Els assessinats de la rue Morgue (Amazon).

Títul: Els assessinats de la rue Morgue.

Autor: Edgar Allan Poe.

Pròlec: Anfós Ramon.

Traducció i edició: Josué Ferrer.

Primera edició: Alzira, Regne de Valéncia, octubre de 2010.

ISBN: 978-84-614-3260-8

Format: Mobi.

Preu: 1,67 € (Amazon Espanya, Itàlia, França i Alemanya), 1,44 £ (Amazon Regne Unit), 4,60$ (Amazon Estats Units).

Sinopsis:

Es produïx el bàrbar assessinat de dos dònes, mare i filla, en un apartament d’un populós carrer de París. Les primeres pesquises de la brigada d’investigacions no donen cap resultat, evidenciant-se  l’impotència de la policia per a aclarir els fets. Finalment es fa càrrec de l’assunt un detectiu aficionat, C.Auguste Dupin, qui després d’una intensa i brillant investigació, oferix una explicació extraordinària.

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Edite:

Li convide a llegir la notícia publicada en El periódico de aquí sobre l’aparició d’este llibre:

NOTÍCIA ESCRITA: http://www.elperiodicodeaqui.com/noticias/el-primer-libro-en-valenciano-entra-en-amazon/12042

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Luxemburgo: el país más rico del mundo.

A menudo los centralistas enemigos de la autodeterminación de los pueblos esgrimen las bondades de pertenecer a un país grande con un idioma compartido por muchos millones de hablantes y desprecian a los países pequeños, a los que tildan de insignificantes a causa de su tamaño. Mienten, y Luxemburgo es la prueba.

La grandeza de un país no se mide por su número de km2. La dilatada historia luxemburguesa arranca en 963 de la mano del conde Sigfredo.  En todo este tiempo son muchos los imperios que quisieron hacerla desaparecer (Alemania, Francia, Castilla, Holanda, Bélgica…) pero todos fracasaron miserablemente en el intento.

Con 2.500 km2 y medio millón de almas, Luxemburgo presume de tener la renta per cápita más alta del planeta y de que su capital sea la primera -y hasta la fecha única- localidad dos veces capital cultural de Europa. Socio fundador de la Unión Europea (UE) y miembro de la OTAN, es uno de los estados más desarrollados del globo.

Económicamente, la católica Luxemburgo es un paraíso fiscal con una intensa actividad bancaria y financiera. El pleno empleo y el alto nivel de vida atraen todos los años a numerosos trabajadores extranjeros, que constituyen el 60% de la población. Junto a Países Bajos y Bélgica, conforma el área comercial llamada Benelux.

En Luxemburgo se habla francés, alemán y luxemburgués. Este último -utilizado por sólo 300.000 personas- se consideró durante años un dialecto del alemán pero desde 1984 es idioma oficial en el menudo estado. Es sin duda otro de los muchos beneficios de la independencia política, que asegura la lingüística y cultural.

Con una monarquía que es un auténtico valor añadido -la única del mundo que ostenta el título de ducado-, los luxemburgueses gozan una vida de paz y prosperidad. Así como las grandes esencias se guardan en frascos pequeños, las grandes naciones suelen vivir en territorios menudos. Y Luxemburgo es una de ellas.

17.688.149 imbéciles.

Este domingo he ido a votar. Y confieso que lo he hecho con más desafección y apatía que nunca. Por primera vez en mucho tiempo me he sentido huérfano electoralmente. No había ningún partido que defendiera los intereses de los valencianos (sólo meras filiales dirigidas por control remoto desde Madrid o Barcelona). Tampoco he visto papeletas de partidos que defiendan la causa de la clase trabajadora (tan sólo derecha, pseudoizquierda y progres, que vienen a ser más o menos una misma cosa). Pero lo peor es que me he venido del colegio electoral con una sensación de estafa…de que estas elecciones han sido solamente una comedia, una farsa, porque quien realmente gobierna es el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la canciller alemana Angela Merkel, a los que nadie ha votado.

