Andorra: el país de los Pirineos.

Enclavado en el corazón mismo de los Pirineos se encuentra un diminuto país: Andorra. Este principado tiene como jefes de estado al obispo de Urgell y al presidente de la República Francesa. Carece de fuerzas armadas propias y su defensa es responsabilidad directa de España y Francia. El catalán es la lengua oficial.

La historia de Andorra es un juego de supervivencia y malabarismos para mantener unos privilegios. Ha sabido jugar sus cartas para no ser anexionado por París ni por Madrid y  mantener su independencia desde 1278. Por siglos ha disfrutado de una vida tranquila, ajena a las sempiternas guerras y crisis de Europa.

30.000 andorranos y 50.000 extranjeros sin derecho de voto viven cómodamente de la banca privada, pistas de esquí, bazares de electrónica y perfumerías. Es un paraíso fiscal de fuerte secreto bancario y nula fiscalidad directa que le permite atraer grandes fortunas pero también fuertes presiones de la Unión Europea (UE).

Andorra está en la encrucijada: seguir siendo un paraíso blindado a la competencia internacional o abrir sus fronteras a inversores extranjeros para que los empresarios andorranos, en reciprocidad, puedan hacer negocios más allá de sus fronteras sin pagar unos fuertes aranceles. Espléndido aislamiento o economía global.

Andorra estudia cómo abrirse al mundo pero le da mucho miedo. El país es muy pequeño y no puede aceptar la libre circulación de personas, porque llegaría una avalancha de foráneos ni tampoco la de capitales, ya que una multinacional gala podría comprar el país entero. Y si entrara en la UE al ser rico sería contribuidor neto.

Cómo no quedarse aislado y al mismo tiempo mantener los actuales privilegios. He ahí el dilema. Sin duda una difícil partida de poker la que tienen que jugar sus políticos. Pero Andorra es un país de estrategas acostumbrados a negociar. Llevan siglos haciendo malabarismos diplomáticos y hasta la fecha, siempre les ha salido bien.

No es país para honrados.

Me doy una vuelta por Vinaroz por la noche durante sus fiestas locales. Hay una feria donde la gente se divierte. Veo que hay varios comerciantes que han puesto un tenderete para vender sus productos pero el Ayuntamiento los coloca en un rincón marginal donde apenas pasa el personal y no venden nada. Después paso por la zona donde más gentío hay y encuentro un montón de  africanos ilegales vendiendo sus productos en medio del paseo, en una zona rebosante de público y la policía local no hace nada. CONCLUSIÓN: Si pagas impuestos y cumples la ley te mueres de hambre. Si pasas del Ayuntamiento te dejan situarte en la mejor zona, ganas más dinero y encima no pagas ni un euro. Todo lo que ganas es para ti.

El sistema educativo es curioso. A los alumnos de secundaria obligatoria que estudian y se esfuerzan les ponen exámenes de nivel. A los que se pasan todo el curso rascándose la barriga, los destinan el último curso a «diversificación»; es decir; un curso con un nivel mucho más bajo pero que si lo aprueban obtendrán el graduado de la ESO exactamente igual que los alumnos de otros grupos que han estado trabajando duro durante cuatro años. CONCLUSIÓN: Ya que al final de la corrida el tonto obtiene el mismo título que el  inteligente, y el vago el mismo  que el trabajador ¿para qué esforzarse?  Tan válido es trabajar duro y hacer los deberes como no dar ni golpe en cuatro largos años… ¡Al final, el resultado es el mismo!

Salgo a la calle. Veo a la gente marchando de aquí para allá, trabajando. Entro a una tienda a comprar una cosa y casi no tengo dinero en el bolsillo. Entre el alquiler, los impuestos y la gasolina cada vez cuesta más llegar a final de mes. Salgo de la tienda y miro la barriada gitana. Un montón de gitanos gordos que no han pegado un palo al agua en su vida, sentados en sillas de plástico, tomando el sol y rascándose la barriga. Tienen una vivienda social por la cara y ayudas de todo tipo. Sin trabajar. Y encima venden droga. CONCLUSIÓN: Si eres honrado los impuestos que pagas mantendrán a los parásitos. Si eres un caradura y no declaras nada a Hacienda, el Estado te premiará y recibirás todas las ayudas del mundo.

