Shan: el Triángulo Dorado del opio.

Los shan son un pueblo de origen chino que vive sobre todo en el multiétnico Estado Shan de Birmania y zonas limítrofes de China, Tailandia, Camboya y Vietnam. Es un pueblo de unos seis millones de almas con lengua, cultura e identidad propias. Es budista y animista y su idioma se parece al tailandés y al lao.

Es éste un pueblo secular cuya historia se remonta a siglos atrás, a un sinfín de viejos principados con sus propias familias reales. Los shan dominaron la mayor parte de la actual Myanmar desde el siglo XIII al XVI, pero luego se dividieron en más de 30 diminutos estados que acabaron siendo vasallos del feudal monarca birmano.

Después vino la colonización británica, otro episodio más de dominación extranjera en la larga historia de esta nación. En 1948 se independizó de Reino Unido dentro de la Unión de Birmania. Diez años después se les concedió a los shan el derecho a secesionarse del recién nacido país pero optaron por seguir en él.

Los shan mantienen desde hace décadas una intermintente guerra de guerrillas con el Ejército birmano, incapaz de controlar la región. Ciertos sectores shan en el exilio declararon la independencia nacional en 2005, pero ésta fue rechazada por la mayoría de etnias del Estado Shan. Pese a ello, Myanmar ha endurecido la presión.

El régimen birmano suele quemar aldeas shan y obligar a sus nativos a buscar refugio en Tailandia. Los hombres jóvenes son a veces reclutados indefinidamente por el Ejército birmano o esclavizados para realizar trabajos forzados.  La guerrilla resiste en la selva. El sentimiento independentista gana adeptos día a día.

Unos Estados Federados de Shan independientes dan miedo a sus vecinos ya que desestabilizarían la región, pero también a Occidente ya que sería un narcoestado ubicado en el mismísimo Triángulo Dorado del opio. Y allí sólo hay dos grupos de personas: las mafias que controlan la droga y los campesinos explotados por las mafias.

Unión Soviética: el terror rojo.


Tras la revolución bolchevique que defenestró al zar ruso en 1917, nació en 1922 una poderosa nación que habría de hacer temblar al mundo: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un estado federal compuesto por quince repúblicas con un gobierno centralizado y una economía planificada desde Moscú.

La URSS simbolizaba la utopía socialista del filósofo Karl Marx liderada por Vladimir Lenin. En teoría un paraíso donde todos eran iguales, en la práctica una cárcel de naciones, un monstruoso régimen ateo donde la gente era asesinada por no pensar como el dictador y un sistema económico fallido que trajo mucha hambre.

La Unión Soviética derrotó a Alemania en la Segunda Guerra Mundial y por décadas mantuvo una tensa carrera armamentística con los americanos. En 1962 con la crisis de los misiles de Cuba la Guerra Fría estuvo a punto de pasar a ser caliente. Josip Stalin fue el autócrata soviético más despiadado y exterminó a millones.

La URSS era el país más grande del mundo con 22.400.000 km2 y  el más poblado de Europa con 293 millones. Llegó a tener un arsenal atómico capaz de devastar el planeta varias veces, a principios de los años 60 estaba por delante de Estados Unidos en la carrera espacial y muchos creían inevitable la victoria del comunismo.

Pero en 1991 bajo la presidencia de Mijail Gorvachov la URSS se desintegró y dio paso a 19 naciones: Armenia, Azerbayán, Nagorno Karabaj, Bielorrusia, Estonia, Georgia, Abjasia, Osetia del Sur, Kazajistán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Transnitria, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Ucrania.

La URSS fue un gran imperio pero el comunismo es peor que el capitalismo y la dictadura no puede competir con la democracia. La Unión Soviética fue un estado totalitario y genocida, una gigantesca tierra de fosas clandestinas y gulags, una pesadilla que dio la espalda a Dios y que acabó enterrada en el vertedero de la historia.

Yugoslavia: el fracaso de la multiculturalidad.