Lo que más triste me pone es ver la soberana estupidez de este pueblo de cretinos llamado España. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) lo ha hecho fatal. Hace dos años ya dejé escrito que José Luis Rodríguez Zapatero es el peor presidente de la pseudodemocracia española y no me he equivocado. No recuerdo ni una sola cosa positiva en estos siete años. Cómo de mal habrá hecho las cosas Zapatero para que el PSOE, históricamente la fuerza hegemónica del Estado, haya sido barrido no sólo del gobierno central sino de todas las autonomías que gobernaba. Sólo conserva -todavía- Euskadi y Andalucía, que tienen comicios en 2012, y que está condenado a perder. Pues aún así, todavía hay siete millones de imbéciles que han votado por el PSOE. En este país de pandereta la gente no aprende.

España está peor que nunca: cinco millones de parados, quiebra económica y el pueblo yendo a mendigar un plato  de sopa a los comedores sociales. ¿Y qué ha hecho  la gente? ¡Votar por el Partido Popular (PP)! Como si ellos no fueran corresponsables del desastre y no hubieran llevado a la ruina a las autonomías que gobiernan (Valencia es la más endeudada de todo el Estado, por ejemplo). Con los sociatas teníamos crisis económica. Ahora vamos a seguir teniendo la misma crisis y encima nos van a recortar los derechos. Lo que viene ahora es terrorífico: copago en el sistema sanitario, privatización de la educación, despido más barato, recortes en los sueldos (en los nuestros, por supuesto, no en los de los políticos…). Once millones de imbéciles han votado por esto. Que no se quejen luego.

El candidato popular Mariano Rajoy ha ganado con mayoría absoluta y muy pronto será el nuevo presidente de España. Le desearía la mejor de las suertes, pero prefiero deseársela a nosotros mismos, a la gente, porque la vamos a necesitar y mucho en cuanto este facha ponga en marcha su programa oculto. ¡Con la de partidos que se presentan a las elecciones y que la gente sea tan borrega de ir a votar siempre a los dos peores! Elegir entre PSOE y PP es elegir entre el SIDA y el cáncer. Son las dos caras de la misma moneda. Son la misma mierda. Son un solo partido con dos siglas distintas. El PPSOE. Progres en lo social y liberales en lo económico. ¿Pero qué esperar de un estado con 18 millones de imbéciles? Los votantes no saben distinguir su cabeza de su culo. Así va Ejpaña.

La aplastante superioridad de la civilización occidental.

Por los artículos que escribo, a menudo recibo  acusaciones de «fascista», «racista», «xenófobo», «ultraderechista» y cosas por el estilo. Y lo entiendo, porque hoy en día nadar contracorriente, atacar lo hipócritamente correcto conlleva que te cuelguen de forma automática el sambenito de «facha». El problema es que el vocablo «fascista» ha sido desprovisto de su significado original y hoy en día sirve para acusar a todo aquel que no te dé la razón o para definir todo aquello que a uno no le gusta, así que me importa un bledo si me lo llaman. A mí, con todo, me divierte mucho, pues provengo de una familia republicana y socialista y encima mi esposa es negra. Así que cuando dicen que soy de extrema derecha me da la risa.

Algunos lectores me acusan de «chovinista» porque casi siempre escribo acerca de Europa. Esto  también me resulta divertido porque es como decir que el literato Gabriel García Márquez es chovinista porque ambienta sus novelas en Latinoamérica. Cojonudo por él. Cada uno escribe de lo que le rota. Yo vivo en Europa y me gusta Europa. Supongo que si viviera en África escribiría cosas de aquel lugar pero ya que vivo en el Viejo Continente, pues hablo acerca de mi entorno más próximo. ¿Que Europa ha escrito las páginas más brillantes de la historia? Pues sí señor. Y las más sangrientas también. ¿Que las naciones europeas tienen una historia impresionante? Pues sí señor. ¿O acaso no ha ido usted a la escuela?

¿Que en Europa se vive mejor que en cualquier otra parte del mundo? Pues sí señor. Y si no, pregúntele a un turco por qué prefiere emigrar a Alemania antes que a Arabia Saudita. O a un marroquí por qué prefiere ir a España antes que a Argelia. A ver qué contestan. En Europa tenemos un alto nivel de vida y de bienestar (no sé si lo tendremos por mucho más tiempo, que pienso que no, pero todavía lo tenemos). En la actualidad en Europa se vive mucho mejor que en cualquier otro continente. Quien no quiera ver la realidad o es idiota o está ciego. Y por más que se empeñen algunos, no todas las culturas son igual de valiosas. Pretender comparar Islandia con Pakistán, como si ambas fueran iguales, es de locos.