Un amiguete me cuenta que si unos okupas se apoderan de una vivienda de tu propiedad y quieres desalojarlos, ni se te ocurra denunciarlos a la policía. No sólo no los expulsarían de tu propia casa sino que encima el asunto se podría demorar en los tribunales durante años. Y para cuando tuvieras una sentencia del juez para echarlos del piso, estaría arrasado. Lo que hay que hacer es asegurarse de que no haya nadie en casa y entonces que un cerrajero te abra la puerta, cambie el paño y así te metes tú dentro. Luego, cuando regresen los okupas, llamas a la poli y dices que unos tipos quieren entrar en tu propiedad y niegas que hayan estado viviendo allí. CONCLUSIÓN: No confíes en las autoridades, mejor confía en ti mismo.

Unos ladrones entran por la noche al chalet de un tío para robarle. Pero tiene un perro que les sorprende con las manos en la masa y les ataca. Los ladrones denuncian al propietario del perro y van a juicio. Al final, el perro es sacrificado y encima el tío debe compensar con una indemnización millonaria a los asaltantes. No te cuento la que se habría liado si la víctima se hubiera defendido con un arma de fuego. CONCLUSIÓN: Vivimos en un paraíso penal donde las leyes protegen a los criminales y no a los ciudadanos honrados. No por casualidad las mafias y escoria de los cuatro rincones de la Tierra emigran en masa a este su particular El Dorado. Habrán oído eso que dicen de que mejor en España no se vive en ningún sitio.

Benidorm: l’excelència a la qual tots deuriem aspirar.

Benidorm és un dels majors símbols de l’esperit mamprenedor dels valencians. Fa unes dècades, era una menuda vila de peixcadors d’a on la gent devia emigrar en busca de faena i ara és una de les ciutats més turístiques del planeta. Benidorm s’ha convertit en un paradisíac enclau a on acodixen millons de turistes procedents d’Espanya, França, Holanda, Alemanya, Anglaterra o Suècia atrets per l’excelència de les seues plages i per la seua potent infraestructura hotelera i d’oci.

Benidorm és un eixemple de cóm es pot transformar un solar erm i estèril en una indústria multimillonària que genera riquea i puestos de treball. I és l’antítesis de la mentalitat castellana que, en reiterades ocasions, ha mostrat la seua incapacitat per a fer prosperar un lloc, i ahí estan Extremadura, Andalusia o La Mancha, a on la gent no vol treballar perque preferix viure dels subsidis. I és que les cultures que no es basen en l’esforç i la superació personal produïxen tercermundisme i pobrea.

Pero mentres des l’estranger alaben lo nostre i viagen des de ben llunt per a fruir del clima de la denominada Florida europea a voltes des de dins del nostre propi Regne alguns malparits antivalencians es dediquen a posar pals en les rodes del nostre progrés. Aixina, des d’un ecologisme irresponsable i tronat es preferix el vell Benidorm, a on la gent havia de fer les maletes per falta de treball, a este que és la gallina dels ous d’or. Per als verts lo sostenible consistix en que el poble es muiga de fam.

Des d’una esquerra marxista i trasnochada -valga la redundància- es considera «fascisme» i «especulació» que els valencians tingam una indústria turística de primer orde, pero yo alabe el m0del de Benidorm que, llunt de l’elitisme de Mónaco, dispon de la millor oferta a preus molt raonables aptes per a totes les bojaques.  Turisme no sols per a rics, sino també per a la classe mija i proletària. Al cap i a la fi ¿qui no dispon de 150 euros per a escapar-se un fi de semana a un hotel?

I el catalanisme repudia els camps de golf només quan estan fòra de Catalunya. A mi em pareix de categoria que hi hagen camps de golf, perque gràcies ad ells moltes famílies poden donar de menjar als seus fills. Ademés, via imposts, generen suculents ingresos per als ajuntaments, que es traduïxen en més i millors servicis per als ciutadans. A on hi haja un bon hotel que es lleve un fangar replet de mosquits. Benidorm és el símbol del progrés i a qui no li agrade, que estiueje en Terol.