De las cenizas de la Primera Guerra Mundial nació en 1918 el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que luego se denominaría Yugoslavia. Era un estado artificial creado de la noche a la mañana bajo el liderazgo de Belgrado; un puzzle de razas, etnias, lenguas, culturas y religiones forjado bajo el lema de que la unión hace la fuerza.

Pero las tensiones afloraron pronto. En la Segunda Guerra Mundial los croatas se aliaron con los nazis y asesinaron 700.000 serbios. Después, con la llegada del mariscal Josip Broz Tito y el advenimiento de la dictadura comunista, el país se mantuvo unido y las diferencias culturales y resentimientos aparcados por un tiempo.

Yugoslavia llegó a tener 25 millones de habitantes. Era la locomotora económica de la Europa Suroriental y lideraba a los países no alineados.  Su selección de baloncesto fue campeona europea, mundial y olímpica. El país era mostrado como un ejemplo de convivencia. Pero todo eso era sólo un espejismo que duraría poco.

La Guerra Civil Yugoslava (1991-1995) desintegró esta patria tras un mar de genocidios. El centralismo promovido por el nacionalista serbio Slobodan Milosevic provocó la secesión de Eslovenia, Croacia, Macedonia (1991) y Bosnia-Herzegovina (1992). Sólo Montenegro se quedó junto a Serbia en una Yugoslavia menor.

En 1999 la OTAN declaró la guerra a Milosevic por sus crímenes contra los kosovares. Montenegro acabó abandonando a Serbia en 2006, poniendo fin a Yugoslavia. La independencia de Kosovo respecto de Serbia en 2009 fue el epílogo a una historia teñida de sangre e independentismos que acuñó un nuevo verbo: balcanizar.

Los estados multiculturales suelen fracasar. La convivencia pacífica de distintas religiones, lenguas y culturas es sólo posible bajo el puño de hierro de un dictador. No habría separatistas si no hubiese separadores. Los estados artificiales están condenados a desaparecer… Son las lecciones de la extinta Yugoslavia para la historia.

Cachemira: entre tres tierras.

Cachemira es un paraíso en llamas. Una de las regiones más hermosas del planeta -hay quien dice que allí estuvo el edén- está sometida a una escalada militar impresionante entre tres potencias nucleares: India, Pakistán y en menor medida China, ya que cada uno de esos estados dispone de una porción de tan bella tierra.

En 1947 la colonia británica de India se iba a independizar del Reino Unido, pero al estar llena de hindúes y musulmanes decidieron partir la colonia en dos estados para evitar conflictos religiosos. Donde hubiese mayoría hindú sería India, y donde hubiese mayoría mahometana Pakistán. Cachemira era fronteriza con los dos.

Al ser de mayoría islámica, en teoría iba a ser para Pakistán. Pero el marahá de Cachemira, Hari Singh, soñaba con la idea de tener una nación independiente. El ejército pakistaní invadió el principado e, incapaz de hacer frente al ataque, Singh pidió ayuda a India a cambio de firmar un tratado de adhesión a aquel país.

A pesar de carecer de petróleo o de grandes recursos naturales que den beneficio económico, es una zona muy codiciada. India y Pakistán han entablado varias guerras por ella (1947, 1965, 1971 y 1999) y viven siempre a un paso del abismo nuclear. India y China también fueron a la guerra por el control de la región en 1962.

Pakistán reclama esta tierra por ser de mayoría islámica. India la reivindica en virtud del tratado de adhesión. China defiende su parte del pastel. Sin embargo nadie se para a preguntar a los afectados qué desean hacer con su patria. Los cachemires están muy hartos de unos y de otros y la mayoría reclama un estado soberano.

El cachemir es un pueblo con una lengua, cultura e identidad propias. Su idioma decae por su ausencia en la educación formal. Su tierra es devastada por los misiles de ejércitos extranjeros. Le gustaría ser independiente pero su nación está repartida entre tres potencias. Todos hablan en su nombre mas nadie quiere oír su voz.

