L’Estat Valencià (Amazon).

Títul: L’Estat Valencià.

Autor: Josué Ferrer.

Edició: Josué Ferrer.

Correcció: Josué Ferrer.

Portada: Ignaci Gallego.

Primera edició: Burriana, Regne de Valéncia, maig de 2009 (Mosseguello).

Segona edició: Almassora, Regne de Valéncia, octubre de 2012 (Amazon).

ISBN: 978-84-615-6320-3.

Format: Mobi.

Preu: 1,61 € (Amazon Espanya, Itàlia, França i Alemanya), 1,28 £ (Amazon Regne Unit), 2,00 $ (Amazon Estats Units i Índia).

Sinopsis:

¿Qué fa que un home passe de ser un fervorós espanyoliste a un independentiste valencià convençut? ¿A quant ascendix l’espoli fiscal? ¿Seria viable econòmicament una Valéncia sobirana? ¿Tindria els dies contats el catalanisme si fórem una nació lliure?

Este llibre analisa cóm a lo llarc dels sigles el Regne de Valéncia sempre ha segut lleal a Espanya pero esta sempre mos ha recompensat en la traïció, per lo que ya ha arribat l’hora de deixar d’ofrenar noves glòries a qui mos nega la llengua i l’aigua.

Tan sols hi ha un camí que pot salvar-mos de la dominació política, l’explotació econòmica i la substitució llingüística i cultural que patim els valencians: retornar a l’independència nacional que el Regne de Valéncia no degué haver perdut mai.

L’única vida per a salvaguardar  la nostra llengua i cultura i no ser exterminats com a poble és dotar-mos d’un estat propi: l’Estat Valencià.

NOTA: Esta és la segona edició del llibre, corregida i aumentada respecte de la primera apareguda en paper en 2009. Inclou senyes actualisades, l’adaptació a la normativa vigent de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV), un prefaci a la segona edició i un nou capítul.

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Edite:

Li convide a llegir la notícia de l’aparició d’este llibre que va publicar El librepensador:

NOTÍCIA ESCRITA: http://www.ellibrepensador.com/2012/10/09/lestat-valencia-de-josue-ferrer/

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Voler i no poder.

L’aler Víctor Claver s’ha convertit en el primer valencià que jugarà en la NBA. Com a valencianiste que soc, li desige la millor de les sorts i una carrera plagada d’exits i tituls, pero per desgracia pense que s’ha equivocat. Primer, que ha fichat per Portland Trail Blazers, que és un club a on tots els europeus, llevat d’Arvydas Sabonis, han punchat. Per alli han passat Fernando Martín, Sergio Rodríguez, Rudy Fernández, Drazen Petrovic, Aleksander Djordjevic o Detlef Schrempf. Tots eren molt millors que Claver i tots fracassaren en Portland.

I segon, que és lo més important: Claver no té calitat per a jugar en la NBA. Té una vitola de crack pero no passa de ser un molt bon jugador. És l’eterna promesa; eixa classe de tio que quan té 18 anys dius d’ell: «algun dia sera una gran estrela» i que quan té 35 anys dius d’ell: «algun dia sera una gran estrela». No ha segut un crack en la ACB ni tan sols el jugador més determinant del Valencia. Ademes, com a bon valencià, Claver té sanc d’orchata i no defen dur. Ixca m’equivoque pero em tem que se li fara el cul gros de tant d’estar assentat en el banquet.

L’historia d’este balocistelliste és la del poble valencià. És el voler i no poder. El voler aparentar que som més de lo que realment som. Per als valencians és millor dir «aixo ho pague yo» i convidar als amics en el restaurant encara que no tingam ni un duro i en acabant la nevera estiga buida. És millor hipotecar-se en un chalet que no necessitem, o en un coche que no podem pagar, a viure de lloguer i conduir un utilitari de segona mà. És millor ser una merda punchada en un pal dins d’Espanya a ser una chicoteta nació independent a on ningú te governe des de fora.

