El Sol de Nuevo México.

Relato de Josué Ferrer. Publicado y dramatizado en el programa La Rosa de los Vientos de Onda Cero el 24-5-2015. SINOPSIS: Joe Flores despierta sobresaltado en mitad de la noche. Acaba de soñar con la combinación ganadora de la lotería de Estados Unidos. ¿Acaso puede ver el futuro? ¡Descúbrelo haciendo clic en el vídeo!

Centro América: la unión imposible.

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Cuando uno mira el mapa de la América continental llama la atención que los únicos estados pequeños son los de América Central. No siempre fue así. En 1823 algunas regiones se separaron de México y crearon las Provincias Unidas del Centro de América. En 1824 el país pasó a llamarse República Federal de Centro América.

Se componía de cinco estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua (miembros originales) y Costa Rica, que entró en 1824 (ese año salió Chiapas, anexada a México). En 1836 se creó un sexto y efímero estado: Los Altos. Panamá era parte de Nueva Granada y Belice colonia británica, aunque reclamada por Guatemala.

La República enfrentó graves problemas desde el principio: Guatemala promovía un conservadurismo reaccionario contrario a las ideas liberales; había pocos fondos y malas comunicaciones; Estados Unidos y Reino Unido intervenían en la zona; no había una cohesión nacional a nivel popular y primaban los intereses locales.

La República Federal de Centro América limitaba con México, Nueva Granada, Caribe y Pacífico. Tuvo como capitales a Ciudad de Guatemala, Sonsonate y finalmente San Salvador. Lo cierto es que fue un proyecto de la élite criolla, ajeno al pueblo llano. Cada estado era autónomo. Hubo guerras civiles en 1826-1829 y 1838-1840.

Las repúblicas de Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Los Altos se independizaron en 1838, Guatemala se separó en 1840 y reabsorbió Los Altos ese mismo año. Para 1839 la República Federal de Centro América ya había pasado al vertedero de la historia, aunque El Salvador se negó a aceptar tan dura realidad hasta el año 1841.

En el siglo XIX hubo numerosos intentos por resucitar este efímero país. Pero nunca fue viable. Prueba de ello es la disparidad de caminos que han tomado sus miembros: Guatemala conservadora, Nicaragua progresista, Costa Rica liberal y El Salvador y Honduras, devoradas por el hampa. Demasiado distintos para unirse.

México: lo que pudo haber sido y no fue.

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Por aquí han pasado mexicas, mayas, olmecas, toltecas, mixtecas, aztecas…El Imperio Español colonizó este vasto territorio, que pasó a llamarse Virreinato de Nueva España. Se declaró independiente de España en 1821. Nació como un país rico, grande y poblado, y parecía predestinado a convertirse en una gran potencia.

Pero aquel sueño resultó ser tan sólo un espejismo. Las ideas liberales pronto fueron ahogadas por un conservadurismo reaccionario y tras una breve guerra (1846-48), Estados Unidos le arrebató el 55% de su territorio. Desde entonces ha sufrido todo un sinfín de corruptelas, revoluciones, golpes de estado y dictaduras mil.

Los Estados Unidos Mexicanos tienen petróleo, gas y recursos naturales. Su clima y playas envidiables hacen de él un destino turístico de primer orden. Pero su industrialización fue escasa y tardía. Tiene todo para ser próspero, pero está devorado por la pobreza, la corrupción, la idolatría, la violencia y el tráfico de drogas.

Es un pueblo mestizo, aunque con un importante sustrato indígena. Con sus 120 millones de habitantes, es el país con más hispanohablantes del mundo. Y cuenta con cerca de 70 lenguas indígenas reconocidas. Impera un catolicismo fanático y cerril. En torno a 40 millones de mexicanos residen en el sur de los Estados Unidos.

México es un crisol de razas y culturas. Es heredero de un impresionante patrimonio histórico y arquitectónico legado por mil y una naciones precolombinas…  Y es tierra de hijos ilustres como  Pancho Villa, Emiliano Zapata, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Cantinflas, Hugo Sánchez o Frida Kahlo.

En términos generales el mexicano es un pueblo muy nacionalista y orgulloso de sus raíces. Tanto que a veces no se percata de sus errores. Existe un sentimiento de mexicanidad que va más allá de etnias y culturas y el deseo frustrado de reverdecer viejos laureles. México se debate entre ser él mismo o el patio trasero de América.

Paquimé: las casas grandes.

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Dentro del heterogéneo conjunto de pueblos que fue los indios mogollón, destaca el pueblo paquimé. Esta cultura se ubica en torno a la Sierra Madre Occidental de México, en lo que actualmente es el Estado de Chihuahua, junto al río Casas Grandes. De hecho, paquimé  significa precisamente en lengua nahuatl “casas grandes”.