Pakistán: el islamismo atómico.

Pakistán nació en 1947. Aquel año India se iba a independizar de Reino Unido pero tenía un problema: en esa colonia británica había muchos hindúes y muchos musulmanes, y para evitar conflictos religiosos partieron la colonia en dos estados. Donde hubiera mayoría hindú sería India y donde hubiera mayoría islámica Pakistán.

Uno de los problemas para Pakistán fue que una parte de su país -Bangladesh- quedaba muy alejada del resto y en 1971 se acabaría independizando. Y el otro es que una región, Cachemira, que en principio iba a ser para Pakistán pidió su anexión a India en 1947, lo que ha desatado una gran escalada bélica entre ambos países.

Pakistán es un estado artificial creado de la noche a la mañana, un puzzle de etnias (balochs, punjabis, cachemiros, waziristaníes, pastunes…) que nada tiene en común aparte del islam. Esto provoca fuertes tensiones nacionalistas en un país que si no se desintegra es porque está gobernado por la mano de hierro del ejército.

Pakistán es el quinto país más poblado del mundo con casi 200 millones de almas. Posee un gran ejército y es una potencia nuclear. India y Pakistán han sostenido varias guerras (1947, 1965, 1971, 1999) por la fronteriza Cachemira (cada uno controla la mitad de la región) y ambos viven siempre a un paso del armagedón atómico.

Allí todo gira en torno a la religión y cultura mahometana (el 94% de sus habitantes profesa la fe de la media luna). Es una patria atrasada y medieval, con un radicalismo islámico feroz que hace imposible el respeto hacia la libertad religiosa o a los derechos humanos. La principal lengua es el urdu, muy similar al hindi.

Es un país sin historia, pues nunca existió el pueblo pakistaní como tal. Su existencia como estado podría derivar en una guerra atómica con India y una eventual  desaparición podría llevar las cabezas nucleares a manos de terroristas. El futuro de la nación islámica más poderosa militarmente hace temblar al mundo.

Diez señales de que se acerca el fin del mundo.


Parto de la base de que puedo estar equivocado (es más, me alegraría mucho estarlo) pero pienso que estamos relativamente cerca del fin de los tiempos. La venida del Anticristo, la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo o la Gran Tribulación podrían ocurrir en un futuro no excesivamente lejano. Cuándo exactamente sólo Yahvé lo sabe, pero todos los signos que percibo apuntan en esa pavorosa dirección.  Veamos algunas de las señales que deberían ponernos alerta:

1) La resurrección de Israel (Jeremías 31:10; Ezequiel 36:24; Oseas 6:2). Tras dos milenios de inexistencia, en 1948 el Estado de Israel volvió a la vida. ¿Una simple casualidad? ¿Por qué no resucitó Esparta o el Imperio Azteca? ¿Por qué Israel? ¿Puro azar? No, estaba profetizado que el pueblo disperso de los judíos volvería a ser nación. Y esto es porque Israel tiene un gran papel en los planes de Dios para el futuro. Muchas profecías sobre Israel se van a cumplir ahora que existe.

2) Auge del ateísmo (2 Tesalonicenses 2:3). Jesucristo mismo se preguntaba si cuando Él regrese hallará fe en la Tierra (Lucas 18:8). Esta pregunta retórica conlleva la aseveración implícita de que cuando vuelva encontrará poca fe en el mundo. En los últimos 60 años el ateísmo ha experimentado un crecimiento espectacular en Occidente, de tal manera que se puede decir que nunca antes en la historia hubo tantos ateos como ahora. El ateísmo seguirá creciendo de forma brutal.

3) La marca de la Bestia (Apocalipsis 13:16-17). En el futuro a la gente se le insertará una «marca» en la frente o en la mano y quien no la tenga no podrá comprar ni vender. Se rumorea que en el futuro el dinero tal y como lo conocemos desaparecerá y será sustituido por un microchip que se implantará en la piel. En Estados Unidos hoy ya hay anuncios televisivos que intentan convencer a la gente de que se ponga voluntariamente (por ahora) un chip, en teoría por su propio bien.