El noble arte de dormir la siesta.

Hay pocas cosas que me gusten de España pero las que me gustan, me encantan, como la tortilla de patatas o la siesta. Antiguamente, los europeos nos miraban con mala cara y nos acusaban de vagos por descansar media horita después de comer. Pero desde hace años esa perspectiva ha cambiado… Los turistas europeos que vienen a nuestras tierras se dan cuenta de que recién comido, con el sopor de la digestión y lo cálido del clima mediterráneo, el cuerpo pide un descansillo. Además, científicos alemanes certifican las bondades de la siesta; te oxigena el cerebro y tras esta breve pausa, estás mucho más activo. Es como recargar  las pilas.

Supongo que en Siberia o en Escandinavia, a 20º bajo cero, a uno no le entra sueño después de comer, pero aquí, con este clima que es la envidia de Europa, es normal parar para reponer energías. Yo quiero rendir tributo a nuestro particular yoga ibérico, que debería ser declarado por la UNESCO patrimonio inmaterial de la humanidad. No pocos médicos recomiendan una siesta de 20 a 30 minutos  pero personalmente la prefiero de dos o tres horitas en la cama, una siesta de pijama, Padrenuestro y orinal, que decía el  escritor Camilo José Cela. Dormir la siesta es todo un arte… No todo el mundo vale para ello. Hay que tener casta y oficio.

Valéncia o Espanya.


Valéncia o Espanya. Fèrtils terres d’arrossars i tarongers o una estèril planura plena de matolls treta de Mad Max. Un païsage replet de vida i esperança o un digne d’un holocaust atòmic. Mamprendre una empresa o viure dels subsidis. Currar prop de casa o nàixer en la maleta baix del braç. Parlar castellà, valencià i anglés o a mí me habla usted en cristiano. Jaume I el Conquistador o Felip V Cremar Falles o torturar bous. Els Moros i Cristians o la Feria de Abril. Treballar o fer palmes en un bar. Francesc de Vinatea o Zapatero. Decidir el nostre propi destí o que el decidixquen per mosatros des de Madrit i Barcelona. La RACV o la AVL. Valéncia C.F. o Real Madrit. El Palleter o Rita Barberà. Acollir al foraster o ni una gota d’aigua per als valencians. Valencià en les escoles o països catalans. El segle XV o un país de caspa i pandereta.  Ofrenar noves glòries a Valéncia o l’espoli fiscal. Un poema d’Ausias March o el soroll d’escopir quan pronuncies la jota. Cultura o analfabetisme. Civilisació o barbàrie. Primer Món o Tercer. Un Estat Valencià o una comunitat autònoma. Ser lliures o ser esclaus.

¿Cuántas lenguas se hablan en España?

Muchas personas creen que en España sólo se habla el castellano. Otros, que únicamente se hablan cuatro idiomas (castellano, gallego, vasco y catalán). La realidad es más compleja. Sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a hacer un breve repaso a las lenguas que se hablan en ese estado plurilingüe y pluricultural que es España:

1. Castellano. Se habla en toda España. Lengua oficial del Estado. 45.000.000 de hablantes. Es la lengua dominante en todos los territorios, tanto en aquellos que son monolingües como en los que tienen una lengua propia. En este segundo caso, el castellano supone un duro competidor para las lenguas minoritarias, que a menudo quedan relegadas a un papel secundario o incluso se ven abocadas a morir.

2. Gallego. Oficial en Galicia.  2.600.000 hablantes. Está estrechamente emparentada con el portugués, con el que estuvo unido en la Edad Media. En proceso de normalización.

