13 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Bélgica, Cultura, Flandes, francés, Francia, historia, nacionalismo, valón, Valonia

Valonia es, junto con Bruselas y Flandes, una de las tres regiones que componen el artificial Estado Belga. Flamencos y valones se llevan a matar y solamente la disputada región de Bruselas (un enclave dentro de Flandes pero de habla francófona) actúa como freno a una secesión flamenca que sólo es cuestión de tiempo.
Los valones son latinos y socialistas, los flamencos germánicos y conservadores. Durante decenios los valones fueron ricos y acusaron a sus vecinos de hablar un “dialecto de campesinos”. Desde los años 60 los flamencos son los nuevos ricos y no quieren mantener a una Valonia decadente que les despreció durante muchos años.
La antaño pujante industria minera valona está totalmente desfasada, la lengua francesa tiene cada vez menor peso en el mundo, los valones ya no mandan sobre los flamencos sino al revés y encima Bélgica está próxima a desaparecer. Valonia es un gallo herido en su orgullo y eso le hace más peligroso e impredecible que nunca.
A flamencos y valones ya no les une nada salvo la corona belga. Sólo hay un 1% de matrimonios mixtos. Los valones no obstante están por la unidad belga porque no se ven dirigiendo su propio destino y necesitan que alguien lo haga por ellos, aunque también existe un nacionalismo valón minoritario que reclama un estado propio.
La mayor parte de su sociedad habla el francés. Sin embargo, el país cuenta con una lengua propia no oficial hablada por un tercio de la población: el valón. Al ser una región fronteriza hay pueblos que hablan idiomas de naciones vecinas como el picardo, el lorrain, el champañés, el luxemburgués, el flamenco o el alemán.
Valonia no tiene ese ansia independentista de Flandes. De hecho, su consciencia nacional es débil. Aún así, podría llegar a crear de rebote un estado independiente si Flandes se separa. O seguir dentro de una Bélgica menor donde sólo estarían ella y Bruselas. O incluso pedir la anexión a Francia. Todos los escenarios están abiertos.
12 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:autodeterminación, Bretaña, bretón, celta, Cultura, Europa, folclore, Francia, nacionalismo, terrorismo

Bretaña fue un antiguo reino y posterior ducado durante casi toda la Edad Media. Fue una nación soberana desde 851 hasta que fue incorporada a Francia en 1532, ya que el rey francés Francisco I se casó con Claudia, hija de la duquesa Ana de Bretaña. Es un país rural de una honda tradición católica y celta.
Los bretones se sienten discriminados porque el histórico Ducado de Bretaña fue dividido en dos regiones: la actual Bretaña (80% del territorio histórico) y la provincia de Loira Atlántica (20% restante), incorporada a la vecina región de País de Loira. Esto se hizo para evitar la rivalidad entre las ciudades de Nantes y Rennes.
Desde el siglo XX hay un despertar del autonomismo, que reivindica equiparar las dos lenguas propias (el bretón y el galó) al francés, el resurgimiento de la cultura y símbolos bretones, el autogobierno y el desarrollo económico de la región. Los bretones hasta tuvieron que recurrir al terrorismo para ser oídos por la centralista París.
En el folclore destaca el kan ha diskan, un tipo de canto con dos interpretes en el que uno sucede al otro cuando acaba su estrofa. Cada nueva estrofa es cantada empezando por el último verso o palabra de la anterior, siendo este verso o palabra cantado por ambos intérpretes a la vez, lo que constituye un estilo muy típico.
También destaca la gwerz, un tipo de balada triste, muy larga y sin estribillo. Además existe una gran afición a la música celta y a las bandas de gaitas bretonas. La música y danza tradicionales se mantienen con fuerza. Se conservan muchos trajes regionales, típicos de cada pueblo. Se suele decir «cien lugares, cien trajes».
Por siglos el Estado Francés intentó destruir el idioma bretón. Pese a ello, Bretaña sigue siendo una patria orgullosa de sus raíces, tradiciones y particularismos. Pero ahí queda la cosa, ya que el fervor cultural no lo es nacional. Es una región pobre y abandonada pero amarrada a la metrópoli. Pudo ser Córcega y acabó siendo Galicia.
11 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de África
Etiquetas:autodeterminación, África, Darfur, Genocidio, islam, nacionalismo, racismo, Sudán, Sudán del Sur