4) Aumento de la inmoralidad (Lucas 17:26). La maldad tiene cada vez una mayor aceptación social. La codicia, el aborto, la prostitución, la fornicación, la pedofilia, la homosexualidad o la eutanasia son pecados que en mayor o menor medida han ocurrido siempre. La diferencia es que ahora son bien vistos. Lo que hace unos pocos años era escandaloso es ahora motivo de orgullo. A lo bueno  llaman malo y a lo malo llaman bueno y al que vive como Dios manda le dicen tonto.

5) Tibieza de la iglesia (Mateo 24:12). La iglesia se ha visto cada vez más debilitada. Ha abdicado de ser el freno a la inmoralidad. Los cristianos se quejan del aborto pero luego votan por partidos que lo promueven. Su influencia en la sociedad es cada vez menor; algunas ni siquiera se atreven a evangelizar por las calles. En Occidente la iglesia se está convirtiendo poco a poco en un colectivo minoritario, a veces perseguido y en África y Asia es incluso asesinado (Mateo 24:9).

6) Guerras y rumores de guerras (Mateo 24:6). El presidente iraní Mahmud Ahmadineyad amenaza  con borrar del mapa a Israel. No hay día que pase sin que los noticieros hablen de la que sin duda es la guerra más anunciada de la historia: la Guerra Israel-Irán. El profeta Jeremías la vaticinó hace siglos, lo más curioso es que en su profecía dice que la salida de los judíos de Irán -imaginamos que provocada por la conflagración- sucederá en los últimos días (Jeremías 49:39).

7) Reconstrucción del Templo de Salomón. Los judíos ultraortodoxos quieren edificar el Tercer Templo de Jerusalén. El problema es que sobre sus restos está instalada la Mezquita de Al Aksa y la Cúpula de la Roca y su destrucción traerá guerra con los árabes. La visita del primer ministro israelí Ariel Sharon en la explanada de las mezquitas desató una intifada en el año 2000. Pero el templo se reconstruirá tarde o temprano y de él se ha de enseñorear el desolador (Mateo 24:15).

8) Auge de sectas, doctrinas apócrifas y falsos profetas (2 Pedro 2:1-3e y Mateo 24:11). La Iglesia Evangélica ha sido invadida por doctrinas perversas (teología de la prosperidad, gaymonio y lesbimonio, Nueva Era…), han emergido multitud de sectas autoproclamadas cristianas (mormones, testigos de Jehová, Iglesia de la Cienciología, Niños de Dios…) y proliferan como setas los falsos maestros que se enaltecen a sí mismos y que en el fondo solamente persiguen dinero, poder y  fama.

9) Aumento de la ciencia (Daniel 12:4). Uno de los signos del fin de los tiempos será el despegue espectacular de la ciencia humana. Durante 3000 años la humanidad ha montado a caballo pero en los últimos 100 hemos logrado incluso llegar a Marte. Los descubrimientos científicos, médicos, informáticos y técnicos son tantos que en apenas cinco años un dispositivo de última generación pasa a ser un cacharro obsoleto. Jamás en la historia se había avanzado a un nivel tan rápido.

10) Paz y seguridad (Tesalonicenses 5:1-4). Mientras veamos conflictos en Oriente Próximo, el mundo puede estar tranquilo. Pero llegará el día en que se firmará una tregua entre árabes y judíos, la cual será rota a la mitad (Daniel 9:27), lo que desatará una era de terror como la humanidad nunca ha visto ni verá (Mateo 24:15-22).  Todo esto pasará  cuando el mundo diga paz y seguridad, es decir, cuando más confiado esté llegará una destrucción repentina que casi nadie se espera.

India: el país de los contrastes.

