡Como la leche al queso, el inglés al frisón!

El frisón occidental parecía condenado a extinguirse ante el avance del holandés pero a finales del siglo XIX renació. En 1937 se aceptó como lengua opcional en la primaria y en 1995 como primordial. En 1938 se creó la Academia del Frisio. También se tradujo la Biblia. Actualmente, se trata de potenciar la lengua, que es oficial.

Los frisones tienen sus propias tradiciones. Cuando se hielan los lagos de la zona, practican el patinaje sobre hielo. También existe una gran tradición por la pelota valenciana y por el fierljeppen, un deporte autóctono muy divertido y parecido al salto de pértiga que consiste en conquistar una distancia horizontal lo más larga posible.

Otra  práctica es el wadlopen, que consiste en cruzar a pie el mar de Frisia cuando baja la marea en verano hasta llegar a las islas Ameland o Schiermonnikoog. Las vacas y caballos frisones, con manchas de color blanco y negro, son otro rasgo de identidad en esta tierra de histórica tradición ganadera como es la adorable Frisia.

Frisia es un país agrícola que disfruta de un alto nivel de vida, ideal para practicar el turismo rural, disfrutar de sus prados y contemplar sus numerosos molinos de viento. Frisia es un ancestral reino con fuerte identidad propia repleto de cosas típicas absolutamente maravillosas; una nación cultural que lucha por volver a ser estado.

Córcega: el futuro por delante.

Una de las peores cosas que le puede pasar a uno en la vida es pertenecer a una minoría étnica y vivir en el jacobino y centralista Estado Francés, una auténtica dictadura etnocida que aniquila cualquier lengua y cultura que no sea la oficial francesa. Ése es el infausto destino que le ha tocado en suerte al valiente pueblo corso.

Tanto es así que los corsos se vieron obligados a finales del siglo XX a recurrir al terrorismo para lograr un cierto autogobierno y la oficialidad de su lengua, muy parecida al toscano. Sin la lucha armada, ni siquiera esto tendrían por parte de una Francia que promueve activamente la uniformización y homogeneización del Estado.

La isla ha sufrido durante siglos la marginación económica de París, lo cual ha despertado un fuerte nacionalismo local.  Frente a la falta de inversiones e infraestructuras, el nacionalismo propone una Córcega independiente que sea un paraíso fiscal, lo cual la convertiría de hecho en uno de los países más ricos del mundo.

Córcega siempre fue una joya muy codiciada. Entre 1755 y 1769 logró sacudirse de encima el histórico dominio genovés y fue un estado independiente bajo la batuta del patriota corso Pasquale de Paoli. En 1769 el país fue fagocitado por Francia y por casualidad justo aquel año nació el dictador Napoleón Bonaparte en la isla.

Los antiguos atenienses bautizaron la isla como «Kallisté», que significa «la más bonita». Hoy se la conoce como «la isla de la belleza»… Bosques, montañas y preciosas playas de fina arena y aguas cristalinas que atraen cada año a miles de deportistas náuticos, submarinistas y amantes de la mar procedentes del mundo entero.

El pueblo corso tiene el complicado reto de decidir su destino. Si en el futuro escoge la independencia, tendrá un país libre y próspero. Si elige seguir formando parte de Francia, será simplemente una mancha que se diluye paulatinamente allá a lo lejos en el horizonte hasta acabar despareciendo de la vista para siempre jamás.

La importancia del hombre en el aborto.

El aborto es la más sanguinolenta masacre de nuestro tiempo. Desde que se despenalizó el crimen del aborto en el Estado Español en 1985 más de un millón de niños ha sido exterminado, unas cifras que se acercan a las del genocidio armenio. Cada año a 100.000 criaturas se les niega del derecho a nacer. Una cifra similar a la del número de muertos que causó la bomba atómica en Hiroshima en 1945.

A la hora de buscar responsabilidades, lo más fácil sería criticar a los políticos, que son los que hacen las leyes. O a la sociedad, que suele ser como un ente abstracto al que acudimos cada vez que queremos eludir nuestra responsabilidad individual. O a los cristianos, que con nuestro voto somos cómplices de este crimen nauseabundo. O a las mujeres, que son las que legalmente tienen la última palabra.