Con todo, diré que yo más que «europeo» me siento «occidental». ¿Qué es Occidente? Es una idea. No es un lugar en el mundo, no son unas coordenadas geográficas, es una comunidad de valores. Los valores judeocristianos, grecolatinos y la Revolución Francesa. Eso es Occidente. Yo me siento identificado con eso. Y en consecuencia me siento mil veces más próximo ideológicamente a Canadá o Nueva Zelanda que a Turquía o Bielorrusia, por muy europeas que sean. Y me siento mil veces más cercano a un iraní con mentalidad occidental que a un valenciano que odia ser lo que es. Porque no se trata de nacionalidades. Ni de colores de piel. Se trata de ideas. Y las ideas son el motor que hace mover el mundo.

La civilización occidental nació en Europa, es cierto, pero no es patrimonio exclusivo del Viejo Continente. Ahí están los Estados Unidos de América por ejemplo. O Australia. O cada día más Corea del Sur. Cualquier nación del mundo puede ser occidental, así esté en el Oriente del planeta. Porque ser occidental no tiene nada que ver con ser europeo, ni de raza blanca ni con vivir en el Oeste del mundo. Tiene que ver con una mentalidad. Tiene que ver con la defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Con dar el poder al pueblo. Con el legado de Atenas, Roma, Israel y Francia. Yo animo a todos los pueblos del mundo a que abracen la cultura occidental porque no existe ninguna otra que sea mejor.

Puede que el fascismo, el nazismo o el comunismo nacieran en el Occidente geográfico, pero desde luego eran radicalmente antiooccidentales porque chocaban de lleno con el espíritu libertario de la Revolución Francesa. Yo no voy a negar que en Occidente se han escrito muchas páginas bochornosas de la historia. O que nuestro estilo de vida adolezca de fallas dignas de sonrojo. Pero aún así, la civilización occidental es, con todos sus defectos, que los tiene y muchos, la mejor del mundo. Pero con muchísima diferencia. Yo no creo en razas superiores pero sí en civilizaciones superiores. Y desde luego una nación donde una mujer puede conducir un coche es mejor que una donde si comete adulterio la lapidan hasta morir.

Sin ánimo de menosprecio, y aún reconociendo que todas las culturas son fascinantes y que de todas ellas sin excepción se puede aprender algo valioso (aun de la más atrasada), yo no me escondo: creo en la incontestable y aplastante superioridad de la civilización occidental. Como mentalidad, como comunidad de valores. Es mejor que cualquier otra. Y si alguien no se lo cree, pues que compare la nómina de Premios Nobel de los países occidentales con la de los que no lo son. La mentalidad occidental es la que mejor funciona en el mundo, la que ha traído más progreso, más prosperidad y más libertad. Lástima que hayan tantos occidentales a los que les han lavado el cerebro para odiarse a sí mismos y a lo que son.

Guinea Ecuatorial: la hispanidad en África.

Guinea es una nación que nunca ha conocido la libertad. Tierra colonizada por portugueses primero y españoles después, proclamó su independencia de España en 1968.  El dictador Francisco Macías se hizo con el poder en el naciente estado guineano, hundió la economía y dejó un espectacular baño de sangre a su paso.

Fue uno de los dictadores más tiránicos del África postcolonial. Declarado admirador de Adolf Hitler, durante su mandato el país fue conocido como el Auschtwitz africano. En 1979 su sobrino Teodoro Obiang dio un golpe de estado, fusiló a su tío tras acusarlo de genocidio y se convirtió en el nuevo caudillo.

El país es muy pequeño y tiene sólo un millón de almas. Pese a ello es de gran valor estratégico ya que vende un millón de barriles de petróleo diarios. Esto le ha valido para ganarse la protección militar de Estados Unidos y convertirse en uno de los países con mayor tasa de crecimiento económico del planeta en los últimos años.

Pese al maná del petróleo, el pueblo llano vive en la más desoladora de las miserias. Sin agua potable, con cortes en el suministro eléctrico, la gente vive hacinada en mugrientas chabolas mientras contempla hambrienta cómo Obiang amasa una inmensa fortuna y mete preso a todo aquel que ose alzar la voz contra él.