3. Asturiano. También conocido como bable. Se habla en Asturias. Una ley lo reconoce como lengua a proteger, promover y difundir en los medios de comunicación y en la enseñanza, pero no como lengua oficial. 100.000 usuarios. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

4. Eonaviego. Se habla en la región asturiana de Eo-Navia (frontera de Asturias con Galicia). Es una mezcla de gallego y asturiano que muchos consideran una tercera lengua distinta de las dos anteriores. 45.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

5. Cántabro. También conocido como montañés. Se habla en Cantabria. 120.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

6. Leonés. Se habla en Castilla y León. Concretamente en las provincias de León y Zamora. 25.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

7. Extremeño. También llamado castúo. Se habla en Extremadura, concretamente en el noroeste de la provincia de Cáceres. Se cree que hay unos 200.000 hablantes, aunque posiblemente sean muchos menos. No hay estadísticas fiables. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

8. Fala Galaico-Extremeña. Se habla en la frontera de Extremadura con Portugal. Concretamente en el Valle de Jálama, en las localidades de San Martín, Eljas y Valverde. 6.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

9. Vasco. También llamado euskera. Oficial en el País Vasco y Navarra. 900.000 hablantes. En proceso de normalización. Es, posiblemente, la lengua más antigua de Europa, anterior al latín y sin conexión con ningún idioma conocido.

10. Altoaragonés. Se habla en el norte de Aragón, en la provincia de Huesca. Una ley lo reconoce como lengua que deberá ser objeto de protección y promoción, pero no como lengua oficial. 12.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

11. Aragonés oriental. También conocido como chapurriau. Se habla en el este de Aragón, en la frontera con Cataluña. 30.000 hablantes. Retrocede frente al castellano. En proceso de anexión por el catalán. En peligro de extinción.

12. Aranés. Solamente se habla en la pequeña comarca catalana del Valle de Arán pero es oficial en toda Cataluña. 5.000 hablantes. En el pasado fue considerado un dialecto del catalán. En proceso de normalización.

13. Catalán. Se habla en Cataluña, donde es oficial. 4.600.000 hablantes. En proceso de normalización y de expansión. El nacionalismo expansionista catalán promueve activamente la anexión de idiomas vecinos. De hecho, el catalán es oficial en Baleares (de iure) y en Valencia (de facto) y está penetrando en el Aragón Oriental.

14. Valenciano. Se habla en Valencia, donde es oficial en la teoría. 2.000.000 de hablantes. Retrocede frente al castellano. En proceso de anexión por el catalán, que es oficial en la práctica. En peligro de extinción.

15. Balear. Se habla en las Islas Baleares. 600.000 hablantes. Se compone de los dialectos mallorquín, menorquín e ibicenco. Retrocede frente al castellano. En proceso de anexión por el catalán, que es oficial. En peligro de extinción.

16. Murciano. Se habla en la Región de Murcia y en las comarcas limítrofes de Andalucía, Castilla-La Mancha y Valencia. Número de hablantes desconocido. En proceso de anexión por el castellano. En peligro de extinción.

17. Silbo gomero. Es un lenguaje silbado practicado en la isla de La Gomera (Islas Canarias) para comunicarse a través de barrancos. Declarado patrimonio etnográfico de Canarias, se promueve su enseñanza en la escuela.

18. Caló. Es el idioma del pueblo gitano, que no tiene una distribución territorial fija. Se cree que lo hablan 100.000 personas, aunque no hay estadísticas fiables. Retrocede frente al castellano. En peligro de extinción.

NOTA IMPORTANTE: Algunos de estos idiomas parten un tronco común, por lo se parecen mucho entre sí y por lo tanto sus hablantes son capaces de entenderse sin excesivas dificultades. Se debe a que todos ellos forman parte de una misma familia de lenguas. En el Estado Español encontramos las que siguen:

Familia 1: Gallego, eonaviego y fala galaico-extremeña.

Familia 2: Asturiano, leonés, extremeño y cántabro.

Familia 3: Aragonés oriental, aranés, catalán, valenciano y balear.

¿Por qué son tan vagos los españoles?


Tengo un conocido alemán que se tuvo que trasladar de su país a Barcelona por requerimiento de la multinacional para la que trabaja. Dice que odia España, que los españoles son unos vagos y que no le extraña que sean pobres porque no tienen ganas de trabajar. La verdad es que el tío tiene razón. En Alemania por ejemplo nada más entrar en un restaurante el camarero ya te está atendiendo (y eso que aún no te ha dado tiempo ni a sentarte) mientras que en España te sientas en la mesa y a menudo debes esperar a que te atienda un camarero que no está haciendo nada en esos instantes. En España hay mucho vago. Hay mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Así es normal ser pobres.

En un negocio de atención al público, es muy frecuente encontrar empleados que pasan olímpicamente de sus clientes. Se les ve trabajando con total desgana. Y lo entiendo… porque en la mayoría de los casos cobran una miseria por hacer un montón de horas al día (ojo, que no se confunda esto con trabajar mucho) y la mayoría sabe que, da igual que lo haga bien, mal o regular, porque en cuanto se agote su contrato temporal de seis meses lo más probable es que su jefe le despida para contratar a otro tío. Así que si vas a ser despedido sí o sí… ¿para qué esforzarse? En España hay una coyuntura laboral en la que resulta muy difícil (que no imposible) quedarse en una empresa ya que al gerente le sale más barato contratar a un empleado nuevo y deshacerse del viejo que ofrecer un puesto indefinido a uno que ya tenía antes. Que pregunten a los curritos de Carrefour si no.

Yo he tenido todo tipo de empleos. Algunos en los que cobraba una limosna y otros en los que percibía un buen sueldo. En algunos curraba como un cabrón y en otros casi no pegaba ni golpe. Pero en todos ellos he tratado siempre de dar lo mejor de mí mismo y de que tanto mi jefe como los clientes quedaran satisfechos. Hay muchos españoles que desahogan su frustración atendiendo con desgana a los clientes. A mí esto me molesta profundamente. Mira, si cuando eras joven preferiste ir a bailar a la discoteca en lugar de estudiar y ahora tienes un trabajo patético en el que te sientes frustrado y no llegas a final de mes, pues ajo y agua. Pero yo, como cliente, no tengo por qué pagar los platos rotos de que tú cobres poco o que tu empleo sea deprimente. Es el trabajo siempre hay que dar lo mejor de uno mismo porque, de lo contrario, nunca jamás vas a poder prosperar en la vida.

Nuestro modelo laboral es una locura. En Europa Central y del Norte al empleado se le exige productividad, en España se exige hacer horas. Cuantas más mejor. Casi nunca se respeta el horario establecido de laborar ocho horas diarias. Lo normal es hacer siempre una o dos más (y lo normal es no cobrarlas). El problema es que se hacen un huevo de horas pero la faena no cunde. Porque de esas ocho horas, a menudo realmente se curran cinco. Y las otras tres se pierden en ir de aquí para allá, charlar con el compañero, fumarse un cigarrito, tomarse un café… En Holanda por ejemplo si ha acabado tu jornada laboral y todavía te quieres quedar más horas en el trabajo tu encargado lo ve mal… Significa que no has sido productivo… que nos has podido acabar a tiempo la faena. En España te piden cumplir con un horario, en Europa resultados. Es el Tercer Mundo contra el Primero.

Gran parte de la culpa la tienen los empresaurios de España, cuya mentalidad quedó anclada en el siglo XIX. En el puerto de Rotterdam por ejemplo, se puede cargar un barco entero de contenedores con solamente tres operarios. En Algeciras por ejemplo, harían falta al menos veinte. ¿La diferencia? Que los holandeses tienen alta tecnología, allí es todo mucho más mecanizado y por lo tanto necesitas menos trabajadores y te puedes permitir el lujo de pagarles sueldazos. Por contra, aquí nuestros empresaurios siguen apostando por el modelo obsoleto de la mano de obra barata… No quieren tecnología, luego no queda más remedio que contratar más peones… Al tener tantos, el empresaurio se ve forzado a tener que pagarles mucho menos. El problema en sí es que incluso así sigue siendo mucho más barato cargar un barco en Holanda o Alemania que en España.

