No es país para honrados.

Me doy una vuelta por Vinaroz por la noche durante sus fiestas locales. Hay una feria donde la gente se divierte. Veo que hay varios comerciantes que han puesto un tenderete para vender sus productos pero el Ayuntamiento los coloca en un rincón marginal donde apenas pasa el personal y no venden nada. Después paso por la zona donde más gentío hay y encuentro un montón de  africanos ilegales vendiendo sus productos en medio del paseo, en una zona rebosante de público y la policía local no hace nada. CONCLUSIÓN: Si pagas impuestos y cumples la ley te mueres de hambre. Si pasas del Ayuntamiento te dejan situarte en la mejor zona, ganas más dinero y encima no pagas ni un euro. Todo lo que ganas es para ti.

El sistema educativo es curioso. A los alumnos de secundaria obligatoria que estudian y se esfuerzan les ponen exámenes de nivel. A los que se pasan todo el curso rascándose la barriga, los destinan el último curso a «diversificación»; es decir; un curso con un nivel mucho más bajo pero que si lo aprueban obtendrán el graduado de la ESO exactamente igual que los alumnos de otros grupos que han estado trabajando duro durante cuatro años. CONCLUSIÓN: Ya que al final de la corrida el tonto obtiene el mismo título que el  inteligente, y el vago el mismo  que el trabajador ¿para qué esforzarse?  Tan válido es trabajar duro y hacer los deberes como no dar ni golpe en cuatro largos años… ¡Al final, el resultado es el mismo!

Salgo a la calle. Veo a la gente marchando de aquí para allá, trabajando. Entro a una tienda a comprar una cosa y casi no tengo dinero en el bolsillo. Entre el alquiler, los impuestos y la gasolina cada vez cuesta más llegar a final de mes. Salgo de la tienda y miro la barriada gitana. Un montón de gitanos gordos que no han pegado un palo al agua en su vida, sentados en sillas de plástico, tomando el sol y rascándose la barriga. Tienen una vivienda social por la cara y ayudas de todo tipo. Sin trabajar. Y encima venden droga. CONCLUSIÓN: Si eres honrado los impuestos que pagas mantendrán a los parásitos. Si eres un caradura y no declaras nada a Hacienda, el Estado te premiará y recibirás todas las ayudas del mundo.

Un amiguete me cuenta que si unos okupas se apoderan de una vivienda de tu propiedad y quieres desalojarlos, ni se te ocurra denunciarlos a la policía. No sólo no los expulsarían de tu propia casa sino que encima el asunto se podría demorar en los tribunales durante años. Y para cuando tuvieras una sentencia del juez para echarlos del piso, estaría arrasado. Lo que hay que hacer es asegurarse de que no haya nadie en casa y entonces que un cerrajero te abra la puerta, cambie el paño y así te metes tú dentro. Luego, cuando regresen los okupas, llamas a la poli y dices que unos tipos quieren entrar en tu propiedad y niegas que hayan estado viviendo allí. CONCLUSIÓN: No confíes en las autoridades, mejor confía en ti mismo.

Unos ladrones entran por la noche al chalet de un tío para robarle. Pero tiene un perro que les sorprende con las manos en la masa y les ataca. Los ladrones denuncian al propietario del perro y van a juicio. Al final, el perro es sacrificado y encima el tío debe compensar con una indemnización millonaria a los asaltantes. No te cuento la que se habría liado si la víctima se hubiera defendido con un arma de fuego. CONCLUSIÓN: Vivimos en un paraíso penal donde las leyes protegen a los criminales y no a los ciudadanos honrados. No por casualidad las mafias y escoria de los cuatro rincones de la Tierra emigran en masa a este su particular El Dorado. Habrán oído eso que dicen de que mejor en España no se vive en ningún sitio.

Definamos fracaso escolar.

Mucho se habla de fracaso escolar pero ¿qué es eso? Llamamos fracaso escolar a cuando un niño no es capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio esperado para su edad y nivel pedagógico. Dado que el único criterio para evaluar el éxito o el fracaso de los niños son las calificaciones, el fracaso se traduce en suspensos masivos y en la desesperación de los padres, que ya no saben qué hacer con ese niño.

Eso en teoría. Pero en la práctica el nivel académico ha descendido tanto en los últimos años, y los aprobados se regalan con tanta facilidad, que, a menos que el alumno atraviese una situación excepcional (un retraso mental, graves problemas familiares, desconocimiento del idioma…) lo habitual es que el alumno suspenda, es decir, que fracase escolarmente, porque no estudia nada y se dedica a hacer el vago.

Llamarle a esto fracaso escolar es como decir que yo soy un fracasado en el tenis. ¡Hombre, si no he cogido una raqueta en mi vida es difícil que pueda ganar la Copa Davis! Otra cosa distinta sería que yo entrenase todos los días, compitiese, me esforzase… y aún así no lograra los objetivos marcados. Eso sí sería realmente un fracaso, pero si no estudias nada y suspendes… pues entiendo que es lo normal.

Para mí el auténtico fracaso consiste en que los alumnos se saquen el graduado de la ESO sin casi estudiar. Y eso pasa muy a menudo. Al final resulta que los vagos obtienen la misma recompensa que los trabajadores, y los tontos la misma que los inteligentes. Eso sí que es un fracaso sin paliativos, porque lo que hace es fomentar la vagancia en lugar del esfuerzo. Y de ahí al Tercer Mundo hay un paso.

Aquí no se trata de que apruebe todo el mundo sino solamente los que realmente se lo merecen. Porque si consideramos fracaso escolar únicamente que los alumnos suspendan (sin tener en cuenta su capacidad intelectual o su esfuerzo), entonces pongamos un diez a todo el mundo y podremos presumir en las estadísticas de que en España tenemos a los alumnos más inteligentes del planeta.

Creo que una parte importante del llamado fracaso escolar la tienen los padres, que hacen una total dejación de funciones en sus hogares y encima pretenden que los profesores hagamos de papás. Por ejemplo, antes eran los padres los que motivaban a sus hijos para estudiar: si apruebas todo te regalaré esto o aquello, si suspendes te castigaré sin internet y no saldrás con tus amigos el fin de semana, etc.

Pero ahora le regalan la videoconsola a su hijo que ha traído once suspensos a casa y nos dicen que la culpa la tenemos los docentes, que no sabemos cómo motivar a los chicos. Mire, yo no soy el payaso del McDonald’s… yo estoy para dar clase. Y punto. Con severidad, con sentido del humor o con la técnica que haga falta. Pero motivarlo, mejor motive usted a su hijo que para algo lo trajo al mundo.

A %d blogueros les gusta esto: