Plan Marshall para África.

buitre

La agonía que vive África, y especialmente el África Subsahariana o Negra, es dramática. Miles de niños mueren a diario de hambre (a pesar de que tenemos comida suficiente para alimentar al doble de la población mundial actual) o de enfermedades curables (por ejemplo de polio, cuya vacuna cuesta un euro). Además, la situación política y bélica es tan extrema (corrupción generalizada, guerras civiles, guerras interestatales, contínuos golpes de estado…) que los analistas hablan de “Guerra Mundial Africana” y la comparan con la Europa de la Primera Guerra Mundial. Es normal que millones de personas emigren de allí porque las condiciones son infrahumanas. El África Negra es el infierno en la Tierra.

Como cristiano que soy, creo que todas las personas tenemos el mandato de amar al prójimo. Y desde un punto de vista ético, tenemos la responsabilidad de mejorar nuestro entorno en medida de nuestras posibilidades y de legar un mundo mejor a nuestros hijos. Es por ello que abogo por un Plan Marshall para África. Creo que todas las naciones desarrolladas deberíamos aportar dinero para rescatar de la miseria a este continente. No haría falta ningún esfuerzo sobrehumano para lograrlo. Bastaría con que un año redújesemos a la mitad el presupuesto destinado al armamento.  O incluso, para acabar con el hambre en el mundo, bastaría con la mitad del dinero que le hemos entregado a los bancos y cajas de ahorros.

Por supuesto, debería vigilarse escrupulosamente adónde va a parar el dinero. No sirve para nada si al final acaba en el bolsillo de los dictadorzuelos de turno. Además, urge un Tribunal Penal Internacional (TPI) realmente operativo que acabe con la impunidad de los políticos que roban y asesinan. Pero el problema es que los poderosos del mundo no quieren justicia para África. Al contrario. Están perpetrando un genocidio: están convenciendo al mundo de que allí la gente se está muriendo de SIDA y no de hambre. Por tanto, en lugar de comida ahora se envían condones y se convence a los locales para que no se reproduzcan. Así, se controla la superpoblación mundial. Un plan siniestro digno de los nazis.

A %d blogueros les gusta esto: