Tuvalu: ocho islas.

Flag_of_Tuvalu.svg

Tuvalu es un diminuto archipiélago sito en Oceanía, en el Océano Pacífico, más o menos a mitad de camino entre Australia y Hawaii. Los países más cercanos son Kiribati, Samoa y Fiji. Tuvalu, en el idioma local, significa “ocho islas” en referencia a las ínsulas habitadas por población permanente. En 1949 se pobló la novena.

Esta tierra está poblada desde hace milenios. Descubierta por los españoles en el XVI, fue colonizada por Reino Unido en el siglo XIX. Gilbert y Ellice fueron un protectorado desde 1892 y se separaron en dos colonias distintas en los años 70. Gilbert pasó a llamarse Kiribati y Ellice Tuvalu, que se independizó de Londres en 1978.

Es la segunda nación independiente con menor demografía del mundo (sólo por detrás del Vaticano) y el miembro de Naciones Unidas con menor número de habitantes (12.000 almas). El país insular, de sólo 25 km2, es el segundo estado más pequeño de Oceanía, tras Nauru. La Jefa de Estado es la reina Isabel II de Inglaterra.

Este reino tiene una altitud máxima de cinco metros sobre el nivel del mar: es el segundo país más bajo del mundo, sólo por detrás de Maldivas, lo que lo hace especialmente vulnerable ante la crecida de las aguas. Tuvalu está condenado a hundirse como la Atlántida, y su población está siendo evacuada a Nueva Zelanda.

Tuvalu tiene el Producto Interior Bruto más pequeño del mundo. Es un país muy pobre que básicamente vive de la agricultura de subsistencia, la ganadería y la pesca. Tuvalu tiene unas tierras poco fértiles para el cultivo y carece de agua potable. Pese a su clima tropical y playas de ensueño, el turismo prácticamente no existe.

Los idiomas oficiales son el tuvaluano y el inglés, aunque éste último sólo se usa a nivel administrativo. Los locales son de etnia polinesia y religión protestante. Algunos elementos importantes de su cultura son la música, la danza, la artesanía, la gastronomía y deportes autóctonos como por ejemplo el kilikiti y el teano.

Reinos de la Mancomunidad: una corona para gobernarlos a todos.

Soy republicano porque considero que la monarquía, en líneas generales, es una institución inservible y carísima. Pero en algunas ocasiones contadas encuentro que una monarquía puede ser útil porque da un valor añadido a una nación. Es el caso de los Reinos de la Mancomunidad, cuya corona ostenta la reina Isabel     II.

Isabel II es jefa de estado de dieciséis países: Canadá, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Granada, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Islas Salomón, Papúa-Nueva Guinea y Tuvalu. Dieceséis reinos distintos pero una sola reina.

Hoy puede sonar raro hablar de un monarca con varios tronos pero esto era lo habitual en la Edad Media europea. Por ejemplo, Jaime I el Conquistador era rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, de Murcia, Conde de Barcelona y Señor de Montpellier, entre otros. Varias naciones independientes pero con un solo señor.

Esto confiere un blindaje especial. Por ejemplo, sería fácil conquistar un país pequeño y débil como Tuvalu, pero nadie en sus cabales se atrevería a invadirlo porque supondría ir a la guerra con otros quince reinos que de inmediato acudirían al rescate de su hermano. Esta fortaleza que aporta la Corona la hace útil.

Lo mejor de todo es que su pertenencia es plenamente voluntaria. Por ejemplo, Sudáfrica, Pakistán, India o Malta eran reinos de la Mancomunidad antiguamente y después se transformaron en repúblicas. Y la Familia Real británica lo aceptó, como no podía ser de otro modo en una democracia de verdad.

Además de jefa de estado, Isabel II ostenta otros títulos, bastante más simbólicos, como jefa de las Islas del Canal, señora de Man, duquesa de Normandía y de Lancaster y hasta jefa suprema de Fiji, que curiosamente es una república. Y es que cuando varias naciones comparten corona, ésta las hace más grandes y fuertes.

A %d blogueros les gusta esto: