Tercer Mundo espiritual.

Hace unos años viajé a Venezuela con la convicción de que iba a visitar el Tercer Mundo. Y la verdad sea dicha vi pobreza, desigualdades, la falta de agua potable, un pésimo servicio de recogida de basuras y otras cuestiones que ahora no viene al caso comentar. Pero también me impresionó sobremanera el enorme avivamiento espiritual que experimenta no sólo ese país sino toda América Latina. Una vez más allí donde hay abundante injusticia y dolor, la población se encomienda más a Dios.

Una auténtica explosión de iglesias evangélicas ha surgido en América en las últimas décadas. Hay una en cada barrio y su expansión es imparable: por ejemplo una iglesia puede pasar de 50 miembros a 250 en sólo dos años. Por el contrario, aquí en el Reino de Valencia el número de fieles permanece estancado desde hace años. La iglesia más grande de Venezuela es Maranatha (en Valencia, Carabobo) con más de 5.000 fieles. Por contra, aquí ninguna iglesia alcanza el millar de ovejas.

Allí vi cosas que en mi país nunca había visto. Vi cómo en cada culto había varias personas que daban un paso al frente y aceptaban a Jesucristo (jamás he visto esto en mi tierra). Vi que hacen bautizos cada 15 días (aquí a duras penas se reúne gente para hacer un bautizo anual). En Colombia se han llegado a hacer bautizos masivos de 3.000 personas en un solo día. Y lo que más me llamó la atención: allí los cristianos van a la plaza mayor del pueblo y pregonan el Evangelio en voz alta a la gente.

Todo esto ha producido un innegable beneficio social: por cada persona que se congrega en una iglesia evangélica y que conoce al Señor hay en la calle una prostituta menos, un drogadicto menos, un borracho menos. Allí los cristianos son muy perseverantes en su fe y su proselitismo, son grandes conocedores de la Biblia, ayudan económicamente a las personas más necesitadas y fomentan en la sociedad una costumbre tan sana como la de bendecir los alimentos a la hora de comer.

En cuanto a mi país: aborto libre, experimentación con embriones, eutanasia, matrimonio gay, ateísmo, islam, iglesias que agonizan… Cuando me marché de la República de Venezuela me di cuenta de que soy yo el que vive en el Tercer Mundo. Porque el Reino de Valencia (y Europa en general) es el Tercer Mundo espiritual. Tan sólo le pido a Dios que tenga misericordia de este rincón del orbe y que la bendición del Evangelio nuevamente sea derramada con fuerza si es que es su voluntad.

Cristianos y vida pública.

El pasado 17 de octubre de 2009 más de un millón y medio de personas se manifestó en Madrid contra el aborto. A pesar de ello, el gobierno socialista del presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha logrado aprobar en el Congreso una nueva ley que legalizará el aborto libre, que permitirá a las chicas de 16 años interrumpir su embarazo sin ni siquiera informar a sus padres y que hace que el aborto pase de ser un delito despenalizado en tres supuestos (peligro físico o psicológico para la madre, malformación del feto y violación) a ser considerado un derecho civil. 

¿Cómo puede ocurrir esto? Sencillo. Porque los cristianos no estamos comprometidos. ¿De qué sirve que salga a las calles 1.500.000 manifestantes si cuando lleguen las elecciones va a votar por un partido abortista como el PSOE o por otro partido igualmente abortista como el PP?  Más valdría tener en el Congreso a un partido antiabortista con 1.500.000 votos que hacer una manifa que no deja de ser un disparo de escopeta con pólvora mojada. Sin embargo, la Iglesia Católica le hace la pelota al PP. Y en las iglesias evangélicas ni se habla de la ley genocida y asesina aprobada en España.

En el fondo hemos caído en la trampa que nos han tendido los socialistas y los ateos. Nos dicen que nosotros, los cristianos, podemos tener nuestras ideas, por supuesto, pero que nuestras creencias deben quedar en el ámbito de lo privado, en nuestras casas, en nuestras iglesias, de puertas para adentro. Dicho de otro modo; que no tenemos derecho a influir en la vida pública. Y lo curioso es que somos tan estúpidos que les seguimos el juego. Nos hemos atrincherado en nuestros templos y apenas hacemos caso de lo que sucede fuera de ellos. Como si no nos afectase lo que pasa en este mundo.

