Tengo el corazón contento.

«Si permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho» (Juan 15:7).

«Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá». (Mateo 7: 7).

Hoy tengo el corazón contento. Recién acabo de sacarme el carnet de conducir. Y a la primera, tanto el teórico como el práctico. Y ya era hora porque ya tengo una edad. Hasta ahora lo había ido dejando pasar. Cuando tenía tiempo no tenía dinero, cuando tenía dinero no tenía tiempo, cuando tenía tiempo y dinero no tenía ganas… Y así lo he ido dejando hasta que me ha hecho auténtica falta.

Ahora bien, la historia tiene miga. A mí las cosas teóricas siempre se me han dado bien, pero no así las prácticas, que me cuestan más. De hecho, no esperaba aprobar en absoluto. Las prácticas que he estado haciendo (y he hecho bastantes) eran un auténtico horror. Me saltaba semáforos en rojo, stops, cedas el paso… Y no sigo contando porque sería demasiado humillante. Y el problema no era de conducción sino de fijación. El profesor me decía que conduzco bien pero que no me fijo nada. Y es verdad; soy extremadamente despistado, me distraigo con una mosca, me cuesta concentrarme. Me cuesta mucho. No se imagina hasta que punto.

Fíjese que desastre de prácticas hacía que el día antes del examen el profesor, Emilio, me decía: «Cada vez lo haces peor», «Vaya puta mierda de prácticas que estás haciendo», «Estamos quemando el dinero» y «Si mañana lo haces así, no duras ni un minuto». Y tenía razón en todo. Emilio es un profesor extraordinario. Pero extraordinario, de verdad. El problema era mi falta de concentración. A eso se le suma que los examinadores de Alzira son muy estrictos: el 80% de alumnos suspende en el primer intento.

El domingo estaba tan desolado que pensaba que no me iba a sacar el carnet nunca. También vi en internet casos de gente que decía que había aprobado a la quinta. Y yo pensaba: «Ése puede ser mi caso». Tanto es así que me había presentado al práctico con la intención de durar cinco minutos. Literalmente. Si no me eliminaban en el primer minuto y aguantaba cinco, me daba por satisfecho.

Pero tenía guardado un as en la manga. Verá, soy cristiano y creo profundamente en Dios. Tanto es así que decido entregarle mi vida en sus distintas facetas, por mínimas o insignificantes que éstas sean. Así que le pedí a Dios que me ayudara, que el Espíritu Santo me iluminara con su sabiduría y entendimiento, pero que en última instancia se hiciese su voluntad y no la mía. Es decir, si Dios quería que suspendiera, lo aceptaría. Al fin y al cabo, quizás fuese un mensaje.

¿Cuál ha sido el resultado? Pues que el examen me ha salido redondo, no perfecto pero sí bastante bien, no ha habido ningún fallo de concentración, total tranquilidad. El examinador me ha dicho: «Has aprobado».  Es por ello que tengo el corazón contento, porque siento que me he quitado un muerto de encima. Y doy gracias a Dios por lo que hoy ha hecho por mí. Porque ha puesto todas las circunstancias favorables en mi camino para que yo superase la prueba. Y eso incluye a un gran profesor, Emilio, de la Autoescuela Ricardo de la ciudad de Alzira. Se la recomiendo. De verdad.

Supongo que las personas ateas pensarán que estoy loco, que sólo digo tonterías, o que he aprobado por pura potra. Pero lo cierto es que ayer lo hacía tan mal que las previsiones era que suspendiera antes de transcurridos 60 segundos (no exagero) y hoy todo ha salido bien en una ciudad en la que el 80% de los candidatos suspende el práctico en la primera convocatoria. Le supliqué ayuda a Dios y Él me escuchó. Justo es que le dé gracias.

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