Millor ser coa de lleo que cap de ratoli. Millor presumir de poder valencià i creure que tenim en l’Estat la mateixa influencia que Catalunya encara que sigam una colonia. És millor gastar els diners publics en parcs tematics i obres faraoniques per a ser «el melic del món», «el centre de les mirades del planeta» que diuen els nostres governants [pausa aci per a que el llector es descollone] encara que uns pocs anys més tart quebrem. Voler aparentar que som més de lo que  realment som… És algo molt valencià. Valencia és com una tenda en molt d’escaparat i poca rebotiga, com una falla…molt bonica per fòra pero buida per dins.

FONT: Som nº 255. Octubre de 2012.

Tíbet: el santuario mancillado.

Tíbet es una nación que tiene el doble de tamaño que la Península Ibérica, pese a lo cual viven en ella menos de tres millones de personas. Es el centro espiritual del budismo vajrayana, practicado por el 6% de budistas del mundo. De allí es el Dalai Lama, la reencarnación de un gran maestro espiritual de acuerdo a esta religión.

Es una patria montañosa de cumbres nevadas, de nieves perpetuas, de alturas de vértigo que hacen difícil incluso respirar por la escasez de oxígeno. Enormes cordilleras la recorren de punta a punta, como la del Himalaya. En el Tíbet, haciendo frontera con Nepal, está el Everest, el pico más alto del mundo con 8848 metros.

Tíbet es un pueblo acostumbrado a luchar. A lo largo de su historia milenaria ha alternado períodos de independencia con otros de colonización. Ha sido atacado por grandes imperios: mongoles, chinos, británicos y otra vez chinos. Desde 1950 se encuentra ocupado militarmente por Beijing, que la invadió para combatir su religión.

Miles de monasterios y manuscritos fueron quemados. Más de un millón de tibetanos muertos. Hay torturas y asesinatos constantes. China promueve una política de inmigración para colonizar la región: allí ya viven más chinos que lugareños. La lengua, cultura y religión tibetanas son perseguidas y pisoteado el honor.

No obstante, sería un equívoco idealizar al Tíbet independiente previo a la invasión china: se trataba de una teocracia medieval con fuertes desigualdades sociales. Los lamas y los nobles eran terratenientes enormemente ricos, mientras que el pueblo llano era siervo de sus señores en un estilo de vida literalmente feudal.

Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, es el líder espiritual y temporal del país y desde el exilio reivindica una resistencia pacífica contra la ocupación china. Mientras, a falta de petróleo o de grandes recursos económicos, las naciones temen enfrentarse a la poderosa China y optan por abandonar a los tibetanos a su suerte.

Mayas: el ocaso de una civilización.

Se cree que la cultura maya se formó hacia el 1500 AC. Su era dorada coincidió con el período clásico (entre 300 y 900 DC). En esta época se construyeron grandes edificaciones, pero las ciudades mayas fueron abandonadas misteriosamente hacia el año 900 y algunos individuos decidieron emigrar a Yucatán.

Su esplendorosa civilización dio al mundo impresionantes pirámides y templos (donde se hacían sacrificios humanos). Tenían asombrosos conocimientos astronómicos y matemáticos y un calendario solar muy preciso, jugaban a pelota y destacaban en arte, cerámica y escultura. El Popol Vuh es su máxima obra literaria.

El declive del Imperio Maya es todo un enigma. Estos amerindios vieron mermada su población hasta casi desaparecer y a la llegada de los españoles quedaban sólo 100.000.  Se cree que pudo deberse a guerras o un desastre ecológico. La invasión de los conquistadores acabó con su estilo de vida, pero no con los mayas como tales.

Actualmente hay siete millones de mayas repartidos por México, Guatemala, Belice y Honduras. Están divididos en numerosas etnias: tzeltales, quichés, itzáes, choles, cakchiquel, lacandones, etcétera. El pueblo más conocido es el maya propiamente dicho, el cual da nombre a todo el grupo, y ocupa la Península del Yucatán.

A día de hoy los mayas son católicos pero fieles a la vez a su cosmogonía indígena. Viven en una situación de profunda pobreza, marginalidad e injusticia. De hecho, recientemente  sufrieron incluso un genocidio durante la Guerra Civil de Guatemala (1960-1996), país donde ellos constituyen más de la mitad de la población.