Pero ¿dónde queda la responsabilidad del hombre? De ésa nadie habla nunca. Yo creo que los varones tenemos tanta responsabilidad, si no más incluso, que las mujeres a la hora de decidir tener un hijo. Porque no nos engañemos, en un número brutal de ocasiones cuando una chica aborta lo que hay detrás es un novio que se desentiende de su paternidad, o que la presiona para deshacerse del bebé.

Por muy inesperado que sea un embarazo, por muy adversas que sean las circunstancias económicas o familiares, es muy difícil que una mujer aborte si el padre de su hijo le apoya para seguir adelante. Porque cuando una fémina sabe que va a tener un hombro al que arrimarse, la carga es más llevadera. Pero si ella sola tiene que hacer frente a todo sin ayuda de nadie, es fácil que se derrumbe y aborte.

¿Qué clase de individuo es aquel que es suficientemente hombre para embarazar a una mujer pero no es hombre para hacer frente a las consecuencias de sus actos? ¿O que presiona para que su novia aborte en lugar de presionar para que tenga el niño? Es muy cobarde lavarse las manos y desentenderse de todo, o culpar a la mujer. Los varones tenemos una responsabilidad titánica cada vez que un niño muere.

China: la fábrica del mundo.

China es una de las más antiguas y relevantes civilizaciones de la historia de la humanidad, una nación milenaria y multiétnica con cientos de lenguas y culturas, un gigante colosal que ya no camina con pies de barro porque su crecimiento vertiginoso le convierte en un firme candidato a ser la nueva superpotencia mundial.

Ahora ya es la cuarta nación en Producto Interior Bruto (PIB), la cuarta en tamaño, tercera por ejército, segunda potencia mundial a nivel político, la primera en población y posee el mercado más importante y extenso del orbe. Inunda todo el planeta con sus productos; se ha convertido en la fábrica del mundo.

China quiere ser la potencia número uno en todo. Pero no lo tiene fácil: sigue siendo una dictadura que viola los derechos humanos y ejecuta masivamente la pena de muerte, además de un país subdesarrollado donde los sueldos son miserables y millones de personas trabajan en condiciones de esclavitud en el siglo XXI.

Los chinos nos han dado la brújula, la pólvora, el cañón, el papel, la imprenta, la porcelana, la seda, las máquinas de hilar, la agricultura mecanizada, el timón, la acupuntura, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la pirotecnia, la llave, el paraguas, el cepillo de dientes, el mandarín, el confucianismo, el taoísmo, etc.

Recientemente ha vivido un tremendo despegue de las religiones frente al ateísmo oficial de estado. Se cree que China será el país con más cristianos del mundo en el futuro. Cosa que no debiera extrañar teniendo en cuenta sus increíbles 1.500 millones de habitantes: más gente que toda América, Europa, Antártida y Oceanía juntas.

Pero China aún debe enfrentarse a los separatismos de Tíbet, Taiwan y Xinjiang. Y a la paradoja de ser un represor y liberticida estado comunista que alienta el más inhumano capitalismo salvaje. Quizás el día que caiga la dictadura y llegue la democracia sea el tiempo de pasar del puño en alto a tender la mano en señal de paz.

El niño Dios está a punto de nacer.

El niño Dios está a punto de nacer. Como cada 25 de diciembre los cristianos de todo el mundo festejamos el nacimiento de Jesús, el mesías anunciado en las Escrituras. Con su venida al mundo, se cumplen las profecías que advertían que llegaría un día en que nuestro Creador tomaría un cuerpo de carne y hueso, vendría a la Tierra y pasearía entre sus criaturas. Hablar de Jesús es hablar de Dios mismo, quien en un acto de amor sin precedentes fue capaz de dejarse matar como un cordero para salvar a la humanidad de sus pecados y ofrecerle vida eterna.

Millones de personas en todo el mundo todavía no creen en Él. Niegan su divinidad. Pero aunque Jesús hubiese sido únicamente un hombre, un profeta más, su ejemplo de moralidad, amor, generosidad y entrega es tan colosal que sólo por ello ya merecería tener escrito su nombre con letras de oro en nuestros corazones. Es alguien cuyo ejemplo intachable de conducta ha generado una revolución de amor que hace que millones de seres humanos quieran ser mejores personas cada día y que ofrezcan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio.