Guinea Ecuatorial es el representante de la hispanidad en África: el único estado africano donde el español es lengua oficial. Desde hace unos pocos años, y por motivos comerciales, el francés también es oficial, como puede serlo en el futuro el portugués por idénticas razones. Se hablan además un buen puñado de lenguas locales.

Dicen que en África sólo puedes elegir o a los que roban o los que matan. A veces, no puedes elegir y toca sufrir a quien roba y mata. Y todo, con el beneplácito de las potencias occidentales y grandes multinacionales a las que se les llena la boca de democracia. Quizás llegue un día en que el pueblo ecuatoguineano sea libre al fin.

Liberia: el sueño truncado de la libertad.

A principios de siglo XIX los Estados Unidos de América no sabían qué hacer con los estadounidenses negros. La esclavitud era una constante en el sur y el norte -antiesclavista- trataba de evitar a toda costa un conflicto con los sureños que al final acabó siendo inevitable y arrastró a la nación a la Guerra Civil Americana (1861-1865).

En 1822, la Sociedad Americana de Colonización fundó una patria donde acomodar a los esclavos liberados: Liberia. Allí emigraron muchos afroamericanos que establecieron una colonia. Liberia representaba para los negros el retorno a sus raíces africanas, una tierra prometida, un El Dorado, una patria donde ser libres.

Liberia se independizó de Estados Unidos en 1947 bajo los auspicios de Joseph Jenkins Roberts, padre de la nación. Y gracias al apoyo económico y militar americano, fue el único país africano que logró mantener su independencia frente al imperialismo europeo, si bien Reino Unido y Francia le arrebataron muchas tierras.

Pero los negros «americanos», instalados en el litoral, no se sentían africanos. Y como producto de la mala educación recibida esclavizaron a los negros nativos, que vivían en el interior. Además, el país es un mosaico de etnias (decenas) y religiones (40% cristianos, 20% musulmanes y 40% otros), que tiran más leña al fuego.

Lejos de convertirse en el sueño afroamericano, Liberia se tornó en pesadilla. En una tierra nacida de las ansias de libertad, pronto afloraron dictadores y golpistas. Incluso ha sufrido dos crueles guerras civiles (1989-1996 y 1999-2003) que le han costado la vida a cientos de miles y que han devastado la economía del país.

Hoy Liberia, con un 88% de paro (la segunda tasa de desempleo más alta del mundo, por detrás de Zimbabue), es un estado derrumbado que depende de la ayuda exterior. Su hijos más célebres, el futbolista George Weah, la Nobel de la Paz Leymah Gbowee y Ellen Johnson-Sirleaf, primera presidenta de toda África.

Zimbabue: el racismo antiblanco.

Rodesia del Sur se independizó del Imperio Británico en 1965 con el primer ministro Ian Smith, un racista defensor de la supremacía blanca que declaró la República de Rodesia.  Pero en 1980 el revolucionario Robert Mugabe, apoyado por los negros, se hizo con el poder y la nación fue rebautizada con el nombre de Zimbabue.

El primer ministro Mugabe era un hombre pragmático en los 80, un héroe nacional para ese 95% de zimbabuanos de raza negra. Él ambicionaba ser un nuevo Nelson Mandela, así que hizo importantes mejoras en el nivel de vida de su pueblo. Pero en 2000 se sintió despreciado por Londres y el ídolo se trocó en tirano.

Ese año cedió a las presiones de los veteranos de guerra que le auparon al poder, y autorizó  invasiones de fincas de granjeros blancos. Los negros comenzaron a matar blancos y a arrebatarles sus tierras, con el beneplácito del Estado. El 85% de los granjeros blancos zimbabuenses -los mejores del planeta- se exiliaron del país.

Sólo el 10% del terreno nacional está cultivado pero la tierra está en las raíces del pueblo, en su alma, en su tradición. Sin duda hace falta una reforma agraria más justa que dé más riqueza a los negros, pero tras las ocupaciones de fincas están los amigos de Mugabe. Las fincas ahora no se explotan y la producción ha caído en picado.