En los últimos años muchos activistas, como la Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, luchan por revalorizar esta cultura. Gracias a su presión se oficializaron decenas de lenguas mayas, perseguidas hasta hace nada. El calendario maya predice un nuevo ciclo para la humanidad a partir del día 21 de diciembre de 2012.

Beduinos: los árabes más auténticos.

Los beduinos son un pueblo de diez millones de personas repartidas a lo largo de Arabia Saudita, Jordania, Irak, Libia, Egipto, Israel, Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. O mejor dicho un conjunto de pueblos, ya que se trata de una sociedad dividida en numerosas tribus y clanes, muy a menudo enfrentados entre sí.

El origen remoto de estas gentes se pierde entre las dunas del desierto. Sus raíces están en la Península Arábiga. Se trata de tribus nómadas que van dando tumbos por las arenas. Viven en jaimas que montan y desmontan. Éstas son de pelo de camello o de cabra y protegen tanto del abrasador sol del día como de las gélidas noches.

En lo económico algunos son comerciantes y recorren las dunas en sus conocidas caravanas de dromedarios. Otros muchos son pastores transhumantes que crían cabras y viven de la ganadería. Algunos se están instalando en los bordes del desierto y practican la agricultura. Son pocos los sedentarios en esta sociedad de nómadas.

Ellos son árabes y hablan el badawi. Las tribus tienen vínculos de sangre y su cultura ha permanecido inmutable por siglos. Es como si el tiempo se hubiese paralizado. Entre sus valores destaca el honor y el valor guerrero, la hospitalidad, el aprecio a la poesía y una memoria colectiva transmitida oralmente de padres a hijos.

Los beduinos son musulmanes, ellos de hecho fueron de los primeros que siguieron al profeta Mohamed. Pero a la vez mantienen creencias animistas preislámicas. Y son muy supersticiosos: creen que hay espíritus malignos -los djinn- que moran a su alrededor y practican rituales mágicos para protegerse de ellos.

Los beduinos son considerados los árabes más puros y auténticos que existen.  Están vinculados culturalmente al sufismo y a la mítica ciudad de Petra. Ataviados con sus túnicas y turbantes que les guarecen del sol, se mueven en medio de los desiertos siempre con el fusil cerca. Es una sociedad teocrática y medieval.

Shan: el Triángulo Dorado del opio.

Los shan son un pueblo de origen chino que vive sobre todo en el multiétnico Estado Shan de Birmania y zonas limítrofes de China, Tailandia, Camboya y Vietnam. Es un pueblo de unos seis millones de almas con lengua, cultura e identidad propias. Es budista y animista y su idioma se parece al tailandés y al lao.

Es éste un pueblo secular cuya historia se remonta a siglos atrás, a un sinfín de viejos principados con sus propias familias reales. Los shan dominaron la mayor parte de la actual Myanmar desde el siglo XIII al XVI, pero luego se dividieron en más de 30 diminutos estados que acabaron siendo vasallos del feudal monarca birmano.

Después vino la colonización británica, otro episodio más de dominación extranjera en la larga historia de esta nación. En 1948 se independizó de Reino Unido dentro de la Unión de Birmania. Diez años después se les concedió a los shan el derecho a secesionarse del recién nacido país pero optaron por seguir en él.

Los shan mantienen desde hace décadas una intermintente guerra de guerrillas con el Ejército birmano, incapaz de controlar la región. Ciertos sectores shan en el exilio declararon la independencia nacional en 2005, pero ésta fue rechazada por la mayoría de etnias del Estado Shan. Pese a ello, Myanmar ha endurecido la presión.

El régimen birmano suele quemar aldeas shan y obligar a sus nativos a buscar refugio en Tailandia. Los hombres jóvenes son a veces reclutados indefinidamente por el Ejército birmano o esclavizados para realizar trabajos forzados.  La guerrilla resiste en la selva. El sentimiento independentista gana adeptos día a día.