Empresarios, sindicatos, cineastas, culturetas, ecologistas, feministas, homosexuales, islámicos, inmigrantes, ateos… Parece que absolutamente todo el mundo tiene derecho a exponer públicamente sus ideas y a tratar de influir en la sociedad y en los partidos políticos. Solamente a los cristianos se nos insiste por activa y por pasiva en que nos callemos, en que no tenemos derecho “a imponer nuestras creencias a los demás”. ¿Pero los ateos y los homosexuales sí pueden imponer las suyas? Aquí todo el mundo trata de arrimar el ascua a su sardina. Tan sólo los cristianos renunciamos a ello.

 Matrimonio homosexual, poligamia, aborto, eutanasia, destrucción de embriones, ateísmo militante… No me extraña que se haya desatado en Europa un sunami de inmoralidad, un oleada de inmundicie que lo impregna todo. Pues resulta que los cristianos somos el freno a la maldad y hemos abdicado de nuestro papel. Así pues, que a nadie extrañe que Europa naufrague en un lodazal de pecado. Solamente si los cristianos nos comprometemos de verdad a defender nuestros valores y a participar de la vida pública y política con todas las consecuencias podremos hacer frente a Satanás.

El modelo a seguir se llama Jesús.

En mis tiempos de ateo y anticlerical clamaba contra la hipocresía de algunos cristianos (o así llamados) que iban a la iglesia el domingo y se comportaban como auténticos hijos de Satán de lunes a sábado. En la actualidad no son pocos los ateos que nos recriminan a los cristianos que nuestro comportamiento no es todo lo correcto que debería ser. Y la verdad es que tienen razón. A menudo nos encontramos que existe una distancia considerable entre nuestras palabras y nuestros actos. Y desde luego en no pocas veces cometemos fallos y nos equivocamos. Yo el primero, que conste.

Ahora bien, esto ha pasado siempre, no sólo en la Iglesia actual sino aun en la primitiva. Cuando Jesús llegó al mundo no vino a seleccionar precisamente a los más santos, a los más inteligentes  o a los que mejor conocían las Escrituras. No. Escogió a Pedro (que le negó tres veces), a Pablo (que era un asesino), a Judas Iscariote (un traidor), a Mateo (un traidor a su patria), a Tomás (un incrédulo), a María Magdalena (una adúltera…) y a unos apóstoles que eran unos cobardes porque a la hora de la crucifixión casi todos se marcharon corriendo a esconderse con el rabo entre las piernas.

¿Qué quiere decir todo esto? Jesús no quiere superhéroes. Él busca a personas normales y corrientes, con sus virtudes y con sus miserias, que si han llevado una vida de pecado sean capaces de dar un giro de 180º a sus vidas, arrepentirse y iniciar el camino recto. Todos somos pecadores. Todos tenemos flaquezas, debilidades, todos cometemos errores. También los creyentes, pues, al fin y al cabo, somos personas y como tales contamos con una naturaleza pecadora. La Santa Biblia está llena de arriba abajo de reyes, de apóstoles y profetas que, pese a su gran fe, a veces le fallaban a Dios.

Yo soy cristiano y le diría a un ateo que no se fije en mí, que no tome ejemplo de mí porque no soy un ejemplo de nada en absoluto. Pero que tampoco tome ejemplo del Papa, ni del obispo, ni del cura, ni del pastor evangélico, ni de su vecina del cuarto ni del de más allá. Porque todos nosotros somos personas. Y como personas que somos, tarde o temprano fallamos. Le diría que tome como modelo a Jesús, que no le va a fallar nunca. Él es el ejemplo inmaculado y perfecto de cómo vivir una vida en santidad, sin mancha alguna. En Él es quien debemos fijarnos; en Cristo y en nadie más.

Inmigración salvaje no, solidaridad sí.