Zimbabue está al borde del abismo: casi todas las empresas han cerrado, cuatro millones de emigrantes en la última decada, 90% de paro, sanidad y educación colapsadas y una hiperinflación donde se llegó a pagar un billón de dólares zimbabuenses por un chupachup.  En 2008 la economía tocó fondo al caer un 400%.

La dictadura es represiva y violenta. La administración está corrupta hasta las cejas y la policía abusa con impunidad. Los blancos son el chivo expiatorio. La gente huye de un régimen desquiciado de racismo y autodestrucción con el índice de desarrollo humano más bajo del planeta. Es el caos. El naufragio. El desastre total.

Guayana: la favela de Francia.

Nada es lo que parece en la Guayana. Es francesa, pero latinoamericana. Es Guayana pero los símbolos niegan. Desde allí se lanzan los cohetes de la Agencia Espacial Europea pero apenas hay carreteras o transporte público. El 35% de la población está en paro pero vive con precios parisinos. Es el Tercer Mundo y es Europa.

Aunque la población local es negra y amerindia casi  todos los buenos trabajos (astrofísicos, gendarmes, profesores, funcionarios, directores de hoteles) los ocupan blancos venidos de la metrópolis cuando no son ni el 5% de la población.  Algunos hablan de racismo, pero la realidad es que a los nativos no les gusta trabajar.

El Imperio aplica una política colonial basada en tres pilares: asimilación, asistencialismo y división. Se trata de asimilar lingüística y culturalmente a los nativos para diluir su identidad. Se les ofrece una serie de subsidios para hacerlos dependientes. Y se aplica la política de divide y vencerás para desactivar al pueblo.

Hace años la gente estaba harta y exigía cambios. Tras una serie de protestas, París anunció un referéndum autónomico para enero de 2010 pero antes amenazó con cortar las ayudas  si se aprobaba. Así que el 70% de la atemorizada población votó no. Prefirieron seguir cobrando los subsidios y renunciar a sus derechos.

Guayana es un territorio inhóspito. Antiguamente se usó como provincia-cárcel y ahora es el centro de lanzamiento de satélites europeos y rusos. En Guayana casi no hay sociedad civil organizada. Recientemente se ha descubierto petróleo, lo cual puede dar alas al independentismo pero también redoblar la opresión colonial.

Francia nunca será Bretaña, nunca será Guayana. Siempre será París, su idioma y su cultura y esto será lo que exporte e impulse en detrimento de los demás mientras los parisinos presumen de cosmopolitas. Guayana es la favela de Francia. Se ha vendido por unas migajas que la encadenan. Tiene miedo de ser libre.

ETA muda de piel.

La banda terrorista ETA ha anunciado hace unos días el fin definitivo de la lucha armada y sin contrapartidas (al menos que sepamos). Después de 40 años de terrorismo y más de 1000 asesinatos, todos soñábamos con el día en que esto ocurriera. Pero no se ha celebrado con alegría sino que la noticia se ha recibido con un profundo escepticismo. No es para menos. Ya estamos acostumbrados a que ETA nos engañe, a que declare treguas unilaterales que nunca son tales. Parece que esta vez es la buena, habida cuenta del circo mediático que han montado con los mediadores internacionales. ¿Es el fin de ETA? Ojalá, pero lo cierto es que todavía ni se ha disuelto ni ha entregado las armas ni ha pedido perdón.

El otro día estaba viendo un reportaje sobre el mundo de la prostitución. La periodista le preguntaba a la meretriz si no le gustaría dedicarse a otra cosa. La respuesta fue buenísima: «Si es ganando lo mismo, sí». Los etarras han tenido en los últimos años un elevado tren de vida. Cuesta creer que de la noche a la mañana se vayan a conformar con un empleo mileurista en una tienda de electrodomésticos. ETA no va a desaparecer, simplemente se va a reconvertir en mafia organizada dedicada al tráfico de armas y de drogas. Exactamente igual que pasó con el IRA en Irlanda. Otro ejemplo es la UÇK: todos los ex-terroristas kosovares los tenemos ahora en España asaltando chalets con una violencia extrema.