India, más que una nación, es una civilización en sí misma, una de las más antiguas y sobresalientes de la humanidad. Por siglos luchó contra macedonios, chinos, mongoles, musulmanes o británicos por la hegemonía asiática. Se independizó del Imperio Británico en 1947 gracias al nacionalista Mahatma Gandhi.

India es un país multirreligioso, multilingüístico y multicultural. En ella han nacido cuatro de las diez grandes religiones de la humanidad (hinduismo, budismo, jainismo y sijismo). Además, hay presencia de musulmanes, cristianos, zoroastrianos, judíos… Los choques entre fundamentalistas están a la orden del día.

El hinduismo es la fe predominante y mantiene un feudal sistema de castas donde el destino de cada quien viene dado en función del estrato social en que nace. Con la excusa de la reencarnación, se argumenta que los ricos lo son como premio por una vida anterior de buenas acciones y que con los pobres y enfermos sucede al revés.

India es un país de contrastes. Dicen de ella que es una gran potencia emergente pero la mitad de su población no dispone de inodoro en su casa. Las élites son extremadamente ricas y los pobres viven con un dólar al día. Allí las vacas no se comen porque se consideran sagradas y mientras, la población se muere de hambre.

Pese a su pobreza y tercermundismo, es una potencia a tener en cuenta.  Es uno de los diez estados más grandes del orbe. Con sus 1200 millones de habitantes es el segundo en población. Dispone de armas atómicas y de uno de los ejércitos más grandes del mundo. China, el separatismo sij y en especial Pakistán son sus peores rivales.

La civilización hindú nos ha dado el número cero, el número pi, el sistema decimal, el ajedrez clásico, el kamasutra, el cultivo y confección de algodón, la forma esférica y rotación de la Tierra, el uso del acero, el empleo de drogas para tratar a los enfermos, el  hindi, etc. Es una de las grandes naciones de todos los tiempos.

Castilla: la nostalgia del pasado imperial.

El Reino de Castilla nació en el siglo IX y en la Edad Media fue el principal actor de la Reconquista y aniquilamiento de Al-Andalus. En el siglo XV Isabel de Castilla se casó con Fernando de Aragón, lo que supuso unir las coronas, pese a que la fusión de reinos no se produjo hasta la Guerra de Sucesión en el siglo XVIII.

Muchos hitos y personajes que hoy consideramos españoles fueron en realidad castellanos. Desde el descubrimiento de América por Cristobal Colón hasta el siglo de oro de las letras hispanas pasando por Miguel de Cervantes o el Cid. Castilla es la columna vertebral que sostiene a España y a veces se confunde con ella.

Castilla ha hecho España y Castilla la ha deshecho. Por siglos España se configuró como una Castilla ampliada; un estado centralista y uniformizador donde se persiguieron todas las lenguas distintas de la cervantina. Castilla y España eran sinónimos hasta el punto de que todo aquel que hablara otro idioma era un mal español.

Pero a la vez Castilla ha hecho España y España ha deshecho Castilla. Aquella antigua patria era enorme, por eso fue fragmentada en Castilla y León, Castilla La Mancha, La Rioja y Madrid. El nacionalismo pancastellanista aspira a unirlas, niega su identidad a León y exige anexionar Cantabria y el interior del Reino de Valencia.

El país logró un imperio colonial donde nunca se ponía el sol y aún hoy presume de haber dado al mundo una lengua hablada por más de 400 millones. Pero las sempiternas guerras contra Francia e Inglaterra, la corrupción y la mentalidad del castellanohablante, renuente al cambio y contraria al progreso, trajeron la ruina.

Las viejas glorias pasaron y hoy Castilla es una tierra desértica y tercermundista, una desolada llanura llena de matojos donde los niños nacen con la maleta bajo el brazo. Pero sus nativos -orgullosos por naturaleza- viven en el pasado y se siguen comportando con la altanería de quien cree que aún conserva un imperio colonial.