620_tercer_mundo

Me opongo frontalmente a la inmigración ilegal, que no a la legal, por considerarla una salvaje y descontrolada avalancha de personal que no solamente no resuelve el problema de la miseria en su raíz sino que además constituye una amenaza para la sociedad de acogida. Delincuencia, degradación del sistema del bienestar o un desplazamiento de la cultura local en favor de los recién llegados son algunos de los problemas que suele generar este fenómeno.

No obstante, con ello no abogo por abandonar a los más necesitados a su suerte. Ni me desentiendo de la agonía que padece el Tercer Mundo. Soy cristiano y creo en el mandato divino de amar al prójimo como a mí mismo. También en que todas las personas tenemos la obligación de tratar de mejorar nuestro entorno en la medida de nuestras posibilidades y de intentar dejar a nuestros herederos un mundo mejor. Es por ello que propongo algunas medidas:

1) Un Plan Marshall para África y para el Tercer Mundo. Simplemente con que las potencias occidentales destinasen la mitad del dinero que se ha entregado a los bancos o que un año redujeran el gasto en armamento militar a la mitad, habría dinero más que de sobra para acabar con el hambre en todo el planeta. De lo que se trata es de que la gente pueda vivir dignamente en sus naciones de origen, no de que haga las maletas para marchar a otro país.

2) Un Tribunal Penal Internacional auténticamente operativo capaz de juzgar y encarcelar a todos los dictadores, genocidas, políticos corruptos, ladrones y asesinos que saquean las arcas de sus estados o que fusilan a inocentes. También a aquellos gobiernos y multinacionales que fomentan guerras y golpes de estado en el Tercer Mundo. En la medida en que acabemos con la impunidad de los criminales, podremos tener una sociedad realmente justa.

3) Impulsar las democracias en todo el mundo. No se trata de imponerlas a base de bombas, como en Irak o Afganistán, ya que eso no funciona. Más bien de aislar política y diplomáticamente a los regímenes totalitarios hasta hacerlos claudicar, como tan eficientemente se hizo en la Sudáfrica del Apartheid. Tan sólo apunto un dato: hasta la fecha nunca en toda la historia ha habido una guerra entre dos democracias. Si acabamos con la dictaduras, tendremos un mundo en paz.

En fin, que existen otros medios más efectivos que la inmigración para ayudar a la gente. Ni las fronteras abiertas ni el papeles para todos van a resolver nada. Son sólo demagogia. Estar en contra de un aluvión de extranjeros no significa ni mucho menos ser una persona insolidaria o insensible al dolor ajeno. Todos tenemos el deber moral de ayudarnos unos a otros. Yo tan sólo discrepo de que una inmigración salvaje sea el método más adecuado para ello.

Plan Marshall para África.

buitre

La agonía que vive África, y especialmente el África Subsahariana o Negra, es dramática. Miles de niños mueren a diario de hambre (a pesar de que tenemos comida suficiente para alimentar al doble de la población mundial actual) o de enfermedades curables (por ejemplo de polio, cuya vacuna cuesta un euro). Además, la situación política y bélica es tan extrema (corrupción generalizada, guerras civiles, guerras interestatales, contínuos golpes de estado…) que los analistas hablan de «Guerra Mundial Africana» y la comparan con la Europa de la Primera Guerra Mundial. Es normal que millones de personas emigren de allí porque las condiciones son infrahumanas. El África Negra es el infierno en la Tierra.

Como cristiano que soy, creo que todas las personas tenemos el mandato de amar al prójimo. Y desde un punto de vista ético, tenemos la responsabilidad de mejorar nuestro entorno en medida de nuestras posibilidades y de legar un mundo mejor a nuestros hijos. Es por ello que abogo por un Plan Marshall para África. Creo que todas las naciones desarrolladas deberíamos aportar dinero para rescatar de la miseria a este continente. No haría falta ningún esfuerzo sobrehumano para lograrlo. Bastaría con que un año redújesemos a la mitad el presupuesto destinado al armamento.  O incluso, para acabar con el hambre en el mundo, bastaría con la mitad del dinero que le hemos entregado a los bancos y cajas de ahorros.