La cultura occidental no se entendería sin el judeocristianismo. Incluso nuestro calendario parte de su nacimiento. Muchos afirman  que  Jesús no nació el 25 de diciembre. En realidad, esta fecha es un mero convencionalismo. Poco importa que viniera al mundo en diciembre o en agosto, que fuese rubio o moreno, que muriese con 33 años o con 38. Eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es su ejemplo intachable y su mensaje de salvación. Estas Navidades son una muy buena oportunidad para permitirle nacer en nuestro corazón y cambiar nuestras vidas.

Falacia atea: Dios es comparable a los unicornios y otros seres imaginarios.

«Dawkins compara con frecuencia la creencia en Dios con una creencia infantil en Santa Claus o el Ratoncito Pérez, diciendo que es algo que todos deberíamos superar. Pero la analogía es imperfecta. ¿Cuánta gente conocen que empezase a creer de adulta en Santa Claus?» Alister McGrath (teólogo).

En este debate interminable acerca de la existencia o no de Dios, muchos creyentes afirman que los ateístas no pueden demostrar la inexistencia del Señor. Y éstos a su vez responden que resulta imposible probar que un ser imaginario no existe. Por ejemplo, no podemos demostrar la inexistencia de seres de fábula como Santa Claus, los unicornios, los dragones o la tetera voladora, y este hecho no los convierte en seres reales. Igual ocurre con Dios, en opinión del escritor Richard Dawkins.

El articulista de BiblicaMente.org advierte de la trampa que supone comparar a Dios con archiglifos voladores y otros seres de fantasía. La cuestión es que hay algo que resulta indiscutible que sí existe: la realidad; es decir, el Universo, la Tierra, las personas… Por lo tanto, el auténtico quid del debate es argumentar acerca de las causas, de los orígenes, de los fundamentos de ese Universo que está ahí. ¿Qué explicación emplean los ateos para justificar esta realidad que podemos ver?

Dice así: «Y si los creyentes afirmamos que la realidad es originada y sustentada por ‘Dios’, los ateos afirman que la realidad es originada y sustentada por el azar y la necesidad. En el fondo, demostrar la inexistencia de Dios es equivalente a demostrar la posibilidad de que el azar y la necesidad sean capaces de generar el Universo y conseguir un nivel de evolución capaz de producir seres semejantes a los humanos.  Y en esto tampoco los ateos han tenido éxito. Ni lo tendrán   jamás».

¿Qué es más lógico? ¿Pensar que Dios creó el Cosmos o que éste nació él solito por pura casualidad? «Tengo la convicción de que es muchísimo más factible demostrar que el fundamento de la realidad está una entidad inteligente (a la que habitualmente llamamos Dios) que no en la capacidad de la ‘nada’ para generar la existencia del Universo pilotada exclusivamente por el azar y la necesidad (cosa que afirma Stephen Hawking, pero sin aportar demostración)» -añade BiblicaMente-.

Y concluye: «Así, pues, en el futuro evitad el error de pedir la demostración de la ‘inexistencia de Dios’. Mejor solicitar la demostración de que el azar y la necesidad son capaces de generar el Universo (o los Universos). Ésta sí es una afirmación de los ateos, que en buena lógica deben demostrar». El razonamiento es impecable. La realidad existe, de eso no hay duda, y ver en el azar su causa es algo nunca demostrado y además menos racional y menos lógico que la tesis de que haya un Creador.

Para leer  el estupendo artículo original de BíblicaMente pinche aquí.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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La adorable coquetería de las mujeres.

Una de las cosas más divertidas y fascinantes de las mujeres es su coquetería. «Para presumir hay que sufrir» -dicen-. Las féminas son capaces de lo que sea por tal de estar guapas. Son capaces de someterse voluntariamente a todo tipo de tormentos que la mayoría de los varones no aceptaríamos ni aunque nos apuntasen con una pistola. Porque vete tú a decirle a un hombre que se depile las ingles, a ver qué te contesta. Es la tiranía de la estética. Como en el cuento de Blancanieves (espejito espejito, dime quién es la más guapa), también en la vida real las féminas compiten ferozmente entre ellas por ver quién de todas está más buena.