Unos Estados Federados de Shan independientes dan miedo a sus vecinos ya que desestabilizarían la región, pero también a Occidente ya que sería un narcoestado ubicado en el mismísimo Triángulo Dorado del opio. Y allí sólo hay dos grupos de personas: las mafias que controlan la droga y los campesinos explotados por las mafias.

Unión Soviética: el terror rojo.


Tras la revolución bolchevique que defenestró al zar ruso en 1917, nació en 1922 una poderosa nación que habría de hacer temblar al mundo: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un estado federal compuesto por quince repúblicas con un gobierno centralizado y una economía planificada desde Moscú.

La URSS simbolizaba la utopía socialista del filósofo Karl Marx liderada por Vladimir Lenin. En teoría un paraíso donde todos eran iguales, en la práctica una cárcel de naciones, un monstruoso régimen ateo donde la gente era asesinada por no pensar como el dictador y un sistema económico fallido que trajo mucha hambre.

La Unión Soviética derrotó a Alemania en la Segunda Guerra Mundial y por décadas mantuvo una tensa carrera armamentística con los americanos. En 1962 con la crisis de los misiles de Cuba la Guerra Fría estuvo a punto de pasar a ser caliente. Josip Stalin fue el autócrata soviético más despiadado y exterminó a millones.

La URSS era el país más grande del mundo con 22.400.000 km2 y  el más poblado de Europa con 293 millones. Llegó a tener un arsenal atómico capaz de devastar el planeta varias veces, a principios de los años 60 estaba por delante de Estados Unidos en la carrera espacial y muchos creían inevitable la victoria del comunismo.

Pero en 1991 bajo la presidencia de Mijail Gorvachov la URSS se desintegró y dio paso a 19 naciones: Armenia, Azerbayán, Nagorno Karabaj, Bielorrusia, Estonia, Georgia, Abjasia, Osetia del Sur, Kazajistán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Transnitria, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Ucrania.

La URSS fue un gran imperio pero el comunismo es peor que el capitalismo y la dictadura no puede competir con la democracia. La Unión Soviética fue un estado totalitario y genocida, una gigantesca tierra de fosas clandestinas y gulags, una pesadilla que dio la espalda a Dios y que acabó enterrada en el vertedero de la historia.

Yugoslavia: el fracaso de la multiculturalidad.

De las cenizas de la Primera Guerra Mundial nació en 1918 el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que luego se denominaría Yugoslavia. Era un estado artificial creado de la noche a la mañana bajo el liderazgo de Belgrado; un puzzle de razas, etnias, lenguas, culturas y religiones forjado bajo el lema de que la unión hace la fuerza.

Pero las tensiones afloraron pronto. En la Segunda Guerra Mundial los croatas se aliaron con los nazis y asesinaron 700.000 serbios. Después, con la llegada del mariscal Josip Broz Tito y el advenimiento de la dictadura comunista, el país se mantuvo unido y las diferencias culturales y resentimientos aparcados por un tiempo.

Yugoslavia llegó a tener 25 millones de habitantes. Era la locomotora económica de la Europa Suroriental y lideraba a los países no alineados.  Su selección de baloncesto fue campeona europea, mundial y olímpica. El país era mostrado como un ejemplo de convivencia. Pero todo eso era sólo un espejismo que duraría poco.

La Guerra Civil Yugoslava (1991-1995) desintegró esta patria tras un mar de genocidios. El centralismo promovido por el nacionalista serbio Slobodan Milosevic provocó la secesión de Eslovenia, Croacia, Macedonia (1991) y Bosnia-Herzegovina (1992). Sólo Montenegro se quedó junto a Serbia en una Yugoslavia menor.

En 1999 la OTAN declaró la guerra a Milosevic por sus crímenes contra los kosovares. Montenegro acabó abandonando a Serbia en 2006, poniendo fin a Yugoslavia. La independencia de Kosovo respecto de Serbia en 2009 fue el epílogo a una historia teñida de sangre e independentismos que acuñó un nuevo verbo: balcanizar.

Los estados multiculturales suelen fracasar. La convivencia pacífica de distintas religiones, lenguas y culturas es sólo posible bajo el puño de hierro de un dictador. No habría separatistas si no hubiese separadores. Los estados artificiales están condenados a desaparecer… Son las lecciones de la extinta Yugoslavia para la historia.