Por supuesto, debería vigilarse escrupulosamente adónde va a parar el dinero. No sirve para nada si al final acaba en el bolsillo de los dictadorzuelos de turno. Además, urge un Tribunal Penal Internacional (TPI) realmente operativo que acabe con la impunidad de los políticos que roban y asesinan. Pero el problema es que los poderosos del mundo no quieren justicia para África. Al contrario. Están perpetrando un genocidio: están convenciendo al mundo de que allí la gente se está muriendo de SIDA y no de hambre. Por tanto, en lugar de comida ahora se envían condones y se convence a los locales para que no se reproduzcan. Así, se controla la superpoblación mundial. Un plan siniestro digno de los nazis.

Escopir al cel.

abortoreal2

Quan pense en les moltes aberracions que cometem els humans, una sobre totes elles m’aterra especialment: l’abort. En la meua opinio no es pot caure ya més baix: resulta pijor inclus que la guerra o l’holocaust nazi. Perque en la guerra (encara que és un estrepitós fracas de la civilisacio humana en la que el 90% de morts és civil) al menys matem a “l’enemic”. I dic enemic entre cometes perque tots sabem que la majoria de voltes en una guerra s’ataca a gent que no nos ha fet res. Pero, almenys, i encara que siga en la teoria, vas a per l’enemic. L’abort tambe resulta pijor que el holocaust judeu. Perque en l’holocaust perpetrat pels nazis, o en qualsevol dels genocidis o neteges etniques que ara mateix estan en marcha en Africa o Asia, se sol assessinar a gent adulta. I normalment eixes victimes no són familiars, amics ni coneguts del vil eixecutor que els arrebata la vida.

Pero és que l’abort és encara més abominable. Perque en la guerra mates a l’enemic, en el genocidi mates a un estrany, pero en l’abort mates a un bebe que damunt és el teu fill. Si ad aixo li sumes disfrassar lo macabre de llibertat i progrés… en eixe cas, sí que hem arribat a la cuspide de la perversio, de la degeneracio, a l’acte suprem de burla i crueltat. I passa tot aci en el Primer Món, en la vella Europa, en el continent que presumix de ser el breçol de la civilisacio occidental, el puto melic del mon. A voltes mire a la gent de la selva i em pregunte qui són realment els salvages i qui els civilisats. No ho tinc gens clar. Els progres miren als països islàmics i s’escandalisen perque una dòna porte un mocador en el cap. I no obstant, contemplen en total normalitat que cada any més de 100.000 chiquets siguen abortats en Espanya. L’hipocresia d’esta gent fa fredat.

Lo que està passant en els nostres temps recorda als passages de la Biblia que relaten com les dònes portaven als seus fills recent naixcuts a sacrificar-los al dimoni Molloch. Molloch era una enorme estatua de bronze en la boca oberta i els braços estesos, en les mans juntes i les palmes cap amunt, dispost a rebre el sacrifici. Dins de l’estatua hi havia un forn en el que s’encenia un foc que s’alimentava continuament durant l’holocaust. El bebe era depositat en les mans del dimoni i era lliteralment abrasat viu per les flames. Hui no tenim a un Molloch sino a molts. Cada abortori és un altar en honor a este dimoni. Qui se pense que exagere, li convide a que contemple cóm a un chiquet de quatre mesos de gestacio li succionen el cap en una aspiradora, com el desquarteren a trossos, com li arranquen del tronc les extremitats perfectament formades. Perque aixo és un abort.

Eren les propies mares les que entregaven a les seues victimes a Molloch -igual que hui les entreguen a meges sense escrupuls- mentres els sacerdots tocaven trompetes i tambors per a que no s’escoltaren els plors desesperats del bebe que es cremava viu. Hui tenim a la prensa interpretant la seua particular simfonia per a que no pugam escoltar la veu de la consciencia ni la denuncia dels homens justs. Nos diu la Biblia que Yaveh s’encolerisà tant al vore aquell horror que decidi exterminar als seguidors de Molloch (Levitic 20:2-3). Lo que està passant en els nostres dies és un desafiament en tota regla a Deu. Que ningu s’estranye si Ell nos castiga. Potser en una crisis economica sense precedents, potser sent dominats pels musulmans, potser en el retorn a la dictadura o als temps de la fam. O potser de qualsevol atra manera. Estem escopint al cel i nos pot caure en la cara.