Otra locura es el horario partido que tenemos. En casi todo el planeta se aplica el horario internacional… Es decir, te levantas bien temprano… trabajas tus ocho horitas de un tirón y  la tarde la tienes libre. En España trabajas por la mañana, haces un parón de dos horas para comer y luego, con todo el sopor de la digestión, te reincorporas por la tarde. Entre pitos y flautas esto significa que entras a trabajar a las nueve de la mañana y acabas a las nueve de la noche. No tienes tiempo para disfrutar de tu familia pero es que encima no sirve para nada… porque en diez horas de trabajo un español no hace ni la mitad de producción que un sueco en cinco. ¿No sería mucho mejor acabar el trabajo cuanto antes (bien hecho, claro está) y marcharnos a casa a disfrutar de nuestra vida personal? ¿Para qué pasarte 20 horas diarias en una oficina si te pasas el día perdiendo el tiempo?

Hay un dicho en Alemania que reza que si a un católico le das a elegir entre comer bien o dormir tranquilo, escoge lo segundo. El filósofo Max Webber ya explicó en su día por qué los protestantes son más ricos que los católicos… se esfuerzan más, trabajan más duro, tienen más ambición en prosperar, no son tan conformistas y sobre todo tienen más ética en el trabajo. No es de extrañar pues que la Europa protestante sea rica y la católica pobre o que lo mismo ocurra con América. Además de esto, en España se suman otros factores, como por ejemplo la clásica picaresca… En España está bien visto el que defrauda a Hacienda, el que se escaquea del trabajo. A menudo cuando un trabajador suda la camiseta en su empresa, despierta la inquina de los compañeros más vagos pues queda al descubierto su vagancia y se confabulan contra él para intentar que lo despidan pronto.

En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. En los Estados Unidos se anima a los universitarios a hacerse empresarios, aquí a presentarse a unas oposiciones y conformarse con un sueldecillo y un empleo estable. En los países anglosajones lo normal es querer formar tu propio negocio, en España lo normal es trabajar para otros. Si le planteas a tu familia ser autónomo te miran como a un extraterrestre y no es para menos porque son tantas las trabas burocráticas y fiscales que existen, que no vale la pena montar una empresa en España. Es triste decirlo pero es la pura verdad. En los Estados Unidos los ricos despiertan admiración. En España si partes de la nada, trabajas duro y te enriqueces en lugar de respeto despiertas la envidia de los vagos, los pobres y los vecinos.

Algunos achacan la pereza hispánica a su clima soleado y mediterráneo. Como si por el solo hecho de que haga calor, los españoles tuviesen que dormir la siesta en lugar de trabajar. Yo no creo que el clima tenga nada que ver, porque en California hace calor y la gente es trabajadora. Lo de España tiene más que ver con una mentalidad de hacer  el vago, de trabajar  lo menos posible aunque sea a costa de no poder llegar a final de mes. En este estado hay todo un sistema que fomenta, alienta y premia el parasitismo. Empezando por el rey, que cobra diez millones de euros anuales por dar la Copa una vez al año y leer el discurso de Navidad. No hay una mentalidad de esfuerzo, de sacrificio. Los alumnos pasan de curso casi sin estudiar. Y los mendigos, gorrillas y parásitos de Europa del Este vienen en oleadas a España porque saben que es el país ideal para poder vivir del cuento.

Por supuesto en este  país de países que es España no todos los pueblos son iguales. Hay unos más vagos que otros. En general, los que tienen una lengua propia (valencianos, baleares, catalanes, vascos, navarros…) suelen ser mucho más desarrollados, despiertos y emprendedores que los pueblos monolingües castellanos. A mayor dosis de castellanismo, mayor dosis de pereza y de pobreza. Hablo en general, por supuesto siempre hay excepciones. Pero qué duda cabe de que manchegos, extremeños o andaluces trabajan poco. Tan subvencionados están que se han acostumbrado a vivir de las limosnas que da el Estado (como en Cuba o Venezuela), con lo que, paradójicamente, las jugosas ayudas económicas que perciben para intentar desarrollarse son la mayor barrera a su desarrollo. ¿Para qué esforzarte si puedes vivir sin apenas trabajar? España es una fábrica de vagos.

Euskadi: los pieles roja de Europa.