Cachemira: entre tres tierras.

Cachemira es un paraíso en llamas. Una de las regiones más hermosas del planeta -hay quien dice que allí estuvo el edén- está sometida a una escalada militar impresionante entre tres potencias nucleares: India, Pakistán y en menor medida China, ya que cada uno de esos estados dispone de una porción de tan bella tierra.

En 1947 la colonia británica de India se iba a independizar del Reino Unido, pero al estar llena de hindúes y musulmanes decidieron partir la colonia en dos estados para evitar conflictos religiosos. Donde hubiese mayoría hindú sería India, y donde hubiese mayoría mahometana Pakistán. Cachemira era fronteriza con los dos.

Al ser de mayoría islámica, en teoría iba a ser para Pakistán. Pero el marahá de Cachemira, Hari Singh, soñaba con la idea de tener una nación independiente. El ejército pakistaní invadió el principado e, incapaz de hacer frente al ataque, Singh pidió ayuda a India a cambio de firmar un tratado de adhesión a aquel país.

A pesar de carecer de petróleo o de grandes recursos naturales que den beneficio económico, es una zona muy codiciada. India y Pakistán han entablado varias guerras por ella (1947, 1965, 1971 y 1999) y viven siempre a un paso del abismo nuclear. India y China también fueron a la guerra por el control de la región en 1962.

Pakistán reclama esta tierra por ser de mayoría islámica. India la reivindica en virtud del tratado de adhesión. China defiende su parte del pastel. Sin embargo nadie se para a preguntar a los afectados qué desean hacer con su patria. Los cachemires están muy hartos de unos y de otros y la mayoría reclama un estado soberano.

El cachemir es un pueblo con una lengua, cultura e identidad propias. Su idioma decae por su ausencia en la educación formal. Su tierra es devastada por los misiles de ejércitos extranjeros. Le gustaría ser independiente pero su nación está repartida entre tres potencias. Todos hablan en su nombre mas nadie quiere oír su voz.

Pakistán: el islamismo atómico.

Pakistán nació en 1947. Aquel año India se iba a independizar de Reino Unido pero tenía un problema: en esa colonia británica había muchos hindúes y muchos musulmanes, y para evitar conflictos religiosos partieron la colonia en dos estados. Donde hubiera mayoría hindú sería India y donde hubiera mayoría islámica Pakistán.

Uno de los problemas para Pakistán fue que una parte de su país -Bangladesh- quedaba muy alejada del resto y en 1971 se acabaría independizando. Y el otro es que una región, Cachemira, que en principio iba a ser para Pakistán pidió su anexión a India en 1947, lo que ha desatado una gran escalada bélica entre ambos países.

Pakistán es un estado artificial creado de la noche a la mañana, un puzzle de etnias (balochs, punjabis, cachemiros, waziristaníes, pastunes…) que nada tiene en común aparte del islam. Esto provoca fuertes tensiones nacionalistas en un país que si no se desintegra es porque está gobernado por la mano de hierro del ejército.

Pakistán es el quinto país más poblado del mundo con casi 200 millones de almas. Posee un gran ejército y es una potencia nuclear. India y Pakistán han sostenido varias guerras (1947, 1965, 1971, 1999) por la fronteriza Cachemira (cada uno controla la mitad de la región) y ambos viven siempre a un paso del armagedón atómico.

Allí todo gira en torno a la religión y cultura mahometana (el 94% de sus habitantes profesa la fe de la media luna). Es una patria atrasada y medieval, con un radicalismo islámico feroz que hace imposible el respeto hacia la libertad religiosa o a los derechos humanos. La principal lengua es el urdu, muy similar al hindi.

Es un país sin historia, pues nunca existió el pueblo pakistaní como tal. Su existencia como estado podría derivar en una guerra atómica con India y una eventual  desaparición podría llevar las cabezas nucleares a manos de terroristas. El futuro de la nación islámica más poderosa militarmente hace temblar al mundo.

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