FONT: Som nº 245. Setembre de 2009.

Tengo el corazón contento.

«Si permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho» (Juan 15:7).

«Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá». (Mateo 7: 7).

Hoy tengo el corazón contento. Recién acabo de sacarme el carnet de conducir. Y a la primera, tanto el teórico como el práctico. Y ya era hora porque ya tengo una edad. Hasta ahora lo había ido dejando pasar. Cuando tenía tiempo no tenía dinero, cuando tenía dinero no tenía tiempo, cuando tenía tiempo y dinero no tenía ganas… Y así lo he ido dejando hasta que me ha hecho auténtica falta.

Ahora bien, la historia tiene miga. A mí las cosas teóricas siempre se me han dado bien, pero no así las prácticas, que me cuestan más. De hecho, no esperaba aprobar en absoluto. Las prácticas que he estado haciendo (y he hecho bastantes) eran un auténtico horror. Me saltaba semáforos en rojo, stops, cedas el paso… Y no sigo contando porque sería demasiado humillante. Y el problema no era de conducción sino de fijación. El profesor me decía que conduzco bien pero que no me fijo nada. Y es verdad; soy extremadamente despistado, me distraigo con una mosca, me cuesta concentrarme. Me cuesta mucho. No se imagina hasta que punto.

Fíjese que desastre de prácticas hacía que el día antes del examen el profesor, Emilio, me decía: «Cada vez lo haces peor», «Vaya puta mierda de prácticas que estás haciendo», «Estamos quemando el dinero» y «Si mañana lo haces así, no duras ni un minuto». Y tenía razón en todo. Emilio es un profesor extraordinario. Pero extraordinario, de verdad. El problema era mi falta de concentración. A eso se le suma que los examinadores de Alzira son muy estrictos: el 80% de alumnos suspende en el primer intento.

El domingo estaba tan desolado que pensaba que no me iba a sacar el carnet nunca. También vi en internet casos de gente que decía que había aprobado a la quinta. Y yo pensaba: «Ése puede ser mi caso». Tanto es así que me había presentado al práctico con la intención de durar cinco minutos. Literalmente. Si no me eliminaban en el primer minuto y aguantaba cinco, me daba por satisfecho.

Pero tenía guardado un as en la manga. Verá, soy cristiano y creo profundamente en Dios. Tanto es así que decido entregarle mi vida en sus distintas facetas, por mínimas o insignificantes que éstas sean. Así que le pedí a Dios que me ayudara, que el Espíritu Santo me iluminara con su sabiduría y entendimiento, pero que en última instancia se hiciese su voluntad y no la mía. Es decir, si Dios quería que suspendiera, lo aceptaría. Al fin y al cabo, quizás fuese un mensaje.

¿Cuál ha sido el resultado? Pues que el examen me ha salido redondo, no perfecto pero sí bastante bien, no ha habido ningún fallo de concentración, total tranquilidad. El examinador me ha dicho: «Has aprobado».  Es por ello que tengo el corazón contento, porque siento que me he quitado un muerto de encima. Y doy gracias a Dios por lo que hoy ha hecho por mí. Porque ha puesto todas las circunstancias favorables en mi camino para que yo superase la prueba. Y eso incluye a un gran profesor, Emilio, de la Autoescuela Ricardo de la ciudad de Alzira. Se la recomiendo. De verdad.

Supongo que las personas ateas pensarán que estoy loco, que sólo digo tonterías, o que he aprobado por pura potra. Pero lo cierto es que ayer lo hacía tan mal que las previsiones era que suspendiera antes de transcurridos 60 segundos (no exagero) y hoy todo ha salido bien en una ciudad en la que el 80% de los candidatos suspende el práctico en la primera convocatoria. Le supliqué ayuda a Dios y Él me escuchó. Justo es que le dé gracias.

L’abort, el genocidi silenciós.