Siempre me ha sorprendido lo diferentes que somos. Un chico se viste con lo primero que pilla en el armario mientras que ellas pueden tener un ropero repleto de conjuntos y no saben qué ponerse. Las damas buscan que sus zapatos y bolsos combinen los colores cuando los hombres somos capaces de presentarnos en una fiesta con un chándal y unas zapatillas llenas de mugre. Ellas acostumbran a estar horas frente al espejo poniéndose divinas y sufren caminando con tacones de vértigo; nosotros buscamos la comodidad. Si una mujer sube un par de kilos es el fin del mundo mientras que un varón come paella y pollo frito sin remordimiento alguno.

Están arreglándose durante horas pero vale la pena esperarlas porque nos dejan con la boca abierta. Son increíbles: sólo ellas son capaces de ponerse un escote o una minifalda en el más crudo invierno  porque no les importa pasar frío con tal de atraer las miradas masculinas. Es ley de vida. La hembra quiere gustar al macho. Pasa con los animales y pasa con las personas. A una mujer de verdad le gusta gustar, le gusta sentirse atractiva, saber que puede volver loco de pasión a su macho. Es su naturaleza. En el fondo, ellas siempre se han sentido como pez en el agua con ese papel de «objeto de deseo» que la sociedad les concede cada día.

Muchos infelices dicen que todas estas cosas se deben a la influencia de los medios de comunicación. No es cierto; en la Edad Media, cuando no existía la televisión ni las pasarelas de moda, en Europa el cánon de belleza pasaba por la blancura de piel. Todas querían ser cuanto más pálidas, mejor. Tanto era así que muchas chicas voluntariamente aceptaban criar tenias intestinales en sus entrañas para que les hicieran enfermar  y así tuvieran ese aspecto macilento que por entonces se consideraba sexy. Actualmente han llegado a otros extremos: la cirujía estética, la silicona, los rayos uva e incluso hasta auténticos peligros como la anorexia o la bulimia.

Desde niño me ha fascinado la coquetería femenil. Entonces me llamaba mucho la atención ver cómo mis hermanas mayores se maquillaban. Y hoy me fascina ver cómo mi novia se pasa horas (literalmente) frente al espejo poniéndose sexy para mí. Me enamora y me divierte. Seducción y sensualidad son atributos femeninos. Ellas son así y ojalá que nunca cambien. Es de agradecer todo cuanto hacen por embellecerse. Cuando Dios las diseñó sabía bien lo que hacía. Si el mundo fuera un jardín, ellas serían las flores. Si las féminas no existieran, desaparecería lo más bello de la creación. Son maravillosas. Que vivan las mujeres y la madre que las parió.

Falacia atea: Dios es malvado porque creó el mal.

 

Circula en internet un espectacular vídeo publicitario del Congreso Razón y fe que la Universidad de Lima organizó en 2009. En él se ven imágenes en blanco y negro de un maestro de escuela que está hablando en alemán a sus alumnos y les dice que va a probar que si Dios existe es malo. El maestro les explica que si Dios lo ha creado todo, en ese caso también ha creado el mal, lo cual le convierte en un ser perverso. Entonces uno de los niños se pone en pie y le pregunta al maestro si existe el frío. El mentor, sorprendido, le responde que sí, que naturalmente que existe.

El niño le replica que según las leyes de la física el frío no existe, que lo que nosotros entendemos como frío es en realidad ausencia de calor. Acto seguido le pregunta a su profesor si existe la oscuridad, a lo cual responde afirmativamente. Nuevamente el niño le aclara que la oscuridad como tal no existe, que realmente es ausencia de luz y que así como no existe la oscuridad tampoco existe el mal, que Dios no ha creado el mal y éste es el resultado de que el hombre no tenga el amor de Dios en su corazón. El niño se sienta en el pupitre. Su nombre es Albert Einstein.