Darfur fue un sultanato independiente por siglos hasta que fue incorporado a Sudán contra su voluntad por las fuerzas anglo-egipcias en 1916. Hoy es una pobre y desértica región del tamaño de España situada en la parte occidental de Sudán. Darfur quiere decir «el hogar de los Fur», que es la etnia mayoritaria del país.
En Darfur viven seis millones de personas, la gran mayoría de raza negra y religión musulmana, dedicadas a la agricultura. Las etnias principales son los Fur, los Zaghawa y los Masalit. Estas tribus negras conviven con una minoría de raza árabe venida de fuera y también musulmana dedicada al pastoreo: los Baggara.
Sudán es una teocracia islamista gobernada por místicos, locos y asesinos. Sus líderes impulsaron dos larguísimas y devastadoras guerras civiles contra la población del sur, mayoritariamente animista y cristiana, que finalmente acabó con la creación de Sudán del Sur como nuevo estado independiente en julio de 2011.
Masacrar a cristianos y animistas no fue suficiente. Desde los años 80 y 90, el Estado de Sudán armó a paramilitares árabes que asesinaron a miles de negros. La situación de dolor llegó al punto de que en 2001 grupos de Fur y Zaghawa juraron por el Corán luchar juntos contra los ataques gubernamentales en sus aldeas.
En 2003 los ataques de los rebeldes negros contra el Estado se intensificaron y Jartum llamó al ejército y a los paramilitares para arrasar a los insurgentes. Se perpetró un genocidio: 750.000 negros muertos, 2.000.000 de desplazados y hasta una guerra con Chad. En 2007 Naciones Unidas mandó tropas de paz a la zona.
El motivo de tanta sangre radica en el odio racista y en el control de los escasos recursos de la paupérrima región, en especial el agua dulce. Tras la secesión de Sudán del Sur, cada vez más darfuríes reclaman la autodeterminación. La convivencia con Sudán es imposible; sólo un Darfur independiente puede traer la paz.
10 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Alemania, Bruselas, China, Estados Unidos, Estados Unidos de Europa, euro, Euroescepticismo, Europa, europeísmo, historia, nacionalismo, Unión Europea

A partir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el Viejo Continente hizo un esfuerzo para que alemanes y franceses nunca más fueran a la guerra. Nacía en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), con seis miembros fundadores: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Alemania e Italia.
Con los años el número de miembros creció y la CECA pasó a ser Comunidad Económica Europea (CEE) (1957) y después Unión Europea (UE) (1992). Hoy es un gran mercado con cuatro libertades de circulación: personas, bienes, servicios y capitales. Su talón de aquiles es la carencia de una política exterior y defensa común.
Hoy, con 27 estados miembros, 500 millones de habitantes y unas instituciones sólidas, la UE es una alianza fuerte y próspera, una comunidad de valores basada en la paz, libertad, democracia, el imperio de la ley, la tolerancia y la solidaridad. Es el espacio económico más grande del planeta y un gran crisol de lenguas y culturas.
Eso en teoría, porque para los euroescépticos la UE es una dictadura disfrazada donde la ciudadanía no cuenta, una suerte de Cuarto Reich en el que Alemania quiere dominar a todos, una pesada y carísima maquinaria burocrática que nos ha traído una moneda única, la del euro, con la que vivimos mucho peor que antes.
Los europeístas, en cambio, ven con buenos ojos que los estados miembros cedan cada vez más soberanía a la Unión. Persiguen el sueño romántico de crear en el futuro una gran Confederación, una suerte de Estados Unidos de Europa que pueda competir con los de América y con China. Es el naciente nacionalismo europeo.
Sea como fuere, unos y otros coinciden en que la Unión es un reino de taifas. La UE tiene vocación de imperio pero recuerda más a un gigante con pies de barro. Parece una nueva torre de Babel donde sus constructores no se entienden. Y no sólo por el idioma sino sobre todo porque en el fondo no tienen demasiado en común.
09 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas del mundo
Etiquetas:Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Barbados, Belice, Canadá, Commonwealth, Corona Británica, Granada, Islas Salomón, Jamaica, Mancomunidad, Mancomunidad Británica de Naciones, monarquía, Nueva Zelanda, Papua-Nueva Guinea, Reino Unido, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Tuvalu