 

 

 

abortoreal

La prensa parla contínuament del terrorisme. En la meua humil opinió és un problema que, encara que gravíssim, es troba amplament magnificat i sobredimensionat pels mijos de comunicació. Potser perque este tema figura en l’agenda dels polítics i és utilisat pels partits com una arma electoralista que llançar al contrincant. Pero sigam realistes… ¿Quantes persones assessina ETA a final d’any? ¿Dos? ¿Tres? Sense dubte, un terrible drama humà, pero ¿qué és això en comparació en el número de persones que cada any moren per maltractaments, accidents laborals, accidents de trànsit o aborts?

Precisament d’est últim fenomen voldria parlar hui. Des de que es despenalisà el crim de l’abort en l’Estat Espanyol en 1985 més d’un milló de chiquets ha segut exterminat, unes sifres que s’acosten a les del genocidi armeni. Cada any a 100.000 criatures se’ls nega el dret de nàixer. Una sifra idèntica a la del número de morts que causà la bomba atòmica en Hiroshima. És curiós que en esta Espanya constitucional que tant presumix de ser garant dels drets, no es preserve a tota costa el més important de tots ells: el de la vida. Perque al cap i a la fi ¿de qué et valen els demés drets sense este?

El silenci vil i covart dels mijos de comunicació sobre este drama social provoca vergonya aliena. Com ho causa també els arguments proabortistes. Els que estan a favor de l’abort es mereixen que les seues mares hagueren abortat d’ells. Perque una persona, si vol ser coherent, deu predicar en l’eixemple. De lo contrari, aquell que desija per als demés lo que rebuja per a si mateix és un hipòcrita. M’agradaria que un proabortiste tinguera corage de mirar als ulls a un adult en Síndrome de Down i dir-li: “Tu no deuries haver naixcut. El teu naiximent fon un erro. Tu no deuries estar viu” .

Mos venen que l’interrupció de l’embaràs és un dret civil, una conquista social, un avanç. Pero res de progressiste hi ha en matar al teu propi fill. Que miren com a un chiquet de quatre mesos de gestació li succionen el cap en una aspiradora, com el desquarteren a trossos, com li arranquen del tronc les extremitats perfectament formades. Que contemplen l’horror en sos propis ulls i després diguen que defenen esta sagnia. Que no disfrassen eixa macabra matança de fals progrés perque fa mils d’anys la Bíblia ya mos advertia de la gent que a lo bo diu roïn i a lo roïn diu bo (Isaíes 5:20-24).

Diuen que el fill abortat no és un ser humà sino una cèlula. La tècnica no és nova: despersonalisar a la víctima per a que, una volta desproveïda de condició humana, siga més fàcil matar-la sense patir remordiments. Ho feren els nazis, ho feren els racistes blancs de la Suràfrica de l’Apartheid, ho fan els etarres. Pero tots els sers humans són iguals als ulls de Deu i deuen ser iguals en dignitat; no importa si són judeus, negres, embrions, fetos, si patixen un retràs mental, si estan en coma o estat vegetal. No hi ha humans de primera i de segona. Només hi ha sers humans. I el fill no naixcut és u d’ells.

FONT:  Som nº 243. Febrer de 2009.

El mejor futbolista del mundo.

kaka1

¿Quién es el mejor futbolista del mundo? Elección harto difícil. Si tuviese que mencionar algunos nombres posiblemente citaría a Zlatan Ibrahimovic, Leo Messi y Xavi Fernández (Barcelona), Cristiano Ronaldo (Real Madrid) o David Villa (Valencia).

Ahora bien, si tuviese que escoger a un solo hombre, me quedaría sin duda con Ricardo Izercson Dos Santos, más conocido como Kaká.  Pases, visión de juego, olfato de gol… Cuando él juega, revoluciona al Madrid y a Brasil y se convierte en el motor del equipo.

Ahora bien, más allá de los inmensos dones futbolísticos del brasileño (que no voy a ser yo quien los descubra a estas alturas), mi predilección por Kaká radica por ser éste un espléndido ejemplo de conducta limpia e intachable tanto dentro como fuera de la cancha.