La serpiente muda de piel. Los etarras hace tiempo que controlan la cocaína en Euskadi; era una fuente de financiación para la lucha armada y a partir de ahora su nueva ocupación.  Adiós al menos al terrorismo, a los coches bomba y los tiros en la nuca. Alegrémonos por la parte que nos toca. Adiós también al eslabón que conectaba a la ultraderecha española y la ultraizquierda vasca; esos extremistas que abominan los crímenes de ETA pero se niegan a condenar los crímenes del franquismo y viceversa. No me extraña que la caverna españolista esté disgustada: ahora que la banda asesina deja de existir como tal ¿cuál será la excusa que invente esta vez para negar el universal derecho de autodeterminación al pueblo vasco?

Falacia atea: Si Dios existiera haría milagros gigantescos para que todos creyéramos en Él.

Los ateos y los escépticos en general se quejan de que Dios no da señales de vida. En los tiempos bíblicos hacía milagros espectaculares pero hoy no los vemos. Si en aquella época la gente necesitaba de fenómenos sobrenaturales para creer en una realidad sobrenatural, también lo necesitamos en la actualidad. Y a mí no me cabe ninguna duda de que si viéramos milagros gigantescos hoy, esto convertiría a algunos incrédulos, pero es una falacia muy común pensar que los convencería a todos.

La fe de las personas, aun de las creyentes, es muy pequeña. Hace miles de años Dios abrió el Mar Rojo para que los judíos lo atravesaran… pero cuando Moisés se retiró al desierto 40 días, pensaron que había desaparecido, se olvidaron del Dios que les salvó de los egipcios y construyeron un becerro de oro. Habían visto cómo Yahveh estaba de su lado y era capaz de abrir el mar pero en cuanto saltó la mínima duda del paradero de Moisés ¡toda la fe de los judíos se derrumbó en un instante!

Dios les protegió en su travesía por el desierto, los alimentó con maná caído del cielo y les condujo a la tierra prometida… pero como estaba habitada por pueblos poderosos ¡tuvieron miedo y dijeron que era preferible dar la vuelta para volver a ser esclavos de Egipto! Vieron milagros portentosos en vivo y en directo pero ¡pensaban que Dios no podía derrotar a los lugareños de la región! ¿Podrá Dios abrir el mar y a la vez ser incapaz de vencer a un país diminuto? Así lo creían los judíos.

¿Y qué me dices de los apóstoles? Conocieron en persona a Jesús, predicaron codo a codo con Él, le acompañaban a todas partes, vivían con Él. Vieron con sus propios ojos cómo curaba ciegos, sanaba leprosos, hacía andar a los paralíticos y hasta resucitaba muertos… pero cuando fueron a crucificarlo, todos menos Juan corrieron como gallinas a esconderse. Estaban desmoralizados por su muerte. Y Tomás no creyó que hubiese resucitado. Seguramente a mí me habría pasado igual.

Da igual que Dios abra el Mar Rojo una vez o doscientas. Da igual que resucite a un muerto o a mil. Podrías estar al lado del mismísimo Dios, ser testigo de primera mano de milagros gigantescos y aún así… al mínimo contratiempo, dudar y tener miedo. Porque le pasó a los judíos. Porque le pasó a los apóstoles. Porque los seres humanos somos así. No tenemos remedio. Dios quiere que creamos para ver, y nosotros queremos ver para creer. Y a veces, ni aún así creemos, que es lo más triste.

Si un ateo es testigo de un milagro pequeño, buscará una explicación científica. Si es testigo de un milagro gigante para el que no hay explicación posible, entonces negará lo sucedido y dirá que ha sido un fraude, un sueño o una alucinación. Por eso es falso pensar que si Dios se sacara conejos, jirafas o incluso elefantes de su chistera, a la humanidad no le quedaría más remedio que creer. Siempre habría quien lo rechazara, porque el Señor no fuerza a nadie a creer. No obliga. Somos libres.

Ciertamente, Dios podría dar señales incontestables de su presencia. Podría escribir en el cielo con letras gigantes: «Soy Dios. Arrepentíos o pereceréis». Pero la historia dice que cree en Él solamente quién de verdad quiere creer. Y que más que una revelación externa, Dios se hace presente en las vidas de las personas con una revelación interna. Es decir,  a aquella persona que realmente desee con honestidad, con sinceridad, conocerle, el Señor se va a revelar en su corazón sí o sí.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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