Soy republicano porque considero que la monarquía, en líneas generales, es una institución inservible y carísima. Pero en algunas ocasiones contadas encuentro que una monarquía puede ser útil porque da un valor añadido a una nación. Es el caso de los Reinos de la Mancomunidad, cuya corona ostenta la reina Isabel II.
Isabel II es jefa de estado de dieciséis países: Canadá, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Granada, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Islas Salomón, Papúa-Nueva Guinea y Tuvalu. Dieceséis reinos distintos pero una sola reina.
Hoy puede sonar raro hablar de un monarca con varios tronos pero esto era lo habitual en la Edad Media europea. Por ejemplo, Jaime I el Conquistador era rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, de Murcia, Conde de Barcelona y Señor de Montpellier, entre otros. Varias naciones independientes pero con un solo señor.
Esto confiere un blindaje especial. Por ejemplo, sería fácil conquistar un país pequeño y débil como Tuvalu, pero nadie en sus cabales se atrevería a invadirlo porque supondría ir a la guerra con otros quince reinos que de inmediato acudirían al rescate de su hermano. Esta fortaleza que aporta la Corona la hace útil.
Lo mejor de todo es que su pertenencia es plenamente voluntaria. Por ejemplo, Sudáfrica, Pakistán, India o Malta eran reinos de la Mancomunidad antiguamente y después se transformaron en repúblicas. Y la Familia Real británica lo aceptó, como no podía ser de otro modo en una democracia de verdad.
Además de jefa de estado, Isabel II ostenta otros títulos, bastante más simbólicos, como jefa de las Islas del Canal, señora de Man, duquesa de Normandía y de Lancaster y hasta jefa suprema de Fiji, que curiosamente es una república. Y es que cuando varias naciones comparten corona, ésta las hace más grandes y fuertes.
07 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Cristianismo, historia, Imperio de Roma, Italia, microestados, Napoleón, refugiados, Roma, San Marino

Cuenta la historia que el picapedrero San Marino, un dálmata cristiano, se estableció junto con sus compañeros en el monte Titano huyendo de las persecuciones anticristianas del emperador Diocleciano. Allí construyó una iglesia y fundó una ciudad. Corría el año 301 y sin saberlo, acababa de nacer una nación.
Durante la Edad Media se formó una comuna dinástica. La comuna logró conservar su independencia durante siglos, gracias a la situación casi inaccesible del pueblo y a pesar de las agresiones de las potencias limítrofes y del Papado. Hoy es una ciudad-estado de 61 km2 habitada por 30.000 almas y rodeada por Italia.
Es este un pueblo que ayuda al perseguido. Nació como un refugio de cristianos; durante las Guerras de Independencia del siglo XIX dio cobijo a muchos prohombres italianos y durante la Segunda Mundial acogió a más de 100.000 italianos (por entonces diez veces la población del país) y judíos que huían de los nazis.
Parece que Dios mismo protege San Marino, en premio a su gran solidaridad. El Papado lo reconoció en 1631, Napoleón Bonaparte quería invadirlo y al final le ofreció su amistad y el Reino de Italia respetó su decisión de no sumarse al naciente estado. Todos querían fagocitarlo pero nadie pudo. Es un superviviente nato.
San Marino es el estado soberano superviviente más viejo del mundo ya que ha mantenido su independencia de forma prácticamente ininterrumpida desde 301. Es la república más antigua del globo y segunda de todos los tiempos (por detrás de la romana). Tiene la Constitución en vigor más antigua del planeta, del año 1600.
Hasta su rotatorio sistema de gobierno resulta curioso: cada seis meses son elegidos, de entre distintos partidos, dos capitanes generales para hacer las funciones de jefe de estado. San Marino es un pequeño país con una gran historia, un pueblo valiente y admirable con el orgullo patrio de saberse una gran nación.
06 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Andorra, catalán, España, Francia, historia, nacionalismo, paraíso fiscal, turismo, Unión Europea