No sé si la anécdota es real o ficticia. Lo que sí sé es que muchos acusan Dios de malvado porque entre otras cosas creó al demonio. Pero el Señor jamás creó ningún demonio. Creó ángeles y un tercio de los cuales decidió rebelarse contra el orden del Señor. Fueron creados como ángeles pero se convirtieron en diablos por voluntad propia. De igual modo tampoco creó la maldad, que es ausencia de bien. ¿Qué sentido tiene que los humanos nos apartemos voluntariamente de Dios (como hicieron los demonios) y luego le culpemos del mal que se extiende por el orbe?

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Ser carcelero y no llevar ni porra.


Imagine por un momento que usted es funcionario de penitenciaría y que tiene que conseguir que los reclusos, tras haberse duchado, regresen dentro de su prisión. Imagine que ni usted ni el resto de carceleros lleva pistola ni porra y que es más; que ni tan siquiera puede acompañar suavemente con la mano a los prisioneros porque al más mínimo roce te sueltan: “No me toques que te denuncio”. Al final no quedaría más remedio que pedir por favor, o hasta suplicar al reo que obedeciera. ¿Verdad que una cárcel así sería un auténtico disparate? Pues en eso mismo se han convertido las aulas.

Desgraciadamente, hoy los menores de edad están sobreprotegidos (por la ley, por sus padres y por la sociedad). Poco puede hacer un profesor aparte de dar un chillido y pegar un puñetazo en la mesa. Si a un alumno le dices: “Te pongo un parte” te contesta: “Ponme dos”. Si le dices: “Vete de clase” se irá… si le da gana irse, claro. Siempre queda la amenaza de suspenderle pero a muchos chicos, que vienen a clase obligados por la ley, les da absolutamente igual la nota. Dicho de otro modo: al profesor se le ha restado la autoridad, no puede hacer nada y lo peor de todo: el alumno lo sabe.

Conozco casos de estudiantes que le preguntan a los profesores: “¿Para qué sirven los partes? ¿Cuántos hacen falta para que te expulsen? Es que a mí me han puesto más de 30 y no me ha pasado nada”. ¿Qué ocurriría si a un ciudadano le pusieran 30 multas y no pasara nada? ¿Que ni viniera la grúa ni le embargaran la nómina ni nada de nada? Seguramente, la población haría lo que le viniese en gana, y cuando un agente fuera a ponerles una multa por haber aparcado en doble fila, le responderían: “Anda majo, ponme dos”. Ésta es la educación que le estamos dando a nuestros hijos.

Canarias: la colonia más antigua del mundo.


Canarias es, posiblemente, la colonia más antigua del mundo. Desde que Castilla la conquistó en el siglo XV. Sus ancestrales raíces guanches, la posterior influencia caribeña y europea, el silbo gomero, su insularidad y la distancia respecto a la Península son hechos diferenciales que refuerzan un sentimiento identitario acusado.

Las Islas Canarias luchan por ser nación. El canario es un nacionalismo tapado, del que nunca se habla, pero que cuenta con todo el potencial del mundo. Los canarios ya tuvieron un papel clave en la independencia de Venezuela y ahora cada vez más gente demanda un estado libre asociado a España o incluso uno propio.

Los nacionalistas aducen que así se dispondría de aguas marítimas propias, que las empresas instaladas allí que ahora tributan en Madrid tendrían que hacerlo en las islas y sobre todo que se pondría fin al sistema colonial español. Y añaden que no por tener un estado pequeño deberían ser invadidos y ponen como ejemplo a Malta.

Las Canarias son las islas afortunadas; paraíso natural de singular belleza, una tierra de carnavales, mujeres hermosas y perenne buen clima, un crisol de culturas fruto mestizo de la tradición guanche, castellana y americana. País de ilustres: Aldredo Kraus, César Manrique, Benito Pérez Galdós o Juan Negrín.

Esta patria es un paradisíaco enclave y una potencia turística pero también un territorio menudo y superpoblado desbordado por la inmigracion española y africana. La avalancha migratoria está devorando los limitados recursos del Estado del bienestar y provocando graves problemas de paro y hasta de espacio físico.

En el siglo XV el líder aborigen Tenesor Semidán trató de negociar con los Reyes Católicos un reino canario. No le escucharon. Hoy el 60% de la población se siente más canaria que española. Y quién sabe qué puda ocurrir en una futura España donde ya no estarán catalanes ni vascos. Quizás Semidán vea cumplido su sueño.

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