Entre un cielo gris como la ceniza y las praderas verdes existe un pueblo al que el cineasta Orson Welles ya retrató como distinto de cualquier otro. Los vascos no son españoles ni franceses. Los vascos son vascos. Son diferentes. Un pueblo aborigen heredero de los antiguos vascones. Ellos son los auténticos pieles roja de Europa.

El actual Euskadi nace en los años 70 con la fusión de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su nacionalismo expansionista no obstante trata de anexionarse Iparralde y Navarra. Tristemente ETA es la imagen de Euskadi en el mundo. La banda terrorista ha asesinado a un millar de personas y hace que la gente esté muerta de miedo.

Los vascos son profundamente raros, cerrados, conservadores y tradicionalistas. Existe un fuerte sentimiento de pertenencia al grupo y pánico a quedarse fuera del mismo. Allí prima una mentalidad donde lo que importa es el colectivo y el individuo no cuenta. Son patriotas orgullosos de ser vascos y están apegados a su tierra.

Su lengua es extrañísima, más antigua que el latín y sin conexión con ninguna otra. Se compone de siete dialectos entre los cuales hay más diferencias que entre italiano y español. Sus históricos privilegios forales han forjado una patria industriosa y rica. Es un pueblo profundamente trabajador con una economía robusta.

Álava tiene la capital administrativa, Bilbao la musculatura industrial y financiera y la bellísima San Sebastián es la agitadora cultural en cine, música y arte. Patria fecunda en literatos como Nicolás de Ormaetxea, Gabriel Aresti, Bernardo Atxaga, Sabino Arana, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blas de Otero, etc.

En esta ancestral tierra existe un conflicto vasco-español o vasco-vasco, que de todo hay, entre quienes desean la independencia y quienes se oponen a ella. Los vascos gozan de una de las identidades más acusadas del orbe y tienen derecho a decidir su futuro en paz. Es sólo una cuestión de tiempo que sean una nación libre.

Tercermundismo centralista o autonomía.

Desde hace tiempo venimos escuchando un ronroneo preocupante: hay que eliminar las autonomías. Este discurso suena con mucha fuerza en la Meseta pero carece de apoyos fuera de ella. Es la típica soflama del nacionalismo español; ése que siempre se presenta como no nacionalista y que siempre es el más nacionalista de todos. Pretender eliminar las comunidades autónomas significa ni más ni menos que apostar por el modelo tercermundista de Marruecos, Nepal o Chad. En la Meseta hay muchos descerebrados que piensan que España sería un país idílico si todos fuésemos exactamente iguales (a ellos, claro). Y por eso que mejor que un estado bien centralista en el que 45 millones de habitantes dependan de Madrid.

La República Bolivariana de Venezuela es un país plenamente centralista. Tanto es así que  por ejemplo para renovar el pasaporte debes pedir cita en Caracas. Es decir, puedes vivir en el Estado Amazonas (en la frontera con Brasil) y simplemente para renovar el pasaporte debes viajar en autobús durante casi 20 horas o tomar un avión para ir a Caracas. Esto es lo que a muchos madrileños y castellanos les gustaría. Que uno tenga que desplazarse desde Tenerife hasta Madrid solamente que para que le pongan un cuño en un papel. Que tengamos que pedir permiso a Madrid hasta para ir a cagar. Los castellanos son así de cutres y tercermundistas. No es casualidad que el interior de España esté como está.

El Estado de las autonomías ha traído un gran desarrollo a las nacionalidades y regiones. Y además es algo inherente a la historia de esta tierra. Porque antes de que existiera España ya habían reinos con tradición, cultura e identidad propias. Los países más desarrollados del mundo, como Alemania o Suiza, son descentralizados. Los Estados Unidos, donde Washington tiene poco poder en comparación con los estados federados, no por ello dejan de estar unidos. Y en España la descentralizacion a los ayuntamientos es la asignatura pendiente para que la administración esté cerca del pueblo. Si puedo resolver un asunto en mi ciudad o como mucho, en la capital de mi comarca ¿para qué tener que ir más lejos?