Enclavado en el corazón mismo de los Pirineos se encuentra un diminuto país: Andorra. Este principado tiene como jefes de estado al obispo de Urgell y al presidente de la República Francesa. Carece de fuerzas armadas propias y su defensa es responsabilidad directa de España y Francia. El catalán es la lengua oficial.
La historia de Andorra es un juego de supervivencia y malabarismos para mantener unos privilegios. Ha sabido jugar sus cartas para no ser anexionado por París ni por Madrid y mantener su independencia desde 1278. Por siglos ha disfrutado de una vida tranquila, ajena a las sempiternas guerras y crisis de Europa.
30.000 andorranos y 50.000 extranjeros sin derecho de voto viven cómodamente de la banca privada, pistas de esquí, bazares de electrónica y perfumerías. Es un paraíso fiscal de fuerte secreto bancario y nula fiscalidad directa que le permite atraer grandes fortunas pero también fuertes presiones de la Unión Europea (UE).
Andorra está en la encrucijada: seguir siendo un paraíso blindado a la competencia internacional o abrir sus fronteras a inversores extranjeros para que los empresarios andorranos, en reciprocidad, puedan hacer negocios más allá de sus fronteras sin pagar unos fuertes aranceles. Espléndido aislamiento o economía global.
Andorra estudia cómo abrirse al mundo pero le da mucho miedo. El país es muy pequeño y no puede aceptar la libre circulación de personas, porque llegaría una avalancha de foráneos ni tampoco la de capitales, ya que una multinacional gala podría comprar el país entero. Y si entrara en la UE al ser rico sería contribuidor neto.
Cómo no quedarse aislado y al mismo tiempo mantener los actuales privilegios. He ahí el dilema. Sin duda una difícil partida de poker la que tienen que jugar sus políticos. Pero Andorra es un país de estrategas acostumbrados a negociar. Llevan siglos haciendo malabarismos diplomáticos y hasta la fecha, siempre les ha salido bien.
05 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Cultura, Escocia, Gales, Gran Bretaña, historia, Inglaterra, Irlanda, nacionalismo, País de Gales, Reino Unido, rugby

Gales es una de las naciones constituyentes del Reino Unido. Es una patria de raíces celtas y posee una identidad cultural diferenciada. Es un país bilingüe donde son oficiales el inglés y el galés, que todavía es hablado por el 20% del pueblo a pesar de la imposición lingüística anglosajona que ha padecido por siglos.
Gales es uno de los países más bellos del mundo: una inmensidad de praderas, dólmenes, monumentos y castillos, aunque es más conocido por ser una potencia del rugby. Como el resto de naciones constituyentes de Reino Unido, Gales dispone de una selección nacional propia en muchos deportes, como el fútbol o el rugby.
Durante un tiempo el puerto de Cardiff fue el líder mundial en el transporte del carbón, y antes de la Primera Guerra Mundial tenía un tráfico de mercancias más intenso que Londres o Liverpool. La Gran Depresión acabó con buena parte de la industria galesa y hoy el país vive de las telecomunicaciones y de una economía de servicios.
En 1216 Llywelyn el Grande fundó el Principado de Gales. Pero duró poco: su hijo Llewelyn fue el último príncipe de un Gales independiente al ser derrotado por el rey Eduardo I de Inglaterra en el siglo XIII. El país fue incorporado a Inglaterra por el Estatuto de Rhuddlan de 1284 y después por el Acta de Unión de 1536.
Entre 1400 y 1412 el nacionalista Owain Glyndwr restauró la independencia. Pese a tantos siglos de ocupación, no hay un sentimiento antiinglés acusado como el de Escocia o Irlanda. Las relaciones entre Cardiff y Londres son buenas hasta el punto de que el hijo del rey de Inglaterra ostenta el flamante título de príncipe de Gales.
Pero esto empieza a cambiar. Existe un interés creciente por recuperar la lengua y folclore galeses. Desde 1999 el principado dispone de parlamento propio y ahora discute con Londres la devolución de competencias para mejorar el autogobierno. El nacionalismo pide paso. Tras un largo sueño, el dragón galés comienza a despertar.
04 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Oceanía
Etiquetas:Atlántida, cambio climático, Cultura, gilbertés, Kiribati, Nueva Zelanda, Oceanía