Esta patria nace en el año 700, fundamentada en la agricultura y en pequeñas casas de adobe. Ya por entonces enterraba a sus muertos, aunque en posición semiflexionada. Hacia el 900 se desarrolla el comercio de sal, conchas y cobre y aumenta el contacto con los anasazi, mogollón, hohokam y otros nativos de la zona.

Entre 950 y 1060 se desarrolla mucho la cerámica y el comercio de turquesas y otras piedras preciosas. También surge la figura del chamán, a quien se le atribuyen facultades medicinales y mágicas. Entre 1060 y 1205 el área de Casas Grandes pasa a ser un gran centro de producción y su influencia se expande al norte.

Entre 1205 y 1265 esta ciudad-estado vive su esplendor: edificios de 6 ó 7 pisos de altura; grandes torres y muros para proteger el país, palacios con habitaciones de adobe y ventanas en forma de T, mercado, edificios ceremoniales, obras de irrigación, acequias con agua, se construyen pequeñas aldeas junto a la gran urbe…

Pero en el siglo XV esta próspera ciudad-estado fue saqueada y vandalizada. Los paquimé sucumbieron ante el asedio de los pueblos enemigos y se marcharon en un éxodo forzado. A partir de ahí se les pierde la pista. Después de que su ciudad fuera abandonada, pasó a ser ocupada por otros pueblos nativos que se instalaron allí.

Esta cultura hoy extinta no sólo destacó en una arquitectura asombrosa. Los paquimé también jugaban a pelota, al igual que otros pueblos amerindios, y su cerámica de vasijas y ollas de barro es de lo mejorcito del México precolombino. Por otro lado, también practicaban sacrificios humanos en honor a los dioses kachina.

Mogollón: los señores de la sierra.

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En la zona conocida como Oasisamérica -un área cultural de la América precolombina ubicada a caballo entre el noroeste de Estados Unidos y el noroeste de México- florecieron pueblos como los anasazi, los mogollón, los hohokam, los fremont y los pataya. Los dos primeros fueron los más importantes en esta vasta región.

Los indios mogollón se ubicaron entre los actuales estados de Arizona y Nuevo México y la Sierra Madre  Occidental de México. Como suele ocurrir con otras culturas precolombinas, los indios mogollón no eran en sí una sola y única nación, sino más bien un conjunto de tribus, reinos y pueblos unidos por una cultura en común.

Entre 500 AC y 1000 DC el desarrollo cultural y tecnológico apenas evoluciona. Vivían en asentamientos rocosos para protegerse de los depredadores. A partir del siglo XI aumenta el contacto con los vecinos de norte y sur y se desarrolla el comercio y los edificios de mampostería. Creían en deidades vegetales llamadas kachina.

A diferencia de los anasazi, los mogollón solían enterrar a sus muertos, junto con ofrendas de cerámica y piedras semipreciosas. En el siglo XIII desarrollaron mucho la alfarería; parte era de color blanco, con escenas de la vida cotidiana. Algo excepcional, pues los pueblos vecinos pintaban motivos geométricos en sus vasijas.

El ocaso mogollón comienza en el siglo XIII. Un suceso desconocido los forzó a un éxodo masivo. Algunos se refugiaron en la Sierra Madre, otros fueron al norte, al territorio anasazi, otros a Coahuila. La región quedó despoblada. A día de hoy aún es un misterio la razón de este éxodo, aunque se especula con una grave sequía.

El pueblo mogollón más sobresaliente fue el paquimé, en el estado de Chihuahua. Vivió su auge en los siglos XIV y XV. Dispuso de casas acantilado, comerciaba con conchas y metales preciosos y jugaba a pelota. Los paquimé se llamaban a sí mismos jovas. La llegada de los españoles supuso el fin de esta cultura, hoy extinta.

Texas: el derecho a la secesión.

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Texas fue colonia de España (y en menor medida de Francia) por siglos, y luego perteneció a México, hasta que unos colonos anglosajones  la independizaron en 1836. Es, junto con Hawaii, California y Vermont, uno de los cuatro únicos estados que fueron independientes antes de unirse a Estados Unidos (lo hizo en 1845).

Durante la Guerra Civil Americana (1861-1865) formó parte de los extintos Estados Confederados. En la actualidad es el segundo estado de Estados Unidos en extensión, población y economía y el icono por excelencia de esa América profunda de rancheros y cowboys con la Biblia en una mano y el revólver en la otra.