Sudáfrica: la sombra alargada del apartheid.

Sudáfrica es megadiversa. El 80% de la población es de raza negra y habla lenguas bantúes como el zulú. Hay un 13% de blancos, descendientes de británicos y de holandeses, muchos de los segundos hablan el afrikaans. El resto es mestizo.  Aunque el inglés es la lengua común, es el quinto idioma por número de hablantes nativos.

Fue descubierta en 1487 por el marino portugués Bartolomé Díaz. Por siglos fue colonia de los boer primero y de los británicos después, que se disputaron esta tierra para expoliar sus minas de oro y diamantes. En 1961 se independizó del Imperio Británico y erigió un sistema llamado apartheid que avergonzó al mundo entero.

Era un régimen racista donde sólo los blancos podían votar y los negros carecían de derechos. El activista negro Nelson Mandela lideró un movimiento de resistencia pacífica hasta que al fin logró una democracia. Mandela fue presidente entre 1994 y 1995 tras arrasar en las primeras elecciones multirraciales de aquel país.

Nelson, que estuvo 30 años en la cárcel durante el apartheid, no se vengó de los blancos durante su mandato sino que predicó la reconciliación. Pero desde que gobiernan los negros la delincuencia se ha desatado y la economía se ha ido a pique. Se teme que un régimen racista antiblanco se instaure cuando muera Mandela.

Sudáfrica es la nación más desarrollada del continente y el país del mundo que atrae más inmigrantes africanos. Pese a ello es tierra de grandes desigualdades sociales. Algunos negros quieren expropiar sus fincas a los terratenientes blancos y hay separatistas afrikaner que reivindican construir una nación sólo para gente blanca.

La sombra alargada del racismo aún sobrevuela la nación. Hay una gran desconfianza y odio latentes contenidos por la figura colosal del africano más importante del siglo XX. Pero Mandela es anciano ¿qué pasará cuando muera? ¿Se consolidará Sudáfrica como potencia o será incendiada por los conflictos étnicos?

España: la Yugoslavia ibérica.

España es el estado heredero de aquel Reino de Castilla que una vez fue la más poderosa nación sobre la faz de la Tierra. Por centurias,  dispuso de un imperio colonial donde nunca se ponía el sol pero una decadencia de doscientos años de dictaduras, golpes militares y gobiernos corruptos la catapultaron al Tercer Mundo.

Hoy España es una nación moderna y desarrollada pero muy alejada de su papel de superpotencia de antaño. Todavía persiste en el pueblo español un cierto complejo de inferioridad al saberse incapaz de recuperar Gibraltar o de competir con Francia, Reino Unido, Alemania o Italia. La envidia es el gran pecado nacional.

España es un país artificial, y por tanto tiende a la desintegración: cinco guerras civiles en tres siglos es un signo evidente de anormalidad. Por centurias fue un estado centralista y uniformizador, donde sólo lo castellano tenía cabida. Las distintas lenguas y culturas locales sufrieron un etnocidio que casi les lleva al abismo.

Ahora esta Castilla ampliada recoge los frutos en forma de balcanización: el independentismo crece en Euskadi , Cataluña, Galicia y Canarias. España actúa como cárcel de naciones y les niega el derecho de autodeterminación pues si una sola de sus regiones se separase el efecto dominó reventaría el estado como a una piñata.

En pocos años, el país ha pasado de ser agrario a vivir del turismo y los servicios. Es una nación de católicos no practicantes con un patrimonio arquitectónico, histórico y cultural abrumador.  Patria de fútbol y de toros. Tierra de genios como Francisco de Goya, Pablo Picasso, Luis Buñuel,  Federico García Lorca

España se desangra entre las fuerzas centrípetas del centralismo mesetario y las centrífugas de la periferia separatista. Cada día más vive de espaldas a Latinoamérica y de cara a la Unión Europea (UE). Es una de las diez primeras potencias del globo pero a la vez una patria dividida y un estado frágil como el cristal.

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