Kaká ganó la Copa de Europa en 2007 con el Milán. ¿Y cómo lo celebró? Poniéndose de rodillas en medio del campo, con los brazos alzados al cielo, dando gracias a Dios. Y con una camiseta con un mensaje inconfundible: «I belong to Jesus» (Yo pertenezco a Jesús).

Aquel mismo año fue designado por la FIFA como mejor jugador del mundo. A otro se le hubiera subido el éxito a la cabeza y se hubiera convertido orgulloso, jactancioso y prepotente, pero él recogió el trofeo con la humildad que solamente atesoran los sabios.

Pudo haber aprovechado su atractivo personal, su fama y su fortuna para ser un gran mujeriego. Pero en lugar de ello, prefirió casarse con su novia de toda la vida; llegar virgen al matrimonio, formar un hogar y una familia y ser fiel a su esposa. ¡Todo un hombre!

Hoy los futbolistas no son sólo deportistas de élite sino muy especialmente figuras públicas y espejos en que la juventud se mira. Y Kaká, a diferencia de la mayoría de sus colegas, es un ejemplo de fe, integridad y rectitud. Más gente así es la que hace falta.

Cuando matar es progresista.

141 aborts

El diario La Razón ha dado la voz de alarma: en España se han realizado 84.985 abortos en 2004, un 6% más que el año previo. La cantidad de niños asesinados antes de nacer llenaría un estadio de fútbol. En los últimos 10 años la tasa de abortos se ha duplicado al pasar de 49.367 de 1995 a los casi 85.000 de 2004. Hablamos de casi 233 muertes al día, un aborto cada 6 minutos en España. Y todo esto sólo se refiere a las interrupciones “legales” pues las clandestinas quedan lógicamente excluídas de las cifras oficiales. La realidad se revela aún peor.

El 96,7 % de las mujeres que dió el paso se acogió a la cláusula-trampa de “riesgo para la salud materna”, la cual comprende un suprepticio “riesgo psicológico” absolutamente inexistente en la vida real pero que permite en la práctica el aborto libre en España… Si en cualquier nación tercermundista mataran a un ser humano cada 6 minutos la opinión pública no tendría rubor en escandalizarse y pronunciar la palabra “genocidio”. Pero si esta sangrienta escabechina se perpetra en el Primer Mundo se acepta con naturalidad y hasta resulta bien visto.

Lo más surrealista es que eso se permita en España, que es el estado con la menor tasa de natalidad del planeta Tierra, superado únicamente por la Ciudad del Vaticano. En una época en que los políticos nos advierten de que el número de ancianos es elevado y el de bebés escaso y que eso puede llevar a la quiebra de la Seguridad Social, en lugar de fomentar la natalidad como sería lógico para los intereses del Estado, los políticos dan todo tipo de facilidades en la dirección opuesta: nacen muy pocos niños, matemos muchos para que nazcan menos aún.

Lo más increíble de todo es que esto se haga en nombre del progreso. Debo ser entonces un cavernícola pero la verdad, confieso que nada encuentro de progresista en que unos padres maten a su propio hijo. Y me choca que la izquierda que tanto presume de ser la abanderada de los derechos civiles pueda negar el más importante de todos ellos: la vida. Así como me choca también que la derecha, que tanto alardea de ser paladín de los valores morales, se ponga una venda en los ojos frente a esta inmoralidad asesina en aras de un puñado de votos.

En una sociedad como ésta, donde la clase política alienta la muerte y no la vida, con una caída en barrena de los valores, donde el 28 de diciembre se gastan bromas en lugar de recordar los asesinatos de Herodes, en que en la Navidad el protagonista es El Corte Inglés y no Cristo, en que la mujer está desprotegida y el varón a menudo se desentiende de sus cargas familiares, no es de extrañar tal genocidio. 85.000 niños asesinados en España en 2004. Me pregunto si el descubridor de la vacuna contra el SIDA se encontraba entre alguno de ellos.

 

FONT: Llengua Valenciana Blogspot. 23-1-2006.

—————————————————————————–

¿T’agrada l’articul? Pots llegir molts més com este en el meu llibre PER A OFRENAR NOVES GLORIES A VALENCIA. ¡Fes clic en la portada!

portada-sa-lluna-3a

Siguiente Entradas recientes