Texas tiene una fuerte personalidad sureña. Allí las iglesias protestantes tienen mucha fuerza y la población es conservadora, provida y partidaria de la familia tradicional. Los texanos son defensores a ultranza del capitalismo, el derecho a portar armas y la mínima intervención del Estado en la vida diaria de las personas.

Hay mucha gente blanca, anglosajona y protestante contraria a una inmigración masiva y descontrolada procedente de México, vinculada en ocasiones a la delincuencia. Por otro lado, es fácil encontrar latinos tomando comida tex-mex o asiáticos con el sombrero de vaquero. Es una cultura inclusiva. Se habla inglés y español.

Texas vive un milagro económico. Desde junio de 2009 ha creado casi la mitad de los empleos de todo Estados Unidos. Impuestos bajos, poca regulación y una política pro-negocios no hacen sino atraer empresas de California y Nueva York. Cuenta con una gran industria petrolera y gasística, y en Houston se encuentra la NASA.

Texas se siente cada vez más alejada de Washington, discriminada por una administración central que quiere intervenir en sus asuntos internos, sacarle el dinero y que no controla las fronteras con el vecino México. El malestar es creciente entre el pueblo texano y cada vez más gente reclama su derecho a la secesión.

Pueblo: la armonía de la aldea.

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Los indios pueblo son una veintena de etnias amerindias de Nuevo México y Arizona, entre las que destacan los taos, acoma, zuni y hopi. Descienden de los hokoam, anasazi y mogollón y su región ha pertenecido a España, México y desde 1848 a los Estados Unidos. Su economía está basada en la agricultura, cerámica y comercio.

No eran una tribu sino que la unidad básica era la aldea -edificada sobre una plataforma alta para defenderla- con sus sacerdotes y jefes. Su nombre se lo pusieron los colonos españoles en el siglo XVI porque vivían en poblados con casas sólidas y compactas con paredes hechas de piedra y adobe (muy valoradas hoy).

Al haber numerosas subdivisiones dentro de los indios pueblo encontramos desde tribus matrilineales exogámicas a clanes patrilineales endogámicos. Al este de Río Grande la agricultura era de regadío y al oeste de secano. Incluso existen decenas de lenguas y dialectos pueblos no siempre inteligibles, y procedentes de distintas raíces.

La Revuelta Pueblo de 1680 supuso la derrota de los colonos españoles y su expulsión por doce años. En la actualidad estos nativos son mayoritariamente católicos -por la influencia española- pero mezclan esta religión con su animismo tradicional que adora los espíritus de la naturaleza y busca la armonía en el mundo.

El maíz desempeñaba un papel muy importante en su cultura, ya que se le consideraba sagrado y en ocasiones se utilizaba como elemento para hacer plegarias y oraciones. De algún modo representaba una tierra que fructifica a pesar de la pertinaz sequía de un desierto tan árido y polvoriento como Nuevo México.

La aldea pueblo más antigua es Acoma: 1000 años de historia ininterrumpida. Hoy residen tanto en viviendas modernas como antiguas, son ciudadanos americanos y conservan su cultura pero tienen fricciones con los navajo, que les invadieron en el pasado. Los indios pueblo encarnan la vida feliz y sencilla de la aldea.

Tarahumara: el pueblo de las montañas.

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Los tarahuamara son una nación amerindia de México, una de las más importantes del país. Residen en las montañas, en cuevas de peñascos escarpados y en chabolas. No se han visto afectados por el mundo exterior hasta hace poco. Hay unos 120.000 de ellos, con lengua y cultura propias pero en situación de pobreza.

Vivían de cultivar maíz en los valles montañosos y de comer plantas silvestres en invierno. Los colonos españoles les atacaron en el siglo XVI y se replegaron a las montañas. Un siglo después la sierra tarahumara estaba tomada, los misioneros jesuitas establecidos y una gran avalancha de mineros llegaba para explotar la región.

Estos nativos americanos se levantaron en armas en 1646 pero los españoles, con el apoyo de otros grupos amerindios cristianizados, los derrotaron. En 1684 y 1697 otra vez lo intentaron para ser vencidos nuevamente por el hombre blanco. En el siglo XIX los estados de Chihuahua y Sonora expropiaron buena parte de sus tierras.

Hoy viven aislados en pequeñas comunidades alejadas entre ellas, y sólo se reúnen para fiestas o trabajos comunes. Cuando hace calor viven en cabañas y con las nieves se refugian en las cuevas. Las comunidades tienen un gobernador que hace de juez y mediador, entre otros. Mezclan el catolicismo con su fe animista de siempre.