Ahora se queja la caverna de Almansa de que en el Senado español se usarán las lenguas cooficiales. Que para qué si con un solo idioma (el suyo, claro) nos entendemos todos. Que es un gasto inútil en traductores y que ese coste podría emplearse para asegurar las pensiones. Curiosamente, ninguno de estos centralistas se quejó de que el lehendakari vasco, Paxti López, gastara en tiempos de crisis 60.000 euros en poner banderitas españolas en las comisarias del País Vasco. Que menos que en una cámara que es de representación territorial estén representadas las lenguas de las regiones (aún así, no están representadas todas). Lenguas que nos dicen que son españolas pero que no quieren ver ni en pintura.

Nos dice la derecha más españolista y cavernaria que desde que han entrado en funcionamiento las autonomías, se ha disparado el déficit de forma tremenda. Bueno, también desde que los derechos humanos están en vigor en España se ha multiplicado la deuda y la solución no es volver al franquismo.  El problema no es de autonomías sino de despilfarro y corrupción. Aquí no ha habido reparto de competencias sino multiplicación. Porque por ejemplo de la competencia de turismo se ocupa el estado, la autonomía, la diputación y el ayuntamiento. Cuatro administraciones haciendo todas lo mismo. Y a eso le sumamos la Unión Europea (UE), que nadie bien sabe que demonios hace  pero nos cuesta como si lo hiciese todo.

Si todo el mundo se encarga de todo, lógicamente tendremos unas cuentas insostenibles. De ahí la bancarrota. Pero eso se resuelve haciendo un reparto racional de competencias. De lo que se encargue el Estado, que no se encarguen las autonomías. Y viceversa. Y eliminar las diputaciones provinciales, que ésas sí, son un costoso florero decorativo que no sirve para nada salvo para enchufar a los familiares de los políticos. Pero esto es lo que no quieren ver los nacionalistas españoles… a ellos les gustaría un estado homogéneo, uniforme y centralista. El presidente yugoslavo Slobodan Milosevic también quería hacer lo mismo. ¿Cómo no va a haber separatistas cuando hay separadores? Aprendamos de la historia.

Inglaterra: la nación más poderosa de Europa.

Inglaterra es la nación más poderosa de Europa. La historia de este continente es la de una sucesión infinita de guerras de las que Inglaterra siempre se alza victoriosa. Portugal, España, Francia, Holanda, Alemania, Italia, Escocia, Unión Soviética… todos los imperios han acabado mordiendo el polvo ante la pérfida Albión.

No tiene aliados ni enemigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes.  Los ingleses son unos artistas del «divide y vencerás» y del «esperar y ver». Es una nación capaz de reinventarse a sí misma tantas veces como haga falta, un ejemplo de pragmatismo. No piensa en el interés general sino en el propio, por eso le va bien.

El bravo y nacionalista pueblo inglés es muy celoso de su identidad. Y un rabioso defensor de la soberanía nacional y la libra esterlina frente al proyecto globalizador de la Unión Europea (UE). El idioma inglés, la Iglesia Anglicana, el derecho inglés o su sistema parlamentario están fuertemente implantados en otros estados.

Los ingleses -conservadores, tradicionalistas y liberales- siempre buscaron alianzas estratégicas con otros países angloparlantes: primero con la Gran Bretaña, después con la Mancomunidad de Naciones y finalmente con la angloesfera. La reina de Inglaterra, Isabel II, lo es de dieciséis estados soberanos en todo el mundo.

Inglaterra es la cuna de deportes como el fútbol, críquet, rugby, tenis, badminton, hockey, boxeo, entre otros. Su literatura es riquísima con autores como William Shakespeare, Charles Dickens, Shelley, Keats o Lord Byron. The Beatles, The Rolling Stones o Queen son algunos destacados ejemplos de su célebre música pop.

Inglaterra es la cuna de una de las culturas más importantes de toda la historia de la humanidad. Su economía industrial y su poderío naval han hecho de ella una gran potencia militar. Su mentalidad victoriosa y su devastador poder le han permitido encadenar triunfo tras triunfo. El inglés es un pueblo de ganadores natos.

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