Kiribati es un archipiélago compuesto por 33 atolones y una isla volcánica, situado en la Micronesia. Es el hogar de más de 100.000 personas que, según las previsiones de los expertos, será totalmente engullido por el océano en menos de medio siglo. Algunas de sus islas ya están cubiertas por las aguas desde los años 90.
El presidente del país, Anote Tong, ha anunciado que Kiribati desaparecerá y ha iniciado una gira internacional a fin de encontrar una nación de adopción para sus conciudadanos. Sólo Nueva Zelanda ha respondido favorablemente. La frialdad de los países que, con sus emisiones de gas, condenan a Kiribati hiela la sangre.
La construcción de un dique temporal de refuerzo en las islas Gilbert, las más pobladas del Kiribati, costaría más del doble del PIB del país, el segundo más bajo del mundo en paridad de poder adquisitivo. No es su único problema. En 1988 el Gobierno reubicó más de 5000 personas para luchar contra la superpoblación del estado.
Las naciones industriales son las grandes emisoras del CO2 que causa el cambio climático. Los archipiélagos del Pacífico Sur sólo producen el 0,6% de la polución global pero son los grandes damnificados por la crecida del mar. El hundimiento de Kiribati es inexorable y los países de la zona se preguntan quien de ellos será el próximo.
Como anécdota, Isla Christmas es el atolón más grande del mundo y el último lugar poblado en dar la vuelta al calendario cada año (en 2011 se cambió al otro lado de su uso horario para comerciar con sus vecinos). Y «Kiribati» es, en la lengua local, el plural de Gilbert, y hace honor al descubridor del país, Thomas Gilbert.
Kiribati habla una lengua, el gilbertés, de más de 2000 años de antigüedad pero el naufragio de la república puede traer consigo el fin de su cultura ancestral. Los kiribatíes se enfrentan casi solos a su desaparición como nación, repitiendo así la legendaria historia de la vieja Atlántida y condenados a ser olvidados para siempre.
03 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Asia
Etiquetas:Afganistán, Al Qaeda, Estados Unidos, OTAN, Reino Unido, terrorismo, Unión Soviética

El nacimiento del actual estado de Afganistán se produce en el año 1747. A partir de 1837 fue colonia británica pero en 1919, durante la Guerra Anglo-Afgana, esta patria obtuvo su independencia del Reino Unido. Con posterioridad, en 1973, un golpe de estado derribó la monarquía y proclamó la república en el país de Asia central.
Cinco años más tarde se instaló un gobierno comunista, pero la guerrilla islámica provocó la intervención soviética. Los islamistas, con el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudita y otras naciones árabes expulsaron a la URSS en 1989. Entonces se reanudó la guerra civil y en 1996 los talibanes entraron en Kabul e impusieron la sharia.
Durante años aquella dictadura feudal horrorizó al mundo con sus violaciones de los derechos humanos y sus descaradas conexiones con Al-Qaeda y el terrorismo islamista. Pero en 2001, tras los atentados del 11-S en Nueva York, una coalición internacional encabezada por Estados Unidos invadió el país y derrocó al régimen talibán.
Actualmente hay una farsa de democracia apoyada por Occidente pero la región vive una guerra constante y es más inestable que nunca. Es un estado fallido donde gobiernan tribales señores de la guerra, un país de clanes enfrentados entre sí y un puzzle de etnias, lenguas y culturas que nada tienen que ver unas con otras.
La región está reducida a escombros. Aún así es de gran valor (tiene frontera con Irán, Pakistán y China, un enorme gasoducto y es el primer productor de opio), por eso la ambicionan potencias extranjeras. Pero sus escarpadas montañas y escondrijos miles hacen de ella un bastión guerrillero que siempre repele al invasor.
Desde 2001 la OTAN libra una guerra en Afganistán para que nunca más sea un santuario terrorista. Pero un país medieval no puede convertirse en democracia liberal, especialmente si rechaza serlo. Reino Unido fue derrotado en Afganistán, igual que la Unión Soviética, y todo parece indicar que Estados Unidos también lo será.
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