Beduinos: los árabes más auténticos.

Los beduinos son un pueblo de diez millones de personas repartidas a lo largo de Arabia Saudita, Jordania, Irak, Libia, Egipto, Israel, Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. O mejor dicho un conjunto de pueblos, ya que se trata de una sociedad dividida en numerosas tribus y clanes, muy a menudo enfrentados entre sí.

El origen remoto de estas gentes se pierde entre las dunas del desierto. Sus raíces están en la Península Arábiga. Se trata de tribus nómadas que van dando tumbos por las arenas. Viven en jaimas que montan y desmontan. Éstas son de pelo de camello o de cabra y protegen tanto del abrasador sol del día como de las gélidas noches.

En lo económico algunos son comerciantes y recorren las dunas en sus conocidas caravanas de dromedarios. Otros muchos son pastores transhumantes que crían cabras y viven de la ganadería. Algunos se están instalando en los bordes del desierto y practican la agricultura. Son pocos los sedentarios en esta sociedad de nómadas.

Ellos son árabes y hablan el badawi. Las tribus tienen vínculos de sangre y su cultura ha permanecido inmutable por siglos. Es como si el tiempo se hubiese paralizado. Entre sus valores destaca el honor y el valor guerrero, la hospitalidad, el aprecio a la poesía y una memoria colectiva transmitida oralmente de padres a hijos.

Los beduinos son musulmanes, ellos de hecho fueron de los primeros que siguieron al profeta Mohamed. Pero a la vez mantienen creencias animistas preislámicas. Y son muy supersticiosos: creen que hay espíritus malignos -los djinn- que moran a su alrededor y practican rituales mágicos para protegerse de ellos.

Los beduinos son considerados los árabes más puros y auténticos que existen.  Están vinculados culturalmente al sufismo y a la mítica ciudad de Petra. Ataviados con sus túnicas y turbantes que les guarecen del sol, se mueven en medio de los desiertos siempre con el fusil cerca. Es una sociedad teocrática y medieval.

Qatar: la multinacional del gas.

Bajo el sol abrasador del Golfo Pérsico, y en medio de un desierto cruel se erige una pequeña península del tamaño de Jamaica que acapara la atención del mundo. Un liliputiense estado deslumbra a Occidente con su musculatura económica y es un referente en el mundo árabe por su prestigiosa televisión Al-Yazira.

Qatar es una monarquía absolutista sin partidos políticos ni elecciones, aunque algo menos represora que sus vecinos del Golfo Pérsico. Desde 1995, el emir Hamad Al Thani gobierna Qatar, tras arrebatar, de forma incruenta, el poder a su padre, Khalifa Al Thani, mientras éste estaba pasando sus vacaciones en Suiza.

Muchos comparan a Qatar con una plataforma petrolífera o una multinacional del gas. Y es que el 80% de la población del pequeño emirato es inmigrante (y suele trabajar en régimen de semiesclavitud, como sucede en todo el Golfo).  La explotación laboral alcanza unas cotas medievales, al amparo del feudalismo islámico.

Como a todas las naciones pequeñas, a Qatar siempre han tratado de convencerle de que no tendría ningún futuro como estado independiente, que lo mejor sería conformarse con ser la región de un país muy poblado y grande. Así omeyas, abasidas, persas, otomanos, bareníes y británicos trataron de engullir al pequeño emirato.

El emirato se convirtió en un protectorado británico en 1916. En 1968 ingresó en los Emiratos Árabes del Golfo Pérsico (lo que hoy se conoce como Emiratos Árabes Unidos), de los cuales se retiró en 1971 para proclamarse estado soberano. Firmó un tratado de amistad con los británicos, ingresó en la Liga Árabe y también en la ONU.

Qatar es uno de esos ejemplos de que la independencia sienta bien. Pese a ser un país de Liliput, es el tercer estado del globo en reservas de gas natural (el 14% mundial)  y uno de los primeros productores de petróleo. Tercero del mundo en renta per cápita, el país disfruta de una economía en expansión y superávit comercial.

Arabia Saudita: la cuna del islam.

Para los occidentales, Arabia Saudí es un inmenso desierto bajo cuya arena se esconde un más inmenso todavía oceano de petróleo. Este país del Golfo Pérsico es el que tiene más petróleo del planeta, y es uno de los primeros en gas natural, lo cual hace que los gobernantes de todo el mundo rindan pleitesía a su despótico rey.

Pero para los mahometanos Arabia es lo que el Vaticano para los católicos. La Meca es su centro espiritual, una ciudad a la que acuden cada año millones de peregrinos para cumplir con uno de los cinco pilares básicos del islam. Allí nació el profeta Mahoma, que luego habría de expandir el islam y el árabe por el mundo.

Este reino es el referente de los suníes, que son el 90% de musulmanes, y tiene su principal contrapoder en Irán, la tierra del chiismo. Desde Arabia Saudita se financia la construcción de mezquitas y madrasas por todo Occidente, que propagan la doctrina salafista, una de las más integristas de la secta de la media luna.

Arabia Saudita es una teocracia medieval donde el Corán hace de Constitución y la Sharia es la ley fundamental. En esta monarquía absolutista no hay elecciones, derechos humanos o partidos políticos. La familia Saud gobierna esta nación como si fuese su cortijo, hasta el punto de añadir su propio apellido al nombre del país.

La familia real (en teoría descendiente de Mahoma) está compuesta por más de 7.000 miembros, convenientemente mantenidos y remunerados; cuenta con un monarca todopoderoso y centenares de príncipes. El rey dispone de su propio harén y gobierna con mano de hierro. Arabia se independizó de Gran Bretaña en 1926.

El alcohol y el cerdo están prohibidos. También los cines y teatros. A la hora de los rezos se cierran tiendas y programas de TV. Las mujeres no conducen. Existe una policía que vela por la moral. Cristianos y judíos son expulsados del país incluso por rezar en la intimidad de sus hogares… Arabia Saudí es el auténtico rostro del islam.

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