En cuanto a la familia, una joven tarahumara nunca se muestra desnuda después de los 6 años de edad, hasta el punto de hacer el amor con su marido vestida. Los matrimonios son monógamos aunque aún se dan muchos casos de poliginia. Nunca regañan a sus hijos y les  confieren pequeñas responsabilidades desde bien niños.

Estos nativos tienen grandes condiciones atléticas. Correr es su talento. A veces corren tras una bola de madera que lanzan con el pie, tras colocarla con un bastón. Pueden correr días y noches sin parar por cualquier terreno y superando cualquier traba. Y es que se hacen llamar “rarámuri” que significa “los de los pies ligeros”.

Toltecas: una nación de constructores y guerreros.

Toltecas

Los toltecas fueron una gran civilización -hoy desaparecida- de Mesoamérica. Ellos emigraron del norte del actual México en torno al 700 DC y establecieron una ciudad-estado militar en Tula en el siglo X DC. Se trataba de una nación pretoriana con un gran poderío militar que empleó para sojuzgar a los pueblos vecinos.

Tenían una refinada cultura y dominaban la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía, pero al ser una sociedad belicosa orientada más a la guerra que a la paz estaban más interesados en la función de una herramienta que en su forma o estética, así que confeccionaron pocos objetos de lujo.

También la arquitectura y escultura toltecas buscaban más una finalidad práctica que estética. Construyeron colosales guerreros de piedra -de casi cinco metros de alto y varias toneladas de peso- que pretendían inspirar temor. Y es que tolteca significa “maestro constructor” en nahuatl, idioma que compartían con los aztecas.

Compartían con ellos bastantes aspectos culturales y religiosos, como la adoración a Quetzalcoatl. Según una leyenda este dios y sus seguidores -forzados por el dios tolteca Tezcatlipoca- abandonaron Tula en torno al 1000 y se instalaron en la sureña ciudad maya de Chichén Itzá, desarrollándola y convirtiéndola en su capital.

En siglo XII esta civilización amerindia afrontaba su ocaso más doloroso cuando los chichimecas y otros pueblos saquearon Tula. Los toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente. El siglo XIII supuso el fin de la decadente potencia tolteca y el ascenso del Imperio Azteca.

En la actualidad en México hay algunas comunidades de neotoltecas que siguen la filosofía de vida de sus ancestros y que creen que los antiguos mesoamericanos tenían una cultura común llamada Toltecayotl. Los neotoltecas buscan un estilo de vida que respete la naturaleza y los animales para recuperar la armonía de antaño.

Zapotecas: la gente de las nubes.

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El pueblo zapoteco fue una de las civilizaciones más brillantes de Mesoamérica. Habitó fundamentalmente en lo que hoy conocemos como Oaxaca (México) y parte de Guerrero, Puebla y el Istmo de Tehuantepec. Aún queda un millón de indígenas zapotecas en México, con lengua y cultura propia, pero malviven la miseria.

Zapoteca significa “pueblo del Zapote”. No existe ninguna leyenda concreta acerca del origen y migración de este pueblo. Ellos pensaban que habían nacido directamente en las nubes, y que eran hijos legítimos de los dioses. Por eso se llamaban a sí mismos “ben’ zaa” o “vinizá” que quiere decir “la gente de las nubes”.

Su rastro se remonta a hace 2500 años y se desarrollaron fundamentalmente entre 500 AC y 1000 DC. Hacia el 1200 DC ya era una sociedad completamente decadente que apenas podía contener el empuje de mixtecas y aztecas. Finalmente, la llegada de los españoles supuso la puntilla a una civilización moribunda.

Los zapotecas eran sedentarios y vivían de la agricultura. Tenían un panteón de divinidades con Cocijo, dios de la lluvia, a la cabeza. Los sacerdotes tenían gran poder y en ocasiones hacían sacrificios humanos. Estos nativos adoraban a sus antepasados, creían en un paraíso en el más allá y practicaban el culto a los muertos.

Era una sociedad muy desarrollada en arte, arquitectura, astrología y calendarios. Fue el primer pueblo centroamericano -junto con los mayas- en disponer de un sistema de escritura (jeroglíficos). Se asemejaban a olmecas, mayas y toltecas y están considerados la segunda civilización madre de Mesoamérica tras los olmecas.

Monte Albán fue su centro neurálgico, allí se han encontrado grandes templos, tumbas funerarias, orfebrería y estadios para el juego de pelota, entre otros. El idioma zapoteco es una macrolengua, esto es, un conglomerado de muchos idiomas, hablado aún hoy por 800.000 personas en los Estados Unidos de México.

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